Maniac: ¿Y qué es normal?

Con True DetectiveCary Joji Fukunaga se alzó como uno de los talentos más prometedores de Hollywood gracias a su particular estilo y forma de narrar, a caballo entre lo misterioso, lo onírico y lo lisérgico. La misma semana que se anunciaba su fichaje como director de la película número 25 de James Bond, se estrenaba su nuevo trabajo, Maniac, en Netflix, plataforma a la que regresa después de dirigir en 2015 su primera película original, Beast of No Nation.

Creada por Patrick Somerville a partir de una ficción noruega del mismo nombre y producida y dirigida íntegramente por Fukunaga, Maniac es una miniserie compuesta de diez episodios de duración variable (entre 25 y 50 minutos aproximadamente) a la que favorece ser experimentada en una o dos sentadas. Al contrario que las series de Marvel, por ejemplo, Maniac se presta mucho mejor al binge-watching gracias a su duración, estilo narrativo y naturaleza cerrada (no habrá segunda temporada).

La historia transcurre en un futuro alternativo muy cercano a nuestros días y sigue a Annie Landsberg (Emma Stone) y Owen Milgrim (Jonah Hill), dos desconocidos que participan en un misterioso ensayo farmacéutico con la esperanza de curar sus trastornos psicológicos. Annie vive sin rumbo desde que perdió a su madre y su hermana, mientras que Owen, el quinto hijo de una difícil familia adinerada, padece esquizofrenia. Los dos se someten al tratamiento del doctor James K. Mantleray (Justin Theroux), consistente en una secuencia de píldoras que, en teoría, pueden reparar la mente a través de una serie de pruebas y simulaciones. El experimento no sale como su creador esperaba, y Annie y Owen no dejarán de encontrarse en las fantasías inducidas por el medicamento.

Maniac no es True Detective, pero tiene algo en común con ella: su aire extraño y lunático. Cuando uno se adentra en la serie de Netflix, no sabe muy bien qué esperar, y esa es la mejor manera de afrontar un relato de sus características. Impredecible, surrealista y excéntricaManiac se compone de varias historias dentro de una historia que, saltando entre géneros, nos plantean uno de los dilemas más recurrentes de la ciencia ficción: ¿Qué es real y qué es fantasía? (como Legion, pero con más mesura). Fukunaga explora esta idea y la psique de sus personajes sobre todo desde el humor, componiendo una comedia absurda, extravagante y en el fondo muy humanista, reminiscente del trabajo de Michel Gondry (¡Olvídate de mí!) y Spike Jonze (Cómo ser John Malkovich), y siempre en deuda con el Quijote de Cervantes y su eterna disyuntiva entre lo real y lo imaginario.

Uno de los puntos fuertes de Maniac es su fantástico reparto. Stone está en su mejor momento tras ganar el Oscar por La La Land, y aquí aprovecha ese impulso para componer una interpretación divertida, polifacética, profunda y en última instancia conmovedora (la preciosa relación con su hermana, encarnada por Julia Garner, es de lo mejor de la serie). Hill es el eslabón débil. No está a la altura de su compañera de reparto y falla cuando su personaje pone a prueba su versatilidad interpretativa y le exige ser gracioso (el actor, que saltó a la fama, precisamente junto a Stone, con la comedia Supersalidos parece haber perdido el sentido del humor). En el apartado secundario hay que elogiar a unos deliciosamente estrambóticos Justin Theroux y Sally Field, a los que (si hay justicia) veremos nominados al Emmy el próximo año, sin olvidar la presencia constante de Sonoya Mizuno y el siempre divertido Billy Magnussen, que interpreta a otro capullo arrogante, su especialidad.

Maniac es una marcianada absoluta, pero logra no perderse en sí misma con una historia que desafía la mente, pero se entiende, que ofrece respuestas, pero no sobreexplica, y sobre todo, que está constantemente salpicada de humor y emoción. La atmósfera, el diseño de producción retrofuturista, la banda sonora, todo está muy cuidado, pero afortunadamente lo de Fukunaga no se queda en el capricho o el mero ejercicio de estilo, sino que nos quiere contar algo. Maniac nos habla de muchas cosas: la conexión humana, la familia, el dolor de la pérdida, las enfermedades mentales, la delgada línea entre la cordura y la locura, y por encima de todo, el poder de las historias para entendernos, incluso curarnos. Y esa es una píldora que hay que tragarse sin pensarlo.

