[Reseña Blu-ray] Venom abraza su lado más cómico y romántico

Palabra de simbionte. 2018 fue un año muy loco en todos los sentidos, incluido el cinematográfico. Una de las mayores sorpresas de la cartelera fue Venom, la gran apuesta de Sony Pictures para empezar a construir su Universo Cinematográfico alrededor de los villanos y secundarios de los cómics de Spider-Man. Sin poder usar al propio Hombre Araña (Tom Holland) fuera de las películas del UCM, el estudio tenía una tarea complicada. Pero contra todo pronóstico, acabó con un exitazo entre manos y los cimientos bien asentados para desarrollar la saga de superhéroes interconectada que todo estudio desea.

Dirigida por Ruben Fleischer (que regresa este año con Bienvenidos a Zombieland), Venom cuenta con el aclamado Tom Hardy (Mad Max: Furia en la carretera) en el icónico papel del antihéroe de Marvel, uno de los personajes más populares de la Casa de las Ideas. El actor británico da vida a Eddie Brock, intrépido periodista de investigación que, después de perder su trabajo y a su novia (Michelle Williams), se convierte en el anfitrión del simbionte alienígena. Mientras Eddie trata de destapar la atroz verdad sobre el creador de la Fundación Vida, Carlton Drake (Riz Ahmed), cuyos experimentos han liberado a la peligrosa criatura, Venom se fusiona con su cuerpo, desatando impresionantes poderes, pero también un lado oscuro que deberá aprender a controlar.

Venom no parece una película de la nueva era de los superhéroes, sino una previa al Universo Cinematográfico de Marvel y el boom del cine basado en cómics (es decir, más noventera que de 2018). Pero esto no es necesariamente malo. Está claramente diseñada para derivar en franquicia y conectarse a un universo mayor, pero esto tampoco impide que se desarrolle como una historia contenida, sin exceso de guiños o personajes metidos con calzador para generar spin-offsVenom es mucho más simple que eso, y es de agradecer. No es más que una historia de orígenes clásica, y meter más elementos sería complicarlo demasiado desde muy pronto. La ausencia de Spider-Man, para muchos polémica, no supone inconveniente alguno, puesto que esta es la historia de Eddie Brock y su relación con Venom.

Y eso precisamente es lo mejor de la película. El tira y afloja entre Eddie y el simbionte aporta el conflicto moral que define la historia, pero también la principal fuente de humor, que estará considerablemente más presente de lo que la campaña promocional (mucho peor que la propia película) nos ha dado a entender. Hardy es conocido por dejarse la piel en sus personajes y Venom no es una excepción, pero aquí nos muestra una nueva faceta. El actor británico (haciendo gala de un cuestionable acento americano) se emplea a fondo y lo da todo, con un trabajo físico estupendo, pero también una interpretación excéntrica, descontrolada y por momentos muy excesiva que nunca deja de sorprender, incluso en sus momentos más ridículos. Hardy es la principal atracción de Venom y con él, la película se vuelve mucho más divertida de lo que imaginábamos.

Su trabajo suple con eficiencia los defectos de la cinta, que no son pocos. En primer lugar, un plantel de secundarios desaprovechados y poco interesantes, encabezado por un simplemente correcto Riz Ahmed y Michelle Williams en la que es su peor interpretación en años. La actriz nominada cuatro veces al Oscar está fatal y su química con Hardy es tan inexistente como sus ganas de estar ahí. Consigue destacar Jenny Slate, aunque su personaje es más bien pequeño y solo una herramienta narrativa para impulsar la acción.

Muchos han criticado su calificación PG-13, pero lo cierto es que esto no es verdaderamente un problema. A pesar de no ser para mayores de 18 años y no mostrar decapitaciones o fuentes de sangre, el film contiene bastante violencia, y aunque el “fuck” lo tiene prohibido, uno pierde la cuenta de las veces que dicen “shit”. Vamos, que no es Deadpool, pero tampoco es una versión infantilizada de Venom. Como tampoco es una película Rated-R mutilada. De hecho, su estructura es en su mayor parte íntegra y coherente, y aunque sí hay confusión tonal y brusquedad a la hora de saltar del thriller/terror a la comedia (tontorrona), al menos no adolece del síndrome de la tijera loca que sí sufrían Batman v Superman Escuadrón Suicida.

Venom tarda bastante en hacer acto de presencia, pero las pesquisas de Eddie Brock nos entretienen hasta que el simbionte se fusiona con su huésped y la acción empieza de verdad. A partir de ahí, el ritmo no baja en ningún momento. La dinámica Eddie-Venom, el entregado trabajo de Hardy y las escenas de acción convierten Venom en una película muy divertida. Solo flojea realmente durante el enfrentamiento final con Drake, donde la acción digital se vuelve más farragosa y no nos deja ver bien lo que está ocurriendo. Por lo demás, tanto el terrorífico diseño como los efectos digitales para dar vida al simbionte y las secuencias de acción física con Hardy cumplen holgadamente, pese a que visual y estéticamente sea más bien plana.

Venom nunca será considerada una gran película de superhéroes y es una de las principales responsables de abrir aun más la brecha entre crítica y público. Pero tampoco es el desastre que muchos esperaban. Es divertida, Hardy está glorioso, tiene más personalidad de lo que los trailers indicaban y momentos de humor muy memorables (aunque los más malvados digan que es una comedia involuntaria, hay mucha intención y autoconsciencia). En definitiva, Venom es una buena presentación que acaba haciendo justicia al emblemático personaje de Marvel y abre la puerta a una secuela que, puliendo los errores de esta, puede y debería ser mucho mejor.

EDICIONES DISPONIBLES

Venom ya está a la venta de la mano de Sony Pictures Home Entertainment España, que lanza siete ediciones físicas diferentes. Estas incluyen las ediciones sencillas en Blu-ray y DVD, combos Blu-ray 3D + Blu-ray y 4K UHD + Blu-ray, las ya tradicionales ediciones metálicas (una disponible en todos los puntos de venta y otra ecxlusiva de GAME), y finalmente, una edición coleccionista con todos los formatos y una impresionante estatua de resina limitada y numerada, que reproduce con todo lujo de detalles la lucha entre Venom y el simbionte Riot, y no se podrá conseguir en ningún otro sitio.

