Malasaña 32: El terror vive en Madrid

La gran ciudad siempre ha sido el sueño de muchos, tierra de oportunidades, trabajo y experiencias, y vía de escape para aquellos que desean salir de sus rutinarias vidas de pueblo. Pero una vez en Londres, Nueva York o Madrid, descubrimos que no todo es tan ideal como nos lo habían pintado y la experiencia es muy distinta a lo que esperábamos. A veces incluso se torna en pesadilla. En el caso de los Olmedo, una literal.

Malasaña 32 nos traslada al conocido barrio de Madrid en la década de los 70 en una de las primeras películas de Bambú Producciones, estudio detrás de series como VelvetLas chicas del cableEn el corredor de la muerteRamón CamposGema R. NeiraSalvador S. Molina y David Orea escriben el guion, mientras que Albert Pintó (Matar a Dios) se encarga de la dirección. En el reparto nos encontramos a Begoña Vargas (Alta mar), Iván Marcos (Fariña), Beatriz Segura (La caza. Monteperdido), Sergio Castellanos (La peste) y José Luís de Madariaga (Hierro), junto a nuestro internacional Javier Botet (especialista en monstruos que hemos visto en [REC]It o Expediente Warren) y un cameo sorpresa que es preferible no desvelar.

La historia, “basada en hechos reales”, sigue a una familia de seis miembros (pareja, tres hijos y abuelo) que se muda a la ciudad en busca de una oportunidad para pasar página y empezar una nueva vida, huyendo de un pueblo en el que las habladurías, los secretos y los malos recuerdos ya no les dejaban vivir. En Madrid dan con un piso de grandes dimensiones en el bullicioso barrio de Malasaña (una utopía en la actualidad) que permanece tal cual lo dejó su anterior inquilino hace cuatro años, después de morir. Al poco de instalarse en la casa, la familia empieza a experimentar fenómenos extraños en el edificio, donde una terrorífica presencia se dedica a atormentar sus existencias.

Malasaña 32 sigue el manual de las películas de casas encantadas al pie de la letra. No falta ningún cliché: el sótano tenebroso, las luces parpadeantes, los aparatos electrónicos que se encienden solos, el teléfono que suena a pesar de estar desconectado, los juegos infantiles que acaban mal, la médium, el niño que habla con alguien que no vemos, el gato impertinente de siempre, la mecedora vacía que se mueve… y así podría estar hasta mañana. La película no se deja ni un solo lugar común por explorar, lo que hace que recuerde demasiado a otras cintas de terror como Insidious, Expediente Warren y sobre todo Poltergeist y Amityville. Sin embargo, su falta de originalidad se ve suplida por una ejecución notable que hace que la película cumpla de sobra su cometido: entretener y asustar.

Con habilidad técnica y sentido del ritmo, Pintó maneja estupendamente la tensión y la anticipación, construyendo competentes escenas de suspense y trabajándose bien los abundantes sobresaltos sin olvidar el drama familiar y social que bombea la historia. La ambientación setentera está muy lograda, añadiendo al clásico cuento de fantasmas el inconfundible toque español que aportan esos edificios antiguos del centro de Madrid que ya inmortalizó Álex de la Iglesia en La comunidad, con sus escaleras de madera, sus mirillas-rosetón y sus apartamentos de techos altos. Y la espeluznante presencia demoníaca que amenaza a los Olmedo (demasiado similar a la Niña Medeiros, eso sí) garantiza un buen mal rato para el espectador.

Desafortunadamente, como le ocurre a muchas películas de terror, Malasaña 32 se pierde en un final que se empeña en dar respuestas enrevesadas (con algún que otro estereotipo anticuado además), acabando en un desenlace engorroso y confuso que sobreexplica demasiado para terminar encontrando una salida fácil. A pesar de todo, sus virtudes compensan sus traspiés: buena atmósfera y sustos, un reparto más que solvente y un monstruo que se queda en el subconsciente hacen de Malasaña 32 una película de terror eficaz a pesar de no aportar nada original al género.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: Jojo Rabbit

Taika Waititi es uno de los directores más originales del panorama cinematográfico actual. Antes de saltar al mainstream dirigiendo la película más marciana de Marvel, Thor: Ragnarok, el cineasta neozelandés ya se había labrado un nombre entre los círculos cinéfilos y festivales gracias a joyas como BoyLo que hacemos en las sombrasHunt for the WilderpeopleCon su último trabajo, Jojo Rabbit, basado en el libro Caging Skies de Christine Leunens, Waititi aúna la sensibilidad libre e independiente de sus primeros films con el estilo hollywoodiense al que ha sabido adaptarse sin perder un ápice de su peculiar personalidad.

Jojo Rabbit es una sátira de la Segunda Guerra Mundial ambientada en la Alemania nazi que sigue al pequeño Jojo Betzler (Roman Griffin Davis), un ferviente seguidor de Hitler que inicia su adiestramiento en las Juventudes Hitlerianas para luchar por los ideales que el dictador y sus partidarios le han metido en la cabeza. Sin embargo, su visión del mundo cambiará al descubrir que su madre (Scarlett Johansson), una mujer soltera perteneciente a la resistencia clandestina, esconde a una chica judía (Thomasin McKenzie) en la habitación de su fallecida hija mayor. Ante esta situación, Jojo se replanteará su nacionalismo, para disgusto de su ridículo amigo imaginario: Hitler (interpretado por el propio Waititi).

En manos de otro, esta rocambolesca premisa podría haber salido muy mal, pero Waititi la lleva a buen puerto con su habitual sentido del humor y las dosis perfectas de emotividad. Su buena mano y experiencia con las historias coming-of-age le sirve para confeccionar una fábula ingeniosa, dulce y entrañable sobre un tema muy complicado. Lo consigue encontrando el equilibrio perfecto entre comedia y melodrama, con humor incisivo lleno de toques surrealistas que busca hacer reír sin faltar al respecto y deleita a la vez que aborda los horrores de la realidad histórica que satiriza y lanza su mensaje antibelicista. En definitiva, consiguiendo lo que algunos directores creen imposible: hacer humor de un tema delicado y escabroso sin ser ofensivo.

Jojo Rabbit es una obra de contrastes. El color y la magia de su puesta en escena (reminiscente del cine de Wes Anderson) cubre una verdad muy oscura. La película es excéntrica y arriesgada, pero a la vez es lo más accesible, incluso académico, que ha hecho Waititi (de ahí sus 6 nominaciones a los Oscar, incluyendo mejor película). Y la risa y el llanto se fusionan en una historia que divierte pero también golpea fuerte con su dureza y tristeza; especialmente durante su conmovedor acto final, en el que el director se pone serio y el drama y la tragedia nos llevan hasta el desenlace, aunque sin perder nunca la gracia y el optimismo.

El film cuenta con un reparto magnífico del que destaca el niño prodigio Roman Griffin Davis (simplemente extraordinario) y el hilarante Archie Yates (futuro protagonista del reboot de Solo en casa), Scarlett Johansson en uno de los mejores papeles de su carrera (la Academia la ha recompensado este año con dos merecidas nominaciones, una por esta y otra por Historia de un matrimonio) y un fantástico grupo de talentos cómicos: Rebel Wilson, Alfie Allen, Stephen Merchant y un divertidísimo Sam Rockwell.

A pesar de experimentar un bajón de ritmo hacia la mitad del metraje, Jojo Rabbit es un triunfo absoluto del cine, una película mágica, luminosa y llena de energía que se queda en el recuerdo. Lejos de perder su idiosincrásica voz, Waititi sigue asumiendo riesgos y los supera con una visión muy clara de lo que quiere contar, dotando de alma a sus personajes y contando historias que parecen increíbles pero se sienten muy reales.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

Crítica: La maldición (The Grudge)

Hace unos 20 años se originó en Japón un fenómeno cinematográfico que traspasó todas las fronteras: el J-Horror. Las películas de terror sobre fantasmas atormentados (y sus largas cabelleras negras) que aterrorizan a inocentes mortales se multiplicaron en muy pocos años, siendo The Ring la película que ha quedado como mayor exponente de aquella moda. Si hubiera que dar una medalla de plata a la popularidad esa sería para La maldición (Ju-onThe Grudge), película que, a pesar de ser realmente la tercera de la serie, catapultó a la fama a su director, Takashi Shimizu. Su éxito llevó a desarrollar varias secuelas y remakes, entre ellas uno americano protagonizado por Sarah Michelle Gellar, que el propio Shimizu dirigió.

En esta época de remakes y reboots en la que los estudios no dejan de rescatar franquicias del pasado, en 2020 vuelve Ju-on. La nueva versión viene de la mano de Nicolas Pesce, que dirige y escribe el guion. Viniendo de dirigir la muy interesante adaptación de la novela de Ryu Murakami Piercing (premio a la mejor interpretación masculina en el festival Nocturna 2018), y con el mismísimo Sam Raimi como productor, aumentaban las esperanzas de que la franquicia fuera relanzada con acierto.

En esta ocasión, no se trata de un remake plano a plano como con las versiones yanquis, sino que el film expande el universo de las películas originales conectando directamente con ellas al llevar la maldición a Estados Unidos a través de una persona que vuelve de una estancia en Japón a su hogar en Estados Unidos. Esto dará lugar a una serie de macabros asesinatos cuyas víctimas son los inquilinos que van ocupando el hogar a lo largo de dos años. La detective Muldoon (Andrea Riseborough), desoyendo los consejos de su compañero Goodman (Demián Bichir), empieza a investigar esos crímenes, acabando ella misma siendo acechada por los fantasmas del edificio.

A pesar de un arranque esperanzador, la película va perdiendo fuelle conforme avanza. Si bien Pesce cambia la dinámica narrativa que ya se ha repetido tantas veces, lo cual se agradece, la historia sigue siendo tan escuálida como en las originales japonesas. Empezando por las innecesarias sobreexplicaciones para despistados, siguiendo por el recurso fácil de la investigación policial, y terminando por que al final no deja de ser la misma película de siempre con los mismos sustos de siempre, acompañados de estridentes golpes de sonido con apariciones repentinas y efectos de suspiros cada vez que un fantasma pasa por detrás del plano. Lo hemos visto tantas veces que ya no surte efecto.

Y no solo no es original en ese sentido, sino que en su insistencia en el flashback, acaba resultando confusa y desorganizada, saltándose muchas reglas y dejando muchos agujeros a lo largo de sus escasos 90 minutos. Por el lado bueno, su apartado artístico sobresale especialmente. Los personajes, aunque basados en clichés, están interpretados por actores solventes que les sacan el máximo partido. La fotografía y el diseño de producción tienen un tono oscuro y sucio muy adecuado. Pero sin lugar a dudas, lo mejor y que hace que merezca la pena ir a verla, son los efectos de maquillaje, que por suerte, se alejan del acabado barato y amateur de las japonesas. Cuando no es digital por las exigencias de algunas escenas concretas, la violencia es muy cruda y realista, digna de los mejores momentos de Sam Raimi, quien sin duda imprime su personalidad en este aspecto. Gracias a esto, la gran Lin Shaye nos da las mejores escenas, que merecen ser vistas en la pantalla grande porque (sin desvelar más) son bastante bestias.

En definitiva, esta nueva Maldición es disfrutable, pero deja la sensación de oportunidad desaprovechada, ya que con sus elementos y el equipo que hay detrás, podría haber salido algo mucho más divertido y mejor. Una pena Raimi no la haya llevado un paso más allá como sí hizo con el brutal reboot de Evil Dead.

Daniel Andréu

Nota: ★★½

Jumanji – Siguiente nivel: Otra partida ganadora

Contra todo pronóstico, Jumanji: Bienvenidos a la jungla se convirtió en una de las grandes sorpresas de la taquilla de 2017-2018. Con una entrega de Star Wars y el sleeper El gran showman como principales competidoras durante la temporada navideña, la secuela tardía del clásico protagonizado por Robin Williams superó todas las expectativas rozando los mil millones de dólares de recaudación mundial y recibiendo una respuesta muy positiva por parte del público. Lógicamente, Sony Pictures no tardó en anunciar una tercera parte que llega tan solo dos años después para intentar repetir la hazaña.

Jumanji: Siguiente nivel recupera a su cuarteto protagonista original, Dwayne Johnson, Karen Gillan, Jack Black y Kevin Hart, a los que se suman Danny DeVito, Danny Glover y Awkwafina, además de Nick Jonas y Rhys Darby, que también repiten. La pandilla original regresa al videojuego para jugar una nueva partida en la que la misión ha cambiado para llevarles desde las dunas del desierto hasta las montañas nevadas, pasando por otros lugares inexplorados del mundo de Jumanji, donde deberán enfrentarse a lo inesperado para salir de allí con vida antes de que sea game over.