Crítica: La desaparición de Sidney Hall (y Logan Lerman)

Después de conquistar a todo el mundo interpretando a Charlie en el drama adolescente de culto Las ventajas de ser un marginado (The Perks of Being a Wallflower), Logan Lerman parecía destinado a convertirse en una de las nuevas grandes estrellas de su generación. Sin embargo, no ha sido así. El actor californiano ha hecho pocas películas en los últimos años, y se podría decir que está un poco… desaparecido.

El año pasado, gracias a Sony Pictures Home Entertainment, nos llegó Indignación, opera prima de James Schamus que no pasó previamente por nuestros cines. Y ahora la distribuidora publica en nuestro país el último trabajo inédito hasta ahora de Lerman, en el que además de actuar, ejerce como productor, La desaparición de Sidney Hall (The Vanishing of Sidney Hall). Ambas películas han resultado ser muy complementarias por su carácter de drama generacional, su inclinación literaria y la personalidad brillante y atribulada de su protagonista.

La desaparición de Sidney Hall es el segundo largo de Shawn Christiensen, ganador del Oscar a mejor cortometraje de acción real en 2012 por Curfew. La historia gira en torno a un joven novelista y está narrada de forma no lineal, saltando adelante y atrás en el tiempo para mostrarnos tres etapas clave de su vida: su atormentada adolescencia, su éxito en el mundo editorial tras publicar un best-seller de esos que definen a una generación, y su desaparición tras una serie de problemas y tragedias. Los diferentes episodios están marcados por una enfermedad, su dificultad para gestionar su éxito y sus emociones, y el paso de varias personas que condicionarán su vida, su obra y su futuro: su complicada madre (Michelle Monaghan), un compañero del instituto del que guarda un oscuro secreto (Blake Jenner), el amor de su vida (Elle Fanning) y el detective que le sigue la pista tras desaparecer de la faz de la Tierra (Kyle Chandler).

Para su opera primera, Christiensen ha puesto toda la carne en el asador. La desaparición de Sidney Hall es una película ambiciosa en el apartado narrativo, enrevesada en su estructura y cargada de misterio y giros argumentales que la convierten en un rompecabezas. Aunque el director se esfuerza en atar todos los cabos, el film puede resultar confuso y embarullado, si bien enigmático y envolvente. Christiensen tiene buen gusto para la estética, el encuadre y la fotografía (especialmente a la hora de retratar a Fanning), y sabe cómo crear una atmósfera de suspense y melancolía acorde a la personalidad y el viaje emocional del protagonista.

Lerman, por su parte, hace un buen trabajo en las dos primeras etapas de la vida de Sidney Hall (al verlo sentado frente a su máquina de escribir, es inevitable acordarse de su Charlie), pero no logra resultar convincente como vagabundo treintañero, quizá porque, con 26 años y aparentando menos, aun es lo suficientemente joven como para seguir interpretando adolescentes. O quizá la culpa sea de la horrible barba postiza que lleva en los flash-forwards, haciendo que no podamos tomárnoslo completamente en serio. Se agradece que Lerman asuma riesgos interpretativos, pero todavía no tiene la madurez dramática para según qué papeles.

Aun con todo, La desaparición de Sidney Hall es una película intrigante, el trabajo de un director que posee el entusiasmo artístico y la ambición, pero necesita descargar y pulir su estilo. Lerman, por otro lado, también tiene que ponerse las pilas, elegir mejor sus proyectos y dejarse ver más. Porque no queremos tener que preguntarnos dónde se ha metido dentro de cinco años.

La desaparición de Sidney Hall ya está a la venta en DVD de la mano de Sony Pictures Home Entertainment.

Reseña Blu-ray: #SexPact (Blockers), la comedia sexual evoluciona

La tradición de la comedia sexual se remonta a los 70, década en la que el cine estalló en un frenesí erótico-festivo, y culminó en los 80 con la salidísima Porky’sEl género evolucionó y también se suavizó (acorde al puritanismo y la hipervigilancia que empezó a invadir la cultura audiovisual norteamericana), pero a finales de los 90 siguió dejándonos clásicos como American Pie, que aunaba la tradición del cine coming-of-age con la comedia verde. Aunque este tipo de películas han experimentado una transformación, incluso sofisticación, lo que apenas ha cambiado es que suelen narrar la revolución sexual de los personajes masculinos.

