2 Broke Girls – Season Finale

No te fallaré

Hoy es lunes. Pero Max Black y Caroline Channing están oficialmente de vacaciones y no las veremos asomar en la pantalla de nuestros televisores -u ordenadores- hasta después del verano. La semana pasada se emitió el final de temporada de 2 Broke Girls, un episodio de 40 minutos que condensa todo lo que ha hecho que nos enamoremos de las dos chicas sin blanca de Williamsburg. En “And Martha Stewart Have a Ball” hay tiempo de sobra para chistes que siguen desafiando el buen gusto y burlando sorprendentemente a la censura, regresos esperados para cerrar frentes o reabrir amistades, y sobre todo, sobre todo, las tetas de Kat Dennings fuera del uniforme de camarera. Fuera en general. Muy fuera. Dios mío.

A lo largo de la temporada, Caroline y Max han ido ajustando sus expectativas y, sobre todo, las prioridades con respecto a sus vidas profesionales. A pesar de los constantes percances, la determinación de ambas ha crecido progresivamente gracias al sueño que comparten, pero sobre todo, a la enorme complicidad que ha derivado de él. En este último episodio, Earl le dice a Max que ya no la reconoce. Es un cumplido, por supuesto -y de hecho, la única intervención de este personaje que me ha gustado en toda la temporada. El nihilismo de Max ha disminuido en favor del optimismo de Caroline. La ex heredera ha logrado que Max decida ser alguien en la vida, que adopte un papel activo y persiga un sueño que ni siquiera sabía que tenía antes de conocer a Caroline. El nuevo motor que mueve a ambas es alcanzar el éxito en los negocios -para una, recuperar lo que tuvo; para la otra, tener por fin algo. La única razón para no abandonar es la amistad.

Martha Stewart aparece en 2 Broke Girls como visión de futuro para las camareras. Caroline encuentra una invitación para una gala benéfica a la que va a asistir la famosa personalidad norteamericana, y como de costumbre, ve en ello una oportunidad idónea para vender su producto. “And Martha Stewart Have a Ball” se centra en los esfuerzos de las protagonistas para llegar a Martha y darle a probar las cupcakes de Max. Durante esta odisea, nos encontramos con personajes conocidos que hacía tiempo que no veíamos. Por un lado Johnny (Nick Zano), el antiguo cuelgue de Max, ahora artista de éxito y a punto de casarse. Max aprovecha la coyuntura -coyuntura=vestido de gala con escote en 4D- para despedirse de él -¿definitivamente?- con un “esto es lo que te pierdes”. Por otro lado, para animar a Caroline, Max devuelve a Chestnut a su hogar. Es normalmente Caroline la que saca a Max de los rincones oscuros en los que se esconde, y precisamente es por ello que Max sabe exactamente lo que debe hacer. Con el caballo de Caroline -y ahora, por derecho propio también de Max- de nuevo en sus vidas, las dos se ponen manos a la obra. Cupcake en bolso, Max y Caroline no se rinden hasta estar cara a cara con Martha Stewart. El episodio concluye con un gesto simple pero muy significativo. La Stewart, después de probar la cupcake de Max, les pide una tarjeta de visita. Un detalle insignificante para Martha, un gran paso para las 2 broke girls. Sin cliffhanger ni fanfarria final, la serie se despide hasta la próxima temporada dejando a las chicas con el mismo dinero, pero con más ilusión que nunca.

Con sus toneladas de sal gorda, su estética noventera y sus tramas simplonas, parecía descabellado que 2 Broke Girls fuera a robarnos el corazón este año. Y aún así lo ha hecho. La clave de su éxito es muy sencilla, y muy evidente: Beth Behrs y Kat Dennings poseen una química televisiva que se traduce fantásticamente en la preciosa amistad entre sus personajes -no hay más que ver a las actrices en la escena de la boutique. Instantes como el salto de Caroline a los brazos de Max en el metro -ocurre en el episodio anterior-, o la (verdadera) emoción de Caroline al ver que Max le ha devuelto a Chestnut nos proporcionan material lacrimógeno que ejerce de contrapunto -o complemento, por qué no- de los chistes sobre vaginas y eyaculaciones, cada vez más explícitos.

