Robin Hood: El superhéroe de Nottingham

“La historia que conoces, como nunca te la han contado” empieza a ser uno de los tópicos más manidos del cine actual, pero lo cierto es que la nueva revisión moderna de Robin Hood no se puede describir de otra manera. Otto Bathurst, realizador curtido en series de televisión como Peaky BlindersBlack Mirror, debuta en la dirección de largometrajes con esta relectura del mito del folclore inglés que cuenta con Taron Egerton (Kingsman) en la piel del arquero de Nottingham y Leonardo DiCaprio en la producción. En un ejercicio de reinvención similar al que llevó a cabo recientemente Guy Ritchie con Rey ArturoRobin Hood se convierte en un espectáculo de acción que sigue todas las reglas del blockbuster del siglo XXI.

La nueva Robin Hood conserva los elementos más importantes de la conocida leyenda, pero los deconstruye introduciendo novedades que la modifican considerablemente. La película, concebida claramente como una historia de orígenes, nos nuestra a un Robin de Locksley adinerado que regresa de luchar en Las Cruzadas, endurecido por una horrible experiencia que le quita la venda sobre sus ojos para ver la verdadera naturaleza de sus líderes. Dado por muerto en combate, Robin regresa a casa para encontrarse al amor de su vida, Lady Marian (Eve Hewson) comprometida con otro hombre (Jamie Dornan). Tras el duro entrenamiento de otro veterano de guerra, el comandante Little John (Jamie Foxx), el joven arquero se suma a la revuelta en contra de la corona inglesa y el corrupto sheriff de Nottingham (Ben Mendelsohn), para lo que adoptará el alter ego de Robin Hood, manteniendo en secreto su verdadera identidad mientras defiende a los pobres y oprimidos por la tiranía del poder.

La esencia del relato es la misma, pero la historia cambia para ajustarla a los cánones del cine de acción franquiciado. La película actualiza a Robin Hood siguiendo el compás del cine bélico, los superhéroes y las películas de atracos. En su prólogo, vemos al arquero en las trincheras, sobreviviendo a bombas y lanzando flechas como si fueran ametralladoras. A su regreso a Nottingham, Robin comienza su transformación en justiciero, alzándose como una suerte de Batman de Locksley, un hombre rico que se entrena y equipa para defender a su pueblo y erigirse como un superhéroe medieval. Por último, en su recta final, Robin Hood adopta el estilo de las heist movies, con la banda de Hood ya configurada efectuando un gran golpe con el objetivo de dar su escarmiento al sheriff y un respiro a los subyugados habitantes de Nottingham.

Al igual que Rey ArturoRobin Hood cuenta con un ritmo ágil, mucha acción y toques de humor, además de una ambientación más oscura y un acabado visual que recuerda a ficciones como Peaky BlindersTaboo. Aunque se nota que el presupuesto es más bien ajustado (sobre todo en algunos efectos digitales), juega bien la carta del espectáculo, sobre todo durante su explosivo clímax, en el que se suceden las coreografías de lucha y los set pieces más ambiciosos. El diseño artístico es uno de los puntos fuertes de la película. La estética conjuga el clasicismo de los escenarios medievales con un excelente vestuario que incorpora detalles y colores modernos, que hace que parezca que los personajes van vestidos de diseño (el sheriff va a la última moda con su vanguardista chaqueta de piel gris), mientras que la banda sonora podría pertenecer perfectamente a una película de superhéroes.

Aunque aun está verde como actor, a Taron Egerton le viene como anillo al dedo esta nueva versión del personaje. El actor acomete su trabajo con gran energía, entusiasmo y convicción, exudando carisma juvenil y ese punto macarra pero tierno con el que se ganó a la audiencia en Kingsman. Además, salta a la vista que se ha entrenado a fondo, y verlo manejar el arco con tanta destreza y seguridad es uno de los mayores alicientes de la película. No se puede decir tanto del resto del reparto. Foxx se limita a hacer su trabajo y Hewson no convence, a pesar de que su Marian es reconfigurada como mujer de acción y férreas convicciones que lucha por su pueblo, en lugar de la típica damisela en apuros. No ayuda que en su trama romántica con Robin no salten chispas. Mucho mejor Mendelsohn, cuya sola presencia hace que el sheriff sea un villano convincente.

Dejando al margen el debate sobre la necesidad de otra versión de Robin Hood, esta nueva iteración cumple su cometido. Entretiene, es dinámica, da la talla en las escenas de acción y merece la pena aunque sea solo por ver a Egerton disparando flechas (directo al corazón) como si no hubiera mañana. Está claro que la película está concebida como el primer capítulo de una saga, un preámbulo sobre cómo se forjó la leyenda de Robin y su banda de proscritos del Bosque de Sherwood. Por eso su final abre tramas para potenciales secuelas, confiando en que la audiencia moderna quiera saber cómo continúa la historia, aunque esto le haga perder autonomía narrativa. En Robin Hood, el forajido encapuchado de Nottingham vuelve a representar la unión del pueblo contra la tiranía y la corrupción del poder, y ahí es donde encuentra su justificación para contar la misma historia otra vez, en cómo sus ideales siguen siendo necesarios en nuestros tiempos.

Pedro J. García

Nota: ★★★

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