Esto está empezando a cambiar en el siglo XXI, donde cada vez tenemos más perspectivas femeninas de los géneros que tradicionalmente han estado dominados por el hombre (¿todos?). Sería el caso de #SexPact (cuyo título original es Blockers, en referencia a la expresión “cock blocker”, que se usa para describir a aquella persona que arruina a otros, a propósito o sin querer, la oportunidad de tener sexo), primera película como directora de Kay Canon, guionista nominada a tres Emmy de 30 Rock y de la saga musical Dando la nota. Canon le da la vuelta a la fórmula American Pie centrándose en tres chicas que hacen un pacto para perder la virginidad en la noche del baile de fin de curso.

Las adolescentes son Julie (Kathryn Newton), Sam (Gideon Adlon) y Kayla (Geraldine Viswanathan, toda una revelación), tres mejores amigas muy diferentes entre sí que desean atravesar al mismo tiempo el ritual de la primera vez. Sin embargo no lo tendrán fácil, ya que, tras enterarse por accidente del pacto de sus hijas, sus preocupados padres les seguirán los pasos y harán todo lo posible para impedir que sus inocentes niñas se entreguen a la vorágine del sexo y la perversión. Esto dará como resultado una noche de aventuras y loquísimos contratiempos tanto para las chicas como (sobre todo) para los sufridos padres.

En cuanto al humor, #SexPact no ofrece nada verdaderamente novedoso. La comedia, en la línea de las películas de la factoría Judd Apatow (en la producción están sus colaboradores habituales, Seth Rogen y Evan Goldberg, y su mujer, Leslie Mann, es una de las protagonistas), se apoya en la improvisación, los diálogos picantes y el gag escatológico, con un trasfondo muy emotivo y voluntad de retrato generacional. Entre litros de cerveza por el ano, orgías con los ojos vendados y cadenas de vómitos, el film nos habla de cómo el fin de una época tan importante como el instituto afecta tanto a los adolescentes como a sus padres, que se deben aceptar que ha llegado el día de verlos volar del nido. #SexPact tiene un argumento muy convencional, pero capta esta etapa de transición con sorprendente ternura y un acento femenino que aporta la frescura necesaria al género.

Hay que destacar especialmente a los tres protagonistas adultos, un divertidísimo John Cena (el famoso luchador se mueve con total confianza en la comedia), el marciano y siempre eficiente Ike Barinholtz (The Mindy Project), y por último, y por ello más importante, Leslie Mann, una de las actrices cómicas más infravaloradas del cine reciente, una mujer capaz de hacer reír y conmover profundamente con una mirada. La química que desprenden juntos y su relación con las protagonistas adolescentes otorgan un empaque emocional que eleva la película. #SexPact destaca entre otras cosas por tener a una adolescente queer, y manejar con mucho acierto y sensibilidad su salida del armario, y también por tratar con respeto, pero sin olvidar nunca el humor, el importante rito de paso de las protagonistas hacia la vida adulta. Esos son los detalles que hacen que #SexPact sea algo más que la típica comedia sexual.

Nota: ★★★½

Universal Pictures pone a la venta #SexPact en Blu-ray y DVD desde el 12 de septiembre. La edición en Blu-ray incluye un generoso apartado de contenidos adicionales que paso a detallar a continuación:

