White Boy Rick: Ascenso y caída en Detroit

Richard Wershe Jr. es un chico listo. Aunque todavía vaya a la escuela, él ya está más que licenciado en la universidad de la vida. Como buen quinqui de Detroit, él sabe dónde encontrar ‘lo bueno’, cómo moverse en una discoteca y hacer que cualquier chica caiga rendida a sus pies. Su maestro ha sido su padre, el mismísimo Richard Wershe Sr. Pobre diablo al que su mujer abandonó, cambullonero profesional especializado en la compra de armas y su posterior reventa a precios exorbitantes a pequeñas bandas organizadas de traficantes y demás delincuentes de tres al cuarto.

Recientemente, el bueno de Rick se ha doctorado en las malas artes gracias a algún trabajillo que otro que hace para los Curry, una de las muchas familias de Detroit que se encargan al innoble arte del tráfico de drogas. Con ellos llega la diversión desenfrenada, las chicas en cada puerto, la pasta a espuertas, los viajes a Las Vegas… A sus catorce años, Rick puede decir con todas las de la ley que el mundo es suyo. Lo malo es que el sueño le dura lo que tarda en cruzarse un coche con dos agentes de FBI en su camino. White Boy Rick retrata el increíble ascenso de un chico del montón a camello de primera, que verá cómo su existencia cambia radicalmente cuando debe elegir entre ser informante del FBI o ver cómo su padre pasa unos cuantos años en la trena.

White Boy Dick es el regreso a la gran pantalla de Yann Demange tras la certera ‘71. En esta ocasión, el realizador británico peca de demasiada rigidez a la hora de recoger la curiosa historia real de Richard Wershe Jr., el informante del FBI más joven de la historia. Para una historia de este tipo, se hubiese agradecido algún tipo de riesgos en su dirección, guion y montaje, y no tanta frialdad. Igualmente, la factura de White Boy Rick no logra ser todo lo sórdida y sucia que debería ser estando ambientada en los bajos fondos de los suburbios de una ciudad tan herida como Detroit en los años ochenta. Esa extrema gelidez, unida a una cierta incapacidad por parte de los autores del film de no saber dejar claras las intenciones del propio film hacen que White Boy Rick no logre entrar en la primera división de clásicos con los que comparte cierto aroma o temática, como El precio del poder, Uno de los nuestros o Boogie Nights. La buena noticia es que toda esa frialdad de Demange se ve compensada con creces con un solvente reparto y un notable acompañamiento musical compuesto por el omnipresente Max Richter (El congreso).

El novel Richie Merritt da vida al Rick del título. El blanquito que tiene que elegir entre ser fiel a sus principios o salvar a los suyos. Su trabajo interpretativo es bastante loable teniendo en cuenta que este es su debut en la gran pantalla y que el mayor peso del film recae sobre sus hombros. Especialmente destacables son sus duelos padre-hijo con Matthew McConaughey (Dallas Buyers Club). Pero si alguien destaca dentro del reparto de White Boy Rick, esos son Bruce Dern (Nebraska) y, especialmente, Bel Powley (The Diary of a Teenage Girl). Aunque fugaces, los exabruptos de Dern hacen que queramos saber más de la relación de Rick y el patriarca de la familia, aunque realmente es bastante probable que no haya nada más y que Rick pase completamente del gruñón de su abuelo. Por su parte, la interpretación de Powley como basura blanca enganchada a la droga es completamente encomiable. Sus pequeños momentos con Rick en los que los dos vuelven a comportarse como dos chicos de su edad real son lo mejor de la película.

White Boy Rick comete el crimen de ser demasiado conservadora para una historia tan rebelde como la de Richard Wershe Jr. Aunque menos mal que tiene buenos contactos dentro y fuera del talego.

David Lastra

Nota: ★★★

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