10ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Tercera y última jornada

La 10ª Muestra SyFy de Cine Fantástico llega a su fin en Madrid con un domingo cargado de proyecciones clásicas. Solo fueron dos los largometrajes de estreno. Por la mañana, La Muestra ofrecía El mago de Oz (The Wizard of Oz, Victor Fleming, 1939) con acceso libre. La tarde comenzaba con la sesión continua Alien (Ridley Scott, 1979) y Desafío Total (Total Recall, Paul Verhoeven, 1990), dentro del Phenomena Experience.

Leticia Dolera cedió el micrófono a Nacho Cerdá, creador del evento que recupera películas míticas de las décadas de los 70, 80 y 90, que nos prometió que se estaba haciendo todo lo posible por traer el Phenomena a Madrid de manera fija y con periodicidad mensual. La oportunidad de ver clásicos del cine de la talla de Alien, Desafío total, La princesa prometida o Dentro del Laberinto en pantalla grande es de agradecer eternamente por la generación de la nostalgia (que está llenando, con gusto, las arcas de Cerdá). Nada que decir sobre los pases de las cintas de Scott y Verhoeven, solo que han aguantado el tiempo mejor que muchas películas de hace 5 años. También estuvieron en el escenario el director y los actores del corto español Horizonte, que se proyectó a lo largo de la jornada.

Dolera se despidió del público de La Muestra celebrando el frikismo en la sala y en el mundo una vez más, y se marchó, no sin antes incidir en su amor a las palabras malsonantes (que con su voz suenan a gloria) y hacer de encargada de objetos perdidos (en esta ocasión un paraguas). Bravo por la chica de los patines de Al salir de clase, y hasta el año que viene (esperamos). Ahora las reseñas de las dos (olvidables) películas que pudimos ver después del Phenomena:

Cockneys vs. Zombies (Matthias Hoene, Gran Bretaña, 2012)

Siguiendo la alargada estela del clásico moderno de culto Shaun of the Dead (en España Zombies Party), Matthias Hoene nos propone la enésima revisión en clave de parodia british del género zombi. Cockneys vs. Zombies es una historia semi-reivindicativa sobre un grupo de adolescentes que atracan un banco para salvar el asilo de sus abuelos, pero se encuentran con más obstáculos de los que creían: principalmente una plaga de no-muertos en las calles de Londres. Hoene toma todos los clichés del género y los amasa en un producto que, a pesar de varios golpes de humor efectivos, resulta perezoso e insulso. La película se mueve por inercia, repitiendo los chistes y situaciones que ya hemos visto en muchas otras películas de este tipo, y nos hace pensar que el género se está agotando peligrosamente. Va siendo hora de dejar al mundo descansar de los zombis durante un tiempo, a menos que a alguien se le ocurra algo para revitalizarlo o desmontarlo: Goddard, Whedon, ¿no os interesa?

Horizonte (Aitor Uribarri, España, 2012) / El último exorcismo 2 (The Last Exorcism Part II, Ed Gass-Donnelly, Estados Unidos, 2013)

Horizonte es un corto muy largo (qué pasa, ¿que en España no sabemos hacer cortos de 8 minutos) sobre una España post-apocalíptica en la que existen seres monstruosos que solo salen de noche (suerte de Übervamps de Buffy). Uribarri se pasa por el forro las reglas del cortometraje, elaborando lo que en su cabeza era claramente un largo, y demostrando una enorme torpeza a la hora de condensar su historia en 20 minutos. Desdibujado, sobredramático e infantil, Horizonte solo se salva en el aspecto técnico.

