Spider-Man – Lejos de casa: La gran aventura europea de Peter Parker

Los acontecimientos de Vengadores: Endgame restauraban el orden tras la devastación provocada por Thanos en Infinity War, pero el regreso a la normalidad conllevaba cambios importantes y varias pérdidas insondables en las filas de los Héroes Más Poderosos de la Tierra. Si Endgame fue el gran clímax de la Saga del Infinito, la Fase 3 de Marvel concluye oficialmente con Spider-Man: Lejos de casa (Spider-Man: Far From Home), la segunda aventura en solitario del héroe arácnido interpretado por Tom Holland. Presentada como un epílogo a este ciclo de 10 años y 23 películas, la película lidia con esas consecuencias desde la perspectiva de nuestro héroe adolescente favorito.

Peter Parker necesita desesperadamente unas vacaciones. El joven héroe se enfrenta a la vida sin su mentor, Tony Stark (Robert Downey Jr.), figura esencial en el desarrollo de su identidad, y a las consecuencias del chasquido de Thanos en su vida diaria en el instituto: mientras unos compañeros desaparecieron y regresaron cinco años más tarde como el resto de desvanecidos, otros sobrevivieron y siguieron creciendo en este tiempo, provocando una importante brecha entre ellos. El mundo ha cambiado, y Peter siente la presión que esto conlleva en su rol como superhéroe, lo cual se suma a las preocupaciones que ya de por sí tiene cualquier chico de 16 años.

¿La mejor solución para desconectar? Un viaje de estudios. Peter, Ned (Jacob Batalon), MJ (Zendaya) y sus compañeros se embarcan en un tour de verano por Europa que los lleva a Venecia, Praga y Londres. Sin embargo, sus vacaciones serán interrumpidas por Nick Furia (Samuel L. Jackson), que le encomienda la misión de detener a los Elementales, monstruos formados por las principales fuerzas de la naturaleza (aire, tierra, agua y fuego) que están sembrando el caos en el viejo continente. Para ello contará con la ayuda de un extraño aliado, Mysterio (Jake Gyllenhaal), héroe proveniente de otra dimensión que lleva un tiempo siguiendo la pista a las misteriosas criaturas. Y al propio Peter Parker.

Lejos de casa continúa el tono más ligero y el enfoque juvenil de Spider-Man: Homecoming, pero se vuelve más ambiciosa y eleva considerablemente la escala de la franquicia con más acción, una gran amenaza global y un importante conflicto personal para Spider-Man que impulsa su maduración como superhéroe. Si en Homecoming, Peter era nuestro amigo y vecino Spider-Man, ocupándose de malhechores callejeros y villanos más humanos, en Lejos de casa se ve obligado a actuar como un Vengador para acabar con un peligro mayor. El reto que plantean los Elementales le llevará a salir de la sombra de Iron Man para tratar de averiguar quién es sin él (¿Es él el nuevo Iron Man que el mundo necesita desesperadamente?). Eso sí, a pesar de habernos dejado, la presencia de Tony se hará sentir a lo largo de toda la aventura europea de Peter, gracias a la tecnología que este le dejó en herencia, y a la huella que imprimió en el como figura paterna.

Jon Watts, director de Homecoming, repite en Lejos de casa, realizando un buen trabajo a la hora de hilar tramas nuevas y antiguas y disponer las capas de humor, acción, desarrollo de personajes, y también romance. Hay momentos en los que se le va un poco de las manos y puede provocar confusión (pasan tantas cosas que es inevitable), pero por lo general, supera el desafío con nota. Es difícil analizar lo que ocurre en la película sin desvelar datos importantes sobre el argumento, pero es mejor así. Lejos de casa es una de las películas con más giros y sorpresas de Marvel, y destapar los secretos antes de tiempo arruinaría la experiencia. Digamos simplemente que lo que ocurre en el film y en sus dos impactantes escenas post-créditos conlleva importantes implicaciones para el futuro de la franquicia del Trepamuros, y del UCM en general.

De lo que sí podemos hablar abiertamente es del reparto. Holland vuelve a bordar el personaje, confirmando una vez más que nació para interpretarlo. El actor británico ES Peter Parker. Su compromiso y entusiasmo saltan a la vista en cada uno de los planos en los que aparece, dotando a la película de sinceridad, encanto y humanidad. Por otro lado, Zendaya adquiere mayor protagonismo, dejándonos conocer mejor a su MJ (aunque todavía nos queda mucho por saber sobre ella) y desarrollando con Peter la relación más adorable de Marvel. Su indudable química es de lo mejor de un film que no tiene miedo a entregarse con los brazos abiertos al amor (en una saga que no suele hacerlo mucho), recordándonos que estamos viendo una película de Spider-Man, y también una de instituto.

También hay que mencionar al reparto secundario juvenil, “repetidores” (Jacob Batalon, Angourie Rice, Tony Revolori) y novatos (incluido el primer actor transgénero del Universo Marvel, Zach Barack), que forman un simpático plantel adolescente con el que se refleja la diversidad étnica y cultural de los institutos de hoy en día. En el frente adulto debemos destacar de nuevo a Marisa Tomei como Tía May, aunque su participación vuelve a saber a muy poco, y la aparición de Samuel L. Jackson y Cobie Smulders como Nick Furia y Maria Hill, ejerciendo como nexo entre Spidey y los Vengadores. Por último, Jake Gyllenhaal como Mysterio se convierte en la atracción principal de Lejos de casa, con permiso del Trepamuros. El actor, al que Marvel llevaba mucho tiempo rondando, ha encontrado el papel perfecto para él. Gyllenhaal está simplemente sensacional, construyendo en Mysterio uno de los personajes más sorprendentes y fascinantes del UCM.

Aunque a la película le cuesta un poco arrancar, cuando lo hace, llega a lo más alto y no baja. Lejos de casa es divertidísima, emocionante, inteligente, romántica, fresca y visualmente vibrante. Watts eleva considerablemente el listón de Homecoming con secuencias de acción espectaculares y de lo más imaginativo, que parecen salidas directamente de las páginas del cómic. Su detallismo a la hora de diseñar el aspecto del film y orquestar la acción se salda con set pieces muy vistosos (gracias en parte a haber rodado en localizaciones europeas reales) e imágenes llenas de información y guiños. Todo esto, sumado a los giros que cambian lo que creíamos saber (algunos arriesgados y potencialmente polémicos), hace que el valor de revisionado se dispare por encima de lo habitual. Es decir, para verla completa, hace falta verla dos veces. De hecho, es una de esas películas que te dejan con la necesidad de repetir, pero también de saber qué pasará a continuación. Aunque ya hemos visto a Holland encarnando al personaje en cinco ocasiones, el viaje de Peter no ha hecho más que empezar y Lejos de casa prueba que el futuro es suyo.

Pedro J. García

Nota: 🕷️🕷️🕷️🕷️

Vengadores: Endgame: Un final “perfectamente equilibrado” [Crítica sin spoilers]

El cine tal y como lo conocíamos cambiaría en 2008 con el estreno de Iron Man. Por aquel entonces, poco podíamos imaginar lo que Marvel conseguiría a lo largo de la década posterior, pero el estudio tenía un plan, y este ha dado más frutos de lo que ni siquiera ellos mismos se imaginaron. Diez años y 21 películas después, llegamos al gran evento cinematográfico con el que se cierra una era, Vengadores: Endgame, el desenlace de una macrohistoria impecablemente diseñada y estructurada que ha amasado récords de taquilla, ha cambiado las reglas del blockbuster, y lo más importante, ha enganchado a cientos de millones de personas en todo el mundo.

Vengadores: Infinity War sacudió los cimientos del Universo Marvel con un final cliffhanger que alcanzó estatus icónico inmediato, y del que se seguirá hablando en el futuro. El chasquido de Thanos cambió el universo, eliminando a la mitad de los seres vivos que lo habitan, y generando una de las reacciones más viscerales entre los espectadores que se recuerdan en mucho tiempo. La devastación que provocó la derrota de los Vengadores, y el desvanecimiento de sus seres queridos y muchos de nuestros héroes favoritos, puso de manifiesto el gran logro de Marvel, la fidelización de la audiencia a través de sus personajes, y también sus mayores virtudes, la planificación narrativa a largo plazo y la paciencia. Si el chasquido nos afectó tanto (incluso sabiendo que sus trágicos efectos no serían permanentes), es porque sus personajes nos importaban. Y nos siguen importando.

En Marvel son maestros de la anticipación. Y esa anticipación nos ha llevado hasta aquí, hasta el “juego final”, el clímax de las primeras tres fases del UCM. Escribir una crítica de Endgame sin desvelar puntos claves de su argumento es una tarea complicada, por no decir imposible, pero lo intentaremos. El factor sorpresa es un elemento clave en la película de Joe y Anthony Russo. Es por ello que los trailers han jugado al despiste incluyendo imágenes en su mayoría pertenecientes a la primera media hora de metraje (o que no están en el montaje final) y ocultando la participación o el look de ciertos personajes. A pesar de haber desatado miles y miles de teorías, Endgame es la película más imprevisible del Universo Marvel. Por eso era de capital importancia no estropear ninguna de las innumerables sorpresas y giros argumentales del film, ya que su descubrimiento es esencial para vivir la mejor experiencia cinematográfica posible.

Endgame lidia con las consecuencias de la devastación provocada por Thanos en Infinity War, dando énfasis a los seis Vengadores originales, Iron Man, Capitán América, Viuda Negra, Ojo de Halcón, Thor y Hulk. Todos ellos unen fuerzas junto al resto de los héroes que sobrevivieron al chasquido para trazar un plan con el que derrotar definitivamente al Titán Loco y con suerte deshacer el desastre que ocasionó. El primer acto es con diferencia la hora más triste, madura y emocional de todo el Universo Marvel. Es entonces cuando Vengadores se convierte en The Leftovers, cuando los supervivientes deben enfrentarse a la vida sin sus compañeros de “trabajo”, sin sus seres queridos, sin su familia… mientras el mundo se adapta a su nueva realidad.

Y es ahí donde los hermanos Russo más se toman su tiempo. Endgame es la película más grandiosa y ambiciosa de Marvel, pero la duración de tres horas no se justifica (solo) por la necesidad de cerrar mil asuntos o incluir más batallas, sino por los momentos más pequeños; las escenas en las que se exploran los lazos entre los personajes, las que nos muestran a los superhéroes como seres humanos afrontando la pérdida y asumiendo la necesidad de pasar página. En esas interacciones, en esas miradas y esas lágrimas es donde Marvel esconde la esencia de lo que está contando, lo que hará que lo que pase a continuación nos afecte más profundamente. Porque en todos estos años, nos han estado contando una historia a la que no hemos prestado la atención suficiente porque siempre hemos tenido algo más explosivo o impactante que comentar: la de una familia. Más allá de los trajes, los superpoderes, las aventuras intergalácticas y la reflexión sobre lo que significa ser un superhéroe, Marvel ha construido una familia (o varias) a la que deseamos ver unida de nuevo, cueste lo que cueste.

Pero por supuesto, Endgame también es humor (Thor, Bruce y Scott protagonizan los momentos más divertidos y extraños, pero hay muchos más), es acción y espectáculo. Aunque el listón estaba alto después de Infinity War, los Russo consiguen superar en envergadura y alcance a la anterior entrega de los Vengadores. Y a todas las películas del Universo Marvel. Endgame incluye algunos de los planos más impresionantes y memorables de toda la saga, los mejores efectos visuales, combates que paran la respiración y la que es una de las batallas más épicas que se han visto jamás en una pantalla de cine.

Y lo mejor es que todo está medido para que nunca se pierda de vista el propósito de la historia, el objetivo final, para que todas las piezas encajen y la pirotecnia nunca eclipse a los personajes; un numerosísimo plantel de héroes que se dosifica de forma inteligente y mesurada (cualquier momento, por pequeño que sea, es importante, todos los regresos y apariciones sirven una función, y la incorporación de Capitana Marvel se realiza con coherencia y sin robar protagonismo a los que están ahí desde el principio). Es cierto que la trama abarca tanto y depende tanto de todo lo visto anteriormente, que por momentos puede apabullar o confundir, que hay alguna decisión difícil de digerir y que los agujeros de guion están a la vista de todos, pero teniendo en cuenta la titánica hazaña a la que se enfrentaba Marvel con tantísimos cabos que atar, y lo bien que la ha desempeñado, no dejan de ser detalles menores en un final enormemente satisfactorio.

Vengadores: Endgame es el gran acontecimiento que nos prometieron, una de esas películas que marcan generaciones. Sus tres horas resultan casi inabarcables, emocionalmente agotadoras (en especial su abrumador último acto y su conmovedor epílogo), pero no sobra ni un minuto. Todo cuanto acontece en ella responde a un meticuloso plan ejecutado a la perfección, y aun así se las arregla para sorprender y mantener alerta de principio a fin, para hacernos reír y llorar, para dejarnos clavados en la butaca y darnos una escena icónica detrás de otra. Pura catarsis.

Se trata de la culminación de diez años de extraordinario trabajo que se saldan con la película más emotiva de Marvel, la sublimación de su estilo narrativo y su equilibrada fusión de acción, épica, drama y comedia. También es la entrega en la que el reparto más se ha dejado la piel y el corazón, en la que más salta a la vista la importancia capital de los actores que hay tras los personajes. Y por último, es una gran celebración del Universo Marvel, un sentido autohomenaje repleto de guiños y un inmejorable regalo a los fans que han llevado al estudio a lo más alto con su fidelidad incondicional. En definitiva, un final redondo que está a la altura de las monumentales expectativas y hace que la espera haya merecido la pena.

Si Infinity War era el principio del fin, Endgame es el fin… y también un principio. De algo nuevo. Algo probablemente diferente. Indudablemente excitante. Cierre definitivo (y precioso) para algunos personajes, nuevo comienzo para otros, y un futuro lleno de posibilidades infinitas para los seguidores del estudio. La historia continúa expandiéndose y transformándose de forma imparable, y sea lo que sea lo que nos están preparando, Marvel se ha ganado nuestra entera confianza para los próximos diez años. Como mínimo.

Pedro J. García

Nota: ★★★★★

Capitana Marvel: El eslabón perdido de Marvel

Ha tardado diez años, pero por fin ha llegado. Marvel presenta su primera película protagonizada por una mujer (después de que la Avispa compartiese cartel con el Hombre Hormiga en Ant-Man y la Avispa). Capitana Marvel es la penúltima entrega de la Fase 3 del Universo Cinematográfico Marvel, un acontecimiento muy esperado que promete sacudir los cimientos de este universo de ficción. Anna Boden y Ryan Fleck dirigen la primera película en solitario del divisivo personaje de Marvel Comics, adoptando su encarnación más reciente, Carol Danvers. La oscarizada Brie Larson se pone en la piel de la heroína de poderes cósmicos en una película que ejerce como presentación oficial del personaje y también como precuela del Universo Marvel y la Iniciativa Vengadores, es decir, un entreacto para rellenar los huecos entre Vengadores: Infinity War Endgame.

Como viene siendo habitual en las películas del estudio, Capitana Marvel toma elementos icónicos de la historia de Marvel Comics y los transforma y adapta a sus necesidades. La película se construye como una historia de orígenes, pero no es exactamente la que nos encontramos en las viñetas, sino que han decidido alterar el orden de los factores para tratar de darle un giro refrescante. La de Carol Danvers es una historia de autodescubrimiento clásica, pero en lugar de utilizar el ABC del decálogo superheroico, cambia el esquema por un BCA, resultando en una origin story ligeramente diferente, si bien algo confusa e irregularmente desarrollada, sobre todo durante su primer acto.

Capitana Marvel transcurre en los 90, y se asemeja a una película de acción y ciencia ficción de invasiones extraterrestres propia de esta década, una aventura intergaláctica que nos presenta el Universo Marvel tal y como era antes de que lo conociéramos. Después de estrellarse en la Tierra durante una misión, en la época en la que todavía se usaban las cabinas telefónicas y existían los videoclubs, la guerrera Kree Vers (Larson) trata de ponerse en contacto con su equipo, liderado por su mentor, Yon-Rogg (Jude Law), mientras investiga la infiltración en nuestro mundo de la raza alienígena de los Skrulls, con la que los Kree libran una guerra a través del espacio. Durante su estancia en la Tierra, Vers empieza a ver flashes de una vida anterior, lo que le lleva a descubrir la impactante verdad sobre su pasado, su identidad y el origen de sus poderes.

Larson está acompañada la mayor parte del tiempo por Samuel L. Jackson, que retoma su papel como Nick Furia cuando aun era un simple agente de S.H.I.E.L.D, gracias a la tecnología digital rejuvenecedora a la que tanto partido le está sacando el estudio (y con éxito, porque el “lifting” de Furia es impecable y no distrae en ningún momento). Ambos llevan el timón, junto a la robaescenas oficial de la película, la gata Goose, de una divertida buddy film dentro del espectáculo sci-fi al que nos tiene acostumbrados Marvel, protagonizando los momentos más cómicos en una película que sabe dosificar el humor para no saturar con demasiados chistes. El reparto es uno de los puntos fuertes del film, con Jackson como una de las atracciones principales, y un grupo de aclamados intérpretes secundando a los protagonistas. Los personajes de Jude Law, Ben Mendelsohn y Annette Bening están correctamente caracterizados e interpretados, nos deparan bastantes sorpresas (Talos la más grata), y los actores parecen estar pasándoselo bien, algo que no siempre ocurre con este tipo de fichajes de renombre en el cine de superhéroes.

Pero por supuesto, Larson es el centro de atención. La actriz, blanco de polémicas externas por su empeño en aumentar la diversidad en la crítica y la cobertura de prensa de la película, se ha tenido que enfrentar a un injusto escrutinio por parte de un sector del público. Afortunadamente, la actriz demuestra con su estupendo trabajo en la película que fue una elección más que acertada para el papel. Su Carol es una superheroína definida, una mujer inteligente, decidida y carismática que Larson construye encontrando el equilibrio adecuado entre el temple y la capacidad analítica de un soldado, la fuerza extraordinaria de un superhéroe y la humanidad de una persona que está tratando de descubrir quién es en realidad.

