El Rey León: Mismo animal, piel nueva

Hay pocas cosas seguras en esta vida y una de ellas es que El Rey León es una de las mejores películas de animación de la historia. Otra sería que, tarde o temprano, Disney le haría un remake. Justo cuando se cumplen 25 años del estreno del clásico original, el estudio presenta su nueva versión, un espectáculo enteramente digital dirigido por Jon Favreau, quien hace tres años ya se enfrentase al reto de dar vida a animales realistas parlantes con El Libro de la Selva

Sin embargo, en esta ocasión, Favreau y Disney no han llevado a cabo una relectura como sí hicieron con el clásico de los 60 (cuyo escuálido guion tuvieron que modificar y ampliar necesariamente), sino que han optado por mantenerse lo más fiel posible a la original. Y es que si algo no está roto, no lo arregles, debieron pensar. El Rey León es una de las películas de Disney más queridas y está grabada a fuego en la memoria colectiva, así que, teniendo en cuenta que el público por lo general prefiere las adaptaciones literales, estaba claro que esa era la senda a seguir con este remake. Pero, ¿tiene sentido hacer la misma película otra vez?

La nueva versión de El Rey León es prácticamente una reproducción plano a plano de la original, un ejercicio de duplicación similar al Psycho de Gus Van Sant, solo que en este caso, el público sí tiene interés en verlo. Desde el sol que amanece sobre la sabana al compás de los míticos cantos tribales africanos hasta la última escena en la Roca de la manada, Favreau ha calcado las icónicas imágenes del film de Roger Allers y Rob Minkoff, respetando además su estructura narrativa, su ritmo, sus diálogos, su score (que el propio Hans Zimmer revisiona) y sus canciones, con la principal diferencia de que está realizada en imagen digital fotorrealista, lo que le confiere un aspecto de documental de naturaleza de National Geographic.

Aunque no asume ningún riesgo, sí hay pequeños cambios y novedades que se añaden de forma orgánica y en ningún caso modifican la trama o la esencia de los personajes que conocemos desde los 90. Por ejemplo, algunos diálogos se amplían, sobre todo los de Timón y Pumba, que protagonizan los momentos más divertidos (y más meta) del film; y cómo no, hay una nueva canción cuyo único propósito es competir en los Oscar, ‘Spirit’, interpretada por Beyoncé durante una escena de transición que en el clásico original no contenía diálogo, por lo que en ese caso realmente tampoco cambia nada. Por lo demás, se apoya en todo momento en la original, hasta el punto de que uno puede recitarla.

Las diferencias más sustanciosas tienen lugar durante los números musicales, que, a excepción de ‘El ciclo de la vida’, que es exactamente igual, pierden ese toque mágico y simbólico de la animación tradicional para ajustarse al realismo que condiciona, y en gran medida, constriñe a la película. ‘Yo voy a ser el rey león’ funciona, porque encuentra la manera de respetar el número original sin cambiar la animación y ‘Hakuna Matata’ cumple su cometido gracias sobre todo al humor que brindan Timón y Pumba. Pero ‘Preparaos’ o ‘Es la noche del amor’ se quedan escasas, a pesar de contar con excelentes actualizaciones (producidas por Pharrell Williams) que insuflan nueva vida a los temazos inmortales de Tim Rice Elton John que nos sabemos de memoria.

En este sentido, uno de los mayores aciertos de la película es su impresionante reparto original, a cada cual más perfecto para su personaje. El cálido juego de voces de Donald Glover y Beyoncé como Simba y Nala es exquisito, Billy Eichner y Seth Rogen se mimetizan por completo con los tronchantes Timón y Pumba (risas garantizadas con ellos), el presentador John Oliver borda a Zazú, Chiwetel Ejiofor ofrece un auténtico recital dramático con Scar, haciendo más que justicia a uno de los mejores villanos del cine, y James Earl Jones repite como Mufasa, para gozo nostálgico de los que prefieran la versión original (los que la vean doblada no podrán evitar echar de menos a Constantino Romero).

No obstante, el buen hacer de su reparto no hace sino subrayar el principal problema de la película, que la riqueza en matices de sus interpretaciones se ve lastrada por la necesidad de mantener el realismo en la representación de los animales. Es decir, lo que transmiten las voces no se ve reflejado en los rostros inexpresivos de los leones, lo que hace que el remake caiga a menudo en el valle inquietante y, por tanto, pueda provocar desconexión emocional. Por muy mono que sea Simba (y lo es, mucho), si no vemos en su semblante el mismo dolor y miedo ante la muerte de su padre que vimos en su análogo 2D, es muy difícil emocionarse como lo hicimos entonces.

No cabe duda de que El Rey León es una gran proeza técnica y un espectáculo visual y sonoro increíble. El remake lleva la animación CGI a un nuevo nivel, con imágenes preciosas y un detallismo completamente apabullante. Pero a la vez que nos asombra con sus avances y la verosimilitud de sus personajes digitales, pone de manifiesto las limitaciones dramáticas de la técnica fotorrealista aplicada a los animales y, como consecuencia, acaba resultando más fría de lo que debería. Al final, es lo mismo, pero no es lo mismo. Está todo, pero falta algo. Parece real, pero cuesta encontrar el alma.

El Rey León halla su razón de ser en su naturaleza de experimento técnico y ejercicio nostálgico. Se trata de una historia que ya se ha contado más de una vez, que de hecho se cuenta una y otra vez en formato musical en varias ciudades del mundo con enorme éxito, y que ahora se vuelve a contar en el cine, tanto para las nuevas generaciones como para los que crecieron con el clásico de dibujos. Al margen de lo señalado, no se le puede reprochar mucho más al remake, porque es prácticamente la misma película. Es la misma obra maestra, con piel nueva, una que luce muy bien pero no arropa tanto. Por supuesto que podemos cuestionar la necesidad que había de hacerla, pero las cifras de taquilla nos darán la respuesta. Era inevitable, así es el ciclo de la vida.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Annabelle vuelve a casa: Niñeras contra las fuerzas del mal

El terror es uno de los géneros más lucrativos del cine, y Warner Bros. bien lo sabe. Con Expediente Warren (The Conjuring), el estudio vio un filón irresistible y empezó a desarrollar lo que a día de hoy ya es un universo cinematográfico propiamente dicho. La película de James Wan aportó el nexo de unión entre las próximas entregas: el matrimonio de investigadores de lo paranormal Ed y Lorraine Warren. A partir de ahí, la historia continuó en la secuela El caso Enfield y los spin-offs centrados en la muñeca Annabelle y el demonio Valak, más conocido como La Monja. El éxito de todas estas películas es incontestable y demuestra que el terror comercial vive una de sus mayores épocas de esplendor.

La nueva película del Warrenverso se centra por tercera vez en la muñeca diabólica, pero en esta ocasión no está sola. Annabelle vuelve a casa (Annabelle Comes Home) cuenta cómo los Warren, decididos a evitar que esta siga sembrando el terror, la llevan a la sala de objetos malditos que se encuentra en el sótano de su casa, donde la guardan en una vitrina sagrada que ha sido bendecida por un sacerdote. Los Warren deben pasar unos días fuera y dejan a su niñera de confianza, Mary Ellen (Madison Iseman), al cuidado de su hija de diez años, Judy (McKenna Grace). Todo transcurre con relativa normalidad hasta la llegada de Daniela (Katie Sarife), problemática amiga de Mary Ellen, cuya insana curiosidad por la misteriosa sala de los objetos de los Warren acaba liberando de nuevo a la muñeca poseída, despertando a su vez al resto de espíritus malignos de la habitación.

El listón de la saga Annabelle estaba más bien bajo, por lo que no era del todo difícil superar lo visto hasta ahora. Si Annabelle: Creation mejoraba ligeramente la terrible primera película, Annabelle vuelve a casa supone un salto de calidad considerable con respecto a sus dos antecesoras. Para empezar, la presencia de Vera Farmiga y Patrick Wilson, aunque breve, eleva la película y nos deja en su prólogo con una de las mejores escenas de toda la saga. Los Warren no tardan en ceder el protagonismo a la prometedora McKenna Grace, que encabeza un reparto adolescente con el que se rejuvenece la franquicia. Annabelle vuelve a casa transcurre en los 60, pero tiene ese inconfundible aroma a slasher de los 80 protagonizado por niñeras (Halloween); incluso puede recordar a las típicas aventuras juveniles de aquella década (Aventuras en la gran ciudad), resultando en una mezcla de lo más curiosa.

Gary Dauberman, guionista de It, La monja y las dos anteriores entregas de Annabelle, salta por primera vez a la dirección con Annabelle vuelve a casa (que también vuelve a escribir), y realiza un trabajo técnicamente notable tras las cámaras. Dauberman se aproxima al suspense con inteligencia y autoconsciencia, evitando la repetición con ingenio. No faltan los sustos traicioneros, los jumpscares de toda la vida, pero también se divierte jugando con los espacios y las expectativas del espectador, preparando sobresaltos que nunca llegan, con los que pone de manifiesto la importancia del preámbulo por encima incluso del susto en sí mismo. En este sentido, otro de los grandes aciertos de la película con respecto a las dos anteriores es su sentido del humorAnnabelle vuelve a casa tiene guiños cómplices a la audiencia y oportunos momentos de comedia que ayudan a aliviar la tensión y hacen a los personajes más humanos.

Esto ayuda a conectar más con ellos y que acompañarlos en la recta final sea aun más intenso. Dauberman se reserva lo mejor para un tercer acto de infarto en el que las emociones fuertes se suceden una detrás de otra. La muñeca es solo un pretexto para desplegar todo un ejército de criaturas y entes que hacen las veces de catálogo de futuros spin-offs del WarrenversoAnnabelle vuelve a casa es un festival de monstruos, cada uno con su propia leyenda a desarrollar, que nos dejan escalofriantes y creativas imágenes de terror y fantasía. Lejos de haberse agotado, la sala de los Warren nos demuestra que la saga está llena de posibilidades.

A Annabelle vuelve a casa, como a la mayoría de películas de terror de multicine, le falta riesgo y un poco de sangre  y al final no es nada que no hayamos visto ya muchas veces. Pero está por encima de la media gracias a un guion que es consciente de sus propios mecanismos y sabe cómo utilizarlos en su favor, un sentido del humor refrescante e incluso algunas dosis de ternura y romance que consiguen no desentonar. Terrorífica y divertida a partes igualesAnnabelle vuelve a casa es la prueba de que Warner ha conseguido dominar la fórmula del terror mainstream como Marvel ha hecho con la de los superhéroes.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Muñeco diabólico: Chucky 2.0

Un amigo fiel y tú lo sabes… El tiempo pasará, lo nuestro no morirá… lo vas a ver, es mejor saber… ¡que hay un a-mi-go en míiii! ¡hay un a-mi-gooo en míiii! (dum-dum) ¡Hay un amigo en mí… HASTA EL FINAL.

La vorágine de reboots, remakes y spin-offs en la que nos encontramos ha provocado que curiosamente nuestros juguetes favoritos se encuentren en la cartelera a varias décadas del estreno de sus películas originales. Puede que queramos mucho a Buzz, Woody y compañía, pero en una pelea por el amor nuestro Andy interior nos vamos con el más cabroncete de la panda… y es que Chucky es pa’ siempre. Quizá sea por acojone o no, porque no existe ser viviente nacido en las décadas de los ochenta y noventa que no haya crecido aterrorizado por ese muñecajo. Puede que no hayas visto ni la película de origen, ni mucho menos ninguna de sus seis secuelas, pero seguro que has tenido más de una pesadilla en la que el maldito pelirrojo te perseguía con un cuchillo. Treinta años después del estreno de la cinta original y sin el beneplácito de su creador, Don Mancini, llega a nuestras pantallas la nueva Muñeco diabólico (Child’s Play), remake dirigido por Lars Klevberg (cineasta noruego curtido en el mundo del cortometraje) bajo la enseña de los productores del remake de terror más exitoso de los últimos tiempos, It.

El mundo ha cambiado mucho desde finales de los ochenta, pero lo que no se ha modificado ni un ápice son los esperpénticos sueldos de los trabajadores del sector servicios. Una realidad que lleva a Karen (Aubrey Plaza, Ingrid Goes West) a gañanear una unidad defectuosa del antiguo modelo Buddi para así alegrar a su hijo Andy (Gabriel Bateman, Nunca apagues la luz). Ni que decir tiene que el juguete recién llegado no es otro que Chucky, un asesino en serie despiadado… pero esta realizad cuenta con un giro bastante diferente al original que no desvelaremos. Lo que podría haberse convertido en un remake al uso de la primera entrega de Tom Holland (Noche de miedo), se convierte en una sorprendente comedia perversa y negrísima sobre nuestra era hipertecnológica, repleta de guiños, pero con personalidad propia.

La química existente entre Bateman y la dupla formada por Beatrice Kitsos (proveniente de iZombie y la infravalorada El exorcista) y Ty Consiglio (El Pájaro Loco: La película), así como los gags más burros protagonizados por Marlon Kazadi (Supergirl), hacen que la película se eleve mucho más de lo esperado, recordando en muchos momentos al humor y al ritmo de la cinta de culto británica Attack the Block. El notable nivel de las escenas de los chavales (una divertida pandilla que deja patente que los productores de It están detrás del film), hace que la participación de Aubrey Plaza parezca un poco deslucida, quedando bastante relegada a un segundo plano y dedicándose únicamente a soltar de vez en cuando alguno de sus famosos weird-one-liners que nos llevan enamorando desde los tiempos de Parks and Recreation.

Pero este Muñeco diabólico no vive solo de las risas, sino que la atmósfera general de la película y especialmente las escenas de los crímenes son completamente aterradoras, sabiendo captar a la perfección la absurda casquería de la saga original… y todo gracias a nuestro viejo amigo Chucky. El pavor creado entre el respetable por las primeras imágenes promocionales del muñeco se disipa al instante gracias a la inteligencia de Klevberg y Tyler Burton Smith al saber aprovechar al máximo esa nueva cara extremadamente creepy y expresiva del nuevo muñeco. Todo un acierto esta diferenciación, que distancia a este Chucky 2019 de la copia y lo convierte en un pariente cercano más que digno.