El último exorcismo 2 es la innecesaria secuela del éxito de 2010 El último exorcismo (The Last Exorcism, Daniel Stamm). Regresa Ashley Bell (la Anna Faris de saldo, imaginaos) como Nell Sweetzer, que tras los eventos de la primera película intenta llevar a cabo una nueva vida alejada del mal. Sin embargo, el demonio que la atormentó regresa, enamorado de ella (quizás la única buena idea de la película), y con la intención de penetrar en su cuerpo una vez más. El último exorcismo 2 -que a ratos es más bien Scary Movie 7– nos muestra los progresos de Nell en una residencia para jóvenes descarriadas, salteados con trilladísimas escenas de misterio y sustos de manual basados en el golpe de música estruendoso o la aparición de un personaje de imprevisto que dice “hola” y ya está. Por no hablar de que las escenas más interesantes ocurren fuera de plano -mientras el demonio mata, nosotros vemos ventanas y neumáticos de coches, qué bien-, seguramente para conseguir la calificación PG-13 (un gran abucheo a esta vergonzosa ausencia de riesgo). El clímax, único momento en el que empieza a ocurrir algo de verdad, acaba siendo un exorcismus interruptus. El insulto final es un desenlace que no se puede considerar tal, que deja la “acción” en suspenso y a nosotros con la sensación de haber perdido dos horas de nuestras vidas. Y no me hagáis hablar del título, ¿se puede añadir un “2” a “El último exorcismo”? En la primera se refería al último que llevaba a cabo el cura. Pero en la segunda, ¿qué sentido tiene? Aunque tenga fácil explicación, no deja de ser desafortunado. Un desastre absoluto se mire por donde se mire.

10ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Segunda Jornada

El segundo día de La Muestra -tercero si contamos el preestreno de Oz– nos dejó ver cinco caras muy distintas del género fantástico. Una película de animación, un cuento de fantasmas, un sci-fi experimental, un clásico moderno de terror y una locura de las que solo saben y pueden hacer los nipones. Entre película y película, Leticia Dolera volvió a amenizarnos la espera con su natural y cercana presencia y sus bellísimas rimas consontantes– y también con una mayor interacción con el público, al que lanzó chocolatinas Twix con fuerza sobrehumana antes de la proyección de Twixt. También hubo tiempo para la denuncia (de soslayo) a la piratería, y para una historia de amor, la de una pareja cuya primera cita dependía de conseguir entradas para The Cabin in the Woods. Alguien en el público gritó en un momento de la noche “¿Pero esto no es un festival de cine?” A lo que Dolera respondió exltada: “¡¡Esto es un festival del amor!!” Y tenía toda la razón, ¿no es verdad? Bueno, paso a reseñaros las películas que pudimos ver ayer en La Muestra:

Wolf Children (Ôkami Kodomo no Ame to Yuki, Mamoru Hosoda, Japón, 2012)

Preciosa fábula licántropa sobre una madre humana que debe afrontar sola la educación de sus dos lobatos. Wolf Children es un cuento enternecedor y devastador a partes iguales que nos narra las dificultades de la joven Hana para criar a sus dos niños, Ami y Yuki, y el viaje de ellos dos hacia la maduración y la independencia. El camino de Ami y Yuki en busca de su propia identidad está lleno de sorpresas, alegrías y decepciones, y Mamoru Hosoda (La chica que saltaba a través del tiempo) nos lo muestra a través de imágenes preciosistas en un relato íntimo y costumbrista que se apoya en la belleza y el reto que supone el día a día. A ratos, Wolf Children parece una respuesta directa a las películas del estudio Ghibli. Pero por mucho que esperemos una aparición estelar de Totoro en la casa de campo de esta singular familia, nunca llegará. Sin embargo, el Estudio Chizu logra conmover y sorprender al espectador con un estilo propio, y la historia de Hana, Ami y Yuki resulta personal y universal a partes iguales. Un triunfo del anime que ningún aficionado debe perderse.