El éxito de Venom (que ha recaudado 855 millones de dólares en todo el mundo) ha derivado en incontables memes con los que algunos aspectos de la película se han viralizado. El más popular es sin duda el ¿imaginado? romance entre Eddie y el simbionte, tan extendido entre los fans que hasta Sony se ha apuntado a la broma con un trailer especial para celebrar el lanzamiento sacando el lado más romántico de Venom, y una aplicación (Venomlovefit.com) para dar besos de superhéroe (con lengua).

En cuanto a las ediciones, la que nosotros hemos adquirido es el steelbook exclusivo de GAME, que presenta un diseño alternativo de carátula con una ilustración de Venom sobre fondo rojo (puedes ver fotos del estuche aquí) e incluye un Bonus Blu-ray con el mini-documental exclusivo “Del simbionte a la pantalla”, que narra la historia completa de Venom, desde los cómics originales a su traslación a la gran pantalla. Este mini-documental también se encuentra en la edición steelbook normal. Los contenidos adicionales comunes a todas las ediciones en Blu-ray son los siguientes:

  • “Modo Venom”- Al seleccionar este modo, en la película irán saliendo pop-ups informativos con datos sobre la relación con los cómics, y referencias que hasta al más avezado se le pueden haber escapado.
  • “El protector letal en acción” – Tras las cámaras con el equipo de producción.
  • “La visión de Venom” – Cómo el director Ruben Fleischer llegó al proyecto, reclutó al equipo e hizo de Venom una realidad.
  • “Diseñando Venom” – El increíble viaje para diseñar y crear a Venom.
  • “Los secretos de la simbiosis” – Una colección de referencias ocultas.
  • Videoclip de Eminem y tráiler de Spider-Man: Un nuevo universo

Crítica: The Old Man & the Gun

¡Estás hecho un roberrefor! Paradigma de la belleza masculina durante los años sesenta, setenta y ochenta; ejemplo de aceptación de la arruga con la llegada del siglo XXI. Robert Redford es uno de los últimos nombres del Olimpo que siguen entre nosotros. Pocos cabezas de cartel de ese Hollywood tan añorado siguen en pie, tales como la inmortal Jane Fonda con su Grace and Frankie junto a Lily Tomlin, un talludito Clint Eastwood más centrado en la dirección que en la interpretación, un felizmente resucitado (y premiado) Michael Douglas con El método Kominsky… Todos nos vamos haciendo mayores, incluso el siempre guapo Harrison Ford, cuyo sex appeal no se resiente lo más mínimo por el paso de los años, sino que va evolucionando.

La suerte de estar vivo conlleva la maldición de ver cómo todos y cada uno de esos amigos y amigas del celuloide nos van abandonando. Ya sea por defunción, enfermedades neurodegenerativas o simplemente porque prefieren parar. Esa última ha sido la decisión por la que ha optado nuestro rubiales favorito. Han sido muchos años a la carrera y el bueno de Sundance Kid ha decidido entregar las armas de una vez por todas y retirarse. Aunque es completamente consciente de que este adiós no es para siempre, ya que siempre podremos volver a perdernos en su infinita mirada en Descalzos por el parque o Dos hombres y un destino, Redford ha tenido el gran detalle de despedirse de nosotros en el mismo lugar donde nos conocimos: la gran pantalla. The Old Man & the Gun es la emotiva nota que nuestro buen amigo Robert nos deja como despedida.

Esta esta es la historia real de Forrest Tucker (Redford). Bueno, tan real como lo puede ser una historia tan inverosímil como la de este pícaro cuasi octogenario. Ladrón de bancos vocacional y preso fugado profesional. Acompañado de sus fieles Teddy (Danny Glover, Arma letal) y Waller (el cantante Tom Waits, Drácula de Bram Stoker), se dedica a limpiar las arcas de pequeñas sucursales bancarias a lo largo de Estados Unidos. Un implacable atracador que se ha labrado una reputación de leyenda, no solo por su porcentaje de éxito, sino por sus exquisitas maneras a la hora de realizar los atracos. ¿Quién necesita un butrón o una toma de rehenes cuando se tiene educación? También hay que añadir que el que tuvo, retuvo y Robert Redford sigue irradiando su condición de roberrefor. Puede que haya vuelto a encontrar el amor en los brazos de Jewel (Sissy Spacek, Carrie), pero nada es comparable a ese subidón de adrenalina que siente cuando sale de un banco con su suculento botín. Forrest Tucker es un adicto a esa sensación y por eso se ha tirado media vida en la cárcel o cometiendo delitos por los que volverá a estar entre rejas.

El encargado de orquestar este retorno al crimen de Robert Redford no es otro que David Lowery. El director de A Ghost Story y Redford ya coincidieron hace unos años en la preciosa e infravalorada Peter y el dragón, remake en clave folk del clásico de Disney Peter y el dragón Elliot. El buen ambiente que destila ese film y la maestría demostrada por Lowery a la hora de plasmar emociones profundas en pantalla son dos características que le convertían a priori en la opción perfecta, y el realizador de En un lugar sin ley no decepciona. The Old Man & the Gun es una cinta extremadamente emotiva y simpática, a la altura de las circunstancias. El gran triunfo de Lowery es haber sabido conseguir que la película emocione independientemente a su naturaleza de despedida fílmica de Redford. Sabiendo enriquecerse de esa realidad, pero no amparándose únicamente en ella. Esa honestidad a la hora de narrar hace que el propio espectador sea el que se rompa al recordar que el adiós de Redford es real. De ahí que ese guiño o media sonrisa, tan característicos del de Santa Monica, que nos dedica casi rompiendo la cuarta pared hagan que que las lágrimas terminen por brotar por sí solas.

