Crítica: Los Increíbles 2

Allá por 2004 Brad Bird (El gigante de hierro) nos daba a conocer a los Parr, más conocidos como Los Increíbles, una familia de superhéroes original aunque sospechosamente parecida a Los 4 Fantásticos (la Primera Familia de Marvel) que marcaba un antes y un después en Pixar al ser la primera película protagonizada por personajes humanos. El experimento dio sus frutos y el público caía rendido ante la película, de la misma forma que había ocurrido con las anteriores entregas del estudio de John Lasseter, solo que esta vez con una diferencia: el clamor por una secuela sonaba más fuerte.

Y aun así, Pixar se tomó su tiempo. Han tenido que pasar 14 años para que Los Increíbles 2 llegue a los cines (un lapso similar al transcurrido entre Buscando a Nemo Buscando a Dory), tiempo en el que la animación por ordenador ha evolucionado enormemente y el cine de superhéroes se ha convertido en status quo. Sin embargo, por los Parr no ha pasado el tiempo, ya que la continuación retoma la acción justo donde la dejó, mostrándonos ese enfrentamiento con El Socavador que ya había tenido lugar en nuestra imaginación en incontables ocasiones, para a continuación contarnos lo que pasa inmediatamente después. Llevábamos mucho tiempo deseando esta película y la espera definitivamente ha merecido la pena.

Como decía, Los Increíbles 2 se estrena dentro de un panorama cinematográfico muy distinto al de hace 14 años. Marvel domina la industria del cine y los superhéroes están en todas partes. Ante esta circunstancia, Bird decide no copiar lo que Marvel está haciendo estos días, sino mantenerse fiel a la propuesta original, realizando una prolongación orgánica y natural que no parece contaminada por tendencias actuales. Los Increíbles 2 sigue en su propio universo retrofuturista, eso sí, dejando más claro esta vez que la historia transcurre durante la década de los 60, y jugando más con ello para construir su magnífico diseño, sino también su intrincado argumento.

En Los Increíbles 2, Helen pasa al frente de la acción convirtiéndose en la protagonista de la historia, mientras Bob se queda en casa cuidando de Violet, Dash y Jack-Jack, aparcando los menesteres superheroicos para dedicarse a los del hogar. La aparición de  una organización privada que lucha por la re-legalización de los superhéroes y la irrupción en escena de un nuevo villano llamado Screen Slaver sumen a Helen en una complicada y peligrosa aventura que esconde una gran conspiración. Mientras, en casa, el pequeño Jack-Jack sigue manifestando sus superpoderes, para el asombro de su familia, que se esfuerza (en vano) en llevar una vida normal a pesar de sus habilidades extraordinarias. En última instancia, los Parr deberán encontrar la manera de volver a trabajar juntos, y con la ayuda de FrozoneEdna Moda y curiosos nuevos aliados, enfrentarse a la temible amenaza que planea esclavizar a la humanidad.

Los Increíbles 2 continúa los temas de la primera entrega, realizando otra inspirada reflexión sobre la familia, el poder y la responsabilidad con la que consigue que el espectador se sienta identificado con los Parr, al fin y al cabo una familia normal con problemas cotidianos, simplemente magnificados por sus superpoderes. Pero además, la secuela añade un giro feminista muy relevante y oportuno al intercambiar los roles de Helen y Bob, elaborando así una lección que conciencia sobre la desigualdad de género y lo difícil que es mantener a flote un hogar. Ahí es donde la ambientación sesentera resulta especialmente conveniente, al retratar una sociedad que no se aleja tanto como creemos de la actual.

Pero ese no es el único mensaje que Bird pretende transmitir con Los Increíbles 2, ni mucho menos. Siguiendo la tradición de Pixar, la secuela presenta una historia con capas y posibles lecturas que solo los mayores podrán entender y apreciar. De hecho, Los Increíbles podría ser perfectamente su película más adulta hasta la fecha, con algunos de los diálogos más reales, maduros y políticamente cargados del estudio. Todo sin olvidar en ningún momento que se trata de una película para toda la familia, y por tanto, debe funcionar también (y principalmente) a ese nivel, como entretenimiento para los más pequeños, cosa que logra con creces.

