Crítica: Los Increíbles 2

Allá por 2004 Brad Bird (El gigante de hierro) nos daba a conocer a los Parr, más conocidos como Los Increíbles, una familia de superhéroes original aunque sospechosamente parecida a Los 4 Fantásticos (la Primera Familia de Marvel) que marcaba un antes y un después en Pixar al ser la primera película protagonizada por personajes humanos. El experimento dio sus frutos y el público caía rendido ante la película, de la misma forma que había ocurrido con las anteriores entregas del estudio de John Lasseter, solo que esta vez con una diferencia: el clamor por una secuela sonaba más fuerte.

Y aun así, Pixar se tomó su tiempo. Han tenido que pasar 14 años para que Los Increíbles 2 llegue a los cines (un lapso similar al transcurrido entre Buscando a Nemo Buscando a Dory), tiempo en el que la animación por ordenador ha evolucionado enormemente y el cine de superhéroes se ha convertido en status quo. Sin embargo, por los Parr no ha pasado el tiempo, ya que la continuación retoma la acción justo donde la dejó, mostrándonos ese enfrentamiento con El Socavador que ya había tenido lugar en nuestra imaginación en incontables ocasiones, para a continuación contarnos lo que pasa inmediatamente después. Llevábamos mucho tiempo deseando esta película y la espera definitivamente ha merecido la pena.

Como decía, Los Increíbles 2 se estrena dentro de un panorama cinematográfico muy distinto al de hace 14 años. Marvel domina la industria del cine y los superhéroes están en todas partes. Ante esta circunstancia, Bird decide no copiar lo que Marvel está haciendo estos días, sino mantenerse fiel a la propuesta original, realizando una prolongación orgánica y natural que no parece contaminada por tendencias actuales. Los Increíbles 2 sigue en su propio universo retrofuturista, eso sí, dejando más claro esta vez que la historia transcurre durante la década de los 60, y jugando más con ello para construir su magnífico diseño, sino también su intrincado argumento.

En Los Increíbles 2, Helen pasa al frente de la acción convirtiéndose en la protagonista de la historia, mientras Bob se queda en casa cuidando de Violet, Dash y Jack-Jack, aparcando los menesteres superheroicos para dedicarse a los del hogar. La aparición de  una organización privada que lucha por la re-legalización de los superhéroes y la irrupción en escena de un nuevo villano llamado Screen Slaver sumen a Helen en una complicada y peligrosa aventura que esconde una gran conspiración. Mientras, en casa, el pequeño Jack-Jack sigue manifestando sus superpoderes, para el asombro de su familia, que se esfuerza (en vano) en llevar una vida normal a pesar de sus habilidades extraordinarias. En última instancia, los Parr deberán encontrar la manera de volver a trabajar juntos, y con la ayuda de FrozoneEdna Moda y curiosos nuevos aliados, enfrentarse a la temible amenaza que planea esclavizar a la humanidad.

Los Increíbles 2 continúa los temas de la primera entrega, realizando otra inspirada reflexión sobre la familia, el poder y la responsabilidad con la que consigue que el espectador se sienta identificado con los Parr, al fin y al cabo una familia normal con problemas cotidianos, simplemente magnificados por sus superpoderes. Pero además, la secuela añade un giro feminista muy relevante y oportuno al intercambiar los roles de Helen y Bob, elaborando así una lección que conciencia sobre la desigualdad de género y lo difícil que es mantener a flote un hogar. Ahí es donde la ambientación sesentera resulta especialmente conveniente, al retratar una sociedad que no se aleja tanto como creemos de la actual.

Pero ese no es el único mensaje que Bird pretende transmitir con Los Increíbles 2, ni mucho menos. Siguiendo la tradición de Pixar, la secuela presenta una historia con capas y posibles lecturas que solo los mayores podrán entender y apreciar. De hecho, Los Increíbles podría ser perfectamente su película más adulta hasta la fecha, con algunos de los diálogos más reales, maduros y políticamente cargados del estudio. Todo sin olvidar en ningún momento que se trata de una película para toda la familia, y por tanto, debe funcionar también (y principalmente) a ese nivel, como entretenimiento para los más pequeños, cosa que logra con creces.

Bird ha conseguido traer a los Parr a nuestro presente sin alterar su esencia, aprovechando los últimos avances tecnológicos para brindarnos una de las cintas de animación más visualmente impresionantes de los últimos años. Las secuencias de acción son puro espectáculo, creatividad e imaginación, y sacan el máximo partido de las herramientas digitales y los poderes de los protagonistas para crear imágenes muy memorables (como la pelea de Elastigirl y Screen Slaver con la luz estroboscópica o su trepidante carrera en motocicleta para salvar un tren). Mención aparte merece el adorable Jack-Jack, la estrella indiscutible de la secuela, fuente inagotable de sorpresas y carcajadas que justifica por sí solo que no se haya optado por un salto en el tiempo con la historia (qué de cosas maravillosas nos habríamos perdido de lo contrario).

La película tiene sus problemas (principalmente, una trama central predecible que se apoya en giros “sorpresa” de los que Disney y Pixar abusan demasiado), pero se sitúa muy por encima de otras secuelas del estudio como Monstruos UniversityBuscando a Dory. Con un argumento bullicioso, diálogos muy inteligentes, un ritmo que no cesa, otra banda sonora perfecta de Michael Giacchino, personajes excelentemente caracterizados (Elastigirl es la reina, pero ver a los niños crecer es especialmente emocionante), momentos brillantes de comedia y emoción genuinaLos Increíbles 2 eleva el listón de las segundas partes y no solo cumple con lo que se esperaba de ella, sino que supera todas las expectativas formadas durante más de una década. “Increíble” es la palabra.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

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