Pero el gran culpable de todas esas emociones encontradas es el propio Robert Redford. Cual buen zorro, ha sabido guardarse un papel de esos que se quedan en la memoria del espectador para siempre. Su Forrest Tucker es toda una perita en dulce para un actor famoso por dar vida a jetas con el corazón de oro. Este yayo aguantaría unas cuantas manos a Johnny Hooker sin despeinarse, intercambiaría chascarrillos de forajido con Sundance Kid e intentaría infructuosamente levantarle la mujer a Paul Bratter. Con The Old Man & the Gun, Robert Redford añade el último bribón entrañable de su colección. Un personaje a priori encantador, con el que logra la empatía del espectador, aunque su comportamiento y filosofía vital para con los demás sea completamente atroz. La última gran muestra del tremendo magnetismo de Redford en pantalla.

The Old Man & the Gun es un abrazo cálido de despedida de uno de los mejores amigos cinematográficos que hemos tenido y tendremos. Un hasta siempre que nos hace llorar con una sonrisa en la boca. Nunca te olvidaremos, Robert. Gracias por tanto.

David Lastra

Nota: ★★★★

Searching: Siguiendo la huella digital

En 2014 se estrenó Eliminado, una película con una premisa tan arriesgada como interesante: una historia de terror que transcurría íntegramente en pantallas de ordenador. Gustase más o menos, lo que no se podía negar del film de Blumhouse era la forma tan creativa y detallista de utilizar la tecnología y el lenguaje de Internet para contar una historia. Esta idea, que poco después también vimos en Open Windows de Nacho Vigalondo, sedujo al director Aneesh Chaganty y el guionista Sev Ohanian, tándem que había trabajado varios años realizando vídeos publicitarios para Google.

Así nació Searching, de la necesidad de buscar nuevas formas de narración basadas en la tecnología y adaptar los géneros a la era digital. Pero tener claro el formato a través del cual se quiere contar la historia no es suficiente. Debe haber un guion, y Chaganty y Ohanian sabían exactamente cómo hacerlo. Searching no es un gimmick (un truco para enganchar a la audiencia sin ofrecerle mucho más), es un thriller absorbente y excelentemente estructurado que pone la tecnología al servicio de la historia, y no al contrario.

La película gira en torno a David Kim (John Cho), un hombre cuya hija de 16 años, Margot (Michelle La), ha desaparecido misteriosamente. Lo que inicialmente parece un acto completamente normal por parte de una adolescente se convierte en una búsqueda desesperada. El tiempo pasa y la investigación policial, con la agente Rosemary Vick (Debra Messing) a cargo del caso, no les lleva a ninguna parte, por lo que David decide buscar por su cuenta. Sin ninguna pista sobre el paradero de Margot, recurre al lugar donde nadie está mirando: el portátil de su hija. Ahí, donde se esconden todos nuestros secretos, descubrirá que quizá no conocía a la aparentemente apacible chica tan bien como creía, destapando una inquietante maraña de acontecimientos que podrían llevarle a descubrir una verdad sobre lo ocurrido que jamás podría haber imaginado.

Aunque como ya hemos señalado, la idea de ambientar una película enteramente en pantallas de ordenadores o dispositivos móviles no es nueva, Chaganty y Ohanian le sacan el máximo partido y la llevan a otro nivel. La clave está en construir un misterio que atrape al espectador, y utilizar el lenguaje tecnológico de forma realista para desarrollar el lenguaje fílmico. Es imposible apartar la mirada de Searching, ya que siempre está ocurriendo algo importante en alguna sección de la pantalla, detalles o pistas que sirven para que el espectador reconstruya lo ocurrido en su cabeza y desarrolle sus propias teorías.

Claro que, como buen thriller que es, Searching jugará constantemente a despistar, a formar hipótesis para luego desmentirlas, a conducirnos por un camino para dejarnos en una carretera sin salida y obligarnos a volver atrás. Todo hasta llegar a un desenlace que, en busca del giro sorpresa, cae en lo inverosímil y efectista. Hasta ese momento, Searching es ejemplar, maneja el suspense de forma sensacional, llevando a Hitchcock al siglo XXI, y provoca escalofríos a cada paso. Su final empaña un poco el conjunto final, pero sería injusto obviar el increíble trabajo de planificación, desarrollo y ejecución que hay antes.

Searching nos presenta a dos cineastas prometedores, meticulosos y con buenas ideas. La labor de animación y ensamblaje que hay detrás de la película es impresionante, pero todo eso se quedaría en mero alarde si no hubiera una buena historia que lo sustentase. Al fin y al cabo, lo que hace que Searching funcione tan bien es el factor humano. La convincente interpretación de Cho es el pegamento que mantiene unida esta reflexión sobre la dualidad de Internet: la tecnología como herramienta para comunicarnos, para preservar los recuerdos y unir a la familia, pero también la inquietante idea de cómo la persona que mostramos en Internet puede ser diferente a la que somos en la vida real, lo que nos lleva a preguntarnos si conocemos realmente a los que tenemos más cerca.

Searching ya está a la venta en Blu-ray y DVD de la mano de Sony Pictures. La edición incluye el siguiente contenido adicional:

-Buscar la huella digital
-Cambiando el lenguaje fílmico
-Comentario de los cineastas
-Actualiza tu usuario: el reparto y los personajes

Reseña: Ritmos del corazón (Hearts Beat Loud)

Es el verano antes de que Sam (Kiersey Clemons) se marche a la universidad. Su padre, Frank (Nick Offerman), se aferra como puede a sus últimos días con ella mientras afronta el cierre de su tienda de discos, que tiene la misma edad que su hija, diecisiete años. Incapaz de aceptar la idea de que en muy poco tiempo Sam dejará de vivir bajo su techo, Frank le pide que compongan música juntos y formen una banda.

Sin embargo, Sam tiene la vista fijada en su carrera de medicina, así que a pesar de su pasión y enorme talento por la música, tendrá que ser la más madura de los dos y abrir los ojos a su padre, que sigue estancado en el pasado, como las tiendas físicas de discos. Todo cambia cuando Frank decide subir uno de sus temas a Spotify y esto abre las puertas al dúo, bautizado We’re Not a Band, hacia una posible carrera discográfica.

Ritmos del corazón (Hearts Beat Loud) es la nueva película de un habitual de Sundance, Brett Haley (Volverás en mis sueñosThe Hero), dramedia musical con un inmejorable reparto de caras conocidas entre el público del cine indie y las series de la televisión (Nick Offerman, Kiersey Clemons, Toni Collette, Sasha Lane y Ted Danson) que el pasado año conquistó al público a su paso por el circuito festivalero de Estados Unidos.