Bird ha conseguido traer a los Parr a nuestro presente sin alterar su esencia, aprovechando los últimos avances tecnológicos para brindarnos una de las cintas de animación más visualmente impresionantes de los últimos años. Las secuencias de acción son puro espectáculo, creatividad e imaginación, y sacan el máximo partido de las herramientas digitales y los poderes de los protagonistas para crear imágenes muy memorables (como la pelea de Elastigirl y Screen Slaver con la luz estroboscópica o su trepidante carrera en motocicleta para salvar un tren). Mención aparte merece el adorable Jack-Jack, la estrella indiscutible de la secuela, fuente inagotable de sorpresas y carcajadas que justifica por sí solo que no se haya optado por un salto en el tiempo con la historia (qué de cosas maravillosas nos habríamos perdido de lo contrario).

La película tiene sus problemas (principalmente, una trama central predecible que se apoya en giros “sorpresa” de los que Disney y Pixar abusan demasiado), pero se sitúa muy por encima de otras secuelas del estudio como Monstruos UniversityBuscando a Dory. Con un argumento bullicioso, diálogos muy inteligentes, un ritmo que no cesa, otra banda sonora perfecta de Michael Giacchino, personajes excelentemente caracterizados (Elastigirl es la reina, pero ver a los niños crecer es especialmente emocionante), momentos brillantes de comedia y emoción genuinaLos Increíbles 2 eleva el listón de las segundas partes y no solo cumple con lo que se esperaba de ella, sino que supera todas las expectativas formadas durante más de una década. “Increíble” es la palabra.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

Crítica: Misión: Imposible – Fallout

Mucho ha llovido desde que en 1996 se estrenara Misión: Imposible, la exitosa adaptación dirigida por Brian De Palma de la mítica serie de espías de los 60, que se convertía en uno de los mayores hitos del cine de acción. Un Tom Cruise en lo más alto de su popularidad se ponía en la piel del agente Ethan Hunt para enfrentarse a su primera misión en la pantalla grande, iniciando así, a golpe de acrobacias y gadgets imposibles, una longeva y lucrativa saga que llega este año a su sexta entrega con Misión: Imposible – Fallout.

En 22 años ha dado tiempo a que el género atraviese una importante transformación y sofisticación, principalmente gracias a los avances tecnológicos, pero también al cambio de percepción, más positiva, que se ha dado de cara al blockbuster. La saga M:I ha evolucionado al compás del género, dejando atrás la intriga clásica y el suspense para dar más énfasis a la acción pura y, con cada película, elevar el listón en cuanto a la espectacularidad y complejidad de sus escenas de combate, persecuciones y set pieces, que alcanzan la perfección técnica en Fallout. Todo sin perder completamente su espíritu original.

Quien no ha cambiado tanto en estas dos décadas es Tom Cruise, y por extensión, Ethan Hunt. Después de una breve etapa de experimentación a finales de los 90 (Magnolia), la superestrella de Hollywood ha seguido cultivando su reputación como héroe de acción moralmente intachable, ejerciendo tanto control sobre su imagen pública como sobre los proyectos en los que se involucra. A sus 56 años, Cruise sigue empeñado en demostrar que está en plena forma, realizando él mismo las escenas más peligrosas de sus películas, y básicamente arriesgando su vida para hacernos ver que su tiempo en Hollywood no ha caducado. Es una locura, pero una que el actor acomete con éxito.

Christopher McQuarrie, el director de la anterior entrega (y de otra cinta de acción protagonizada por Cruise, Jack Reacher), vuelve a ponerse tras las cámaras para orquestar el regreso de Ethan Hunt. En esta nueva película, el superespía trabaja codo con codo con sus compañeros del IMF (Alec Baldwin, Simon Pegg, Ving Rhames) a la vez que se reencuentra con personas de su pasado (Rebecca Ferguson, Michelle Monaghan) y se ve obligado a unir fuerzas con nuevos aliados (Henry Cavill, Angela Bassett, Vanessa Kirby), para enfrascarse en una carrera contrarreloj para salvar el mundo después de que una misión salga mal y ponga una serie de artefactos que contienen energía nuclear en las manos equivocadas.

