[Reseña Blu-ray] El faro: Solo el fin del mundo

Ningún hombre es una isla por sí mismo. Por mucho que nos empeñemos cada vez más en ser completamente autosuficientes y no depender de nadie, el calor del prójimo sigue siendo la mejor solución para muchos de los males del ser humano. Por esa simple razón biológica de mera supervivencia, siempre será mucho más importante elegir bien a quién te llevarías a una isla desierta, que los mil y un cachivaches que te harían falta para sobrevivir al fin del mundo.

Justamente en el epicentro del fin del mundo es donde Ephraim Winslow (Robert PattinsonHigh Life) ha encontrado su nuevo trabajo: ayudante en un faro. Sus quehaceres diarios consisten en el mantenimiento básico del mismo, así como todo tipo de marrones que se le puedan ocurrir a Thomas Wake (Willem DafoeThe Florida Project), el farero mayor. Lo que en un principio es un trabajo de mierda, se convierte a los pocos días en una verdadera montaña de redundante y hedionda mierda. Literalmente, gracias en parte a las colosales ventosidades que surgen entre los dos mofletes del culo de Thomas. Un hombre de pocas palabras y muchos pedos que termina por desquiciar a un ya de por sí bastante psicótico recién llegado.

Todo termina por torcerse cuando el mal tiempo hace que su relevo no termine por llegar nunca y tengan que tirarse unas cuantas semanas de más en la isla. Como es normal, el conflicto entre ambos no se hace esperar, especialmente cuando el cabrón de Thomas no deja a su segundo disfrutar de los placeres (¿carnales?) de la luz del falo. Pero también habrá tiempo para grandes borracheras, con sus consiguientes arrebatos de camaradería máxima y sí, tensión sexual.

Después de dejar el listón por las nubes con su primer largometraje, La bruja, Robert Eggers sigue ahondando en la represión del ser humano. Si en su anterior obra, Thomasin (Anna Taylor-Joy) no lograba alcanzar su ansiada libertad hasta abrazar de una vez por todas su feminidad y su consiguiente condición ‘maligna’, en esta El faro (The Lighthouse), también realizada para la prestigiosa A24, experimentamos los estragos de un hombre en plena crisis de identidad. Un joven que ha dado bandazos durante los treinta años que lleva en esta tierra de Dios, lo cual se ha traducido en una hostilidad absoluta para consigo mismo y todo aquel que se acerque a él. También hay que decir a su favor, que la figura del farero no favorece en ningún momento la consecución de un estado zen, así como las deplorables condiciones inhóspitas del emplazamiento o esa puñetera gaviota que no deja de molestarle cada mañana con su insoportable graznido. Toda una buena heredera de nuestro querido Black Phillip.

Un agobiante formato en cuatro tercios unido a un sucísimo blanco y negro, hace que nos sumerjamos desde el primer momento en esa espiral de aislamiento y locura que atenaza a Ephraim. Junto a él, nos asomamos al abismo y antes de que lleguemos al éxtasis ante la inmensidad del fin (o a un orgasmo conjunto, con o sin sirena de madera), un gigantesco pedo de Thomas nos devuelve a nuestra dantesca y cruel realidad… o a la alucinación en la que estamos viviendo desde el día 1. Pero tampoco debemos idealizar la mente del burdo Ephraimya que, si el citado abismo tuviese un agujero, se lo follaría sin ningún tipo de miramientos. Esta psicosis sexual de pedos y polvos se ha convertido inesperadamente en un fiel reflejo de nuestra cotidianeidad durante los últimos meses. El confinamiento por el COVID-19 ha convertido a El faro en el zeitgeist de 2020, tanto o más que las proféticas Contagio de Steven Soderbergh o 12 monos de Terry Gilliam. 

El faro es una de esas pesadillas que termina drenando todas nuestras fuerzas y nos deja al borde de las puertas del infierno. Una cinta extremadamente perturbadora y surrealista, de atmósfera asfixiante y aire a terror gótico, que entra de lleno en el Olimpo de esta nueva ola de cine autor de terror que estamos viviendo en estos últimos años y que, como tal, ha sufrido el ninguneo en la carrera de premios. Como ya ocurrió con SuspiriaMidsommar o It Follows, ninguno de sus dos magníficos intérpretes, ni mucho menos su director o guionistas lograron rascar una nimia nominación a los premios Oscar, únicamente la inquietante fotografía de Jarin Blaschke (otro viejo conocido cuyo trabajo ya pudimos disfrutar/sufrir en La bruja) logró conseguir una mención en la pasada ceremonia.

No importa, tanto El faro como el resto de películas mencionadas ya forman parte del imaginario universal del cine de terror, mientras que muchas de las nominadas han caído en el olvido.

David Lastra

El faro ya está a la venta en Blu-ray y DVD de la mano de Sony Pictures Home Entertainment. La edición incluye los siguientes extras:

  • Audiocomentario con el director y co-guionista Robert Eggers.
  • Escenas eliminadas (5 min).
  • Un cuento oscuro y tormentoso (38 min).

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