El candidato: Tenemos los líderes que nos merecemos

Lo vemos todos los días. La política convertida en espectáculo, en farándula y cotilleo. Los rumores y escándalos utilizados como estrategia de desprestigio, como arma para derribar al oponente. Las redes sociales han facilitado la tarea, pero antes de su existencia, los encargados de condenar a un político al ostracismo por sus deslices personales eran los tabloides tradicionales. Jason Reitman (JunoUp in the Air) se remonta a finales de los 80 con El candidato (The Front Runner) para narrarnos lo que vendría a ser el origen de la política como circo mediático del corazón.

La película cuenta el ascenso y caída de Gary Hart (Hugh Jackman), atractivo y carismático senador de Colorado de trayectoria intachable y creciente popularidad entre los votantes jóvenes, que pasó de ser el candidato favorito para la nominación presidencial demócrata de 1988 a ver su carrera política truncada por su fama de mujeriego. En el transcurso de apenas tres semanas, El candidato nos cuenta el desarrollo de la campaña de Hart y cómo esta empieza a hacer aguas al salir a la luz la historia de su relación extramatrimonial con una joven, Donna Rice (Sara Paxton), así como el impacto que esto causa en su matrimonio y la sociedad. Antes de Bill Clinton y Monica Lewinsky, el caso de Gary Hart es considerado la primera vez que el periodismo amarillo se mezcló con el político.

Con un guion preciso y repleto de claroscuros morales (co-escrito por Reitman junto a Matt Bai y Jay Carson), El candidato es una apasionante película en la tradición del mejor cine político norteamericano. Reitman plantea muchas cuestiones interesantes alrededor del caso Hart, ramificando el escándalo para mostrarnos las implicaciones y consecuencias en el personal de su campaña, en los medios de comunicación y en su familia, pero no se olvida de ofrecernos la perspectiva de “la otra mujer”, para componer un retrato lo más completo posible de la situación. Es en la relación entre Donna y la consejera de Hart, Irene (estupenda Molly Ephrain) donde encontramos el alegato más moderno y feminista de la cinta, donde descubrimos que las acciones de Hart tienen consecuencias más allá de su familia y su carrera política.

La película recuerda en ocasiones al Aaron Sorkin de El ala oeste de la Casa Blanca, tratando de navegar un mar de contradicciones y encrucijadas morales siempre guiada por la baliza del idealismo y las buenas intenciones. Podría achacársele a Reitman una visión demasiado parcial del asunto, pero lo cierto es que no deja de cuestionar las acciones de Gary Hart. Si bien parece decirnos que la vida personal y las indiscreciones amorosas no deberían ser un factor a la hora de votar a un candidato, sobre todo cuando es tan supuestamente idóneo como el que nos ocupa, también nos plantea el debate de si una persona con la influencia y el poder de Hart debería iniciar relaciones con chicas más jóvenes, comportamiento a examen desde el origen del movimiento #MeToo.

El candidato no aporta nada necesariamente nuevo, pero es un trabajo afanado y meticuloso en todos los aspectos, desde su lograda ambientación y caracterizaciones ochenteras hasta su excelente trabajo de cámara y fotografía, pasando por su absorbente argumento, sus diálogos cargados y un acertado equilibrio entre drama y comedia. Pero si todas las piezas encajan tan bien es sobre todo gracias a la forma en la que Reitman usa a su amplio reparto para cubrir todos los frentes, obteniendo magníficas interpretaciones, ya sea de los personajes secundarios (como J.K. Simmons, Alfred Molina o la siempre perfecta Vera Farmiga) como, por supuesto, del protagonista. En El candidato Hugh Jackman realiza la que es una de las mejores interpretaciones de su carrera, un trabajo lleno de humanidad y profundidad que debería haber obtenido más reconocimiento en la temporada de premios. Si hay un candidato perfecto, es él.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

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