Crítica: Bohemian Rhapsody

Is this the real life?
Is this just fantasy?
Caught in a landslide
No escape from reality

Hay mitos demasiado grandes como para atreverse a tocarlos. El de la legendaria banda Queen y su carismático y revolucionario líder, Freddie Mercury, sería un claro ejemplo. Realizar un biopic sobre una figura tan icónica e importante para millones de personas es un acto de valentía que hay que acometer con meticuloso cuidado, porque será escrutado y desmenuzado con más exigencia que la mayoría de proyectos cinematográficos. Queen, sus componentes y su música son sagrados, y un paso en falso podría desatar la ira de las masas adoradoras del grupo británico.

Por eso, cuando el año pasado llegaron a nuestros oídos los rumores de problemas en el set de Bohemian Rhapsody, que culminaron en el despido de su director, Bryan Singer, a pocas semanas de finalizar el rodaje, se dispararon las alarmas. A lo que se sumó la preocupación por que la película obviase la sexualidad y los aspectos más oscuros de la vida de Mercury, y unas primeras críticas no demasiado alentadoras. ¿Estaremos ante un caso de biopic estrellado? ¿Habrán empañado su legado? Después de ver el film, puedo decir con convencimiento y alivio que la respuesta a ambas preguntas es “no”. Bohemian Rhapsody es un triunfo del cine biográfico y musical, una cinta que toca todas las notas correctas, y lo hace con pasión, convencimiento y, sí, respeto y devoción por las personas que retrata.

La película abarca desde la formación de la banda a comienzos de los 70 hasta su memorable actuación en Live Aid en 1985, considerado por muchos el mejor concierto rock de la historia. En el complejo y exigente papel de Freddie Mercury nos encontramos a Rami Malek (Mr. Robot), que se enfrenta al mayor reto interpretativo de su carrera y no solo sale airoso, sino que sería injusto que no estuviera nominado a todos los premios posibles. Como no podía ser de otra manera, Singer se centra en el líder de la banda, cuya historia comienza cuando aun era Farrokh Bulsara, un joven británico de origen parsi e indio con grandes sueños, enorme talento y una todavía mayor dentadura, y a lo largo de 134 vibrantes minutos nos muestra su evolución como artista, estrella y persona.

Para ello, Singer recorre la trayectoria de la banda como si de un “greatest hits” se tratara, marcando los puntos de inflexión de su ilustre historia para componer una celebración del espíritu inquieto e innovador de unos artistas en constante evolución, que se negaban a ser domados por la industria discográfica y encasillados en un solo sonido. La película trata de descifrar el secreto del éxito de Queen, y nos da una posible respuesta: Freddie Mercury, Brian May, Roger Taylor y John Deacon eran una familia en la que cada miembro era diferente y mantenía su personalidad individual dentro del grupo. Pero claro, Freddie era el pater familias, el rey, el animal escénico que copaba todas las miradas, la personalidad magnética, excéntrica y profundamente queer que atraía, y sigue atrayendo, a personas de toda clase.

El reparto de Bohemian Rhapsody es inmejorable. Ben Hardy está muy divertido como Roger Taylor, la principal oposición creativa de Mercury dentro de la banda, mientras que Joseph Mazzello (el repipi Timmy de Parque Jurásico) y Gwilym Lee aportan la serenidad y cordura necesaria para mantener su equilibrio interno. Por otro lado destaca una entrañable Lucy Boynton como Mary Austin, primer gran amor y posteriormente amiga hasta el final de Mercury, cuya preciosa relación ocupa el eje sentimental de la película. Pero no os alarméis, Bohemian Rhapsody no oculta la homosexualidad y amaneramiento del cantante, así como tampoco elude su diagnóstico de VIH, tratando todos estos temas de frente, sobre todo durante su recta final.

Como decía, los secundarios son fantásticos, y la química entre los miembros del grupo es uno de los puntos fuertes de la película, pero quien se merece todos los elogios, y más, es Malek. El actor estadounidense de origen egipcio está sencillamente impresionante. Su trabajo interpretativo es soberbio, ya sea en las escenas dramáticas, como en las cómicas, o sobre el escenario, donde se deja la piel y asombra con su completa transformación física y espiritual en Mercury. En resumen, Malek nos regala la interpretación de su vida. Es imposible apartar la mirada de él, y eso es justo lo que hace falta para dar vida a alguien como Mercury y no morir (y matar tu carrera) en el intento.

Si hay que señalar algún aspecto negativo sería el inevitable uso de los lugares comunes del cine biográfico y musical, y su final, en el que Singer se empeña en reproducir buena parte del concierto Live Aid. El mundo nunca se va a cansar de los temazos de Queen, pero poner cinco seguidos en una película resulta excesivo. Dejando esto a un lado, Bohemian Rhapsody es un crowd-pleaser de manual, una película tremendamente emocionante y complaciente, incluso para aquellos que no se consideren fans de la banda (como quien esto escribe). Gracias sobre todo al arrollador trabajo de Malek, pero también a un guion lleno de sentimiento, buenos diálogos, momentos muy divertidossecuencias musicales hábilmente ejecutadas y por supuesto, el infalible repertorio de Queen, Bohemian Rhapsody resulta en una experiencia cinematográfica de lo más pegadiza y electrizante. Larga vida a la Reina.

Pedro J. García

Nota:★★★★

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