Capitana Marvel es una oportunidad para visitar otro rincón pasado del Universo Marvel y reencontrarse con viejos conocidos. La presencia de Furia, Ronan (Lee Pace), Korath (Djimon Hounsou) o Phil Coulson (Clark Gregg) establece conexiones con las vertientes terrenales y cósmicas del UCM, ayudando a completar sus historias mientras trazan líneas directas con Los Vengadores (algunas inesperadas) que nos preparan para el enfrentamiento final con Thanos en Endgame. Pero estos nexos están debidamente entrelazados en la historia de Carol de modo que nunca hacen que el foco se distancie demasiado de ella y que, por tanto, la película se mantenga contenida en sí misma.

Aunque no sobresale especialmente por su aspecto visual o su dirección, más bien convencional (sobre todo si lo comparamos con otras entregas de la Fase 3 mucho más estimulantes como Doctor StrangeThor: Ragnarok Black Panther), Capitana Marvel saca provecho de su ambientación noventera con detalles nostálgicos muy simpáticos (de los que, afortunadamente, no abusa) y sobre todo una banda sonora de temazos de los 90 (Garbage, Hole, No Doubt, TLC, Nirvana, REM…) que harán vibrar a cualquiera que creció durante esta década. Las canciones suelen acompañar escenas de acción electrizante y combates excelentemente ejecutados (memorable un explosivo una contra todos al ritmo de ‘Just a Girl’ de No Doubt), en los que Larson destaca por su agilidad y contundencia, haciendo honor a la reputación de su personaje como el más poderoso del Universo Marvel (aunque eso aun está por ver).

Capitana Marvel es la historia de empoderamiento femenino que el eminentemente masculino Universo Marvel necesitaba. Carol Danvers no solo se enfrenta a villanos del espacio exterior, sino también al sexismo de cada día en la Tierra (en una escena le llegan a pedir que sonría, evocando así a la absurda polémica en Internet porque el personaje no aparece sonriendo en el material promocional de la película), respondiendo siempre con entereza y dignidad, dándole a lo trolls la justa atención que merecen y levantándose cada vez que se cae para demostrar su valía en un mundo de hombres que no creen que haya lugar para ella. También hay que señalar que no hay historia de amor en la película, sino una bonita amistad entre Carol y su excompañera de vuelo y mejor amiga Maria Rambeau (la revelación Lashana Lynch), con la que protagoniza las escenas más emotivas. Pero su mensaje feminista viene también acompañado de un (quizá no muy sutil) mensaje anti-bélico y una reflexión en torno a los refugiados alienígenas que sirve como reflejo de nuestra realidad y ayuda a dar un mayor empaque emocional y trascendencia a la historia.

Evidentemente, Marvel sabe exactamente lo que tiene que dar a su público, y eso es justo lo que hace en Capitana MarvelQue es formulaica es más que obvio. Aunque, como ya he dicho, trata de darle una vuelta de tuerca a esa fórmula para contar una historia de orígenes desde otro punto de vista, al final no deja de ser una película de Marvel en todos los aspectos, para bien y para mal. Ofrece las dosis de acción y espectáculo que esperamos de Marvel (con efectos digitales mejorables, desgraciadamente también como siempre), la fusión de drama y comedia, las conexiones con el UCM, la fijación con las relaciones paterno-filiales, la definición de qué hace al héroe y su lucha moral, los giros argumentales que dan la vuelta a lo que creíamos saber, el marveliano juego de la anticipación que da lugar a un tercer acto que eleva la película… Todo está aquí, y todo funciona tan bien como siempre. Porque si algo no está roto, ¿por qué vas a arreglarlo?

Capitana Marvel es un disfrutable estallido galáctico de nostalgia noventera, una bienvenida incorporación al Universo Marvel que cumple su cometido presentando a su heroína y dejándonos con ganas de volver a verla. No es una película perfecta, pero es que sería injusto pedirle que lo fuera. El hecho de que sea la primera película de Marvel centrada en una mujer ha hecho que le exijamos más que a sus predecesoras, cuando lo cierto es que Marvel ha hecho con ella lo que debía: darle el mismo tratamiento que a sus héroes masculinos. Su primera incursión en Marvel es un eslabón imprescindible para todo fan del estudio, una inspiradora historia que sirve para encajar las piezas que faltaban y calentar motores para el gran acontecimiento de Vengadores: Endgame, en el que volveremos a ver a Carol, ya unida a los Héroes Más Poderosos de la Tierra.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

[Reseña Blu-ray] Venom abraza su lado más cómico y romántico

Palabra de simbionte. 2018 fue un año muy loco en todos los sentidos, incluido el cinematográfico. Una de las mayores sorpresas de la cartelera fue Venom, la gran apuesta de Sony Pictures para empezar a construir su Universo Cinematográfico alrededor de los villanos y secundarios de los cómics de Spider-Man. Sin poder usar al propio Hombre Araña (Tom Holland) fuera de las películas del UCM, el estudio tenía una tarea complicada. Pero contra todo pronóstico, acabó con un exitazo entre manos y los cimientos bien asentados para desarrollar la saga de superhéroes interconectada que todo estudio desea.

Dirigida por Ruben Fleischer (que regresa este año con Bienvenidos a Zombieland), Venom cuenta con el aclamado Tom Hardy (Mad Max: Furia en la carretera) en el icónico papel del antihéroe de Marvel, uno de los personajes más populares de la Casa de las Ideas. El actor británico da vida a Eddie Brock, intrépido periodista de investigación que, después de perder su trabajo y a su novia (Michelle Williams), se convierte en el anfitrión del simbionte alienígena. Mientras Eddie trata de destapar la atroz verdad sobre el creador de la Fundación Vida, Carlton Drake (Riz Ahmed), cuyos experimentos han liberado a la peligrosa criatura, Venom se fusiona con su cuerpo, desatando impresionantes poderes, pero también un lado oscuro que deberá aprender a controlar.

Venom no parece una película de la nueva era de los superhéroes, sino una previa al Universo Cinematográfico de Marvel y el boom del cine basado en cómics (es decir, más noventera que de 2018). Pero esto no es necesariamente malo. Está claramente diseñada para derivar en franquicia y conectarse a un universo mayor, pero esto tampoco impide que se desarrolle como una historia contenida, sin exceso de guiños o personajes metidos con calzador para generar spin-offsVenom es mucho más simple que eso, y es de agradecer. No es más que una historia de orígenes clásica, y meter más elementos sería complicarlo demasiado desde muy pronto. La ausencia de Spider-Man, para muchos polémica, no supone inconveniente alguno, puesto que esta es la historia de Eddie Brock y su relación con Venom.

Y eso precisamente es lo mejor de la película. El tira y afloja entre Eddie y el simbionte aporta el conflicto moral que define la historia, pero también la principal fuente de humor, que estará considerablemente más presente de lo que la campaña promocional (mucho peor que la propia película) nos ha dado a entender. Hardy es conocido por dejarse la piel en sus personajes y Venom no es una excepción, pero aquí nos muestra una nueva faceta. El actor británico (haciendo gala de un cuestionable acento americano) se emplea a fondo y lo da todo, con un trabajo físico estupendo, pero también una interpretación excéntrica, descontrolada y por momentos muy excesiva que nunca deja de sorprender, incluso en sus momentos más ridículos. Hardy es la principal atracción de Venom y con él, la película se vuelve mucho más divertida de lo que imaginábamos.

Su trabajo suple con eficiencia los defectos de la cinta, que no son pocos. En primer lugar, un plantel de secundarios desaprovechados y poco interesantes, encabezado por un simplemente correcto Riz Ahmed y Michelle Williams en la que es su peor interpretación en años. La actriz nominada cuatro veces al Oscar está fatal y su química con Hardy es tan inexistente como sus ganas de estar ahí. Consigue destacar Jenny Slate, aunque su personaje es más bien pequeño y solo una herramienta narrativa para impulsar la acción.

Muchos han criticado su calificación PG-13, pero lo cierto es que esto no es verdaderamente un problema. A pesar de no ser para mayores de 18 años y no mostrar decapitaciones o fuentes de sangre, el film contiene bastante violencia, y aunque el “fuck” lo tiene prohibido, uno pierde la cuenta de las veces que dicen “shit”. Vamos, que no es Deadpool, pero tampoco es una versión infantilizada de Venom. Como tampoco es una película Rated-R mutilada. De hecho, su estructura es en su mayor parte íntegra y coherente, y aunque sí hay confusión tonal y brusquedad a la hora de saltar del thriller/terror a la comedia (tontorrona), al menos no adolece del síndrome de la tijera loca que sí sufrían Batman v Superman Escuadrón Suicida.

Venom tarda bastante en hacer acto de presencia, pero las pesquisas de Eddie Brock nos entretienen hasta que el simbionte se fusiona con su huésped y la acción empieza de verdad. A partir de ahí, el ritmo no baja en ningún momento. La dinámica Eddie-Venom, el entregado trabajo de Hardy y las escenas de acción convierten Venom en una película muy divertida. Solo flojea realmente durante el enfrentamiento final con Drake, donde la acción digital se vuelve más farragosa y no nos deja ver bien lo que está ocurriendo. Por lo demás, tanto el terrorífico diseño como los efectos digitales para dar vida al simbionte y las secuencias de acción física con Hardy cumplen holgadamente, pese a que visual y estéticamente sea más bien plana.

Venom nunca será considerada una gran película de superhéroes y es una de las principales responsables de abrir aun más la brecha entre crítica y público. Pero tampoco es el desastre que muchos esperaban. Es divertida, Hardy está glorioso, tiene más personalidad de lo que los trailers indicaban y momentos de humor muy memorables (aunque los más malvados digan que es una comedia involuntaria, hay mucha intención y autoconsciencia). En definitiva, Venom es una buena presentación que acaba haciendo justicia al emblemático personaje de Marvel y abre la puerta a una secuela que, puliendo los errores de esta, puede y debería ser mucho mejor.

EDICIONES DISPONIBLES

Venom ya está a la venta de la mano de Sony Pictures Home Entertainment España, que lanza siete ediciones físicas diferentes. Estas incluyen las ediciones sencillas en Blu-ray y DVD, combos Blu-ray 3D + Blu-ray y 4K UHD + Blu-ray, las ya tradicionales ediciones metálicas (una disponible en todos los puntos de venta y otra ecxlusiva de GAME), y finalmente, una edición coleccionista con todos los formatos y una impresionante estatua de resina limitada y numerada, que reproduce con todo lujo de detalles la lucha entre Venom y el simbionte Riot, y no se podrá conseguir en ningún otro sitio.

El éxito de Venom (que ha recaudado 855 millones de dólares en todo el mundo) ha derivado en incontables memes con los que algunos aspectos de la película se han viralizado. El más popular es sin duda el ¿imaginado? romance entre Eddie y el simbionte, tan extendido entre los fans que hasta Sony se ha apuntado a la broma con un trailer especial para celebrar el lanzamiento sacando el lado más romántico de Venom, y una aplicación (Venomlovefit.com) para dar besos de superhéroe (con lengua).

En cuanto a las ediciones, la que nosotros hemos adquirido es el steelbook exclusivo de GAME, que presenta un diseño alternativo de carátula con una ilustración de Venom sobre fondo rojo (puedes ver fotos del estuche aquí) e incluye un Bonus Blu-ray con el mini-documental exclusivo “Del simbionte a la pantalla”, que narra la historia completa de Venom, desde los cómics originales a su traslación a la gran pantalla. Este mini-documental también se encuentra en la edición steelbook normal. Los contenidos adicionales comunes a todas las ediciones en Blu-ray son los siguientes:

  • “Modo Venom”- Al seleccionar este modo, en la película irán saliendo pop-ups informativos con datos sobre la relación con los cómics, y referencias que hasta al más avezado se le pueden haber escapado.
  • “El protector letal en acción” – Tras las cámaras con el equipo de producción.
  • “La visión de Venom” – Cómo el director Ruben Fleischer llegó al proyecto, reclutó al equipo e hizo de Venom una realidad.
  • “Diseñando Venom” – El increíble viaje para diseñar y crear a Venom.
  • “Los secretos de la simbiosis” – Una colección de referencias ocultas.
  • Videoclip de Eminem y tráiler de Spider-Man: Un nuevo universo

Crítica: Spider-Man – Un nuevo universo

Spider-Man es uno de los personajes de Marvel más queridos de todos los tiempos, así como el superhéroe más popular entre los más jóvenes. En sus más de cincuenta años de historia, la icónica creación de Stan Lee y Steve Dikto ha adoptado muchas formas en las páginas del cómic, y otras tantas en la pantalla. Sin ir más lejos, en los últimos 15 hemos visto cómo tres actores diferentes se ponían las mallas del Trepamuros en el cine, Tobey Maguire, Andrew Garfield y el actual defensor del título, Tom Holland. Lejos de sucumbir a la fatiga de la que tanto hablan los detractores del género, Spider-Man finalmente ha conseguido remontar el vuelo y renovar el interés de una audiencia que sigue regresando para disfrutar de las aventuras de su amigo y vecino de Marvel.

Y la palabra clave en este caso es “renovar”. Con el Spider-Man de Holland, Disney y Sony rompían con las iteraciones anteriores rejuveneciendo al personaje y evitando volver a repetir su historia de orígenes. Esta tendencia hacia la reinvención continúa con otra propuesta diferente que llega no para sustituir al Hombre Araña actual, sino para complementarlo, encontrando nuevas maneras de deconstruir y continuar esa historia de orígenes sin dejar de ser fiel a su espíritu. Se trata de Spider-Man: Un nuevo universo (Spider-Man: Into the Spider-Verse), nueva película de animación producida por Phil Lord y Christopher Miller (La LEGO película) y dirigida por Bob Persichetti, Peter Ramsey y Rodney Rothman, que aterriza en las salas como un auténtico soplo de aire fresco para el cine de superhéroes y la animación en general. Aunque pueda parecer obvio, es importante no subestimarla por ser animada, porque estamos ante lo que es claramente una de las mejores películas de Spider-Man.

En esta ocasión, el foco se desplaza de Peter Parker a Miles Morales, adolescente latino-afroamericano  de Brooklyn creado por Brian Michael Bendis y Sara Pichelli que irrumpió en Marvel Comics en 2011 para ponerse el nuevo traje de Spider-Man e inaugurar una etapa de la Casa de las Ideas caracterizada por una mayor diversidad e inclusión en sus colecciones. Inspirado por Barack Obama y Donald Glover, Miles fue un éxito entre los lectores y su figura ha sido una constante en varias cabeceras centrales durante los últimos años. Spider-Man: Un nuevo universo supone su debut en la gran pantalla, y lo hace con una carta de presentación inmejorable, un espectáculo de animación innovador, diferente y de desbordante energía y creatividad.

Pero Miles Morales no llega solo. La puesta de largo del personaje viene arropada por viejos y nuevos conocidos del universo arácnido, entre ellos el propio Peter Parker, que se encarga de ceder el testigo generacional a su joven aprendiz. Spider-Man: Un nuevo universo va precisamente de eso, de la posibilidad de que cualquiera pueda llevar la máscara de Spider-Man (porque “siempre acaba encajando”). Y para hacer llegar este oportuno mensaje, tan inherente a la esencia del personaje, el film introduce la noción del Multiverso, o Spiderverso, y con él la existencia de un número indeterminado de dimensiones paralelas en las que diferentes personas (o cerdos) pueden ser Spider-Man, para a continuación reunir a estas identidades arácnidas en un mismo lugar, el Nueva York de Miles Morales.

Empleando el recurso narrativo de la repetición con mucho ingenio y sentido del humor, Un nuevo universo nos presenta a los diferentes personajes que formarán equipo junto a Miles para luchar contra los planes de Kingpin, quien ha creado una máquina para controlar las realidades alternativas del Multiverso. Tras una explosión, el protagonista se topa con un Peter Parker alternativo (ajado y deprimido por su separación de Mary Jane), con el que unirá fuerzas junto a Spider-Gwen, Spider-Man Noir, Peni Parker y Peter Porker (o Spider-Cerdo) para derrocar al villano y poder regresar a sus respectivas dimensiones. Entre ellos se formará una alianza de miembros dispares (y disparatados), hermanados por sus ideales, los poderes que comparten y un enemigo común.

Spider-Man: Un nuevo universo está realizada con un detallismo apabullante y un evidente cariño y respeto tanto por los cómics de Marvel como por sus fans, a los que regala numerosas sorpresas y guiños a la historia de la editorial y a la creación de Miles Morales. La película presenta un look sorprendente, incluso revolucionario, con una paleta de colores que salta de la pantalla, estilos muy diferentes que encajan sin problemas y una animación dinámica y original que mezcla 3D y 2D con los mejores resultados. Los directores sacan todo el partido del medio para componer escenas alucinantes que no funcionarían en acción real e incorporan el lenguaje de los cómics a la puesta en escena con agilidad e inventiva, realizando hallazgos narrativos y cómicos a lo largo de todo el metraje.

Visual y sonoramente, Un nuevo universo es una explosión para los sentidos, pero es mucho más que eso. También cuenta una historia bien construida (a pesar del exceso de información que descarga en el espectador), hace alarde de un sentido del humor inteligente y descarado, tiene mucho ritmo, y lo más importante, profundidad emocional y unos personajes excelentemente caracterizados por los que es imposible no sentir apego (acordaos de esto: Spider-Gwen va a causar sensación).

Otra de las características que hacen de Spider-Man: Un nuevo universo un triunfo es su actitud. La película desprende personalidad a raudales, y esta solo se puede definir con una palabra: cool. Su estética graffitera, su fantástica banda sonora hip hop y el carisma juvenil de sus protagonistas hacen de ella una pieza cinematográfica totalmente moderna, en sintonía con las nuevas generaciones a las que retrata y se dirige. Pero precisamente otro de sus grandes aciertos es que no se cierra a un solo tipo de público, sino que encuentra la manera de satisfacerlos a todos: niños, adolescentes, adultos y fans de Marvel de todas las edades. Encontrar ese equilibrio es difícil y esta película no solo lo hace, sino que lo domina de principio a fin.