Y no es para menos. Ritmos del corazón es una película profundamente cálida y reconfortante que aborda temas intrínsecamente melancólicos como el paso del tiempo y la separación de padres e hijos con sentido del humor, ternura y mucho corazón, pero sin pasarse nunca de almíbar. La película se sustenta principalmente sobre el estupendo trabajo de Offerman y Clemons, que desprenden química por los cuatro costados. Su relación, expresada y transformada a través de la música, es tan emotiva como sincera.

A Offerman estamos acostumbrados a verlo interpretando a personajes serios y cascarrabias con un divertido punto marciano, y aquí (como ya hizo en Yo, él y Raquel) vuelve a sacar a relucir su lado más humano y vulnerable como uno de los padrazos por excelencia del cine independiente. Está simplemente adorable. Mientras, Clemons se confirma como una de las jóvenes promesas a seguir más de cerca. Hay mucho talento en esta chica y podemos apostar a que vamos a verla mucho en los próximos años.

A través de las bonitas canciones de Frank y Sam y con ayuda de un guion que hila muchas tramas con soltura, Ritmos del corazón da forma a una preciosa relación paternofilial, pero también a una historia de amor adolescente queer representada de la forma más casual y natural y a una acertada reflexión sobre madurez estancada, todo envuelvo en una nostálgica oda a la música indie (clásica y actual), al vinilo y las tiendas de discos que sobreviven en la era digital. Una de las películas más entrañables que hemos visto recientemente.

Ritmos del corazón ya ha salido a la venta en España en DVD de la mano de Sony Pictures.

La favorita: Nido de víboras

Ana y Sarah son BFFs. Llevan siendo amigas desde hace ya unos cuantos años y se compenetran a la perfección. S es la única persona capaz de apaciguar los arrebatos coléricos de A y S el único amor puro (y algo sexual) que ha sentido A en toda su vida. Puede que haya cierta sumisión por parte de S hacia A, pero ambas disfrutan y sacan partido de ese rollo Ama-Sirviente que tienen entre ellas. Tanto que en ocasiones cambian los roles y S se convierte en la Ama y viceversa, hasta que A se cansa de todo, pega un par de gritos y hace lo que le viene en gana. S es la persona de confianza, la única en la que puede apoyarse en ese nido de víboras en que viven las dos. Mrs. Morley y Mrs. Freeman, así se llama la una a la otra. Ellas son para siempre y eso no va a cambiar nunca… o puede que sí. Yorgos Lanthimos, creador de pesadillas como Canino o El sacrificio de un ciervo sagrado, da un pequeño salto en el tiempo para volver a golpear nuestras consciencias con La favorita, su nuevo comecocos de época con Olivia Colman, Rachel Weisz y Emma Stone.

En los albores del siglo XVIII, la situación política europea existente convierte los tejemanejes de Poniente en un mero juego de niños. Borbónicos y austracistas pelean por la Corona Española y tanto Francia como la pérfida Albión tercian para sacar tajada. ¿Qué pintan dos amigas como A y S en dicha contienda? Simplemente, A es Ana de Gran Bretaña, monarca de las islas británicas, y S es Sarah Churchill, Duquesa de Marlborough y una de las mentes políticas más privilegiadas y aviesas de su tiempo, además de antecesora de Winston Churchill y Lady Di. A es la reina y S su favorita. No había decisión política en Gran Bretaña que no pasase por S, aunque en más de una ocasión A terminase haciendo lo que le apeteciese, que para eso ella era el tejón más poderoso de Inglaterra.

Todo era felicidad y podofilia hasta que una mujer hizo acto de presencia en la corte, la otra A. Abigail Masham llegó con un vestido cubierto de mierda y barro y con supuesto parentesco familiar con S, carta que le valió para entrar a trabajar como sirvienta. De todos es sabido que por la caridad entra la peste, y a S le llegó por su prima. Sin tiempo para remediarlo, S ve cómo el fulgurante ascenso de la otra A de fregona a nueva consejera de A pone en peligro su status como favorita de la monarca. ¿Es la otra A el revulsivo que necesitaba A o una mera herramienta de los enemigos políticos de S?

La favorita es una sesuda disección sobre las artes políticas y la erótica del poder disfrazada de comedia alocada y absurda. Yorgos Lanthimos construye sus amistades peligrosas en clave de sororidad con el santo surrealismo de Luis Buñuel como patrón. Pocos cineastas actuales son capaces de llevar a cabo ciertas locuras en la gran pantalla sin parecer ridículos y él es uno de ellos. Nos lo demostró con creces su distopía animalista de Langosta y en cierta manera con la discordancia que sufren las protagonistas de Canino y ahora lo hace en la Europa del siglo XVIII. El humor de La favorita es extremadamente burdo y estúpido, algo que suele ser inaceptable en este tipo de películas, pero que justamente es el tono más acertado y necesario para retratar el disparate que eran (son) las monarquías de rancio abolengo del viejo continente. Todo en esta película es tan ridículo que provoca tanto carcajadas como escalofríos, especialmente cuando recordamos que hay miles de vidas y el destino de varios países en juego.

Puede que la premisa de La favorita sea la más canónica hasta la fecha dentro de la filmografía del director griego (curiosamente es la primera ocasión en que Lanthimos no trabaja sobre un guion propio), pero no por ello deja de ser tan perturbadora y marciana como sus obras anteriores. La tóxica sororidad triangular del film no es sino la enésima demostración de que el ser humano es un lobo para el ser humano, especialmente cuando hay intereses de por medio. Aunque haya cariño de por medio, A no deja de tratar a S como si de su esclava personal se tratase, así como S no deja de aprovecharse de A para medrar socialmente un poco más.  De igual manera, que la recién llegada es capaz de hundir a S sin miramiento únicamente por ser pato más poderoso del reino.