Por otro lado, los secundarios de 2 Broke Girls han estado toda la temporada muy por debajo de las protagonistas, pero en estos últimos episodios se ha reforzado la sensación de grupo -con Sophie ya como miembro oficial- y ha servido para que todos brillen en la final -mención especial a ese Han hastiado del monotema cupcake, que acaba desvelando su sueño frustrado: ser jockey. Para despedirse de una audiencia fiel y para regocijo de los que hemos vivido esta amistad a otro nivel, 2 Broke Girls nos regala una escena para la posteridad catódica: Caroline y Max vestidas de gala, cabalgando sobre Chestnut por las calles de Nueva York. Así se hace una season finale.

Jennifer Coolidge: una mujer entera

La suya es una de esas caras de sobra conocidas por el gran público, pero que solo unos pocos pueden vincular a su nombre: Jennifer Coolidge. Evolución ‘natural’ de Pamela Anderson y con una enormemente prolífica carrera interpretativa a sus (anchas) espaldas, Coolidge es una de esas actrices cuya vis cómica es incontrolablemente mayor que cualquier otro de sus registros -me viene a la mente otra grande, Catherine O’Hara-, una intérprete prácticamente imposible de imaginar en un rol dramático.

Su carrera comenzó a principios de los 90 con un papel como masajista en la comedia de situación Seinfeld. A partir de ahí, un sinfín de papeles de reparto ha ido engrosando su currículum, contribuyendo a formar una imagen de eterna secundaria. Si se ha de elegir un solo papel que sirva como epítome de su carrera es sin duda el de madre de Stifler en la ya clásica American Pie (1999) -personaje que retomará este año en la nostálgica American Reunion. La MQMF (o MILF) paradigmática, una cougar capaz de tragarte de un bocado, señora cuya feminidad es tan desbordante que acaba adquiriendo un cariz ciertamente monstruoso y esperpéntico. Así es Coolidge, una gran mujer, dos mujeres una encima de otra, una mujer de tomo y lomo.

La hemos visto en pequeños pero contundentes papeles en comedias como Fraiser, Sexo en Nueva York o Party Down. Incluso los más puristas de Friends -serie en la que también tuvo un rol episódico- la recordarán como la nueva agente de Joey en aquel abominable spin-off que seguía al aspirante a actor en su nueva etapa angelina. Una pena que el talento de Coolidge -en su papel televisivo más longevo hasta la fecha- fuera desperdiciado en una serie que pasó sin pena ni gloria -en realidad con más pena que otra cosa.

Además de sus excéntricos personajes catódicos, la actriz originaria de Boston puede presumir de ser lo mejor de varias películas en las que ha participado: la recordamos como dueña pesetera de uno de los perros a concurso en la marciana Very Important Perros (2000) o como la desternillante esteticién amiga de Reese Witherspoon en Una rubia muy legal (2001). Muy recientemente la hemos visto junto a otros cómicos tan ignorados como imprescindibles (antiguos amigos como la mencionada Catherine O’Hara o Eugene Levy) en el sketch “The Wizard of Oz Focus Group”, uno de los mejores momentos de la más reciente gala de los Oscars, en el que demuestra su experiencia en el arte de la improvisación y el género docucómico.

Desde hace unas semanas, Coolidge ha aterrizado en una de las sitcoms de mayor éxito esta temporada, 2 Broke Girls (CBS). Su personaje como vecina de Max y Caroline parece haber llegado para quedarse. Desde su primera intervención en la serie, con el episodio “And the Upstairs Neighbor” (1.14), los productores no han prescindido de ella en ningún momento. De hecho -y por suerte-, su incontestable presencia ha menguado la de los secundarios de plantilla, con la excepción de Oleg, al que ha convertido en un personaje medianamente soportable. Coolidge es sin duda un soplo de aire fresco en una serie que, por mucho que me cueste reconocerlo, ha entrado con sus últimos episodios en un receso cualitativo -qué me gusta un eufemismo bonito. Su Sophie Kachinski nos ha dado algunos de los mejores momentos de la serie en sus últimas entregas y no queremos que se marche del edificio de Williamsburg donde viven las dos chicas sin blanca. A la espera de que se recupere de este pequeño bache, Jennifer Coolidge es la responsable de que 2 Broke Girls no se haya convertido aun en una serie “horrible horrible”. No dejamos de amar a Max y Caroline, pero nuestro corazón seriéfilo tiene hueco de sobra para dar cabida a una tercera broke girl, por muy grande que sea.