Bienvenidos a la jungla funcionó tan bien, que Jake Kasdan apenas ha modificado nada con respecto a ella. Aunque tengamos nuevos personajes y localizaciones, en el fondo es la misma película. Y no podemos reprochárselo teniendo en cuenta que el resultado vuelve a ser un producto familiar bastante digno y entretenido de principio a fin. Más allá de sus energéticas y espectaculares escenas de acción, el éxito de esta nueva secuela (y del reboot en general) descansa en la química de su reparto. Salta a la vista en todo momento que todos se lo están pasando en grande haciendo la película y su diversión resulta tan contagiosa que casi te reta a no pasártelo bien.

Es cierto que el factor sorpresa se ha desvanecido y que a la película le cuesta arrancar, con un inicio que no se esfuerza por justificar que los protagonistas vuelvan a entrar en el juego (aquí es donde más se notan las prisas por hacerla cuanto antes). Pero una vez de vuelta en Jumanji, la película despega y el ritmo apenas decae hasta el final. De nuevo, lo mejor es el contraste entre los avatares y las personalidades de los jugadores, que han cambiado con respecto a la primera partida. Johnson y Hart vuelven a estar desternillantes, en esta ocasión imitando/bordando a DeVito y Glover respectivamente, y la película saca el mejor partido de los cambios de personalidad para dejarnos momentos muy divertidos en los que todos los actores se lucen cómicamente (Awkwafina poseída por DeVito también es genial).

Por lo demás, Jumanji: Siguiente nivel se desarrolla como un videojuego que no te deja soltar el mando hasta que has completado la misión. Sony ha encontrado la fórmula ganadora con esta franquicia y ha sabido reproducirla para realizar otra película de aventuras infalible para todos los públicos, cargada de acción y humor, en la que lo más importante no son los efectos digitales, sino los actores. Si bien repite esquema y no aporta nada a lo que ya habíamos visto, Jumanji: Siguiente nivel consigue escapar de la maldición de las secuelas, preparando el terreno para una tercera parte (cuarta si contamos la original) que promete cambiar las reglas del juego.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Kristen Stewart es una bomba de relojería en la disfrutable ‘Los Ángeles de Charlie’

En cada generación, nace una elegida… Heroína equivocada, pero ya me entendéis. Cada cierto tiempo, los iconos del pasado vuelven, se regeneran y se renuevan de cara a las nuevas generaciones. Los Ángeles de Charlie se apuntan a la moda de los reboots con una nueva versión dirigida por Elizabeth Banks (Dando la nota) que trata de llevar la franquicia al siglo XXI con un flamante nuevo trío de Ángeles al frente y una mujer al cargo de la misión detrás (y delante) de las cámaras.

La nueva iteración de Los Ángeles de Charlie cuenta con Kristen Stewart (Personal Shopper), Naomi Scott (Aladdin) y la recién llegada Ella Balinska como relevo de las anteriores Ángeles, Drew Barrymore, Lucy Liu y Cameron Diaz. Tres jóvenes actrices que no viene a borrar lo visto en las entregas de 2000 y 2003 dirigidas por McG, sino a extender y actualizar la saga que tiene su origen en la mítica serie de los 70 del mismo nombre.

Es decir, el reboot no es total, sino más bien una continuación que transcurre en el mismo universo, el cual unifica mediante simpáticos guiños al pasado y cameos. En este nuevo comienzo, la Agencia Townsend se ha expandido globalmente y opera con varios equipos de Ángeles guiados por sus correspondientes Bosleys. Elizabeth Banks interpreta a la Bosley de la impredecible Sabina (Stewart) y la disciplinada Jane (Balinska), a las que se suman la nueva incorporación del equipo, Jane (Scott), una joven ingeniera de sistemas clave en el desarrollo de una codiciada tecnología que podría poner el mundo en peligro de caer en las manos equivocadas. Juntas deberán entrar en acción en una aventura alrededor del mundo para evitar que esto ocurra.

El clamor por una nueva Los Ángeles de Charlie era prácticamente inexistente. Si acaso, los espectadores habrían preferido una tercera entrega con Barrymore, Liu y Diaz, pero Sony optó por un relanzamiento para nuevas generaciones similar al de la exitosa Jumanji: Bienvenidos a la jungla y sobre todo la fallida Men in Black: Internacional, con la que guarda más similitudes. Este ha sido uno de los factores que la versión de Banks no haya sido recibida con los brazos abiertos, demostrando así que el público se ha cansado de reboots y franquicias (a menos que sean de superhéroes).

Ahora bien, debate sobre si era necesaria o no aparte (la respuesta la conocemos todos), la nueva Los Ángeles de Charlie está aquí y resulta que, si nos animamos a verla, nos encontraremos con un pasatiempo desenfadado, altamente imperfecto, pero muy disfrutable. Y es que la gente se ha tomado su existencia muy serio, cuando ni la propia película se toma en serio a sí misma. Banks sigue el espíritu mamarracho y divertido de las anteriores películas, que con el paso del tiempo han acabado ocupando un lugar especial en nuestro recuerdo, pero que no son precisamente obras maestras (si sirve como indicativo, la primera tiene un 5,5 en IMDb y la segunda un 4,9), sino más bien divertimentos exagerados y tontorrones para pasar un buen rato.

Y eso es justo lo que ofrece la reinterpretación de Banks, intriga y acción con mucho sentido del humor, cambios de vestuario, una buena banda sonora y una gran capacidad para reírse de sí misma. Claro que lo mejor de Los Ángeles de Charlie son sus tres energéticas protagonistas, en especial una explosiva y carismática Stewart, con la que Balinska y Scott mantienen una química indudable y contagiosa. Las tres dan la talla de sobra tanto en las escenas de acción como en los momentos de comedia, formando un equipo infalible y perfectamente compenetrado. Todos giran alrededor de ellas, Banks, un Patrick Stewart que pasaba por ahí, Sam Claflin pasándoselo genial parodiando a un ridículo gurú tecnológico y el novio de Internet Noah Centineo como “el chico de la película”.

El problema es que las habilidades de sus protagonistas no se ven del todo aprovechadas por una trama demasiado genérica y una historia a la que le falta sustancia. En lugar de sorprender, el guion transcurre por terreno demasiado conocido y la premisa “artefacto peligroso que hay que sustraer de manos enemigas para salvar el mundo” la hemos visto demasiadas veces.

Afortunadamente, Los Ángeles de Charlie posee suficientes atractivos y momentos de diversión como para hacer la vista gorda a una carencia que, si pensamos en las anteriores películas, tampoco debería ser tan importante (vamos, que no es James Bond ni pretende serlo). Abrazando abierta y orgullosamente el feminismo y con evidente cariño por la propiedad que está manejando, Banks ha realizado una Charlie’s Angels más moderna y empoderadora– yendo incluso adonde otros grandes estudios no se atreven haciendo que una de sus Ángeles sea abiertamente queer-, una película sexy, llena de estilazo y humor petardo para satisfacer a cualquiera que decida verla sin tomársela muy en serio y descubra que no es tan mala como creía.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Por qué Billy Elliot sigue siendo tan importante en la lucha contra la masculinidad tóxica

«No sé… Me siento muy bien. Al principio estoy agarrotado, pero cuando empiezo a moverme lo olvido todo. Y… es como si desapareciera, como si desapareciera y todo mi cuerpo cambiara. Como si tuviera fuego dentro y me veo volando, como un pájaro. Siento como electricidad. Sí, como electricidad».

Se acaba la segunda década del siglo XXI y seguimos estancados en el pasado, incluso retrocediendo en algunos aspectos. Aunque los diferentes movimientos progresistas por la igualdad sin importar el género, la sexualidad o la raza han tomado mucha fuerza en los últimos años, los prejuicios y el pensamiento arcaico continúan causando mucho daño en la sociedad.

A día de hoy, tanto en nuestra vida diaria como en la publicidad o el entretenimiento se sigue haciendo distinción entre cosas de mujer y cosas de hombre cuando no hay ninguna necesidad de hacer marcación por género. Recientemente se hizo viral una lamentable crítica de cine que aseguraba que los niños no estarían interesados en Frozen 2, porque es una película de niñas. Ya desde pequeños se nos dice lo que nos tiene que gustar o con qué juguetes tenemos que jugar según seamos niño o niña. Para ellos los coches, las películas de acción y los juegos de fuerza y destreza. Para ellas las muñecas, las historias de princesas y las actividades relacionadas con la maternidad y el hogar. Para ellos el azul, para ellas el rosa.

Para ellos el boxeo. Para ellas el ballet.

El problema del sexismo y la masculinidad tóxica o frágil afecta y moldea a las personas desde bien pequeñas, reprimiendo comportamientos totalmente naturales porque no son socialmente aceptados según las supuestas normas. Afortunadamente, el cine y la televisión han ejercido como poderosos agentes de cambio en este sentido. Si bien es cierto que muchas películas perpetúan los roles de género anticuados, otras han luchado por romperlos y demostrar que el género o la orientación sexual no deberían restringirnos en ningún aspecto de la vida.

Sería en caso del clásico moderno nominado a 3 Oscar Billy Elliot (2000). La película dirigida por Stephen Daldry (Las horas, The Crown) está considerada como una de las piezas clave en la batalla contra los estereotipos de género de las últimas décadas. Su impacto en cines resonó en todo el mundo, dando lugar a un auténtico fenómeno que perduró en el tiempo hasta convertirse en una exitosa obra musical -con composiciones de Elton John- en el West End de Londres.

La preciosa historia del pequeño Billy (Jamie Bell), un talentoso e impulsivo niño que vive dividido entre su pasión recién descubierta por el ballet y una familia rota de mineros que se enfrenta a una violenta huelga en la Inglaterra de Margaret Thatcher en 1984, inspiró a miles de personas que, como el protagonista, se sentían como bichos raros porque sus pasiones no eran las que supuestamente se debían corresponder con su género. Billy practica boxeo porque es lo que deben hacer los chicos, pero su verdadero amor es la danza, para la que posee un don muy especial. Su padre y su hermano, paradigmas de la masculinidad tóxica, se oponen a que Billy aprenda una disciplina tradicionalmente femenina, pero acaban apoyándolo, al igual que una comunidad entera que quiere para el niño lo que ellos no tuvieron: libertad para elegir qué quieres ser y escapar de un pueblo que se te ha quedado pequeño.

Billy Elliot nos habla de la necesidad de que el hombre también se abra y exprese sus sentimientos, ya sea de forma artística o a través de sus relaciones con los demás. Pero la lección no se queda ahí, sino que también incorpora un mensaje de tolerancia y aceptación a la comunidad LGBTQ+. Billy asegura en varias ocasiones que no es gay “a pesar” de gustarle el ballet, pero su mejor amigo, Michael (Stuart Wells), sí lo es. En lugar de rechazarlo (como reacción al propio rechazo que él siente y para distanciarse de la homosexualidad que otros proyectan en él), Billy acepta a su amigo tal y como es y no lo juzga cuando este lo besa o se viste de mujer, llegando incluso a fortalecer su amistad, lo cual ofrece un ejemplo de solidaridad y humanidad que sigue siendo muy valioso.

Billy Elliot supuso el lanzamiento de un jovencísimo Jamie Bell, que sorprendió al mundo entero con una portentosa interpretación merecedora de nominación al Oscar (que no se llevó). La energía y la delicadeza de su trabajo tanto en los momentos dramáticos y cómicos como en las magníficas escenas de baile, sumado a un extraordinario elenco adulto encabezado por Gary Lewis como el padre de Billy y Julie Walters (que sí fue justamente nominada por la Academia) como su profesora de ballet, dan forma a una película profundamente sensible, capaz de tocar la fibra sin caer en excesos de sentimentalismo.

Además de ser una de las películas más emocionantes y entrañables de los últimos 20 años, Billy Elliot pasó a la historia del cine por la forma en la que desafiaba los estereotipos de género con un personaje que se negaba a ser condicionado por ellos y se expresaba y liberaba a través de su pasión por el baile. Esto la convierte en precursora de una nueva masculinidad que representan nuevas estrellas jóvenes como Tom Holland (que interpretó a Billy en el teatro), Harry Styles o Timothée Chalamet. Gracias al film y al éxito de su adaptación musical (que ha llegado a muchos países, entre ellos España), Billy Elliot sigue siendo un modelo a seguir tanto para niños como para adultos, un ejemplo de que, en la búsqueda de la identidad debemos mirar hacia dentro y no prestar atención a lo que la sociedad quiere imponernos por ser una cosa u otra.

Pedro J. García

Billy Elliot está disponible en una nueva edición en pack con la película y el musical. Universal Pictures también ha puesto a la venta Los Miserables Jesucristo Superstar en este mismo formato doble.