Twixt (Francis Ford Coppola, Estados Unidos, 2011)

Parece mentira que el director de las dos primeras partes de El padrino sea capaz de perpetrar una película que parece concebida por el más perezoso y alelado de los productores televisivos y ejecutada por un grupo de estudiantes de primero de Comunicación. Con Twixt, Francis Ford Coppola propone una historia mil veces contada sobre un escritor que viaja a un pueblo misterioso donde encontrará la inspiración para su próxima novela de misterio. Las referencias directas a Stephen King se usan como (inservible) escudo protector y Edgar Allan Poe (qué pesados con Poe todos, siempre) tiene reservado un papel en la película, como guía onírico de este novelista interpretado por un Val Kilmer que no se decide por la seriedad o la autoparodia en ningún momento. Twixt no es una TV Movie de HBO (eso sería un insulto a la cadena), es más bien una de Lifetime (y no estoy seguro de si no sería un insulto para ella también). Resulta especialmente descorazonador comprobar cómo un director reputado que ha aportado algunas de las películas más importantes a la historia del cine tira su carrera por el retrete con un despropósito como este.

Antiviral (Brandon Cronenberg, Canadá/Estados Unidos, 2012)

Esperado debut en el largometraje del hijísimo de David Cronenberg. Brandon comparte con su padre la sensibilidad artística y la misma visión deshumanizada del mundo y la sociedad. Con Antiviral propone una especie de resurrección (que nadie ha pedido) de la Nueva Carne, una suerte de Nueva-nueva carne que se antoja algo anticuada en sus postulados. A pesar de que el sentido de la estética y la planificación de Cronenberg Jr. es sublime, la aturullada historia que nos cuenta acaba por truncar toda posibilidad de transgresión o impacto verdadero. Brandon pretende hacernos reflexionar sobre nuestra sociedad consumista y mitómana, la sobreexposición de las celebridades, y por ende, sobre nuestras vacías existencias. Lo hace con una historia que elabora metáforas tan evidentes como una carne sintética a partir del ADN de los famosos, que podemos adquirir para comer en casa. El mensaje es tan insultantemente condescendiente que impide que las poderosas imágenes que nos presenta Cronenberg acaben teniendo el impacto deseado.

Voiceover (Martín Rosete, España, 2011) / The Cabin in the Woods (Drew Goddard, Estados Unidos, 2011)

El corto español Voiceover nos propone un curioso relato al estilo Elige tu propia aventura en el que una voz en off (en fancés) nos narra el clímax de tres historias , la de un astronauta, un soldado y un náufrago, en las que el protagonista está a punto de perecer intentando llevar a cabo una hazaña.

El componente metanarrativo de Voiceover ejerce de adecuada antesala a The Cabin in the Woods, filme de terror que desarma los mecanismos argumentales del género en un astuto ejercicio de deconstrucción narrativa. La historia detrás de la película dirigida por Drew Goddard, y co-escrita por Joss Whedon, es conocida por todos. El periplo de los autores para llevarla a la gran pantalla no es nada comparado con lo que el fan español ha tenido que aguantar. Su estreno en salas se canceló para pasar directamente al mercado doméstico. Otoño de 2012 era la fecha para que la película fuera editada en DVD en España, pero su distribuidora aplazó indefinidamente el lanzamiento, en teoría, por culpa de la piratería. Desde aquí hago un (otro) llamamiento a la casa que posee los derechos de The Cabin in the Woods: si lo de ayer en los cines Callao fue indicio alguno, deberíais tener ya claro que la gente está dispuesta a pagar por ella, y que su estatus (inmediato) de película de culto garantiza el interés del consumidor que más os conviene contentar. La gente pide a gritos (ayer en La Muestra literalmente) la distribución oficial de The Cabin in the Woods en España. La culpa de que nos la hayamos descargado todos es vuestra. Ahora compensadlo permitiéndonos que podamos añadirla a nuestra videoteca. Polémicas aparte, para muchos The Cabin in the Woods supone la revitalización y reinvención del género. Para mí, La cabaña en el bosque es un sólido entretenimiento con momentos de auténtica lucidez que articula a la perfección lo que el espectador, cada vez más ducho y preparado, siente al ver el tipo de películas que esta parodia/homenajea/comenta. Pero no cuento más. Próximamente crítica completa en fuertecito no ve la tele.