Otro triunfo ha sido la elección de la nueva voz de Chucky. Si vas a cometer el sacrilegio de prescindir de Brad Dourif (la voz del muñeco diabólico en todas las entregas y actor que además hemos podido disfrutar en clásicos como Alguien voló sobre el nido del cuco, la saga de El Señor de los Anillos o Deadwood), hazlo con el mejor, y el mejor no es otro que Mark Hamill. ¿Quién nos iba a decir que el sosaina de Luke Skywalker se iba a convertir en uno de los mejores actores de doblaje de nuestros tiempos? Tras sus icónicos Joker en el universo animado de DC y Skips de ‘Historias corrientes’, Hamill realiza un verdadero recital como Chucky. La decisión de optar por un tono más atolondrado e inocente que el original es bastante arriesgada, pero gracias a la maestría del actor se convierte en una verdadera genialidad y en la mejor baza de la película.

‘Muñeco diabólico’ es una película muy gamberra que actualiza el mito de Chucky de forma ingeniosa y sin tomarse demasiado en serio, invitándonos continuamente a reírnos con ella de sí misma… aunque como siempre que Chucky anda por las proximidades, nos llevemos unos cuántos sustos por el camino.

David Lastra

Nota: ★★★½

Spider-Man – Lejos de casa: La gran aventura europea de Peter Parker

[Entrada actualizada con información del lanzamiento en formato doméstico de la película]

Los acontecimientos de Vengadores: Endgame restauraban el orden tras la devastación provocada por Thanos en Infinity War, pero el regreso a la normalidad conllevaba cambios importantes y varias pérdidas insondables en las filas de los Héroes Más Poderosos de la Tierra. Si Endgame fue el gran clímax de la Saga del Infinito, la Fase 3 de Marvel concluye oficialmente con Spider-Man: Lejos de casa (Spider-Man: Far From Home), la segunda aventura en solitario del héroe arácnido interpretado por Tom Holland. Presentada como un epílogo a este ciclo de 10 años y 23 películas, la película lidia con esas consecuencias desde la perspectiva de nuestro héroe adolescente favorito.

Peter Parker necesita desesperadamente unas vacaciones. El joven héroe se enfrenta a la vida sin su mentor, Tony Stark (Robert Downey Jr.), figura esencial en el desarrollo de su identidad, y a las consecuencias del chasquido de Thanos en su vida diaria en el instituto: mientras unos compañeros desaparecieron y regresaron cinco años más tarde como el resto de desvanecidos, otros sobrevivieron y siguieron creciendo en este tiempo, provocando una importante brecha entre ellos. El mundo ha cambiado, y Peter siente la presión que esto conlleva en su rol como superhéroe, lo cual se suma a las preocupaciones que ya de por sí tiene cualquier chico de 16 años.

¿La mejor solución para desconectar? Un viaje de estudios. Peter, Ned (Jacob Batalon), MJ (Zendaya) y sus compañeros se embarcan en un tour de verano por Europa que los lleva a Venecia, Praga y Londres. Sin embargo, sus vacaciones serán interrumpidas por Nick Furia (Samuel L. Jackson), que le encomienda la misión de detener a los Elementales, monstruos formados por las principales fuerzas de la naturaleza (aire, tierra, agua y fuego) que están sembrando el caos en el viejo continente. Para ello contará con la ayuda de un extraño aliado, Mysterio (Jake Gyllenhaal), héroe proveniente de otra dimensión que lleva un tiempo siguiendo la pista a las misteriosas criaturas. Y al propio Peter Parker.

Lejos de casa continúa el tono más ligero y el enfoque juvenil de Spider-Man: Homecoming, pero se vuelve más ambiciosa y eleva considerablemente la escala de la franquicia con más acción, una gran amenaza global y un importante conflicto personal para Spider-Man que impulsa su maduración como superhéroe. Si en Homecoming, Peter era nuestro amigo y vecino Spider-Man, ocupándose de malhechores callejeros y villanos más humanos, en Lejos de casa se ve obligado a actuar como un Vengador para acabar con un peligro mayor. El reto que plantean los Elementales le llevará a salir de la sombra de Iron Man para tratar de averiguar quién es sin él (¿Es él el nuevo Iron Man que el mundo necesita desesperadamente?). Eso sí, a pesar de habernos dejado, la presencia de Tony se hará sentir a lo largo de toda la aventura europea de Peter, gracias a la tecnología que este le dejó en herencia, y a la huella que imprimió en el como figura paterna.

Jon Watts, director de Homecoming, repite en Lejos de casa, realizando un buen trabajo a la hora de hilar tramas nuevas y antiguas y disponer las capas de humor, acción, desarrollo de personajes, y también romance. Hay momentos en los que se le va un poco de las manos y puede provocar confusión (pasan tantas cosas que es inevitable), pero por lo general, supera el desafío con nota. Es difícil analizar lo que ocurre en la película sin desvelar datos importantes sobre el argumento, pero es mejor así. Lejos de casa es una de las películas con más giros y sorpresas de Marvel, y destapar los secretos antes de tiempo arruinaría la experiencia. Digamos simplemente que lo que ocurre en el film y en sus dos impactantes escenas post-créditos conlleva importantes implicaciones para el futuro de la franquicia del Trepamuros, y del UCM en general.

De lo que sí podemos hablar abiertamente es del reparto. Holland vuelve a bordar el personaje, confirmando una vez más que nació para interpretarlo. El actor británico ES Peter Parker. Su compromiso y entusiasmo saltan a la vista en cada uno de los planos en los que aparece, dotando a la película de sinceridad, encanto y humanidad. Por otro lado, Zendaya adquiere mayor protagonismo, dejándonos conocer mejor a su MJ (aunque todavía nos queda mucho por saber sobre ella) y desarrollando con Peter la relación más adorable de Marvel. Su indudable química es de lo mejor de un film que no tiene miedo a entregarse con los brazos abiertos al amor (en una saga que no suele hacerlo mucho), recordándonos que estamos viendo una película de Spider-Man, y también una de instituto.

También hay que mencionar al reparto secundario juvenil, “repetidores” (Jacob Batalon, Angourie Rice, Tony Revolori) y novatos (incluido el primer actor transgénero del Universo Marvel, Zach Barack), que forman un simpático plantel adolescente con el que se refleja la diversidad étnica y cultural de los institutos de hoy en día. En el frente adulto debemos destacar de nuevo a Marisa Tomei como Tía May, aunque su participación vuelve a saber a muy poco, y la aparición de Samuel L. Jackson y Cobie Smulders como Nick Furia y Maria Hill, ejerciendo como nexo entre Spidey y los Vengadores. Por último, Jake Gyllenhaal como Mysterio se convierte en la atracción principal de Lejos de casa, con permiso del Trepamuros. El actor, al que Marvel llevaba mucho tiempo rondando, ha encontrado el papel perfecto para él. Gyllenhaal está simplemente sensacional, construyendo en Mysterio uno de los personajes más sorprendentes y fascinantes del UCM.

Aunque a la película le cuesta un poco arrancar, cuando lo hace, llega a lo más alto y no baja. Lejos de casa es divertidísima, emocionante, inteligente, romántica, fresca y visualmente vibrante. Watts eleva considerablemente el listón de Homecoming con secuencias de acción espectaculares y de lo más imaginativo, que parecen salidas directamente de las páginas del cómic. Su detallismo a la hora de diseñar el aspecto del film y orquestar la acción se salda con set pieces muy vistosos (gracias en parte a haber rodado en localizaciones europeas reales) e imágenes llenas de información y guiños. Todo esto, sumado a los giros que cambian lo que creíamos saber (algunos arriesgados y potencialmente polémicos), hace que el valor de revisionado se dispare por encima de lo habitual. Es decir, para verla completa, hace falta verla dos veces. De hecho, es una de esas películas que te dejan con la necesidad de repetir, pero también de saber qué pasará a continuación. Aunque ya hemos visto a Holland encarnando al personaje en cinco ocasiones, el viaje de Peter no ha hecho más que empezar y Lejos de casa prueba que el futuro es suyo.

Pedro J. García

Nota: 🕷️🕷️🕷️🕷️

PELI Y MANTA CON TU AMIGO Y VECINO SPIDER-MAN

Como no podía ser de otra manera tratándose de Sony Pictures y de una película del Universo Marvel, Spider-Man: Lejos de casa sale a la venta en España en multitud de formatos y ediciones para satisfacer a los coleccionistas.

La película, que recaudó más de 1.100 millones de dólares en todo el mundo convirtiéndose en la tercera más taquillera de 2019 hasta la fecha, llega como de costumbre en DVD, Blu-ray, Blu-ray 3D y 4KUHD, además de estar disponible en alquiler y venta digital y en un pack que reúne las siete películas del Trepamuros hasta ahora, desde la primera entrega protagonizada por Tobey Maguire hasta Lejos de casa, pasando por las dos partes de Andrew Garfield.

Además de las ediciones habituales, para celebrar el lanzamiento por todo lo alto, Sony Pictures Home Entertainment ha puesto a la venta la película en dos ediciones limitadas en caja metálica (4K UHD + Blu-ray y 3D + Blu-ray), ambas con un disco adicional de extras y un libreto/diario de viaje con fotos y recuerdos de la aventura europea de Peter Parker.

EDICIONES Y CONTENIDO ADICIONAL

La EDICIÓN DVD incluye los siguientes extras:

  • “Lista de recados de Peter”, un cortometraje – Peter tiene unas cuantas cosas que hacer antes de irse a su viaje de estudios. ¡Un corto totalmente nuevo!
  • Escenas eliminadas
  • Tomas falsas del reparto

La EDICIÓN BLU-RAY incluye los extras del DVD y los siguientes contenidos exclusivos de este formato:

  • Huevos de Pascua ocultos – Deja que E.D.I.T.H. te descubra algunos de los easter eggs que podrías haberte perdido.
  • Muy, muy lejos de casa – El reparto nos cuenta sus experiencias rodando en las históricas localizaciones europeas que vemos en la película.
  • Ahora me ves – Contemplamos la evolución de Mysterio y comprobamos cómo Jake Gyllenhaal era el actor perfecto para este papel.
  • Furia y Hill – Los veteranos del UCM Cobie Smulders y Samuel L. Jackson vuelven a deleitarnos como la Agente Maria Hill y Nick Furia.
  • Gracias, Sra. Parker – Una mirada a la reinvención de la Tía May de la mano de Marisa Tomei.
  • ¡Y mucho más!

La EDICIÓN BLU-RAY 3D + BLU-RAY incluye un disco 3D con la película en este formato, y el Blu-ray estándar con la película y sus extras.

La EDICIÓN 4K UHD + BLU-RAY incluye un disco 4K UHD con la película en ultra alta definición, y el Blu-ray estándar con la película y sus extras.

La EDICIÓN LIMITADA EN CAJA METÁLICA 4K UHD + BLU-RAY + BLU-RAY DE EXTRAS (disponible en todos los puntos de venta hasta fin de existencias) viene acompañada del libreto “Diario de viaje de P. Parker”. Incluye un disco 4K con la película en ultra alta definición, el Blu-ray estándar con todos sus extras, y un Bonus Blu-ray con el siguiente contenido exclusivo:

  • Un lanzatelarañas de categoría mundial – Un repaso exhaustivo de Spider-Man extendiendo sus telarañas por todo el planeta, con nuevas entrevistas y nuevas imágenes tras las cámaras del reparto y el equipo.

La EDICIÓN LIMITADA EN CAJA METÁLICA BLU-RAY 3D + BLU-RAY + BLU-RAY DE EXTRAS (disponible en todos los puntos de venta hasta fin de existencias) incluye un disco 3D con la película en este formato, el Blu-ray estándar con todos sus extras, el Bonus Blu-ray y el libreto “Diario de viaje de P. Parker”.

Crítica: Toy Story 4

Entonces, Andy regaló todos sus juguetes a Bonnie, marcando así el final de una era, tanto para él, que se marchaba a la universidad dispuesto a empezar su vida como adulto, como para los espectadores, que habíamos crecido con él. “Adiós, vaquero”. Así se despedía su muñeco favorito, Woody, con quien había compartido los recuerdos más dichosos de su infancia. Había llegado el momento de pasar página y hacer feliz a otro niño. Fin.

O no.

Para todo el mundo, Toy Story 3 era el final definitivo de la exitosa e influyente saga animada de Pixar. La tercera entrega cerraba la historia de manera tan emotiva y transcendental, que los espectadores nos quedamos satisfechos si, como Andy, esa era la última vez que veríamos a Woody, Buzz y compañía. Pero en Disney decidieron que quedaba (al menos) una historia que contar con estos personajes. Por eso, nueve años después de deshidratarnos con la escena del incinerador y el final de Toy Story 3, llega Toy Story 4. No la pedimos, pero está aquí, así que saquemos lo mejor de ella.

Tras el cierre de la trilogía original, quedaba una gran incógnita por resolver: ¿Qué fue de Bo Peep? La pastorcita no estuvo presente en la tercera película, y Woody nos dio a entender que se había extraviado. En Toy Story 4 descubrimos la verdad sobre su paradero. Pero la historia no comienza con ella, sino con Forky, el nuevo juguete de Bonnie, creado por ella misma con un tenedor-cuchara, un alambre, un poco de plastilina y unos ojos de pegatina. Cuando Forky cobra vida, este está convencido de ser basura, y corresponde a Woody y los demás enseñarle que en realidad es un juguete. Y no solo eso, sino que es el más importante para Bonnie en un difícil momento de cambio para ella: el inicio de la escuela. Un viaje en carretera los llevará a una nueva aventura en la que tanto Forky como Woody aprenderán cuál es su lugar en el mundo.

Era un reto muy complicado continuar la saga después de un broche de oro como Toy Story 3 y hacerle justicia, pero Pixar lo ha vuelto a hacer. No había motivos para dudar de ellos. Toy Story 4 es una secuela digna, si bien algo diferente a la trilogía original, incluso más extraña y atrevida. Josh Cooley (¿La primera cita de Riley?) dirige esta nueva odisea de acción en la que Woody cobra casi absoluto protagonismo, llevando las riendas (pun intended) de una historia que nos lleva hasta una feria y una tienda de antigüedades, dos nuevas localizaciones rebosantes de posibilidades para la franquicia. Allí es donde conocemos a los nuevos personajes de la saga, un variopinto plantel de juguetes que incluye a la villana Gabby Gabby (una muñeca antigua con defecto de fábrica a la que pone voz Christina Hendricks) y sus marionetas de ventrílocuo, los peluches de tómbola Bunny y Ducky (Jordan Peele y Keegan-Michael Key), y el desastroso motorista, y para muchos robaescenas, Duke Caboom (Keanu Reeves).