Esta contemplativa película se ve beneficiada por una de las mejores elecciones de casting de la temporada: Olivia Colman (Redención y nueva Isabel II en The Crown) como Ana de Bretaña, Rachel Weisz (El jardinero fiel) como Sarah Churchill y Emma Stone (La La Land) como Abigail Masham. Aunque se haya optado por Colman como protagonista para la temporada de premios, las tres intérpretes resultan igualmente arrolladoras y poseen el mismo peso e importancia en pantalla. La labor interpretativa de Colman como la pueril monarca es descomunal y extremadamente valiente. Suyos son los mejores gags cómicos y sus aires de Reina de Corazones son tan ridículos como aterradores. Su Ana de Bretaña es uno de esos papeles por los que una actriz hace historia, no obstante, se ha hecho con el premio a mejor actriz en los pasados Globos de Oro. Su tez mortecina, su mirada vacía y su gesto compungido perpetuo recuerda al feísmo profesado por Francisco de Goya en sus retratos de la corte española. Lanthimos apuesta por exhibir la fealdad y las taras físicas y psicológicas de años y años de endogamia, rechazando categóricamente la estúpida tradición de los films históricos de mostrar a los monarcas como seres bellos y mucho más delgados que sus referentes reales.

Tampoco se corta nada Emma Stone con su Abigail Mashaw. La ganadora del Oscar vuelve a hacer méritos por ser considerada como la mayor payasa del siglo XXI. Stone es una maestra en el arte de la comedia física y en La favorita no se queda corta. Su amor hacia la caricatura y su arrojo a no tener miedo al ridículo es algo inusual en el star system hollywoodiense y por ello debemos celebrar la existencia de la estrella de Rumores y mentiras como lo que es, una verdadera bendición de las diosas. Aunque mucho menos vistosa que sus dos compañeras de reparto, Rachel Weisz realiza la interpretación más loable de las tres. La increíble capacidad de la otra oscarizada actriz del reparto por hacer liviano un personaje tan complejo como el de Sarah Churchill es encomiable. Ella resulta excelente como gran dama de la corte británica que ve cómo su estatus como valido de su majestad corre peligro. Weisz es la entereza y la honestidad (con reservas) de La favorita y sabe transmitirnos a la perfección esa mezcla de amor, interés y cierta frustración intelectual que sufre en su relación con la monarca. Puede que la chica Langosta se vaya de vacío en la temporada de premios, pero ella es la favorita en mi corazón.

La favorita es la última delicia envenenada de la factoría Lanthimos. Preciosa en su envoltorio, aterradora y enfermizamente divertida en su corazón.

David Lastra

Nota: ★★★★

‘You’ y ‘Dentro del Laberinto’ son la misma historia y no me puedes convencer de lo contrario

Este artículo contiene spoilers de la primera temporada de You

Nueva semana, nuevo fenómeno viral de Netflix. La plataforma de streaming sigue generando éxitos en forma de series, realities y películas de las que todo el mundo habla en las redes sociales. El año acaba de empezar y ya tenemos tres: A ciegas, ¡A ordenar con Marie Kondo! y la que hoy nos ocupa, You. Estos días es difícil entrar a Twitter sin toparse con una avalancha de memes y debates a costa de cualquiera de las tres.

You es un provocador thriller originalmente producido para la cadena Lifetime, que Netflix distribuye fuera de Estados Unidos como parte de su oferta de series propias. Basada en la novela homónima de Caroline Kepnes, You está creada por Sera Gamble y Greg Berlanti, director de Con amor, Simon y responsable de las series de DC y Riverdale entre muchas otras. La historia gira en torno a Joe Goldberg (Penn Badgley, conocido por Gossip Girl), un joven librero de Nueva York que se obsesiona con una chica, Beck (Elizabeth Lail), y empieza a stalkearla hasta que consigue conquistarla, desatando en el proceso su naturaleza desequilibrada y psicópata.

La serie ha levantado una polvareda de críticas que aseguran que romantiza el acoso, pero lo cierto es que sus guiones, por predecibles y clichés que puedan ser, se aseguran de que esto no ocurra, dejando claro en todo momento que, aunque nadie en la serie sea precisamente un ejemplo de rectitud moral, Joe es el villano, el monstruo de la historia. El problema es que, claro, Penn Badgley, y por extensión el protagonista, es muy mono, y a la audiencia le cuesta muy poco colgarse de los psicópatas atractivos en la ficción, una constante en el cine y la televisión desde hace décadas (Christian Bale en American Psycho, Michael C. Hall en Dexter, Darren Criss en American Crime Story…).

Esta idea retorcida de enamorarse del malo de la película, del secuestrador o el asesino, saca a relucir nuestras pulsiones más oscuras. En el caso concreto de You, hace que nos cuestionemos más de una cosa sobre las relaciones, cómo entendemos el romanticismo y nuestros propios deseos, invitándonos también a reflexionar sobre la delgada línea que a veces separa el romance del acoso. En relación a esto, viendo la serie no pude evitar acordarme en más de una ocasión de mi película favorita de la infancia, Dentro del Laberinto, el clásico fantástico de los 80 dirigido por Jim Henson y protagonizado por David Bowie y Jennifer Connelly.

Dentro del Laberinto ha sido analizada en profundidad por su interesante subtexto sobre la maduración y el despertar sexual, pero también ha hecho arquear más de una ceja por la supuesta condición de depredador del Rey de los Goblins, Jareth, el personaje de Bowie, un hombre (goblin) adulto que se obsesiona con una adolescente de 15 años. Y entonces se me encendió la bombilla: salvando la diferencia de edad (y las marionetas, y los asesinatos), You y Dentro del Laberinto cuentan la misma historia.

Veamos, un hombre se enamora perdidamente de una mujer (a la que le encanta leer), desarrolla una obsesión malsana con ella y crea un juego siniestro en el que él parte con la ventaja porque la ha espiado de antemano. Jareth observa a Sarah en su dormitorio a través de una bola de cristal (de ahí saca todas las ideas para ponerle obstáculos y tentaciones en el Laberinto), mientras que Joe espía a Beck a través de las redes sociales, siguiéndola por la calle o mirando directamente por su ventana (hay que ver qué poco protegen los neoyorquinos su intimidad). Lo dos recaban información para usar en su beneficio y conquistar a su objeto de deseo. Y la frustración de ambos va en aumento cuando las circunstancias y las personas alrededor de su enamorada/presa les complican sus planes. Creepy total.