Por último, sin nacer con ese propósito, Spider-Man: Un nuevo universo supone la despedida perfecta a los creadores del Hombre Araña, Lee y Dikto, que nos han dejado este mismo año. Tras su fallecimiento, el imprescindible cameo de Lee (el último que hizo en animación) adquiere una nueva dimensión, y la lección que nos regala durante esta breve pero trascendental escena es un broche redondo. Aunque suene a tópico y empiece a correr el riesgo de no significar nada para muchos, Spider-Man: Un nuevo universo revitaliza el cine de superhéroes con una película que no es solo divertidísima, ocurrente, emocionante y espectacular, sino que también es consciente de lo necesario que es llevar el género un paso (o un salto de fe) más allá para explorar todas sus posibilidades. Está claro que Miles Morales ha llegado para quedarse. Bienvenido.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

Crítica: Venom

Todos los estudios quieren su propio universo cinematográfico, y Sony Pictures no iba a ser menos. Sobre todo cuando tiene los derechos de uno de los superhéroes más populares de la historia, Spider-Man, y de todos sus personajes satélite. El estreno de Spider-Man: Homecoming supuso el inicio de una nueva etapa en asociación con Marvel Studios, pero la nueva encarnación del Trepamuros en cines, interpretada por Tom Holland, por ahora va aparte. Cediendo Spider-Man a Marvel, lo que le queda a Sony es un catálogo selecto de secundarios, villanos y antagonistas del Hombre Araña con los que, al parecer, pretende crear una especie de reverso oscuro del MCU. Así nace Venom, la primera película de este Universo Arácnido a la que, si la taquilla responde, sucederá Morbius, el vampiro viviente.

Dirigida por Ruben Fleischer (Bienvenidos a Zombieland), Venom cuenta con el aclamado Tom Hardy (Mad Max: Furia en la carretera) en el icónico papel del antihéroe de Marvel, uno de los personajes más populares de la Casa de las Ideas. El actor británico da vida a Eddie Brock, intrépido periodista de investigación que, después de perder su trabajo y a su novia (Michelle Williams), se convierte en el anfitrión del simbionte alienígena. Mientras Eddie trata de destapar la atroz verdad sobre el creador de la Fundación Vida, Carlton Drake (Riz Ahmed), cuyos experimentos han liberado a la peligrosa criatura, Venom se fusiona con su cuerpo, desatando impresionantes poderes, pero también un lado oscuro que deberá aprender a controlar.

Venom no parece una película de la nueva era de los superhéroes, sino una previa al Universo Cinematográfico de Marvel y el boom del cine basado en cómics (es decir, más noventera que de 2018). Pero esto no es necesariamente malo. Está claramente diseñada para derivar en franquicia y conectarse a un universo mayor, pero esto no impide que se desarrolle como una historia contenida, sin exceso de guiños o personajes metidos con calzador para generar spin-offsVenom es mucho más simple que eso, y es de agradecer. No es más que una historia de orígenes clásica, y meter más elementos sería complicarlo demasiado desde muy pronto. La ausencia de Spider-Man, para muchos polémica, no supone inconveniente alguno, puesto que esta es la historia de Eddie Brock y su relación con Venom.

Y eso precisamente es lo mejor de la película. El tira y afloja entre Eddie y el simbionte aporta el conflicto moral que define la historia, pero también la principal fuente de humor, que estará considerablemente más presente de lo que la campaña promocional (mucho peor que la propia película) nos ha dado a entender. Hardy es conocido por dejarse la piel en sus personajes y Venom no es una excepción, pero aquí nos muestra una nueva faceta. El actor británico (haciendo gala de un cuestionable acento americano) se emplea a fondo y lo da todo, con un trabajo físico estupendo, pero también una interpretación excéntrica, descontrolada y por momentos muy excesiva que nunca deja de sorprender, incluso en sus momentos más ridículos. Hardy es la principal atracción de Venom y con él, la película se vuelve mucho más divertida de lo que imaginábamos.

Su trabajo suple con eficiencia los defectos de la cinta, que no son pocos. En primer lugar, un plantel de secundarios desaprovechados y poco interesantes, encabezado por un simplemente correcto Riz Ahmed y Michelle Williams en la que es su peor interpretación en años. La actriz nominada cuatro veces al Oscar está fatal y su química con Hardy es tan inexistente como sus ganas de estar ahí. Consigue destacar Jenny Slate, aunque su personaje es más bien pequeño y solo una herramienta narrativa para impulsar la acción.

Por otro lado, hay una clara confusión tonal. Muchos lo achacarán a su calificación PG-13, pero lo cierto es que el problema es su brusquedad a la hora de saltar del thriller/terror a la comedia (tontorrona) sin lograr definir un punto medio. A pesar de no ser para mayores de 18 años y no mostrar decapitaciones o fuentes de sangre, el film contiene bastante violencia, y aunque el “fuck” lo tiene prohibido, uno pierde la cuenta de las veces que dicen “shit”. Vamos, que no es Deadpool, pero tampoco es una versión infantilizada de Venom. Como tampoco es una película Rated-R mutilada. De hecho, su estructura es en su mayor parte íntegra y coherente, y no adolece del síndrome de la tijera loca que sí sufrían Batman v Superman Escuadrón Suicida.

Esto no quiere decir que no haya agujeros de guion. Los hay, aunque ninguno que hunda la película. Venom tarda bastante en hacer acto de presencia, pero las pesquisas de Eddie Brock nos entretienen hasta que el simbionte se fusiona con su huésped y la acción empieza de verdad. A partir de ahí, el ritmo no baja en ningún momento. La dinámica Eddie-Venom, el entregado trabajo de Hardy y las escenas de acción convierten Venom en una película muy divertida. Solo flojea realmente durante el enfrentamiento final con Drake, donde la acción digital se vuelve más farragosa y no nos deja ver bien lo que está ocurriendo. Por lo demás, tanto el terrorífico diseño como los efectos digitales para dar vida al simbionte y las secuencias de acción física con Hardy cumplen holgadamente, pese a que visualmente sea más bien plana.

Venom nunca será considerada una gran película de superhéroes, porque no lo es. Pero tampoco es el desastre que parecía. Es divertida,  tiene más personalidad de lo que los trailers indicaban y momentos de humor muy memorables (aunque los más malos digan que es una comedia involuntaria, hay mucha intención y autoconsciencia). En definitiva, Venom es una buena presentación que acaba haciendo justicia al emblemático personaje de Marvel y abre la puerta a una secuela que, puliendo los errores de esta, puede y debería ser mucho mejor.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Crítica: Ant-Man y la Avispa

Todavía no nos hemos recuperado de Vengadores: Infinity War y ya tenemos aquí la nueva entrega del Universo Cinematográfico MarvelAnt-Man y la Avispa (Ant-Man and the Wasp). La primera parte es una de las películas de menor calado del estudio, pero también una de las mejores. Ant-Man se estrenó justo después de Vengadores: La era de Ultrón y funcionó como respiro entre aquella y el siguiente gran crossover, Capitán América: Civil War. Y su secuela llega para cumplir el mismo papel en la Fase 3, relajar a la audiencia antes de la llegada de la esperadísima (y seguramente mucho más épica) Captain Marvel y el gran final, Vengadores 4.

Mucho se ha especulado sobre el rol que Ant-Man y la Avispa desempeñaría de cara a Vengadores 4 y su lugar en la cada vez más abarrotada línea temporal de Marvel. Pues bien, la película de Peyton Reed transcurre antes de los acontecimientos de Infinity War y en su mayor parte es independiente del arco central del MCU, con el que entronca al final. Lo que tenemos aquí es otra aventura de Scott Lang (Paul Rudd), esta vez con la Avispa de Hope Van Dyne (Evangeline Lilly) compartiendo protagonismo (es la primera vez que un personaje femenino figura en el título de una película de Marvel), y poco más. Es decir, no se trata de una película llena de cameos y giños para potenciar la continuidad y la interconexión de este universo. Y mejor así.

Después de su participación en Civil War, Scott debe lidiar con las consecuencias de sus actos en forma de arresto domiciliario. Los días pasan lentamente y las visitas de su hija, Cassie, lo mantienen ocupado y feliz durante su condena. A pocos días de quedar libre, Hope y su padre, Hank Pym (Michael Douglas) regresan a su vida y le encargan una urgente misión: ayudarles a encontrar a Janet Van Dyne (Michelle Pfeiffer), con la que el Hombre Hormiga estableció una conexión sensorial durante su peligrosa incursión en el reino cuántico. La tarea de traer de vuelta a la madre de Hope y mujer de Hank se complica con la aparición de un nuevo enemigo, Fantasma, y los trapicheos del malvado diseñador de armas Sonny Burch (Walton Goggins).

Ant-Man y la Avispa es una continuación orgánica de la primera entrega, mucho más relajada y ligera que la mayoría de películas del Universo Marvel. Pero también la menos memorable en un tiempo. Se agradece de nuevo el cambio de aires con una aventura de dimensiones más abarcables y mucho menos en juego, donde lo que está en manos de los héroes no es el destino del universo, sino el suyo propio y el de su familiaAnt-Man y la Avispa es divertida y tiene corazón, y aunque a estas alturas, decir esto sobre una película de Marvel es como no decir nada, no debemos subestimar el valor de una película de aventuras bien hecha solo porque no sea tan grandiosa como otras. Dicho esto, la secuela no es imprescindible, sus chistes son menos ingeniosos que la primera vez y su trama está menos trabajada, lo que hace que se desvanezca rápidamente.

Ahora bien, Marvel ha perfeccionado de tal manera su forma de hacer cine que, aun siendo una entrega menor, Ant-Man y la Avispa cumple con lo que se espera del estudio y viene genial después de la abrumadora Infinity War. Reed utiliza los poderes de sus héroes (manipulan su tamaño, así como el de la materia a su alrededor) para componer escenas de acción cargadas de humor y con efectos visuales excelentes que, si bien no llegan al nivel de inventiva de la primera parte (nada aquí está a la altura de la pelea en el maletín o el clímax en la habitación de Cassie), resultan muy vistosas, ágiles y divertidas. Esta es quizá la película de Marvel en la que la panificación y el montaje están más refinados, sacando provecho de cada vez que un personaje reduce o aumenta su tamaño para impulsar la acción o hacer reír.

Pero sin duda, lo mejor de Ant-Man sigue siendo su protagonista, Scott Lang, uno de los héroes más encantadores del Universo Marvel. Evangeline Lilly está estupenda como la Avispa, y de hecho, Hope es quien lleva las riendas del film (ya era hora de que un personaje femenino pasase al frente), pero es Paul Rudd (siendo Paul Rudd) el que se lleva el gato al agua. Otra vez. También hay que mencionar a Michael Peña, que vuelve a conquistar con su entusiasmo, naturalidad e irresistible sentido del humor (sus resúmenes a la velocidad de la luz siguen siendo tronchantes). Y por supuesto, Michael Douglas (más desatado que en la primera) y la mítica Michelle Pfeiffer, que sale poco (contábamos con ello), pero qué placer y privilegio es verla siempre. Finalmente, después de dejarnos traumatizados con Thanos, Marvel vuelve a su tradición de los villanos desaprovechados y olvidables, con un grupo de malhechores de lo más insulso, más propios del malo de la semana en una serie de televisión.

En resumen, Ant-Man y la Avispa es una disfrutable comedia de acción que se sostiene por sí sola a la vez que encaja perfectamente en los planes del universo de ficción al que pertenece (la impactante primera escena de los créditos finales conecta directamente con Infinity War, como era de esperar). Aunque no es tan creativa como la primera y su trama resulta menos interesante (la pseudociencia se va de las manos y es fácil desconectar con la historia), son sus simpáticos personajes, y los pequeños momentos que protagonizan, lo que hace que resulte tan refrescante y nos deje una sonrisa en la cara.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Crítica: Deadpool 2

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La primera aventura de Deadpool en el cine supuso un bienvenido revulsivo que aportó un enfoque diferente al que Marvel Studios ya había implantado como institucional en el género de superhéroes. El antihéroe de Marvel debutaba en solitario en el Universo X-Men de Fox con una propuesta violenta, irreverente y pasada de rosca que conquistaba a la audiencia y demostraba que era posible orientar este tipo de cine a un público exclusivamente adulto y aun así replicar su éxito masivo. Dos años más tarde llega la secuela, y lo hace en el momento perfecto, ni un mes después del estreno de la colosal Vengadores: Infinity War. La ligereza y el descaro de Deadpool 2 nos vienen de perlas para relajarnos un poco después del intenso acontecimiento dirigido por los hermanos Russo. Preparen sus chimichangas y disfruten del espectáculo.

David Leitch (John Wick, Atómica) sustituye a Tim Miller en la dirección, pero el cambio de realizador no resulta en ningún cambio evidente en la pantalla. Al contrario, Deadpool 2 es muy similar, por no decir idéntica, a la primera entrega tanto en estilo como en ritmo y tono… Esto se debe quizá a que, antes que nadie, la franquicia pertenece a una persona: Ryan Reynolds, el actor que encontró en el personaje del Mercenario Bocazas la mejor oportunidad para darle un vuelco a su accidentada carrera comercial y salir resucitado y victorioso como uno de los actores más carismáticos del cine de superhéroes actual. Reynolds es el rey de Deadpool, y en su secuela vuelve a probar que lleva el personaje como si fuera una segunda piel.

Aquí es donde habría que decir que Deadpool 2 sigue las normas de las secuelas multiplicándolo todo por dos. Y por muy cliché que sea, sería totalmente cierto. La película toma todo lo que funcionaba de la primera parte y lo duplica, o incluso triplica: el humor meta, el lenguaje sucio, la metralleta de referencias pop, el gore y la ultraviolencia estilizada, las trepidantes y excelentemente ejecutadas escenas de acción, la cámara lenta, la jocosa banda sonora (el tema de Céline Dion sobre los créditos iniciales es pura magia), las rupturas de la cuarta pared; todo vuelve, en mayor cantidad, y, afortunadamente, con la misma gracia y eficiencia. Y aun así, el guion (coescrito por Reynolds) se las arregla para ser impredecible y retorcer algunas de las convenciones de las segundas partes, al más puro estilo Deadpool. Por ejemplo, en lo que se refiere al nuevo grupo de mutantes, Fuerza-X, que quizá no sea lo que el espectador espera, y sobre todo en la escala de la película, que se mantiene al nivel de la primera, esquivando el agotador y enésimo fin del mundo en su tercer acto, lo cual siempre se agradece.

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Además del debut de Fuerza-X, Deadpool 2 introduce otros nuevos personajes. Del eXtraño nuevo supergrupo, quien adquiere mayor protagonismo en la historia es Domino, interpretada por Zazie Beetz (Atlanta), que aporta frescura y carisma con un personaje lleno de posibilidades. Otro fichaje de la secuela es Julian Dennison (la revelación de Hunt for the Wilderpeople), que da vida a Russell, un niño mutante con el poder del fuego cuya historia enlaza con el tema que vertebra la película: la familia. Cuando el protagonista dice que Deadpool 2 es una película familiar, no miente, y es que la secuela lleva a cabo una más que acertada (aunque convencional) reflexión sobre la sensación de pertenencia y la familia creada. Y por último, pero no por ello menos importante, Josh Brolin encarna al villano Cable, un mutante que viene del futuro con la misión de acabar con la vida de Russell y cambiar así el destino de su familia. Brolin se confirma como un acierto de casting mayúsculo (no literalmente, como le recuerda Deadpool), aunque quizá sea conveniente no esperar demasiado del personaje.

Por lo demás, Deadpool 2 recupera a los personajes de la primera parte. Vuelven Vanessa (Morena Baccarin), Comadreja (T.J. Miller), Ciega Al (Leslie Uggams), y el que es probablemente el mejor secundario de la franquicia, el humano Dopinder (Karan Soni). Mención aparte merecen Coloso (Stefan Kapicic) y Negasonic Teenage Warhead (Brianna Hildebrand). El primero por ser un recurso cómico excelente y la segunda por contribuir a romper barreras en el cine de superhéroes. En la secuela, la mutante adolescente tiene novia (una de verdad, no uno de esos “momentos exclusivamente gays” que si parpadeas te los pierdes y no sirven para nada), Yukio (Shioli Kutsuna), lo que, además de proporcionar uno de los running gags más simpáticos de la película, aporta visibilidad a la comunidad LGBT, un paso muy fácil de dar con el que, sin embargo, otros estudios no se atreven. A falta de ver un novio o rollete para Wade Wilson (que sigue manifestando su pansexualidad solo a través de chistes), gracias a NTW y la fluidez sexual que recorre los diálogosDeadpool 2 se convierte en una de las películas de superhéroes más tolerantes y normalizadoras hasta la fecha.

Pero que la palabra “tolerancia” no os dé la impresión equivocada. Deadpool sigue siendo tan cafre y tan bestia como hace dos años. De hecho, más. La secuela vuelve a testear los límites de la calificación Rated-R para ofrecernos una orgía de sangre, desmembramientos y bromas sexuales no apta para mojigatos. ¿Que el humor es en el fondo infantil y no supone innovación alguna con respecto a la anterior? Por supuesto. ¿Que sigue siendo tan eficaz como la primera vez? Sí rotundo. En Deadpool 2 la novedad ha desaparecido, pero la película sabe exactamente cómo compensarlo: yendo a por todas. No todos los chistes funcionan (es lo que pasa cuando bombardeas con cinco seguidos cada dos segundos), pero los que lo hacen, lo hacen a lo grande. La película está llena de geniales golpes de humor y gags memorables que vuelven a elevar lo que es un argumento más bien escueto.

Deadpool 2 hará las delicias de los que disfrutaron de la primera entrega. Reynolds vuelve a realizar una interpretación cómica brillante (da igual con quién comparta escena, la química es palpable y las chispas saltan), el guion no deja títere con cabeza gracias a los salvajes y gratuitos ataques al cine de superhéroes (Reynolds se ensaña consigo mismo y los suyos casi tanto o más que con la competencia), los fans de X-Men se van a llevar sorpresas muy divertidas en forma de guiños y cameos, y puede que las escenas post-créditos sean las mejores que hemos visto hasta la fecha. Es más, es posible que sean lo mejor de toda la película. Simplemente enormes. Con todo esto, además de una considerable dosis de romance y emoción, Deadpool 2 evita la mala suerte de segundas partes como las de las afines Kick-AssKingsman para dejarnos una hilarante secuela a la altura de la original. Si no mejor.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

‘Vengadores: Infinity War’: Un acontecimiento de proporciones titánicas

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Todo está conectado y todo ha conducido hasta aquí. El principio del fin. El final de un principio. Después de una década, tres fases y 18 películas, da comienzo la culminación del Universo Cinematográfico Marvel tal y como lo conocemos con Vengadores: Infinity WarAunque técnicamente sea la tercera entrega de Vengadores (la cuarta si contamos Capitán América: Civil War), esta vez es distinto, y se siente en cada fotograma. Se trata del clímax de todo un universo de ficción construido con admirable paciencia y planificación, un desenlace que promete sacudir fuertemente sus cimientos antes de iniciar la siguiente etapa.

