Crítica: La desaparición de Sidney Hall (y Logan Lerman)

Después de conquistar a todo el mundo interpretando a Charlie en el drama adolescente de culto Las ventajas de ser un marginado (The Perks of Being a Wallflower), Logan Lerman parecía destinado a convertirse en una de las nuevas grandes estrellas de su generación. Sin embargo, no ha sido así. El actor californiano ha hecho pocas películas en los últimos años, y se podría decir que está un poco… desaparecido.

El año pasado, gracias a Sony Pictures Home Entertainment, nos llegó Indignación, opera prima de James Schamus que no pasó previamente por nuestros cines. Y ahora la distribuidora publica en nuestro país el último trabajo inédito hasta ahora de Lerman, en el que además de actuar, ejerce como productor, La desaparición de Sidney Hall (The Vanishing of Sidney Hall). Ambas películas han resultado ser muy complementarias por su carácter de drama generacional, su inclinación literaria y la personalidad brillante y atribulada de su protagonista.

La desaparición de Sidney Hall es el segundo largo de Shawn Christiensen, ganador del Oscar a mejor cortometraje de acción real en 2012 por Curfew. La historia gira en torno a un joven novelista y está narrada de forma no lineal, saltando adelante y atrás en el tiempo para mostrarnos tres etapas clave de su vida: su atormentada adolescencia, su éxito en el mundo editorial tras publicar un best-seller de esos que definen a una generación, y su desaparición tras una serie de problemas y tragedias. Los diferentes episodios están marcados por una enfermedad, su dificultad para gestionar su éxito y sus emociones, y el paso de varias personas que condicionarán su vida, su obra y su futuro: su complicada madre (Michelle Monaghan), un compañero del instituto del que guarda un oscuro secreto (Blake Jenner), el amor de su vida (Elle Fanning) y el detective que le sigue la pista tras desaparecer de la faz de la Tierra (Kyle Chandler).

Para su opera primera, Christiensen ha puesto toda la carne en el asador. La desaparición de Sidney Hall es una película ambiciosa en el apartado narrativo, enrevesada en su estructura y cargada de misterio y giros argumentales que la convierten en un rompecabezas. Aunque el director se esfuerza en atar todos los cabos, el film puede resultar confuso y embarullado, si bien enigmático y envolvente. Christiensen tiene buen gusto para la estética, el encuadre y la fotografía (especialmente a la hora de retratar a Fanning), y sabe cómo crear una atmósfera de suspense y melancolía acorde a la personalidad y el viaje emocional del protagonista.

Lerman, por su parte, hace un buen trabajo en las dos primeras etapas de la vida de Sidney Hall (al verlo sentado frente a su máquina de escribir, es inevitable acordarse de su Charlie), pero no logra resultar convincente como vagabundo treintañero, quizá porque, con 26 años y aparentando menos, aun es lo suficientemente joven como para seguir interpretando adolescentes. O quizá la culpa sea de la horrible barba postiza que lleva en los flash-forwards, haciendo que no podamos tomárnoslo completamente en serio. Se agradece que Lerman asuma riesgos interpretativos, pero todavía no tiene la madurez dramática para según qué papeles.

Aun con todo, La desaparición de Sidney Hall es una película intrigante, el trabajo de un director que posee el entusiasmo artístico y la ambición, pero necesita descargar y pulir su estilo. Lerman, por otro lado, también tiene que ponerse las pilas, elegir mejor sus proyectos y dejarse ver más. Porque no queremos tener que preguntarnos dónde se ha metido dentro de cinco años.

La desaparición de Sidney Hall ya está a la venta en DVD de la mano de Sony Pictures Home Entertainment.

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