Estos fichajes insuflan nueva vida a la saga, eso sí, a costa de desplazar a un segundo plano a casi todos los juguetes de Bonnie, incluido Buzz Lightyear. Todos ellos desempeñan una función instrumental en la película, pero el guion se centra en Woody, Bo, Forky y los nuevos personajes. La sensación es rara, pero necesaria. Como adelantaba, Toy Story 4 es algo distinto, no es una continuación, sino un epílogo, una aventura en mundo abierto que, utilizando las mismas herramientas, explora nuevo terreno y pone a prueba hasta dónde puede llegar la saga y sus protagonistas. Como las anteriores películas, Toy Story 4 no tiene miedo de abrazar por completo las emociones, incluido el miedo (la película tiene un par de pasajes bastante siniestros), y tomar decisiones sorprendentes, y eso es lo que hace que merezca la pena.

La parte central de Toy Story 4, que se desarrolla como un tour de force de enredos y acción, recuerda demasiado a la tercera parte, y también al esquema del rescate disparatado de Buscando a Dory, con momentos muy divertidos y una Bo Peep modernizada que es de lo mejor de la película. Pero salvando eso, en general tiene un nudo poco memorable. Son el primer y el último acto los que hacen que la cinta se eleve hasta el infinito y más allá. El primero, contra todo pronóstico, por la trama de Forky, un personaje mucho más interesante de lo que anticipábamos, que enfatiza el corazón y el componente existencialista que siempre ha caracterizado a esta historia. El segundo porque nos deja otro clímax de desbordante emotividad y una resolución impactante y muy valiente que se asegura un lugar privilegiado en nuestra memoria.

Pixar se supera técnicamente con cada película, y Toy Story 4, no es excepción. Su factura visual y sonora es asombrosa (impresionantes las texturas y la iluminación, y magnífica una vez más la música de Randy Newman, con nuevas canciones y un uso excelente del score), pero lo mejor sigue siendo el dominio que tiene de la historia que está contando y la madurez que ha alcanzado con ella. Toy Story nos habla de la constante búsqueda de propósito, la lealtad y la necesidad de arriesgar para encontrar nuestro sitio en la vida. ¿Quién nos iba a decir que una saga sobre juguetes nos iba a enseñar tanto sobre nosotros mismos?

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Gozdilla – Rey de los monstruos

Con el Universo DC en pleno proceso de reestructuración, Expediente Warren generando spin-offs a cada cual más taquillero y Animales Fantásticos intentando replicar el éxito de Harry PotterWarner Bros. sigue apostando por los universos extendidos, como casi todos los grandes estudios de Hollywood. Hace cinco años, Godzilla puso los primeros cimientos de una saga que aunaría bajo el mismo cielo (encapotado y electrificado) a los grandes monstruos de la mitología audiovisual, como el famoso kaiju o el mítico King Kong. El rey de los monos protagonizó en 2017 la nada desdeñable Kong: La Isla Calavera, y ahora le vuelve a tocar el turno a Godzilla, que regresa en Godzilla: Rey de los monstruos (Godzilla: King of the Monsters), tercera entrega de este MonsterVerse.

Michael Dougherty (Krampus, maldita Navidad) dirige este gigantesco blockbuster que retoma la acción cinco años después de la destrucción ocasionada por Godzilla en la primera película, mostrándonos las consecuencias no solo en la Tierra, sino también en una familia que sufrió una trágica pérdida. La organización Monarch continúa estudiando a los monstruos que se encuentran ocultos hibernando en todo el mundo e intenta contenerlos para evitar una catástrofe mayor. Sin embargo, un grupo de ecoterroristas tratará de liberar a las bestias para restaurar el orden natural del planeta, para lo que secuestrarán a la doctora Emma Russell (Vera Farmiga), creadora de un sónar para comunicarse con ellas, y su hija Madison (Millie Bobby Brown). Godzilla regresa de su escondite bajo el mar para enfrentarse a criaturas que se creía que eran solo mitos, como Mothra, Rodan y el rey de tres cabezas Ghidorah, con los que luchará por la supremacía en una batalla que dejará a la humanidad al borde de la extinción.

Una de las quejas que suele lastrar al cine de monstruos es que estos tardan demasiado en aparecer, o que el drama de los personajes humanos los eclipsa hasta el aburrimiento. En este caso, Warner se ha asegurado de que esto no ocurra. En Godzilla: Rey de los monstruos, los titanes aparecen muy pronto y aparecen mucho. La historia de la familia fragmentada que forman Kyle Chandler, Vera Farmiga y Millie Bobby Brown aporta el hilo conductor y el conflicto central de la película (los monstruos como depredadores o como defensores de la humanidad), pero son las superespecies las que se llevan todo el protagonismo en un sinfín de escenas de acción y devastación. De esta manera, el film ofrece lo que se debería esperar de un espectáculo cinematográfico estival como este, lo que los fans del cine de monstruos suelen pedir (y absurdamente no siempre se les da).

Claro que, precisamente por esto, la película puede resultar excesiva y agotadora para los menos predispuestos. Las secuencias de destrucción y las peleas entre los titanes ocupan gran parte del metraje, y sobre todo en la recta final se vuelven completamente desbordantes y abrumadoras. A pesar de que hay momentos en los que es imposible distinguir qué está ocurriendo en la pantalla y las criaturas digitales no son siempre convincentes (Ghidorah es impresionante, pero Mothra de cerca parece hecha a finales de los 90), la película sobresale en el aspecto técnico y visual, con un acabado general muy sólido. Las batallas entre monstruos son de una épica incontestable y los titanes protagonizan planos de auténtica belleza, destellos de ambición creativa y artística que elevan la película por encima de la típica superproducción de usar y tirar.

La trama, que fusiona los mitos con un mensaje ecológico, es todo lo absurda, confusa y llena de clichés que cabe esperar de una película sobre monstruos míticos del tamaño de rascacielos (no hay que buscarles demasiada lógica, porque no se va a encontrar), pero al menos consigue divertir y mantener el interés, cosa que no se puede decir de la primera entrega, dirigida por Gareth Edwards. El humor no siempre se utiliza con acierto, pero sirve su propósito como alivio de la acción, y los actores hacen el mejor trabajo que se puede pedir de una producción de estas características (Chandler, Farmiga y Brown demuestran que su talento no se enciende o apaga según el proyecto en el que estén). En definitiva, Godzilla: Rey de los monstruos es un espectáculo digno, una película grande y complaciente, que da a su público objetivo todo lo que desea, y más.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Men In Black: International – Reinicio para las nuevas generaciones

La obsesión de los 90 por los extraterrestres culminó en el éxito de Men in Black en cines. La película protagonizada por Will Smith y Tommy Lee Jones recaudó casi 600 millones de dólares en taquilla en 1997, impresionante cifra que dio a Sony una de sus franquicias más rentables y reafirmó el status de Smith como una de las mayores estrellas de Hollywood. La película generó dos secuelas, una en 2002 y otra una década más tarde, en 2012, siendo MIB3 la más taquillera a nivel mundial de la saga (624 millones).

En la era de la nostalgia, era cuestión de tiempo que los Hombres de Negro hicieran un comeback, como tantos otros iconos de los 80 y los 90. Pero en lugar de realizar una secuela directa con sus protagonistas originales (que seguramente no recibieron la oferta suficiente), Sony ha decidido pulsar el botón de reset y darle a la saga un lavado de cara con Men in Black: International, continuación/spin-off con nuevos personajes. Barry Sonnenfeld, que dirigió la trilogía original, cede la batuta a F. Gary Gray (Straight Outta ComptonFast & Furious 8), quien dirige un renovado reparto encabezado por Chris HemsworthTessa Thompson y el omnipresente Liam Neeson.

Men in Black se convierte en Men and Women in Black (no oficialmente, aunque sí a través de chistes y diálogos con voluntad modernizadora) con la incorporación de Thompson, cuyo personaje proporciona el hilo conductor de la historia. La Agente M ha conseguido fichar por MIB después de muchos años intentando confirmar su existencia. Su obsesión por la organización secreta viene desde la infancia, cuando experimentó un contacto alienígena que los Hombres de Negro no borraron de su memoria con el neuralizador. Ahora, la novata debe demostrar que tiene lo que hace falta para formar parte de MIB, para lo que se embarcará en una peligrosa misión alrededor del mundo junto al arrogante y solitario Agente H (Hemsworth), con el que descubrirá una amenaza a la que MIB no se habían enfrentado nunca: un topo dentro de la propia organización.

En lugar de caer en la reproducción nostálgica, la nueva Men in Black opta por renovarse casi por completo, presentándose como un nuevo comienzo que transcurre en el mismo universo y lo expande. Esta película no es un regalo a los fans de la trilogía original, sino una actualización dirigida a las nuevas generaciones. De ahí que no haya mucha continuidad con las anteriores entregas, que no hace falta haber visto para ver esta. Hay guiños que la conectan con las películas de Smith y Jones, y la (breve, pero como siempre fabulosa) presencia de Emma Thompson, que regresa como la Agente O, también sirve como enlace, pero por lo general, MIB: International es un reinicio, también en tono y espíritu. Algo que, sin duda, no casará bien con los más puristas, que echarán de menos a sus protagonistas originales.

MIB: International es un pasatiempo ligero y sin pretensiones al que, idealmente, no se le debería exigir demasiado. Es cierto que la historia es muy predecible y formulaica, pero funciona, sobre todo gracias a sus dos protagonistas, y en especial a una fantástica Thompson, que es con diferencia lo mejor de la película. Su química con Hemsworth (con quien repite después de Thor: Ragnarok) es evidente, y juntos forman un dúo muy divertido y compenetrado (y bueno, qué bien les queda el traje). Lo único que falla en esta pareja es cierta tendencia al humor rancio a la hora de manejar su tensión sexual no resuelta. El flirteo no hace daño, pero los chistes sobre lo buena que está una o lo mujeriego que es el otro anulan momentáneamente el progreso que supone tener a una mujer como protagonista en una saga eminentemente masculina. Si hay algo propio de los 90 que no hacía falta recuperar era eso.

Por lo demás, MIB: International es mejor de lo que parece. Como cabe esperar de la saga, la acción es explosiva y los aliens muy imaginativos. Destaca la incorporación de Peoncín, extraterrestre de bolsillo que corría el riesgo de convertirse en la típica mascota irritante y sobreexplotada, pero acaba haciéndose querer y dejándonos algunas de las mejores frases del film, gracias al excelente trabajo de voz de Kumail Nanjiani. En general, estamos ante una MIB nueva, orientada sobre todo al público más joven (insisto, no es un producto diseñado para treintañeros nostálgicos), una aventura convencional pero eficaz, con dos protagonistas que claramente se lo están pasando en grande, y nos piden que nos soltemos para divertirnos con ellos.

Pedro J. García

Nota: ★★★

X-Men – Fénix Oscura: Mutantes y sin ganas

El cine de superhéroes actual le debe mucho a la Patrulla-X. Se puede decir que junto al Spider-Man de Sam Raimi, X-Men (2000) inauguró la época moderna del género, llevando a los personajes del cómic a la cultura mainstream con blockbusters cada vez más grandes y de mayor éxito. Con el auge del Universo Cinematográfico Marvel a partir de 2008, los mutantes quedaron desplazados a un segundo plano, y aunque lucharon por mantenerse vigentes con propuestas renovadoras e incluso rompedoras (X-Men: Días del futuro pasadoDeadpoolLogan), acabaron desvaneciéndose poco a poco.

La compra de Fox por parte de Disney clavaba el último clavo en el ataúd de los X-Men actuales. Si el pobre recibimiento de X-Men: Apocalipsis ya había hecho mella en la Patrulla-X, saber que los mutantes “volverían a casa” y tendrían un reinicio dentro del MCU (similar a lo que ocurrió con Spider-Man), hacía que la actual iteración de los X-Men perdiera interés para la audiencia. La nueva (y con toda seguridad última) entrega de la franquicia, X-Men: Fénix Oscura (Dark Phoenix), en la que el productor Simon Kinberg salta a la dirección sustituyendo al denostado Bryan Singer, llega precedida de los ya clásicos problemas tras las cámaras: rumores de dificultades creativas, reshoots, retrasos en el estreno…

Y teniendo esto en cuenta, Fénix Oscura no es un desastre (no estamos hablando de la vapuleada X-Men orígenes: Lobezno o la debacle de Cuatro Fantásticos). De hecho, es una película aceptable. Sin embargo, cuesta involucrarse con ella, y no nos da muchos motivos para hacerlo. Para empezar, porque nos cuenta una historia que la misma saga ya nos había contado en X-Men: La decisión final con Famke Janssen: la de Jean Grey yéndose al lado oscuro al ser incapaz de controlar sus enormes poderes. En esta ocasión, es Sophie Turner (nuestra reina del Norte Sansa Stark en Juego de Tronos) la que se vuelve a poner en la piel de Fénix después de debutar en Apocalipsis. Y bueno, a estas alturas, lo de cuestionar la línea temporal de la saga que comenzó hace 19 años ya no tiene sentido.

La película gira en torno a su transformación en Fénix Oscura, pero también lidia con el estado de la Patrulla-X en los 90, durante una época de tregua con los humanos en la que Magneto (Michael Fassbender) se encuentra exiliado y los mutantes de Charles Xavier (James McAvoy) trabajan codo con codo con el gobierno. Pero como suele ocurrir en X-Men, la línea entre héroe y villano es muy delgada, y Xavier debe esforzarse por que sus pupilos controlen sus “dones” y sigan las normas, aunque provoque más de un cisma en sus filas. La llegada de una villana alienígena llamada Vuk (Jessica Chastain), interesada en los poderes de Jean Grey, provocará una guerra entre especies y pondrá a prueba los vínculos entre los mutantes de Xavier.

Fénix Oscura es una película de superhéroes correcta, pero su principal problema es que no aporta nada. Después de casi dos décadas, Kinberg no tiene nada nuevo que decir sobre los mutantes, así que se limita a repetir las mismas reflexiones sobre el miedo a la diferencia, la naturaleza del héroe y el villano o la idea de la Patrulla-X como una familia creada. Los diálogos son más bien genéricos, los efectos y el maquillaje bajan el listón y la trama tarda bastante en arrancar, desperdiciando el potencial de muchos mutantes mientras se centra en los mismos de siempre. Turner, por su parte, es una actriz competente, pero llevar casi todo el peso de la película le viene muy grande y no logra transmitir la gravedad y profundidad de la icónica saga de Marvel.