Lejos de perder fuerza e interés con el tiempo, la saga Misión: Imposible alcanza con su sexta película una nueva cima. Cruise interpreta a Ethan con la seguridad y el carisma de los héroes del pasado y la destreza sobrehumana de los del presente -aunque lo eclipsan ocasionalmente la robaescenas Rebecca Ferguson (que debería protagonizar su propio spin-off) y un Henry Cavill que vuelve a sacar partido de su físico (esta vez con el bigote más infame y lucido del cine reciente) para tapar sus carencias interpretativas. Por su parte, McQuarrie firma la acción más impresionante que hemos visto últimamente en una pantalla de cine, secuencias perfectamente ejecutadas que disparan la adrenalina y no muestran ni una sola fisura. La película cuenta con una escena de pelea cuerpo a cuerpo en unos baños públicos que merece pasar a la historia del cine (tanto por sus puñetazos como por sus chistes), y algunos de los set pieces más ambiciosos que se han hecho nunca, como una caída libre en paracaídas que quita el aliento y hace que te preguntes dónde está el truco (se necesitaron 106 tomas hasta hacerla perfecta, ahí está el truco), una frenética carrera por los tejados de Londres en la que Cruise se supera a sí mismo o un final de auténtico infarto.

Pero afortunadamente, la acción no es el único aliciente de Fallout. Con McQuarrie también al guion, la saga encuentra el tono perfecto con más (y mejor) humor y la trama se desarrolla sin descanso, manteniendo el ritmo y el interés de principio a fin, y lo más importante, dando mucho peso a los personajes y las emociones. Fallout es quizá la entrega de M:I que mejor trabaja la conexión con el público, tanto con los fans de siempre (a los que se recompensa con guiños y cameos que conectan todas las películas para su deleite), como a los casuales, que no encontrarán difícil seguir la historia e involucrarse con sus héroes. El resultado es un film que resulta familiar, pero también emocionante en todos los aspectos.

Cuando termina Misión: Imposible – Fallout, queda claro que hemos asistido a una de las mejores películas de acción de los últimos años, un trabajo elegante, contundente y eficaz que llega a lo más alto del género. Pero su recta final no solo hace que se dispare el corazón por la tensión, sino también porque cuando llega, ha conseguido que sus personajes nos importen más que nunca, logrando algo que parecía imposibleinsuflar nueva vida a la franquicia y hacer que sigamos queriendo más después de 20 años.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

La importancia de Kate Messner y por qué nunca es tarde para descubrir ‘Todo es una mierda’

A principios de 2018, Netflix empezó a promocionar muy tímidamente su nueva serie original ambientada en los 90, Todo es una mierda (Everything Sucks!). Esta llegaba a rebufo del fenómeno Stranger Thingsy lo que muchos pensamos inmediatamente fue “Netflix ya tiene su serie de los 80, ahora quiere hacer lo mismo con los 90”. Pero Todo es una mierda no llegó ni a rozar el nivel de repercusión de Stranger Things. De hecho, Todo es una mierda fue cancelada tras una sola temporada.

Esta comedia generacional creada por Ben York Jones y Michael Mohan también juega la carta de la nostalgia. Utiliza muchos referentes pop de la época, hace avanzar su trama en lugares tan 90s como un concierto de Tori Amos o un videoclub Blockbuster, y las cintas VHS forman una parte importante de la historia. Pero estos elementos son algo más que un gancho. Jones y Mohan los diluyen astutamente en la experiencia más intrínsecamente nostálgica, y a menudo traumática, para todos: la adolescencia. Todo es una mierda transcurre en un instituto de la localidad de Boring, Oregon (que, aunque parezca mentira, es un lugar real) en 1996 (como My Mad Fat Diary) y narra la rivalidad entre los miembros del club de audiovisuales y los del club de teatro. Los primeros, por supuesto son los geeks, mientras que los segundos serían los freaks y, sorprendentemente, también los matones del instituto.

El primer capítulo de Todo es una mierda no es la mejor muestra de lo que más tarde va a ser la serie, a la que parece costarle un poco decidirse por qué tipo de historia quiere contar. Interpretada por actores desconocidos y filmada con estilo naturalista, casi amateur, que contrasta con el uso de numerosos clichés del género y personajes caricaturescos, la serie nos introduce en el universo de los novatos Luke (Jahi Di’Allo Winston), McQuaid (Rio Mangini) y Tyler (Quinn Liebling), tres parias sociales que se sobreviven al instituto en el club de audiovisuales, donde el primero se enamora de la hija del director, Kate, personaje que pronto se convertirá en el punto de vista principal de la serie.