Si La era de UltrónCivil War ya contaban con repartos multitudinarios, lo de Infinity War es la macro-reunión más impresionante que nos ha dado el cine de superhéroes hasta la fecha. Parecía imposible, pero Marvel lo ha conseguido. A Los Vengadores se suman los Guardianes de la Galaxia y otros muchos aliados para enfrentarse a la mayor amenaza de su historia, Thanos. El Titán Loco planea hacerse con las Gemas del Infinito para llevar a cabo su ambicioso plan de transformar y dominar el cosmos entero. Los héroes deberán proteger las Gemas de su familia de secuaces, la Orden Negra, para evitar que su enemigo se convierta en un ser todopoderoso y ponga fin al universo.

Un argumento relativamente sencillo para describir una historia que lleva desarrollándose a lo largo de tanto tiempo con múltiples frentes y ramificaciones. Los hermanos Russo, que dirigieron las dos anteriores entregas del Capitán América, El soldado de invierno y Civil War, se hacen cargo del reto más complicado de los diez años de Universo Marvel, unificar todo lo visto hasta ahora y hacer que confluya en dos horas y media de película. El resultado es sin duda satisfactorio, en especial para aquellos que hayan seguido devotamente el Universo Marvel (los espectadores casuales probablemente no se enterarán de nada). En recompensa a la fidelidad de los marvelitas, Infinity War les da todo lo que querían. Y después mucho más.

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Porque en realidad, más que una película, Infinity War es un evento. Uno orquestado para hacer que los fans de Marvel se queden pegados a su asiento y no pestañeen ni una vez, por miedo a perderse algo importante. Infinity War redefine el término “épico”. Es grande. Enorme. Tanto que puede ser difícil abarcar todo lo que pasa en ella y acabar siendo una experiencia abrumadora. Pero eso es justo lo que esperábamos, un acontecimiento como ninguno otro en el cine reciente, un aluvión de información y sensaciones, el crossover para acabar con todos los crossovers.

En Infinity War coinciden por primera vez (casi) todos los personajes principales de Marvel a los que hemos conocido en anteriores películas. Los Vengadores, los Guardianes, Spider-Man, Doctor Strange, Black Panther… La historia transcurre en multitud de emplazamientos, recorriendo toda la galaxia conocida para (re)introducir a los héroes, conducirlos los unos hacia los otros y formar varios grupos con ellos. A pesar de que esto causa la inevitable fragmentación y el amontonamiento que suele lastrar este tipo de reuniones superheroicas, los Russo consiguen que todo encaje, conservando los estilos individuales y las voces de los personajes, lo cual ayuda a unificar un todo disperso y muy bullicioso. Además, gran parte de la acción transcurre en el espacio o alejada de núcleos urbanos, dando a la película una dimensión cósmica aglutinadora y ya de paso evitando volver a caer en el hastiado recurso de la destrucción de una ciudad.

Por supuesto, tantos personajes y tramas entrelazadas provocan los consabidos problemas: unos héroes quedan irremediablemente desplazados por otros (sorprende el poco peso que tienen Capitán América y Viuda Negra, seguramente reservados para la próxima) y el constante ajetreo al viajar de un rincón a otro de la galaxia puede llegar a agotar. Además, algunas escenas de batalla, por muy espectaculares que sean (y lo son, mucho), son tan vertiginosas y abarrotadas que corren el riesgo de saturar al espectador -nada a lo que no estemos habituados, por otro lado.

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Aun así, hay que elogiar de nuevo a los Russo porque, pese a todo esto, logran mantener el interés de principio a fin y que la película no tenga bajones de ritmo. Lo hacen cumpliendo a rajatabla el decálogo de Marvel, combinando acción, humor, épica y emoción de forma infalible. En Infinity War no hay minutos desaprovechados ni pasos en falso. Acierta dosificando bien la comedia (aunque sobra el product placement de los diálogos), sacando partido de las interacciones (y choques) entre personajes para dejarnos chistes verdaderamente inspirados y momentos muy divertidos a pequeña escala que suponen un respiro en contraposición a la magnitud de la película, y siempre teniendo en cuenta los vínculos que los unen y los motivan. De hecho, los héroes tienen el poder de derrotar a Thanos, pero es la lealtad y el amor que se profesan lo que dificulta su tarea de acabar con el villano y salvar el universo. Y ese es quizá el mayor acierto del film. Y del Universo Marvel en general. Que nunca pierde de vista el corazón que lo bombea y la importancia de anclar la acción en los personajes y sus relaciones.

Otro aspecto en el que Infinity War se salda con éxito es en la construcción del villano. Llevábamos mucho tiempo esperando ver a Thanos en acción y lo cierto es que no defrauda. Josh Brolin (a quien se puede identificar claramente tras el CGI) crea un antagonista grandioso y carismático cuyas apariciones en pantalla transmiten la tensa amenaza e imprevisibilidad que caracteriza al gigante púrpura, magnificadas por el impactante realismo de su rostro, fruto de un excelente trabajo de efectos digitales. Aunque no deja de ser el clásico monstruo con ansias de poder y control, el guion asocia su comportamiento a la compleja relación familiar que tiene con Gamora, lo que hace que presente muchas más capas que otros malos de Marvel. No tanto su séquito, la Orden Negra, que con excepción de Ebony Maw, están desdibujados y parecen personajes de World of Warcraft que se han perdido y han ido a parar a los pies del villano.

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Volviendo a Gamora, es necesario destacar la interpretación de Zoe Saldana, que comparte con Brolin el peso de la trama central, dándole un enfoque inesperadamente conmovedor a su personaje. Aunque en general, el trabajo de todo el reparto es sólido, con cada actor y actriz repitiendo aquello que tan buenos resultados les dio en películas anteriores. El descaro de Robert Downey Jr., la inocencia entusiasta de Tom Holland, la nobleza de Chris Evans, la fuerza de Elizabeth Olsen y su conexión con Paul Bettany, la afabilidad cercana de Mark Ruffalo, la fusión de gracia tontorrona y dramatismo imponente de Chris Hemsworth, la chispa impredecible de Dave Bautista… El dominio que tienen sobre sus personajes y lo definidos que estos están confirma una vez más cuál es el gancho real de estas películas, haciendo que los momentos individuales sean mejores que la suma de las partes.

En definitiva, y aun con sus defectos, Infinity War supone otra victoria para la Casa de las Ideas, una experiencia intensa, emotiva, visceral, visualmente desbordante y llena de sorpresas, en la que, por primera vez en el Universo Marvel, tenemos la sensación de que puede ocurrir cualquier cosa (y cuando lo hace, golpea tan fuerte que cuesta recuperarse). Estaremos hablando durante mucho tiempo de su escalofriante final, un cliffhanger que deja la impresión de haber visto solo la primera mitad de algo, pero también dispara hacia las estrellas la expectación y el miedo por saber qué nos deparará la segunda.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

Crítica: Black Panther

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La evolución de Marvel a lo largo de la tercera fase de su Universo Cinematográfico ha saltado a la vista. Sin salirse de los parámetros fijos que lo han convertido en una máquina de blockbusters, el estudio ha probado cosas nuevas con sus películas más recientes (exceptuando la secuela de Guardianes de la Galaxia, que fue una prolongación de la fórmula de la primera). Con Doctor Strange introdujeron la magia y lo místico, con Spider-Man: Homecoming hicieron una película de instituto, y con Thor: Ragnarok dieron total libertad al director, que reinventó la franquicia a base de improvisación y comedia absurda.

La nueva entrega de Marvel, Black Panther, continúa por este camino. Ryan Coogler (Creed) dirige una película que, sin dejar de ser Marvel, es totalmente distinta, algo nunca visto en los 10 años de historia del estudio (esta vez de verdad). Aunque es solo en principio y queda mucho por hacer, con Black Panther, Marvel salda una deuda pendiente, la de la diversidad racial, presentando un reparto formado al 90% por personas negrasaumentando el número de personajes femeninos. No podía ser de otra manera teniendo en cuenta que gran parte de la película transcurre en el continente africano y aborda de frente temas como la identidad racial, sus raíces en la cultura indígena y la percepción que los demás tienen de ella.

Black Panther nos invita a conocer la tierra de Wakanda, la Atlantis de África, una nación aislacionista oculta en medio del continente, donde la tradición de las tribus convive con los avances científicos y tecnológicos más punteros, posibles gracias al poderoso material conocido como Vibranium, y el futuro no ha engullido al pasado, sino que se ha fusionado con él. Tras la muerte de su padre, el soberano de Wakanda, T’Challa (Chadwick Boseman) regresa a su hogar para ser proclamado rey y recibir los poderes de Black Panther. Sin embargo, la aparición de un viejo enemigo interesado en hacerse con el Vibranium para construir y vender armas a otros países, dificulta su ascenso al trono, arrastrándolo a él y a sus súbditos hacia un conflicto internacional que pone en peligro el destino de Wakanda.

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Más ambiciosa y comprometida de lo habitual, Marvel ha realizado con Black Panther una película oportuna y políticamente relevante, la cinta de superhéroes necesaria para plantar cara a la América de Trump (de ahí que la extrema derecha haya intentado boicotearla). Y no hay que ser muy avispado para captar sus mensajes: “En tiempos de crisis, los sabios construyen puentes, los necios los destruyen”. Wakanda es tradición, legado y familia, y su historia una exuberante celebración de la cultura africana (que no nos extrañen las comparaciones con El Rey León) y una llamada a su preservación ante la opresión y la apropiación por parte del resto del mundo. Pero también es un canto a la unidad y la comunidad global, a la necesidad de la comunicación y la cooperación internacional por el bien del planeta. Es decir, Black Panther saca las garras para defender su tierra, pero después las extiende para que se las estrechen, ofreciendo así un ejemplo a seguir para dirigentes y nuevas generaciones.

Claro que, además de captar el Zeitgeist como pocas (ahí está la fantástica banda sonora de Kendrick Lamar como prueba), Black Panther no se olvida en ningún momento de que es una película de superhéroes, dándonos la diversión -en este caso con mucho menos humor, aunque siga siendo esencialy acertado- y el espectáculo bien medido que cabe esperar de Marvel. A este respecto, hay que destacar la labor de Coogler a la dirección. En Creed (el spin-off de Rocky) ya demostró tener muy buena mano para la acción y aquí la vuelve a poner en práctica para realizar una de las películas más físicas y potentes de Marvel. A las contundentes y estilosas escenas de acción (de los mejores combates y persecuciones del MCU, más otro clímax impresionante) se suma el poderío visual de la película, de una riqueza estética y cromática que lleva el cine de superhéroes a otro nivel. Wakanda cobra vida gracias a una dirección artística excelente y un diseño de vestuario reflejo de la pluralidad africana que, si hay justicia, será nominado al Oscar.

Por otro lado, nada de esto sería tan importante sin el factor humano. Y en Black Panther, la mayoría de personajes brillan tanto como sus trajes y armas. La película cuenta con un reparto de lujo, encabezado por Chadwick Boseman, que tras su exitoso paso por Capitán América: Civil War, se confirma como otro gran acierto de casting de Marvel, y agraciado por la presencia de Angela Bassett, Forest Whitaker, Martin Freeman, la oscarizada Lupita Nyong’o (aquí por fin dando vida a un personaje humano) o el nominado al Oscar Daniel Kaluuya. A Andy Serkis, el maestro de la motion capture cuyo talento interpretativo suele infravalorarse al “ocultarse” tras los efectos digitales, por fin se le da un personaje para lucirse dando la cara (como a Lupita). Y como adelantaba antes, el papel de la mujer es mucho más amplio, diverso y dinámico que en cualquier película anterior del estudio, en especial gracias a las robaescenas Danai Gurira, que encarna a la impulsiva Okoye, y Letitia Wright como Shuri, la simpática hermana menor de T’Challa. Mención aparte merece Killmonger, interpretado por un imponente Michael B. Jordan, con quien Marvel esquiva (aunque sea momentáneamente) su maldición de los villanos desaprovechados. La intensidad y emoción con la que Jordan aborda el personaje es uno de los puntos más fuertes del film. Un espectáculo en sí mismo.

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Black Panther no es una película perfecta, y no, tampoco es la mejor del estudio. Como le ocurre a muchas entregas de Marvel, al comienzo le cuesta centrarse, la abundancia de tramas y personajes resulta en fragmentación excesiva y fallos de ritmo que pueden hacer que las más de dos horas que dura acaben pesando, y además, los efectos digitales vuelven a dar demasiada sensación de animación en algunas secuencias de acción. Pero defectos aparte, lo que quizá sí sea es la película de Marvel más importante hasta la fecha. La Casa de las Ideas ha encontrado la manera de poner su infalible fórmula no solo al servicio del entretenimiento de calidad, sino también de un bien mayor, haciendo por fin caso a eso de que la representación importa. Por eso, Black Panther está llamada a ser un fenómeno cultural y un bienvenido punto de inflexión en el cine de superhéroes. Wakanda Forever.

 

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Thor Ragnarok

A pesar de la fuerza y grandiosidad que caracteriza al personaje, Thor siempre ha sido uno de los eslabones más débiles del Universo Cinemático Marvel. El personaje interpretado por Chris Hemsworth ha brillado junto a Los Vengadores, pero sus entregas en solitario, Thor (2011) y Thor: El mundo oscuro (2013), no han tenido tan buena acogida por parte de público y crítica como las de otros héroes de este cosmos de ficción. Seguramente por esta razón, Marvel ha decidido que a la tercera va la vencida y le ha dado a la franquicia del Dios del Trueno un significativo lavado de cara con Thor: Ragnarok.

La película número 17 de Marvel es en cierto modo un reboot de Thor (muy metafórico corte de pelo incluido), un volantazo con el que Kevin Feige se aleja del tono serio y grandilocuente implantado por Kenneth Branagh en la primera entrega y emprende un nuevo rumbo, sin por ello sacrificar la épica intrínseca de la historia del hijo de Odín. Como se pudo ver en sus adelantos promocionales y como se confirma al ver el film, el modelo a seguir para realizar este reset ha sido Guardianes de la Galaxia. Adoptando el patrón de la franquicia de James Gunn, la nueva Thor tiene más comedia, más acción estrambótica y sobre todo, más color. La psicodelia, los sintetizadores, los láseres y la paleta cromática más chillona y cegadora se apoderan de los Nueve Reinos para darnos una aventura más ligera y completamente imbuida del espíritu de los 80 (el de Golpe en la pequeña China Flash Gordon), hermanando así a Thor con Starlord y su banda de forajidos intergalácticos.

Tras las cámaras se encuentra Taika Waititi (director de joyas como Lo que hacemos en las sombrasHunt for the Wilderpeople), una elección a priori chocante por parte de Marvel, que sin embargo se revela completamente acertada, además de coherente con la nueva estrategia creativa de Feige. La peculiar personalidad y el humor excéntrico de Waititi se pueden detectar a lo largo de toda la película, pero más allá de dejar su sello inconfundible, el realizador neozelandés ha sabido adaptar el idiosincrásico estilo de su cine al esquema general de Marvel. Es decir, Thor: Ragnarok es clara e inequívocamente un trabajo de Taika Waititi (como atestiguan entre otras cosas los cameos y secundarios interpretados por los habituales de su cine, como Rachel House, Sam Neill o él mismo), pero también es una película de Marvel. Esta vez, director y estudio han hallado el equilibrio y entendimiento adecuados para que la visión de uno no ahogue la del otro, como ha pasado ya en varias ocasiones (Ant-ManVengadores: La era de Ultrón), y que la voz individual del cineasta le dé una nueva capa de barniz a la franquicia sin que esta quede irreconocible (algo que, por otra parte, Feige no permitiría).

Siguiendo asimismo la estela de las más recientes secuelas de Marvel, Thor: Ragnarok es una película repleta de ideas, sorpresas, easter eggs y cameos (incluido el Doctor Strange en una aparición un poco metida con calzador), con numerosas tramas entrelazadas que conectan la historia con el pasado y el futuro del UCM. El film arranca con Thor preso al otro lado del universo, intentando escapar para evitar que la profecía del Ragnarok se cumpla y destruya su planeta natal, suponiendo el fin de la civilización asgardiana. Allí, Loki (Tom Hiddleston) continúa haciendo de las suyas, mientras Heimdall (Idris Elba) está desaparecido y los Tres Guerreros custodian las puertas del reino. Asgard entra en crisis con la aparición de Hela (Cate Blanchett), una poderosa nueva amenaza que busca hacerse con el control del universo. Tras su primer enfrentamiento con ella, Thor va a parar a Sakaar, un recóndito planeta en el que deberá sobrevivir a una competición letal de gladiadores, donde tendrá que luchar contra su “amigo del trabajo”, el Increíble Hulk, con quien protagoniza el reencuentro más esperado por los fans de Marvel. Junto a él y su nueva aliada, Valquiria (Tessa Thompson), Thor intentará huir de las garras del Gran Maestro (Jeff Goldblum) y regresar a Asgard para acabar con Hela.

Ese es el argumento muy a grandes rasgos de Thor: Ragnarok. Si creéis que he desvelado algo importante, no os preocupéis, no lo he hecho. Como decía, la película está llena de giros, y descubrirlos es uno de sus mayores alicientes (siempre que Marvel no los estropee todos antes de tiempo). Aunque también es cierto que su ajetreada y ramificada trama puede llegar a jugar en su contra. A Thor: Ragnarok le ocurre como a otras entregas marvelianas, pasan tantas cosas y hay tantos frentes abiertos que esto provoca por momentos falta de cohesión narrativa y una fragmentación que afecta al ritmo, a lo que contribuye además un metraje quizá excesivamente largo. Si una película de Marvel pedía una aventura de hora y media, como Waititi había bromeado (“90 minutos de película y 40 de créditos”), era esta. Esa habría sido su mayor osadía.