En cuanto a los demás, James McAvoy y Michael Fassbender siguen empleándose a fondo como intérpretes (más de lo que la franquicia les exige en este punto), mientras que Jennifer Lawrence continúa poniéndose a sí misma por encima de la película, haciendo que el devenir de su personaje quede supeditado a sus deseos como actriz (el arco de Raven/Mística indignará a los fans, y con razón). Por otro lado, Jessica Chastain hace todo lo que puede con su personaje, pero se convierte en otro talentazo de Hollywood malgastado en una villana poco desarrollada.

Finalmente, personajes como Cíclope (Ty Sheridan), Tormenta (Alexandra Shipp), Nightcrawler (Kodi Smit-McPhee) o Quicksilver (Evan Peters) quedan muy en segundo plano y aportan más bien poco a la historia, desaprovechando el potencial cómico de la generación mutante más joven. Por lo general, Fénix Oscura es una película casi totalmente desprovista de humor (de hecho, no parece que ningún actor se lo pasara bien haciéndola). No es que le pidamos que sea una comedia como la mayoría de Marvel Studios, pero le habría venido bien para respirar un poco.

En su tercer acto la película mejora considerablemente (y paradójicamente, porque en teoría es el que dio más quebraderos de cabeza). La trama, llena de momentos sobreexplicativos y conflictos que provocan déjà vu, da paso a una impresionante secuencia en tren que nada tiene que ver con los combates pobremente ejecutados que hemos visto hasta ese momento (Kinberg falla como director de acción, y siendo los X-Men, tiene delito). El intenso clímax unifica una película de ritmo irregular, pero narrativamente más coherente y centrada de lo que se esperaba, haciendo que esta termine en lo alto. Sin embargo, no se puede decir lo mismo de la saga, que merecía mayor reconocimiento del que le dejan sus dos últimas entregas. Fénix Oscura no fue concebida como un final, sino como un nuevo comienzo, por lo que este desenlace a 19 años de X-Men resulta inevitablemente anticlimático para una franquicia que quería seguir a pesar de no tener nada más que decir.

Pedro J. García

Nota: ★★★

‘Bumblebee’ insufla alma (nostálgica) a la saga Transformers

En 2007, Michael Bay convirtió el fenómeno Transformers en una de las sagas cinematográficas más taquilleras de la historia del cine. La primera adaptación live-action de la popular franquicia de juguetes y dibujos animados, protagonizada por Shia LaBeouf y Megan Fox, recaudó más de 700 millones de dólares en todo el mundo. Las siguientes entregas no hicieron más que mejorar esa cifra, dos de ellas (El lado oscuro de la luna y La era de la extinción) llegando a superar los mil millones de dólares globalmente. Sin embargo, mientras la saga escalaba en taquilla, cada película era peor valorada que la anterior, culminando en 2017 en el relativo fracaso de El último caballero con 605 millones, casi la mitad que la entrega precedente, La era de la extinción (1.104 millones).

La gente había perdido el interés en Transformers, así que había llegado el momento de renovar la franquicia de alguna manera. Las atronadoras orgías de efectos digitales y destrucción de tres horas habían pasado factura a la audiencia, y lo que la saga necesitaba era una simplificación y un cambio de aires. La respuesta: un spin-off precuela centrado en uno de los personajes favoritos de la audiencia, Bumblebee. De esta manera, Transformers podía empezar de nuevo sin tener que continuar la embarullada trama de la saga principal, que en El último caballero ya se había hundido en el absurdo y la incoherencia más insalvables.

Abandonando la línea temporal principal, Bumblebee se traslada hasta los 80 para narrarnos el origen del más famoso Autobot amarillo, y ya de paso resetear la saga contándonos cómo su especie llegó a la Tierra. En la dirección nos encontramos el primer cambio radicalMichael Bay cede la batuta a Travis Knight, avalado por su trabajo como animador y productor en el estudio LAIKA y director de la preciosa Kubo y las dos cuerdas mágicas. Una elección sorprendente, pero en línea con la voluntad de renovación creativa del estudio. A cargo del guion tenemos otra refrescante novedad. Después de cinco películas escritas y dirigidas exclusivamente por hombres, Christina Hodson se convirtió en la primera mujer guionista de Transformers. Su trabajo fue tan bien valorado que le llevó a fichar por DC para hacerse cargo de los guiones de Birds of PreyBatgirl.

Con Bumblebee, Knight y Hodson consiguen aportar a la saga lo que más le hacía falta: corazón. Ambientando la historia en los 80 y centrando su historia en la amistad entre una adolescente y un robot, la película se aleja de la acción descerebrada de las películas de Bay para acercarse más al cine familiar clásico de Steven Spielberg, quien sigue figurando como uno de los productores ejecutivos en la saga. La nostalgia ochentera (tan presente en la cultura audiovisual desde hace unos años) forma parte esencial de Bumblebee, una película con la que Travis emula con éxito el cine fantástico de aventuras de esa época. La diferencia es que en esta ocasión, el héroe de la historia es una heroína, Charlie (Hailee Steinfeld), una chica de 18 años apasionada de los coches que aun está lidiando con la muerte de su padre.

Y aquí es donde Bumblebee más se desmarca de sus predecesoras. La película no solo tiene protagonista femenina absoluta (en una saga tradicionalmente masculina), sino que además Charlie no está objetificada ni sexualizada para la mirada masculina en ningún momento (todo lo contrario a lo que Bay hizo con Megan Fox y Rosie Huntington-Whiteley). El tratamiento del personaje es verdaderamente ejemplar. Se trata de una adolescente independiente, imperfecta y con personalidad, alejada del estereotipo de la chica en apuros (es experta mecánica y no necesita que la salve ningún hombre), con un arco argumental centrado en la amistad y la autorrealización, aderezado con una simpática trama romántica secundaria (con un adorable Jorge Lendeborg Jr.) que nunca llega a definir al personaje. Detalles que hacen que salte a la vista que el guion está escrito por una mujer y Bay no está en la dirección, afortunadamente.

Como decía, el alma de la película es la bonita relación que se desarrolla entre Charlie y Bumblebee, una amistad que bebe directamente de clásicos como E.T. y (sobre todo) El gigante de hierro. Pero a Bumblebee tampoco le falta la acción por la que se caracteriza Transformers. Lo bueno es que en esta ocasión está mejor dosificada (y se ve mejor), dejando respirar a la película y al espectador entre persecuciones y set pieces. Si bien rebaja la escala de grandiosidad con respecto a la saga principal, los efectos digitales siguen siendo excelentes, tanto en lo que respecta a la animación de los Autobots y Decepticons como a la integración de las criaturas CGI con los humanos, clave para que la amistad entre Charlie y Bee resulte más creíble y emotiva (que un abrazo entre una humana y un amasijo de metal resulte tan cálido tiene mérito). Solo tropieza en la obligatoria trama gubernamental, que además de resultar rutinaria, no aprovecha la vis cómica de John Cena.

En definitiva, Bumblebee es lo mejor que le podía pasar a Transformers. Es simple, sí, pero también entrañable, imaginativa y divertida. Una de esas películas orientadas a los más jóvenes, que se gana con creces el derecho a caer en el tópico texto de contraportada: “Para disfrutar en familia una y otra vez”.

Pedro J. García

Bumblebee ya está disponible en España de la mano de Paramount Pictures en los siguientes formatos: DVD, Blu-ray, 4K UHD y dos ediciones especiales en caja metálica (una Blu-ray + DVD disponible en todos los puntos de venta y una 4K UHD + Blu-ray exclusiva de Amazon).

Las ediciones en alta definición incluyen más de una hora de contenido adicional, con escenas eliminadas y extendidas (incluida una escena inicial que no se vio en cines), un Motion Comic inédito que continúa las primeras aventuras terrestres de Bumblebee, y la función “Visión Bee”, que nos permite ver a la primera generación de Transformers en Cybertron con los ojos de Bumblebee.

El hijo (Brightburn): La maldición de Superman

El mito de Superman está profundamente arraigado en la cultura, trascendiendo desde su creación en los años 30 el ámbito de los cómics para instalarse en la sociedad y el imaginario colectivo. Aunque no practiquemos la fe cristiana, todos conocemos la historia de Jesucristo, de la misma manera que, seamos o no aficionados a los tebeos, todos estamos perfectamente familiarizados con la (análoga) leyenda del héroe de Krypton.

Actualmente, los superhéroes dominan la cultura mainstream y las películas basadas en los cómics de Marvel y DC arrasan en taquilla (con pocas excepciones). Su éxito continuado ha provocado una homogeneización del blockbuster que ha llevado a algunos creadores a buscar nuevas perspectivas desde las que presentar a los superhéroes, y a su vez, a un sector del público a buscar relecturas que aporten variedad y frescura al género.

Esta es exactamente la motivación detrás de El hijo (Brightburn), película de David Yarovesky (The Hive) que plantea qué pasaría si, en lugar de aprovechar sus poderes para hacer el bien y proteger a la humanidad, el visitante de Krypton se convirtiera en un supervillano sanguinario y despiadado. Brian Gunn y Mark Gunn, hermanos de James Gunn, son los encargados de reescribir la historia de Clark Kent, mientras que el director de Guardianes de la Galaxia los respalda desde la producción ejecutiva.

El hijo nos lleva de nuevo a Kansas, donde conocemos a Tori (Elizabeth Banks) y Kyle (David Denman), un joven matrimonio que ve cumplido su deseo de ser padres con la misteriosa llegada a su granja de un bebé de otro planeta. La pareja decide ocultar su origen extraterrestre y criarlo como su fuera suyo. Bautizado como Brandon, el niño crece mostrando indicios de gran inteligencia e inquietud por el mundo, pero al llegar a la pubertad, la oscuridad en su interior se adueña de él. Es entonces cuando Brandon empezará a descubrir el verdadero alcance sus extraordinarios poderes y los utilizará para hacer realidad sus impulsos y deseos más retorcidos, poniendo en peligro de muerte a todo aquel que se interponga en su camino, incluidos sus padres.

Yarovesky y los hermanos Gunn no ocultan en ningún momento sus intenciones satíricas (el protagonista se llama Brandon, posible ¿homenaje? al Superman cinematográfico menos popular, Brandon Routh), pero en lugar de reinventar al icónico personaje desde la comedia, lo hacen desde el terror puro y el drama familiarEl hijo sería algo así como un cruce entre una historia de orígenes superheroica y La maldición de Damian, con un desarrollo repleto de suspense y sobresaltos que va entregándose poco a poco al slasher. En este sentido, la película no escatima en violencia explícita y gore, sorprendiendo con muertes impactantemente macabras, lo cual resulta especialmente atrevido teniendo en cuenta que el psicópata que las perpetra es un niño.

El hijo es más oscura y perturbadora de lo que cabe esperar de una película de estudio, y aun así, da la sensación de que le falta mala leche, de que no va a por todas y no llega a ser todo lo radical y subversiva que se propone. Aunque entretiene y sabe mantener la tensión hasta el final, el guion apenas rasca la superficie y saca provecho a la jugosa premisa de la que parte, quedándose la mayor parte del tiempo en lo convencional. La escena post-créditos (evidentemente añadida a posteriori para facilitar una secuela) muestra un sentido del humor (muy marca Gunn, con cameo galáctico incluido) y una perversidad que le habría venido genial al resto de la película -y que seguramente será el camino a seguir en una hipotética segunda parte-, pero para cuando llega, ya es tarde.

La elección del joven Jackson A. Dunn (Scott Lang de pequeño en Vengadores: Endgame) como Brandon es uno de los mayores aciertos de la cinta. Su inquietante presencia capta perfectamente el espíritu de las películas sobre niños problemáticos/homicidas (la mencionada La profecíaEl buen hijo), y mantiene el interés por saber con qué sádica ocurrencia nos va a salir. Sin embargo, no es suficiente. El hijo es un thriller simple y efectivo que funciona bien como descanso del cine de superhéroes masivo, pero podría haber sido mucho más. Y eso es lo que al final lastra la película, que se conforma con cumplir en lugar de lanzarse al vacío de cabeza. Un consejo para la próxima: que James Gunn también escriba el guion.

Pedro J. García

Nota: ★★★

La viuda: A Greta le pasa algo

Pensaste que podías entrar en mi vida y trastornarla sin pensar en nadie más que en ti. El dolor que sentía Alex Forrest en su corazón era real, tanto como su trastorno límite de la personalidad y el machismo en los ojos de los espectadores que la conocieron en la gran pantalla a finales de los ochenta. Años en los que Adrian Lyne, Paul Verhoeven y Brian de Palma reinaban en taquilla con sus thrillers eróticos. Unas obras tremendamente excesivas, repletas de giros, más o menos bien escritas y en las que casi todo su interés residía en la maldad e inteligencia de sus mujeres protagonistas. No se confundan, no hablamos de la creación de iconos feministas por parte de unos hombres valientes, sino de una actualización del arquetipo negativo de las brujas. La citada Alex de Atracción fatal no es sino una bruja malvada rompehogares, de igual manera que Catherine Trammell en Instinto básico era una hechicera capaz de encandilar a cualquiera con su juego de piernas. Institucionalizado como un subgénero con todas las de la ley, llegaría el turno de las mucho más bastas Meredith Johnson de Acoso o la Peyton Flanders de La mano que mece la cuna. Con el final de los noventa, David Fincher mataría este tipo de películas con Seven, haciendo que el gran público y la crítica pasase a interesarse por otro tipo de thrillers psicológicos, supuestamente más intrincados.

Llevamos ya casi una década sin Claude Chabrol, Brian De Palma hace mucho que perdió el norte, Adrian Lyne sigue sin salir de su residencia francesa y nadie se atreve a resucitar a las brujas. Si acaso ese bonito homenaje (y dignificación) a esas femme fatales que realizó el propio Fincher con la icónica Amy Dunne en Perdida o de manera tangencial las diabólicas protagonistas de Purasangre. Todo eso ha cambiado radicalmente con el estreno de La viuda (Greta). ¿Quién ha sido el osado de invocar a las brujas? Otro mastodonte de los noventa, el oscarizado Neil Jordan (Juego de lágrimas). El mismo que hace unos cuantos años nos trajo la bonita e infravalorada Byzantium y otros tantos más obsesionó a toda una generación con los chupasangres en la homoerótica Entrevista con el vampiro.

