Dumbo: Cuando veas a un elefante volar

A la hora de acometer sus remakes en acción real, Disney está optando por dos caminos alternos: la adaptación libre o la recreación literal. Sus clásicos de la era moderna, como La Bella y la Bestia o El Rey León, se prestan a la segunda, mientras que los más antiguos (El Libro de la Selva, Pedro y el dragón Eliott, Cenicienta) requieren un proceso de adaptación al ritmo, la estructura narrativa y la sensibilidad del espectador actual, ya que si se adaptaran de forma fiel, no funcionarían como obras contemporáneas.

Este sería el caso de Dumbo, el nuevo remake live-action de la Casa del Ratón, trabajo dirigido por un viejo conocido del estudio, Tim Burton (este dio sus primeros pasos en Disney en los 80 y dirigió el exitoso remake de Alicia en el País de las Maravillas en 2010). Aunque la película comienza siendo fiel al clásico de 1941 (arranca con el tren circense recorriendo Estados Unidos y las conocidas notas compuestas por Frank Churchill y Oliver Wallace), acaba tomando su propio camino para reescribir la historia del elefante volador, por lo que más que un remake, se podría decir que estamos ante una reinterpretación.

En la nueva versión, los personajes de carne y hueso cobran mayor importancia y sirven como hilo conductor. La historia se construye como un cuento clásico sobre freaks (muy afín a la visión autoral de Burton, que ya hizo algo similar recientemente con El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares) que tratan de sacar a flote un espectáculo en horas bajas. La llegada de Holt (Colin Farrell), antigua estrella del circo que regresa de la guerra cambiado física y psicológicamente, coincide con el nacimiento de Dumbo. Cuando los hijos de Holt descubren que el pequeño elefante puede volar, el dueño del circo, Max Medici (Danny DeVito), lo convierte en el número estrella de su show. Esto atrae la atención del empresario V.A. Vandevere (un exagerado Michael Keaton) y la acróbata francesa Colette (Eva Green), quienes se ofrecen a convertir a Dumbo en una gran estrella en su enorme parque temático, Dreamland.

Con guion de Ehren KrugerDumbo recupera los elementos más icónicos de la película original y los diluye en una historia nueva que toma el clásico como punto de partida para a continuación ir más allá de lo que este nos contaba. En su primera mitad, la película se mantiene fiel a su referente (el nacimiento de Dumbo, el espectáculo con el elefante como bombero apagando un edificio en llamas), pero con la llegada de los personajes de Keaton y Green, la trama gira hacia una aventura de acción con el objetivo de salvar a la madre de Dumbo de las garras del villano. A lo largo de todo el metraje no faltan los guiños directos al clásico animado -diálogos, motivos visuales, reconocibles temas musicales que recorren todo el metraje-, pero estos sirven a Burton sobre todo como herramientas para homenajear o evocar nostalgia.

Más allá de que los animales no hablan en esta versión y la ausencia del ratón Timoteo (en esta son los niños los que descubren a Dumbo que la pluma le da el “poder” de volar), la mayor novedad con respecto a la película de 1941 es la introducción de una trama familiar en el centro de la historia. El regreso de Holt de la guerra da pie a un relato de reconexión paternofilial que resulta convencional (tampoco ayuda que la niña, Nico Parker, sea bastante inexpresiva). Es ahí donde se puede detectar más claramente el sello Disney: el efecto en los niños de la ausencia de una figura paterna y las clásicas lecciones del estudio: “No dejes que nadie te diga lo que no puedes ser” o “Lo imposible puede ser posible” (literalmente calcado de la reciente El regreso de Mary Poppins). Todo esto sirve para modernizar (y estirar) un cuento que tiene más de 70 años, pero se queda en la superficie, limitándose a repetir el esquema que hemos visto en tantas películas de la compañía.

Aun así, Dumbo sale mucho mejor parada que otras relecturas de Disney, como Maléfica o sin ir más lejos, Alicia, del propio Burton. Eso sí, aquí nos encontramos al director de Eduardo ManostijerasEd Wood en su versión más domesticada, más disneyficada. Sus señas de identidad están ahí, su toque oscuro también y la presencia de sus actores fetiche (Keaton, Green, DeVito) nos recuerdan quién está tras las cámaras. Pero de alguna manera, Burton se olvida de ser Burton, y no lleva la historia totalmente a su terreno, suavizando los pasajes más siniestros de la original (como la borrachera de Dumbo, que aquí simplemente es un número de burbujas en el circo) y decantándose por lo cómodo y seguro, como en la mayoría de sus trabajos modernos.

