‘Vengadores: Infinity War’: Un acontecimiento de proporciones titánicas

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Todo está conectado y todo ha conducido hasta aquí. El principio del fin. El final de un principio. Después de una década, tres fases y 18 películas, da comienzo la culminación del Universo Cinematográfico Marvel tal y como lo conocemos con Vengadores: Infinity WarAunque técnicamente sea la tercera entrega de Vengadores (la cuarta si contamos Capitán América: Civil War), esta vez es distinto, y se siente en cada fotograma. Se trata del clímax de todo un universo de ficción construido con admirable paciencia y planificación, un desenlace que promete sacudir fuertemente sus cimientos antes de iniciar la siguiente etapa.

Si La era de UltrónCivil War ya contaban con repartos multitudinarios, lo de Infinity War es la macro-reunión más impresionante que nos ha dado el cine de superhéroes hasta la fecha. Parecía imposible, pero Marvel lo ha conseguido. A Los Vengadores se suman los Guardianes de la Galaxia y otros muchos aliados para enfrentarse a la mayor amenaza de su historia, Thanos. El Titán Loco planea hacerse con las Gemas del Infinito para llevar a cabo su ambicioso plan de transformar y dominar el cosmos entero. Los héroes deberán proteger las Gemas de su familia de secuaces, la Orden Negra, para evitar que su enemigo se convierta en un ser todopoderoso y ponga fin al universo.

Un argumento relativamente sencillo para describir una historia que lleva desarrollándose a lo largo de tanto tiempo con múltiples frentes y ramificaciones. Los hermanos Russo, que dirigieron las dos anteriores entregas del Capitán América, El soldado de invierno y Civil War, se hacen cargo del reto más complicado de los diez años de Universo Marvel, unificar todo lo visto hasta ahora y hacer que confluya en dos horas y media de película. El resultado es sin duda satisfactorio, en especial para aquellos que hayan seguido devotamente el Universo Marvel (los espectadores casuales probablemente no se enterarán de nada). En recompensa a la fidelidad de los marvelitas, Infinity War les da todo lo que querían. Y después mucho más.

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Porque en realidad, más que una película, Infinity War es un evento. Uno orquestado para hacer que los fans de Marvel se queden pegados a su asiento y no pestañeen ni una vez, por miedo a perderse algo importante. Infinity War redefine el término “épico”. Es grande. Enorme. Tanto que puede ser difícil abarcar todo lo que pasa en ella y acabar siendo una experiencia abrumadora. Pero eso es justo lo que esperábamos, un acontecimiento como ninguno otro en el cine reciente, un aluvión de información y sensaciones, el crossover para acabar con todos los crossovers.

En Infinity War coinciden por primera vez (casi) todos los personajes principales de Marvel a los que hemos conocido en anteriores películas. Los Vengadores, los Guardianes, Spider-Man, Doctor Strange, Black Panther… La historia transcurre en multitud de emplazamientos, recorriendo toda la galaxia conocida para (re)introducir a los héroes, conducirlos los unos hacia los otros y formar varios grupos con ellos. A pesar de que esto causa la inevitable fragmentación y el amontonamiento que suele lastrar este tipo de reuniones superheroicas, los Russo consiguen que todo encaje, conservando los estilos individuales y las voces de los personajes, lo cual ayuda a unificar un todo disperso y muy bullicioso. Además, gran parte de la acción transcurre en el espacio o alejada de núcleos urbanos, dando a la película una dimensión cósmica aglutinadora y ya de paso evitando volver a caer en el hastiado recurso de la destrucción de una ciudad.

Por supuesto, tantos personajes y tramas entrelazadas provocan los consabidos problemas: unos héroes quedan irremediablemente desplazados por otros (sorprende el poco peso que tienen Capitán América y Viuda Negra, seguramente reservados para la próxima) y el constante ajetreo al viajar de un rincón a otro de la galaxia puede llegar a agotar. Además, algunas escenas de batalla, por muy espectaculares que sean (y lo son, mucho), son tan vertiginosas y abarrotadas que corren el riesgo de saturar al espectador -nada a lo que no estemos habituados, por otro lado.

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Aun así, hay que elogiar de nuevo a los Russo porque, pese a todo esto, logran mantener el interés de principio a fin y que la película no tenga bajones de ritmo. Lo hacen cumpliendo a rajatabla el decálogo de Marvel, combinando acción, humor, épica y emoción de forma infalible. En Infinity War no hay minutos desaprovechados ni pasos en falso. Acierta dosificando bien la comedia (aunque sobra el product placement de los diálogos), sacando partido de las interacciones (y choques) entre personajes para dejarnos chistes verdaderamente inspirados y momentos muy divertidos a pequeña escala que suponen un respiro en contraposición a la magnitud de la película, y siempre teniendo en cuenta los vínculos que los unen y los motivan. De hecho, los héroes tienen el poder de derrotar a Thanos, pero es la lealtad y el amor que se profesan lo que dificulta su tarea de acabar con el villano y salvar el universo. Y ese es quizá el mayor acierto del film. Y del Universo Marvel en general. Que nunca pierde de vista el corazón que lo bombea y la importancia de anclar la acción en los personajes y sus relaciones.