Y ese es el mayor problema de una película que, no obstante, funciona con la eficacia probada de casi todas las entregas de Marvel. Thor: Ragnarok da lo que se espera de la Casa de las Ideas, pero también es su película más alocada y marciana hasta la fecha. Desde las impresionantes batallas y escenas de acción (hay planos épicos para enmarcar, además de mucha comedia física), al hilarante humor (80% improvisado, según Waititi, y lleno de golpes geniales), pasando por la electrizante banda sonora de Mark Mothersbaugh (el primer score realmente memorable de Marvel, aunque no sea nada que no hayamos escuchado en Stranger Things Turbo Kid) y su estrafalario diseño de producción, maquillaje y peluquería, la película se zambulle en lo retro de forma más desenfadada si cabe que Guardianes de la Galaxia y, a su manera, también más arriesgada.

Otro de los puntos fuertes de Thor: Ragnarok es su fabuloso reparto. Hemsworth lleva a cabo su interpretación más afinada como Thor, gracias sobre todo al impulso de Waititi para que dé rienda suelta a su fantástica vis cómica y haga el ganso con Ruffalo y Hiddleston, que también se prestan a pasarlo en grande. Así, Thor, Hulk y Loki nos dan dos divertidas buddy films por el precio de una, con la novedad de que en esta ocasión el Gigante Esmeralda habla, lo que Waititi utiliza para hacer reír mientras explora la dualidad del personaje.

Por otro lado, las nuevas incorporaciones son inmejorables. De hecho, aquí no hay un robaescenas como suele ser habitual, sino un reparto formado por robaescenas. Tessa Thompson es una de las grandes revelaciones de la película, dejándonos una Valquiria inesperada pero muy carismática. Jeff Goldblum brilla interpretando a un chiflado divertidísimo que hará las delicias de sus admiradores, ya que se limita a ser él mismo (y no hay nadie más guay que Goldblum). El propio Waititi da vida a un secundario hecho para conquistar al público (sobre todo a su publico), Korg, un adorable (sí, adorable) guerrero extraterrestre que bien podría ser un personaje de una hipotética versión alenígena de Lo que hacemos en las sombras. Y por último, Cate Blanchett, ante la que es imposible cerrar la boca cada vez que aparece en pantalla. Después de su madrastra de Cenicienta, la actriz australiana vuelve a explotar su registro más exagerado con una malvada de presencia, sensualidad y elegancia arrebatadoras y una vertiente burlesca muy desarrollada. Sin embargo, la película no escapa de la maldición de los villanos desaprovechados, dejándonos con la sensación de que podía haber hecho mucho más con ella.

Thor: Ragnarok tiene sus problemas, como todas las de Marvel (el citado exceso de tramas, un abarrotado tercer acto, un CGI algo inconsistente en las cortas distancias) y esta heterodoxa e hipercómica reinvención del Dios el Trueno no casará con muchos fans (por no hablar de los detractores de Marvel), pero hay que felicitar al estudio por atreverse a salirse del molde y dejar que el director lleve realmente las riendas del proyecto. Visualmente, el film es una absoluta gozada (la espectacular fotografía corre a cargo de nuestro Javier Aguirresarobe, por cierto) y nos da el infalible cóctel de acción, humor y emoción que ha encumbrado a Marvel a lo más alto, pero gracias a ese enfoque tan personal de Waititi y a que no se toma tan en serio como sus predecesoras, Ragnarok deja mucho margen para la sorpresa, convirtiéndose así no solo en la mejor y más divertida entrega de Thor, sino también en la película más extraña y diferente de Marvel.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Las comparaciones son odiosas: Inhumans vs. The Gifted

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En los cómics de superhéroes es muy habitual ver enfrentamientos entre las distintas especies que pueblan sus mundos en grandes eventos crossover que siempre prometen sacudir los cimientos de su universo. Uno de los que ha tenido lugar más recientemente en Marvel Comics opone a los Inhumanos y la Patrulla X, que en años recientes han sido objeto de varias polémicas por el tratamiento que la editorial les ha otorgado a raíz de su complicada situación en el terreno audiovisual. En pantalla, dicho crossover sería sencillamente imposible, ya que aunque en las páginas de los tebeos comparten universo, en cine y televisión, sus derechos pertenecen a estudios distintos. Inhumanos es de Marvel Studios mientras que los X-Men pertenecen a 20th Century Fox. Por eso, ya que un crossover audiovisual queda descartado, solo nos queda trasladar la batalla a la plaza de Internet para determinar cuál de las dos especies sale ganando.

Marvel Studios lleva una década generando éxito tras éxito en la gran pantalla, mientras que 20th Century Fox ha tenido más problemas para sacar el máximo partido a sus propiedades marvelianas, Los 4 Fantásticos, X-Men y sus personajes derivados, aunque recientemente ha encontrado la manera de hacerlo: experimentando con los géneros y arriesgando con las calificaciones por edades. En televisión, la cosa cambia. Marvel no ha conseguido despegar en ABC, con Agents of S.H.I.E.L.D. ahogándose en las audiencias a pesar de haber mejorado con cada temporada, Agent Carter cancelada y las series de Netflix empezando fuerte y perdiendo fuelle hasta llegar al mashup que ha decepcionado a muchos fans, The Defenders. Por otro lado, la rama live-action de Fox no se había aventurado en la ficción televisiva hasta este año, que estrenaba la provocativa y psicodélica Legión, con muy buena recepción por parte de público y crítica.

Para inaugurar el otoño, Marvel y Fox han lanzado sendas series superheroicas y, lógicamente, han despertado inevitables comparaciones. En primer lugar, la Casa de las Ideas ha presentado a la familia real de Attilan con Inhumans, cuyos dos primeros episodios han pasado primero por cines IMAX con resultados muy pobres. Por otro lado, los mutantes se han pasado de FX (donde se emite Legión) a la network en abierto Fox, donde ha dado comienzo otro asunto familiar, The Gifted, drama del universo X-Men esta vez orientado a un público más amplio y, digamos, tradicional que las marcianas aventuras de David Haller. En sus primeras semanas en antena, la audiencia ha proclamado una clara ganadora. Veamos por qué.

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Lo de Inhumans ha sido la lenta y agonizante crónica de una muerte anunciada. En 2014, el mandamás de Marvel Studios Kevin Feige anunciaba su película para la Fase 3 del Universo Cinemático Marvel. Sin embargo, el proyecto sufrió varios contratiempos hasta caerse del calendario y quedar pospuesto de forma indefinida. A finales de 2016 Marvel anunció que Inhumans seguía adelante, pero no como película, sino como serie de ABC. Feige había escurrido el bulto hacia la tele, donde el villano real Ike Perlmutter (CEO de Marvel Entertainment) lleva a cabo sus fechorías al margen de su archienemigo. Los fans pusieron el grito en el cielo. Una propiedad tan exuberante y fantástica como los Inhumanos no encajaba en el estilo más bien low cost de la cadena del alfabeto. Su preestreno en la pasada Comic-Con confirmó los mayores temores de la audiencia. Inhumans era un desastre y la proyección de su piloto había provocado risas entre los asistentes a la convención. Su paso por IMAX sirvió para que los pocos que la vieron se preguntaran cómo era posible que alguien hubiera dado su visto bueno para proyectar en pantalla grande algo tan cutre. Y su estreno a finales de septiembre en televisión, donde ocupaba la franja horaria de la muerte, los viernes, se saldaba con cifras de audiencia muy pobres, como era de esperar.

Pero, ¿de verdad la serie es tan mala como para haberse dado semejante batacazo? Realmente no. Es peor. Después de ver los primeros cuatro episodios solo puedo unirme a la voz colectiva que clama “¡¿Por qué?!” Es sencillamente increíble que Marvel dejase que algo tan extremadamente pobre en todos los aspectos viese la luz del día. No sorprende que detrás del proyecto se encuentre Scott Buck, el responsable del otro gran traspiés de Marvel TV, Iron Fist, quien después de estas dos series tendrá problemas (o eso esperamos) para volver a tomar las riendas de algo creativo en la compañía. Si Inhumans ya estaba condenada al fracaso, es Buck quien ha terminado de estrellarla contra la pared. La serie parece haber sido concebida como una especie de Juego de Tronos del Universo Marvel, pero el resultado, lejos de parecerse al éxito de HBO, más bien se acerca a lo que sería Hawaii 5.0 con (unos pocos) superpoderes.

Todo falla en Inhumans: un triste diseño de producción que hace que Attilan parezca una nave industrial escasamente amueblada por IKEA en lugar de un fastuoso reino situado en la Luna, vestuario que más bien parece cosplay (sin ánimo de ofender a los cosplayers), interpretaciones acartonadas y distantes (Serinda Sawn y Anson Mount no están mal teniendo en cuenta las circunstancias, pero ver a Iwan Rheon intentado luchar contra su acento británico y sufrir mientras trata en vano de resultar amenazante en sus escenas es muy incómodo – este no es nuestro Ramsay), diálogos de una ineptitud mayúscula, personajes planos y secundarios de una insulsez absoluta, creatividad y estilo visual de imaginación nula (parece que se esfuerzan en apagar los colores cuando tendría que ser al contrario), soluciones insultantes para abaratar costes de producción (a Medusa, cuya característica distintiva principal es su poderosa larga melena pelirroja, le rapan la cabeza en el primer capítulo)… Vamos, que Inhumans es una chapuza de la cabeza a los pies, una serie aburrida y falta de inspiración en la que nada funciona. Solo la presencia de Lockjaw, el perro teletransportador gigante, puede ayudar a tragar el engrudo, pero una mascota resultona no levanta una serie.

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En Fox, por el contrario, han empezado la temporada con mejor pie. Creada por Matt Nix (Burn Notice) y con piloto dirigido por el mismísimo Bryan Singer, The Gifted da al espectador desde el principio lo que se espera de una serie de superhéroes: acción, suspense, personajes llamativos, despliegue visual y superpoderes. La serie gira en torno a un matrimonio que acaba de descubrir que sus dos hijos adolescentes son mutantes y se ven forzados a escapar del gobierno y refugiarse junto a una red underground de mutantes, considerados terroristas por las autoridades. El piloto de The Gifted va directo al grano, está bien construido, combina drama y acción de manera acertada y presenta una historia con mucho potencial a explorar, mientras que los siguientes capítulos confirman el buen camino que la serie ha escogido.

Sin ser la panacea de los superhéroes, The Gifted hace bien todo lo que Inhumans hace mal. La puesta en escena y los efectos visuales son notables, las interpretaciones muy sólidas (ahí está nuestra Amy Acker, a la que siempre es un placer volver a ver, y la robaescenas nata Emma Dumont), y la historia engancha, con personajes y relaciones mucho más atractivas y cuidadas que las de los habitantes de Attilan. Otro aspecto en el que The Gifted sale ganando es en su forma de reflejar en su historia nuestro mundo, y en concreto la sociedad norteamericana tras la elección de Trump como presidente. Los cómics del universo mutante siempre han establecido paralelismos con la lucha contra la opresión de las minorías, de la comunidad LGBT+ o todo aquel que sea “diferente” a lo normativo. Y The Gifted saca provecho de esta idea para llevar a cabo una serie comprometida en lo que se refiere a la defensa de los derechos de los marginados por la sociedad y las víctimas del odio, uno de los principales hilos conductores de su argumento. Pero por encima de todo, The Gifted es entretenimiento digno y eficaz, una serie bien hecha con la que Fox sigue llevando a los mutantes por el buen camino, uno más convencional después de varias jugadas arriesgadas que le han salido muy bien.

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Así que el veredicto no puede ser otro: The Gifted gana el primer asalto. Y dudamos que Inhumans vaya a llegar al segundo. ABC no se ha pronunciado con respecto al futuro de la serie de Marvel, pero no pinta demasiado alentador (si no continúa, se ampararán en la excusa de que siempre fue concebida como una miniserie, que puede ser cierto, pero también es un claro plan de fuga). The Gifted, por otro lado, tampoco es que esté machacando los índices de audiencia, pero su acogida ha sido mucho más cálida, a la gente le está gustando y sus números por ahora parecen estabilizarse en la zona segura. En la gran batalla televisiva de 2017 Inhumanos vs. Mutantes ha ganado el rival más fuerte. Lo ideal habría sido que fuéramos los espectadores los que saliéramos ganando con dos buenas nuevas series de supehéroes, pero nos conformaremos con que al menos se salve una.

The Defenders (Episodios 1-4): La paciencia es la clave de la victoria

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En 2012 asistimos a uno de los acontecimientos más esperados del cine moderno, la reunión de los superhéroes de Marvel en Los Vengadores, el gran crossover en el que culminaban más de cuatro años de aventuras individuales, cerrando así la Fase 1 del Universo Cinemático Marvel. Pero aquello fue solo el principio. Mientras en el cine estamos inmersos en la Fase 3, la televisión desarrolla su propia versión de Los Vengadores, una réplica más, digamos, modesta, de los Héroes Más Poderosos de la Tierra. Justicieros que operan a nivel de calle y se enfrentan a amenazas menos grandiosas, pero igualmente peligrosas, y que habitan una zona más oscura y adulta de este universo de ficción.

Son Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage y Iron Fist, cuatro humanos con poderes especiales a los que hemos conocido en sus respectivas series de Netflix, y que por fin forman equipo en el crossover televisivo más esperado de los últimos tiempos, The Defenders. Cuatro series, cinco temporadas (recordemos que de momento solo hemos visto la segunda de Daredevil), 65 capítulos. Todo confluye aquí, en el acontecimiento catódico del verano. El camino hasta llegar a The Defenders no ha sido todo lo llano que esperábamos. La calidad de las series individuales ha diferido bastante, con las dos primerasDaredevil Jessica Jones, llevándose el mayor beneplácito de la audiencia, Luke Cage dejando más indiferente en general, y Iron Fist recibiendo las peores críticas del Universo Marvel. Aun así, el descenso en calidad no ha sido suficiente como para mermar las ganas de ver a estos cuatro superhéroes juntos en acción.

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Para cuando vemos a los cuatro ocupando el mismo plano en The Defenders, se nos olvida todo el relleno que hemos tenido que ver para llegar ahí y nos duele menos haber visto Iron Fist. De hecho, junto a Daredevil, la serie del Puño de Hierro es la más importante para seguir la trama central de The Defenders, directamente relacionada con la organización malvada La Mano y los poderes místicos de K’un-Lun. Así que, os haya gustado o no Iron Fist, no os arrepentiréis de haberla visto. Por mi parte, después de ver los cuatro primeros episodios de The Defenders, no solo me alegro de haber visto todas las series de Marvel/Netflix, aun con sus defectos, sino que he empezado a ver a Danny Rand de otra manera.

Como decía, solo he visto la primera mitad de The Defenders (lo que Netflix ha puesto a disposición de la prensa antes del estreno), pero ha sido suficiente para hacerme una buena idea general de lo que es la serie y despertar aun más el apetito por ver el resto. The Defenders cuenta tan solo con ocho capítulos, y aunque a priori se antoje escaso para encajar tantos personajes y tramas, lo cierto es que el resultado final no da la sensación de estar demasiado abarrotado o acelerado. Al contrario, la serie no podía ser más continuista en tono y ritmo, solo que ahora hay menos minutos que llenar, así que la historia se vuelve más compacta y no pierde el tiempo yéndose tanto por las ramas.

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The Defenders comienza con nuestros héroes separados, cada uno en su parcela de realidad de la ciudad de Nueva York. Y no podía ser de otra manera. Aunque nosotros los conocemos a todos, ellos aun no han sido presentados oficialmente (con excepción de Luke y Jessica), así que es lógico que tardemos un poco en ver al equipo tomando forma. En este sentido, los showrunners, Douglas Petrie y Marco Ramirez (afortunadamente, son los responsables de Daredevil los que toman las riendas del crossover), hacen un trabajo excelente estructurando la serie y dibujando la historia para llevarla hacia el emocionante encuentro. Al principio, The Defenders es cuatro series en una. Las respectivas apariciones de cada personaje reproducen el estilo visual, el color característico (rojo-azul-amarillo-verde) y la banda sonora de sus series individuales, así como continúan sus argumentos justo donde los dejó cada una. Esto puede ser chocante al principio, pero funciona, porque el espectador está perfectamente familiarizado con el lenguaje de cada serie, lo que le permite darle cohesión a todo en su cabeza.

A medida que The Defenders avanza, las tramas separadas se van entrelazando, los personajes secundarios de cada serie se empiezan a conocer, y poco a poco, los mundos de cada uno de ellos se van fusionando en uno solo, la Nueva York de los Defensores. Es un proceso que se cuece a fuego lento, pero que compensa enormemente cuando en el tercer episodio por fin vemos a los cuatro protagonistas compartiendo el mismo espacio y viéndose obligados a unir fuerzas por primera vez en la tradiconal y espectacular secuencia de lucha en el pasillo, una de las señas de identidad más distintivas de este universo televisivo. Para entonces, uno se da cuenta de que la espera ha merecido la pena. Vaya si ha merecido la pena.

The Defenders supone una mejora enorme con respecto a la serie que la precede inmediatamente, Iron FistEn la serie colectiva, el listón vuelve a subir. Los secundarios no solo no son una distracción de lo que de verdad nos importa, sino que aportan bastante a la historia (ayuda que se hayan traído a los que más nos interesan y se hayan dejado atrás a los eslabones más débiles), las interpretaciones de los protagonistas están más inspiradas, los diálogos son mejores, las coreografías de acción vuelven a brillar como en Daredevil, la cámara se mueve con más agilidad, se puede detectar más creatividad en los planos, en el montaje (hay unas cuantas transiciones entre las dispares tramas y estilos que son bastante ingeniosas), en el uso del color, y por último, hay más humor. Y es mejor.