Crítica: Puñales por la espalda

Rian Johnson ha alcanzado la notoriedad en los últimos años gracias a su participación en la saga Star Wars, para la que dirigió la polémica y profundamente divisiva Los últimos Jedi en 2017. Pero la primera vez que el mundo se fijó en él fue con un pequeño noir adolescente llamado Brick, que recibió excelentes críticas y lo llevó a ser nombrado la década pasada como una de las nuevas promesas del cine. Después de superar el reto de dirigir una gran superproducción de Hollywood y aprovechando la plataforma que esto le ha brindado para desarrollar otros proyectos de pasión, Johnson regresa a sus orígenes y retoma el misterio con Puñales por la espalda (Knives Out), cinta de suspense que, tras un triunfal paso por el Festival de Toronto, llega a los cines coronada como una de las películas de la temporada.

Con su nuevo film, Johnson lleva a cabo un homenaje a las historias de misterio estilo Agatha Christie, elaborando lo que se conoce como un whodunit (contracción inglesa que significa “Who [has] done it?”), relato en el que se ha cometido un asesinato y alguien (generalmente un detective excéntrico) debe investigar a los sospechosos a través de pistas que se ofrecen al lector o espectador para averiguar quién lo ha hecho. La víctima de Puñales por la espalda es Harlan Thrombley (Christopher Plummer), renombrado novelista y editor de libros de misterio de 85 años que ha sido hallado muerto, supuestamente por suicidio, en su habitación. El peculiar detective privado Benoit Blanc (Daniel Craig) es contratado por una persona anónima para investigar a los sospechosos del crimen, una familia numerosa y disfuncional que se reúne en la mansión del patriarca tras su fallecimiento.

Además de Plummer y Craig, Puñales por la espalda cuenta con un multitudinario reparto estelar que incluye a Jamie Lee Curtis, Don Johnson, Michael Shannon, Chris Evans (en un papel muy alejado de su Capitán América), Toni Collette, Katherine Langford y Jaeden Martell, quienes conforman el clan de los Thrombley, un grupo de personalidades fuertes y dispares que ocultan mentiras y guardan secretos e intereses relacionados con el cabeza de familia, lo cual los convierte a todos en posibles asesinos a ojos de Blanc. Todos los actores están estupendos, destacando especialmente un Craig tronchante que desata su faceta más cómica y juguetona (no nos importaría verlo resolver más casos en el futuro). Pero para nuestra sorpresa, quien se alza como la protagonista indiscutible de la película, por encima de todos los actores de renombre que la acompañan, es Ana de Armas, que interpreta a Marta Cabrera, enfermera al cuidado de Harlan. Marta es la que proporciona el hilo principal de la historia y la que sirve como punto de entrada y baliza moral, es decir, el necesario toque de cordura en una casa llena de locos.

Tomando como punto de partida clásicos como Diez negritosLa huellaEl juego de la sospecha, Johnson, que también escribe el guion, realiza una película que funciona como homenaje nostálgico al género y a la vez como reescritura del mismo. El director propone un regreso al misterio de toda la vida: una mansión, una herencia, un asesinato y numerosos sospechosos. Y una vez dispuestas las piezas sobre el tablero de Cluedo (juego de mesa que obviamente tiene un guiño en el film), se dedica a reordenarlas ingeniosamente para subvertir las expectativas del espectador. En este sentido, el mayor acierto del guion es ir más allá del mero “¿Quién lo ha hecho?”, descubriendo parte del pastel antes de tiempo para explorar otras posibilidades narrativas y cambiar, de forma sutil pero contundente, las normas.

Viendo la película salta a la vista lo bien que se lo pasó el reparto haciéndola. Entre la caricatura y la crítica social al privilegio, los actores componen personajes divertidos y llenos de capas que por separado nos dejan grandes momentos, pero juntos funcionan como una bomba de relojería (las mejores escenas son aquellas en las que están todos reunidos en el mismo lugar). Claro que, como adelantaba, todos ellos son secundarios de lujo en un guion que convierte a una persona del servicio, hija de inmigrantes, en el centro de la historia, dándole así la vuelta al estereotipo de la chacha latina. De Armas, que lleva camino de convertirse en una de las actrices más solicitadas del momento en Hollywood (después de verla en Blade Runner 2049, se reunirá con Daniel Craig en la nueva misión de James Bond, Sin tiempo para morir y se convertirá en Marilyn Monroe en Blonde) y con su excelente interpretación en Puñales por la espalda nos demuestra que se lo ha ganado.

Con hilarantes personajes, diálogos afiladísimos, un sentido del humor exquisito y un argumento lleno de giros, Johnson ha realizado una película tan clásica como original que, pese a algún bajón de ritmo, deja con ganas de ver otra vez para prestar más atención a la infinidad de detalles que se puedan haber escapado a la primera. Puñales por la espalda es una rara avis en el panorama actual de Hollywood, una película elegante, inteligente y sinuosa que se alza como uno de los pasatiempos cinematográficos más elaborados del año.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: El tiempo contigo (Tenki no Ko)

S U K I – M E   G U S T A S

El amor es infinito.

El amor es una mera convención social.

 D A I S U K I – T E   Q U I E R O

Querer a alguien es la acción más desinteresada que existe.

Querer a alguien en es el mayor acto de sumisión posible.

A I S H I T E R U – T E   A M O

Decir te amo es lo más puro que hay.

Decir te amo es una puñetera trampa.

Desde que llegó a la gran ciudad, Hodaka malvive en la calle de lo que encuentra tirado por ahí o de cualquier cosa que pudiese gorronear a quien se cruce con él. Un golpe de suerte hizo que Natsume y Keisuke se cruzasen en su camino y consiguiese un pequeño trabajo de ayudante en su editorial. Pero Hodaka seguía sintiendo una rabia irremediable… hasta que Hina apareció como un flash en vida. El amor de Hina y Hodaka no mueve montañas, pero sí que tiene un poder bastante sorprendente. Hina es una mujer que tiene el poder de jugar con los fenómenos meteorológicos a su antojo. Ella, literalmente, hace que las nubes se disipen y salga el Sol. El tiempo contigo (Tenki no Ko) es la nueva bomba emocional que nos trae Makoto Shinkai tras la generacional your name. (Kimi no Na wa).

Puede que Mamoru Hosoda se haya labrado con creces el título no oficial de discípulo de Hayao Miyazaki gracias a su labor en films como Wolf Children (Ōkami Kodomo no Ame to Yuki) o Mirai, mi hermana pequeña (Mirai no Mirai), pero ningún nombre ha movido tantas pasiones en la última década como Makoto Shinkai. Sus amores imposibles entre adolescentes y sus desgracias apocalípticas bastante surrealistas, le han convertido en el rey de la taquilla nipona. Ya con El lugar donde nos conocimos (Kumo no Mukō, Yakusoku no Basho) y 5 centímetros por segundo (Byōsoku Go-Senchimētoru) supo presentarnos su propuesta cinematográfica. Una autoría que quedaría sublimada en your name., largometraje que despertó un fenómeno fan sin igual entre adolescentes, y no tan adolescentes, de todo el planeta. Taki Tachibana y Mitsuha Miyamizu se convirtieron en referentes absolutos del amor puro y sin límites en esta segunda década del siglo XXI.

Con El tiempo contigo, Shinkai repite paso por paso su modelo patentado de romance entre jóvenes cisgénero heterosexuales. Sus mismos personajes de siempre con una vida absurda y vacía que ven cómo todos sus problemas existenciales se arreglan con el encuentro fortuito con su alma gemela. El amor como única solución posible a todos nuestros problemas. Una reflexión extremadamente pacata que comulga a la perfección y perpetúa el código moral de una sociedad tan conservadora como la nipona, una actitud que también podemos observar en otros coetáneos como es el caso de Shin’ichirô Ushijima y su extremadamente tóxica Quiero comerme tu páncreas (Kimi no Suizō o Tabeta).

Resulta algo tedioso ver cómo se repiten ese tipo de patrones y modelos de conducta, siendo su mayor traba la ausencia (casi) total de novedades en el desarrollo y conflictos de la historia de amor entre la joven pareja. Pero no todo en El tiempo contigo roza los límites del sopor, un tercer acto más cercano al género fantástico anima el cotarro, aunque todo sea consecuencia a una decisión extremadamente egoísta que provocaría terrores nocturnos a la mismísima Greta Thunberg. Es en este ambiente más distópico donde Shinkai alcanza cotas notables y algún que otro momento visual de altura.

El tiempo contigo podrá ser otro triunfo en taquilla para Shinkai, pero supone una verdadera muestra de agotamiento y estancamiento en su progresión creativa que esperemos logre enmendar en futuros proyectos.

David Lastra

Nota: ★★½

Crítica de Frozen 2: Hacia lo desconocido

En su transición de la animación tradicional a la generada por ordenador, Disney tardó unos años en reproducir el tirón comercial del que había disfrutado una década antes. Películas como BoltEnredados¡Rompe Ralph! la situaron en el buen camino, pero el estudio necesitaba algo más para recuperar la magia de su época dorada de los 90. En 2013, nadie esperaba que Frozen: El reino del hielo fuera ese “algo más”, pero contra todo pronóstico, se acabó convirtiendo en una de las películas de animación más taquilleras de todos los tiempos (recaudó 1.276 millones de dólares mundialmente) y dio paso a un enorme fenómeno cultural.

El éxito masivo de Frozen convirtió a sus protagonistas en la obsesión de los más pequeños, desató una avalancha de mercadotecnia, hizo que el himno ‘Let It Go’ sonase en todas partes y finalmente generó una adaptación de Broadway, tal y como había ocurrido con El Rey León años atrás. El impacto de Frozen fue tan grande que una secuela estaba garantizada. Pero sus creadores, Chris Buck y Jennifer Lee, junto a los compositores de las canciones, Robert Lopez y Kristen Anderson-Lopez, decidieron tomarse su tiempo. Seis años que han dedicado a hacer una secuela que esté a la altura, en lugar de sacar cualquier cosa para aprovechar el éxito de la primera.

La tendencia renovadora que Disney había mostrado con películas anteriores como EncantadaEnredados alcanzaba en Frozen su máxima expresión con una historia que no se centraba en el amor romántico, sino en la relación entre dos hermanas, y que cambiaba la idea del matrimonio instantáneo por una relación en la que dos personas se conocen antes de enamorarse (el príncipe azul resultaba ser el villano y la película no terminaba en boda, sino con dos personajes iniciando una relación después de pasar tiempo juntos). Retomando su mensaje de empatía y autoaceptación, Frozen 2 continúa el espíritu moderno y revisionista de su antecesora a la vez que se enfrenta al reto de ampliar su universo y extender la historia más allá del “vivieron felices y comieron perdices”.

Para ello, Buck y Lee deciden volver al pasado y reescribir la historia de los padres de Elsa y Anna, creando alrededor de ellos una intrincada mitología que involucra los elementos de la naturaleza y la historia desconocida de su pueblo. Tras los acontecimientos de la primera entrega, el reino de Arendelle atraviesa una época de paz, Elsa y Anna viven felices rodeadas de las personas que más quieren y la vida transcurre sin contratiempos. Todo cambia cuando Elsa empieza a oír una voz misteriosa que la lleva junto Anna, Kristoff, Olaf y Sven a embarcarse en un viaje hacia lo más profundo del bosque encantado, un lugar del que nadie ha regresado nunca, donde se enfrentarán a grandes peligros para descubrir la verdad sobre su familia y desvelar el misterio de su reino.

Frozen 2 reutiliza los elementos que hicieron de la primera parte un fenómeno, pero consigue escapar de la repetición con una historia que explora lugares desconocidos en un ejercicio de expansión narrativa. La secuela es definitivamente más épica, madura y ambiciosa que la anterior, una película que además de seguir profundizando en la relación entre las hermanas y explorando la interesante identidad de Elsa, independiente, atormentada y en constante búsqueda, nos habla de cómo el pasado nos condiciona y cómo los jóvenes deben resolver los problemas heredados por las generaciones anteriores para hacer un mundo mejor. Un oportuno e inspirador discurso que sirve como reflejo de nuestra propia realidad en el momento actual.