A pesar de esto, Dumbo alza el vuelo. Es una película entrañable, hecha con cariño (excepto algún que otro croma) y sin cinismo, que nos ofrece un valioso mensaje de aceptación y celebración de la diferencia, aderezado con un toque de reivindicación animalista. Aunque no consigue conmover como la original, Burton capta con éxito el asombro de ver a Dumbo volar después de tantas décadas y el brillo en los ojos del pequeño paquidermo aporta la emoción que falta en otros aspectos del film. Y si el reparto hace un buen trabajo (DeVito está perfecto en su papel de maestro de ceremonias y Green consigue brillar a pesar de dar vida a un personaje escrito de forma plana), lo mejor de la película es el propio Dumbo, una criatura adorable que hace que nos olvidemos por completo de que estamos ante una creación digital y creamos en pleno siglo XXI que un elefante puede volar.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Dolor y gloria: Autorretrato como un hombre ahogado

Autoficción. Muchas palabras nos vienen a la cabeza cuando pensamos en el cine de Pedro Almodóvar, pero ninguna llega a ser tan certera como esa a la hora de definirlo. El manchego lleva surcando (y distorsionando) entre los límites del relato personal y la ficción desde sus primeros trabajos cinematográficos. En mayor o menor medida, sus vivencias personales se han visto reflejadas en los actos y el porvenir de gran parte de sus protagonistas. Especialmente destacables son la infancia en un internado católico de Enrique Goded en La mala educación o el desamor a tres bandas de Pablo Quintero en La ley del deseo. A esos dos directores ficticios almodovarianos se les une ahora el caso de Salvador Mallo, el centro de Dolor y gloria.

Con motivo del trigésimo aniversario de su estreno, la Filmoteca Española ha restaurado una copia de ‘Sabor’. Si bien está considerada como una de las obras menores dentro de la obra de Salvador Mallo (Antonio Banderas, chico Almodóvar por excelencia), el film ha envejecido bastante bien, mucho mejor que el hombre que lo firma. Acribillado por las dolencias físicas y del alma y bastante cansado de la vida, Mallo ve en esa reposición la última oportunidad para cerrar uno de los capítulos abiertos de su pasado que más le siguen reconcomiendo: su rifirrafe con Alberto Crespo (Asier Etxeandia, La novia) durante el rodaje de la película de marras y que provocó un distanciamiento entre ambos que se ha extendido hasta la actualidad. El cineasta lo tiene decidido, invitará al actor al coloquio organizado por la Filmoteca y allí cerrarán de una vez por todas el maldito beef.

Pero Dolor y gloria no vive solo de la relación entre el director y su musa. Ese es uno de los muchos reencuentros que Mallo lleva a cabo durante su autoimpuesta etapa crepuscular. Autoimpuesta porque no se está muriendo más de lo normal en un ser humano, ni se plantea suicidarse y acabar con todo, pero él sufre. En la duermevela de sus noches de insomnio, Salvador rememora sus años mozos, cuando vivía con su madre (Penélope Cruz, Volver) y su padre (Raúl Arévalo, La isla mínima) en Paterna. Las canciones de su madre, las friegas, las sesiones del coro, los demonios de la carne en forma de albañil (César Vicente, La otra mirada), los pequeños gestos… El glorioso cineasta vuelve la mirada a su pasado para encontrar el sentido a su doloroso presente. Un juego peligroso, porque todo el mundo sabe que cuando se invoca al pasado, los fantasmas del amor, el desamor y la pérdida no pierden ni un segundo en hacer acto de presencia.

‘Dolor y gloria’ es el compendio de reencuentros, actuales y rememorados, de un hombre obsesionado por la pérdida. Almodóvar realiza su 8 ½ autorreferenciándose más que nunca, convirtiendo a Salvador en su Guido y a Banderas en Marcello. Tanto que, en algunos momentos, el malagueño aparca su comedida interpretación para abrazar la más pura imitación en alguna de las escenas, clavando el acento y el característico ritmo conversacional atropellado del manchego. Dichos momentos son una de las pocas explosiones cómicas del film, pero esa extrema referencialidad llega a actuar como un arma de doble filo, funcionando a la perfección como chanza pero dañando la propia entidad de Mallo como personaje dentro de la película.

En esta su vigésimo primera película, Almodóvar ratifica su condición de amo y señor del melodrama europeo. Pocos cineastas son capaces de exponer temas tan emocionalmente extremos como el deterioro físico y emocional de un ser humano y no caer en ningún tipo de sentimentalismos, pero ninguno es capaz de emular su maestría a la hora de conjugar mil y un giros y algún que otro deux ex machina y no caer en el ridículo. ‘Dolor y gloria’ es el paradigma del realismo almodovariano. En base a casualidades y azares, el cineasta construye una fragmentada historia donde los saltos en el tiempo y las diferentes pantallas se suceden sin confundir al espectador gracias a su impecable estilo de dirección. Puede que el guion no sea tan compacto e interesante como el de Todo sobre mi madre o Hable con ella o incluso el de la irregular Los abrazos rotos, pero el libreto de Dolor y gloria logra mantener la atención del espectador sin fisuras durante la totalidad del metraje, algo que no había conseguido en sus últimas obras.

