‘Vengadores: Infinity War’: Un acontecimiento de proporciones titánicas

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Todo está conectado y todo ha conducido hasta aquí. El principio del fin. El final de un principio. Después de una década, tres fases y 18 películas, da comienzo la culminación del Universo Cinematográfico Marvel tal y como lo conocemos con Vengadores: Infinity WarAunque técnicamente sea la tercera entrega de Vengadores (la cuarta si contamos Capitán América: Civil War), esta vez es distinto, y se siente en cada fotograma. Se trata del clímax de todo un universo de ficción construido con admirable paciencia y planificación, un desenlace que promete sacudir fuertemente sus cimientos antes de iniciar la siguiente etapa.

Si La era de UltrónCivil War ya contaban con repartos multitudinarios, lo de Infinity War es la macro-reunión más impresionante que nos ha dado el cine de superhéroes hasta la fecha. Parecía imposible, pero Marvel lo ha conseguido. A Los Vengadores se suman los Guardianes de la Galaxia y otros muchos aliados para enfrentarse a la mayor amenaza de su historia, Thanos. El Titán Loco planea hacerse con las Gemas del Infinito para llevar a cabo su ambicioso plan de transformar y dominar el cosmos entero. Los héroes deberán proteger las Gemas de su familia de secuaces, la Orden Negra, para evitar que su enemigo se convierta en un ser todopoderoso y ponga fin al universo.

Un argumento relativamente sencillo para describir una historia que lleva desarrollándose a lo largo de tanto tiempo con múltiples frentes y ramificaciones. Los hermanos Russo, que dirigieron las dos anteriores entregas del Capitán América, El soldado de invierno y Civil War, se hacen cargo del reto más complicado de los diez años de Universo Marvel, unificar todo lo visto hasta ahora y hacer que confluya en dos horas y media de película. El resultado es sin duda satisfactorio, en especial para aquellos que hayan seguido devotamente el Universo Marvel (los espectadores casuales probablemente no se enterarán de nada). En recompensa a la fidelidad de los marvelitas, Infinity War les da todo lo que querían. Y después mucho más.

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Porque en realidad, más que una película, Infinity War es un evento. Uno orquestado para hacer que los fans de Marvel se queden pegados a su asiento y no pestañeen ni una vez, por miedo a perderse algo importante. Infinity War redefine el término “épico”. Es grande. Enorme. Tanto que puede ser difícil abarcar todo lo que pasa en ella y acabar siendo una experiencia abrumadora. Pero eso es justo lo que esperábamos, un acontecimiento como ninguno otro en el cine reciente, un aluvión de información y sensaciones, el crossover para acabar con todos los crossovers.

En Infinity War coinciden por primera vez (casi) todos los personajes principales de Marvel a los que hemos conocido en anteriores películas. Los Vengadores, los Guardianes, Spider-Man, Doctor Strange, Black Panther… La historia transcurre en multitud de emplazamientos, recorriendo toda la galaxia conocida para (re)introducir a los héroes, conducirlos los unos hacia los otros y formar varios grupos con ellos. A pesar de que esto causa la inevitable fragmentación y el amontonamiento que suele lastrar este tipo de reuniones superheroicas, los Russo consiguen que todo encaje, conservando los estilos individuales y las voces de los personajes, lo cual ayuda a unificar un todo disperso y muy bullicioso. Además, gran parte de la acción transcurre en el espacio o alejada de núcleos urbanos, dando a la película una dimensión cósmica aglutinadora y ya de paso evitando volver a caer en el hastiado recurso de la destrucción de una ciudad.

Por supuesto, tantos personajes y tramas entrelazadas provocan los consabidos problemas: unos héroes quedan irremediablemente desplazados por otros (sorprende el poco peso que tienen Capitán América y Viuda Negra, seguramente reservados para la próxima) y el constante ajetreo al viajar de un rincón a otro de la galaxia puede llegar a agotar. Además, algunas escenas de batalla, por muy espectaculares que sean (y lo son, mucho), son tan vertiginosas y abarrotadas que corren el riesgo de saturar al espectador -nada a lo que no estemos habituados, por otro lado.

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Aun así, hay que elogiar de nuevo a los Russo porque, pese a todo esto, logran mantener el interés de principio a fin y que la película no tenga bajones de ritmo. Lo hacen cumpliendo a rajatabla el decálogo de Marvel, combinando acción, humor, épica y emoción de forma infalible. En Infinity War no hay minutos desaprovechados ni pasos en falso. Acierta dosificando bien la comedia (aunque sobra el product placement de los diálogos), sacando partido de las interacciones (y choques) entre personajes para dejarnos chistes verdaderamente inspirados y momentos muy divertidos a pequeña escala que suponen un respiro en contraposición a la magnitud de la película, y siempre teniendo en cuenta los vínculos que los unen y los motivan. De hecho, los héroes tienen el poder de derrotar a Thanos, pero es la lealtad y el amor que se profesan lo que dificulta su tarea de acabar con el villano y salvar el universo. Y ese es quizá el mayor acierto del film. Y del Universo Marvel en general. Que nunca pierde de vista el corazón que lo bombea y la importancia de anclar la acción en los personajes y sus relaciones.

Otro aspecto en el que Infinity War se salda con éxito es en la construcción del villano. Llevábamos mucho tiempo esperando ver a Thanos en acción y lo cierto es que no defrauda. Josh Brolin (a quien se puede identificar claramente tras el CGI) crea un antagonista grandioso y carismático cuyas apariciones en pantalla transmiten la tensa amenaza e imprevisibilidad que caracteriza al gigante púrpura, magnificadas por el impactante realismo de su rostro, fruto de un excelente trabajo de efectos digitales. Aunque no deja de ser el clásico monstruo con ansias de poder y control, el guion asocia su comportamiento a la compleja relación familiar que tiene con Gamora, lo que hace que presente muchas más capas que otros malos de Marvel. No tanto su séquito, la Orden Negra, que con excepción de Ebony Maw, están desdibujados y parecen personajes de World of Warcraft que se han perdido y han ido a parar a los pies del villano.

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Volviendo a Gamora, es necesario destacar la interpretación de Zoe Saldana, que comparte con Brolin el peso de la trama central, dándole un enfoque inesperadamente conmovedor a su personaje. Aunque en general, el trabajo de todo el reparto es sólido, con cada actor y actriz repitiendo aquello que tan buenos resultados les dio en películas anteriores. El descaro de Robert Downey Jr., la inocencia entusiasta de Tom Holland, la nobleza de Chris Evans, la fuerza de Elizabeth Olsen y su conexión con Paul Bettany, la afabilidad cercana de Mark Ruffalo, la fusión de gracia tontorrona y dramatismo imponente de Chris Hemsworth, la chispa impredecible de Dave Bautista… El dominio que tienen sobre sus personajes y lo definidos que estos están confirma una vez más cuál es el gancho real de estas películas, haciendo que los momentos individuales sean mejores que la suma de las partes.

En definitiva, y aun con sus defectos, Infinity War supone otra victoria para la Casa de las Ideas, una experiencia intensa, emotiva, visceral, visualmente desbordante y llena de sorpresas, en la que, por primera vez en el Universo Marvel, tenemos la sensación de que puede ocurrir cualquier cosa (y cuando lo hace, golpea tan fuerte que cuesta recuperarse). Estaremos hablando durante mucho tiempo de su escalofriante final, un cliffhanger que deja la impresión de haber visto solo la primera mitad de algo, pero también dispara hacia las estrellas la expectación y el miedo por saber qué nos deparará la segunda.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

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