Cuando los geeks destruyen por accidente los decorados de la obra del instituto causando su cancelación, el acoso por parte del club de teatro se vuelve insostenible, hasta que Luke propone una solución: unir los talentos de ambos grupos para realizar una película de ciencia ficción juntos. Esta colaboración desata nuevas tensiones, pero también sirve para que ambos grupos se conozcan mejor y desarrollen lo más parecido posible a una amistad, y también para que todos ellos se replanteen sus identidades y exploren quiénes quieren ser en realidad, en la más pura tradición de El club de los cinco.

Pero Todo es una mierda no es solo la crónica del choque de dos clases sociales durante la difícil etapa de la secundaria, sino también, y sobre todo, la historia de una adolescente descubriéndose a sí misma y su sexualidad en una década en la que Internet aun no estaba consolidado como fuente principal de información y comunicación. A lo largo de sus 10 episodios, la serie nos muestra cómo Kate (Peyton Kennedy evocando a una joven Jodie Foster y a su protegida Kristen Stewart) empieza a cuestionarse su identidad sexual, mientras desarrolla un cuelgue por la reina del drama club y su bully, Emaline (Sydney Sweeney), y a la vez empieza a salir con Mike para cubrir su secreto. Y esto es justamente lo que la distancia de la mayoría de historias de instituto a pesar de adherirse tanto a sus tópicos.

Incluso ahora, que tenemos personajes LGBTQ en casi todas las series teen y que acabamos de asistir a al hito cinematográfico de Con amor, Simon, la primera película adolescente mainstream con protagonista gay, es raro encontrarse una historia coming-of-age coming-out que se centre en una chica lesbiana. Por eso Todo es una mierda y la representación que ofrece era, y es, tan necesaria, porque aunque tengamos motivos para celebrar los pequeños (grandes) avances que estamos dando en este ámbito, las historias que gozan de más repercusión casi siempre están protagonizadas por varones gays.

La importancia de un personaje como Kate Messner no se puede pasar por alto, a pesar de que no se haya terminado de contar su historia. Si Todo es una mierda hubiera tenido mayor calado y hubiera durado lo suficiente como para ver a la protagonista compartir su verdad con el mundo, ahora mismo estaríamos hablando de todas las chicas jóvenes que han aceptado su sexualidad gracias a ella, de la misma manera que Simon Spier ha inspirado a muchos jóvenes a salir del armario. Por eso es especialmente doloroso que Netflix cancelara la serie, porque privó a todas esas chicas de ver evolucionar a Kate y, con su crecimiento, del imprescindible mensaje de aceptación que seguramente nos tenía preparado.

Eso sí, dejando a un lado lo que pudo haber sido y centrándonos en lo que ha podido ser, Todo es una mierda forma un relato lo suficientemente íntegro y cerrado como para que merezca la pena adentrarse en él, aunque sepamos que va a durar poco. Solo un par de cliffhangers rompen la ilusión de haber asistido a una historia completa. Por lo demás, su primera y única temporada se sostiene bien por sí sola y acaba siendo preciosa, sumándose a las grandes series teen de una sola temporada Freaks and Geeks (de la que es heredera directa) y My So-Called Life, tan efímeras e inolvidables como la propia adolescencia.

Pese a no tener el arranque más alentador, Todo es una mierda no tarda en dar razones para cogerle cariño. Es una serie profundamente entrañable, tierna y divertida, con personajes memorables, buenas interpretaciones (en especial las de Kennedy y Winston, ambos excelentes) y un punto melancólico muy acertado a la hora de retratar la adolescencia. Habla con tacto de la amistad, la familia y el aprendizaje, con todo el dolor, la decepción, los pequeños actos de rebeldía y también la ilusión que conlleva el proceso. Por eso recomiendo darle una oportunidad a pesar de la cancelación, en especial a aquellos (y sobre todo aquellas) que vivieron su adolescencia y, por tanto su despertar sexual, en los 90, ya que se sentirán especialmente identificados con ella. Quizá así, con el tiempo acabe ocupando el lugar que merece en el panteón de las series de culto.