El arte de poner títulos

Dime el título del episodio y te diré qué tipo de serie ves. Hay muchas maneras de hallar creatividad en una ficción televisiva. Una de ellas es sin duda la fórmula que las series usan para dar título a sus episodios. Como comprobaremos, hay casi tantas maneras de titular un capítulo como series. La repetición es una de las técnicas más recurrentes, pero las variaciones son infinitas. En algunos casos, establecer una regla para poner títulos puede resultar un auténtico desafío a largo plazo, sobre todo si la serie en cuestión se mantiene muchas temporadas en antena: las ideas se acaban no solo para escribir los argumentos, sino también para poner los títulos. En otros casos, los títulos serán tan descriptivos que no indicarán ningún grado de creatividad, por lo que no podemos asumir que estos son reflejo de lo que nos vamos a encontrar en la serie. En resumen, el esfuerzo a la hora de dar título a los episodios no tiene por qué ser reflejo de la originalidad de una serie, sino que más bien es un curioso aspecto de la maquina publicitaria de la televisión, y en muchos casos, un buen pasatiempo para los guionistas y productores de las series. Incluso para nosotros. No lo voy a negar, a mí me encanta poner títulos a todo. Además, analizar el título de un episodio antes de verlo puede dar mucho juego entre los espectadores. Repasemos algunas de las fórmulas más conocidas y destacables:

Episodios sin título

No sabemos si es por pereza o con la intención de potenciar la cualidad altamente serial de algunas ficciones, pero muchas series no tienen título oficial para sus episodios, por lo que para identificarlos hay que recurrir a su número de producción o emisión. Esto hace que sea más difícil ubicar los episodios. Sin embargo, cuando uno destaca por encima de los demás no importa que no haya título, lo recordaremos sin problemas por su número. Es lo que ocurre con Queer as Folk. Probablemente nadie podrá decirme, sin mirar una guía, de qué va el episodio 3×05, pero todos sabrán de qué estoy hablando si digo “1×22”, y sobre todo, “5×10”. Más recientemente, Episodes, la serie de Matt LeBlanc ha decidido numerar, pero no titular sus capítulos.

Una palabra (como mucho dos)

Smallville es una de las series que vienen a la mente cuando pensamos en títulos de una sola palabra. La ficción sobre el joven Superman nos ayuda a identificar los episodios o bien con palabras sencillas (“Cool”, “Hug”, “Crush”, “Unsafe”, “Bound”), con palabras un poco más rebuscadas, que suenan ciertamente exóticas para los anglosajones (sufijos, prefijos y palabras de origen griego y latino como “Veritas”, “Hydro”, “Metallo”) o nombres propios (“Ryan”, “Zod”, “Lara”). Solo el episodio especial “Absolute Justice” tiene dos palabras en su título. House no sigue una fórmula férrea, pero la mayoría de sus títulos suelen estar formados por una palabra, o muy al estilo Tarantino, con dos (“Sex Kills”, “Skin Deep”, “Lucky Thirteen”, “Simple Explanation”, “House Divided”). En la primera temporada de The Good Wife también se usaba una sola palabra para los títulos de sus episodios (“Stripped”, “Unorthodox”). Nada raro hasta ahí. Si embargo, los capítulos de la segunda están formados por dos palabras (“Double Jeopardy”, “Silly Season”). Y los de la tercera, actualmente en emisión, por tres (“The Death Zone”, “Feeding the Rat”). Miedo nos da que la serie llegue a durar tanto como Urgencias.

Títulos crípticos

La reina de los títulos bizarros y en ocasiones indescifrables es el clásico Expediente X ( “Kitsunegari”, “Herrenvolk”, “Gethsemane”). Además, la serie de Chris Carter es quizás la que más rechaza por sistema la traducción de sus títulos, sobre todo porque el porcentaje de idiomas distintos al inglés utilizado es muy alto: “Sein und Zeit”, “Agua Mala”, “Je Souhaite”, “El Mundo Gira”, “Folie à Deux”. Sin embargo, aunque no lo parezca a primera vista, todos los títulos de Expediente X hacen referencia directa a la historia que cuenta el episodio en cuestión.

Por otro lado, Perdidos, a pesar de no jugar al título más raro como Expediente X, es conocida por esconder mensajes y autorreferencias, para lo que recurre en muchas ocasiones a frases o palabras repetidas a lo largo de la serie, haciendo así hincapié en la importancia capital de la continuidad: “Live Together, Die Alone”, “Man of Science, Man of Faith”, “Whatever Happened, Happened”, “What Kate Does”. Perdidos también es experta en inventarse títulos que no adquieren significado hasta que ha terminado el episodio (“Lockdown”, “The Man from Tallahassee”).

