Cadáver: Escalofriante noche en la morgue

El cine de posesiones y exorcismos ha dado mucho de sí en los últimos quince años. Cuando una de esas dos palabras forma parte del título de una película de terror, sabemos instantáneamente lo que nos vamos a encontrar en ella. Por eso llama la atención que The Possession of Hannah Grace haya conservado su título original para su estreno en España, Cadáver. Una decisión que, por otro lado, tiene sentido y sirve para diferenciar la película de tantas otras propuestas similares.

Al igual que ocurría en el thriller sobrenatural La autopsia de Jane Doe, la acción de Cadáver transcurre en una morgue. El neerlandés Diederik Van Rooijen dirige otra vuelta de tuerca al subgénero de las posesiones preguntándose qué pasa después de que un exorcismo haya acabado en la muerte de la víctima poseída. Tras un prólogo en el que asistimos al escalofriante ritual que resulta en el fallecimiento de una joven, la historia se centra en lo que ocurre con su cuerpo a partir de su entrada en el depósito de cadáveres, cuando evidentemente el mal todavía no lo ha abandonado.

La heroína de Cadáver es Megan (Shay Mitchell, conocida por Pretty Little Liars), una exagente de policía con pasado laboral traumático y problemas de adicción, que acepta un trabajo en horario nocturno en el hospital para evitar tentaciones y mantener su sobriedad. Sola en su nuevo puesto en el silencioso e inquietante sótano del centro, Megan recibe un cadáver horriblemente desfigurado y cubierto de heridas que pertenece a una chica llamada Hannah Grace, a partir de lo cual comenzará a experimentar sucesos extraños y violentos. A medida que la noche avanza, Megan comprobará que el cuerpo está poseído por una entidad demoníaca y decidirá arriesgar su vida enfrentándose a ella.

Con apenas 85 minutos de metrajeCadáver logra mantener la tensión de principio a fin, con un buen manejo del suspense y un guion que, sin ser nada del otro mundo, sabe acaparar la atención. En este tiempo, la película se toma en serio sin caer en el ridículo, y sobre todo, justificando las acciones de su protagonista con una historia personal que, si bien no es especialmente profunda u original, enlaza temáticamente con los eventos sobrenaturales que transpiran en la película. Es decir, aunque en el fondo no sea más que una simple película de terror para pasar el rato, al menos se han molestado en darle lógica a la historia, algo que no siempre ocurre.

Claro que al final, lo más importante de Cadáver no es el viaje personal de Megan para superar sus miedos y corregir sus errores del pasado, sino el suspense y los sobresaltos que hacen de la película un pasatiempo terrorífico eficaz, que es para lo que fue creada. Afortunadamente, la calificación por edades cambia el habitual PG-13 (siempre preferible por los grandes estudios aunque sea en detrimento del terror) por el Rated-R, lo que permite a Van Rooijen ir un paso más allá a la hora de mostrar imágenes violentas. En este sentido, los primeros planos de los cadáveres resultan especialmente truculentos debido al realismo del maquillaje con el que se crean las heridas, lo que añade un factor creepy bastante conseguido y en ocasiones no apto para estómagos débiles.

Por lo demás y sin ser nada del otro mundo (tampoco se lo pedimos), Cadáver cumple con lo que se propone, y lo hace sin dejar con la sensación de haber timado al espectador, que ya es más de lo que se puede decir de muchas otras cintas de terror de multisala. Con una atmósfera agobiante, tensión constante e imágenes de lo más macabro, muchos se llevarán las manos a los ojos viéndola, tanto por el miedo a lo que puede aparecer en cualquier momento como por lo que decide mostrar.

Pedro J. García

Nota: ★★★

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