Otro aspecto en el que Infinity War se salda con éxito es en la construcción del villano. Llevábamos mucho tiempo esperando ver a Thanos en acción y lo cierto es que no defrauda. Josh Brolin (a quien se puede identificar claramente tras el CGI) crea un antagonista grandioso y carismático cuyas apariciones en pantalla transmiten la tensa amenaza e imprevisibilidad que caracteriza al gigante púrpura, magnificadas por el impactante realismo de su rostro, fruto de un excelente trabajo de efectos digitales. Aunque no deja de ser el clásico monstruo con ansias de poder y control, el guion asocia su comportamiento a la compleja relación familiar que tiene con Gamora, lo que hace que presente muchas más capas que otros malos de Marvel. No tanto su séquito, la Orden Negra, que con excepción de Ebony Maw, están desdibujados y parecen personajes de World of Warcraft que se han perdido y han ido a parar a los pies del villano.

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Volviendo a Gamora, es necesario destacar la interpretación de Zoe Saldana, que comparte con Brolin el peso de la trama central, dándole un enfoque inesperadamente conmovedor a su personaje. Aunque en general, el trabajo de todo el reparto es sólido, con cada actor y actriz repitiendo aquello que tan buenos resultados les dio en películas anteriores. El descaro de Robert Downey Jr., la inocencia entusiasta de Tom Holland, la nobleza de Chris Evans, la fuerza de Elizabeth Olsen y su conexión con Paul Bettany, la afabilidad cercana de Mark Ruffalo, la fusión de gracia tontorrona y dramatismo imponente de Chris Hemsworth, la chispa impredecible de Dave Bautista… El dominio que tienen sobre sus personajes y lo definidos que estos están confirma una vez más cuál es el gancho real de estas películas, haciendo que los momentos individuales sean mejores que la suma de las partes.

En definitiva, y aun con sus defectos, Infinity War supone otra victoria para la Casa de las Ideas, una experiencia intensa, emotiva, visceral, visualmente desbordante y llena de sorpresas, en la que, por primera vez en el Universo Marvel, tenemos la sensación de que puede ocurrir cualquier cosa (y cuando lo hace, golpea tan fuerte que cuesta recuperarse). Estaremos hablando durante mucho tiempo de su escalofriante final, un cliffhanger que deja la impresión de haber visto solo la primera mitad de algo, pero también dispara hacia las estrellas la expectación y el miedo por saber qué nos deparará la segunda.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

9-1-1: ¿Policía? Soy adicto a la nueva serie de Ryan Murphy

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Ryan Murphy acaba de firmar un contrato multimillonario con Netflix para desarrollar contenidos originales para la plataforma. El productor deja detrás una fructífera etapa en Fox, que lo ha encumbrado como uno de los creadores televisivos más reconocibles, exitosos y solicitados del panorama catódico estadounidense. Pero antes de mudarse al gigante de la televisión por Internet (junto a otra todopoderosa productora, Shonda Rhimes), Murphy aun tiene un par de ases bajo la manga para Fox.

A las nuevas temporadas de American Horror StoryAmerican Crime StoryFeud se suma Pose, la esperada serie para FX sobre la cultura “ball” de Nueva York a finales de los 80, y también la reciente 9-1-1, drama policial sobre un grupo de rescate de Los Ángeles cuya primera temporada ya se ha emitido en Fox, y que tras sus excelentes índices de audiencia, volverá con una segunda temporada el año que viene. Mientras esperamos Pose ansiosos, zambullámonos en la adictiva locura que es 9-1-1.

9-1-1 está creada por Murphy y su leal coproductor Brad Falchuk, con el que ha desarrollado casi todas sus series (el segundo de abordo siempre en la sombra, que también se merece su reconocimiento). Se trata de una ficción policíaca que se puede adscribir a la tradición procedimental (episodios autoconclusivos, caso por semana, repetición de una fórmula narrativa), hasta que la dinamita presentando sus propias reglas. En un episodio de 9-1-1 suele haber varios casos, algunos están concebidos casi como gags y otros se desarrollan más ampliamente, pero el énfasis siempre recae en las vidas y los tumultos sentimentales de los protagonistas.

