El niño que pudo ser rey: Así se rejuvenece el mito artúrico

Hay historias que se han contado en innumerables ocasiones, y aun así, la ficción audiovisual se empeña en volver a ellas cada cierto tiempo. Algunos cuentos de hadas y clásicos de la literatura infantil y juvenil (La Sirenita, Peter Pan, Robin Hood, Alicia en el País de las Maravillas) se reciclan una y otra vez. Para justificar la repetición, se ha de buscar un nuevo enfoque, una vuelta de tuerca que aporte algo fresco a la historia, algo que la mayoría intentan y pocos consiguen.

Afortunadamente, de vez en cuando aparece alguien que es capaz de presentar lo conocido desde otra perspectiva. Es el caso de El niño que pudo ser rey (The Kid Who Would Be King), nueva visión de la leyenda del Rey Arturo que escribe y dirige Joe Cornish, y que llega ocho años después de darse a conocer con su primera película, Attack the Block. Cornish, que en este tiempo se ha dedicado a escribir los guiones de los blockbusters Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio Ant-Man, vuelve tras las cámaras para dirigir otra película fantástica con ADN muy británico.

El niño que pudo ser rey traslada el mito artúrico a nuestros días con la historia de Alex (Louis Ashbourne Serkis), un niño londinense de doce años que vive con su madre después de que su padre los abandonase y sufre bullying en el instituto. Huyendo de sus acosadores, Alex se topa con la mítica espada Excálibur en un solar de obras y logra sacarla de la piedra, convirtiéndose así en el heredero legítimo del Rey Arturo. A partir de ahí, el niño deberá encontrar su valentía y reunir un grupo de leales caballeros para luchar contra las fuerzas del mal antes de la llegada a su mundo de la malvada bruja Morgana (Rebecca Ferguson). Con su inseparable mejor amigo Bedders (Dean Chaumoo), la improbable alianza con sus matones, Lance y Kaye (Tom TaylorRhianna Dorris) y la inestimable ayuda del mago Merlín (Angus Imrie/Patrick Stewart), que viaja a su mundo en su versión adolescente, Alex emprenderá un viaje para descubrir su destino y salvar el Reino Unido de las fuerzas del mal.

Cornish aúna la magia de las historias clásicas con el mundo moderno para hablarnos de la necesidad de confiar los unos en los otros en una sociedad que se va al trasteEl niño que pudo ser rey se ambienta en un Reino Unido que, como el resto del planeta, se está sumiendo poco a poco en la oscuridad a causa del miedo, la violencia y la división entre personas. La película realiza una llamada a la unión, proponiendo una alianza entre todos para acabar con el odio que está apoderándose del mundo, una coalición basada en la solidaridad y el código de honor de los caballeros. Es un mensaje naíf e idealista, pero también muy oportuno y necesario, que se dirige especialmente a los más jóvenes, a los que va orientada la película.

Sorprendentemente, Cornish logra que el mito artúrico resulte fresco e interesante de nuevo, y lo hace sin inventar o reinventar nada, sino más bien todo lo contrario. El niño que pudo ser rey es una carta de amor al género fantástico, una aventura clásica que hace constantes referencias y reverencias a los clásicos que la influyen (El señor de los anillos, Star Wars, Harry Potter), y que bebe directamente del cine juvenil de los 80, con clarísimos ecos a cintas como La historia interminable, El secreto de la pirámide Los Goonies. Todo envuelto en una capa de estilo British que hace que por momentos parezca que estamos viendo una producción fantástica de BBC.

Aunque peca de cursi en muchos momentos y le sobran minutos de metraje, El niño que pudo ser rey es un claro ejemplo de buen cine familiar. Su sensibilidad moderna se nutre del clasicismo literario y el espíritu del cine los 80, dejando patente la influencia de Steven Spielberg. Su reparto adolescente (del que destacan el protagonista y un divertidísimo Angus Imrie como el joven Merlín), su acertado manejo de la épica, la acción y el terror (con momentos de oscuridad no aptos para los más pequeños) y la convicción con la que Cornish articula el mensaje de que la unión hace la fuerza, hacen de El niño que pudo ser rey una delicia para todos los públicos.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

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