Junto a Banderas destaca la labor de Penélope Cruz en su sexta colaboración con Almodóvar. Aunque vuelve a ser en un papel reducido, ese regalo de Dios al manchego y al cine realiza una portentosa interpretación como la idílica madre de Salvador. Otra nueva madre coraje y otra lección actoral para la colección de Cruz. Igualmente destacable se encuentra Julieta Serrano (Cuando vuelvas a mi lado) como esa misma mujer décadas después, mucho más quebrada pero igual de preocupada por la incipiente depresión de su vástago. La icónica Lucía de Mujeres al borde de un ataque de nervios no participaba en un film de Almodóvar desde los tiempos de Átame. Esperemos que este buen resultado sirva como primera de muchas. Como es habitual, mil y un rostros conocidos, tanto propios del universo Almodóvar como Cecilia Roth (Todos sobre mi madre) o Susi Sánchez (La enfermedad del domingo) o ajenos Leonardo Sbaraglia (Intacto), Nora Navas (Pa negre) o Rosalía, creadora de El mal querer y causante del ‘Rosalía, guapa, que soy Pedro’ que espetó el director desde un balcón. Pero el gran rostro conocido que merece una mención especial no es otro que Alberto Iglesias. El más laureado compositor de la historia del cine español y habitual de Almodóvar desde La flor de mi secreto, ha creado una preciosa y sutil partitura en la que logra sonar plenamente almodovariano, pero sin caer en la complacencia o en la autorreferencialidad, lo cual en su caso hubiese sido un terrible error.

Dolor y gloria es el epítome de la obra melodramática almodovariana, tanto la que nos ha mostrado en la gran pantalla a través de sus personajes como su propia existencia vital. Si es que hay alguna diferencia… ¡Es todo tan meta!

David Lastra

Nota: ★★★½

El niño que pudo ser rey: Así se rejuvenece el mito artúrico

Hay historias que se han contado en innumerables ocasiones, y aun así, la ficción audiovisual se empeña en volver a ellas cada cierto tiempo. Algunos cuentos de hadas y clásicos de la literatura infantil y juvenil (La Sirenita, Peter Pan, Robin Hood, Alicia en el País de las Maravillas) se reciclan una y otra vez. Para justificar la repetición, se ha de buscar un nuevo enfoque, una vuelta de tuerca que aporte algo fresco a la historia, algo que la mayoría intentan y pocos consiguen.

Afortunadamente, de vez en cuando aparece alguien que es capaz de presentar lo conocido desde otra perspectiva. Es el caso de El niño que pudo ser rey (The Kid Who Would Be King), nueva visión de la leyenda del Rey Arturo que escribe y dirige Joe Cornish, y que llega ocho años después de darse a conocer con su primera película, Attack the Block. Cornish, que en este tiempo se ha dedicado a escribir los guiones de los blockbusters Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio Ant-Man, vuelve tras las cámaras para dirigir otra película fantástica con ADN muy británico.

El niño que pudo ser rey traslada el mito artúrico a nuestros días con la historia de Alex (Louis Ashbourne Serkis), un niño londinense de doce años que vive con su madre después de que su padre los abandonase y sufre bullying en el instituto. Huyendo de sus acosadores, Alex se topa con la mítica espada Excálibur en un solar de obras y logra sacarla de la piedra, convirtiéndose así en el heredero legítimo del Rey Arturo. A partir de ahí, el niño deberá encontrar su valentía y reunir un grupo de leales caballeros para luchar contra las fuerzas del mal antes de la llegada a su mundo de la malvada bruja Morgana (Rebecca Ferguson). Con su inseparable mejor amigo Bedders (Dean Chaumoo), la improbable alianza con sus matones, Lance y Kaye (Tom TaylorRhianna Dorris) y la inestimable ayuda del mago Merlín (Angus Imrie/Patrick Stewart), que viaja a su mundo en su versión adolescente, Alex emprenderá un viaje para descubrir su destino y salvar el Reino Unido de las fuerzas del mal.

Cornish aúna la magia de las historias clásicas con el mundo moderno para hablarnos de la necesidad de confiar los unos en los otros en una sociedad que se va al trasteEl niño que pudo ser rey se ambienta en un Reino Unido que, como el resto del planeta, se está sumiendo poco a poco en la oscuridad a causa del miedo, la violencia y la división entre personas. La película realiza una llamada a la unión, proponiendo una alianza entre todos para acabar con el odio que está apoderándose del mundo, una coalición basada en la solidaridad y el código de honor de los caballeros. Es un mensaje naíf e idealista, pero también muy oportuno y necesario, que se dirige especialmente a los más jóvenes, a los que va orientada la película.

Sorprendentemente, Cornish logra que el mito artúrico resulte fresco e interesante de nuevo, y lo hace sin inventar o reinventar nada, sino más bien todo lo contrario. El niño que pudo ser rey es una carta de amor al género fantástico, una aventura clásica que hace constantes referencias y reverencias a los clásicos que la influyen (El señor de los anillos, Star Wars, Harry Potter), y que bebe directamente del cine juvenil de los 80, con clarísimos ecos a cintas como La historia interminable, El secreto de la pirámide Los Goonies. Todo envuelto en una capa de estilo British que hace que por momentos parezca que estamos viendo una producción fantástica de BBC.