Conjunciones, artículos, preposiciones y demás

Una de las fórmulas más recurrentes es la de enlazar el título de la serie con el del episodio, de manera que cada capítulo incluya directa o indirectamente el título de la serie. En otras ocasiones, el título del episodio comenzará con una preposición, un artículo, una conjunción, o bien combinaciones gramaticales variadas. Veamos los ejemplos más conocidos.

Friends es indudablemente una de las series que más hondo han calado en nuestra cultura, y no solo por sus personajes y argumentos, sino también por la forma de titular sus episodios, siempre empezando con la expresión ‘The One’. Los capítulos de Friends son fácilmente reconocibles con tan solo echar un vistazo a sus altamente descriptivos títulos (“The One With the Sonogram”, “The One Where No One’s Ready”, “The One Where Everybody Finds Out”).

Todos los episodios de Scrubs comienzan con el posesivo ‘my’ (“My Bad”, “My Karma”, “My Super Ego”), permitiendo diferenciar los episodios especiales en los que la focalización varía, con el uso de otros pronombres (“His Story”, “Their Story”). Las misiones de Chuck se catalogan con el nombre del protagonista junto a la preposición’versus’ (“Chuck Versus the Intersect”, “Chuck Versus the Marlin”, “Chuck Versus the Suburbs”). Muchas otras series recurren sencillamente al artículo ‘the’ para todos sus episodios, por ejemplo The O.C. (“The Model Home”, “The Girlfriend”, “The End’s Not near, It’s Here”). Más recientemente, 2 Broke Girls usa la conjunción ‘and’ para complementar cada semana el título de la serie, sin el que los títulos aislados no tendrían sentido (“And the Rich People Problems”, “And the 90s Horse Party”). Por supuesto, ya lo habíamos visto antes. Por ejemplo en la comedia de Lea Thompson Los líos de Caroline, en la que, como ocurre con Chuck, sí se incluía en nombre de la protagonista en todos los capítulos (“Caroline and the Condom”, “Caroline and El Niño”).

Títulos musicales

La ABC tiene dos series en antena que comenzaron el mismo año (2004), y cuyos episodios se titulan como canciones o versos de canciones. En el caso de Mujeres desesperadas, todos los capítulos hacen referencia a algún musical. Más concretamente, casi todos provienen de alguna pieza compuesta por Stephen Sondheim (“Ah, But Underneath”, “The Ladies Who Lunch”, “Running to Stand Still”). Por otra parte, Anatomía de Grey utiliza canciones de género pop/rock, la mayoría muy conocidas (“Kung Fu Fighting”, “Sympathy for the Devil”, “I Will Survive”).

Nombres propios

Los episodios centrados en un solo personaje de un amplio cast de protagonistas son muy habituales desde que Perdidos lo convirtió en tendencia en la ficción televisiva de principios de siglo. Cada capítulo de la británica Skins se titula como el personaje en el que se centra (“Tony”, “Jal”, “Alo”, “Franky”), utilizando “Everyone” para las season finales en las que todas las historias convergen. Por otro lado, In Treatment nos permite asistir a las sesiones semanales de psicoterapia de un número de pacientes. Estos dan nombre a cada episodio, que además nos indica en qué semana de la terapia nos encontramos (“Sophie – Week Eight”, “Walter – Week Three”, “Frances – Week Six”).

Títulos POP

Hay series que ponen tanto esfuerzo en sus argumentos como en las obligadas referencias a la cultura popular que caracterizan a algunos géneros. La cadena CW parece haberse especializado en este tipo de ficción, apuntando con sus series adolescentes al target que más agradece los juegos de palabras en los que descubrir títulos de películas o frases hechas y expresiones de rabiosa actualidad (en muchas ocasiones vinculadas a fenómenos efímeros de origen en Internet). Los títulos de Gossip Girl juguetean con clásicos del cine cada semana: “Seventeen Candles”, “Desperately Seeking Serena”, “Southern Gentlemen Prefer Blondes”, “Petty in Pink”). Sin embargo, las que son posiblemente las mejores series estrenadas en esa cadena (cuando era UPN), Las chicas GilmoreVeronica Mars, abrieron la veda: “The Deer Hunters”, “Foregiveness and Stuff” o “Emily In Wonderland” son algunos títulos de la primera. “Ruskie Business”, “Mars vs. Mars”, “Leave It to Beaver”, “Cheatty Cheatty Bang Bang” lo son de la segunda. Aunque la tendencia actual sea hacer referencia a clásicos (o no tan clásicos) del cine y la música, los juegos de palabras (pop o no) en los títulos de las series siempre fueron muy habituales. Sexo en Nueva York, por ejemplo, tomaba refranes, frases populares o expresiones hechas y les daba el toque picante que definía a la serie (“No Ifs, Ands, or Butts”, “What’s Sex Got to Do With It?”, “Great Sexpectations”).