Escenas eliminadas: tres breves escenas de las que destaca una en la que las puertas de un ascensor no pueden cerrarse por culpa del gran trasero de John Cena.
Tomas falsas (2:39 min.)
Misión de rescate (5:15 min.): mini making of con imágenes del rodaje y entrevistas al equipo, incluyendo a los productores Seth Rogen, Evan Goldberg y James Weaver disfrazados de gallo (en referencia al “cock” censurado del título original).
El kit de supervivencia para padres adolescentes de John Cena (2:35 min.): el título lo dice todo, una especie de infomercial en el que Cena presenta los objetos imprescindibles para sobrevivir a la noche del baile de fin de curso de tus hijos.
Line-O-Rama (7:26 min.): selección de diálogos que muestran el trabajo de improvisación de los actores, y las múltiples líneas que pronuncian en una sola toma, de las que más tarde solo una entrará en la versión final.
La noche del baile (6:37 min.): otra featurette con entrevistas e imágenes tras las cámaras, esta vez centrada en las protagonistas femeninas y el rito del baile de fin de curso. Con el equipo compartiendo los recuerdos nostálgicos de su propia prom night.
Historia del sexo (2:06 min.): Ike Barinholtz hace un recorrido en clave de humor por la historia del sexo a lo largo de los siglos acompañado de secuencias animadas.
Chug! Chug! Chug! (3:20 min.): featurette centrada en la filmación de una de las escenas más memorables de la película, John Cena “bebiendo” cerveza por el ano.
Puke-a-Palooza (2:02 min.): otro divertido vídeo que profundiza en la técnica usada para crear y proyectar vómito. Incluye imágenes de los actores ensayando en la parte trasera del set con el aparato para vomitar.
Comentarios de la directora Kay Cannon.

Crítica: Mary y la flor de la bruja

Después del enésimo anuncio de (falsa) retirada del maestro Hayao Miyazaki tras el estreno de El viento se levanta, los amantes del anime sentimos una punzada en mitad de nuestros corazones. Un dolor que se fue disipando rápidamente al ver que, a pesar del gran vacío que iba a dejar el padre de El viaje de Chihiro, seguiríamos disfrutando de nuevas creaciones de otros cineastas de calidad como Mamoru Hosoda (Wolf Children) o Makoto Shinkai (your name.). Incluso el maestro Isao Takahata (La tumba de las luciérnagas) nos regaló una preciosa El cuento de la princesa Kaguya antes de despedirse de nosotros para siempre.

Junto a estos directores más curtidos, otro nombre comenzó a despuntar: Hiromasa Yonebayashi. Su debut en largo con su tristona y deliciosa Arrietty y el reino de los diminutos fue toda una revelación, que terminó por convertirse en toda una realidad con la llegada de la pequeña y bonita El recuerdo de Marnie, con la que confirmó que su capacidad de emocionar no era flor de un día. Yonebayashi es el encargado de inaugurar con Mary y la flor de la bruja la producción fílmica de Studio Pocno. Nuevo estudio de animación formado por gran parte de los animadores y cabezas pensantes de las últimas obras de Studio Ghibli. Este es el mundo de Mary Smith, donde las niñas son brujas vengadoras y los niños pequeñas damiselas en apuros… o a lo mejor no tanto.

Aburrida como una ostra, así sobrevive Mary como puede a los últimos días de verano en casa de su tía. No es que el ambiente sea hostil, todo lo contrario, pero el tedio domina las horas diurnas… y las nocturnas también. Todo cambia de buenas a primeras, cuando tras el penúltimo picnic del verano, Mary comienza a seguir a un gato mágico que cambia de color (o no), que cual conejo de Alicia le guiará hasta unas flores bastante peculiares. Sin comerlo, ni beberlo (pero sí tocarlo), aquí comienza la transformación de una malospelos pelirroja en una poderosísima bruja preadolescente. Tamaña es su maestría que no tarda mucho en ser reclutada por Madam Mumblechook para su Hogwarts particular.

Con una excelente escena inicial (el incendio del laboratorio mágico es una de las mejores secuencias de acción en animación de la última década), Mary y la flor de la bruja nos mete en su zurrón y hace que las ansias por estar ante un nuevo clásico se disparen. ¿Estará Mary a la altura de otras heroínas como Ponyo o Mononoke? ¿Estamos ante la nueva Nicky? La respuesta ante ambas cuestiones es la misma: no. No se asusten, el único problema es que Mary y la flor de la bruja no está a la altura de lo que esperamos de los magos que trabajaron en Ghibli (y sus hijos).

La mayor fortaleza de la cinta es su liviandad a la hora de contarnos la historia. Los acontecimientos se suceden de manera rápida, haciendo que el espectador los viva como si de una película de fantasía clásica se tratase. Mary entretiene y no aburre, pero tampoco fascina, ni arrebata. Yonebayashi opta (deliberadamente o no) por trivializar las aventuras de esta pequeña bruja, despojándola del esqueleto de diferentes niveles de interpretación al que nos tienen acostumbrados sus antiguos compañeros de Ghibli. Algo en lo que pensábamos él era bastante docto, viendo la maestría que había profesado a la hora de mostrar los últimos estertores de inocencia en Arrietty o la nostalgia de Marnie.