Aunque peca de cursi en muchos momentos y le sobran minutos de metraje, El niño que pudo ser rey es un claro ejemplo de buen cine familiar. Su sensibilidad moderna se nutre del clasicismo literario y el espíritu del cine los 80, dejando patente la influencia de Steven Spielberg. Su reparto adolescente (del que destacan el protagonista y un divertidísimo Angus Imrie como el joven Merlín), su acertado manejo de la épica, la acción y el terror (con momentos de oscuridad no aptos para los más pequeños) y la convicción con la que Cornish articula el mensaje de que la unión hace la fuerza, hacen de El niño que pudo ser rey una delicia para todos los públicos.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Mirai, mi hermana pequeña: Costumbrismo mágico

La evolución como cineasta de Mamoru Hosoda es una de las más fértiles de la animación japonesa reciente. Los comienzos del realizador japonés están ligados al anime televisivo, con DigimonOne Piece y Samurai Champloo entre sus proyectos tempranos. Tras sus primeros largometrajes, adaptaciones cinematográficas de los dos primeros títulos, Hosoda dio paso a una nueva etapa con proyectos propios que hicieron que el mundo se fijase en él. La chica que saltaba a través del tiempo suponía su gran descubrimiento, y con sus siguientes trabajos, Summer WarsWolf ChildrenEl niño y la bestia, no ha hecho más que afianzarse como uno de los autores más personales e interesantes de la animación japonesa.

El cine de Hosoda ha despertado frecuentes comparaciones con las películas de Estudio Ghibli, y más concretamente con las de Hayao Miyazaki. Lo cierto es que contraponer a ambos artistas es tan fácil como inevitable. Hosoda, que estuvo a punto de dirigir El castillo ambulante para Ghibli, ha seguido un sendero artístico y temático muy afín a la visión fantástica de Miyazaki, pero manteniendo su identidad propia y una voz muy particular. Su estilo encuentra la sublimación en su película más reciente, Mirai, mi hermana pequeña, fábula familiar que fue nominada al Globo de Oro, el Critics’ Choice y el Oscar a Mejor Película de Animación.

Mirai, mi hermana pequeña es un cuento contemporáneo que gira en torno a Kun, un niño de cuatro años que deja de ser el centro de atención de sus padres cuando nace su hermana pequeña, Mirai. La llegada del bebé altera las vidas tanto de sus padres, que con su segundo hijo deciden intercambiar roles (ella va a trabajar y él se queda en casa cuidando de los niños), como del primogénito, que se siente desplazado y amenazado por la presencia de su hermanita. Cada vez más irritado (e irritante) por los cambios que están aconteciendo en su vida, Kun descubre en su jardín un mundo mágico donde conocerá a la versión adolescente de su hermana, que ha viajado desde el futuro para llevarlo en una aventura que le hará verlo todo de otra manera.

En poco más de una década, Hosoda ha creado una filmografía sólida y cohesiva en todos los aspectos. Mirai, mi hermana pequeña vendría a ser como un compendio temático y estilístico de su cine, que aquí adopta una forma aparentemente más sencilla, pero igualmente rebosante de ideas y detalles. Con la entrañable historia de Kun, el director incide en los temas que suele tratar (la familia, la maduración, la percepción de la realidad, el paso del tiempo) y lo hace volviendo a recurrir a los contrastes: costumbrismo y fantasía, pasado y futuro, tradición y modernidad, complejidad y simplicidad, hiperrealismo y cartoon. El resultado, con excepción de algún altibajo en el ritmo, es su obra más pulida hasta la fecha, y también la más madura y personal.

Hosoda aúna la imaginería fantástica de sus trabajos anteriores con el realismo del cine de Yasujirō Ozu y sus sucesores para hablarnos con ternura, melancolía y sentido del humor de la educación, las costumbres japonesas y las relaciones fraternales y paternofiliales. Entre la belleza y la magia de sus imágenes fantásticas se puede encontrar una preciosa y tierna reflexión sobre la infancia y la familia que culmina en un plano final perfecto en su sencillez que se queda con nosotros para siempre.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Escape Room: Ideas dentro de la caja

Todo está inventado, así que no queda más remedio que exprimir el ingenio y reformular las ideas que han funcionado anteriormente para presentarlas como algo nuevo. Eso es lo que hace Escape Room, y lo cierto es que no se le da nada mal reciclar algo que ya hemos visto para convertirlo en una experiencia atractiva para el espectador, y por consiguiente, lo que promete ser otra lucrativa saga de terror comercial (la secuela ya está confirmada, evidentemente).

Adam Robitel, director de The Taking of Deborah Logan e Insidious. La última llave, se pone tras las cámaras de este thriller basado en la popular afición de los cuartos de escape, juegos físicos y de agudeza mental que se han puesto muy de moda en los últimos años. La película sigue a seis completos desconocidos que participan juntos en una de esas escape rooms, con la diferencia de que en este caso, el riesgo es real y la experiencia puede acabar en la muerte.

El reparto incluye varias caras conocidas, sobre todo para los aficionados a las series, como Deborah Ann Woll (True Blood, Daredevil), que interpreta a una exmilitar que ha luchado en la Guerra de Irak, Jay Ellis (Insecure), un ejecutivo egoísta y arrogante con el que es imposible empatizar, o la que vendría a ser el punto de vista central de la película, Taylor Russell (Lost in Space), que da vida a una joven universitaria extraordinariamente inteligente pero tímida y apocada. De procedencias y personalidades muy dispares, este ecléctico grupo tratará de sobrevivir avanzando de una sala a otra, descubriendo que lo que están viviendo es algo más que un juego y que hay una razón por la que todos ellos están ahí.