Los diálogos aportan el título

Una de mis técnicas favoritas es la que consiste en extraer una frase de algún diálogo para formar el título del episodio. Me proporciona una curiosa satisfacción llegar a ese momento en el que descubres quién es el personaje que pronuncia esa frase, en qué contexto ocurre y a quién se dirige. Damages utiliza esta fórmula, y gracias a la constante tensión que desprenden los diálogos de la serie, sus títulos son especialmente potentes (“And My Paralyzing Fear of Death”, “Do You Regret What We Did?”, “They Had to Tweeze That Out of My Kidney”). Uno de los nuevos estrenos de la temporada, Ringer, también sigue este patrón (“If You Ever Want a French Lesson”, “It’s Gonna Kill Me, But I’ll Do It”, “A Whole New Kind of Bitch”). No solo es divertido escuchar la frase durante el episodio, sino que aumenta considerablemente la expectación antes de verlo.

Otras tendencias

Como decíamos al comienzo de la entrada, el número de posibilidades a la hora de dar título a los episodios es infinito. La originalidad de la propuesta es en muchas ocasiones directamente proporcional a la singularidad de los títulos. Por ejemplo, la revolucionaria 24, narrada a tiempo real en temporadas de 24 episodios que cubren un día completo, organiza sus temporadas haciendo corresponder cada hora completa con un episodio. Sin embargo, no todas las temporadas comienzan a la misma hora, por lo que todo puede resultar muy confuso (por ejemplo, el episodio titulado “Day 2: 10:00 P.M. – 11:00 P.M.” sería el 2×15, pero “Day 4: 10:00 P.M. – 11:00 P.M.” sería el 4×16). La protagonista de Wonderfalls trabaja en una tienda de souvenirs de las cataratas del Niágara. Su vida cambia cuando los objetos inanimados se empiezan a comunicar con ella. Cada episodio se centra en uno de esos objetos, dándole además título (“Pink Flamingos”, “Lying Pig”, “Totem Mole”). En The Big Bang Theory, todos los capítulos tienen por nombre una teoría, un experimento o un principio científico con el que se relaciona la trama (“The Dumpling Paradox”, “The Friendship Algorithm”, “The Bozeman Reaction”). Por último, los 70 episodios de la serie de Showtime The L Word comienzan con la letra ‘L’ (“L’Ennui”, “Limb from Limb”, “Lobsters”), sin excepción.

2 Broke Girls “And the ’90s Horse Party” (1.05)

Max & Caroline vs. The Hipsters

Es enternecedor comprobar cómo la animadversión contra los hipsters aumenta con cada episodio de 2 Broke Girls. Ellos fueron los primeros objetivos de la agresiva condescendencia y el nihilismo de pega de Max (Kat Dennings) en el teaser del episodio piloto. Hace dos capítulos formaban parte de la corta lista de “las peores cosas de la historia” según Max, junto a Hitler y los karaokes. Y ellos vuelven a ser el blanco de sus chistes en el quinto episodio de la serie, “And the ’90s Horse Party”, en el que un grupo de modernos echan a Max y Caroline de la lavandería para celebrar una fiesta temática hip de la muerte. Después de un breve disgusto, aprenden que no hay mal que por bien no venga al descubrir que los hipsters pagarán lo que sea por algo que les otorgue singularidad y  los sitúe constantemente a la vanguardia. Y, ¿qué tienen las camareras ‘sin blanca’ que nadie más tiene en Williamsburg? Pues un caballo en el patio de casa. Caroline, que es la cabeza pensante del dúo (Max está siempre ocupada preparando su próxima réplica sarcástica o buscando un recuerdo traumático que reafirme su superioridad moral), propone aprovecharse del bolsillo inconsciente de los hipsters celebrando una fiesta en el restaurante, con su caballo mascota como principal reclamo. El tema elegido para la fiesta es la década de los noventa, ocasión perfecta para vender cupcakes inspiradas en los tamagotchi o en Sensación de vivir por 10 dólares (una ganga para los modernos).