Frances (Chloë Grace Moretz) no es una chica de ciudad. Puede que viva en pleno Manhattan con una amiga extremadamente cool, pero sus costumbres son provincianas. Se disculpa, sonríe a los desconocidos y seguro que hasta saluda en su portal. Por lo que no debería extrañarnos que cuando se encuentra con un bolso en el metro, ella haga todo lo posible por devolvérselo a su dueña. Esa es Greta (Isabelle Huppert), una frágil mujer que vive en una casita de cuento a unas cuantas manzanas de Frances. Su marido hace años que murió y su hija está cursando sus estudios en París. Como buena pueblerina, Frances confiará en la bondad de los desconocidos y se convertirán en mejores amigas. De primeras, la viuda parece un interesante y estiloso modelo de conducta para la joven, pero a Greta le pasa algo.

La viuda sigue el canon noventero de esos thrillers de brujas malvadas, pero aparcando la alta carga erótica y omitiendo de manera radical e inteligente el rol de víctima justiciera del macho que proyectaban esos filmes. Realmente, la presencia de personajes masculinos queda casi reducida a un par de escenas del chico Jordan por excelencia, Stephen Rea (Juego de lágrimas). Greta y Frances son las dueñas absolutas de La viuda. Chloë Grace Moretz (Kick-Ass) vuelve a encadenar otra notable interpretación tras La (des)educación de Cameron Post y su robaescenas de Suspiria, confirmando que cuanto más arriesga en sus proyectos, mejores son sus resultados. Regla que se cumple a la perfección también con Maika Monroe (It Follows), que interpreta a la muy neoyorquina compañera de piso de Frances.

Caso aparte es el de Isabelle Huppert. Su Greta entra por la puerta grande al olimpo de esas malvadas brujas noventeras y se convierte en otra superheroína dentro del Universo Cinematográfico Huppert. Esta malvada bruja de la casita de jengibre es la prima lejana de su Erika Kohut de La pianista, o posiblemente el tipo de mujer en la que terminó convirtiéndose su Michèle de Elle, o como si su Helene de Mi madre se dejase de incestos o su Augustine de 8 mujeres se quedase sin tabaco.

En La viuda, Huppert no se corta (bueno, literalmente un poquito) y se entrega completamente al carácter extremo de su personaje. No hay tiempo para medias tintas en la cinta de Jordan. Ni rastro de la contención de la que hace gala en sus personajes para Michael Haneke, ni mucho menos de las buenas obras de los seres de luz que ha creado junto a Mia Hansen-Løve o Claire Denis. En La viuda, Isabelle va a tope. Es un verdadero placer ver a Huppert perseguir por las calles a Maika Monroe (fantástico guiño a la legendaria It Follows) o cómo le hierve el conejo a Chloë Grace Moretz en la desquiciante escena del restaurante. Este tipo de decisión interpretativa podría haber destrozado el film, pero con Huppert al mando, no hace sino engrandecerlo y hacer que La viuda no se pierda en la tan común desmemoria cinematográfica.

La viuda es un brillante, divertidísimo y autoparódico ejercicio cinematográfico de huppertxploitation sin ningún tipo de complejos, ni complicaciones. Una joya para amantes de la Huppert más Huppert.

David Lastra

Nota: ★★★★½

Aladdin: Un diamante convertido en circonita

Aladdin es uno de los clásicos animados más queridos de todos los tiempos. La película de 1992 representa junto a La SirenitaLa Bella y la BestiaEl Rey León una época dorada para Disney que marcó a varias generaciones y dejó huella en la cultura popular. En la actualidad, el estudio se encuentra viviendo una nueva era de esplendor en taquilla basada principalmente en la nostalgia del regreso a sus glorias del pasado. Películas como La Bella Durmiente, Alicia en el País de las Maravillas, Pedro y el dragón Elliot Dumbo han sido reinterpretadas libremente, mientras que para sus buques insignia de los 90 parecen haber optado por el remake literal, como vimos en La Bella y la Bestia, como se intuye por los adelantos de El Rey León y como comprobamos en la versión en carne y hueso de Aladdin.

Apenas dos meses antes de regresar a la sabana africana, Disney nos lleva de nuevo en alfombra mágica hasta el reino de Agrabah para revivir las aventuras del diamante en bruto que encontró la lámpara del Genio. El encargado de dirigir el remake es Guy Ritchie (Snatch, Sherlock Holmes). Una elección sorprendente, pero teniendo en cuenta el estilo enérgico y las dosis de acción de la original, no del todo incoherente. Con Aladdin, Disney ha realizado un ejercicio de reconstrucción muy parecido al de La Bella y la Bestia, una adaptación fiel que reproduce los puntos principales de la historia, los diálogos más icónicos y las canciones, añadiendo novedades que amplían, pero no alteran la trama original.

Y ahí es donde empiezan los problemas. Vemos el remake de Aladdin como una reproducción, por lo tanto, es inevitable comparar a cada paso que da la película. Si los valores de producción de La Bella y la Bestia compensaban sus carencias, aquí no hacen más que subrayarlas. Ritchie, que escribe el guion junto al colaborador habitual de Tim Burton John August, ha tomado los elementos más representativos del clásico y los ha despojado de fuerza, de la magia que hacía a la original tan especial. A la película le falta ritmo y dinamismo, algo que le sobraba a la animada. La marca personal de Ritchie se puede detectar tenuemente en momentos contados (durante el literalmente apagado plano secuencia que abre con ‘Si a Arabia tú vas’ y en un par de planos de acción), pero por lo demás, la película podría estar dirigida por cualquiera. Es más, cualquiera seguramente habría hecho un trabajo mejor.

La necesidad de que todo tenga más lógica y sea más “realista” a ojos del espectador actual que su versión de dibujos hace que la película acabe quedándose a medio gas. La secuencia en la que Aladdin huye de los guardias en el bazar convierte al protagonista en experto en parkour, pero la ejecución es torpe y arrítmica, con una combinación de cámara lenta y rápida que no se entiende (¿dónde está el montaje frenético de Ritchie cuando sí se le necesita?); el escape de la Cueva de las Maravillas se queda a años luz de la trepidante montaña rusa 3D de la animada; la pieza central, ‘Un mundo ideal’, decepciona al llevar a Aladdin y Jasmine en un viaje en alfombra por el desierto a oscuras… y poco más; y el final es de lo más anticlimático, sacrificando la espectacularidad y grandiosidad por un desenlace excesivamente simple y desprovisto de dramatismo. A la película le falta ambición, ante los retos más difíciles, Ritchie elige las soluciones más aburridas, y lo que acabamos obteniendo es lo mismo, pero peor.

La inconsistencia también salta a la vista en su aspecto visual y su producción artística, puro artificio. Agrabah parece más pequeña, los escenarios dan sensación de set televisivo, el vestuario y la decoración deberían transmitir opulencia, pero parecen baratos, la fotografía cambia de una secuencia a otra, los efectos son muy irregulares y la iluminación es o demasiado dura o demasiado apagada. Todo parece hecho deprisa e, inexplicablemente, es como si faltaran medios. El toque Bollywood le añade cierto encanto, pero Ritchie no lo aprovecha del todo. Hacia la mitad del metraje hay un divertido nuevo número musical al estilo del cine indio, en el que Aladdin, manipulado mágicamente por el Genio, baila con Jasmine durante una fiesta en palacio. Esa escena, de lo mejor de la película, consigue un tono autoconscientemente kitsch que aporta vida y da impulso a la historia, pero es algo momentáneo.

Afortunadamente, en el apartado interpretativo sale mejor parada. Mena Massoud y Naomi Scott son unos Aladdin y Jasmine excelentes y ayudan a que el barco no se hunda. Ambos acometen sus personajes con toda la ilusión, energía y corazón que le falta al resto de la película. Pero es ella la que acaba destacando por encima de todos. Mientras Aladdin permanece prácticamente igual que en la versión animada (Massoud borda su irresistible encanto gamberro y bondad innata), Jasmine adquiere más protagonismo y es actualizada para adaptarse a nuestros tiempos y a la nueva actitud empoderadora de Disney. Con Jasmine, Disney va un paso más allá que con la Bella de Emma Watson. En esta versión para las nuevas generaciones, no solo está harta de su existencia encorsetada y rechaza casarse con un príncipe por obligación, sino que además quiere ser sultana. Una estelar Scott da vida a esta nueva Jasmine con compromiso y entrega, llevando las riendas de la historia en gran parte de la película y brillando especialmente con la nueva canción ‘Speechless’, una power ballad feminista escrita por los compositores de La La Land que acaba siendo de los momentos más potentes del film -a pesar de resultar inevitablemente postiza.

Lo del Genio es tema aparte. Will Smith se enfrentaba a un reto mayúsculo con uno de los personajes más icónicos de Disney, a quien interpretó originalmente nada más y nada menos que Robin Williams. Y el resultado podría haber sido mucho peor. Si bien el que fuera el príncipe de Bel Air fuerza demasiado sus manierismos en un intento de regresar a su gloria rapera y cool de los 90, sale bastante airoso llevándose al personaje a su terreno, haciendo lo que hizo Williams, pero a su manera y sin imitar. También consigue aportarle humanidad a pesar del desconcertante CGI que nos hace desear que fuera azul menos tiempo. Por su parte, Ritchie amplía su biografía y le regala un romance con la doncella de Jasmine, Dalia, lo cual nos deja momentos muy simpáticos que se agradecen. De quien no podemos decir nada bueno es de Jafar. Hacer más joven y atractivo al visir no era a priori mala idea, pero Marwan Kenzari se revela como la peor decisión de casting del Disney reciente. Para interpretar a un villano de este calibre hace falta imponer, tener carisma, saber actuar y proyectar la voz. Y a Kenzari le falta todo eso.

Aladdin tiene sus momentos. Y la mayoría pertenecen a las nuevas escenas. La graciosísima Nasim Pedrad como Dalia es un soplo de aire fresco, el reparto (excepto Kenzari) cumple y el humor en general funciona, sobre todo en las escenas de cortejo y en la bonita amistad entre Aladdin y el Genio. Pero si la película se salva es sobre todo por Aladdin y Jasmine, el loable trabajo de Massoud y Scott (que se esmeran por levantar la función sabiendo que puede definir sus carreras) y la química romántica que hay entre ellos. Tristemente, lo demás no está a la altura. Falta emoción, falta alma, falla el villano, personajes secundarios como Iago y el Sultán se difuminan, la dirección deja mucho que desear, no hay planos memorables, las canciones palidecen comparadas con las originales, la historia avanza a trompicones y se echan de menos demasiadas cosas de la animada, lo que hace que estemos en un constante estado de expectación que nunca se cumple. Cuando Aladdin termina, lo único que queda es volver a ver la original para satisfacer ese deseo sin conceder que es el remake.

Pedro J. García

Nota: ★★½

Fleabag: Una experiencia religiosa

Se suele abusar mucho del tópico, pero en este caso, su uso está más que justificado: Phoebe Waller-Bridge es una de las voces más frescas e interesantes del panorama audiovisual actual. Después de varios años buscando un hueco como actriz en la televisión británica (tuvo un papel recurrente en Broadchurch), se centraba en el guion y la producción creando dos series en 2016.

La primera, Crashing, una suerte de actualización millennial de la sitcom de amigos sobre un grupo de jóvenes que viven en un hospital abandonado, solo tuvo una temporada (disponible en Netflix). La segunda, Fleabag, la puso en el mapa y la convirtió en una de las creadoras jóvenes a seguir más de cerca del Reino Unido. Basada en su aclamado y premiado monólogo teatral del mismo título, Fleabag gira en torno a una joven londinense de gran ingenio y apetito sexual que utiliza el humor y el sexo para enmascarar el profundo dolor y la confusión que siente.

Dicho así, suena convencional. Comedias millennial urbanas sobre jóvenes perdidos que tratan de buscar su sitio en la vida las hay a patadas. Pero Fleabag conseguía desmarcarse de todas ellas gracias a la afiladísima escritura de Waller-Bridge, su enorme carisma como actriz y su manera de jugar con la narración. Por ejemplo, la protagonista (a la que conocemos como Fleabag, ya que nunca se llega a decir su nombre en la serie) emplea el sobreexplotado recurso de la ruptura de la cuarta pared mirando directamente a cámara, pero lejos de parecer un truco fácil, eleva la serie de nivel, haciendo partícipe al espectador de la vida Fleabag como ninguna otra serie lo había hecho antes.

Tras la primera temporada, Waller-Bridge decidió pasar a otros proyectos y aseguró que no habría más capítulos. En los dos años siguientes creó la serie de moda Killing Eve, fue chica Disney con un pequeño papel en Christopher Robin, se unió al universo Star Wars interpretando a la droide L3-37 en la fallida Han Solo: Una historia de Star Wars. Pero los espectadores de Fleabag seguían pegados a la pantalla esperando que Waller-Bridge les devolviera la mirada una vez más.

Nuestras plegarias (pun intended) fueron atendidas con el anuncio de una segunda temporada. Los nuevos capítulos (seis, como en la primera temporada) llegan a España en exclusiva a través de Amazon Prime Video, la encargada de estrenar la primera en nuestro país. Y no podemos sino recurrir a otro tópico manido: la espera ha merecido la pena.

La segunda temporada de Fleabag es la prueba fehaciente de que es mejor cuando los creadores no fuerzan la máquina para llegar a un plazo. Los tres años que han pasado entre una temporada y otra han servido para que Waller-Bridge se vuelva incluso más sólida como guionista, y también como observadora del comportamiento humano y las interacciones sociales. Estos nuevos capítulos siguen explorando el crecimiento de la protagonista a través de sus relaciones con los hombres y con su familia (con especial énfasis en el frágil lazo que la une a su hermana Claire, sin duda la historia de amor más bonita de la serie), pero incorporan además una trama central inesperada: Fleabag se enamora de un cura. *Se santigua*

Andrew Scott, conocido sobre todo por dar vida a Moriarty en Sherlock, interpreta al atractivo sacerdote que va a casar al padre de Fleabag (entrañable Bill Paterson) y su nueva mujer (la recientemente oscarizada y siempre genial Olivia Colman). Deslenguado, moderno, humano e irresistiblemente sexy, el cura se convierte en el pecaminoso objeto de deseo de la protagonista, y lo mejor (o lo peor, según se mire) es que su atracción es correspondida.

El personaje de Scott sirve para mostrar una conexión romántica más profunda que hace a Fleabag más vulnerable, pero también más fuerte. La química entre los dos actores es una cosa de otro mundo y sus diálogos son auténticas lecciones de guion de comedia romántica. Pero lo más llamativo es cómo el cura presenta una oportunidad para que Waller-Bridge lleve la ruptura de la cuarta pared un paso más allá.