En el apartado técnico y visual, Frozen 2 eleva el listón hasta lo más alto. Entre escenas de acción espectaculares, preciosos paisajes y números musicales formidables, la película está repleta de imágenes que pasan a ser instantáneamente icónicas y que dejarán boquiabiertos tanto a niños como a mayores (Elsa atravesando el mar, Elsa con el pelo suelo montada sobre el caballo de agua…). En cuanto a las canciones, el matrimonio Anderson-Lopez vuelve a dar en la diana con un repertorio digno del mejor musical de Broadway. En esta ocasión se echa de menos algo más de variedad (la mayoría de temas son baladas y algunas no muy memorables), pero hay incontestables temazos, como el vivificante número de apertura con todos los personajes, ‘Some Things Never Change’, la divertidísima parodia de los 90 interpretada por Kristoff, ‘Lost in the Woods’, y por supuesto, el monumental tema central, ‘Into the Unknown’, que funciona como la ‘Let It Go’ de la secuela sin ser exactamente una copia.

Donde Frozen 2 vuelve a fallar es en la construcción del guion, un problema que arrastra desde la primera película y que se acentúa al complicarse la historia en esta segunda parte. Uno de sus mayores aciertos es el hecho de que no cuenta con un villano, sino que el enemigo de los protagonistas es el mismo miedo, a lo desconocido y a ser uno mismo. Pero la trama que se construye a partir de esta idea resulta confusa y atropellada por momentos, sobre todo a la hora de ampliar lo visto en la primera parte, para lo que se recurre a la continuidad retroactiva, con resultados irregulares. Por el lado bueno, los diálogos son tan inspirados o incluso mejores que en la primera y abundan los chistes geniales y los momentos de metahumor que tan bien funcionaron en la anterior (guiños que en ese caso sirven para realizar un comentario muy autoconsciente de la misma). Por último, la película destaca por su fantástico desarrollo de personajes. Todos ellos crecen personal y emocionalmente en esta nueva aventura, en especial Elsa, personificando así uno de los mensajes principales de la película: dejar de tener miedo al cambio.

Y hablando de cambio, como ya se nos había avisado, la película no concreta nada sobre la sexualidad de Elsa. Como en la primera, su historia no gira en torno al amor romántico, por lo que sus creadores no han sentido la necesidad de definir su orientación sexual tampoco en la secuela. Pero esto no impide que existan varios momentos de subtexto queer (ol queerbaiting, según se mire), como la introducción de un nuevo personaje femenino con el que Elsa comparte una escena que parece diseñada para seguir alimentando las especulaciones, un diálogo en el que Anna le dice que la apoya en su decisión de vivir siendo “como quieres ser”, y de nuevo, las letras de sus canciones, que expresan un conflicto interior que puede seguir relacionándose al de la comunidad LGBTQ+ (como es el caso de su otro baladón, ‘Show Yourself’). El debate vuelve a estar servido.

A pesar de sus defectos, Frozen 2 es una secuela más que digna que hace honor a la primera entrega. Aunque el factor sorpresa ha desaparecido, la película encuentra la manera de continuar reescribiendo las normas de los cuentos de hadas y el cine de princesas de Disney, con una historia emocionante, empoderadora y muy divertida que piensa tanto en los niños como en los adultos. Salta a la vista que hay mucho trabajo detrás de la película y que los directores se han esforzado para no estancarse y realizar una continuación que haga justicia al éxito de la anterior. La espera ha merecido la pena y el resultado promete desatar de nuevo la frozenmanía.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Madre: Retrato de una mujer quebrada

Madre se hace, no se nace. Por mucho que unas cuantas iluminadas (e iluminados) se empeñen, nadie viene a este mundo sabiendo y mucho menos si hablamos de un vicio adquirido como es la maternidad. Puede que todavía no queden tan lejanos los tiempos de la santificación del binomio ‘madre y esposa’, pero por lo menos hemos podido ver cómo se ha relajado bastante la animadversión a la figura de la madre soltera, separada o divorciada. La decisión de ser madre puede ser tanto el acto más subyugante llevado a cabo por una mujer como el acto más revolucionario que puede realizar un ser humano. Después de desmenuzar minuciosamente los entresijos de los últimos años de la corrupción española, Rodrigo Sorogoyen (Que Dios nos perdone) se atreve ahora con el arquetipo más polémico de la historia: la madre.

Hace diez años, Elena recibió una llamada que puso su vida patas arriba. Su apacible existencia se quebró en el mismo instante en que dejó de recibir señal alguna del otro lado del teléfono. La línea se cortó y algo más grande se rompió en ese momento. Elena no solo perdió un ente externo de su propiedad, sino que sintió cómo le arrebatan algo aún más propio: su sentido de pertenencia. Aquello que había construido con tanto ahínco, por lo que había incluso actuado incluso en detrimento de su propia personalidad. Ese día, Elena dejó de ser madre.

Cogiendo como base su cortometraje homónimo, Sorogoyen construye una desgarradora historia en la que nos muestra a una mujer sin rostro que intenta seguir caminando pero que no puede, ni quiere, seguir avanzando. Su crisis identitaria le ha llevado a adoptar otro perfil, a habitar un no lugar que le sirve como única atadura a lo que fue su vida hace diez años. Una prisión en forma de playa que podría o no ser la indicada, pero que cumple su labor evocadora.

Madre huye del golpe de efecto (muy bien llevado, todo hay que decirlo) que dominaba el cortometraje candidato al Oscar y se convierte en un excelente ejercicio de sutilidad y sensibilidad cinematográfica. El director de Stockholm logra acercarse a las consecuencias de la pérdida sin caer en sentimentalismo alguno, con una elegancia en los planos que recuerda por momentos al temple del mejor Michael Haneke, el de Código desconocido, y al arte de Terrence Malick (El árbol de la vida), pero de una manera más poética y menos plomiza. Sorogoyen nos presenta una Elena enferma, en el sentido estricto y no peyorativo de la palabra. La sensación térmica del miembro fantasma sigue ahí y ella busca maneras de sobrellevarlo. Una nueva pareja, un nuevo trabajo, nuevas compañías… Ella sigue el manual para sobrellevar la pérdida y, a ratos, podríamos asegurar que funciona.

Al igual que ocurría con el trastorno límite de la personalidad en La heridaMadre logra acercarse al complejo mundo de las enfermedades mentales de manera certera y sin caer en los típicos errores que habitualmente se cometen en la gran pantalla. Como Marián Álvarez en el caso de la película de Fernando Franco, esta aproximación por parte de Sorogoyen se engrandece gracias a la sublime interpretación de su actriz protagonista. Si en el cortometraje, Marta Nieto (El camino de los ingleses), nos enseñó lo bien que sabía explotar, en esta versión en largo, además de confirmarnos su buen hacer a la hora de llevar las cosas al límite (especialmente en una escena en la que nos recuerda ligeramente a la Victoria de Sebastian Schipper), nos muestra sus dotes de contención y gestualidad. Una intrincadísima colección de pequeños matices y gestos que esperanzan y destrozan por igual al espectador desde la primera escena. Su labor como Elena es un monumento cinematográfico y uno de esos papeles que marcan una carrera. Gane o no en los próximos Goya, ella es la creadora del mejor trabajo interpretativo del año.

Lejos de ser una mera continuación ramplona del cortometraje y convertirse en un thriller policiaco de esos tan comunes en nuestra cartelera (y que tan bien supo hacer él mismo en la entretenida Que Dios nos perdone), Sorogoyen e Isabel Peña (su coguionista habitual) eligen la opción difícil y nos muestran la vida después del drama. El trauma que queda. Los extremos de la devoción masoquista de algunas madres. Elena compensa el vacío de su corazón siendo esclava perpetua de su progenie, ya sea real o proyectada. Esta mater dolorosa abraza al recién llegado (prometedor y genial Jules Porier, Play) como si de su propio hijo se tratase, al igual que el propio adolescente se amarra a ella como si de su verdadera madre se tratase. Sorogoyen decide tratar esta relación de una manera metódica, huyendo de sensacionalismos y de cualquier tipo de censuras. Pocas películas se han atrevido a mostrar la hipertrofia del eros entre madre e hijo (ya sea relación biológica o elegida, como es el caso) de una manera tan valiente y realista.

Madre es la película más contundente y, mal que nos pese, polémica del año, porque de todos es sabido, que el amor de una madre no contempla imposible…. y eso molestará a más de uno (y una).

David Lastra

Nota: ★★★★★

(Para todos y todas aquellas que no hayáis visto todavía el cortometraje, no os preocupéis. La película comienza con el metraje completo del mismo)

Querida J.K. Rowling, si Dumbledore es homosexual, que lo sea de verdad

Este artículo se publicó originalmente el 16 de noviembre de 2018 en eslang. Lo recupero a propósito de la noticia de que la tercera entrega de Animales Fantásticos se centrará en el personaje de Dumbledore, cuya sexualidad ha sido objeto de debate desde que fue desvelada por su autora.

Corría el año 2007, el último libro de Harry Potter acababa de salir al mercado y la saga cinematográfica que adaptaba las novelas de J.K. Rowling iba por su quinta película, Harry Potter y la Orden del Fénix. Fue entonces cuando la famosa autora británica dejó caer la bomba sobre sus fans: “Dumbledore es gay”. Lo hacía durante una ronda de preguntas en un acto público en Nueva York, volviendo a confirmarlo más adelante en Internet. Los lectores más acérrimos llevaban tiempo recogiendo las migas, sospechando que Dumbledore era homosexual y había estado enamorado de otro poderoso mago, Gellert Grindelwald. Pero aun así, que Rowling sacase al personaje oficialmente del armario causó un impacto enorme entre los seguidores de la saga.

Las críticas no tardaron en aparecer. Rowling había esperado a que todas las novelas estuvieras publicadas para confirmar la homosexualidad de Dumbledore, convirtiéndola en una suerte de addendum que lo cambiaba todo sin cambiar nada. A la escritora la acusaron de practicar el queer baiting (utilizar la homosexualidad de un personaje para contentar al público LGBT+ sin intención de desarrollarla), de no atreverse a visibilizar la homosexualidad en un universo supuestamente diverso, y en definitiva, de sacar a Dumbledore del armario tarde y mal, para luego ni siquiera hacer referencia a ello en las películas restantes de Harry Potter. Años más tarde, con el anuncio de la saga de precuelas Animales Fantásticos, llegó la oportunidad de enmendar el error. Las nuevas películas, de cuyos guiones se encarga la propia Rowling, narrarían el pasado de Dumbledore, interpretado en su versión más joven por Jude Law. Por tanto, se daba por hecho que estas profundizarían en la orientación sexual del personaje. Sin embargo, el tiempo nos ha enseñado que es mejor no precipitarse.

Animales Fantásticos: Los crímenes de Grindelwald es la primera película que cuenta con Law en el papel del mago de Hogwarts, mientras que Johnny Depp repite como Grindelwald en un rol más extendido tras su breve aparición al final de la primera, Animales Fantásticos y dónde encontrarlos. Precedentes como Thor: Ragnarok, Star Wars: Los últimos Jedi o el remake de La Bella y la Bestia (donde sus supuestos personajes LGBT+ no eran confirmados dentro de la película, sino en entrevistas o redes sociales) hacían que los fans exigieran a Rowling y Warner Bros hacerlo mejor. La primera decepción llegó con el anuncio por parte de Rowling de que la película no haría alusión directa a la condición de hombre gay de Dumbledore. La paciencia empezaba a agotarse e Internet montaba de nuevo en cólera. Para calmar los ánimos, el director de la cinta, David Yates, cambiaba el discurso a un mes del estreno, asegurando que la homosexualidad de Dumbledore estaría “clara” en la nueva entrega. La película llega esta semana a los cines y después de verla, podemos confirmar que el realizador solo decía una verdad a medias, y que la realidad es más próxima a lo que nos habían dicho inicialmente: Los crímenes de Grindelwald pasa de puntillas por el tema. Y que nos lo esperásemos, no hace que la decepción sea menor.

Concretamente hay cuatro escenas en torno a la relación sentimental de Dumbledore y Grindelwald en las que se podía haber tocado de frente el tema, pero en ninguna de ellas se hace alusión explícita, sino que se aborda de manera ambigua y con medias tintas, dejando al espectador la tarea de interpretar lo que está ocurriendo (cosa que no sucede con las relaciones heterosexuales, claro). En la primera de estas escenas asistimos al primer encuentro de Dumbledore y Newt (Eddie Redmayne). El primero le encomienda una misión a su exalumno: viajar a París para enfrentarse a Grindelwald y detener sus oscuros planes. La razón que el mago le da para no hacerlo él mismo, a pesar de ser mucho más poderoso, es un simple “porque yo no puedo”. Por el tono de sus palabras se entiende que oculta un motivo mayor, pero es pronto para desvelarlo.