Y si hay algo más conmovedor que ese odio (con cariño) hacia los hipsters es que 2 Broke Girls, ambientada en el Brooklyn de 2011, nos muestre una fiesta de los noventa y que estéticamente no haya apenas diferencia con el resto de la serie. Ya lo decíamos nada más ver el piloto: la comedia de CBS supone el regreso triunfal de las sitcoms noventeras ambientadas en la Nueva York falseada de Giuliani (aprovecho para promocionar mi artículo de investigación sobre el tema) y, gracias a la fiesta ’90s, el último episodio se sumerge de cabeza en ese noventerismo acartonado y saturado de color que la televisión había sacrificado hacía unos años. Es por ello que me resulta enormemente divertido, descarado, e incluso refrescante, que una serie de estas características se atreva a criticar a los hipsters, así como a declarar pasado de moda el fenómeno de los flash mob (en una magnífica escena inicial). Al fin y al cabo, lo que 2 Broke Girls está haciendo es suponer una ruptura después de años de renovación del género, recuperando y reivindicando la comedia televisiva norteamericana no solo de los 90, sino también de los 70 y 80, la de los mismos chistes en cada episodio y los argumentos plantilla (Soap, Taxi, Apartamento para tres). De esta manera, la relación entre Max y Caroline lleva cinco episodios haciendo funcionar (fantásticamente) una serie de la que, sin ser prematuros, ya podemos extraer un esquema que se repetirá siempre.

Sin embargo, a pesar del carácter altamente formulaico que 2 Broke Girls ha expuesto hasta ahora, “And the 90’s Horse Party” muestra leves síntomas de variación y evolución que si bien no suponen cambio verdadero (al fin y al cabo las series nunca cambian, y mucho menos las comedias), podrían contribuir a que la caducidad de la serie se extendiera un poco más. Son dos los cambios más importantes con respecto a los cuatro episodios anteriores. Por un lado, el hecho de que Max no rechaza la amistad de Caroline por sistema (a pesar de los ocasionales reproches), lo que nos indica que la amistad entre ambas se sigue afianzando (así como la química entre las dos actrices). Por otro, los chistes raciales de naturaleza ofensiva que suelen caracterizar a uno de los tres (prescindibles) secundarios, Han (Matthew Moy), han dado lugar a un personaje por el que la audiencia puede sentir simpatía y compasión. Ver al pequeño dueño del diner intentar por todos los medios subirse a la cresta de la ola no es solo descacharrante, sino también adorable, hasta el punto de hacernos celebrar su éxito con la hipster de la lavandería al final del episodio. Estos pequeños detalles podrían ser la clave para no agotar a una audiencia ya desacostumbrada a la sitcom de naturaleza más pura. Obviamente, todo esto no significará nada cuando comprobemos que en el sexto episodio, al igual que en todos y cada uno de los anteriores, habrá un chiste sobre caca.

Nuevas series: cancelaciones, renovaciones y pronósticos

La temporada otoñal comienza por todo lo alto para las series norteamericanas. La mayoría de estrenos del último mes han cosechado buenas audiencias, augurando un año saludable para la ficción televisiva. Sin embargo, ya tenemos las primeras bajas en la parrilla. Centrémonos primero en las buenas noticias:

Hasta ayer, todas las series renovadas eran comedias y la mayoría de series canceladas se adscribían al género dramático. Primero se filtraba en la red la noticia de que The CW había decidido otorgar una temporada completa (de 22 episodios) a una de sus apuestas más fuertes de la temporada: Ringer. Poco después, la cadena confirmaba que además de Ringer, decidía renovar The Secret Circle y Hart of Dixie al menos hasta mayo (es decir, temporadas de 22 episodios también para ellas). De esta manera, las tres series de CW se convierten en los tres primeros dramas renovados, y se suman al resto de series con temporada completa asegurada, todas comedias de veinte minutos: New Girl, Up All Night, Whitney y 2 Broke Girls (esta última, mi favorita). Las audiencias de la CW suelen rondar los 2 millones de espectadores, sin embargo, ninguna de las tres series renovadas ha llegado a esa cifra en las últimas semanas, obteniendo todas un mero 0.8 de índice de audiencia. Entonces, ¿por qué se ha apresurado la cadena a renovarlas todas? Probablemente se trate de una estrategia para acallar las voces que hablan de crisis en la network. Pero también puede entenderse como un truco para ganarse la confianza de una audiencia que quizás se resistía porque ¿para qué molestarse en ver series que se cancelarán en breve? Es la manera que tiene la cadena de prometer no dejar colgada a su audiencia. Total, no tienen mucho que perder. Personalmente, creo que el plan funcionará y veremos aumentar las cifras.