Regresando al tema del atractivo físico, aunque los cánones estéticos y de belleza han cambiado mucho en los últimos 30 años, hay que recordar que David Bowie fue uno de los mayores iconos sexuales para las y los adolescentes de los 70 y 80. El aspecto de Jareth (emblemático paquete incluido), entre una glamurosa estrella del rock y Heathcliff de Cumbres borrascosas, hizo que la audiencia juvenil de la época se pusiera de su parte y desease que Sarah aceptase quedarse con él. “Que me secuestre a mí” era, y es, un comentario frecuente. Y está pasando también con Joe, hasta el punto de que el propio actor ha tenido que aclarar en Twitter que es el malo de la serie, que es un asesino y no debemos soñar con vivir una relación con alguien así.

Por desgracia, ese es uno de los males de nuestra sociedad (al que yo reconozco contribuir): se lo perdonamos todo porque es guapo, porque nos pone. Pero esto no es Cincuenta sombras de Grey, donde sí se glorificaba la figura del hombre dominante y depredador, en You las cosas deberían estar más claras. Sobre todo cuando nos acercamos a la recta final de la primera temporada, en la que Joe muestra su verdadero rostro a Beck (al espectador llevaba mostrándoselo desde el primer capítulo). Es ahí, en el último episodio, donde me encontré con esto:

Es la misma línea de diálogo. Textual. “Todo lo que he hecho, lo he hecho por ti”. Jareth se la dice a Sarah durante el número musical ‘Within You’. Joe a Beck después de encerrarla. Solo es manipulación. La sala de Escher es la cámara de los libros de Joe, donde ambos retienen a la chica. Los dos prometen una vida ideal junto a ellos, cuando en realidad no es sino un cautiverio para ellas. Afortunadamente, en ambos casos, la chica se rebela. Sarah se resiste a caer en las redes de Jareth y su voluntad debilita el poder del Rey de los Goblins. Beck descubre por fin el pastel y, aunque parece tentada por lo que Joe le ofrece, también opone resistencia. Aunque en su caso no acaba tan bien.

Enamorarse del villano de la historia es algo muy frecuente. La inocencia de los 80 y el precioso mensaje de independencia y crecimiento que nos ofrecía Dentro del Laberinto amortiguaba su vertiente más problemática. En el caso de You contamos con más información y experiencia sobre este tema. Deberíamos tenerlo más claro, pero aun así, muchos se dejan embaucar por el acosador, hasta el punto de no verlo como tal cosa (como le ha ocurrido a gente muy joven como Millie Bobby Brown de Stranger Things, que defiende a Joe). Ahí es donde reside el problema, y ahí es donde tenemos que debatir y dialogar para aclarar cualquier confusión que la serie pueda crear. No pasa nada por colarse de malo, siempre y cuando sepamos distinguir la realidad de la ficción.

Glass (Cristal): La película perfecta para la era de los superhéroes

La trayectoria de M. Night Shyamalan es como una historia llena de altibajos y plot twists. Tras varios éxitos, el aclamado director de El sexto sentido (1999) fue perdiendo el favor del público y la crítica hasta tocar fondo con su vapuleada adaptación de Airbender (2010) y la que es con diferencia la peor película de su filmografía hasta la fecha, After Earth (2013). Aparentemente condenado al ostracismo tras una serie de fracasos comerciales, Shyamalan resurgió cual Ave Fénix con la ayuda de Jason Blum, que produjo su nuevo film, La visita (2015), por cuatro duros (como todas las películas de Blumhouse), revitalizándolo creativamente y catapultándolo de nuevo a lo más alto.

Conocido popularmente por los giros sorpresa al final de sus películas, Shyamalan nos dio el más impactante con su siguiente trabajo, estrenado solo un año después, Múltiple (2016). En un alarde de fan-service que no era sino la materialización de sus propios planes y deseos, Shyamalan incluyó a Bruce Willis en una escena post-créditos, uniendo así su nueva película y El protegido (2000) bajo el mismo universo de ficción. Sin ser conscientes de ello, estábamos viendo una secuela spin-off de El protegido, y esto no podía significar sino la existencia de una tercera parte, un crossover 18 años en desarrollo que llega a nuestras pantallas en 2019.

Glass (Cristal) es el acontecimiento que los fans de Shyamalan llevaban esperando con ansias desde que se descubrió el pastel. O incluso antes. La película en la que convergen las historias de David Dunn, Elijah Price y Kevin Wendell Crumb, un trío de personas con habilidades sobrehumanas que se unen para hacernos reflexionar sobre la naturaleza de los superhéroes y su impacto en la sociedad. Además de Willis, Samuel L. Jackson retoma su papel de El protegido y James McAvoy vuelve a ponerse en la piel del asesino en serie con personalidad múltiple, uniendo así las narrativas de estos tres extraordinarios y peligrosos seres, y aquellas personas que orbitan a su alrededor: el hijo de David, Joseph (Spencer Treat Clark), la madre de Price (Charlayne Woodard) y una de las víctimas de Kevin que sobrevivió a su cautiverio, Casey (Anya Taylor-Joy).

Sus caminos se cruzan gracias a la intervención de la Dra. Ellie Staple (Sarah Paulson), una psicóloga especializada en personas que creen ser superhéroes, y que logra atrapar a los tres y reunirlos bajo el mismo techo de una institución psiquiátrica; una decisión que, obviamente, desembocará en desastre. El trío maravillas posee fuerzas e intenciones muy distintas que chocan entre sí: Dunn es el justiciero moral que utiliza sus poderes para hacer el bien y castigar a los malhechores, David es el monstruo incapaz de controlar sus habilidades, y Price, también conocido como Mr. Glass, es la mente maestra que maneja los hilos. Juntos conforman el triángulo básico de todo cómic de superhéroes.