La segunda escena en que se hace referencia velada a la sexualidad de Dumbledore tiene lugar en Hogwarts. Allí, alguien define su relación con Grindelwald de la siguiente manera: “eran tan cercanos como hermanos”, a lo que el mago responde “éramos algo más cercanos que hermanos”. En este caso, no nos cabe duda de lo que quiere decir. Es más concreto, pero tampoco llega a ser una alusión directa. Si la entendemos es porque poseemos información que nos han propiciado fuera de la película. Pero un espectador casual o un niño que no cuente con ese dato externo no tiene por qué interpretarlo así. Para él, ser “más cercanos que hermanos” no tiene por qué tener connotaciones románticas. De hecho, así también se puede definir una amistad intensa sin que haya factor sexual (sería diferente si dijera “éramos más que amigos”, pero no es el caso). Al final, la película está haciendo lo que muchas familias hacen con sus hijos LGBT+ de cara a los demás, referirse a sus parejas como “su amigo”. Y que cada uno entienda lo que quiera.

La que sin duda será considerada la alusión más directa es la que sucede durante la secuencia del Espejo de Oesed, un artilugio mágico que, al mirarse en él, muestra “los deseos más profundos y desesperados de nuestro corazón”. Dumbledore ve a Grindelwald en el espejo. Es fácil detectar el subtexto gay de esta escena, pero en ningún momento se convierte en texto. En el espejo podemos observar a Dumbledore y Grindelwald entrelazando sus manos para realizar un pacto de sangre. El gesto desprende cierta intimidad y sensualidad que nos indica que hay algo más que amistad, pero de nuevo, esta interpretación viene condicionada por la información adicional con la que contamos, no por la escena en sí. Si Rowling no nos hubiera dicho que Dumbledore es gay, la escena podría leerse simplemente como un pacto de sangre entre dos amigos íntimos.

Por último, la película tiene una nueva oportunidad de concretar la homosexualidad de Dumbledore durante el final. Tras los acontecimientos del clímax, el mago se reencuentra con Newt, con quien mantiene una conversación en la que, a pesar de todo lo ocurrido, sigue manteniéndose ambiguo con respecto a Grindelwald. Dumbledore desvela a Newt que hizo un pacto con el villano mediante el que se prometieron no enfrentarse el uno al otro, pero no explica por qué. En una escena anterior, Dumbledore elogia a Newt por no buscar poder y hacer siempre lo correcto; es la persona adecuada para confiar un secreto como el suyo, pero aun así decide callárselo, dejando el asunto entre líneas, donde ha permanecido toda la película.

En Internet son muchos los que defienden esta decisión de mantener la sexualidad de Dumbledore como algo impreciso o abierto a la interpretación. Algunos afirman que la sexualidad de un personaje no es importante para la historia, pero claro, eso solo se dice cuando el personaje en cuestión es homosexual. Además, en el caso de Los crímenes de Grindelwald resulta que no solo es importante, sino que es esencial. También los hay que argumentan que Dumbledore es una persona muy privada y no está preparado para hablar de algo tan traumático, por lo que aun no puede desvelar su secreto. Es una explicación coherente, pero resulta que los fans saben que el personaje es gay, por lo que esta explicaría por qué él se lo oculta a los demás personajes, pero no por qué la película nos lo oculta a nosotros. Lo mismo se podría decir a los que dicen que en la saga original no se desveló hasta el final el amor de Snape por Lily, dos personajes heterosexuales. En este caso, la sexualidad de Dumbledore y su relación con Grindelwald no puede ser un giro sorpresa final, porque ya nos la han concretado por otros medios. Por tanto, esa no es razón para callársela. Y hablando de Harry Potter, también se excusa la omisión alegando que en la saga original tardaron cuatro o cinco películas en introducir romances. Pero claro, no se tiene en cuenta que a) los protagonistas fueron niños durante esas primeras películas (en cuanto crecieron lo suficiente empezaron a emparejarlos o darles intereses amorosos), y b) en las dos primeras entregas de Animales Fantásticos hay numerosas relaciones heterosexuales.

También se argumenta que la película transcurre en los años 30, una época en la que la comunidad LGBT+ sufría mucha más opresión y simplemente no podía vivir su sexualidad abiertamente, por lo que no es algo que se pueda mostrar en pantalla. De nuevo, este razonamiento cae por su propio peso. En primer lugar, que tuvieran que ocultarse de la sociedad, no quiere decir que los homosexuales no existieran en el pasado, y tampoco que no se pueda concretar su sexualidad en el ámbito privado de la ficción, como demuestra la existencia de muchas películas y series de época que ahondan en personajes y relaciones LGBT+ (Maurice, Wilde, Dioses y monstruos, Brokeback Mountain, Call Me by Your Name, Man in an Orange Shirt). Y en segundo lugar, ¿qué sentido tiene pedir exactitud histórica en una saga sobre magia en la que, además, el racismo por color de piel no existe según su propia creadora? Con los coches voladores y las criaturas fantásticas no hay problema, pero resulta que visibilizar a una persona LGBT+ no es históricamente correcto. La homofobia puede manifestarse de muchas maneras, a veces de forma inconsciente, y esta es una de ellas.

Ojo, no estamos pidiendo que Dumbledore se suba a la torre más alta de Hogwarts y grite “¡Soy gay y amo a Grindelwald!”, aunque esto sea lo que algunos están interpretando en nuestras quejas. Solo pedimos que se deje de marear la perdiz. Que si el personaje es gay, lo sea abiertamente de cara al espectador, no en forma de guiño que no será entendido por todos. Que no haga falta dar tantas explicaciones y justificaciones para manifestar la sexualidad de alguien solo cuando es LGBT+, mientras vemos a los personajes hetero besarse, flirtear, prometerse en matrimonio, lanzarse hechizos de amor o tener hijos sin que se critique tanto lo “poco importante que es para la trama” (hay más de 100 personajes abiertamente heterosexuales en HP, frente a solo uno gay). Y por supuesto, que los grandes estudios dejen de claudicar ante el conservadurismo de los mercados más intransigentes por un más que evidente miedo a enfadarlos y perder millones en taquilla. En definitiva, que la saga se quite de una vez por todas la capa de invisibilidad gay.

Somos conscientes de que aun nos encontramos en el inicio de una historia a la que le quedan (como mínimo) tres entregas más. Rowling nos ha prometido que la relación entre Dumbledore y Grindelwald se explorará más a fondo en el futuro (al fin y al cabo, los personajes aun no se han reencontrado en las películas), pero no es suficiente. Las promesas están muy bien, pero las acciones tienen más valor, y en Los crímenes de Grindelwald hay muchas oportunidades perdidas de demostrarlo. Si la sexualidad de Dumbledore no es un problema en sí, sino que han decidido tratar así el tema por motivos narrativos, vale, pero entonces que nos lo demuestren incluyendo otros personajes LGBT+, nuevos o de los cientos que hay ya en este universo. Sería muy fácil, si quisieran. Rowling y Warner tienen en sus manos un poder enorme para contribuir a cambiar la sociedad con un poco de representación, pero siguen posponiéndolo como si fuera un compromiso que en el fondo desean eludir. Seguiremos esperando. Total, es a lo que estamos acostumbrados.

Crítica: Estafadoras de Wall Street (Hustlers)

Que no, que no es coña. Que un grupo de desalmadas bailarinas desvalijaron a unos pobrecitos tiburones de Wall Street y casi nadie se enteró porque, como buenos machos, el frágil ego de los mirlos blancos no aceptaba en ningún momento que hubiesen sido chuleados por el “sexo débil”. Estafadoras de Wall Street (Hustlers) nos muestra cómo fueron los tejemanejes de estas mujeres, que ante el ocaso de la crisis económica, decidieron marcarse un Robin Hood en plena boca de infierno capitalista. ¿Quién nos iba a decir que la película más combativa de la temporada iba a venir de la mano de Jennifer Lopez?

Tampoco tendríamos que olvidar que la Jenny es como nosotros, de barrio. Salida del Bronx, J. Lo reventó las listas de ventas con sus primeros trabajos musicales, consiguió buenas críticas por sus primeros trabajos en cine (excelente en Una relación peligrosa de Steven Sodebergh y Giro al infierno de Oliver Stone) y se convirtió en la enésima ‘reina de la comedia romántica’ de comienzos del siglo XXI. Un Versace de gasa de seda verde y una polémica con Mariah Carey (glorioso ‘I Don’t Know Her’ que le propinó la cantante de ‘Emotions’) contribuyeron a que su leyenda como icono latino no terminara extinguiéndose. Una burdísima (y eficiente) relectura de la ‘Lambada’ (‘On the Floor’) y otros hits como ‘Ain’t Your Mama’ o ‘El anillo’, hicieron que J. Lo siguiera presente en nuestras vidas. Pero todavía le quedaba un aspecto artístico en el que ejercer un sonoro comeback: la gran pantalla. La ocasión le vino de la mano de un proyecto a priori bastante marciano: la adaptación del increíble artículo de Jessica Pressler sobre un grupo de mujeres que se dedicaban a engatusar, drogar y desplumar a todo aquel nuevo rico que se cruzase en su camino.

Ella sería Ramona, la cabecilla. La definición perfecta de la expresión coloquial ‘la puta ama’. La única persona en la historia capaz de hacer pole dancing con Fiona Apple de fondo. Jennifer Lopez realiza la interpretación de su vida y ya desde su primera aparición en escena, te das cuenta que su ruido de cara a la carrera de premios de este año no es ninguna tontería. J. Lo logra transmitir su tremendo magnetismo en Ramona, una perra vieja con dos ovarios bien puestos que no va a permitir que nadie le chulee.

Los personajes de Estafadoras de Wall Street se mueven dentro de un mundo supuestamente amoral.  Un no lugar que desaparece durante las horas diurnas, pero que por la noche se convierte en el centro del universo. Unos bajos fondos donde no existe ley alguna, salvo que los clientes no pueden tocar a las bailarinas en los reservados. Aunque duro, pero no tan sórdido como podríamos imaginar, el ambiente previo a la crisis económica de las trabajadoras de este strip club es el ejemplo perfecto de sororidad. Lorene Scafaria (directora y guionista de la película) decide omitir de manera inteligente el rol de villana al uso. Puede que Estafadoras de Wall Street peque bastante de naif, pero esta decisión beneficia claramente a la conexión del espectador para con las heroínas del film, sirviendo, si es que hiciera falta (que parece ser que lo hace), para demostrar que un grupo de mujeres puede trabajar juntas sin sacarse los ojos.

Ese cuidado a la hora de presentar e ir construyendo los personajes con tanto cariño, hacen que el espectador no solo ame a todas y cada una de las mujeres que aparecen en pantalla, sino que empatice al cien por cien con su causa. A falta de la llegada de Mujercitas, estamos ante el mejor trabajo interpretativo coral de este año. Desde J. Lo a la recién llegada al club Constance Wu (Crazy Rich Asians) o las simpáticas presencias de las cantantes Cardi B y Lizzo. Las cuales merecían más minutaje, especialmente el personaje de la intérprete de ‘I Like It’ que resulta ser un revulsivo cómico maravilloso. Igualmente acertadas resultan unas atolondradas Keke Palmer (Scream Queens) y Lili Reinhart (Riverdale) en la segunda parte del film, cuando todo se vuelve un poco más serio. El momento en que el hambre aprieta, la vergüenza afloja, el ingenio inventa y todo cambia. En ese preciso instante, Estafadoras de Wall Street se convierte en la hermana bastarda de Uno de los nuestros, aunque manteniendo (más o menos) el nivel de sororidad de la primera mitad de metraje… a diferencia del clásico de Scorsese en el que los supuestos amigos del alma no paraban de lanzarse puñales en cuanto las cosas se ponían un poco feas.

Estafadoras de Wall Street es el cuento de hadas en que nos gustaría vivir (la parte bonita, claro está) y cuyas protagonistas deberían aliarse junto a nuestras amigas de Nación salvaje y Superempollonas y terminar de una vez con todas con los Jokers que pueblan nuestro planeta.

David Lastra

Nota: ★★★★

Yesterday: Una idea genial y una comedia romántica ejemplar

¿Qué pasaría si los Beatles nunca hubieran existido? Esta es la pregunta que se hace Yesterday, la última película de Danny Boyle (TrainspottingSlumdog Millionaire), una comedia romántica con premisa fantástica, cuyo guion está escrito por uno de los maestros del género, Richard Curtis, escritor de películas como Cuatro bodas y un funeralNotting HillLove ActuallyUna cuestión de tiempo.

El film sigue a Jack Malik (Himesh Patel), cantautor de una pequeña localidad inglesa que no logra hacer despegar su carrera y acepta cualquier bolo que surja, por muy pequeño que sea. En plena crisis vital y profesional, Jack está a punto de renunciar al sueño de poder vivir de la música, a pesar de contar con el ánimo y apoyo incondicional de su manager y mejor amiga, Ellie (Lily James). Es entonces cuando ocurre el… ¿milagro?

