La favorita: Nido de víboras

Ana y Sarah son BFFs. Llevan siendo amigas desde hace ya unos cuantos años y se compenetran a la perfección. S es la única persona capaz de apaciguar los arrebatos coléricos de A y S el único amor puro (y algo sexual) que ha sentido A en toda su vida. Puede que haya cierta sumisión por parte de S hacia A, pero ambas disfrutan y sacan partido de ese rollo Ama-Sirviente que tienen entre ellas. Tanto que en ocasiones cambian los roles y S se convierte en la Ama y viceversa, hasta que A se cansa de todo, pega un par de gritos y hace lo que le viene en gana. S es la persona de confianza, la única en la que puede apoyarse en ese nido de víboras en que viven las dos. Mrs. Morley y Mrs. Freeman, así se llama la una a la otra. Ellas son para siempre y eso no va a cambiar nunca… o puede que sí. Yorgos Lanthimos, creador de pesadillas como Canino o El sacrificio de un ciervo sagrado, da un pequeño salto en el tiempo para volver a golpear nuestras consciencias con La favorita, su nuevo comecocos de época con Olivia Colman, Rachel Weisz y Emma Stone.

En los albores del siglo XVIII, la situación política europea existente convierte los tejemanejes de Poniente en un mero juego de niños. Borbónicos y austracistas pelean por la Corona Española y tanto Francia como la pérfida Albión tercian para sacar tajada. ¿Qué pintan dos amigas como A y S en dicha contienda? Simplemente, A es Ana de Gran Bretaña, monarca de las islas británicas, y S es Sarah Churchill, Duquesa de Marlborough y una de las mentes políticas más privilegiadas y aviesas de su tiempo, además de antecesora de Winston Churchill y Lady Di. A es la reina y S su favorita. No había decisión política en Gran Bretaña que no pasase por S, aunque en más de una ocasión A terminase haciendo lo que le apeteciese, que para eso ella era el tejón más poderoso de Inglaterra.

Todo era felicidad y podofilia hasta que una mujer hizo acto de presencia en la corte, la otra A. Abigail Masham llegó con un vestido cubierto de mierda y barro y con supuesto parentesco familiar con S, carta que le valió para entrar a trabajar como sirvienta. De todos es sabido que por la caridad entra la peste, y a S le llegó por su prima. Sin tiempo para remediarlo, S ve cómo el fulgurante ascenso de la otra A de fregona a nueva consejera de A pone en peligro su status como favorita de la monarca. ¿Es la otra A el revulsivo que necesitaba A o una mera herramienta de los enemigos políticos de S?

La favorita es una sesuda disección sobre las artes políticas y la erótica del poder disfrazada de comedia alocada y absurda. Yorgos Lanthimos construye sus amistades peligrosas en clave de sororidad con el santo surrealismo de Luis Buñuel como patrón. Pocos cineastas actuales son capaces de llevar a cabo ciertas locuras en la gran pantalla sin parecer ridículos y él es uno de ellos. Nos lo demostró con creces su distopía animalista de Langosta y en cierta manera con la discordancia que sufren las protagonistas de Canino y ahora lo hace en la Europa del siglo XVIII. El humor de La favorita es extremadamente burdo y estúpido, algo que suele ser inaceptable en este tipo de películas, pero que justamente es el tono más acertado y necesario para retratar el disparate que eran (son) las monarquías de rancio abolengo del viejo continente. Todo en esta película es tan ridículo que provoca tanto carcajadas como escalofríos, especialmente cuando recordamos que hay miles de vidas y el destino de varios países en juego.

Puede que la premisa de La favorita sea la más canónica hasta la fecha dentro de la filmografía del director griego (curiosamente es la primera ocasión en que Lanthimos no trabaja sobre un guion propio), pero no por ello deja de ser tan perturbadora y marciana como sus obras anteriores. La tóxica sororidad triangular del film no es sino la enésima demostración de que el ser humano es un lobo para el ser humano, especialmente cuando hay intereses de por medio. Aunque haya cariño de por medio, A no deja de tratar a S como si de su esclava personal se tratase, así como S no deja de aprovecharse de A para medrar socialmente un poco más.  De igual manera, que la recién llegada es capaz de hundir a S sin miramiento únicamente por ser pato más poderoso del reino.

Esta contemplativa película se ve beneficiada por una de las mejores elecciones de casting de la temporada: Olivia Colman (Redención y nueva Isabel II en The Crown) como Ana de Bretaña, Rachel Weisz (El jardinero fiel) como Sarah Churchill y Emma Stone (La La Land) como Abigail Masham. Aunque se haya optado por Colman como protagonista para la temporada de premios, las tres intérpretes resultan igualmente arrolladoras y poseen el mismo peso e importancia en pantalla. La labor interpretativa de Colman como la pueril monarca es descomunal y extremadamente valiente. Suyos son los mejores gags cómicos y sus aires de Reina de Corazones son tan ridículos como aterradores. Su Ana de Bretaña es uno de esos papeles por los que una actriz hace historia, no obstante, se ha hecho con el premio a mejor actriz en los pasados Globos de Oro. Su tez mortecina, su mirada vacía y su gesto compungido perpetuo recuerda al feísmo profesado por Francisco de Goya en sus retratos de la corte española. Lanthimos apuesta por exhibir la fealdad y las taras físicas y psicológicas de años y años de endogamia, rechazando categóricamente la estúpida tradición de los films históricos de mostrar a los monarcas como seres bellos y mucho más delgados que sus referentes reales.

Tampoco se corta nada Emma Stone con su Abigail Mashaw. La ganadora del Oscar vuelve a hacer méritos por ser considerada como la mayor payasa del siglo XXI. Stone es una maestra en el arte de la comedia física y en La favorita no se queda corta. Su amor hacia la caricatura y su arrojo a no tener miedo al ridículo es algo inusual en el star system hollywoodiense y por ello debemos celebrar la existencia de la estrella de Rumores y mentiras como lo que es, una verdadera bendición de las diosas. Aunque mucho menos vistosa que sus dos compañeras de reparto, Rachel Weisz realiza la interpretación más loable de las tres. La increíble capacidad de la otra oscarizada actriz del reparto por hacer liviano un personaje tan complejo como el de Sarah Churchill es encomiable. Ella resulta excelente como gran dama de la corte británica que ve cómo su estatus como valido de su majestad corre peligro. Weisz es la entereza y la honestidad (con reservas) de La favorita y sabe transmitirnos a la perfección esa mezcla de amor, interés y cierta frustración intelectual que sufre en su relación con la monarca. Puede que la chica Langosta se vaya de vacío en la temporada de premios, pero ella es la favorita en mi corazón.

La favorita es la última delicia envenenada de la factoría Lanthimos. Preciosa en su envoltorio, aterradora y enfermizamente divertida en su corazón.

David Lastra

Nota: ★★★★

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