Otro pequeño resbalón en Mary es el diseño y acabado de los personajes. No en el caso de la niña protagonista, ya que sus facciones y gesticulación son bastante notables, sino en la de los apagados personajes secundarios, más cercanos a la caricatura de antiguos conocidos que a la originalidad que deberíamos esperar. Completamente desdibujados, planos y faltos de carisma. Ausencia de carisma que también es patente en el personaje protagonista. Es muy poco probable que Mary termine convirtiéndose en un modelo de conducta al uso, ya que no transmite enseñanza alguna. Ni valores feministas, ni machistas, ni ecológicos, ni capitalistas, ni nada. Más flagrante es la deficiente utilización de efectos sonoros (una de las excelencias de Arrietty) o la incapacidad de hacer visualmente apetitosa una comida. Un crimen imperdonable.

Mary y la flor de la bruja es un entretenido divertimento que abusa de lugares comunes hartamente conocidos por cualquier espectador de anime. Bastante Miyazaki, algo de Takahata y hasta un poco de Katsuhiro Otomo. Primer strike para Studio Pocno y Yonebayashi.

David Lastra

Nota: ★★★

La monja: ¿Qué es lo opuesto a un milagro?

Tiembla Universo Cinematográfico Marvel, no eres la única saga de películas interconectadas de éxito masivo entre el público. El terror, y concretamente las películas sobre asesinos en serie sobrenaturales, siempre se ha caracterizado por generar secuelas hasta el paroxismo, pero lo que está haciendo Warner Bros. con sus películas de miedo es una hazaña que parecía estar únicamente reservada para el cine de superhéroes. El Universo The Conjuring, que dio comienzo en 2013 con la muy estimable Expediente Warren ya suma cinco entregas y tiene otras tantas en la recámara.

Lejos de desvanecerse como un fantasma al amanecer, la popularidad de esta saga creada por James Wan va en aumento, y teniendo en cuenta que una cinta de estas características cuesta sensiblemente menos que una de superhéroes, no es de extrañar que Warner esté sacándole todo el provecho. La última en llegar a los cines es La monja (The Nun), dirigida por Corin Hardy (The Hallow) un spin-off centrado en uno de los demonios presentados en Expediente Warren: El caso Enfield.

La monja es una precuela que nos narra el origen del temible personaje en los años 50. La película da comienzo con una escalofriante secuencia que nos muestra el suicidio de una joven monja de clausura en una abadía de Rumanía. El Vaticano envía a un sacerdote, el padre Burke (Demian Bichir) y una novicia a punto de tomar sus votos, la hermana Irene (Taissa Farmiga, hermana de Vera Farmiga, protagonista de las películas principales) para que investiguen lo sucedido. Una vez allí, y con la ayuda de un joven campesino de la zona, Frenchie (Jonas Bloquet), se adentran en la abadía, donde arriesgan sus vidas enfrentándose a una fuerza maligna conocida como Valak, que se manifiesta de muchas formas, entre ellas en la monja endemoniada que conocimos en El caso Enfield.

La monja es muy inferior a las dos entregas de Expediente Warren, y más similar en calidad a los spin-offs centrados en la muñeca poseída Annabelle (que no es decir mucho). Como película deja bastante que desear, con un ritmo desacompasado (aburre por momentos) y una historia muy poco trabajada que se adentra en lo puramente fantástico con torpeza. Los diálogos también chirrían, en especial porque hay un intento de insuflar humor a los personajes que no termina de funcionar. El flirteo entre el campesino y la novicia interpretada por Farmiga roza lo embarazoso, y el personaje de Bichir está tan mal escrito como interpretado (él es quien nos regala las frases más ridículas/memorables: “Hay un momento para rezar y uno para la acción, y este es un momento para la acción”; “Holy shit!”, “The holiest”).