Después de sufrir un aparatoso accidente en bici durante un misterioso apagón que tiene lugar durante 12 segundos en todo el mundo, Jack es la única persona de la Tierra que recuerda a los Beatles. El legendario cuarteto de Liverpool que cambió la música para siempre ha desaparecido de la historia y las canciones de John, Paul, George y Ringo solo existen en su cabeza. Jack aprovecha este inesperado poder para hacerse pasar por el autor de los temas más míticos e influyentes del mundo del pop y alcanzar el éxito que tanto se le ha resistido. Sin embargo, la fama tiene un precio y Jack deberá enfrentarse a las consecuencias de sus deshonestos actos.

Yesterday es un sincero y divertido homenaje a los Beatles y un testimonio de su indeleble impacto en la música y la cultura popular que nos recuerda (aunque no haga falta) la maestría de sus composiciones y la universalidad de sus melodías. La película incluye un sinfín de temas de la banda británica interpretados (con mucha alma) por Himesh Patel, además de numerosos guiños para hacer las delicias de los beatlemaníacos, como un paseo nostálgico por los lugares de Liverpool que inspiraron algunas de sus canciones más emblemáticas o una emocionante visita que toca la fibra sensible.

Curtis vuelve a demostrar su incontestable habilidad a la hora de componer historias románticas partiendo de una premisa muy concreta y original, con un guion más cercano en tono y desarrollo al de su obra más infravalorada, la genial Una cuestión de tiempo, que también recurría al elemento fantástico (en su caso, los viajes en el tiempo). En Yesterday nos encontramos con un relato what if, una fábula de realidad alternativa con toques surrealistas que parece un episodio de The Twilight Zone, pero cambiando la ciencia ficción y el thriller por el romance. El resultado es una película feel-good tan irresistible como entretenida, que consigue sorprender y sacar una sonrisa a cada paso que da.

La excelente interpretación de Himesh Patel y su entrañable relación con el personaje de la siempre encantadora Lily James ancla una película que cuenta con un reparto muy llamativo. La norteamericana Kate McKinnon aporta su habitual toque marciano y excéntrico interpretando a una productora musical sin escrúpulos, mientras que la estrella del pop Ed Sheeran realiza un cameo (extendido) que nos deja algunos de los momentos más hilarantes de la película, como su visita nocturna a casa de Jack o la batalla de compositores.

A pesar de desafiar constantemente la suspensión de la incredulidad del espectador, Yesterday consigue salir siempre adelante gracias a sus diálogos naturales y llenos de ingenio, la estructura impecable de un guion lleno de ocurrencias (el mejor chiste de la película tiene que ver con Oasis y es brillante) y un indudable encanto que solo se encuentra en las mejores rom-coms inglesas. En resumen, Boyle y Curtis construyen una película 100% British que funciona tan bien como comedia romántica como homenaje a la banda más famosa de la historia de la música y original celebración de su legado.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Yesterday ya está a la venta en España de la mano de Universal Pictures Home Entertainment. Os dejo con las características y contenidos adicionales que se incluyen en las ediciones.

EDICIÓN DVD:

· Comentario con el director Danny Boyle y el guionista y productor Richard Curtis

· Final alternativo

· Escenas eliminadas

· Live at Abbey Road Studios – Deléitate con las actuaciones íntegras de Himesh Patel interpretando “Yesterday”, “I Want To Hold Your Hand” y “Let it Be” en los míticos estudios de Abbey Road

EDICIÓN BLU-RAY

Incluye los extras del DVD y añade, entre otros, el siguiente contenido adicional exclusivo de este formato:Comienzo alternativo
· Tomas falsas

· Un dúo con talento – Richard Curtis y Danny Boyle: dos emblemas del cine británico, juntos por primera vez en el mismo proyecto cinematográfico

· Jugando de verdad – Reinterpretar las canciones de los Beatles fue un gran reto para un recién llegado al mundo de la música como es Himesh Patel. Descubre cómo fue todo su proceso de aprendizaje para poder enfrentarse al gran desafío de grabar los números musicales en directo en el set

· Ed Sheeran: Del escenario a la pantalla – El músico Ed Sheeran comparte sus experiencias en el que ha significado su primer papel importante en el cine

· Agente de la comedia: Kate McKinnon – Los fans de la reina de la improvisación y una de las cómicas norteamericanas más importantes, Kate McKinnon, disfrutarán especialmente de este material adicional

· Conversación con Richard Curtis y Ed Sheeran

EDICIÓN 4K UHD + BLU-RAY

Incluye un disco 4K UHD con la película en ultra alta definición y sonido Dolby Atmos en su pista en versión original, y el Blu-ray con todos sus extras.

Crítica: Terminator – Destino oscuro

Borrón y cuenta nueva. Una máxima que se puede aplicar tanto a nuestras vidas como a las franquicias de cine que se han quedado estancadas. Esto es lo que le ocurrió a Terminator, la saga de acción y ciencia ficción creada por James Cameron que nos dio dos excelentes primeras entregas para a continuación decepcionar al público con cada una de sus posteriores secuelas. Por esta razón, para el nuevo capítulo se ha optado por ignorar completamente Terminator 3: La rebelión de las máquinasTerminator Salvation Terminator: Génesis. El estrepitoso fracaso de esta última hacía pensar que la saga había llegado a su fin, pero esta continúa en Terminator: Destino oscuro, secuela directa de la aclamada e influyente Terminator 2: El día del juicio final.

Es decir, Terminator: Destino oscuro no rompe del todo con el pasado, sino solo con el que no le interesa recordar. James Cameron regresa como productor a la saga, y con él, la mismísima Linda Hamilton, que se vuelve a poner en la piel de una de las heroínas de acción más emblemáticas del cine, Sarah Connor. Junto a ella volvemos a encontrarnos con la cara visible de TerminatorArnold Schwarzenegger, y un elenco de caras nuevas que sirven como relevo generacional a los veteranos de la saga. Terminator: Destino oscuro ha despertado (y seguirá despertando) muchas comparaciones con Star Wars: El despertar de la Fuerza, por cómo hace reboot mirando al pasado y por recuperar la estructura de sus primeras películas en un ejercicio nostálgico a la vez que renovador.

Han pasado más de dos décadas desde que Sarah Connor detuviera el Día del Juicio Final, reescribiendo el destino de la raza humana, y la vida en la Tierra continúa. La historia nos lleva a México, donde conocemos a Dani Ramos (Natalia Reyes), una joven trabajadora que vive con su padre y su hermano (Diego Boneta). Sus vidas se ven interrumpidas por la llegada de un nuevo Terminator conocido como Rev-9 (Gabriel Luna), modelo avanzado prácticamente indestructible que viaja desde el futuro para matar a la chica. Dani se verá obligada a huir, contando con la ayuda de una supersoldado del futuro, Grace (Mackenzie Davis) y una endurecida y letal Sarah Connor, que se ha pasado los últimos años luchando contra Terminators al margen de la ley. En su camino, Sarah volverá a verse las caras con su pasado, encontrando en el T-800 (Arnold Schwarzenegger) su última esperanza para detener al Rev-9.

Dirigida por Tim Miller (Deadpool), Destino oscuro supone una mejora considerable con respecto a las tres entregas anteriores, recuperando el espíritu de las dos originales y simplificando una línea temporal que se había enmarañado demasiado. La película posee un claro aroma vintage, pero a la vez cuenta una historia oportuna y muy actual al ambientarse en la frontera de Estados Unidos y México, mostrándonos los centros de detención de inmigrantes y con una protagonista latina. Por otro lado, las mujeres dominan por completo la película. El fantástico trío formado por Dani, Sarah y Grace lleva el peso de la historia y protagonizan impresionantes persecuciones y escenas de acción que hacen justicia a la reputación de la saga.

El regreso de Hamilton como Sarah Connor es uno de los mayores alicientes de la cinta. Ver de nuevo a la actriz bazuca al hombro y más guerrera que nunca nos ayuda a hacer las paces con una saga que nos había perdido. Pero la verdadera estrella del film es Mackenzie Davis, cuya vigorosa y emocionante interpretación como la cyborg Grace y su gran habilidad para el combate consiguen eclipsar todo lo demás. Davis, que ya apuntó maneras en Halt and Catch FireYoung Adult, se postula en esta película como una de las estrellas de mayor proyección en Hollywood. Por supuesto, también hay que destacar a Schwarzenegger. A él no hemos dejado de verlo, pero en Destino oscuro nos muestra una nueva cara con un T-800 más humano, llevando una vida simple en el bosque mientras espera un nuevo Apocalipsis. El  mítico actor austríaco aporta simpáticas notas de humor a una película que, como cabe esperar del director de Deadpool, no huye de la comedia en los momentos adecuados.

Pero Destino oscuro no termina de ser la gran película que podía haber sido. Es mejor que las tres anteriores, sí, pero esto no quiere decir mucho. Si bien funciona perfectamente como espectáculo de acción y emplea sabiamente los elementos nostálgicos para reproducir la experiencia trepidante y estruendosa de sus orígenes, la simpleza del guion y un ritmo irregular hacen que la película se vuelva repetitiva y algo pesada. El esquema ataque-huída se reproduce hasta la extenuación, llegando eso sí a un clímax satisfactorio en el que las piezas encajan (aunque sea a costa de acelerar la evolución del personaje de Dani).

Terminator: Destino oscuro vuelve al pasado para corregir curso en una secuela correcta que debería ser el final. Cameron da por fin a los fans de la saga lo que llevaban tiempo esperando, una continuación digna, llena de violencia, acción brutal, efectos impresionantes y con la emoción que supone ver a Hamilton y Schwarzenegger juntos de nuevo. Aunque la premisa de Terminator permite volver a empezar una y otra vez, el destino por fin se ha cumplido y es mejor no volver a tocarlo.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Crítica: El silencio de la ciudad blanca

el-silencio-de-la-ciudad-blanca

A finales de la década pasada fuimos arrasados por el vendaval que supuso la publicación de las traducciones de los tochos de Stieg Larsson (creador de la saga Millennium). La nueva novela negra nórdica copó la lista de ventas y trajo consigo la llegada de mil y un impronunciables escritores y escritoras con infinidad de consonantes en sus nombres a los estantes de nuestras librerías. Tiempo después, Gillian Flynn (Perdida, Heridas abiertas) siguió saciando esa hambre de secretos y miserias del lado más oscuro de la psique humana al tiempo que se convertía en la reina del plot twist, y la francesa Fred Vargas se hacía con el mismísimo Premio Princesa Asturias de las Letras por la calidad de su producción literaria dentro de este género habitualmente denostado.

Este renacer del thriller se ha visto reflejado igualmente en la producción patria con los éxitos de ventas de autoras como Julia Navarro (La Hermandad de la Sábana Santa) o Dolores Redondo (su Trilogía del Baztán), así como nuevas entregas de las longevas sagas policiacas ideadas por Alicia Giménez Barlett (Petra Delicado) y Lorenzo Silva (Bevilacqua y Chamorro) … y de todos es sabido, que todo éxito editorial, salvo honrosas excepciones, termina contando con su adaptación cinematográfica correspondiente. Mientras esperamos la llegada de Legado en los huesos (secuela de la exitosa El guardián invisible y basada en la segunda novela de la saga de Dolores Redondo), abrimos un nuevo capítulo en otra nueva trilogía literaria trasladada a la gran pantalla, en esta ocasión la creada por Eva Gª Sáenz de Urturi. Ha llegado el momento de romper de una vez por todas El silencio de la ciudad blanca.

Unai (Javier Rey, Fariña) es el mejor perfilador criminal de todo Vitoria, aunque lleva casi un año en el dique seco por asuntos familiares. Alba (Belén Rueda, El orfanato) es la nueva subcomisaria que se hará cargo de la investigación de una serie de crímenes rituales que siguen los mismos patrones que los acontecidos hace veinte años en esa misma villa. Un caso que parecía cerrado tras el encarcelamiento de Tasio Ortiz de Zárate (Álex Brendemühl, Las horas del día), mediático arqueólogo y presentador televisivo cuya curiosidad e interés por el ser humano le terminó convirtiendo en un asesino en serie. Pero si el hombre malo está entre rejas, ¿cómo puede ser que hayan aparecido dos nuevas víctimas desnudas en la cripta de la Catedral Vieja?