‘Lady Bird’ y ‘El hilo invisible’: De lo mejor del año (Reseña Edición Limitada)

Como cada año, la pasada edición de los Oscar nos dejó grandes películas para la posteridad, entre ellas, Lady Bird, de Greta Gerwig, y El hilo invisible (Phantom Thread), de Paul Thomas Anderson, dos de los films con más nominaciones y dos de mis películas favoritas estrenadas en España en 2018. Ambos títulos ven la luz en formato físico de la mano de Universal Pictures, que las pone a la venta en ediciones sencillas en Blu-ray y DVD, más dos ediciones limitadas con libreto disponibles en exclusiva a través de fnac. Aprovecho este lanzamiento para hablar de estas dos maravillas del cine de autor reciente.

Lady Bird, de Greta Gerwig

Lady Bird es la opera prima como directora (o “realizadora”, como ella prefiere) de Greta Gerwig, conocida entre otras cosas por sus papeles en las recomendables Frances Ha, Mistress America Mujeres del siglo XX y su laureado trabajo como guionista en las dos primeras. Con su primera película, Gerwig regresa a su Sacramento natal para presentarnos una historia que bien podría servir como precuela de Frances Ha.

Protagonizada por la jovencísima tres veces nominada al Oscar (una de ellas por esta película) Saoirse RonanLady Bird es un precioso ejercicio nostálgico y semi-autobográfico en el que Gerwig ha depositado todo su corazón y talento. El film se suma a la tradición del mejor cine coming-of-age para contarnos la historia de una joven testaruda y rebelde con inclinaciones artísticas y don para el drama que se enfrenta a la recta final en el instituto en el año 2002, tras lo cual cumplirá su deseo de atrás su pueblo de una vez por todas.

Con grandes dosis de melancolíaexcelentes diálogos (“Muchas cosas pueden ser tristes, no solo la guerra”) y mucho sentido del humorLady Bird retrata con gran acierto la adolescencia y el paso a la vida adulta (concretamente durante la agitada etapa de transición post-11-S), experiencia formadora que todos hemos atravesado, y que hace que sea fácil verse reflejado en las vivencias de Lady Bird, magistralmente interpretada por Ronan.

Lady Bird nos habla de la forja de la identidad propia, de las relaciones entre padres e hijos (más concretamente el lazo materno-filial, que aprieta el personaje de la inconmensurable Laurie Metcalf) y el amor incondicional de la familia, de la amistad, y por último, de nuestro agridulce vínculo con el lugar de donde procedemos, donde crecimos; un sitio que “no podemos ver mientras estamos allí, porque estamos seguros de que la vida está en otra parte” adonde anhelamos marcharnos, pero con el que, tarde o temprano, aprendemos a reconciliarnos. Lady Bird transmite con magia y acierto estas sensaciones tan familiares, y tan esenciales a la experiencia de convertirse en adulto, alzándose como un emotivo retrato generacional y una de las mejores películas recientes sobre la adolescencia.

Sobre la edición limitada

Al igual que anteriores lanzamientos como madre! Call Me by Your Name, que también recibieron el lujoso tratamiento limitado, la edición exclusiva en Blu-ray para fnac de Lady Bird viene presentada en un estuche sencillo con un precioso slipcover de cartón, e incluye un libreto de 36 páginas con notas de producción y una extensísima entrevista a Greta Gerwig.

En el disco, los contenidos adicionales son más bien escasos. Los extras incluyen únicamente un audiocomentario de la realizadora y guionista junto al director de fotografía, Sam Levy, y un making of de 15 minutos titulado “Haciendo realidad Lady Bird, con entrevistas al equipo e imágenes del rodaje. Al menos, esta featurette ofrece una visión bastante completa de la producción, del casting a la interpretación, pasando por el vestuario, la fotografía o la composición de la banda sonora.

El hilo invisible, de Paul Thomas Anderson

Desde que nos arrollase en 1999 con su magnum opus Magnolia, Paul Thomas Anderson no solo no tocó techo pronto, sino que ha seguido creciendo como cineasta, volviéndose cada vez más crudo, sutil y sofisticado en su forma de aproximarse a las historias. Después de dos obras difíciles y profundamente tristes como There Will Be BloodThe Master, seguidas de la inclasificable Puro vicio, Anderson firma su trabajo más accesible en mucho tiempo con El hilo invisible, sin por ello renunciar a su excentricidad y su manera tan particular de narrar.