No es una cancelación ni una renovación, pero podría significar cualquiera de las dos ocpiones: FOX ha anunciado fecha para el final de la primera temporada de Terra Nova, garantizando así la emisión de 13 episodios, cuya conclusión veríamos el 19 de diciembre. Lo cierto es que la serie no ha cosechado audiencias impresionantes y las críticas no son nada favorables (la mía es completamente destructiva), por tanto si la FOX ha decidido emitir una temporada completa quizás no deba tomarse como un indicio de renovación. Es oportuno recordar que esta tanda de episodios de Terra Nova lleva rodada desde hace un año y que la intención inicial de la cadena era emitirlos y ver qué pasaba después. Si la serie no remonta (algo que parece imposible a tenor de las mediocres audiencias y las malas críticas de su último episodio), el 19 de diciembre se emitirá su series finale.

Por ahora, la cadena con más bajas es la NBC, que ha demostrado tener de todo menos paciencia con respecto a algunas de sus nuevas series. Hace un par de semanas caía The Playboy Club, siendo la primera serie de la temporada en recibir el hachazo. Lo curioso es que unos días antes, el presidente de NBC, Bob Greenblatt, anunciaba su intención de mantener la serie en antena a pesar de las bajas audiencias, porque según él la serie necesitaba tiempo para asentarse y demostrar lo que valía. Dos días después, tras solo tres episodios emitidos, The Playboy Club se despedía definitivamente de la audiencia. La segunda cancelación de la temporada también provenía de NBC, que tras cuatro episodios y una abismal caída de las audiencias, echaba el cierre a Free Agents, la nueva serie de Hank Azaria. No son solo dos series de NBC canceladas, sino también dos series con Whedon Alumni en sus repartos (Sean Maher en The Playboy Club y Anthony Head en Free Agents) que no logran convencer a la audiencia, alimentando así la infame maldición whedon (cuya mayor representante es nuestra querida Summer Glau). A Morena Baccarin y a Alan Tudyk parece irles mejor con Homeland y Suburgatory respectivamente. Por otro lado, How to Be a Gentleman (CBS) ha sido desplazada a los sábados y ha detenido su producción, por lo que se considera muerta, a pesar de que la cadena no lo ha confirmado. Sería de esta manera la primera comedia cancelada, rompiendo la buena racha del género esta temporada.

Por ahora, estas son todas las decisiones que las cadenas han tomado con respecto a sus nuevas series. Sin embargo, es de esperar que en breve se pronuncien para confirmar las cancelaciones y las renovaciones que todos predecimos. El hacha está a punto de caer sobre Charlie’s Angels (ABC), que ha experimentado una caída progresiva en los índices, perdiendo 3 millones de espectadores con respecto a la audiencia de su episodio piloto. A otra serie de ABC, Pan Am, le espera un destino similar, con casi 5 millones de espectadores dados a la fuga. Por suerte, esto enseñará a las cadenas generalistas a no jugar a imitar a series únicas en su especie. Por desgracia, Pan Am nos gustaba mucho. Finalmente, a pesar de la tendencia a la baja de las audiencias (lógica tras la expectación inicial ante los pilotos), hay series que mantienen buenas cifras y que serán renovadas para una temporada completa en breve: Suburgatory, Person of Interest o Unforgettable por ejemplo.

*Última hora (22:51): Revenge y Suburgatory también han conseguido temporadas completas (fuente: Michael Ausiello).

El gran número de estrenos de la temporada no ha impedido que la audiencia seriéfila se pluriemplee y le dé una oportunidad a muchas series novatas. Sin embargo, a pesar de los números, el aire de decepción es generalizado. Aún nos quedan estrenos por ver antes de que acabe 2011, Grimm, Man Up Once Upon a Time (una de mis mayores apuestas), pero por si los implacables verdugos de las networks siguen cargándose series, la mid-season se encargará de hacer que nos olvidemos de ellas rápidamente. Para entrar en contacto con lo que nos tienen preparado, echad un vistazo a los estrenos de 2012. Pero antes, haced vuestras propias apuestas: ¿qué series sobrevivirán hasta mayo y cuáles serán las próximas en desaparecer? Para ayudaros con vuestros pronósticos, podéis consultar las audiencias actualizadas de todas las nuevas series en TV.com.