Él es el único que se percata de los apartes que Fleabag hace para hablar con nosotros y expresar algo a través de una mirada cómplice. En un momento de la temporada, el cura le dice “¿Qué ha sido eso? ¿Adónde has ido?” al verla girar la cabeza hacia la cámara (invisible). Fleabag siente pánico y confusión; alguien, además del espectador, ha conseguido entrar en su mundo y parece empezar a conocerla de verdad. Es desconcertante para ella, pero fascinante para nosotros, que vemos cómo Waller-Bridge reescribe los códigos narrativos fusionando ficción y realidad para hacernos parte de su vida.

Guiñándonos, pidiéndonos auxilio en una situación embarazosa, buscando nuestro apoyo y aprobación, nos reconoce constantemente al otro lado de la pantalla y dentro del relato, nos convierte en sus confidentes y amigos, como le llega a sugerir a su psicóloga en otro escalofriante momento meta de la temporada. Por eso duele tanto cuando el humor da paso al dolor, cuando su tormento interior sale a la luz y la tristeza nos golpea. Y por eso, cuando Fleabag se despide de nosotros, es como si nos clavaran un puñal en el estómago.

Tras la segunda temporada, Waller-Bridge ha asegurado que esto es todo, que no habrá más Fleabag. Y aunque hizo lo mismo tras la primera, algo nos dice que esta vez es definitivo. Si es así, quedémonos con la satisfacción de haberla conocido, de haber disfrutado de dos temporadas absolutamente brillantesFleabag es sin lugar a dudas una de las mejores comedias generacionales que nos ha regalado la televisión, una obra prodigiosa, con diálogos sublimes, humor en constante estado de gracia (no me suelo reír en voz alta con las series, pero con esta, a carcajadas) y personajes inolvidables. Ya que estamos con los tópicos, un auténtico milagro.

Fleabag dice adiós. Pero como ocurre siempre que termina una serie, la vida sigue. En este caso, la nuestra y la suya continuarán en el mismo universo. Y aunque ya no la veamos, sabremos algo a ciencia cierta: Fleabag estará bien. Y nosotros también.

Muertos para mí (Dead to Me): Viudas desesperadas

Esta reseña va a ser breve. De hecho, se os va a pasar tan rápida como la primera temporada de la nueva serie original de Netflix Muertos para mí (Dead to Me). Y la razón es que, cuanto menos sepáis sobre ella, mejor. Así que vayamos al grano.

Dead to Me está creada por Liz Feldman (2 Broke Girls) y producida por ella junto al actor Will Ferrell, el oscarizado Adam McKay (La gran apuestaEl vicio del poder) y Jessica Elbaum (Despedida de solteraNunca entre amigos). Se trata de una comedia negra con tintes de thriller que gira en torno a la fuerte amistad que surge entre dos mujeres que se conocen en un grupo de apoyo para personas que han perdido a un ser querido.

Christina Applegate da vida a Jen, una viuda con dos hijos a la que le cuesta abrirse a los demás tras la muerte de su marido. Linda Cardellini es Judy, una mujer amable y necesitada de cariño que trata de superar su propia tragedia familiar. Aunque chocan al principio, Jen y Judy no tardan en convertirse en un apoyo imprescindible la una para la otra. Sin embargo, Judy oculta un oscuro secreto que amenaza con destruir su nueva amistad.

Y no necesitáis conocer más detalles. Los giros argumentales empiezan en el primer episodio y se suceden a lo largo de toda la temporada, construyendo una historia absorbente en la que la información se va desvelando de forma inteligente y sorprendente, transformando y manipulando el relato para que el espectador se vea obligado a cambiar sus conclusiones de un capítulo a otro. A medida que conocemos nuevos datos y asistimos al tenso (y divertido) desarrollo de los acontecimientos, nos vemos más inmersos en una historia que da mucho más de sí de lo que cabe esperar por su premisa limitada y la rapidez con la que avanza.

Muertos para mí fusiona con acierto el drama, la tragicomedia y el thriller en una historia sobre la pérdida, la amistad, la familia, el matrimonio y las apariencias en los suburbios. Por su trama y enfoque recuerda inevitablemente a la película de 2018 Un pequeño favor y series como Mujeres desesperadas o Big Little Lies, pero tiene personalidad propia, gracias sobre todo a sus dos excelentes protagonistas. Acompañadas de un estupendo reparto, del que destaca James Marsden (uno de los actores más infravalorados y desaprovechados de Hollywood), Applegate y Cardellini ofrecen las mejores interpretaciones de sus respectivas carreras. Su trabajo en la serie huele a nominaciones en la próxima temporada de premios.

Los diez capítulos de Dead to Me piden ser vistos de una o dos sentadas. No es una serie muy original, como tampoco revolucionaria, pero lo que hace, lo hace muy bien. Su retorcida trama engancha de principio a fin y deja con muchas ganas de una segunda temporada. Es imposible no involucrarse emocionalmente con la amistad de Jen y Judy, dos personajes femeninos complejos y fascinantes a los que queremos ver triunfar y cuya relación deseamos que sobreviva a pesar de todo. Servíos un vino blanco (o vuestro veneno de preferencia), acomodaos en el sofá, y cuando hayáis terminado la temporada, venid a contármelo todo. A la hora que sea, estoy despierto toda la noche.

The Society: Jugar a ser adulto

Mientras cada nuevo intento de saga young adult se la pega en los cines, el drama adolescente es uno de los géneros más fértiles de la televisión. Y esto es algo que Netflix sabe perfectamente. El formato serial se ajusta fácilmente a este tipo de historias y sirve para enganchar y fidelizar al público más joven. La plataforma de streaming se ha especializado en series adolescentes con enfoque adulto y atrevido. Por trece razones, Las escalofriantes aventuras de Sabrina, Sex Education o Élite se encuentran entre sus programas más populares y más comentados en Internet. Por eso, The Society era una apuesta segura.

Creada por Christopher Keyser (Cinco en familia, Tyrant), The Society sigue los compases del thriller teen post-apocalíptico, pero (sorprendentemente) no está basada en ninguna serie de novelas. Al menos no abiertamente. La serie, cuya primera temporada consta de 10 episodios de una hora de duración, recuerda a muchas cosas que ya hemos visto. Quizá demasiadas. Tiene algo de Under the Dome, de Perdidos (y todas las series que trataron de imitarla en los años siguientes a su estreno), del cómic The WoodsThe 100Wayward Pines, distopías Y.A. como El corredor del laberinto, y por supuesto, El señor de las moscas.

Con estos referentes, no es difícil hacerse una idea de lo que uno se va a encontrar en The Society. La serie gira en torno a los adolescentes de un pequeño pueblo que, tras un corto viaje en autobús, regresan a casa para comprobar que todos los adultos han desaparecido y no hay manera de salir de allí. La confusión da paso a la euforia y el desenfreno por la ausencia de figuras autoritarias. Pero pronto se dan cuenta de que su situación podría ser permanente, por lo que deben organizarse para crear normas de convivencia, soluciones para lidiar con la escasez de recursos y un sistema para resolver los problemas que puedan surgir, incluido el crimen. Es decir, levantar una sociedad desde cero, en una situación extrema y sin la ayuda de sus mayores.

La premisa es sin duda atrayente, sobre todo para el público más joven y los aficionados a la distopía adolescente. Sin embargo, The Society no da tanta importancia al misterio central como cabría esperar, sino que lo usa como pretexto para construir una fábula sociopolítica protagonizada por adolescentes que se ven forzados a ser adultos. Esa es la base de un género que se dedica a reflejar la sociedad desde los ojos de los más jóvenes, y que en este caso abarca más terreno que otros títulos similares, mostrándonos a través de las vivencias de sus protagonistas cómo se crean y funcionan las instituciones, la estructura laboral, cómo operan (y se corrompen) las fuerzas de la ley, las contradicciones e injusticias que se generan, los movimientos políticos y la disidencia, el papel de la religión, la democracia, la jerarquía y la función de los líderes… En este caso una líder autoimpuesta, Allie (Kahtryn Newton), que sigue el patrón Daenerys Targaryen o Laura Roslin, oscilando entre salvadora y tirana a lo largo de la temporada.

The Society aborda todos estos asuntos a partir de las tumultuosas relaciones amistosas, románticas y sexuales entre sus protagonistas, por lo que el factor drama adolescente está constantemente presente para los que lo busquen. Sin embargo, esto hace que el elemento de misterio quede sepultado prácticamente toda la temporada en favor de la creación de una sociedad en la que, durante mucho tiempo casi nadie se pregunta cómo han llegado allí y cómo pueden volver a casa, si es que pueden.

Después de plantear en el primer capítulo la necesidad de averiguar qué ha pasado, no es hasta el séptimo cuando se menciona un comité de investigación que ha estado estudiando la situación (nosotros no lo hemos visto) para ofrecer posibles hipótesis a lo que está ocurriendo. Y hasta el noveno, cuando ya han pasado más de seis meses, no se les ocurre hacer una expedición por el bosque que rodea el pueblo para intentar encontrar una salida, y no se les pasa por la cabeza investigar al conductor del autobús que los dejó allí. Y ese es uno de los principales problemas de The Society, que en su empeño en mostrarnos los engranajes de la sociedad y centrarse en sus personajes (algo que normalmente agradecemos de las series), se olvida de desarrollar el otro elemento clave de la historia.

Es un problema de planificación narrativa. La serie tiene demasiada prisa por mostrarnos a los adolescentes formando esa sociedad para a continuación ponerla en duda, por lo que acaba forzándolo hasta la artificialidad. No tardan en crear un sistema legal, celebrar un juicio (como los de la tele) o convocar elecciones generales. Hay asesinatos, un psicópata literal, una víctima de violencia doméstica que intenta envenenar a su pareja y un golpe contra el “estado policial” de Allie. Es demasiado. Todo en la primera temporada, y todo sin hacer apenas alusión a lo que los ha llevado a esa situación, obligando continuamente al espectador a cuestionar la lógica del relato (una cosa es que lo más importante no sea el misterio, sino los personajes, y otra que el misterio exista solo cuando se le antoja a los guionistas). A esto se añade que del numeroso reparto, hay muy pocos personajes con los que podamos sentir empatía. Eso si conseguimos distinguir los unos de los otros. Se comportan de manera exagerada (de nuevo para ajustarse a la voluntad de metáfora social de la serie) e irritante más allá del tópico del adolescente televisivo, protagonizan conversaciones en las que se nota demasiado al adulto que escribe/habla por ellos, y las relaciones son muy confusas y mal desarrolladas.

A pesar de todo esto, The Society es intermitentemente interesante. De hecho, tiene capítulos verdaderamente potentes y puede resultar provocadora y dar que pensar a su audiencia. Pero necesita centrarse. Tiene buenos actores, ahora debe dibujar mejor a sus personajes y dejarlos ser adolescentes, hacerlos más humanos y menos arquetípicos, estructurar mejor la historia, hacerla más creíble y encontrar un mayor equilibrio entre el drama, la reflexión y el misterio. A pesar de no poseer ni un ápice de originalidad, The Society tiene ingredientes de sobra para crear algo con impacto. La pregunta es, ¿tendrá el público paciencia con estos personajes o los abandonará a su suerte como ha hecho con tantas otras series parecidas?

Detective Pikachu: El sueño hecho realidad de los fans de Pokémon

El año 1999 está considerado como una de las mejores cosechas cinematográficas de los últimos tiempos. Un ejercicio en el que títulos como Magnolia, MatrixAmerican BeautyEyes Wide Shut, El club de la lucha o South Park. Más grande, más largo y sin cortes nos emocionaron y sorprendieron. El mismo 1999 en que llegaron a nuestras manos los debuts de Britney y Xtina, la llegada del Euro, el nacimiento de Amaia (la buena), nuestra primera cita con Jar Jar Binks y el miedo temible efecto 2000. Pero otro acontecimiento marcó nuestras vidas a finales de ese 1999: la llegada, por fin, de Pokémon a España. Aunque esos bichos ya llevaban campando a sus anchas por Japón desde 1996, a nosotros nos tocó esperar tres años. Pokémon Edición Roja, Pokémon Edición Azul. Dos colores para relatar el mismo viaje iniciático de Ash desde Pueblo Paleta a ser el mejor (y más ético) entrenador Pokémon de la historia.

La pokéleyenda llegada del Lejano Oriente era increíble… y bastante polémica. Menos mal que las críticas de ultraviolencia y el miedo a ataques epilépticos (¿quién no se acuerda de esos cienes de chavales japoneses que fueron hospitalizados después de ver un capítulo, incidente que llegó a parodiarse en Los Simpson?) se fueron disipando y dejaron vía libre a que la epidemia se expandiese por España. Pokémon no era solo un éxito de ventas en videojuegos, sino que cambió nuestro estilo de vida. No había ni un solo niño o niña que no merendase viendo la serie de animación, o que no se supiese los nombres (en su orden, claro está) de los 151 animalejos. Todo el mundo tenía su favorito. En mi caso, Slowpoke, por afinidad intelectual. Los ríos de España no, pero las evoluciones de Eevee al dedillo.

En 1999, Pokémon no te convertía en un niño rata, sino que enriquecía tu infancia de la misma manera que los libros Barco de Vapor lo habían estado haciendo hasta ese momento. Veinte años después, el mito sigue tan vigente como el primer día. Cada lanzamiento relacionado con la franquicia es visto como un acontecimiento (¿Hace falta que recordemos la locura que supuso Pokémon Go?). Las convenciones se suceden y las ventas por merchandising son imparables. No obstante, podemos considerar a Pikachu como el segundo ratón más importante de la cultura popular, justo entre Mickey y Pérez. No es de extrañar que Pokémon: Detective Pikachu, la esperadísima adaptación en clave live-action de uno de los últimos videojuegos de la factoría se haya convertido en uno de los acontecimientos cinematográficos de esta primera mitad del año.

Tim Goodman es un buen chico, solitario, pero bueno. Lo dice su apellido y sus buenas obras. Trabaja como perito desde hace años, cuida de su abuela y no ha sido capaz de encontrar a su alma gemela… y por alma gemela no hablamos de novio o novia, sino de un Pokémon con el que compartir su andadura vital. Un trágico acontecimiento le llevará a Ryme City, ciudad en la que Pokémon y humanos trabajan mano a mano por un futuro mejor. En esa urbe se encontrará con una criatura rubia fatal que le obligará a salir de su zona de confort y a patearse los barrios bajos de la ciudad en busca de respuestas. Ese sensual gentleman no es otro que un Pikachu, pero no uno cualquiera, sino el antiguo compañero del padre de Tim. Todo un Pikachu detective. He aquí el origen de las trepidantes aventuras de una extraña pareja al más puro estilo Lemmon-Matthau. Uno está de vuelta de todo y es un adicto a la cafeína (Pikachu) y el otro intenta aportar sensatez y buen corazón (Tim) a la locura de su compañero. Ningún ataque tipo Planta o Dragón es capaz de domar a este ratón eléctrico.