Porque tal y como esperábamos, Glass nos da al Shyamalan más meta de su carrera. El director realiza un homenaje-decontrucción al medio gráfico y el género de los superhéroes en una época en la que estos vuelven a ocupar el Olimpo de la cultura popular gracias al cine y la televisión. Con varias referencias a Marvel y DCGlass se presenta orgullosa como un decálogo de los superhéroes que trata de explicar por qué tienen tanto éxito y cómo reflejan nuestra realidad. Y lo hace con buenas dosis de suspense, acción y espectáculo, pero también con mucho humor autorreflexivo y referencial, con guiños y bromas que aluden a los cómics y a la propia carrera de Shyamalan (que en esta ocasión protagoniza el que quizá es su cameo más simpático y autoconsciente). Porque es fácil tomarse la película en serio y abrazar su lado más dramático, pero en el fondo Shyamalan se lo está pasando en grande dejándonos easter eggs y haciendo comentarios jocosos sobre los tebeos y su propia creación. Y se nota.

El gran problema al que se enfrenta Glass es el desmedido hype con el que nos adentramos en ella los fans de su director, y de las anteriores entregas. La decepción va a ser inevitable para muchos, pero una vez ajustadas las expectativas, es posible (y recomendable) apreciar lo que Shyamalan ha querido hacer con la película. Glass es una más que acertada culminación a la trilogía que nos cuenta todo lo que necesitábamos saber de sus tres protagonistas, uniendo las piezas de su puzle de manera impresionante (utiliza metraje de El protegido con suma inteligencia y habilidad) a la vez que cierra su relato. Pero también abre la puerta a la posibilidad de una continuación o la creación de un universo cinematográfico, lo cual, vayan adelante con ello o no, forma parte del ADN de los cómics que analiza la película.

Glass está repleta de momentos emocionantes y escenas impactantes, de giros narrativos que cuestionan constantemente las reglas del género y sacan a relucir el tejido meta de la película. Aunque sobre decirlo, la película es técnica y visualmente impecable. Las secuencias de acción están perfectamente ejecutadas, el uso de los colores es una pasada, los efectos digitales están muy bien empleados y la cámara de Shyamalan es, como siempre, intuitiva y nos cuenta mucho más de lo que parece a simple vista.

Pero por supuesto, el alma de la película son sus personajes, en especial David y sus personalidades múltiples. Un Willis desganado y con menos presencia de lo que esperábamos queda eclipsado por la perversamente divertida interpretación de Jackson y, sobre todo, el tour de force de McAvoy, que vuelve a darlo todo. Y más. El intérprete escocés hace reír, impone con su presencia y conmueve con su historia personal y su turbia relación con el personaje de Taylor-Joy. Una de las quejas más extendidas sobre Múltiple fue que nos mostraba muy poco de los 23 alter egos que viven en la cabeza de Kevin. En este caso (los he contado) desata hasta 20 personalidades a lo largo de la película. Y es increíble, un espectáculo en sí mismo. El trabajo interpretativo de McAvoy es tan rico, tan brutal, tan matizado y descarnado, y su transformación (transformaciones) física tan asombrosa, que a él también deberían llamarlo La Bestia.

Aunque peque de obvia y sobreexplicativa en sus conclusiones sobre los cómics y la creación de héroes y villanosGlass tiene muy claro lo que nos quiere contar, y esta claridad en su propósito hace que Shyamalan triunfe redondeando la historia. Una que comenzó hace casi dos décadas, y cuya conclusión llega en el momento exacto. A través de sorpresas, giros, secretos y conexiones personales, la película conecta y da sentido a su universo con astucia, equilibrado el humor, el drama y el terror psicológico mientras aumenta la acción. Su propuesta, y en concreto su desenlace, dividirá a la audiencia. Pero ¿no es eso lo que llevamos tiempo pidiendo? Queríamos una película de superhéroes que arriesgase, y eso es exactamente lo que nos da Glass. Etcétera.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

‘Tully’ es una de las mejores películas de 2018, pero casi nadie se acordó de ella

Dejamos atrás la estresante época de las listas de lo mejor y lo peor del año. Durante un momento, tuvimos la sensación de que el 2018 cinematográfico no había estado a la altura, pero haciendo balance, resulta que ha sido un año mucho mejor de lo que parecía. Tanto que, como suele ocurrir, muchas grandes películas se caen de los rankings, por una razón o por otra. Y una de esas ausencias esperables, pero no por ello menos injustas, ha sido Tullyel trabajo más reciente de Jason Reitman.

Reitman repite con Charlize Theron y Diablo Cody tras su colaboración en Young Adult (2011). En ella, la actriz surafricana asumía otra de esas interpretaciones valientes que la caracterizan con un personaje nada complaciente que despertó tanta antipatía como fascinación, mientras que la guionista de Juno continuaba su sofisticación como escritora de personajes imperfectos y complicados. Tully supone la sublimación de los tres miembros principales del proyecto con una historia conmovedora y real sobre la maternidad y el paso del tiempo.

La película gira en torno a Marlo (Theron), una mujer sobrepasada por la maternidad que, después de dar a luz a su tercer hijo, decide buscar ayuda. Marlo está casada, pero su marido, Drew (Ron Livingston), también abrumado por su vida, no ofrece mucha ayuda con los niños. Como si de una Mary Poppins moderna se tratase, la salvación llega en la forma de una niñera, Tully (Mackenzie Davis), que se ocupa del recién nacido durante la noche. Aunque al principio la idea de una “niñera nocturna” le hace sentir incómoda, tras recuperar el sueño perdido y ver aligerada su carga de responsabilidades, Marlo no puede estar más agradecida por Tully, con la que forma un vínculo muy especial que le ayudará a conocerse mejor a sí misma.

Diablo Cody sigue contando historias alrededor de la experiencia femenina, consiguiendo con Tully un honesto y emotivo relato sobre el matrimonio, el embarazo y la maternidad. Como en sus anteriores trabajos, la guionista no omite las partes más desagradables, sino que las pone en primer plano porque forman parte esencial e indivisible de la realidad, y las encarna principalmente en la figura de Marlo, una Charlize Theron completamente entregada en la que es una (otra) de sus mejores interpretaciones recientes. Los de Tully no son personajes fáciles, y tanto Theron como Livingston (un marido nunca caracterizado como villano, sino como otra víctima ahogada por las circunstancias), los dotan de una humanidad absoluta. La presencia de una irresistible Davis y su palpable química con Theron redondean la propuesta.