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En este sentido, la presencia de Krysten Ritter como Jessica Jones es esencial. Sus chascarrillos sarcásticos funcionan como audiocomentario, apuntando a lo absurdo de la historias de cada héroe y la situación en la que se ven envueltos. Y aquí está lo mejor: Danny Rand se convierte en el hazmerreír del grupoThe Defenders presenta al personaje desde una perspectiva menos seria, y lo convierte en el saco de golpes de sus compañeros, sobre todo de Jessica y Luke. Desde su violento primer encontronazo, Finn Jones y Mike Colter muestran una química sorprendentemente buena, haciendo que Iron Fist y Luke Cage se conviertan en el dúo dinámico de The Defenders. Ver a Jessica pegando cortes a Danny es genial, pero ver a Luke metiéndose con su privilegio blanco o recriminándole su actitud de niño pequeño a la vez que le coge cariño es uno de los puntos fuertes de la serie.

Pero hay mucho más. No faltan los easter eggs (cuidado, que hay que prestar atención para ver el cameo de Stan Lee), las referencias a los cómics (Luke y Danny conversando mientras comen comida china), los divertidos one-liners de Jessica, hay un componente de misterio que recorre toda la trama y engancha, y por supuesto, buenas dosis de acción en todos los capítulos. Mención aparte merece el gran villano de la temporada (con permiso de la omnipresente Madame Gao), en este caso villana, Alexandra, interpretada por la excelsa Sigourney Weaver. Al principio puede parecer que estamos ante otra malvada corporativa (y hasta cierto punto lo es), lo que puede resultar decepcionante o aburrido para los que esperábamos algo más grande, pero Alexandra es más similar a Wilson Fisk que a cualquier otro villano de estas series, una mujer poderosa e influyente que esconde un as en la manga, un plan que podría desembocar en la mayor amenaza a la que se han enfrentado nuestros héroes. Hasta ahora se han visto las caras con enemigos relativamente más pequeños, pero como The Defenders, la escala del peligro aumenta, y estos deberán superar sus diferencias y aprender a trabajar juntos para enfrentarse a un reto más propio de Los Vengadores, un posible Apocalipsis en Nueva York.

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Los primeros cuatro episodios de The Defenders dejan ver una serie sólida, bien estructurada y segura de sí misma, con un acertado equilibrio entre acción y desarrollo psicológico de personajes (el odio de Jessica hacia su naturaleza superhumana, la desconfianza de Matt, el odio de Luke causado por la discriminación a su raza, todo esto es una fuente muy rica de drama, conflicto y humor). Pero nada se puede comparar al placer y la emoción de ver a estos personajes por fin juntos y comprobar la química que tienen como grupo. Puede que al principio The Defenders no esté a la altura del hype, al fin y al cabo, no es Los Vengadores, sino una continuación orgánica de las series anteriores, pero una vez ajustamos nuestras expectativas, hay muchísimo que disfrutar en ella. A falta de ver la segunda mitad, para la que estoy seguro de que se han guardado lo mejor, puedo confirmar que el Capitán América tiene razón. La paciencia recompensa.

Iron Fist: El cuarto en discordia

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La llegada de Daredevil a Netflix en 2015 supuso el emocionante inicio de una nueva facción televisiva del Universo Cinemático Marvel, réplica más oscura y violenta a las coloristas películas de los superhéroes de La Casa de las Ideas que, a pesar de distanciarse en tono y estética, tomaban prestado de ellas el mismo plan narrativo. Cuatro series individuales que nos presentarían a cuatro superhumanos y sus respectivos microuniversos por separado para posteriormente fusionarlos en un gran evento televisivo similar al de Los Vengadores, el crossover The Defenders.

Sin embargo, la expectación por este acontecimiento se ha visto algo empañada por el descenso gradual en calidad de las series de Marvel y Netflix, algo que se ha notado especialmente en las dos últimas, Luke Cage, y en especial la que hoy nos ocupa, Iron Fist. La serie sobre el Puño de Hierro aterrizó en la plataforma precedida de las peores críticas a las que se ha enfrentado Marvel en su etapa moderna, y de una fuerte polémica en torno a la elección del actor protagonista, el británico Finn Jones (Juego de Tronos). Marvel optó por mantenerse fiel a la historia original y contrató a un actor blanco para dar vida a Danny Rand, despertando acusaciones de whitewashing (a pesar de que el personaje de los cómics es caucásico) y desatando la ira de aquellos que habrían preferido a un actor asiático para el papel. Está claro que, hagas lo que hagas, no puedes contentar a todo el mundo.

Aunque es cierto que de los cuatro actores principales del Universo Callejero de Marvel, Jones es el eslabón más débil, el casting no es lo peor de la serie. Controversias aparte, la primera temporada de Iron Fist, creada por Scott Buck (entre otras cosas, showrunner de la infame segunda mitad de Dexter y la vapuleada Inhumans), no es tan horrible como sus sañudas críticas se empeñaron en decir, pero sí arrastra todos los problemas de las series de Marvel para Netflix, y añade unos cuantos más, haciendo que la primera fase de The Defenders acabe menos por lo alto de lo que nos habría gustado.

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Siguiendo con la idea de diferenciar cada serie de The Defenders dándole su estilo propio inspirado en diferentes géneros cinematográficos (Daredevil era un violento thriller legal, Jessica Jones un noirLuke Cage bebía del blaxploitation de los 70), Iron Fist se construye como un homenaje al cine de artes marciales, concretamente a las cintas de los 80 y 90, en las que, precisamente, un héroe blanco entrenaba para convertirse en un gran luchador. Nuestro protagonista es Danny Rand, un multimillonario heredero que regresa a Nueva York tras muchos años desaparecido. Dado por muerto, en realidad ha estado todo este tiempo en la fortaleza mística de K’un-Lun, situada en las montañas del Himalaya, donde se convirtió en un experto en Kung-fu y desarrolló el poder del puño de hierro. A su vuelta, Danny deberá recuperar su legado familiar mientras se enfrenta a los criminales de la ciudad de Nueva York y, junto a nuevos aliados como Colleen Wing (Jessica Henwick) o Claire Temple (Rosario Dawson), descubrirá los secretos más oscuros de La Mano, la organización secreta que conocimos en Daredevil.

Iron Fist no empieza mal. De hecho tiene una primera mitad bastante resultona y entretenida, sobre todo si no le exigimos demasiado y aceptamos que vamos a ver otra historia de orígenes que no ofrece nada nuevo. Si nos han gustado las entregas anteriores, es fácil encontrar alicientes para disfrutar esta, pero la serie no tarda en perder fuelle y dejar que afloren muchos de los defectos de sus tres predecesoras. En primer lugar, Iron Fist también sufre de un claro exceso de duración. A las anteriores series de Marvel/Netflix no les habría venido mal tener tres episodios menos o capítulos más cortos, y esta no es una excepción (de hecho le sobra el episodio 11 entero, y dos o tres tramas secundarias). En consecuencia, el ritmo va a trompicones y la historia divaga y se repite en varias partes de la temporada, quedando lastrada por mucho relleno, diálogos insustanciales y una estructura muy desorganizada. Por otro lado, de nuevo tenemos el problema de los secundarios. Colleen es de lo mejor de la serie, pero no se puede decir lo mismo de la familia Meachum. Este grupo de personajes tan poco interesantes ocupa un tercio de la serie con soporíferos conflictos familiares y empresariales que la alejan del género superheroico para acercarla al drama corporativo y las sagas de dinastías poderosas, aumentando así la sensación de que nos están dando gato por liebre.

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Además, está otra vez la cuestión de los villanos. Olvidaos de Wilson Fisk o KilgraveIron Fist se asemeja más a Luke Cage en materia de malvados. En lugar de molestarse en construir un antagonista con enjundia, la serie prefiere cantidad por encima de calidad, con varios enemigos desprovistos de carisma, que van y vienen o evolucionan de forma atropellada (Harold Meachum es hasta peor que Diamondback). Y por su eso fuera poco, vuelve a incurrir en el aburrido tópico de los ejecutivos corruptos y los malos vestidos de traje. Menos mal que tenemos a la temible Madame Gao (Wai Ching Ho). Porque ni siquiera esta vez nos ayuda mucho Claire Temple. El personaje de Rosario Dawson es el pegamento que mantiene unidos a Los Defensores, pero en la primera temporada de Iron Fist no le dan mucho que hacer, y eso que tiene más tiempo en pantalla que en el resto de series de Marvel. Nuestra enfermera favorita pasa sin pena ni gloria por el mundo de Danny Rand (viéndola en la serie, parece que va a bostezar en cualquier momento), y desaprovechar así a Dawson debería estar penado.

En cuanto al estilo, Iron Fist tampoco consigue destacar por encima de sus hermanas. Sí, se diferencia con un score electrónico a base de sintetizadores que nos transporta directamente al cine fantástico y de acción de los 80, pero poco más. El resto de la serie no tiene demasiada personalidad o identidad estética, así como tampoco se distingue por sus coreografías de acción o set pieces, que es donde una serie de Kung-fu debería sobresalir. En la primera temporada no falta la ya tradicional pelea en un pasillo, y afortunadamente es tan buena como las anteriores, pero al resto de combates cuerpo a cuerpo son bastante pobres, le falta brío, inventiva, y sobre todo técnica (¿Habéis visto lo mal editadas que están las escenas de lucha? ¿Habéis contado cuántas veces se le ve claramente la cara al doble de Jones?), aunque mejoren ligeramente en la recta final de la temporada. Es una pena ver cómo estas series ha ido bajando el listón de la acción, sobre todo cuando es tan importante. Todas ellas se han quedado por debajo de Daredevil en este aspecto.

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Hay un truco para sobrellevar mejor la mediocridad de Iron Fist: no tomarse a su protagonista muy en serio (algo que parece que están empezando a explotar desde el departamento de marketing de Marvel y Netflix, para darle la vuelta a las malas críticas y usarlas a su favor). Danny es un pringao, un niño, como le dice Madame Gao. Llega a Nueva York creyéndose el rey del mambo, pero no es más que un crío ingenuo que toma malas decisiones y al que rara vez le salen bien las cosas. Precisamente lo que le falta a Iron Fist es un poco más de sentido del humor, chistes que saquen partido del accidentado aprendizaje de Danny, que será un maestro en artes marciales, pero le queda mucho para ser un adulto y saber moverse en el mundo real (le deberían haber caído más palos por enterao). De esta manera, todo el mansplaining, el whitesplaining, la apropiación cultural, el endeble trabajo interpretativo de Jones o los abundantes clichés de la historia se podrían ver desde otra perspectiva. O no. Quizá la serie cambie de aires en la segunda temporada (debería), en la que Scott Buck será sustituido como showrunner por Raven Metzner (guionista de Elektra y productor de las series Falling Skies Sleepy Hollow). Pero por ahora, Iron Fist es el primer gran traspiés de la Marvel callejera, la prueba que hay que superar (a mí me ha costado meses) para llegar a The Defenders.

Pedro J. García

[Crítica] ‘Spider-Man: Homecoming’: El día libre de Peter Parker

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Que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” es algo que Marvel Studios tiene muy claro. Sobre todo desde que llegó a su acuerdo con Sony Pictures para compartir a uno de los superhéroes más populares de todos los tiempos, Spider-Man. Con Capitán América: Civil War, el Trepamuros hizo su esperado debut en el Universo Cinemático de Marvel, después de dos franquicias y dos iteraciones diferentes (y muy recientes) bajo el techo de Sony. El gran crossover dirigido por los hermanos Russo llegaba abarrotado de superhéroes, pero el nuevo Hombre Araña se las arregló para destacar entre todos ellos. La introducción de Tom Holland en el UCM se saldó con una reacción muy positiva por parte del público, y la consiguiente expectación por ver cómo se desenvolvía en su primera aventura en solitario dentro de este universo en expansión.

Pues bien, Spider-Man: Homecoming aprueba con nota su primer curso, continuando la racha imparable de Marvel Studios. Dirigido por Jon Watts, este nuevo reboot nos lleva de vuelta a las aulas para presentarnos a un Peter Parker adolescente y descubrirnos cómo es su vida después de pelear por primera vez junto a Los Vengadores. Con Tony Stark (Robert Downey Jr.) y Happy (Jon Favreau) como mentores y supervisores, Peter regresa a la normalidad en su barrio de Queens, donde espera a que lo llamen para embarcarse en su próxima misión con los Héroes Más Poderosos de la Tierra. Pero esa llamada tan deseada nunca llega, por lo que el muchacho tendrá que explorar sus poderes y su nueva responsabilidad como justiciero enmascarado por su cuenta. Así, Peter deberá compaginar su vida como estudiante con su labor como superhéroe y hallar su propia identidad antes de poder unirse oficialmente a Los Vengadores. Por supuesto, sus problemas cotidianos y la irrupción en su vida de un villano, El Buitre (Michael Keaton), le dificultarán considerablemente la tarea.

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Tal y como Kevin Feige, el mandamás de Marvel Studios, adelantó hace meses, Spider-Man: Homecoming es la primera entrega en una saga que toma prestada la idea de una película por curso de Harry Potter. Por tanto, estamos ante el primer año de Spider-Man, el curso en el que todavía no tenemos muy claro quiénes somos, o cómo llegar a ser quienes queremos ser. Sin embargo, Homecoming no es exactamente una origin story, más que nada porque la película evita contarnos de nuevo el origen del Hombre Araña. En su lugar, la picadura de araña o la muerte del tío Ben se mencionan casi de forma anecdótica, sin apenas darle peso en el relato, en lugar hacer que el espectador tenga que verlo por tercera vez en tan poco tiempo (tampoco esperéis oír el famoso lema con el que empieza esta crítica). El origen de Spider-Man es conocido por todos, así que Marvel se ha permitido obviarlo para centrarse en las novedades del personaje y su afiliación a Los Vengadores.

Y las novedades que plantea Homecoming son numerosas y sirven para reinventar el personaje y su historia a base de licencias creativas, eso sí, sin traicionar su esencia. Para empezar, el nuevo traje de Spider-Man es un híbrido del uniforme clásico y la armadura de Iron Man que sugiere una variación más tecnológica del héroe arácnido (con IA incluido, Karen, voz de Jennifer Connelly). Los personajes a su alrededor también han cambiado con respecto a sus versiones más icónicas. La tía May (Marisa Tomei) ya no es la anciana de siempre, sino una AILF en toda regla, el bully Flash Thompson ahora tiene el aspecto de Tony Revolori (totalmente opuesto a su imagen tradicional), y no hay rastro de Mary Jane, J.J. Jameson o el archienemigo más emblemático de Spider-Man, El Duende Verde. Todo esto responde a esa necesidad de hacer de esta aventura el Año Uno del que hablaba, un Primer Curso de la Escuela de Superhéroes de Queens, para esquivar así el hastío de la repetición antes de introducir todos los elementos más reconocibles del personaje, cuando este esté asentado en su nueva piel.

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El rejuvenecimiento de Spider-Man aporta frescura y energía al Universo Marvel, con un planteamiento menos grandilocuente, rebajando la escala del peligro para no empezar la casa por el tejado y dejar espacio para tirarla por la ventana en el futuro de la franquicia. Por encima de todo, Spider-Man: Homecoming es una película de instituto, es decir, algo distinto a lo que hemos visto hasta ahora en el UCM. Y como tal, Watts y el equipo de Marvel han visto oportuno realizar con ella un homenaje al cine de John Hughes, el padre del cine teen moderno (El club de los cincoTodo en un día, La mujer explosiva). Homecoming es lo que sería una cinta de superhéroes si estuviera dirigida por Hughes. Estratificación social entre taquillas, dolores de crecimiento, geeks que se enamoran de la chica más guapa del instituto y se convierten en los héroes de la historia, alianzas amistosas ante la adversidad, escapadas a media noche por la ventana del dormitorio, el siempre trascendental baile anual… todo magnificado por las preocupaciones propias de la edad y el peligro de los villanos de cómic, y actualizado para adaptar los estereotipos del género a nuestros tiempos con un reparto más diverso (cabe destacar a Zendaya, que interpreta a Michelle, un homenaje directo al personaje de Ally Sheedy en El club de los cinco).

De hecho, más que el trepidante despliegue de acción, son las escenas del día a día en el instituto, la entrañable amistad entre Peter y Ned (Jacob Batalon), las clases, la imprescindible sala de detención, o las conversaciones con May (Tomei está espléndida y muy juguetona), lo que hace que Homecoming sobresalga (quien esto escribe echó de menos más escenas de este tipo). Si acaso, el único pero a este respecto (y no es pequeño) es el hecho de que los personajes femeninos tienen poco peso en la historia, siendo relegadas en todo momento a un segundo plano, algo que esperamos que se corrija en siguientes capítulos.

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Volviendo a nuestro protagonista, en Homecoming Tom Holland confirma lo que ya sospechamos viéndolo verlo en Civil War: Es un Peter Parker perfecto. Puede que el Peter Parker definitivo. Natural, ingenioso, hiperactivo, y muy divertido. A pesar de la participación de Tony Stark como reclamo o cebo para la audiencia (ojo, tampoco sale tanto y su presencia está bien justificada), es Holland quien lleva las riendas de la historia en todo momento, brillando tanto en las escenas cómicas como en las dramáticas (su mejor momento es el más vulnerable, solo, desesperado, intentando salir de debajo de los escombros, como en una de las viñetas más memorables del cómic). Pero como no hay héroe sin villano, hay que destacar también a Michael Keaton como Adrian Toomes, un malo de Marvel en condiciones, para variar. Rizando el rizo de lo meta al volver a hacer de hombre pájaro después de ser Batman e interpretar a un actor a la sombra del superhéroe que le dio la fama en Birdman, Keaton da vida a un villano más real, un enemigo con presencia, entidad y motivación, alejado del tópico del megalómano con sed de poder. Su enfrentamiento con Peter nos conduce a un clímax de gran tensión que, afortunadamente, no recurre a la destrucción de una ciudad o el enésimo fin del mundo, sino que transcurre a un nivel mucho más personal y dramático.