Dead Sushi (Deddo sushi, Noboru Iguchi, Japón, 2012)

Y si Boneboys el día anterior nos dejaba a todos con la mandíbula desencajada, Dead Sushi hace que se nos caiga al suelo, pero esta vez no solo por no creer lo que se está viendo (que también), sino de la risa. Anoche, la carcajada colectiva y continua de los cines Callao debía resonar en todo Madrid. Dead Sushi es la búsqueda constante del absurdo más enloquecido y camp. Ninguna sinopsis será capaz de capturar lo que la película de Noboru Iguchi supone. Digamos que si el primer acto de la película desató el desenfreno de los asistentes a La Muestra, que no dejaron (dejamos) de reír un solo minuto seguido, imaginaos cuando por fin aparece el sushi asesino volador. Muerte por ataque de risa. Dead Sushi es físicamente agotadora. No hay descanso para el espectador, no hay escena que no suponga un WTF antológico, no sabemos exactamente lo que vimos, pero da igual. ¡Te queremos, Huevón!

10ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Primera jornada

Un día después del preestreno oficial en Callao de Oz, un mundo de fantasía (Oz: The Great and Powerful, Sam Raimi, 2013) –aquí podéis leer mi crítica-, la 10ª Muestra SyFy de Cine Fantástico inicia su primera jornada maratoniana de películas fantásticas, de ciencia ficción y de terror. La anfitriona de este año ha sido “un monstruo de dos cabezas”. Macarena Gómez sustituyó el jueves 7 a Leticia Dolera en las labores de presentación de la Muestra, con una respuesta más bien negativa por parte del público en la sala -claro que la respuesta a Oz más tarde fue peor. Una desubicada Macarena, que se saltó el guion en pos de una improvisación que hizo taparse la cara a más de uno -y mira que el público de #LaMuestra absorbe la vergüenza ajena con más temple que el público “normal”- se midió en aplausos con la que ha sido casi todos los años la reina del festival, y lógicamente, salió perdiendo.

El viernes 8 de marzo Dolera acudía al rescate, y la cosa mejoraba considerablemente. Juntas hicieron pasar un buen rato lleno de aseveraciones tan elegantes y reivindicativas como “A [REC]3 le dieron ocho Goyas como ocho pollas“. Con esta frase, Dolera incitaba una protesta en contra de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, que suele ignorar el cine de género en sus nominaciones a los rancios premios Goya. Entre poesía (“Canino: pa tu culo mi pepino”), objetos perdidos (Dolera aprovechó una de las presentaciones para buscar al dueño de un ticket de parking perdido) y la visita de Eduardo Casanova y Ana Polvorosa -que venían a presentar el corto Amor de madre, transcurrió un completo primer día de #LaMuestra. Desde las 17:00 hasta las 2 de la madrugada pudimos ver cuatro películas y un cortometraje que os comento a continuación:

Kenshin, el guerrero samurái (Rurôni Kenshin: Meiji kenkaku roman tan, Keishi Ohtomo, Japón, 2012)

Fiel adaptación del popular manga de Nobuhiro Watsuki, que gozó en los 90 de un gran éxito mundial, durante la época dorada del cómic japonés. En España alcanzó una gran popularidad sobre todo gracias a su versión anime. En esta ocasión, la historia del menudo y afeminado vagabundo samurái cobra vida a través de personajes en carne y hueso y el tratamiento de superproducción nipona. Sin embargo, Kenshin, el guerrero samurái es una película de dos horas y media que trata de condensar el mayor número posible de elementos del manga, y falla por no esforzarse un poco más en la historia que se cuenta (que se puede resumir con el insistente y simplón mensaje “matar no está bien”). Gustará a aficionados del cine moderno de samuráis, y por supuesto a los fans del manga y el anime en el que se basa, que encontrarán sin duda una gran satisfacción en ir reconociendo a sus personajes y tramas a lo largo del metraje. Claro que su ritmo exasperante y su constante divagación narrativa pueden hacer que hasta el más fan de Rurouni Kenshin pierda el interés continuamente. Si se busca un buen filme de samuráis contemporáneo, acúdase mejor a Takashi Miike.