Pokémon: Detective Pikachu es una notable recreación de una investigación policíaca de vieja escuela, pero con Pokémon de por medio. Las desventuras del pintoresco tándem formado por Goodman y Pikachu responden a los mismos parámetros de las cintas de Humphrey Bogart, pero sustituyendo el humo del tabaco y los contrabandos en puertos pesqueros por unos misteriosos polvos que asalvajan a los Pokémon y que hacen que Tim pueda comunicarse perfectamente con Pikachu. La química entre ambos personajes es envidiable. Justice Smith (Jurassic World: El reino caído y chico Luhrmann en la fallida The Get Down) es el corazón de la película y refleja a la perfección la usual inocencia y tenacidad del buen chico protagonista de este tipo de películas. Pero el verdadero robaescenas de Pokémon: Detective Pikachu no es otro que el mismísimo Pikachu. La animación y el diseño de personaje es completamente encomiable. Todo un prodigio que se ve amplificado por el estupendo trabajo de doblaje del mismísimo Ryan Reynolds, que, a pesar de llevar al personaje a terreno Deadpool (versión para todos los públicos), logra captar la esencia psicótica y adorable del personaje dotándole de una personalidad propia.

Pero más allá de cierta predictibilidad en los giros y algún que otro momento engorroso en la trama, Pokémon: Detective Pikachu es una verdadera delicatessen visual y todo un orgasmo para los fans de la franquicia. Ningún fan debería extrañarse si dos lagrimones surcan sus pómulos al ver los primeros Pokémon en pantalla. Resulta impresionante ver sus movimientos y la integración de la mayor parte de los mismos en el espacio. Aunque alguna que otra ausencia nos cabree (¡¿dónde está Slowpoke?!) y algún que otro icónico personaje quede difuminado (Snorlax merecía su propia escena), para la posteridad siempre quedará el divertidísimo interrogatorio a Mr. Mime, el drama de Cubone, los exabruptos de la Ludicolo, los preciosos Bulbasaur o ese Psyduck que merece un spin-off dirigido por Michael Haneke.

Con esta película, Rob Letterman sigue su redención comenzada con Pesadillas y en unos proyectos más hará que nos olvidemos de una vez por todas de El espantatiburones, posiblemente una de las peores experiencias que he vivido en una sala de cine, y que curiosamente, también era un acercamiento infantil al género noir. Destacable resulta la música del pluriempleado Henry Jackman, con ecos más que patentes de las composiciones de Joe Hisaishi para las cintas de Studio Ghibli, pero igualmente apropiada y disfrutable.

Pika-Pika. Déjate llevar por la cantinela. Hay que reiterar que Detective Pikachu es una película principalmente para niños y fans de Pokémon (que se volverán locos identificando a las especies que aparecen en cada plano), pero aun así, es un producto familiar bastante digno, funciona perfectamente como introducción a su universo y tiene alicientes de sobra (acción espectacular, buen sentido del humor, los one-liners de Reynolds) para los espectadores más casuales. Es imposible no caer rendido ante el Pikachu detective… ahora a esperar que esto no sea flor de un día y se convierta en toda una saga cinematográfica con diferentes aventuras por Johto, Hoenn, Sinnoh… y muchos Slowpokes.

David Lastra

Nota: ★★★½

Spider-Man: Un nuevo universo: Todos somos Spider-Man [Reseña Blu-ray]

Spider-Man es uno de los personajes de Marvel más queridos de todos los tiempos, así como el superhéroe más popular entre los más jóvenes. En sus más de cincuenta años de historia, la icónica creación de Stan Lee y Steve Dikto ha adoptado muchas formas en las páginas del cómic, y otras tantas en la pantalla. En su día, la novedad del personaje consistía en una naturaleza mucho más humana y cercana al lector. Mientras que la mayoría de superhéroes se caracterizaban por ser casi deidades invencibles e inalcanzables, Spider-Man era un chico normal y corriente de Nueva York que debía compaginar las responsabilidades como superhéroe con su vida cotidiana: la familia, el amor, los estudios… Eso es lo que, a día de hoy, hace que el personaje siga conectando con la audiencia, en especial con la más joven.

Recientemente hemos visto muchas versiones de Spider-Man en las historietas y en el cine. Tres actores diferentes se han puesto las mallas del Trepamuros en los últimos 15 años, Tobey Maguire, Andrew Garfield y el actual defensor del título, Tom Holland. Pero en 2018, la imagen de Spider-Man en el cine se volvía a renovar de forma refrescante y sorprendente con la cinta de animación Spider-Man: Un nuevo universo (Spider-Man: Into the Spider-Verse). Una reinvención que plantea un Spider-Man diferente pero con la esencia del personaje intacta, diseñado no para sustituir al Hombre Araña cinematográfico actual, sino para complementarlo, para encontrar nuevas maneras de deconstruir el personaje y su conocida historia de orígenes, y con ellas llegar a una audiencia más diversa.

En esta ocasión, el foco se desplaza de Peter Parker a Miles Morales, adolescente latino-afroamericano  de Brooklyn creado por Brian Michael Bendis y Sara Pichelli que irrumpió en Marvel Comics en 2011 para ponerse el nuevo traje de Spider-Man e inaugurar una etapa de la Casa de las Ideas caracterizada por una mayor diversidad e inclusión en sus colecciones. Inspirado por Barack Obama y Donald Glover, Miles fue un éxito entre los lectores y su figura ha sido una constante en la editorial durante los últimos años. Producida por Phil Lord y Christopher Miller (La LEGO película, 21 Jump Street) y dirigida por Bob Persichetti, Peter Ramsey y Rodney RothmanSpider-Man: Un nuevo universo supone el debut de Miles en la gran pantalla, y lo hace con una carta de presentación inmejorable, un espectáculo de animación innovador, diferente y de desbordante energía y creatividad.

Pero Miles Morales no llega solo. La puesta de largo del personaje viene arropada por viejos y nuevos conocidos del universo arácnido, entre ellos el propio Peter Parker, que se encarga de ceder el testigo generacional a su joven aprendiz. Spider-Man: Un nuevo universo va precisamente de eso, de la posibilidad de que cualquiera pueda llevar la máscara de Spider-Man. Y para hacer llegar este oportuno mensaje, tan inherente a la esencia del personaje, el film introduce la noción del Multiverso, o Spiderverso, y con él la existencia de un número indeterminado de dimensiones paralelas en las que diferentes personas (o cerdos) pueden ser Spider-Man, para a continuación reunir a estas identidades arácnidas en un mismo lugar, el Nueva York de Miles Morales.

Spider-Man: Un nuevo universo está realizada con un detallismo apabullante y un evidente cariño y respeto tanto por los cómics de Marvel como por sus fans, a los que regala numerosas sorpresas y guiños a la historia de la editorial y a la creación de Miles Morales. La película presenta un look sorprendente, incluso revolucionario, con una paleta de colores que salta de la pantalla, estilos muy diferentes que encajan sin problemas y una animación dinámica y original que mezcla 3D y 2D con los mejores resultados. Los directores sacan todo el partido del medio para componer escenas alucinantes que no funcionarían en acción real e incorporan el lenguaje de los cómics a la puesta en escena con agilidad e inventiva, realizando hallazgos narrativos y cómicos a lo largo de todo el metraje.

Visual y sonoramente, Un nuevo universo es una explosión para los sentidos, pero es mucho más que eso. También cuenta una historia bien construida (a pesar del exceso de información que descarga en el espectador), hace alarde de un sentido del humor inteligente y descarado, tiene mucho ritmo, y lo más importante, profundidad emocional y unos personajes excelentemente caracterizados por los que es imposible no sentir apego.

La película desprende personalidad a raudales, y esta solo se puede definir con una palabra: cool. Su estética graffitera, su fantástica banda sonora hip hop y el carisma juvenil de sus protagonistas hacen de ella una pieza cinematográfica totalmente moderna, en sintonía con las nuevas generaciones a las que retrata y se dirige. Pero precisamente otro de sus grandes aciertos es que no se cierra a un solo tipo de público, sino que encuentra la manera de satisfacerlos a todos: niños, adolescentes, adultos y fans de Marvel de todas las edades. Encontrar ese equilibrio es difícil y esta película no solo lo hace, sino que lo domina de principio a fin.

Por último, sin nacer con ese propósito, Spider-Man: Un nuevo universo supone la despedida perfecta a los creadores del Hombre Araña, Lee y Dikto, que nos dejaron en 2018. Tras su fallecimiento, el imprescindible cameo de Lee (el último que hizo en animación) adquiere una nueva dimensión, y la lección que nos regala durante esa breve pero trascendental escena es un broche redondo. Aunque suene a tópico y empiece a correr el riesgo de no significar nada para muchos, Spider-Man: Un nuevo universo revitaliza el cine de superhéroes con una película que no es solo divertidísima, ocurrente, emocionante y espectacular, sino que también es consciente de lo necesario que es llevar el género un paso (o un salto de fe) más allá para explorar todas sus posibilidades. Está claro que Miles Morales ha llegado para quedarse. Bienvenido.

Nota: ★★★★★

RESEÑA DEL BLU-RAY

“Quería que, al congelar la imagen, cada fotograba fuera una obra de arte.

Algo que pareciera hecho a mano”

Spider-Man: Un nuevo universo conquistó unánimemente a crítica y público, alzándose como la mejor película de animación del año pasado, y para muchos, la mejor película de Spider-Man de la historiaSpider-Verse se hizo con todos los premios importantes en la categoría de Mejor Película de Animación, desde el Globo de Oro hasta el BAFTA, pasando por el Annie y culminando con el preciado Oscar. La lluvia de galardones recompensaba el increíble trabajo del equipo detrás de la película, pero su mayor triunfo fue la acogida que recibió entre el público, convirtiéndose instantáneamente en una de las películas mejor valoradas de los últimos años.

Por eso, el lanzamiento doméstico de Un nuevo universo tenía que estar a la altura de su estatus como obra de culto. Y Sony Pictures lo sabía perfectamente. La película sale a la venta en cinco ediciones físicas con diseños de portada diferentes: DVD, Blu-ray, Blu-ray 3D + Blu-ray + Bonus Blu-ray, 4K UHD + Blu-ray + Bonus Blu-ray y una edición especial limitada en caja metálica que incluye Blu-ray, Bonus Blu-ray y un artbook exclusivo. Ni que decir tiene que la mejor opción para disfrutar de la revolucionaria animación de Un nuevo universo en casa es el 4K, pero si no se dispone de reproductor, el Blu-ray también ofrece una experiencia de imagen y sonido excepcional.

El detallismo de Un nuevo universo es tal, que para hacer la experiencia de la película lo más completa posible, es recomendable no solo repetir visionado, sino también explorar los documentales, entrevistas y featurettes que nos ayudarán a “pintar” un cuadro mucho más completo del laborioso trabajo detrás de la película. Sus creadores nos abren la puerta al estudio para mostrarnos el fascinante proceso creativo, desde los diseños hasta las diferentes técnicas de animación empleadas para cada personaje, los miles de huevos de pascua ocultos en el film o el casting de voces. Solo así descubriremos realmente la filigrana artística y el ejercicio de amor por los cómics y el personaje de Spider-Man que se llevó a cabo para hacer esta película realidad. A continuación os dejo con los contenidos de las ediciones físicas de Spider-Man: Un nuevo universo.

Edición DVD – Extras:

• Estreno de la mini película “Una trampa para Spider-Ham” – El héroe arácnido-porcino se ve arrastrado a otra dimensión a través de un misterioso portal.
• “Tributo a Stan Lee y Steve Ditko” – Celebra el gran legado y el irrepetible espíritu de los creadores de Spider-Man.
• “El reparto de Ultimate Comics” – Un repaso a todos los personajes y al fantástico reparto que ha puesto las voces en la versión original.
• “El superfan del Nuevo Universo: encuentra las referencias escondidas” – ¡Que comience el reto de easter eggs definitivo!
• Vídeos con la letra de las canciones: “Sunflower” de Post Malone y Swae Lee y “Familia” de Nicki Minaj y Anuel AA (Feat. Bantu).

• Comentario del director

Edición Blu-ray – Extras:

La edición Blu-ray incluye todos los extras del DVD en alta definición y los siguientes contenidos exclusivos:
• “Modo Universo Alternativo” – Al activar esta función interactiva, descubriremos escenas alternativas, elementos de la trama, detalles de los personajes y mucho más de la mano de los cineastas.
• “Somos Spider-Man” – Explora la extraordinaria diversidad de este Nuevo Universo: ¡cualquier persona, de cualquier género o procedencia, puede llevar la máscara!
• “Un Nuevo Universo: una nueva dimensión” – No es solo una película; es una carta de amor a los cómics en papel, una revolución visual y una nueva visión del género de superhéroes. Sigue el viaje de los cineastas y creadores en su empeño por alcanzar nuevas fronteras artísticas.
• “Diseñando los personajes de cómic del cine” – Un recorrido exhaustivo por todos los aspectos del diseño de personajes, desde los trajes al movimiento o la recreación de sus distintos superpoderes.

Edición Blu-ray 3D + Blu-ray + Blu-ray de extras:

Cuenta con un Blu-ray 3D con la película en este formato, un Blu-ray con la película y sus extras, y un Bonus Blu-ray que incluye el documental “La reinvención radical de Spider-Man”.

Edición 4K UHD + Blu-ray + Blu-ray de extras:

Incluye un disco 4K UHD con la película en ultra alta definición, un Blu-ray con la película y sus extras y el Bonus Blu-ray.

Edición limitada en caja metálica:

Incluye la película en Blu-ray, sus extras y el Bonus Blu-ray. Esta edición cuenta con un artbook exclusivo no disponible en otros puntos de venta, con 48 páginas de textos e ilustraciones de los artistas desgranando todos los aspectos de diseño de esta obra de arte.