Claro que, en un producto como este, todo eso acaba siendo lo de menos. Lo importante es que, a pesar de su ineptitud a la hora de contar la historia, La monja da lo que promete y funciona perfectamente como pasatiempo de casa del terror, que es lo que busca el público en estas películas. El film tiene unas cuantas secuencias verdaderamente espeluznantes (el ataúd, la bodega, el clímax en la iglesia), juega bien con los espacios, la oscuridad y la música ominosa para aumentar el nerviosismo, la presencia de la monja (Bonnie Aarons) es inquietante (siempre que no veamos su rostro de cerca, retocado digitalmente, lo que resta impacto) y los sustos traicioneros abundan. En este sentido, solo pierde fuelle cuando, como suele ocurrir, acaba mostrando más de la cuenta y el suspense desaparece.

La monja es la muestra de que Warner ha encontrado su propia fórmula del éxito franquiciado (habrá segunda parte seguro, y la película deja la puerta abierta para ello). No es un trabajo especialmente inspirado, pero este Halloween va a haber monjas demoníacas por todas partes. Y ese era el objetivo, así que otro tanto para el estudio.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Reseña Blu-ray: Un lugar tranquilo, de John Krasinski

John Krasinski alcanzó la popularidad interpretando a Jim Halpert en la versión estadounidense de The Office. Durante la emisión de la genial comedia de NBC, Krasinski hizo sus pinitos como director poniéndose tras las cámaras en varios episodios y trabajando en su primer largometraje, la ignorada Brief Interviews with Hideous Men. En 2016 retomó su carrera como cineasta con la simpática dramedia indie Los Hollar, que también pasó sin pena ni gloria a pesar del excelente reparto con el que contaba. Este año, Krasinski cambia de tercio y se pasa a la ciencia ficción con el thriller Un lugar tranquilo (A Quiet Place), que dirige y protagoniza junto a su esposa en la vida real, Emily Blunt (SicarioEl regreso de Mary Poppins).

Pues bien, a la tercera va la vencida, porque Un lugar tranquilo ha sido todo un éxito en Estados Unidos y el resto del mundo (ya se está desarrollando la secuela para 2020), convirtiéndose en la sensación terrorífica de la pasada primavera e impulsando la carrera de Krasinski, que está más en demanda que nunca (protagoniza la serie Jack Reacher y ya prepara otro thriller de ciencia ficción para Paramount, Life on Mars). Un lugar tranquilo ha atrapado a la audiencia con una propuesta original escrita por Krasinski junto a Scott Beck y Bryan Woods, que fusiona con inteligencia y destreza ciencia ficción, terror y drama familiar. El film estuvo a punto de formar parte del universo Cloverfield, pero se acabó desechando la idea. Aunque después de verla no nos cuesta imaginar por qué se barajó asociarla a la franquicia de J.J. Abrams.

Un lugar tranquilo gira en torno a una familia que trata de sobrevivir en un mundo asolado por unas temibles criaturas ciegas que se guían por el sonido para cazar. Evelyn y Lee Abbott (Blunt y Krasinski) viven en silencio junto a sus hijos, intentando hacer el menor ruido para evitar atraer a los sanguinarios monstruos, y haciendo lo posible para salir adelante como familia en una situación tan desesperada. Cuando creen haber encontrado un lugar seguro en una remota granja, la familia Abbott se enfrentará a una serie de acontecimientos que harán que sea cada vez más difícil mantenerse en silencio, y por tanto, con vida.

Además de ser un inquietante y tenso thriller de suspense, Un lugar tranquilo se adscribe a la corriente actual del género que mezcla terror y fantasía con drama y comentario social, en la línea de películas como No respires, Llega de nocheDéjame salir, títulos que claramente inspiraron a Krasinski a la hora de dar forma a la película. Un lugar tranquilo nos habla de la paternidad, la responsabilidad y los lazos que unen a una familia, puestos a prueba en un contexto extremo. El núcleo de la película está formado por estos vínculos entre los personajes, ya sea el matrimonio, que lucha por proteger a sus hijos y educarlos para que sean fuertes e independientes, o los niños, que aprenden a ser útiles y valerse por sí mismos, en especial la mayor, Regan, que es sorda (la actriz que la interpreta, Millicent Simmonds, también lo es en la vida real). Este recurso podría haberse quedado en el simple truco, pero acaba siendo uno de los aspectos más importantes y mejor aprovechados del film.