Daniel Day-Lewis protagoniza este exquisito filme ambientado en el mundo de la alta costura en el Londres de los años 50, donde el controlador y meticuloso diseñador de la Casa Woodcock, Reynolds Woodcock, ve su ordenada y glamurosa vida alterada por la llegada de una visita inesperada: el amor. Alma (una portentosa e infravalorada Vicky Krieps) se introduce en su exclusivo entorno convirtiéndose en su musa y amante, muy a pesar de la protectora hermana del modisto (brillante Lesley Manville), y acaba desarrollando con él un atípico romance que desembocará en una relación tensa y retorcida caracterizada por la manipulación y la lucha de poder.

Con El hilo invisible, Anderson plantea una visión muy idiosincrásica del amor, muy peculiar y con un delicioso toque perverso que resulta sorprendentemente divertido. Todo en la película está cuidado hasta el último detalle, desde las magistrales interpretaciones hasta el último pespunte del impresionante diseño de vestuario (que recibió muy merecidamente un Oscar). Otro trabajo minucioso, inspirado y sublime de Anderson que se suma a una filmografía impecable.

Sobre la edición limitada

La edición limitada de El hilo invisible presenta el mismo diseño que Lady Bird, con una funda de cartón y un libreto de 36 páginas en el interior, solo que en este caso, el estuche es más grueso que el de una funda amaray clásica de Blu-ray. El libreto incluye extensas e interesantes notas de producción, fotos de la película y diseños de los preciosos vestidos que se pueden disfrutar en el film.

En lo que respecta a los contenidos adicionalesEl hilo invisible es más generosa que Lady Bird. Los extras incluyen:

·        Pruebas de cámara: Con comentarios de Paul Thomas Anderson. 8 minutos de imágenes de las pruebas de PTA para elegir las herramientas más adecuadas para hacer la película: lentes, iluminación, maquillaje, papel pintado… Esta featurette, ideal para interesados en el aspecto más técnico del cine, es tan hermosa como la propia película, e incluye una extraña y divertida guerra de comida entre Daniel Day-Lewis y Lesley Manville.

·        Para el chico hambriento: Una colección de escenas eliminadas con música de Jonny Greenwood. En lugar de una lista de escenas eliminadas al uso, se trata de un montaje con imágenes descartadas que se enlazan con escenas, diálogos y voz en off de la película.

·        La Casa Woodcock: Desfile de pasarela narrado por Adam Buxton (aprox. 3 minutos).

·        Entre bastidores: Fotografías de la película de Michael Bauman con versiones de prueba de las partituras de Jonny Greenwood.

Crítica: Ocean’s 8

En 2001, Steven Soderbergh dirigió a un reparto estelar encabezado por George Clooney y Brad Pitt en Ocean’s Eleven, basada en el clásico de los 60 La cuadrilla de los once. El éxito de la película dio lugar a dos secuelas que reproducían la eficaz fórmula de la primera entrega y aumentaban el ya de por sí multitudinario reparto de superestrellas de Hollywood, incorporando en sus filas a intérpretes como Julia Roberts o Catherine Zeta-Jones. Pero aun con su presencia, la saga Ocean’s siempre se ha caracterizado por ser un club de nabos, es decir, por tener repartos principal y eminentemente masculinos.

La franquicia da un giro de 180º en este aspecto con Ocean’s 8, la nueva película con la que plantea un reinicio con un reparto completamente nuevo, en esta ocasión, además, íntegramente femenino y multicultural. Afortunadamente, la mala acogida del reboot femenino de Cazafantasmas no ha achantado a Warner, que ha depositado toda su confianza en un impresionante elenco de actrices liderado por Sandra Bullock, Cate Blanchett y Anne Hathaway, y redondeado por gente tan dispar como Mindy Kaling, Sarah Paulson, Helena Bonham Carter, Rihanna y Awkwafina. Dirigidas por Gary Ross (Seabiscuit, Los juegos del hambre), esta fantástica troupe protagoniza un nuevo golpe al más puro estilo Ocean’s, pero con un toque de brillante.