Eso sí, el factor espectacular está ahí, con ambiciosas e imaginativas escenas de acción que sirven como esqueleto narrativo y van aumentando progresivamente en asombro e intensidad. Los set pieces de Homecoming son sencillamente soberbios, especialmente el que tiene lugar en el obelisco de Washington, y también el que transcurre durante un accidente de ferry (Spider-Man en estado puro). Pero lo que hace que la película se desmarque de otras entregas superheroicas es, más que sus stunts, su espíritu jovial y su humanidad. Peter Parker no ha hecho más que empezar, está aprendiendo, y por tanto, tropezará con muchas piedras antes de poder equipararse a sus mayores. Aunque Homecoming satisface como película individual, se deja muchas cosas en el tintero -personajes por explorar (solo hemos rozado la superficie de Flash, May o Michelle), poderes a desarrollar (el sentido arácnido no aparece), la relación de Spidey con Los Vengadores-, dando una buena muestra de su potencial que no gasta todos sus cartuchos y deja con ganas de más.

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Spider-Man: Homecoming es el mejor baile de bienvenida que Marvel podía organizarle al Trepamuros. Una película en la tradición marveliana, donde no falta la inalterable fusión de humor, acción y emoción que ha llevado al estudio a lo más alto, los abundantes guiños (tanto a los cómics como al futuro del Universo Marvel), y sus ceremoniosas escenas post-créditos (la segunda es una de las mejores del UCM, si no la mejor). Todo con un aire más desenfadado y ligero, lo que supone un respiro de la vertiente más épica del género. Poco se le puede reprochar a Spider-Man: Homecoming (si acaso su larga duración, de más de dos horas, aunque lo cierto es que tampoco le sobra nada, o el mencionado problema de la representación femenina); no es perfecta o grandiosa (porque no aspira a serlo), pero sí intachable en lo que se propone. Estamos ante una película de superhéroes ágil, luminosa y colorista, como manda el manual de Marvel, con buenas interpretaciones, diálogos ocurrentes, situaciones divertidas, muchos detalles escondidos que la hacen muy apta para el revisionado, y en la que se puede respirar el amor por los cómics en los que se basa (a pesar de los cambios, con los que los más puristas del tebeo quizá no comulguen).

Nuestro amigo y vecino Spider-Man ha vuelto a la forma, con más entusiasmo e ilusión que nunca, logrando lo imposible: renovar el interés del público por un personaje que empezaba a ser sinónimo de agotamiento. Yo ya estoy contando los días para la próxima vuelta al cole de Peter Parker y todo lo que nos tenga reservado su segundo curso escolar.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Agents of SHIELD es cada vez mejor y tú sigues perdiéndotelo

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La cadena ABC ha renovado recientemente Agents of SHIELD para la que será su quinta temporada. El camino hasta aquí ha sido pedregoso, principalmente debido a unos índices de audiencia en directo que no han dejado de caer en las temporadas más recientes. La cuarta, que acaba de tocar a su fin, vio cómo la serie de Marvel alcanzaba su mínimo histórico, a causa en parte de su salto a la franja horaria de las 22:00h, que se suele traducir en una audiencia más adulta y reducida. Aun enfrentándose a estas dificultades, Agents of SHIELD se las ha arreglado para ir subiendo el listón capítulo a capítulo y temporada a temporada. Pero tristemente, la audiencia le está dando la espalda. Si supieran lo que se están perdiendo…

A estas alturas, la historia de SHIELD se ha complicado y ramificado de tal manera que es difícil que la audiencia que dejó la serie tras la primera temporada (o la que no se ha animado a verla, por la razón que sea) se reenganche para disfrutar de su versión más asentada y madura. También es comprensible. SHIELD comenzaba con misiones episódicas que no ofrecían demasiados alicientes para continuar, y para cuando la historia se serializó y empezó lo bueno, la gente ya había desconectado. A partir de la segunda temporada, SHIELD experimentó una tendencia al alza en la calidad de sus guiones, más comprometidos, emocionales y oscuros, con énfasis en los arcos de personajes y sus relaciones, y un reparto coral cada vez más compenetrado. Sus showrunners, Maurissa Tancharoen y Jed Whedon, nos regalaban season y midseason finales que nos dejaban sin aliento, episodios monumentales como “4722” (3×05), y tramas que se encadenaban para dar lugar a una de la series más ajetreadas y temáticamente ricas que hay actualmente en pantallaAgents of SHIELD empezó como una serie de misiones sin demasiado calado en el esquema global y se ha convertido en un drama sin un solo minuto de relleno en el que tenemos la sensación de que todo puede desmoronarse en cualquier momento.

Y así llegamos a su magnífica cuarta temporada. Tras un inicio titubeante, la serie pronto recuperó el cauce para hacer lo que mejor se da: marcarse un objetivo (o varios) y llegar hasta él haciendo el camino lo más interesante y convulso posible. El cambio de horario facilitó que la serie explorase temas más truculentos y pusiera a sus personajes en situaciones más dramáticas, y aunque esto resultó en cierta confusión tonal, no tardó en estabilizarse para darnos la temporada más centrada hasta la fecha. Siguiendo el formato clásico de los cómics de superhéroes, la cuarta temporada se ha dividido en tres arcos diferenciados que se han desarrollado como si fueran tres mini-series distintas en una. La primera lidiaba con la llegada del Motorista Fantasma (Gabriel Luna), la segunda con la creación de los LMD (seres de inteligencia artificial conocidos como Life Model Decoy), que concluía con el mejor capítulo hasta la fecha, “Self Control” (4.15), y la tercera, Agents of Hydra, se construía siguiendo la tradición tan comiquera del what if o universo alternativo, con la mayoría de nuestros agentes viviendo en el Framework, una distopía trumpiana donde Hydra ocupa el poder, Fitz es un líder totalitario y nuestros héroes no son conscientes de que sus cuerpos yacen dormidos en el mundo real, conectados a través de una máquina a esta simulación cibernética creada por Holden Radcliffe (John Hannah).

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Esta última trama es la que ha llevado a SHIELD a un nuevo nivel, y la que nos ha deleitado con la que es la villana más carismática y compleja de lo que llevamos de serie (y de las más notables del Universo Cinemático Marvel en general), Aida, interpretada por la excelente Mallory Jansen (Galavant). Whedon y Tancharoen han sabido sacar el máximo partido al personaje, utilizándolo para darnos las secuencias de acción más contundentes hasta la fecha y poner a los agentes, su mundo y sus relaciones en jaque. Los más damnificados por Aida han sido Fitz y Simmons, dos personajes que cuando pasan a primer plano hacen que la serie sea incluso mejor (Iain de Caestecker y Elizabeth Henstridge son los intérpretes más aventajados de la serie, con diferencia). Pero la trama de Aida ha dado mucho de sí en todos los frentes y ha salpicado a todos los personajes, complicando sus relaciones (para mal y para bien, que ahí está Philinda por fin) y sacudiendo los cimientos de su mundo. La última tanda de episodios de este año ha sido simplemente espectacular. En ella se han sucedido los giros y las sorpresas sin descanso, y han convergido los tres arcos de la temporada para confirmarnos una vez más que esta serie siempre tiene claro hacia dónde se dirige (cosa que no se puede decir de muchas otras series) y despedirse con una season finale que cierra frentes de manera satisfactoria, a la vez que abre otros muy interesantes y llenos de posibilidades para el año que viene.

La ejemplar evolución de Agents of SHIELD ha creado en muchos de sus espectadores (quien esto escribe incluido) la necesidad de recomendarla una y otra vez a los escépticos, de reivindicarla como una de las series de temática superheroica más sólidas actualmente en antena (yo me atrevo a decir que la mejor de Marvel, y me quedo tan ancho) y uno de los dramas de personajes más gratificantes de la televisión en abierto. Whedon y Tancharoen han dado con el equilibrio perfecto entre humor, acción y emoción para conectar con su audiencia, para que esta se involucre a nivel personal con sus personajes y haga que pesados como yo sigamos insistiendo en deciros que Agents of SHIELD es una de las mejores series que no estáis viendo.

Crítica: Guardianes de la Galaxia Vol. 2

“¿Starlord? ¿Quién?” Hasta hace no mucho solo los entendidos en cómic sabían quiénes eran los Guardianes de la Galaxia. Todo cambió en 2014, año en el que esta variopinta banda de forajidos e inadaptados espaciales irrumpió en el Universo Cinemático de Marvel para ponerlo todo patas arriba. Guardianes de la Galaxia fue la apuesta más arriesgada de Marvel Studios hasta ese momento, una aventura coral con personajes totalmente desconocidos por el gran público y sin apenas preparación previa, como sí tuvieron Los Vengadores. La jugada no les pudo salir mejor y el film se convirtió en uno de los más taquilleros del estudio, además de uno de los más queridos por el público. Tres años más tarde regresamos al cosmos marveliano para reencontrarnos con Starlord, Gamora, Drax, Rocket y Groot en Guardianes de la Galaxia Vol. 2, con la que James Gunn continúa por todo lo alto la franquicia con más personalidad de Marvel.

Al ritmo de la flamante Awesome Mix Vol. 2, la segunda parte de Guardianes de la Galaxia es otra epopeya intergaláctica al más puro estilo Marvel, con grandes dosis de acción, comedia, y un claro hilo conductor: la familia. El film nos devuelve a los personajes de los que nos enamoramos en la primera película, ya convertidos en un grupo asentado y leal (aunque disfuncional, por supuesto), explorando sus vínculos y hallando en ellos su razón de ser, mientras salvan la galaxia. Otra vez. La trama principal arranca con la aparición del padre de Starlord (Chris Pratt), el planeta viviente llamado Ego (Kurt Russell), que proporciona al héroe las tan ansiadas respuestas sobre su origen y sus poderes. Pero el motivo familiar se extiende hacia todos los personajes: Gamora (Zoe Saldana) y Nébula (Karen Gillan), hermanas que intentan resolver sus diferencias de manera poco ortodoxa, Rocket (Bradley Cooper) y Yondu (Michael Rooker), dos bandidos muy distintos entre sí pero con mucho más en común de lo que creían, Drax (Dave Bautista), que sigue de luto por la pérdida de su mujer e hija mientras conecta con Mantis (la revelación Pom Klementieff), y Groot (Vin Diesel), convertido en el benjamín del clan, un niño que no hace más que enredar y del que los Guardianes cuidan como si fuera el hijo de todos.

El quinteto original se amplía con antiguos conocidos y la llegada de nuevos personajes, aliados y enemigos. Los mencionados Nébula y Yondu (y su banda, otra familia a su manera) reciben una promoción y adquieren mayor protagonismo, mientras que los nuevos fichajes se incorporan de forma orgánica al universo de los Guardianes. Un carismático Kurt Russell encaja a la perfección como el padre de Peter Quill, entablando una simpática dinámica paternofilial con Chris Pratt (verlos recuperar el tiempo perdido jugando a la “pelota” es descacharrante a la vez que entrañable, puro Guardianes de la Galaxia). Elizabeth Debicki encarna a la distinguida Ayesha, villana que en esta ocasión recibe el tratamiento adecuado para que no ocurra lo de siempre: en esta entrega, la malvada se reserva a una trama secundaria, casi anecdótica (los Guardianes se encuentran huyendo permanentemente de su imperio después de una trastada de Cohete), mientras se le da una vuelta de tuerca al esquema habitual de Marvel para desarrollar su conflicto central. Y por último, pero no por ello menos importante, la aparición de Mantis llena aun más de luz la franquicia, gracias a la deliciosa interpretación de Pom Klementieff, que forma una gran pareja con Drax y construye a un personaje adorable y divertido del que se saca mucho partido.

Con tantos personajes y frentes abiertos, Guardianes de la Galaxia Vol. 2 corre el riesgo de irse por la borda, pero James Gunn logra no solo que esto no ocurra, sino que todas las tramas y arcos de personajes confluyan de manera natural y que todos los personajes principales tengan el tiempo en pantalla necesario. Nadie queda infrautilizado o explotado por encima de los demás, ni siquiera Baby Groot, indudable reclamo comercial que se maneja con mesura para conquistarnos sin llegar a saturar (no hay palabras suficientes para describir lo maravillosa que es la versión infantil del personaje). Y no solo eso, sino que de alguna manera, no me preguntéis cómo, Gunn se las arregla para ir a lo suyo y además cumplir con las normas del estudio con abundancia de easter eggs y gloriosos cameos (menos el de Nathan Fillion como Wonder Man, que tristemente tuvo que ser eliminado del montaje final).

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Una de las claves del éxito de Guardianes de la Galaxia, y en concreto de este segundo volumen, es el amor del director y guionista hacia sus personajes, que se traduce en una conexión muy evidente de los actores con el material. Gunn trata a los Guardianes y todos a su alrededor con sumo cariño, conociéndolos y ejerciendo un control sobre ellos que no siempre encontramos en el cine de superhéroes. Vol. 2 funciona tan bien porque son los personajes los que conducen la acción en todo momento (sus relaciones, sus deseos, objetivos, miedos y frustraciones bombean la historia), y también porque es mucho más que fórmula. Sí, es un crowdpleaser hecho según la receta infalible de Marvel, ya elevada a la categoría de ciencia, que repite las pulsaciones de la primera parte y nos da justo lo que esperamos. Pero también es una película de James Gunn, un proyecto muy personal y gamberro a pesar de su enorme envergadura. Y esto se nota en la voz y el estilo de la película, marcadamente distinto del resto de sus compañeras de universo, con una clara tendencia a la exageración cartoon en los planos y la acción, y cierto espíritu de serie B cercano al cine de Sam Raimi. Sin olvidar por supuesto que se sigue apoyando claramente en otras space operas como Star WarsStar Trek y la más modesta Farscape (serie que proporciona uno de los mejores cameos de la película, con el que esta se reafirma en sus influencias).

En el apartado técnico y visual, Guardianes de la Galaxia Vol. 2 no solo supera a su antecesora, sino que además sube considerablemente el listón de los efectos digitales del estudio (Cohete no puede no ser real), siendo junto a Doctor Strange la entrega más visualmente impresionante del Universo Marvel. El film es un continuo orgasmo sensorial. El sentido de la estética de Gunn vuelve a dar como resultado otra obra vibrante de luz y color, esta vez incluso más bella e iconoclasta si cabe, en la que la magnífica labor de maquillaje y las prótesis siguen teniendo una importancia capital. Y por supuesto, hay que destacar las escenas de acción, de los antológicos créditos iniciales al apoteósico clímax, pasando por Gamora disparando una metralleta galáctica gigante (!!!). En cuanto a la banda sonora, uno de los elementos más distintivos de Guardianes, no se puede negar que los nuevos temas clásicos escogidos por Gunn quedan de maravilla con las espectaculares batallas y persecuciones en el espacio (aderezadas muy socarronamente con efectos de sonidos de las maquinitas Arcade), pero puede que haya exceso de momentos musicales, con lo que se peca de repetir demasiado la jugada.

Claro que esto forma parte de la identidad del film, como ya hemos dicho, muy asentada. Ocurre algo parecido con el humor. Como en el Volumen 1, hay demasiados chistes y gags. Muchos son brillantes, otros no tanto. A veces el humor tontorrón da en la diana, a veces en la pared. Es el riesgo de tener tanta libertad para hacer el chorra (se nota que han dejado a Gunn a sus anchas). Eso sí, funcionen o no los chistes, Guardianes nunca pierde su encanto y carisma. Y esto es gracias sobre todo a un guion sólido, en el que la ramificada historia se estructura con eficiencia (insisto, muchos personajes e ideas en un todo uniformado), los diálogos dan en el clavo, los personajes nunca se pierden en favor de la acción y los acontecimientos se suceden de forma fluida y con gran sentido del ritmo, culminando en un tercer acto de órdago (quizá el mejor de Marvel hasta la fecha) y un final precioso. Y de generosa propina, hasta cinco escenas post-créditos (el secreto de Gunn: no tiene miedo a pasarse de la raya) que nos deparan unas cuantas sorpresas e indican por dónde podrían ir los tiros en el Vol. 3

Lejos de mostrar síntomas de agotamiento en el UCM, Guardianes de la Galaxia Vol. 2 supone un triunfo absoluto en todos los aspectos. Gunn nos regala otra odisea espacial ochentera con personajes inolvidables e imágenes alucinantes, rebosante de diversión (en serio, ¡¡Baby Groot!!), romance (Gamora ♥ Starlord), épica y emoción (como en la primera, su conmovedor clímax provocará más de una lágrima), con cameos para aplaudir (el de cierta estrella de los 80 se lleva la palma), respuestas satisfactorias que expanden su mitología, y por encima de todo, mucho, mucho corazón. En definitiva, otro clásico instantáneo de Marvel.

Pedro J. Gacía

Nota: ★★★★½

Concurso Marvel: Lote de Logan y X-23 de Panini Cómics

 Este concurso ya ha finalizado. Atentos a fuertecito no ve la tele para futuros concursos.

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Hugh Jackman se despide de Lobezno después de 17 años interpretando al personaje en el cine. La última entrega del mutante de garras de adamantium, Logan, ha cosechado un enorme éxito de crítica y público en el cine, convirtiéndose automáticamente en uno de los estrenos Rated-R más taquilleros y una de las películas de superhéroes mejor valoradas de la era moderna del género. Y no es para menos (podéis leer las razones en nuestra crítica).

Para celebrar el triunfo de Logan y agradeceros vuestro apoyo continuado a fuertecito no ve la tele, organizamos un nuevo concurso Marvel relacionado con el icónico personaje de La Casa de las Ideas, un lote de cómics valorado en cerca de 40€ cortesía de Panini Cómics, con el que podréis conocer mejor la historia de El Viejo Logan, en la que se basa la película de James Mangold, y el origen de X-23, la joven mutante interpretada a las mil maravillas por Dafne Keen, que nos ha volado a todos la cabeza.

 

Atención al material que podéis ganar. Se trata de un lote compuesto por un tomo Marvel Deluxe de El viejo Logan, de Mark Millar y Steve McNiven, y un tomo de 100% Marvel HC: X-23Inocencia perdida, de Craig Kyle, Christopher Yost y Billy Tan. Más de 400 páginas de “acción mutante”. Leed atentamente:

Para participar, solo tenéis que responder a la siguiente pregunta en la sección de comentarios de esta entrada:

¿Qué mutante de Marvel te gustaría que protagonizase una película en solitario de X-Men?