2 Broke Girls: cupcakes con mucha sal gorda

¿Quién está de acuerdo en rebautizar la nueva sitcom de CBS como 2 Broke Girls, 1 Cup? No sería del todo desatinado, ¿verdad? Al fin y al cabo, el humor de la serie no dista mucho de lo que contribuyó a que aquel infame vídeo (que juro que no he visto ni veré jamás) hiciera reír y vomitar a medio mundo. Así es, 2 Broke Girls no esconde sus intenciones, y los apenas dos minutos que transcurren antes de la cabecera sirven para poner las cosas en su sitio y evitar así las críticas más obvias. A nadie debe extrañar que Michael Patrick King esté detrás del proyecto. El responsable de Sexo en Nueva York lleva unos años dando palos de ciego. Sin embargo, desde que su éxito para HBO pasase de placer culpable ‘no tan culpable’ a tortura china, el productor, director y guionista ha consolidado su estilo a base del humor más burdo y la escatología más infantil. Si bien en las películas de Sexo en Nueva York King no logra hallar el equilibrio entre humanismo, semen y cacas, en 2 Broke Girls esta mezcla funciona (extrañamente) a las mil maravillas.

La completa ausencia de contención y corrección política es sorprendente (es como si Bush nunca hubiera existido). 2 Broke Girls condensa felizmente en un minuto y cuarenta segundos la nada desdeñable cifra de tres chistes guarros (de distintos tonos de verde): un comentario sobre las omnipresentes y omnipotentes tetas de Kat Dennings (‘I loved Kat before it was trendy’), otro sobre vaginas quedándose secas (!!), y por último, el que es probablemente el chiste de naturaleza sexual más usado, gastado y trillado de la historia: el “she’s coming” y su guarro doble sentido. Pero por supuesto, esto es solo el aperitivo. A lo largo de los veinte minutos que dura el episodio también hay referencias a manchas de semen y olor a sopa de almeja. Por no hablar de los denigrantes estereotipos raciales y los chistes pasadísimos de rosca, como el de la adicta al crack a la que se le caen los dientes o el brutal comentario sobre Stephen Hawkings, que hacen que la serie entre en territorio South Park constantemente. También podemos encontrar en 2 Broke Girls ese imprescindible culto al cuerpo masculino que King tanto practica. Las tres escenas en las que aparece el modelo Noah Mills están escritas para enseñarnos esa parte del cuerpo que “vuelve tontas a las chicas listas” (¡los oblícuos! nosotros sí sabemos cómo se llama, Max). Señoras y señores, ¡esto es televisión de autor!
Si 2 Broke Girls es un festival escatológico gratuito y desfasado, ¿por qué nos ha gustado tanto? La respuesta es sencilla (aunque tiene varias partes): en primer lugar, el carisma de Kat Dennings es innegable (“Estoy muerta por dentro”). La exhuberante actriz se encuentra muy cómoda en el papel de la descreída Max (apostamos a que la personalidad de Dennings construye en gran medida la de su personaje) y su química con Beth Behrs es obvia. Por otro lado, el promedio de chistes buenos (aunque en este caso ‘bueno’ no se pueda sustituir por ‘inteligente’) es muy favorable. Por último, la franqueza del producto nos conmueve. Lo que ves es lo que hay. Sin que lo pidamos, 2 Broke Girls nos devuelve el (des)encanto de la Nueva York de cartón piedra de las comedias de situación noventeras, y lo hace en un momento en el género se encuentra en pleno proceso de transformación e hibridación con los formatos dramáticos y docudramáticos. Hace unos meses mirábamos con recelo cómo las parrillas televisivas de la nueva temporada se llenaban de comedias que parecían guardadas en un cajón desde hace quince años y augurábamos un fracaso estrepitoso para todas ellas. Las astronómicas audiencias del piloto de 2 Broke Girls (obviamente impulsadas por las de Dos hombres y medio) nos obligan a replantearnos muchas cosas. Quizás después de todo este sea el año en el que las risas enlatadas reconquisten la televisión norteamericana. Invirtiendo la frase estrella de Max: Get attached. Estas chicas no se van a ir a ninguna parte todavía.