Tully nos habla sobre lo difícil que es ser padres, de la pérdida de la comunicación en la pareja y también sobre tener que decir adiós a la juventud y asumir nuestra madurez (sin perder nunca el contacto con la persona que fuimos). Lo hace con crudeza, pero también inteligencia, ingenio y emoción, a través de un guion detallista, bien construido y repleto de significado, con diálogos graciosos y un sorprendente toque de realismo mágico. Todo esto hace de Tully una de las mejores películas de 2018 de la que apenas se ha hablado, un viaje noctámbulo melancólico y nostálgico, pero también divertido, que nos abre los ojos a la realidad y sus contradicciones con amabilidad y compasión.

Tully ya está a la venta en España en Blu-ray y DVD de la mano de Universal Pictures. Incluye una featurette de 10 minutos llamada ‘Las relaciones de Tully’, con entrevistas al equipo.

Joyas de autor: ‘Purasangre’, ‘Las horas pasadas’ y ‘No dejes rastro’

Para empezar el año con una buena dosis de cine llegan tres nuevos estrenos que Sony Pictures y Universal Pictures añaden a su catálogo doméstico. Tres títulos inéditos en cines o que tuvieron un paso limitado por salas comerciales y ven la luz en formato DVD, sumándose a su creciente colección de joyas de autor modernas. Se trata de la aclamada comedia negra Purasangre, y los dramas familiares Las horas pasadas y No dejes rastro, filmes que pasaron injustamente desapercibidos el año pasado y merece la pena recuperar, ya que ofrecen propuestas refrescantes con puntos de vista muy personales e interesantes.

Purasangre (Thoroughbreds)

Purasangre es la opera prima de Cory Finley, una perversa comedia negra adolescente que le ha granjeado críticas muy positivas y lo ha situado como uno de los cineastas recién llegados más prometedores de Estados Unidos.

La película está protagonizada por dos jóvenes portentos, Olivia Cooke (Yo, él y RaquelReady Player One) y Anya Taylor- Joy (La bruja, Múltiple), que dan vida a Amanda y Lily, dos chicas de clase alta que recuperan su amistad de la infancia después de años de distanciamiento, encontrando la conexión en sus tendencias más sociópatas y su odio hacia el padrastro de la segunda. Finley ofrece una versión retorcida de la comedia adolescente en la que las protagonistas se ven envueltas en un plan criminal tan macabro como divertido, lo que ha despertado las inevitables comparaciones con el clásico generacional Escuela de jóvenes asesinos.

Con irresistible malicia, gran sentido de la estética y buen gusto para el encuadre, Finley narra la curiosa y disfuncional amistad de dos almas perdidas que encuentran la conexión en su aversión a la normalidad. Junto al tristemente fallecido Anton Yelchin, en uno de sus últimos papeles, Cooke y Taylor-Joy dan forma a una comedia irreverente, descarada y con mucha personalidad. Aunque sus diálogos puedan pecar de artificiales, delatan a un autor astuto y seguro de su visión, lo que da lugar a uno de los debuts más estimulantes que nos ha dejado el indie norteamericano recientemente. La película fue nominada a mejor guion en los Independent Spirit Awards, y no es para menos.

Las horas pasadas (The Keeping Hours)

La exitosa productora Blumhouse, responsable de sagas de terror como Insidious La noche de las bestias y la última entrega de La noche de Halloween, lleva unos años intentando expandir horizontes con ideas originales y nuevos enfoques para el género fantástico. En este sentido, dieron en la diana con Déjame salir, una de las grandes sorpresas de 2017, y esta tendencia continúa con sus siguientes estrenos, incluyendo Las horas pasadas, con la que el estudio de Jason Blum se decanta por el drama.

Diez años después de la muerte de su hijo, una pareja divorciada se reúne tras un suceso sobrenatural que les brinda una segunda oportunidad: el regreso del niño en forma de fantasma. Karen Moncrieff dirige este drama fantástico con tintes de terror que da un giro de 180º al subgénero de casas encantadas. Lee Pace (Halt and Catch Fire) y la omnipresente y siempre excelente Carrie Coon (The Leftovers) elevan la película con sendas interpretaciones profundamente emotivas e inspiradas.

Ganadora del premio del público en el festival de cine de Los Ángeles, Las horas pasadas no ha tenido un recorrido comercial a la altura de lo que merecía. Salpicada de momentos de tensión y algún que otro sobresalto que evidencia a la productora que hay detrás, la película sobresale más bien por su acertada aproximación al drama psicológico, erigiéndose como un melancólico y conmovedor relato sobre el perdón, protagonizado por dos personas rotas en busca de la conexión perdida y un nuevo comienzo.

No dejes rastro (Leave No Trace)

Debra Granik se dio a conocer en 2010 con Winter’s Bone, la película por la que Jennifer Lawrence obtuvo su primera nominación al Oscar (de cuatro en total que se llevó el film). A continuación, la realizadora se volcó en el documental, y años después regresa con su segundo largometraje de ficción, No dejes rastro, drama familiar en el que su tendencia a la no-ficción se vuelve a hacer más que evidente.

La película narra la relación entre un padre (Ben Foster) y una hija (Thomasin McKenzie) que viven escondidos en Forest Park, una gran reserva natural situada cerca de Portland. Tras varios años sobreviviendo en el bosque con recursos limitados, un pequeño error desvela su situación y pone sus vidas patas arriba. La niña pasa entonces a manos de los servicios sociales, y padre e hija se ven obligados a reajustar sus costumbres para adaptarse a la vida en sociedad, lo que provocará el distanciamiento entre ellos.

Sin caer en la sensiblería o el dramatismo facilón, Granik compone una historia cruda pero sentimental que no ofrece soluciones fáciles. Sencilla en apariencia, pero enormemente compleja en la dinámica paternofilial que retrata y el dilema que plantea (reminiscente de películas como Hacia rutas salvajes Captain Fantastic), No dejes rastro destaca por su tacto y sutilidad, mientras que las interpretaciones de Foster y McKenzie la dotan de rebosante humanidad, sobre todo durante su triste recta final.