A Ghost Story: La eternidad y un día

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“Date tiempo, todo pasa”. “Todo es cuestión de tiempo”. El ser humano confía en el paso del tiempo como respuesta y solución a todos sus problemas. Con tiempo, el susodicho es capaz de curarlo absolutamente todo. Entre sus milagros se cuentan la sanación de catarros sin necesidad alguna de automedicarse o la conversión de una relación estival fallida en algo ilusorio, logrando una sensación cercana a la de una intoxicación tras un escape de gas. El tiempo lo cura y lo destruye todo. Pero a veces, el tiempo se toma su tiempo, como nos muestra David Lowery (Peter y el dragón) en A Ghost Story.

C y M viven en su casa en mitad de la nada. Equidistantes al bullicio urbano y a la naturaleza que les saluda cada mañana desde el patio trasero de la vivienda. No sabemos si se encuentran aislados de la sociedad o simplemente es una situación momentánea por el actual proceso creativo en el que está sumido C. Tampoco logramos averiguar si su relación está en su punto álgido o simplemente se están dejando llevar por la rutina. Algún que otro pequeño gesto nos hace elucubrar sobre la realidad de su amor, pero nunca lo sabremos a ciencia cierta porque les acabamos de conocer y antes de lograr juntar pruebas concluyentes, la existencia de esta joven pareja dará un giro de 180 grados.

¿Qué cantidad de tiempo tiene que pasar para olvidar a una persona y poder pasar página? ¿Cuánto tarda en borrarse la huella del cuerpo que dormía en el otro lado de la cama? ¿Vale por dos la intensidad o pesa más la duración? ¿Cincuenta y cinco días, con dos fiestas de guardar y un cumpleaños de por medio, es tiempo suficiente para curarse y volver a encontrar la ilusión perdida en un desconocido? Ni siquiera los todopoderosos gurús de Yahoo! Respuestas son capaces de llegar a un quórum. No existe una respuesta tipo a dicho problema, por lo que solo podemos recurrir a la perogrullada sobre las dotes curativas del tiempo.

Aunque sigan compartiendo plano existencial, C y M ya no están juntos. Cada uno de ellos lleva su afligimiento de manera diferente. Una se come con las manos una tarta vegana de chocolate en el suelo de la cocina. El otro opta por esconderse debajo de una sábana y observar su antigua vida desde la distancia. Poco a poco, comienzan a curarse, cada uno a su paso. La insoportable levedad de M comiéndose un postre con las manos muta en algún que otro escarceo nocturno y una liberadora puerta abierta. En cambio, la soledad del fantasma de fondo sigue ahí. Unos necesitan unas cuantas semanas, meses o años. Otros, la eternidad y un día.

A Ghost Story es una poesía fílmica sobre la compleja ecuación que relaciona el amor, la pérdida y el paso del tiempo. Tras abrazar las mieles de Disney con su bellísimo remake en clave folk de Pedro y el dragón Elliot, Lowery regresa con una película hecha con cuatro duros, extremadamente arriesgada, en la que vuelve a reunirse con los protagonistas de su aplaudida En un lugar sin ley, Rooney Mara (Carol) y Casey Affleck (Manchester frente al mar). Arriesgada por su valentía a la hora de mostrar qué ocurre con el amor el día después de una pérdida de una forma directa y fantástica. Sin caer en maniqueísmos o trucos de melodrama barato, Lowery logra emocionar al espectador, haciendo que las lágrimas y moqueos aparezcan a traición en el momento más insospechado.

a-ghost-story-posterArriesgada es igualmente la decisión del director de esconder al desaparecido bajo una sábana. Una representación fantasmagórica que parece recién sacada de la imaginación de un infante victoriano y que podría provocar las carcajadas de un espectador resabiado de este siglo. Pero lejos de rozar la histeria del absurdo, este fantasma de sábana con agujeros en los ojos es un acierto naif, tremendamente delicado que no hace sino que el espectador empatice aún más con él. Este acercamiento tan infantil otorga una inocencia inusitada a la presencia del C fantasma. Obviando un par de poltergeist más cercanos a las pataletas de llamada de atención de un niño que a un intento de hacer daño a M, el fantasma se presenta como un ente pasivo, con un hieratismo que ya le gustaría a su paisano Sin Cara. El fantasma de A Ghost Story no tiene una cadena al uso, como alguno de las representaciones de sus camaradas, pero sí que tiene otra mucho más pesada. C decide acurrucarse en su pérdida y no avanzar, ya que nadie le exige que avance. El problema, más bien la realidad, es que el tiempo va por libre y a medida que pasan los minutos fílmicos, los milenios comienzan a ser un decimal en el mundo de C. La rapidez del paso del tiempo sume al espectador en una congoja absoluta, consiguiendo que nos pongamos en los zapatos, o bajo la sábana, del fantasma y su desoladora respuesta ante la pérdida.

A diferencia de nuestros olvidados, A Ghost Story nos seguirá acompañando durante muchos años. Esta obra será una de las pocas que logre sobrevivir al puñetero e inexorable paso del tiempo.

David Lastra

Nota: ★★★★★

A Ghost Story ya está disponible en España en Blu-ray, DVD y digital de la mano de Universal Pictures Home Entertainment. La película incluye los siguientes contenidos adicionales:

-A Ghost Story y el inevitable paso del tiempo.
-Escenas eliminadas.
-Historia de una canción.
-Audiocomentario con el director David Lowery y parte del equipo técnico de la película.

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