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Información sobre los tomos:

Marvel Deluxe: Lobezno – El viejo Logan

¡El legendario clásico en que se inspira la película! Durante más de cincuenta años, la Unión Soviética tuvo un agentes encubierto… un indetectable asesino conocido como El Soldado de Invierno. Ahora, ha vuelto, trabajando a las órdenes del General Lukin, que ha conseguido hacerse con un Cubo Cósmico arrebatado a Cráneo Rojo. El Capitán América ha jurado acabar con Lukin, pero en el camino se verá enfrentado contra El Soldado de Invierno, cuya verdadera identidad esconde el mayor secreto del Universo Marvel en más de medio siglo…

Contiene: Wolverine v3, 66-72 y Old Man Logan Giant-Size Special.
Autores: Mark Millar y Steve McNiven.
Libro en tapa dura. 240 páginas.

100% Marvel HC: X-23 – Inocencia Perdida

El Proyecto Arma X la creó para que fuera la máquina de matar definitiva. Provista de un factor curativo acelerado y afiladas garras, X-23 es la mayor asesina que haya conocido el mundo. Su mente ha sido moldeada para matar en respuesta a una sencilla orden. Representa un extraordinario éxito para los científicos de Arma X… pero su genética oculta un oscuro secreto. En las hebras de su ADN, se esconde un vínculo con Lobezno. ¿Será suficiente para que llegue a volverse contra sus amos?
Nacida en una teleserie animada, transformada luego en personaje de cómic y ahora adaptada al cine como la gran sorpresa de Logan, la película que cierra el ciclo de filmes protagonizados por Lobezno, X-23 es una de las más sugestivas creaciones mutantes del siglo XXI.
En este volumen se narra el origen y toda la verdad sobre la niña con garras de adamantium, a través de una desgarradora y violenta saga que han escrito Craig Kyle y Christopher Yost, creadores de X-23 y sus mayores impulsores dentro del Universo Marvel, con espectacular dibujo de Billy Tan (Los Nuevos Vengadores, Imposibles X-Force).

Contiene: X-23 1-6 USA.
Autores:Craig Kyle, Christopher Yost y Billy Tan.
Libro en tapa dura. 176 páginas.

 

Bases:

– De entre todos los participantes elegiremos un ganador al azar que se llevará totalmente gratis 1 lote compuesto de (x1) Marvel Deluxe: El Viejo Logan + (x1) 100% Marvel HC: X-23 – Inocencia Perdida. El ganador lo recibirán en la dirección que indique sin ningún gasto por su parte.

– El participante debe incluir su correo electrónico en el formulario de respuesta del blog (no aparecerá público) y se recomienda firmar con nombre y apellido (los pseudónimos son válidos) para facilitar la realización del sorteo y el contacto.

– Sólo contará una participación por dirección IP, las respuestas desde la misma IP con distinto nombre serán marcadas como spam.

– El plazo para participar en el concurso finaliza el domingo 2 de abril de 2017 a las 23:59 (hora peninsular española). El ganador será anunciado a partir del día siguiente en la página de Facebook de fuertecito no ve la tele.

– Concurso válido sólo para España (península e islas).

fuertecito no ve la tele se reserva el derecho de modificar o anular el concurso si fuera necesario.

¡Mucha suerte!

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Crítica: Logan

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Diecisiete años. Nueve películas. Se dice pronto, pero Hugh Jackman se ha pasado la mayor parte de su carrera siendo Lobezno. El actor australiano ha dado vida a otros personajes en el cine (con su Jean Valjean de Los miserables logró su primera nominación al Oscar), pero siempre será asociado al mutante de Marvel, el personaje más popular de los X-Men de 20th Century Fox, al menos hasta el boom de Deadpool. Sin embargo, ha llegado la hora de decir adiós. Después de dos entregas en solitario que no lograron el beneplácito unánime de público y crítica (por decirlo suavemente), nos llega el canto del cisne de Lobezno, titulada escueta y oportunamente Logan, la película con la que el mutante de garras de adamantium cierra su propia trilogía y Fox dinamita lo que hoy en día se entiende por cine de superhéroes.

La tercera película de Lobezno se aleja por completo de las dos anteriores, más formalmente supeditadas a lo que en teoría debe ser y tener una cinta de superhéroes. Esta aventura final se titula Logan porque, más que sobre el héroe o el mutante, trata sobre el humano. Inspirándose en la medida de lo posible en Old Man Logan, el influyente cómic de Mark Millar y Steve McNiven, el director James Mangold lleva la historia de Logan hacia un sombrío futuro distópico, en el que los mutantes se han extinguido casi por completo y este reniega de su especie. Escondido en una vieja casa en la frontera con México junto a un nonagenario profesor Charles Xavier (Patrick Stewart, también en su despedida de la saga) y un mutante llamado Caliban (Stephen Merchant), Logan trata de sobrevivir pasando desapercibido, trabajando como conductor de limusinas y dedicando sus días a cuidar de su viejo amigo enfermo, mientras él mismo se deteriora y va perdiendo sus poderes. No obstante, la irrupción en su vida de Laura (Dafne Keen), una niña que posee un gran poder, obligará al mutante a abandonar su retiro para enfrentarse al pasado del que huye, luchar contra las fuerzas oscuras que persiguen a la pequeña y salir en busca de Edén, el (supuesto) último refugio seguro para los mutantes.

Logan continúa el camino marcado por Deadpool, pero desde el drama, con una épica y violenta aventura Rated-R que lleva la propiedad mutante hacia nuevos terrenos, en los que podemos detectar a un estudio dispuesto a salirse del molde y arriesgar más. Para empezar, Logan carece del elenco multitudinario y exceso de tramas interconectadas del cine de superhéroes actual. Al contrario, se trata de una historia sencilla, directa, con un número reducido de personajes, incluso un villano carismático bien utilizado (estupendo Boyd Holbrook), que Mangold consigue mantener cohesionada en todo momento, gracias a una visión muy clara, una personalidad y estilo fuertemente marcados y un sentido del propósito y la dirección que va más allá de la necesidad de derrocar al mal (así se escribe un guion). Por mucha acción de primera y asombroso despliegue de poderes que incluya la película, el viaje de Logan tiene lugar por dentro, bajo la piel otrora indestructible, ahora ajada de Lobezno, y tras una larga vida de lucha, pérdida y persecución. Un viaje que nos habla de la redención, el legado, la lealtad, y sobre todo la familia, hallando en ella el rescoldo de esperanza al que aferrarse para alcanzar la felicidad cuando se había dado por perdida.

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Parece mentira que el mismo director de la irregular Lobezno inmortal haya realizado una película de tal firmeza y arrojo. Pero es cierto. Logan es increíblemente consistente en todos los aspectos. Se trata de una historia clara y concisa, desnuda de accesorios y ornamentos innecesarios, un film equilibrado, con certeras pinceladas de humor, de estructura robusta y acción excelentemente dosificada, en el que no sobra ni una sola escena y todo cuanto ocurre es importante. Y a su vez una aventura independiente que se adapta al universo X-Men sin ser fagocitada por la necesidad de interconectarlo todo, sin encadenarse a la “visión general” (es decir, no está plagada de guiños y cameos para agradar al fan, sino que justifica narrativamente todas sus decisiones en este sentido). Por otro lado, el acabado técnico y visual es impecableLogan presenta un aspecto sobrio y elegante, una fotografía árida y crepuscular que hace juego con un tono decididamente distinto al de las películas anteriores de la franquicia, y que, sumado a su acción salvaje escenario casi post-apocalíptico, puede remitir a Mad Max: Furia en la carretera (no en vano, también hay planes para una versión en blanco y negro de Logan). Además, esta hace un uso inteligente del CGI, recurriendo a él solo cuando es oportuno y manteniendo así la sensación de crudeza y los pies en la tierra, literalmente.

Y luego, por supuesto, el reparto. Porque Logan incluye las que son probablemente las mejores interpretaciones de la saga X-Men, y de las mejores del cine de superhéroes moderno. Uno de los mayores aciertos de la película es situar el conflicto emocional de sus personajes siempre en el centro, no solo el recorrido del protagonista, sino también la relación de Logan con Xavier, Caliban y Laura (o lo que es lo mismo, X-23), estableciendo así un puente entre generaciones sobre el que se construye un potente drama familiar. Como decíamos, Logan posee una cualidad profundamente humana, y esto, más allá del guion, es gracias al soberbio trabajo de Jackman y Stewart, dos actores (y amigos) que protagonizan escenas entrañables y divertidas, pero también momentos desgarradores que dejan con un nudo en el estómago y nos muestran la fuerte conexión que existe entre ellos y sus personajes. Y por supuesto, también hay que destacar a la joven incorporación mutante, una niña de 11 años de alucinante fuerza escénica a la que da gusto ver aniquilar a sus enemigos sin piedad, y que forma un dúo genial con Jackman (aunque esté mejor cuando no habla, como Stitch). En resumen, la película esculpe al viejo Logan a través de sus vínculos con Xavier (respeto, amistad y protección paterno-filial), Caliban (un hermano pequeño que le incordia pero al que quiere) y Laura (el símbolo de la nueva generación y una última oportunidad para sentir lo más parecido a una vida normal), completando la historia de este lobo solitario en relación a su amor por los demás, y por extensión hacia su especie, de una manera sorprendentemente hermosa y con un plano final absolutamente perfecto.

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El triunfo que supone Logan se debe sobre todo a la libertad con la que parece estar hecha, sin limitarse a un género, sin estar obligada a cumplir un checklist o intentar complacer a todo el mundo. En parte road movie, en parte western, en parte drama familiar, la película nace sobre todo de la necesidad de contar (o mejor dicho, clausurar) una buena historia, y ahí es donde se marca la diferencia. Mangold coordina un espectáculo de gran empaque en todos los aspectos (atención al fantástico score de Marco Beltrami, con tanta personalidad como la propia película), manejando la tensión con maestría en magníficas escenas de acción e intensísimas persecuciones, dirigiendo combates auténticamente hardcore en los que notamos las pulsaciones y sentimos cada golpe, cada corte, cada cráneo atravesado (la cinta no escatima en sangre y violencia gráfica, como requería la historia), y sacudiéndonos con esa misma contundencia visceral durante sus pasajes más íntimos, emotivos y trascendentales, de los que el film está lleno (el tramo que tiene lugar en casa de una familia de desconocidos es monumental). Brutal y conmovedora a partes iguales, Logan supone la madurez definitiva de la saga X-Men, un trabajo apasionado y apasionante con el que Jackman se despide de Lobezno por todo lo alto y el género trasciende sus fronteras para acomodar no solo al público que disfrute del cine de superhéroes, sino también al que ame el buen cine en general.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

Luke Cage: ¿A prueba de balas?

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Ya queda menos para ver en acción a Los Defensores, el equipo de superhumanos de pie de calle de Marvel, formado por Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage y Iron Fist. Mientras esperamos a conocer a Danny Rand y a asistir al crossover más importante de la Marvel televisiva, repasemos lo que dio de sí la primera temporada de la entrega en solitario más reciente de NetflixLuke Cage. Después de darnos a conocer los rincones más oscuros de Hell’s Kitchen en DaredevilJessica Jones, Marvel Television nos sube en el metro y nos lleva hasta Harlem para contarnos la historia de Luke (Mike Colter), forzudo creado a principios de los 70 por Archie Goodwin y John Romita Sr., respuesta de La Casa de las Ideas al auge del cine de explotación protagonizado por actores negros.

Hasta ahora, Marvel Television ha mostrado una clara inquietud por diferenciar sus series individuales en Netflix dotándolas de un estilo marcado según los dictados de varios géneros cinematográficos. Así, Daredevil se construye como una cinta de artes marciales con toques de cine negro, mientras que Jessica Jones se adentra en el noir más clásico, tomando notas de las novelas de detectives y el pulp. Como no podía ser de otra manera, Luke Cage se presenta como un homenaje al blaxploitation, subgénero que la serie recrea excelentemente a través de la estética, la banda sonora de aire setentero y las escenas de acción (torponas hasta rozar el camp), y que adereza con los ingredientes tradicionales del cine de gángsters y guiños al western. Es decir, ya desde el primer episodio, Luke Cage deja patentes sus intenciones, marcando desde los primeros compases una personalidad fuerte y una identidad definida, lo cual se convierte en su mayor acierto.

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Contándonos la historia de Carl Lucas, un prófugo de piel tan dura como el titanio, Luke Cage lleva a cabo un retrato de la comunidad negra en Nueva York y una oda al barrio de Harlem, narrándonos las vicisitudes de los pequeños negocios y las dificultades de la población afromericana en un panorama de hostilidad y violencia creciente, así como la corrupción política del sistema, pero también celebrando su cultura en sus facetas más artísticas e innovadoras. Luke Cage vendría a ser el reflejo del movimiento Black Lives Matter en el género superheroico, una estilizada reconstrucción de la realidad en clave de ficción aumentada que nos habla de la brutalidad policial y los prejuicios, y que por encima de todo, reivindica la necesidad, y la responsabilidad, de reclamar, proteger y conservar para las siguientes generaciones una cultura de la que otros se han apropiado para explotarla con fines comerciales o para perpetuar el racismo. Con este objetivo en mente, la serie utiliza inteligentemente la música negra (rap, hip hop, blues, soul) para dibujar el contexto y la acción (el enfrentamiento final de Luke Cage y Diamondback está concebido como una batalla de rap) y da forma a un férreo discurso sobre la identidad y el legado de la población afroamericana en Estados Unidos.

“No soy un héroe, solo un tipo normal” -Luke

Pero más allá de su condición de símbolo, Luke Cage también representa el clásico dilema que define a casi todos los relatos superheroicos: ¿Qué hace al superhéroe? En este caso, la respuesta es más ambigua que la que podemos extraer de la facción cinematográfica de Marvel, ya que en la televisiva, las zonas grises están más extendidas y la diferencia entre el bien y el mal no se manifiesta de forma tan clara. Para responder a la pregunta tenemos que recurrir al personaje que ejerce como nexo de unión entre los Defensores, Claire Temple (Rosario Dawson). En esta ocasión, la enfermera adquiere un peso mayor en la historia (para alegría de todos) y aparece más tiempo en pantalla que en DaredevilJessica Jones, demostrando que es capaz de tener una química brutal con quien se le ponga delanteClaire es en el fondo la mayor heroína de la Marvel callejera, ya que carece de superpoderes, pero arriesga su vida igualmente para ayudar a los demás. Y esa es la lección que deja tras su (caldeado) paso por la vida de Luke Cage, a quien demuestra que no es necesario llevar armadura o capa para ser un superhéroe, que con llevar una sudadera con capucha y estar dispuesto a hacer lo correcto sin importar las consecuencias y sacrificarse por los demás es suficiente.

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Y hablando de arriesgar, otro de los aspectos más destacables de Luke Cage es su contenido para adultos, muy alejado de lo que acostumbramos a ver en las películas de Marvel, orientadas a todos los públicos. Ya desde antes del estreno, los responsables de la serie se aventuraban a definirla como “la The Wire de Marvel”. Y aunque la comparación le viene grande (enorme, de hecho), tiene parte de verdad, ya que Luke Cage aborda temas similares (la naturaleza del poder, la ambición, la corrupción del sistema, el crimen organizado) y se apoya fuertemente en el ritmo pausado y la crudeza de la aclamada ficción de David Simon. En Luke Cage se lleva un paso más allá lo que se hizo en Daredevil Jessica Jones, aumentando las dosis de violencia y las palabras malsonantes (otra cosa que reclama la serie es el uso del término “nigga”, que se repite constantemente), en un intento por explorar hasta dónde son capaces de llegar sus personajes, y también Marvel, que afortunadamente no parece poner trabas a la naturaleza más osada y adulta de estas series.

Pero no todo es positivo en la serie. De hecho, a pesar de sus aciertos, Luke Cage es la entrega de Marvel/Netflix más desigual hasta ahora. El principal problema que perjudica a la serie es algo que también afecta a DaredevilJessica Jones: que, aunque parezca mentira, 13 episodios de alrededor de una hora de duración es excesivoLuke Cage empieza con fuerza, pero se va desinflando por la necesidad de estirar las tramas para justificar la duración, y se resiente irreversiblemente hacia la mitad de la temporada, con la desaparición de Cottonmouth (Mahershala Ali), el mayor error de la serie. Con esta decisión se sacrifica un villano con presencia y carisma para cambiarlo por uno que parece una parodia, y dar más énfasis a otros rivales de Cage (la villana principal de la temporada es evidentemente Mariah Dillard), oponiendo al héroe a más de un enemigo. Pero en este caso, más no es mejor. Los prescindibles personajes secundarios, el superávit de malosos y la dilatación de los acontecimientos provoca demasiados puntos muertos y minutos de relleno que desfavorecen el conjunto.

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Por otro lado, el argumento es demasiado convencional y los diálogos son muy obvios, cayendo en la sobre-explicación y tocando todos los clichés posibles, algo que, por mucho que sea coherente con el estilo al que rinde homenaje, resulta en algo torpe y superficial. Y por último, su reparto no está al mismo nivel. Por un lado, Rosario Dawson, Mahershala Ali y Simone Missick hacen un estupendo trabajo, pero por otro, Alfre Woodard se pierde en la sobreactuación y construye a un personaje que roza el ridículo, mientras que a Mike Colter, nuestro protagonista, le falta mucha fuerza, paradójicamente. Colter tiene un físico impresionante que se ajusta como anillo al dedo a la imagen del personaje, pero su capacidad interpretativa está mucho menos desarrollada que sus músculos, y carece del carisma necesario para ser Power Man en todas sus dimensiones.

A pesar de todo, hay mucho margen para mejorar, más allá de la valiosa aportación que la serie realiza en un género eminentemente blancoLuke Cage parte con una gran ventaja, que no necesita tiempo como otras ficciones para afianzar su estilo, sino que arranca siendo muy consistente en su discurso, su voz y su estética diferente de los demás. Ahora hace falta que los guionistas se esfuercen un poco más al escribir los diálogos, construir la historia, y dotarla de profundidad más allá de los topicazos de género, para poder así llenar 13 capítulos con material de calidad, en lugar de tener que alargar las 6 horas interesantes que tienen. Porque aunque parece que Marvel está hecha a prueba de balas, en ocasiones no le viene mal que le digan que no es así.