Crítica: Hereditary

Tengo la sonrisa de mi madre. Sus hoyuelos también. El mentón y el porte de mi padre. La cabezonería de ambos y cierto sentido del humor que les saca de quicio a los dos por igual. Eso y mil traumas y bondades más es lo que he heredado de mis progenitores. Como si de una enfermedad se tratase (en algunos casos realmente lo es), nuestra existencia y apariencia viene debida a la herencia genética de nuestras madres y padres biológicos. Tarea nuestra (y de la sociedad que nos rodea) será el convertirnos en la continuación o digresión de ellos… aunque esa herencia nunca dejará de atormentarnos (o de premiarnos, que no todo es malo). Esa es la base sobre la que se sustenta Hereditary, la terrorífica sensación de la temporada.

El debut en largo de Ari Aster nos presenta a la familia Graham, devastada tras el fallecimiento de la abuelita Ellen. Realmente, la palabra exacta no sería devastada, ni siquiera afligida. La palabra que mejor define la actitud de su hija Annie (Toni Colette, El sexto sentido) es liberada. De las trazas de su madre poco sabemos, pero todo apunta a un comportamiento que seguramente rozó el abuso de la hija. Por si fuera poco, la matriarca falleció completamente senil, algo que atormenta completamente a Annie. Un drama que ha tenido que sufrir con su progenitora y que teme vaya a hacer sufrir ella a sus dos hijos.

Peter (Alex Wolff, Jumanji: Bienvenidos a la jungla)  y Charlie (Milly Shapiro, la Matilda de Broadway), son sus dos zagales. Peter está en el instituto y las hormonas comienzan a cegarle; y Charlie no es una de las chicas más populares del lugar pero eso no es ningún problema para terminar siendo la reina de todo el cotarro. P y C se quieren de la peculiar forma en que se quieren los hermanos que no tienen nada en común: se aguantan. Para Annie es de vital importancia que ambos estén cuanto más unidos mejor, especialmente con el futuro que les espera cuidándola a ella… Un drama futuro que solo ve ella, ya que todavía no ha tenido ningún episodio psicótico… o puede que sí.

Hereditary es una comedura de cabeza por el devenir del futuro y la putrefacción de la herencia genética. Annie se ahoga a sí misma y a los suyos con su miedo al futuro. Un temor que salpica y destroza su presente. Un horror que se perfecciona gracias a la mano dadivosa del destino y su gracejo habitual por hundir a los que más hundidos se encuentran.

Con ritmo pausado (en demasía, se podría decir), Hereditary compone una interesante maqueta sobre las miserias humanas. Aster sabe construir una agobiante atmósfera y una mitología bastante certera al servicio de la historia, pero cae en un error de principiante: obviar el menos es más. El cineasta opta por complicar una historia que hubiese funcionado mejor sin tanta solemnidad y, especialmente, con menos giros (no tan) sorprendentes. Tanta histeria y locura sin control (en el mal sentido de la expresión), termina por remitirnos a las primeros excesos de Jaume Balagueró y Paco Plaza para Filmax hace casi veinte años más que a los referentes directos a los que homenajea (copia) la película. Como aquellos títulos catalanes, la cinta de Aster es altamente disfrutable, pero no la enviada de los dioses (del averno) que nos han querido vender desde el otro lado del océano.

Como es habitual, Toni Colette borda el papel histriónico e histérico de la madre. Más cercano a (alguna de) su(s) Tara(s) de United States of Tara que a sus otras madres en El sexto sentido o Pequeña Miss Sunshine. Después de ver esta película, volvemos a no saber la puñetera razón por la que Colette no consigue más buenos papeles y encabeza repartos como se merece. Gabriel Byrne (Muerte entre las flores) hace las veces de marido Annie, el personaje más plano e insustancial del film. Se agradece que en esta ocasión sea el cónyuge masculino y no el femenino. La maligna Ann Dowd vuelve a hacer de las suyas en un pequeño papel. Muchas películas junto a Anne Hathaway tendrá que hacer en el futuro para compensar lo mucho que nos está puteando esta década. Más que solvente Alex Wolff apropiándose de alguna de las escenas más malrolleras del film y aplausos para la robaescenas mayor de la película: Milly Shapiro. Su Charlie podría tener un grupo de WhatsApp con la mismísima Regan MacNeil y con el bebé de Rosemary. Oscura y retorcida, o simplemente retraída… y retorcida. Shapiro está llamada a ser uno de los iconos del cine de género de los últimos años. Aunque solo sea por su perfecta evocación a Alyssa Edwards de RuPaul’s Drag Race.

Hereditary representa a uno de nuestros inner saboteurs más temidos: el miedo al futuro. Lo bueno es que en esta ocasión no es más listo que nosotros.

David Lastra

Nota: ★★★

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