Escape Room contiene bastantes toques de humor, basados principalmente en los continuos choques entre los protagonistas, pero destaca principalmente por su estupendo manejo de la tensión, que va en aumento a medida que avanza la película. A pesar de que el guion depende demasiado del deus ex machina y pide constantemente que suspendamos la incredulidad, logra mantener la atención y juega con los nervios de forma efectiva. Sin apenas terror, pero con considerables dosis de acción e inventiva visual, el film dispara continuamente la adrenalina y resulta entretenidísimo de principio a fin.

Como decía antes, Escape Room no ofrece nada que no hayamos visto antes. La película es una mezcla matemática de SawCubeLa cabaña en el bosque, de las que toma tantos elementos que es imposible no compararlas. Sin embargo la falta de originalidad y riesgo (también se echa de menos un poco de sangre y algo más de mala leche) se suple con creces gracias a un ritmo sin bajones, un guion lleno de giros y unos puzles diseñados con detallismo y creatividad. Escape Room no deja lugar al aburrimiento, dando justo lo que promete, un espacio entre cuatro paredes para escapar de la realidad.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crónica: 16ª Muestra SYFY de cine fantástico (2019)

Dieciséis años, y contando. La Muestra SYFY de cine fantástico de Madrid ha celebrado este año su “sweet sixteen”, y lo ha hecho por todo lo alto, con una de sus mejores programaciones hasta la fecha. Del 7 al 11 de marzo, los asistentes a la Muestra hemos podido disfrutar de una cuidada selección de cine fantástico y de ciencia ficción organizada por la cadena SYFY España, que como suele ser habitual, ha compilado una selección de títulos de lo más variopinto y extravagante.

La Muestra 2019 marcaba también la reaparición de Leticia Dolera como anfitriona, después de la polémica de su serie para Movistar+. La actriz, escritora y directora aprovechó la ocasión para volver a la normalidad, y a las redes sociales, después de tres meses de ausencia (casi) total. Su trabajo fue el de siempre, presentaciones divertidas, espontáneas y sí, feministas. Coincidiendo la Muestra con el Día de la Mujer, no podía ser de otra manera.

Controversias aparte, centrémonos en lo que nos importa de la Muestra. El cine, y la experiencia de verlo acompañado de aficionados al género fantástico. El público de la Muestra es de los más entusiastas que se conocen. Es por ello que se ha convertido en tradición desde hace años comentar las películas y hacer chistes en voz alta durante las proyecciones. Esto forma parte de la experiencia, pero afortunadamente, desde hace poco, la organización ha duplicado (o triplicado) las sesiones para diferenciar entre “Sala Mandanga” y “Sala del Silencio”. En la primera, el público es libre de armar todo el jaleo que quiera, en la otra se va a ver las películas en silencio.

Y sin más dilación, paso a comentaros las películas que he visto este año en la Muestra SYFY. Desafortunadamente no me ha sido posible verlas todas como otros años, pero de lo que he visto, me llevo un par de peliculones para la posteridad. Y alguno de ellos se estrena en salas comerciales pronto, así que tomad nota.

Capitana Marvel (Anna Boden, Ryan Fleck, 2019) – Inauguración

La Muestra SYFY comenzó el jueves con la premiere de Capitana Marvel en Madrid, película de apertura con la que empezamos esta edición “más alto, más lejos, más rápido”. La primera entrega de Marvel protagonizada enteramente por una mujer llegaba ensombrecida por una campaña de odio en Internet y un boicot por parte de los trolls que no les salió como esperaban: 455 millones de dólares recaudados en su primer fin de semana, convirtiéndola en el estreno mundial más taquillero protagonizado por una mujer y el segundo de superhéroes detrás de Vengadores: Infinity War. El público de la Muestra se entregó por completo a la historia de origen de Carol Danvers (estupenda Brie Larson), una película con todas las señas de identidad de Marvel y muchas conexiones con el resto de su Universo, concretamente con Vengadores: Endgame. La película se ha confirmado como un nuevo triunfo para el estudio, y así se sintió en la premiere. Risas, emoción con el cameo de Stan Lee, aplausos al final y un gran revuelo generalizado con las escenas post-créditos. Ah, y como era de esperar, la gata Goose conquistó a todo el mundo. Chupaos esa, troll. Si queréis saber más, os cuento mis impresiones sobre la película (que disfruté mucho más la segunda vez, conociendo de antemano los giros del argumento) aquí.

Elizabeth Harvest (Sebastián Gutiérrez, 2018)

La primera jornada propiamente dicha arrancaba para mí con Elizabeth Harvest, fábula de ciencia ficción dirigida por el venezolano Sebastián Gutiérrez. A medio camino entre Cincuenta sombras de Grey y un capítulo de La dimensión desconocidaElizabeth Harvest se desarrolla como una historia de clones con (sospechosos) ecos a Ex Machina (tienen muchos elementos en común y el final es calcado) y mucha comedia involuntaria. Protagonizan Abbey Lee (Mad Max: Furia en la carretera), Ciarán Hinds (que no sabemos cómo ha ido a parar ahí) y Carla Gugino, que le hace un favor al director (su marido) agraciando la película con su presencia. Pero ninguno de ellos (ni Dylan Baker, que también se pasa por ahí) es capaz de salvar la película. Su historia promete, pero una trama enrevesada y llena de pseudociencia acaba haciéndola cada vez más tediosa, confusa y absurda. Cuesta mucho tomársela en serio, pero claro, para eso estamos en la Muestra, cuyo público se encarga de que ninguna película aburra.