Ocean’s 8 nos presenta a Debbie Ocean (Bullock), la hermana de Danny (el personaje interpretado por Clooney), que lleva casi seis años cumpliendo condena. Durante su temporada en la cárcel, Debbie ha planeado el mayor robo de su vida hasta el último detalle, y para llevarlo a cabo necesita un equipo de estafadoras a la altura del complicado reto. Una vez en el exterior, Debbie retoma el contacto con su amiga y compinche de toda la vida Lou Miller (Blanchett), con la que recluta a otras cinco especialistas: la joyera Amita (Kaling), la timadora callejera Costanza (Awkwafina), la perista Tammy (Paulson), la hacker Nine Ball (Rihanna) y la diseñadora de moda en horas bajas Rose (Bonham Carter). Su  objetivo: el legendario collar de diamantes valorado en 150 millones de dólares que colgará del cuello de la superestrella Daphne Kluger (Hathaway) durante el evento benéfico más exclusivo del año, la Gala del Met.

A pesar de ser la cuarta película de una saga, lo cierto es que Ocean’s 8 mantiene su autonomía la mayor parte del tiempo. En ella descubrimos qué ha sido de Danny Ocean y nos reencontramos con algún que otro viejo conocido, pero los guiños al pasado no impiden que los espectadores casuales disfruten de la película, sino todo lo contrario. Ocean’s 8 repite el esquema de las anteriores entregas (y de cualquier película de golpes que se precie, claro), pero no se encierra en su propia continuidad, sino que reinventa la marca Ocean’s con idea de captar nuevas audiencias y prolongar su vida comercial a partir de esta renovada banda.

Con este objetivo en mente, Ocean’s 8 no podría haber acertado más a la hora de elegir a sus actrices. Si por algo destaca sobre todo el film es por la presencia e indudable carisma de sus estrellas, principalmente Blanchett, que es puro magnetismo (capta la mirada con solo aparecer en pantalla y no nos suelta), y Hathaway, que realiza la mejor interpretación de la película. Técnicamente, Bullock es la protagonista, la líder de la banda, pero en esta ocasión, la siempre estupenda actriz no parece estar al 100%, siendo eclipsada por las demás. En cuanto al resto del cast, Bonham Carter destaca por hacer de ella misma otra vez (y se lo agradecemos, porque está tronchante), Rihanna cumple (no le dan mucho que hacer, por si acaso), y Paulson, Kaling y Awkwafina quedan algo desaprovechadas, pero se entiende, por lo amplio del reparto. Eso sí, todas van vestidas para la posteridad.

Pero más allá de su estilazo y el atractivo de sus actrices, ¿qué nos ofrece la película? Pues bien, la banda de Debbie Ocean es precisamente como un diamante, brilla, encandila y nos distrae de la realidad: la trama no está tan trabajada como debería y le falta cohesión entre las partes, el plan está lleno de fisuras que se traducen en agujeros narrativos (lo común en este género, pero con un extra de descuido) y en general, la película no es todo lo explosiva que podría haber sido con la materia prima con la que contaba.

Claro que el diamante brilla mucho. Muchísimo. A pesar de no aprovechar todo su potencial, Ocean’s 8 es una película muy divertida, un pasatiempo ligero y elegante, en el que se pueden pasar por alto sus defectos si nos centramos en sus aciertos, resumidos en su irresistible plantel de actrices, y en especial Hathaway, el arma (no tan) secreta de la película. Ocean’s 8 son ellas, y ellas hacen que todo lo demás sea secundario.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: Ant-Man y la Avispa

Todavía no nos hemos recuperado de Vengadores: Infinity War y ya tenemos aquí la nueva entrega del Universo Cinematográfico MarvelAnt-Man y la Avispa (Ant-Man and the Wasp). La primera parte es una de las películas de menor calado del estudio, pero también una de las mejores. Ant-Man se estrenó justo después de Vengadores: La era de Ultrón y funcionó como respiro entre aquella y el siguiente gran crossover, Capitán América: Civil War. Y su secuela llega para cumplir el mismo papel en la Fase 3, relajar a la audiencia antes de la llegada de la esperadísima (y seguramente mucho más épica) Captain Marvel y el gran final, Vengadores 4.

Mucho se ha especulado sobre el rol que Ant-Man y la Avispa desempeñaría de cara a Vengadores 4 y su lugar en la cada vez más abarrotada línea temporal de Marvel. Pues bien, la película de Peyton Reed transcurre antes de los acontecimientos de Infinity War y en su mayor parte es independiente del arco central del MCU, con el que entronca al final. Lo que tenemos aquí es otra aventura de Scott Lang (Paul Rudd), esta vez con la Avispa de Hope Van Dyne (Evangeline Lilly) compartiendo protagonismo (es la primera vez que un personaje femenino figura en el título de una película de Marvel), y poco más. Es decir, no se trata de una película llena de cameos y giños para potenciar la continuidad y la interconexión de este universo. Y mejor así.