Aniquilación: Destrucción creativa

El mundo se va a la mierda. No lo digo yo, lo dicen los científicos, los grandes pensadores y hasta alguna estrella de pop en su Instagram. No es ser catastrofista, es la pura realidad. Cada día comprobamos en nuestras carnes los efectos del calentamiento global. Vemos en las noticias cómo los casquetes polares se deshielan, la extinción irreversible de especies animales, sequías extremas, olas de frío polar… Pero no seamos agoreros, ¿y si esto no es el final, sino el principio de una nueva era? Ni mejor, ni peor, simplemente diferente. Esto es el Área X, el campo de juego de Aniquilación (Annihilation), la última película de Alex Garland (Ex_Machina).

Tras volarnos la mente con la inquietante y perfecta pieza de orfebrería fílmica que es Ex_Machina, Alex Garland vuelve por todo lo alto con otra sesuda cinta sci-fi con la que vuelve a poner nuestra existencia patas arriba. Una psicóloga (Jennifer Jason Leigh, eXistenZ) comanda una investigación científica al citado Área X. Su cuerpo de expedición está formado por cuatro especialistas de diferentes ramas: una bióloga (Natalie Portman, Jackie), una física (Tessa Thompson, Sorry To Bother You), una paramédica (Gina Rodriguez, Jane the Virgin) y una topógrafa (Tuva Novotny, Borg McEnroe. La película).

Ellas no son las primeras en adentrarse en esta misteriosa región, sino la duodécima patrulla. ¿Qué ocurre en el Área X para que nadie pueda entrar y salir de esa zona sin supervisión? Según los informes clasificados a los que hemos podido acceder destrangis, desde el momento en que cruzas la iridiscente atmósfera de la zona, todos tus conocimientos no valen para nada. Las leyes de la naturaleza pierden su carácter absoluto y se comban y rompen a su antojo. Nada es lo que parece, ni los animales, ni las plantas que nos rodean, realmente, ni nosotros mismos lo somos. Menos mal que lo que pasa en el Área X, se queda en el Área X. Sino que se lo digan al único superviviente de la anterior expedición, interpretado por Oscar Isaac, que repite con Garland tras deslumbrarnos como domador de ginoides en Ex_Machina.

Basándose libremente en la novela homónima de Jeff VanderMeer, Garland logra construir una intrincada y aséptica pesadilla de ciencia ficción en la que nada es lo que parece y ante la que el espectador no puede hacer otra cosa que dejarse llevar. Al igual que las cinco mujeres protagonistas al entrar en el Área X, Aniquilación nos embriaga y nos atrapa. Nos inquieta y nos aterroriza (la escena del oso ya forma parte de los momentos más terroríficos del cine moderno). Nos deja sin aire y nos fascina. El lento tempo del film, magistralmente marcado por la composición musical de Geoff Barrow (un tercio de Portishead) y Ben Salisbury (co-compositor junto a Barrow de la banda sonora de Ex_Machina y del episodio Men Against Fire de Black Mirror, entre otros trabajos), destroza por igual nuestro cuerpo y mente, haciendo que trascendamos de nuestra existencia terrenal y alcancemos algo… No sabemos el qué, pero algo diferente y novedoso. Una transformación reminiscente en sus compases finales a la hermosa Under the Skin. Una sensación parecida al sentido amor infinito de La fuente de la vida de Darren Aronofsky, pero mucho más amenazador y peligroso, extremadamente seductor y carnal.

Aniquilación es un cambio radical. El comienzo del fin o el fin del comienzo de la humanidad. Todo un hito en la nueva ola del cine fantástico y otro triunfo más para Alex Garland.

David Lastra

Aniquilación ya está a la venta en España en formato Blu-Ray y DVD, editada por Universal Pictures Home Entertainment. El Blu-Ray incluye los siguientes contenidos adicionales: Southern Reach: ‘Refracciones’ y ‘A los que vengan después’; Área X: ‘Resplandor’ y ‘Desaparecidas en el caos’; Hacia el faro: ‘Mente insondable’ y ‘La última fase’.

Sorry to Bother You: Un delirio surrealista que hay que ver para creer

Boots Riley se dio a conocer el año pasado con su opera prima, Sorry to Bother You, una película muy aclamada por la crítica que, sin embargo, tuvo un estreno muy discreto en Estados Unidos, y apenas vida comercial fuera de su país. En su día, el director se quejó en Twitter de que nadie estaba interesado en distribuir la película en el resto del mundo, a pesar de haber conseguido una taquilla bastante respetable en su país (17 millones de dólares) teniendo en cuenta lo pequeño y arriesgado del proyecto, ya que según le habían dicho, “las películas negras no funcionan bien internacionalmente”. Afortunadamente para nosotros, Universal Pictures Home Entertainment ha decidido rescatar la película del limbo comercial para lanzarla directamente a vídeo en nuestro país. Una oportunidad perfecta para descubrir por fin y de manera legal uno de los films más originales de los últimos años.

Sorry to Bother You transcurre en una versión alternativa de Oakland, Estados Unidos. La historia sigue a Cassius Green (Lakeith StanfieldAtlanta), un joven sin rumbo y con problemas de autoestima que vive en un garaje y no llega a fin de mes. Cuando un día encuentra un trabajo como teleoperador, Cassius descubre lo difícil que es trabajar en ventas siendo un hombre negro, por lo que decide poner “voz de blanco”, con sorprendentes resultados. A partir de ahí, iniciará un meteórico ascenso en la empresa, mientras sus colegas luchan por mejorar las precarias condiciones de su trabajo, lo que lo distanciará de sus amigos y su novia, Detroit (Tessa ThompsonThor: Ragnarok), una carismática artista y activista política. Al subir la escalera empresarial, Cassius se verá envuelto en un mundo cada vez más extraño y perturbador, donde deberá replantearse lo que está haciendo para detener los siniestros planes del horrible director de la compañía, Steve Lift (Armie Hammer).

Junto a un reparto estupendo (a los ya mencionados se suman Terry Crews, Seven YeunJemaine Fowler y Danny Glover), interpretaciones muy afinadas por parte de Stanfield y Thompson y una inventiva visual y estética irresistible, Boots Riley realiza uno de los debuts más prometedores y extravagantes de los últimos años. Sorry to Bother You es como un cruce entre Dear White PeopleBrazil, un excéntrico y divertido viaje al corazón de la América corporativa en el que la comedia se transforma en pesadilla y la crítica al capitalismo y el racismo adopta las formas más absurdas y creativas. La voz de Riley es contundente y da forma a una propuesta muy estimulante que no deja indiferente, una ácida sátira social llena de hallazgos y rebosante de personalidad que nos sume en un viaje psicotrópico surrealista y provocador. Esta es una de esas películas de las que es mejor saber lo menos posible, especialmente sobre su loquísima recta final, en la que nos zambulle en la fantasía más perturbadora y salvaje.

Junto a Jordan Peele, Ari Aster, David Robert Mitchell o Robert Eggers, Boots Riley se erige como uno de los cineastas más interesantes del panorama cinematográfico actual, en el que las ideas originales y las nuevas perspectivas para abordar el terror, la ciencia ficción y la fantasía son más valiosas que nunca.

Sorry to Bother You ya está a la venta en España en formato DVD, editada por Universal Pictures Home Entertainment. El DVD incluye los siguientes contenidos adicionales: Audiocomentario con el director; Featurette ‘El maravilloso desorden con el director Boots Riley’; Galería de fotos.

Vengadores: Endgame: Un final “perfectamente equilibrado” [Crítica sin spoilers]

El cine tal y como lo conocíamos cambiaría en 2008 con el estreno de Iron Man. Por aquel entonces, poco podíamos imaginar lo que Marvel conseguiría a lo largo de la década posterior, pero el estudio tenía un plan, y este ha dado más frutos de lo que ni siquiera ellos mismos se imaginaron. Diez años y 21 películas después, llegamos al gran evento cinematográfico con el que se cierra una era, Vengadores: Endgame, el desenlace de una macrohistoria impecablemente diseñada y estructurada que ha amasado récords de taquilla, ha cambiado las reglas del blockbuster, y lo más importante, ha enganchado a cientos de millones de personas en todo el mundo.

Vengadores: Infinity War sacudió los cimientos del Universo Marvel con un final cliffhanger que alcanzó estatus icónico inmediato, y del que se seguirá hablando en el futuro. El chasquido de Thanos cambió el universo, eliminando a la mitad de los seres vivos que lo habitan, y generando una de las reacciones más viscerales entre los espectadores que se recuerdan en mucho tiempo. La devastación que provocó la derrota de los Vengadores, y el desvanecimiento de sus seres queridos y muchos de nuestros héroes favoritos, puso de manifiesto el gran logro de Marvel, la fidelización de la audiencia a través de sus personajes, y también sus mayores virtudes, la planificación narrativa a largo plazo y la paciencia. Si el chasquido nos afectó tanto (incluso sabiendo que sus trágicos efectos no serían permanentes), es porque sus personajes nos importaban. Y nos siguen importando.

En Marvel son maestros de la anticipación. Y esa anticipación nos ha llevado hasta aquí, hasta el “juego final”, el clímax de las primeras tres fases del UCM. Escribir una crítica de Endgame sin desvelar puntos claves de su argumento es una tarea complicada, por no decir imposible, pero lo intentaremos. El factor sorpresa es un elemento clave en la película de Joe y Anthony Russo. Es por ello que los trailers han jugado al despiste incluyendo imágenes en su mayoría pertenecientes a la primera media hora de metraje (o que no están en el montaje final) y ocultando la participación o el look de ciertos personajes. A pesar de haber desatado miles y miles de teorías, Endgame es la película más imprevisible del Universo Marvel. Por eso era de capital importancia no estropear ninguna de las innumerables sorpresas y giros argumentales del film, ya que su descubrimiento es esencial para vivir la mejor experiencia cinematográfica posible.

Endgame lidia con las consecuencias de la devastación provocada por Thanos en Infinity War, dando énfasis a los seis Vengadores originales, Iron Man, Capitán América, Viuda Negra, Ojo de Halcón, Thor y Hulk. Todos ellos unen fuerzas junto al resto de los héroes que sobrevivieron al chasquido para trazar un plan con el que derrotar definitivamente al Titán Loco y con suerte deshacer el desastre que ocasionó. El primer acto es con diferencia la hora más triste, madura y emocional de todo el Universo Marvel. Es entonces cuando Vengadores se convierte en The Leftovers, cuando los supervivientes deben enfrentarse a la vida sin sus compañeros de “trabajo”, sin sus seres queridos, sin su familia… mientras el mundo se adapta a su nueva realidad.

Y es ahí donde los hermanos Russo más se toman su tiempo. Endgame es la película más grandiosa y ambiciosa de Marvel, pero la duración de tres horas no se justifica (solo) por la necesidad de cerrar mil asuntos o incluir más batallas, sino por los momentos más pequeños; las escenas en las que se exploran los lazos entre los personajes, las que nos muestran a los superhéroes como seres humanos afrontando la pérdida y asumiendo la necesidad de pasar página. En esas interacciones, en esas miradas y esas lágrimas es donde Marvel esconde la esencia de lo que está contando, lo que hará que lo que pase a continuación nos afecte más profundamente. Porque en todos estos años, nos han estado contando una historia a la que no hemos prestado la atención suficiente porque siempre hemos tenido algo más explosivo o impactante que comentar: la de una familia. Más allá de los trajes, los superpoderes, las aventuras intergalácticas y la reflexión sobre lo que significa ser un superhéroe, Marvel ha construido una familia (o varias) a la que deseamos ver unida de nuevo, cueste lo que cueste.

Pero por supuesto, Endgame también es humor (Thor, Bruce y Scott protagonizan los momentos más divertidos y extraños, pero hay muchos más), es acción y espectáculo. Aunque el listón estaba alto después de Infinity War, los Russo consiguen superar en envergadura y alcance a la anterior entrega de los Vengadores. Y a todas las películas del Universo Marvel. Endgame incluye algunos de los planos más impresionantes y memorables de toda la saga, los mejores efectos visuales, combates que paran la respiración y la que es una de las batallas más épicas que se han visto jamás en una pantalla de cine.

Y lo mejor es que todo está medido para que nunca se pierda de vista el propósito de la historia, el objetivo final, para que todas las piezas encajen y la pirotecnia nunca eclipse a los personajes; un numerosísimo plantel de héroes que se dosifica de forma inteligente y mesurada (cualquier momento, por pequeño que sea, es importante, todos los regresos y apariciones sirven una función, y la incorporación de Capitana Marvel se realiza con coherencia y sin robar protagonismo a los que están ahí desde el principio). Es cierto que la trama abarca tanto y depende tanto de todo lo visto anteriormente, que por momentos puede apabullar o confundir, que hay alguna decisión difícil de digerir y que los agujeros de guion están a la vista de todos, pero teniendo en cuenta la titánica hazaña a la que se enfrentaba Marvel con tantísimos cabos que atar, y lo bien que la ha desempeñado, no dejan de ser detalles menores en un final enormemente satisfactorio.

Vengadores: Endgame es el gran acontecimiento que nos prometieron, una de esas películas que marcan generaciones. Sus tres horas resultan casi inabarcables, emocionalmente agotadoras (en especial su abrumador último acto y su conmovedor epílogo), pero no sobra ni un minuto. Todo cuanto acontece en ella responde a un meticuloso plan ejecutado a la perfección, y aun así se las arregla para sorprender y mantener alerta de principio a fin, para hacernos reír y llorar, para dejarnos clavados en la butaca y darnos una escena icónica detrás de otra. Pura catarsis.

Se trata de la culminación de diez años de extraordinario trabajo que se saldan con la película más emotiva de Marvel, la sublimación de su estilo narrativo y su equilibrada fusión de acción, épica, drama y comedia. También es la entrega en la que el reparto más se ha dejado la piel y el corazón, en la que más salta a la vista la importancia capital de los actores que hay tras los personajes. Y por último, es una gran celebración del Universo Marvel, un sentido autohomenaje repleto de guiños y un inmejorable regalo a los fans que han llevado al estudio a lo más alto con su fidelidad incondicional. En definitiva, un final redondo que está a la altura de las monumentales expectativas y hace que la espera haya merecido la pena.

Si Infinity War era el principio del fin, Endgame es el fin… y también un principio. De algo nuevo. Algo probablemente diferente. Indudablemente excitante. Cierre definitivo (y precioso) para algunos personajes, nuevo comienzo para otros, y un futuro lleno de posibilidades infinitas para los seguidores del estudio. La historia continúa expandiéndose y transformándose de forma imparable, y sea lo que sea lo que nos están preparando, Marvel se ha ganado nuestra entera confianza para los próximos diez años. Como mínimo.

Pedro J. García

Nota: ★★★★★