Daniel Calparsoro (Cien años de perdón) vuelve a intentarlo con el thriller tras el arriesgado y extremadamente fallido experimento que fue El aviso el año pasado. Aunque logre un resultado mucho más respetable que con los viajes temporales de Raúl Arévalo, el director de Asfalto no logra transmitir del todo la tensión y el suspense existentes en las páginas de la novela. Ni de lejos consigue acercarse al ritmo del material original, viéndose este El silencio de la ciudad blanca cinematográfico lastrado por una dirección demasiado conservadora, alguna que otra reiteración explicativa durante la investigación y alguno de los giros que no hace sino infravalorar en demasía al espectador. Como viene siendo habitual, pero no por ello igual de loable, Belén Rueda vuelve a brillar con diferencia sobre sus compañeros de reparto, a pesar de contar con un personaje un pelín desdibujado. Salvan la papeleta igualmente Javier Rey, Manolo Solo (Tarde para la ira), Álex Brendemühl, aunque caigan en el histrión (especialmente este último con sus aires de Hannibal Lecter) en alguna escena que otra. Una verdadera pena volver a ver cómo Calparsoro vuelve a desaprovechar las dotes interpretativas de Aura Garrido (Stockholm) tras su experiencia en El aviso.

Aunque no llegue a ser tan entretenido como El guardián invisible, El silencio de la ciudad blanca es el (no tan) trepidante thriller que te puede arreglar una buena tarde lluviosa otoñal de las que se avecinan.

David Lastra

Nota: ★★½

Rocketman: Bienvenidos al show de Taron Egerton

El biopic musical se ha convertido en uno de los géneros del moda gracias al impresionante éxito de Bohemian Rhapsody en 2018. La película sobre Queen despertó el interés del público (y el de Hollywood) por ver en el cine a las figuras más míticas de la industria musical y esto benefició enormemente a Rocketman, biopic sobre Elton John que llegó a los cines la pasada primavera, rodeado de expectación y justificada fanfarria.

La película, producida por el propio cantante, narra el fascinante viaje de un joven prodigio del piano llamado Reginald Dwight y su transformación en una de las mayores superestrellas internacionales del pop-rock. Taron Egerton (Kingsman) se pone en la piel (y el alma) del icono británico en una película realizada por Dexter Fletcher, que ya dirigió al joven actor en otro biopic, Eddie el Águila, y producida por Matthew Vaughn, con quien trabajó en Kingsman (todo queda en familia).

Rocketman recorre la vida de Elton John a través de sus canciones más conocidas en un espectáculo musical colorido, sexy, deliciosamente kitsch y muy gay que mezcla números teatrales con detalladas recreaciones de algunas de sus actuaciones más memorables. Alejándose del realismo de Bohemian RhapsodyRocketman se zambulle de cabeza en la fantasía (palabra que John eligió para describir la película), con secuencias musicales oníricas y números de Broadway que (aunque no siempre se vuelven todo lo grandes que deberían) reinterpretan el repertorio de Elton John de forma creativa y estrambótica. El resultado es un estallido glam de lentejuelas y purpurina que capta perfectamente el espíritu y la actitud del artista.

Uno de los mayores aciertos de Rocketman es su decisión de no blanquear en exceso la vida de su protagonista. John ha reconocido que la película es una interpretación libre y llena de licencias de su propia biografía, pero esto no quiere decir que se haya dejado fuera algunos de sus pasajes más oscuros, muy importantes en la construcción de su persona, como la complicada relación con sus padres, su mala gestión de la fama o sus problemas de adicción. La película (no recomendada para menores de 16 años) contiene lenguaje explícito y escenas de sexo (homosexual) y consumo de drogas que, si bien no llegan a escandalizar, ayudan a pintar un cuadro más honesto y atrevido de la vida del cantante, no solo de sus momentos más alegres, sino también de los más difíciles.

Rocketman cuenta con un estupendo reparto en el que destacan Bryce Dallas Howard como la odiosa madre de John, un excelente Jamie Bell como su inseparable letrista y amigo Bernie Taupin (su amistad es uno de los aspectos más conseguidos del film) y Richard Madden como su exmanager y expareja John Reid, el villano oficial de la función. Pero sin duda, la película tiene nombre propio, y ese es Taron Egerton, que se entrega por completo al personaje y a la leyenda. Además de cantar de maravilla, el actor evita la imitación burda con una interpretación enérgica, emotiva y muy humana con la que rinde sincero tributo al icono sin caer en la caricatura.

Aunque asume riesgos con los que otros no se atreven, Rocketman es en el fondo un biopic narrativamente tradicional. Uno muy eficaz, eso sí, divertido, emocionante y con buena factura (la puesta en escena y el vestuario sobresalen, por supuesto). Lo que hace que se eleve, que flote por encima de otras películas biográficas es la fuerza de canciones como I Want Love, Your SongCandle in the Wind, el sensacional trabajo de un actor que nació para cantarlas y la figura que homenajea: un chico de pueblo convertido en una de las estrellas más emblemáticas y extravagantes de la historia del pop.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Rocketman ya está a la venta en digital, 4K UHD, Blu-ray, DVD y edición limitada Blu-ray en caja metálica. Este es el contenido adicional de las ediciones que ha sacado Paramount Pictures en nuestro país:

DVD

-Va a ser una aventura salvaje: La visión creativa
-Música reimaginada: Las sesiones de estudio
-Versión Sing-Along: con temas seleccionados

BLU-RAY (incluye los extras del DVD y contenido exclusivo adicional):

-Sencuencias musicales extendidas
-Diez escenas eliminadas y extendidas
-Convirtiéndose en Elton John: La transformación de Taron
-Más extenso que la vida: Diseño de producción y vestuario

La edición 4K UHD + Blu-ray incluye un disco 4K UHD con la película en ultra alta definición y sonido Dolby Atmos en su pista en versión original, y el Blu-ray con todos sus extras.

La edición especial limitada en caja metálica incluye el Blu-ray con todos sus extras en un elegante steelbook para coleccionistas.

Crítica: Zombieland – Mata y remata

Lo de que no hay segundas partes buenas es un tópico que ya no se oye tanto. No porque no sea cierto en muchos casos, sino porque hay tantos ejemplos para contrarrestarlo que ya no tiene sentido defenderlo. Por otro lado, la moda actual de la nostalgia y el revival nos ha devuelto muchas series y películas del pasado, remontándonos hasta los 60 con resultados por lo general bastante aceptables, cuando no excelentes (Blade RunnerMad MaxMary Poppins). Si sumamos estas dos tendencias obtenemos Zombieland: Mata y remata, secuela tardía que llega exactamente una década después de su antecesora para demostrar que se puede repetir la partida y hacerla incluso más divertida.

Bienvenidos a Zombieland llegó en 2009 como respuesta yanqui a Zombies Party (Shaun of the Dead), con la que el género zombie recibió un gran impulso renovador a través de la comedia. Zombieland obtuvo muy buena taquilla en Estados Unidos (75 millones de dólares, cifra alta para una comedia de terror) y tuvo un recibimiento internacional moderado (26 millones), pero lo que la ha convertido en un verdadero éxito es el paso del tiempo, que la ha cimentado como film de culto. Diez años después, el público la reivindica como una de las películas de zombies más divertidas e ingeniosas, por lo que era el momento perfecto para darle una continuación.

Zombieland: Mata y remata reúne al cuarteto original formado por Woody Harrelson, Jesse Eisenberg, Emma Stone y Abigail Breslin. Que hayan repetido todos (sobre todo Stone, que tras su reciente Oscar y con la agenda a rebosar podría haberse puesto más exquisita) es uno de los grandes alicientes de esta segunda parte, que también vuelve a contar con Ruben Fleischer (Venom) en la silla del director y los guionistas originales Rhett Reese y Paul Wernick (Deadpool). Con todos los participantes originales de vuelta, Zombieland: Mata y remata recupera el espíritu gamberro de la primera parte sin dificultades, como si apenas hubiera pasado el tiempo.

En la secuela, Columbus (Eisenberg), Tallahassee (Harrelson), Wichita (Stone) y Little Rock (Breslin) siguen juntos después de todo este tiempo, lo que ha hecho que su improvisada y excéntrica familia se parezca cada vez más a una familia tradicional. La rutina y los deseos de emancipación de la más pequeña (ya no tan pequeña) los llevan a separarse y emprender un loco viaje desde su actual residencia, la Casa Blanca, hasta una comuna hippie en el corazón del país. En el camino se encontrarán nuevos aliados y enemigos, y deberán luchar contra un nuevo tipo de zombie evolucionado, más rápido, inteligente y difícil de matar.

Lejos de quedarse en la mera repetición sin gracia, Zombieland: Mata y remata recupera los elementos más representativos de la primera parte (los rótulos con las reglas de Columbus, la acción over the top, la estética de videojuego, los diálogos ingeniosos) y los mezcla con nuevos personajes y situaciones que aportan frescura a la vez que mantienen su esencia intacta. Mata y remata es 100% fiel a la primera Zombieland, pero consigue evitar el estancamiento y acaba resultando incluso más divertida y trepidante. Al igual que en la anterior, no hay lo que se dice un argumento sólido, sino una sucesión de escenas hilarantes, inspirados gags y chistes geniales que aportan ritmo y no dejan ni un minuto para el aburrimiento.

Los protagonistas originales siguen en forma y vuelven a sus personajes sin problemas. Pero en esta ocasión están acompañados de nuevas incorporaciones a cada cual más acertada. Además de Avan Jogia como el pacifista Berkeley o Luke Wilson y Thomas Middledicth como unos descacharrantes dobles de Tallahassee y Columbus, destacan la carismática Rosario Dawson, que encaja sin dificultades en el grupo (Dawson tiene química con todo el mundo, es increíble), y la robaescenas oficial de la película, Zoey Deutch como Madison, típica rubia tonta y superficial que la actriz de The Politician eleva con una de las interpretaciones cómicas del año. Para llorar de la risa.

Zombieland: Mata y remata es una secuela a la altura, incluso a ratos superior a la original. Repleta de momentazos, buenos chistes y referencias pop y acción brutal (los efectos son estupendos, la violencia contundente y el clímax espectacular), con un reparto inmejorable, una escena post-créditos épica y las dosis perfectas de emoción, la película satisfará sin duda a los fans de este loco universo postapocalíptico, y cualquiera dispuesto a aprenderse las reglas para adentrarse en él.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Maléfica – Maestra del mal

La moda de los remakes en acción real de Disney se la debemos en parte a una de sus villanas: Maléfica. Después del éxito de taquilla en 2010 de la versión de Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton, Disney quiso continuar la senda de la relectura para sus historias clásicas, y en lugar de volver a contarnos La bella durmiente tal y como la conocíamos, nos presentó el cuento desde otra perspectiva, la de su malvada bruja. Maléfica recaudó en 2014 unos sorprendentes 750 millones de dólares en todo el mundo, confirmando así el filón que el estudio del ratón tenía en su catálogo de clásicos animados.

Cinco años después llega la secuela, Maléfica: Maestra del mal, que continúa reescribiendo el mito de la bella durmiente mezclando cuento de hadas clásico y fantasía épica. Si en la primera parte descubríamos que Maléfica no era malvada por naturaleza, sino que las circunstancias la habían llevado a perder el control de su enorme poder, en esta secuela se explora más a fondo su origen, sus motivaciones, el enorme alcance de sus poderes y su relación materno-filial con Aurora (Elle Fanning), convertida en su protegida en el live-action.

La historia de Maléfica: Maestra del mal se sitúa varios años después de los acontecimientos de la primera película. La Princesa Aurora vive en la Ciénaga rodeada de naturaleza, bajo la supervisión de las hadas Flora, Fauna y Primavera y protegida por su madrina, la temible hada con cuernos Maléfica. Sin embargo, a medida que se hace mayor, la joven ansía una vida diferente y decide casarse con el Príncipe Phillip (Harris Dickinson). Antes de la boda, Aurora debe conocer a los padres de su prometido, los reyes John (Robert Lindsay) e Ingrith (Michelle Pfeiffer). El accidentado encuentro distancia a Aurora y Maléfica y ensancha la brecha entre reinos. Como resultado, Maléfica huye y va a parar a una tierra lejana donde conocerá más a fondo el origen de su especie mientras se forja una lucha por proteger a la Ciénaga y las criaturas mágicas que viven en ella.

Dirigida por Joachim Rønning (mitad del tándem de Kon Tiki), escrita por Linda Woolverton y Micah Fitzerman-Blue & Noah Harpster y producida por la propia Angelina Jolie, Maléfica: Maestra del mal continúa el estilo de la primera entrega, llevándonos de nuevo a una tierra lejana llena de seres fantásticos, castillos medievales y magia en cada rincón. Visualmente, la película se mantiene muy cercana a lo que ya habíamos visto, mezclando majestuosos decorados y vestuario con abundante animación generada por ordenador. En cuanto al tono, la secuela también se mantiene fiel a su antecesora, añadiendo en esta ocasión un componente más épico, un toque extravagante y un velado mensaje político, antibélico y conciliador.