Upgrade (Leigh Whannell, 2018)

Primera gran sorpresa de la Muestra. Incomprensiblemente, esta curiosa cinta de ciencia ficción de la factoría Blumhouse no ha llegado a estrenarse en cines españoles, por lo que agradecemos a SYFY que la haya recuperado para el disfrute de su público objetivo. Leigh Whannell (guionista de Saw Insidious, y director de Insidious 3) se pasa al sci-fi con un oscuro thriller futurista a medio camino entre el policíaco, el noir y la acción pura que tiene mimbres de película de culto. En ella, un hombre tetrapléjico vuelve a andar gracias a la implantación de un chip llamado Stem, que toma el mando de sus funciones motoras y lo lleva al límite de sus capacidades, tras lo cual irá en busca de los hombres que mataron a su mujer, aprovechando sus nuevas habilidades. Logan Marshall-Green (el Tom Hardy de Hacendado) realiza una fantástica interpretación física en una película que casualmente también va de un hombre que habla con una voz en su cabeza que controla su cuerpo. Aunque recuerda a muchas películas anteriores (Minority ReportHerCrank, Lucy, Venom), Upgrade logra ser original. Engancha, tiene escenas de acción brutales y madera para saga. Muy disfrutable.

Gintama (Yûichi Fukuda, 2017)

Incorporación de última hora, Gintama se proyectaba en la Muestra a la vez que El año de la plaga, para gozo de fans del anime y el cine fantástico japonés. Se trata del largometraje en acción real del popular manga de Hideaki Sorachi, que ya ha tenido múltiples adaptaciones en diferentes formatos, incluida una longeva serie de animación. La película opta por la adaptación literal, conservando el estilo anime con un aspecto visual colorista, ritmo frenético, un “argumento” en el que todo vale e hilarantes efectos digitales de tercera. Lo mejor de la película son los chistes meta y las referencias a otros títulos de la cultura pop japonesa (el cameo de Nausicaä es genial), pero más allá de eso, cualquiera que no esté acostumbrado a este tipo de productos, puede salir completamente espantado por su estridencia y su absurdo sin fin. Sin ir más lejos, a mí me dejó el cerebro frito y mató las pocas neuronas que me quedaban. No apta para todos los públicos.

Prospect (Christopher Caldwell, Zeek Earl, 2018)

Christopher Caldwell y Zeek Earl dirigen esta personal propuesta de ciencia ficción que comienza como un drama paternofilial ambientado en el espacio (con el referente indie Jay Duplass) y acaba convirtiéndose en un competente thriller de supervivencia que se vuelve más y más extraño e intenso conforme avanza. Con un simple escenario principal (un bosque) y mediante diálogos que dan mucha información sin sobreexplicar demasiado, la película da forma a un detallado universo ficticio, demostrando que no hace falta un gran despliegue de efectos para crear mundos fantásticos creíbles en el cine. En el centro de la historia, una relación muy interesante y muy bien interpretada por la prometedora Sophie Thatcher y un genial Pedro Pascal. Una de las sorpresas más gratas de este año.

Dragged Across Concrete (S. Craig Zahler, 2018)

El sábado nos encontrábamos con un viejo conocido, S. Craig Zahler. Sus dos películas anteriores, Bone TomahawkBrawl in Cell Block 99 se habían proyectado en la Muestra con gran éxito de público, por lo que su tercer largo como director no podía faltar en la programación de este año. Para su nuevo trabajo ha vuelto a contar con Vince Vaughn, que esta vez está acompañado nada más y nada menos que de Mel Gibson, con el que lidera un gran reparto. Dragged Across Concrete (qué gran título) es un thriller policíaco sórdido y ultraviolento en la tradición de Zahler, que sigue insistiendo en hacer un tipo de cine que recuerda inevitablemente al de Tarantino. Con leves pero constantes pinceladas de humor y dos horas y media de duración, el director casa el exceso de sus imágenes con una narración y una realización muy calculadas que, afortunadamente, no aburre a pesar de su metraje gracias a su buen pulso. Lo malo es que en su tercera película ya se le empiezan a ver las costuras. Zahler peca de pretencioso, repite esquemas y su discurso atufa a rancio, con personajes femeninos que son el paradigma del sexismo en el cine y Gibson interpretando a un personaje a su medida: un poli corrupto anticuado, racista, machista y homófobo. Dragged Across Concrete es de esas películas que te hace simpatizar tanto con ese tipo de personajes que te acabas preguntando si es solo el personaje o la película también defiende esas ideas tan primitivas.