A pesar del buen hacer de los actores más jóvenes (Noah Jupe, visto en Wonder, también realiza un trabajo destacable), las estrellas de la película son Krasinski y Blunt, una pareja tan bien sincronizada en la vida real como en la pantallaUn lugar tranquilo se beneficia no solo del gran talento de Blunt, sino también de la química con su marido, que ayuda a que nos creamos a los Abbott como una familia real y nos involucremos emocionalmente con sus vivencias, sobre todo en las situaciones de mayor peligro. Krasinski se asegura de que nos preocupemos por los personajes para que suframos con ellos y deseemos verlos salir con vida. Y ahí está una de las claves por las que la película funciona tan bien, que tiene corazón y hace énfasis en la narración al servicio de los personajes.

Pero lo más reseñable de Un lugar tranquilo siguen siendo sus escenas de suspense y sus momentos más terroríficos, que provocan y demandan silencio en la sala (o el salón). Krasinski saca buen provecho de las posibilidades de la premisa ideando situaciones muy creativas en torno al silencio y el ruido, así como sobresaltos de los que es imposible escapar. En este sentido, hay que alabar el diseño de sonido y la excelente banda sonora de Marco Beltrami. Sin olvidar a las propias criaturas, monstruos de presencia amenazante y diseño realmente terrorífico que recuerdan a Alien Parque Jurásico, películas que, junto a Tiburón, Krasinski claramente tenía en mente mientras dirigía.

Aunque a lo largo del metraje es inevitable plantearse constantemente qué habríamos hecho nosotros en el lugar de los Abbott (síntoma de que nos hemos involucrado en la historia), Un lugar tranquilo no es una película para desmenuzar en busca de lógica científica, sino una experiencia más bien visceral, en la que es recomendable dejarse llevar y no romperse la cabeza cuestionando sus normas o su realismo. A cambio de firmar este pacto, Krasinski nos ofrece un trabajo verdaderamente memorable, un thriller elegante, preciso, emocionante, con un buen conflicto dramático en el centro y algunas de las escenas más tensas y escalofriantes que se han visto últimamente en el cine (la secuencia con Blunt en el sótano es simplemente magistral). Para no rechistar, vamos.

Nota: ★★★★

Reseña del Blu-ray

Paramount y Sony Pictures ponen a la venta en España Un lugar tranquilo en todos los formatos disponibles: DVD, Blu-Ray y 4K UHD, junto con una Edición Metálica Limitada en Blu-Ray que incluye un libreto exclusivo.

El formato que reseñamos aquí es el Blu-ray. La calidad de imagen y sonido es la que ya cabe esperar de la compañía para una película de estreno, con una gran nitidez de imagen que en este caso se agradece especialmente, sobre todo en las secuencias más oscuras. De la misma manera, el sonido es de capital importancia en esta película, y la edición también cumple en este departamento, potenciado el gran trabajo que hay detrás del proyecto para sacar el máximo partido del ruido, el sonido ambiente, la música y el silencio.

En cuanto a los contenidos adicionales, la edición incluye tres featurettes que desgranan los aspectos más importantes en la creación del film. Se trata de minidocumentales muy generosos en tiempo y contenido, pero para aquellos a los que se le quede corto, la edición metálica incluye además un extenso libreto con todos los detalles del rodaje para ampliar información. La película ya está a la venta.

Creando la calma: Imágenes del rodaje de Un lugar tranquilo (14:45 minutos). Making of con entrevistas e imágenes de la producción y el rodaje. Un interesante recorrido por la historia del proyecto, su origen, cómo se involucraron Krasinski y Blunt, el admirable trabajo de los niños y cómo se saca adelante una película de género sin apenas diálogos. 
El sonido de la oscuridad: Editando el sonido de Un lugar tranquilo (11:44 minutos). Extra que ahonda en la importancia del silencio, los ruidos de la naturaleza y los diferentes elementos que crearon el detallado paisaje sonoro de la película, y cómo esto afectó al rodaje, necesariamente más silencioso de lo habitual. 
La razón del silencio: Los efectos visuales de Un lugar tranquilo (7:33 minutos). Finalmente, esta featurette explora las complejidades técnicas del film, la creación de los efectos digitales, que corren a cargo de Industrial Light and Magic, y el diseño de la terrorífica criatura.