Con cierto parecido a la saga Cómo entrenar a tu dragón, la historia de Maléfica nos lleva a descubrir que no es la única superviviente de su especie, sino que existe toda una comunidad de hadas con cuernos como ella que vive exiliada en una tierra remota y escondida. Las tensiones entre el reino de Ingrith y la Ciénaga crecen, lo que lleva a una guerra entre reinos motivada por la sed de poder y el odio a la diferencia. Con esta trama, la película lanza un muy oportuno mensaje de unión y lucha contra los prejuicios que invita a conocer al “otro” antes de odiarlo, y que puede extrapolarse a nuestro propio mundo, cada vez más tenso y dividido.

De nuevo, lo mejor del film es la caracterización e interpretación de Jolie como la villana (no tan villana). La bella actriz aporta presencia y elegancia infinitas a un personaje que ya no es el que conocíamos, sino una versión más vulnerable y “humana” del mismo gracias a ella. Junto a una Fanning también perfecta en su papel de princesa grácil  e inocente, pero valiente y actualizada, forma esa preciosa relación madre-hija que vertebra la película. Jolie y Fanning están acompañadas de un reparto en el que destaca por supuesto Michelle Pfeiffer bordando a la mala del cuento. A la mítica actriz de Batman vuelve no le cuesta nada convertirse en la atracción principal de la película con una interpretación deliciosamente pérfida.

Por el lado malo, Maléfica: Maestra del mal también repite los errores de la primera película. En una época en la que Disney hace sus remakes cada vez más idénticos al original, su intención de reescribir la historia que “creíamos conocer” es loable, pero acaba cayendo en la mima fórmula que hemos visto muchas veces en los últimos años. El guion está más trabajado en esta ocasión, pero la película se pierde a menudo en las tramas secundarias y (pensando en los más pequeños) da demasiado énfasis a las criaturas digitales, que pueden llegar a empalagar.

A pesar de esto, Maléfica: Maestra del mal supone una mejora con respecto a la anterior. Angelina Jolie vuelve a deslumbrar en una película hecha para su lucimiento, pero en la que no obstante sabe compartir el foco con los demás. La incorporación de Michelle Pfeiffer y su dinámica con Jolie y Fanning es todo un acierto (no tanto la de Chiwetel Ejiofor o Ed Skrein, que no se lucen demasiado) y aunque discurre por terreno excesivamente familiar, la historia amplía su universo correctamente, con los toques de humor y emoción que cabe esperar del estudio. En resumen, Maléfica: Maestra del mal equilibra fantasía, romance, aventura y acción en una película 100% Disney.

Pedro J. García

Nota: ★★★

[Reseña Blu-ray] Men in Black: International trae la saga marciana al siglo XXI

Mientras Mulder y Scully ponían de moda a los extraterrestres en televisión, la obsesión de la sociedad por la vida en otros planetas llegó al cine, culminando en uno de los grandes éxitos del cine de los 90, Men in Black. La película dirigida por Barry Sonnenfeld y protagonizada por  Will Smith y Tommy Lee Jones fue un auténtico taquillazo con casi 600 millones recaudados en todo el mundo, lo que dio lugar a una de las franquicias más rentables de Sony, generando dos secuelas estrenadas con una década de diferencia (2002 y 2012), pero con el mismo éxito.

Siete años después de MIB3 (la más taquillera de la saga con 624 millones recaudados globalmente), Sony Pictures ha decidido pulsar el botón de reset con un spin-off que se desarrolla en el mismo universo, pero se centra en otros personajes, Men in Black: International. Sustituyendo a Smith y Jones, que no repiten en esta ocasión, se encuentran Chris Hemsworth y Tessa Thompson, dúo dinámico (y espacial) que ya había enamorado a los fans de Marvel con su química como Thor y Valquiria en el Universo Cinematográfico Marvel.

Dirigida por F. Gary Gray (Straight Outta ComptonFast & Furious 8), que releva a Sonnefeld después de que este se ocupase de las tres anteriores, Men in Black: International renueva la franquicia con la incorporación de la Agente M (Thompson), haciendo que por primera vez una mujer coprotagonice una de sus entregas. Este personaje es el punto de partida e hilo conductor de la historia. Tras años intentando confirmar su existencia después de experimentar un contacto alienígena cuando era niña, M consigue ser contratada por la organización secreta MIB. Su primera gran misión le lleva a emparejarse con el arrogante y solitario Agente H (Hemsworth), con el que descubrirá una amenaza a la que MIB no se habían enfrentado nunca: un topo dentro de la propia organización.

Lo mejor de esta nueva Men (and Women) in Black es que no se limita a la reproducción nostálgica, sino que opta por renovarse casi por completo. A pesar de los guiños a la trilogía original y la presencia de Emma Thompson como la Agente O, MIB International está concebida como un reinicio, una actualización orientada a las nuevas generaciones, es decir, al público más joven, lo que sirve para expandir su universo más allá de lo visto hasta ahora. Por eso la nueva historia no cuenta con demasiada continuidad con respecto a las películas de Smith y Jones, las cuales no es estrictamente necesario haber visto para seguir el hilo.

Aunque no es exactamente lo que los fans de la trilogía esperaban (para ellos es inevitable echar de menos a los Hombres de Negro originales), MIB: International es un pasatiempo ligero y sin pretensiones al que no debemos exigirle demasiado. Pese a contar con una historia formulaica y predecible, la película funciona gracias sobre todo a su actitud desenfadada, a la compenetración de sus dos protagonistas y, sobre todo, al trabajo de una enérgica y carismática Tessa Thompson, con diferencia lo mejor del film.

Salvo algún chiste anticuado, MIB: International cumple muy bien como reboot y lleva la saga al siglo XXI, con mayor diversidad y mejor representación femenina. Además, como cabe esperar de MIB, la acción es explosiva y los extraterrestres muy originales e imaginativos. Destaca la incorporación de Peoncín (voz de Kumail Nanjiani en inglés), extraterrestre de bolsillo que tiene pinta de la típica “mascota” pesada, pero acaba dejándonos las mejores frases y los momentos más graciosos.

En resumen, estamos ante una MIB nueva pensada principalmente sobre todo al público más joven, no para treintañeros nostálgicos, una aventura convencional pero eficaz y divertida para desconectar y pasarlo bien.

RESEÑA DEL BLU-RAY

Sony Pictures ya ha puesto a la venta Men in Black: International en digital y múltiples formatos físicos. La película ha salido al mercado en España en DVD, Blu-ray, 4K UHD y dos ediciones metálicas limitadas en Blu-ray con contenido adicional no disponible en las otras ediciones, además del pack con la saga completa.

La edición analizada en esta ocasión es el steelbook limitado con la portada de Peoncín, que reserva la imagen de Chris Hemsworth y Tessa Thompson para el interior del estuche (aquí podéis ver fotos). La simpática ilustración de portada se complementa en la contraportada con una imagen del globo terráqueo, tal y como aparece en el film. Por último, los coleccionistas que odien los steelboks sin título en el canto pueden estar tranquilos, porque este lo lleva.

En cuanto a los contenidos adicionales, el steelbook lleva el disco que también se incluye en la edición Blu-ray normal, además de un disco adicional con extras que solo se encuentran en esta edición.

Los extras en común son lo siguientes:

  • 10 escenas eliminadas con un total de duración de 11:35 minutos
  • Tomas falsas (2 minutos)
  • Alien-cestry.com y Neuralizador: como si no hubiera ocurrido (anuncios de la base de datos de alienígenas protagonizado por Frank el carlino)
  • Reclutas nuevos, trajes clásicos
  • ¡Hagámoslo! Las escenas de acción más peligrosas
  • Mire aquí: aparatos, armas y vehículos
  • Expandiendo el universo de MIB
  • Les twins
  • Los Hombres de Negro conocen a la NBA
  • Frank el carlino y el gallinero de Peoncín
  • En caso de que hayas sido neuralizado: repaso de MIB

El disco adicional incluye:

  • Chris y Tessa salvan el mundo: alrededor del mundo con MIB: International.

A destacar las tomas falsas, que aunque breves (2 minutos), nos dejan momentos muy divertidos e incluso uno muy sexy protagonizado por Rebecca Ferguson y Tessa Thompson. También varias featurettes sobre los nuevos protagonistas y cómo se hizo la película (trajes, escenas de acción, armas, vehículos…), un repaso nostálgico a la saga (presentado por Frank el carlino, para los que su aparición en la película les haya sabido a poco), un crossover con la NBA y por supuesto, escenas eliminadas, con más momentos Hemsworth-Thompson, un final alternativo y la pieza estrella: una escena extendida en la que el Agente H se neuraliza a sí mismo tras acostarse con una alienígena.

En general, la edición cuenta con contenido abundante y está cuidada al detalle para satisfacer a los fans de la saga, tanto a los de toda la vida como a los nuevos. Pero sobre todo se convierte en imprescindible para los seguidores de dos de los actores más queridos del panorama actual, Chris Hemsworth y Tessa Thompson, quienes, tanto por la película como por las imágenes tras las cámaras, está claro que se lo pasaron en grande con el proyecto.

Noche de bodas: La comedia negra de la temporada

Casarse conlleva un ritual de preparativos, tradiciones y compromisos familiares que pueden acabar con los novios. En el caso de Grace (Samara Weaving), literalmente. Su boda con Alex (Mark O’Brien) la llevará a incorporarse de forma oficial a la familia Le Domas, un acomodado clan que ha amasado una enorme fortuna gracias a su longevo negocio de juegos de mesa. Después de la ceremonia y cumpliendo una vieja tradición, Grace debe someterse a un ritual de iniciación por parte de la excéntrica familia, convirtiéndose en la presa de un juego letal.

Esta es la llamativa premisa de Noche de bodas (Ready or Not), comedia negra dirigida por el tándem Tyler Gillett y Matt Bettinelli-Olpin (V/H/SEl heredero del diablo), que se aproximan al clásico juego del gato y el ratón con mucho sentido del humor y grandes dosis de acción sangrienta. Noche de bodas se desarrolla como un slasher o una cinta de invasión doméstica ambientada en una mansión llena de rincones y pasadizos secretos, en la que el malo no es un asesino carnicero, sino una familia que haría cualquier cosa por conservar su privilegio. Tanto en su argumento como en su tono se pueden encontrar similitudes con películas como Tú eres el siguienteLa purgaLa cabaña en el bosque, además de claros ecos al cine de Sam Raimi.

Gillett y Bettinelli-Olpin tardan un poco en mostrar sus cartas. La película parte de una idea curiosa pero inevitablemente familiar, y avanza in crescendo, empezando como un cinta de terror y suspense al uso (escasa de sustos, eso sí) para ir entregándose progresivamente a la locura y la violencia. Esta evolución coincide con el desarrollo de su protagonista, una excelente Samara Weaving que se hace con las riendas del film desde el principio y no las suelta. Vestida de novia y ajena a lo que se le viene encima, su Grace es el punto de entrada para el espectador, es quien nos lleva de la mano, primero escéptica y desorientada, y a continuación escopeta en mano, salvaje y de vueltas de todo (a lo Leticia Dolera en [REC]3 ). El contraste entre su imagen con su pulcro vestido blanco al principio y teñido de rojo al final sería el meme perfecto para representarnos: “Al principio del año / Al final del año”.

La rodean (y persiguen) un grupo de personajes que parecen versiones retorcidas de los sospechosos del CluedoLa herencia de la tía Agata. Excepto el novio y su hermano (Adam Brody), que representan el bando cuerdo de la familia, el resto de miembros del clan Le Domas están locos de atar y conforman un plantel de personajes extremos y caricaturescos. Esto nos deja momentos muy divertidos y estallidos de humor absurdo y exagerado, pero también nos muestra que los directores no están demasiado interesados en ir más allá de la superficie -lo cual no tiene por qué ser un problema si aceptamos sus intenciones.

Como crítica al clasismo y el privilegio blanco y adinerado, Noche de bodas no va muy lejos, pero como pasatiempo cumple de sobra y como alegoría de lo difícil que puede ser tratar con la familia política da en la diana. El humor con el que aborda la violencia y las escenas más macabras, junto a su tono autoconsciente y deliciosamente perverso (que culmina en un final explosivo), nos invitan a relajarnos y disfrutar del juego. Noche de bodas tiene personalidad y demuestra lo bien que le puede sentar la comedia al terror, pero si algún día acaba alcanzando el status de película de culto (que es para lo que parece estar concebida), será sobre todo por Samara Weaving, que después de The Babysitter, Mayhem y esta se corona como nuestra nueva scream/action queen favorita.

Pedro J. García

Nota: ★★★½