Nación Salvaje (Sam Levinson, 2018)

Y tras la saturación machirula de Dragged Across Concrete llegaba un film diametralmente opuesto, Assassination Nation, incendiaria sátira feminista sobre cuatro chicas adolescentes que se convierten en el blanco de la ira de su instituto y una pequeña comunidad idílicamente suburbana que ha sido víctima de un escandaloso hackeo masivo. Una reflexión hiperbólica pero afiladísima sobre el papel de Internet en nuestras vidas, el linchamiento social, la hipocresía y la doble moral, y el juicio de una comunidad conservadora ante la liberación de la mujer y la expresión de su sexualidad (es de todo menos casual que transcurra en Salem). Es decir, una historia completamente actual y oportuna que se propone provocar y lo consigue. Es como si Sofia Coppola, David Robert Mitchell y Harmony Korine se hubieran unido para hacer una película. Moderna, pop, autoconsciente, violenta, visual y estéticamente gloriosa, y con una recta final demencial, Assassination Nation es una de esas propuestas radicales que dividen fuertemente a la audiencia. Los varios egos masculinos que salieron heridos de la proyección demostraron que la película logra su propósito de remover conciencias e incomodar a aquellos que se sienten amenazados por el feminismo y el poder de la mujer.

Escape Room (Adam Robitel, 2019) – Clausura

La Muestra SYFY concluía el domingo con Escape Room, película de clausura que esta semana llega a las salas comerciales de toda España. Adam Robitel (The Taking of Deborah LoganInsidious. La última llave) dirige la nueva vuelta de tuerca de las sagas de terror juvenil que ya se ha convertido en todo un éxito en Estados Unidos. Escape Room es como una fusión entre Cube, Saw La cabaña en el bosque, un juego retorcido en el que seis desconocidos se enfrentan a una escape room de la que deberán salir con vida usando su ingenio. Aunque no es original y requiere suspender la incredulidad considerablemente, es una película muy efectiva en lo que se propone, además de tremendamente entretenida. Destaca por su creatividad a la hora de diseñar los puzles y por lo bien que maneja la tensión. Una nota positiva para terminar la Muestra y dejarnos con ganas de más el año que viene.

Capitana Marvel: El eslabón perdido de Marvel

Ha tardado diez años, pero por fin ha llegado. Marvel presenta su primera película protagonizada por una mujer (después de que la Avispa compartiese cartel con el Hombre Hormiga en Ant-Man y la Avispa). Capitana Marvel es la penúltima entrega de la Fase 3 del Universo Cinematográfico Marvel, un acontecimiento muy esperado que promete sacudir los cimientos de este universo de ficción. Anna Boden y Ryan Fleck dirigen la primera película en solitario del divisivo personaje de Marvel Comics, adoptando su encarnación más reciente, Carol Danvers. La oscarizada Brie Larson se pone en la piel de la heroína de poderes cósmicos en una película que ejerce como presentación oficial del personaje y también como precuela del Universo Marvel y la Iniciativa Vengadores, es decir, un entreacto para rellenar los huecos entre Vengadores: Infinity War Endgame.

Como viene siendo habitual en las películas del estudio, Capitana Marvel toma elementos icónicos de la historia de Marvel Comics y los transforma y adapta a sus necesidades. La película se construye como una historia de orígenes, pero no es exactamente la que nos encontramos en las viñetas, sino que han decidido alterar el orden de los factores para tratar de darle un giro refrescante. La de Carol Danvers es una historia de autodescubrimiento clásica, pero en lugar de utilizar el ABC del decálogo superheroico, cambia el esquema por un BCA, resultando en una origin story ligeramente diferente, si bien algo confusa e irregularmente desarrollada, sobre todo durante su primer acto.

Capitana Marvel transcurre en los 90, y se asemeja a una película de acción y ciencia ficción de invasiones extraterrestres propia de esta década, una aventura intergaláctica que nos presenta el Universo Marvel tal y como era antes de que lo conociéramos. Después de estrellarse en la Tierra durante una misión, en la época en la que todavía se usaban las cabinas telefónicas y existían los videoclubs, la guerrera Kree Vers (Larson) trata de ponerse en contacto con su equipo, liderado por su mentor, Yon-Rogg (Jude Law), mientras investiga la infiltración en nuestro mundo de la raza alienígena de los Skrulls, con la que los Kree libran una guerra a través del espacio. Durante su estancia en la Tierra, Vers empieza a ver flashes de una vida anterior, lo que le lleva a descubrir la impactante verdad sobre su pasado, su identidad y el origen de sus poderes.

Larson está acompañada la mayor parte del tiempo por Samuel L. Jackson, que retoma su papel como Nick Furia cuando aun era un simple agente de S.H.I.E.L.D, gracias a la tecnología digital rejuvenecedora a la que tanto partido le está sacando el estudio (y con éxito, porque el “lifting” de Furia es impecable y no distrae en ningún momento). Ambos llevan el timón, junto a la robaescenas oficial de la película, la gata Goose, de una divertida buddy film dentro del espectáculo sci-fi al que nos tiene acostumbrados Marvel, protagonizando los momentos más cómicos en una película que sabe dosificar el humor para no saturar con demasiados chistes. El reparto es uno de los puntos fuertes del film, con Jackson como una de las atracciones principales, y un grupo de aclamados intérpretes secundando a los protagonistas. Los personajes de Jude Law, Ben Mendelsohn y Annette Bening están correctamente caracterizados e interpretados, nos deparan bastantes sorpresas (Talos la más grata), y los actores parecen estar pasándoselo bien, algo que no siempre ocurre con este tipo de fichajes de renombre en el cine de superhéroes.