Grabbers (Jon Wright, Irlanda, 2012)

Wright nos propone un homenaje a las películas ochenteras de invasión extraterrestre y bichos asesinos con una historia sobre una especie de seres alienígenas (anos gigantes con tentáculos) que llegan a un pueblo costero irlandés sedientos de sangre. Dos policías se encargarán de librar a los habitantes de la plaga que los acecha con la ayuda de un gran descubrimiento: la kryptonita de los grabbers (trincadores en su versión subtitulada) es el alcohol. Imaginad, irlandeses borrachos contra alienígenas asesinos. El resultado está a la altura de la propuesta (a pesar de un inicio preocupantemente soso), y Grabbers divierte y hace reír gracias a magníficos gags y el buen hacer de los intérpretes. En la línea de Attack the Block (Joe Cornish, 2011), la película de Wright da la sensación de no tomarse nunca en serio, pero en el fondo sabemos que estamos viendo algo más que un subproducto: Grabbers tiene momentos de auténtica inspiración cómica. A destacar la química de la pareja protagonista –Richard Coyle y una esplendorosa Ruth Bradley-, y la participación del siempre eficaz, siempre entrañable, Russel Tovey (Doctor Who, Him & Her y casi cualquier serie británica de los últimos 7 años). Por cierto, mirad el póster. Toda una declaración de intenciones, ¿verdad?

Amor de madre (Eduardo Casanova, España, 2013) / Boneboys (Duane Graves, Justin Meeks, Estados Unidos, 2012)

El cortometraje Amor de madre, dirigido por Eduardo Casanova y protagonizado por su amiga y compañera de reparto en Aída, Ana Polvorosa, es según palabras de su director, un melodrama trágico. Casanova debuta como director con un corto demasiado largo en el que se ponen de manifiesto todos los defectos del principiante, de los que el más irritante es la insistencia por que el espectador (re)conozca los referentes del realizador. Casanova nos dijo que le encantaría que el público jalease durante la película, “como en Cecil B. Demente. Pero lo que hizo el público fue resoplar, dormirse, y en última instancia gritar “¡vaya truño!” Pues eso, un desastre. Ah, y salen zombis. No sabemos por qué.

Nadie podía esperar lo que se nos venía encima a continuación con Boneboys, de la mano de Kim Henkel, productor y guionista de La matanza de Texas, sus secuelas y otras películas de terror parecidas. Cuando Boneboys comienza uno sabe que va a ver la clásica historia de adolescentes extraviados (en Texas, cómo no) que se convierten en víctimas de sádicos asesinos. La misma película de siempre, vamos. Y esto es cierto hasta que Boneboys abandona toda lógica cinematográfica y humana y se entrega por completo a la demencia más indescriptible (el torture porn es lo de menos). En serio, no es posible articular en palabras la locura que es esta película. Boneboys es básicamente otro remake de La matanza de Texas, pero con el absurdo, el bizarrismo y el exceso elevado a la millonésima potencia, un “¿QUÉ COÑO ES ESTO?” constante del que es mejor no saber nada antes de adentrarse en su mundo. Pero que no, no es posible describirlo, no lo es. Hay que verla para creerla. O para no creerla.

John Dies at the End (Don Coscarelli, Estados Unidos, 2012)

La nueva película de Don Coscarelli (El señor de las bestias, Phantasma) está basada en una novela de terror publicada originalmente en Internet por Jason Pargin (con el pseudónico David Wong), y es básicamente un cómic de Vertigo en movimiento. Pero uno con gracia. John Dies at the End parece a ratos una versión alucinada de Supernatural, pero es esencialmente un viaje psicotrópico deudor de Hunter S. Thompson, y en su defecto, de David Cronenberg. La película amalgama con ingenio y un gran sentido del humor una apabullante cantidad de ideas y motivos propios de la serie Z. El ritmo desfallece en su tramo final, pero John Dies at the End se las arregla para permanecer imprevisible y estimulante la mayor parte del tiempo. La primera película en diez años de Coscarelli es un ejercicio evidentemente autoindulgente que no oculta su deseo de recibir la categoría de película de culto, pero que, intenciones del autor aparte, la merece.