Después de su participación en Civil War, Scott debe lidiar con las consecuencias de sus actos en forma de arresto domiciliario. Los días pasan lentamente y las visitas de su hija, Cassie, lo mantienen ocupado y feliz durante su condena. A pocos días de quedar libre, Hope y su padre, Hank Pym (Michael Douglas) regresan a su vida y le encargan una urgente misión: ayudarles a encontrar a Janet Van Dyne (Michelle Pfeiffer), con la que el Hombre Hormiga estableció una conexión sensorial durante su peligrosa incursión en el reino cuántico. La tarea de traer de vuelta a la madre de Hope y mujer de Hank se complica con la aparición de un nuevo enemigo, Fantasma, y los trapicheos del malvado diseñador de armas Sonny Burch (Walton Goggins).

Ant-Man y la Avispa es una continuación orgánica de la primera entrega, mucho más relajada y ligera que la mayoría de películas del Universo Marvel. Pero también la menos memorable en un tiempo. Se agradece de nuevo el cambio de aires con una aventura de dimensiones más abarcables y mucho menos en juego, donde lo que está en manos de los héroes no es el destino del universo, sino el suyo propio y el de su familiaAnt-Man y la Avispa es divertida y tiene corazón, y aunque a estas alturas, decir esto sobre una película de Marvel es como no decir nada, no debemos subestimar el valor de una película de aventuras bien hecha solo porque no sea tan grandiosa como otras. Dicho esto, la secuela no es imprescindible, sus chistes son menos ingeniosos que la primera vez y su trama está menos trabajada, lo que hace que se desvanezca rápidamente.

Ahora bien, Marvel ha perfeccionado de tal manera su forma de hacer cine que, aun siendo una entrega menor, Ant-Man y la Avispa cumple con lo que se espera del estudio y viene genial después de la abrumadora Infinity War. Reed utiliza los poderes de sus héroes (manipulan su tamaño, así como el de la materia a su alrededor) para componer escenas de acción cargadas de humor y con efectos visuales excelentes que, si bien no llegan al nivel de inventiva de la primera parte (nada aquí está a la altura de la pelea en el maletín o el clímax en la habitación de Cassie), resultan muy vistosas, ágiles y divertidas. Esta es quizá la película de Marvel en la que la panificación y el montaje están más refinados, sacando provecho de cada vez que un personaje reduce o aumenta su tamaño para impulsar la acción o hacer reír.

Pero sin duda, lo mejor de Ant-Man sigue siendo su protagonista, Scott Lang, uno de los héroes más encantadores del Universo Marvel. Evangeline Lilly está estupenda como la Avispa, y de hecho, Hope es quien lleva las riendas del film (ya era hora de que un personaje femenino pasase al frente), pero es Paul Rudd (siendo Paul Rudd) el que se lleva el gato al agua. Otra vez. También hay que mencionar a Michael Peña, que vuelve a conquistar con su entusiasmo, naturalidad e irresistible sentido del humor (sus resúmenes a la velocidad de la luz siguen siendo tronchantes). Y por supuesto, Michael Douglas (más desatado que en la primera) y la mítica Michelle Pfeiffer, que sale poco (contábamos con ello), pero qué placer y privilegio es verla siempre. Finalmente, después de dejarnos traumatizados con Thanos, Marvel vuelve a su tradición de los villanos desaprovechados y olvidables, con un grupo de malhechores de lo más insulso, más propios del malo de la semana en una serie de televisión.

En resumen, Ant-Man y la Avispa es una disfrutable comedia de acción que se sostiene por sí sola a la vez que encaja perfectamente en los planes del universo de ficción al que pertenece (la impactante primera escena de los créditos finales conecta directamente con Infinity War, como era de esperar). Aunque no es tan creativa como la primera y su trama resulta menos interesante (la pseudociencia se va de las manos y es fácil desconectar con la historia), son sus simpáticos personajes, y los pequeños momentos que protagonizan, lo que hace que resulte tan refrescante y nos deje una sonrisa en la cara.

Pedro J. García

Nota: ★★★½