Pero por supuesto, Larson es el centro de atención. La actriz, blanco de polémicas externas por su empeño en aumentar la diversidad en la crítica y la cobertura de prensa de la película, se ha tenido que enfrentar a un injusto escrutinio por parte de un sector del público. Afortunadamente, la actriz demuestra con su estupendo trabajo en la película que fue una elección más que acertada para el papel. Su Carol es una superheroína definida, una mujer inteligente, decidida y carismática que Larson construye encontrando el equilibrio adecuado entre el temple y la capacidad analítica de un soldado, la fuerza extraordinaria de un superhéroe y la humanidad de una persona que está tratando de descubrir quién es en realidad.

Capitana Marvel es una oportunidad para visitar otro rincón pasado del Universo Marvel y reencontrarse con viejos conocidos. La presencia de Furia, Ronan (Lee Pace), Korath (Djimon Hounsou) o Phil Coulson (Clark Gregg) establece conexiones con las vertientes terrenales y cósmicas del UCM, ayudando a completar sus historias mientras trazan líneas directas con Los Vengadores (algunas inesperadas) que nos preparan para el enfrentamiento final con Thanos en Endgame. Pero estos nexos están debidamente entrelazados en la historia de Carol de modo que nunca hacen que el foco se distancie demasiado de ella y que, por tanto, la película se mantenga contenida en sí misma.

Aunque no sobresale especialmente por su aspecto visual o su dirección, más bien convencional (sobre todo si lo comparamos con otras entregas de la Fase 3 mucho más estimulantes como Doctor StrangeThor: Ragnarok Black Panther), Capitana Marvel saca provecho de su ambientación noventera con detalles nostálgicos muy simpáticos (de los que, afortunadamente, no abusa) y sobre todo una banda sonora de temazos de los 90 (Garbage, Hole, No Doubt, TLC, Nirvana, REM…) que harán vibrar a cualquiera que creció durante esta década. Las canciones suelen acompañar escenas de acción electrizante y combates excelentemente ejecutados (memorable un explosivo una contra todos al ritmo de ‘Just a Girl’ de No Doubt), en los que Larson destaca por su agilidad y contundencia, haciendo honor a la reputación de su personaje como el más poderoso del Universo Marvel (aunque eso aun está por ver).

Capitana Marvel es la historia de empoderamiento femenino que el eminentemente masculino Universo Marvel necesitaba. Carol Danvers no solo se enfrenta a villanos del espacio exterior, sino también al sexismo de cada día en la Tierra (en una escena le llegan a pedir que sonría, evocando así a la absurda polémica en Internet porque el personaje no aparece sonriendo en el material promocional de la película), respondiendo siempre con entereza y dignidad, dándole a lo trolls la justa atención que merecen y levantándose cada vez que se cae para demostrar su valía en un mundo de hombres que no creen que haya lugar para ella. También hay que señalar que no hay historia de amor en la película, sino una bonita amistad entre Carol y su excompañera de vuelo y mejor amiga Maria Rambeau (la revelación Lashana Lynch), con la que protagoniza las escenas más emotivas. Pero su mensaje feminista viene también acompañado de un (quizá no muy sutil) mensaje anti-bélico y una reflexión en torno a los refugiados alienígenas que sirve como reflejo de nuestra realidad y ayuda a dar un mayor empaque emocional y trascendencia a la historia.

Evidentemente, Marvel sabe exactamente lo que tiene que dar a su público, y eso es justo lo que hace en Capitana MarvelQue es formulaica es más que obvio. Aunque, como ya he dicho, trata de darle una vuelta de tuerca a esa fórmula para contar una historia de orígenes desde otro punto de vista, al final no deja de ser una película de Marvel en todos los aspectos, para bien y para mal. Ofrece las dosis de acción y espectáculo que esperamos de Marvel (con efectos digitales mejorables, desgraciadamente también como siempre), la fusión de drama y comedia, las conexiones con el UCM, la fijación con las relaciones paterno-filiales, la definición de qué hace al héroe y su lucha moral, los giros argumentales que dan la vuelta a lo que creíamos saber, el marveliano juego de la anticipación que da lugar a un tercer acto que eleva la película… Todo está aquí, y todo funciona tan bien como siempre. Porque si algo no está roto, ¿por qué vas a arreglarlo?

Capitana Marvel es un disfrutable estallido galáctico de nostalgia noventera, una bienvenida incorporación al Universo Marvel que cumple su cometido presentando a su heroína y dejándonos con ganas de volver a verla. No es una película perfecta, pero es que sería injusto pedirle que lo fuera. El hecho de que sea la primera película de Marvel centrada en una mujer ha hecho que le exijamos más que a sus predecesoras, cuando lo cierto es que Marvel ha hecho con ella lo que debía: darle el mismo tratamiento que a sus héroes masculinos. Su primera incursión en Marvel es un eslabón imprescindible para todo fan del estudio, una inspiradora historia que sirve para encajar las piezas que faltaban y calentar motores para el gran acontecimiento de Vengadores: Endgame, en el que volveremos a ver a Carol, ya unida a los Héroes Más Poderosos de la Tierra.

Pedro J. García

Nota: ★★★★