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La serie se divide en tres frentes. Por un lado la centralita de llamadas de la policía, donde conocemos a Abby (Connie Britton), una entrañable teleoperadora del 9-1-1 que vive con su madre enferma de Alzheimer. Por otro está la estación de bomberos, en la que trabaja un diverso grupo de profesionales de los primeros auxilios que incluye a Bobby (Peter Krause), Buck (Oliver Stark), Chim (Kenneth Choi) y Han (Aisha Hinds). Y por último tenemos a la sargento de la policía Athena Grant (Angela Bassett). Estas personas de caracteres atormentados, inseguros y problemáticos, pero osados y profesionales, se cruzarán a lo largo de los capítulos desarrollando amistades y relaciones mientras atienden a las emergencias más disparatadas.

9-1-1 recoge ese componente irresistible de la época temprana de Anatomía de Grey, que semana a semana sorprendía con los casos médicos más rocambolescos y enganchaba con las aventuras sentimentales de sus protagonistas, y le suma el factor demencial y provocador de American Horror Story, con emergencias y tramas pasadísimas de rosca e imágenes explícitas que harán las delicias de los fans del estilo over the top de Murphy y Falchuk. Porque aunque a primera vista pueda parecer una serie más “normal”, más de network, en el fondo tiene el mismo espíritu absurdo y exagerado de todos los trabajos de sus creadores. Eso hace que no sea una serie para todo el mundo. Quien busque un Mentes criminales o un Chicago Fire, que se vaya a otro sitio. Por ejemplo al spin-off de Anatomía de GreyStation 19, que maneja un concepto similar con menos riesgo y mucha menos gracia.

Uno de los mayores puntos fuertes de 9-1-1, además de su cuidado y creativo apartado visual, su sentido del humor y los retorcidos casos que nos plantea en cada capítulo (el piloto empieza con un bebé atrapado en una tubería, y a partir de ahí no deja de elevar el listón de excentricidad), es su excelente reparto. En especial Britton, que nos enamora con su personaje, su manera de responder a las llamadas de emergencia y su relación con el rompebragas, mucho más joven que ella, Buck; Krause, que ha encontrado al personaje más atormentado de su carrera después de Nate Fisher; y la fiera Bassett en la que es una de sus interpretaciones más desmesuradas y apasionadas de su carrera. Su mera presencia ya es un gran aliciente para ver la serie, pero cada personaje tiene algo interesante que ofrecer.

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Debo reiterar que 9-1-1 no es una serie policial al uso. Hay un episodio dedicado a la luna llena, que provoca los comportamientos más extraños y violentos en la población de LA (además de un parto múltiple de lo más divertido), un especial de San Valentín que bien podría ser un capítulo de AHS, e insisto, casos imposibles que harán que se nos salgan los ojos de las órbitas, y que, aunque no lo creáis, están basados en llamadas reales a la policía. Es decir, 9-1-1 es un viaje salvaje con giros inesperados y emociones a flor de piel, una serie que, si no nos la tomamos demasiado en serio, se puede convertir en nuestra nueva droga televisiva favorita.

En España, 9-1-1 se emite en Fox Life. La primera temporada completa está disponible en Movistar+.

Crítica: Un lugar tranquilo

John Krasinski alcanzó la popularidad interpretando a Jim Halpert en la versión estadounidense de The Office. Durante la emisión de la genial comedia de NBC, Krasinski hizo sus pinitos como director poniéndose tras las cámaras en varios episodios y trabajando en su primer largometraje, la ignorada Brief Interviews with Hideous Men. En 2016 retomó su carrera como cineasta con la simpática dramedia indie Los Hollar, que también pasó sin pena ni gloria a pesar del excelente reparto con el que contaba. Este año, Krasinski cambia de tercio y se pasa a la ciencia ficción con el thriller Un lugar tranquilo (A Quiet Place), que dirige y protagoniza junto a su esposa en la vida real, Emily Blunt (SicarioEl regreso de Mary Poppins).

Pues bien, a la tercera va la vencida, porque Un lugar tranquilo ha sido todo un éxito en Estados Unidos, convirtiéndose en la sensación terrorífica de la temporada e impulsando la carrera de Krasinski, que no ha tardado en encontrar su próximo proyecto, otro thriller de ciencia ficción para Paramount, Life on MarsUn lugar tranquilo ha atrapado a la audiencia con una propuesta original escrita por Krasinski junto a Scott Beck y Bryan Woods, que fusiona con inteligencia y destreza ciencia ficción, terror y drama familiar. El film estuvo a punto de formar parte del universo Cloverfield, pero se acabó desechando la idea. Aunque después de verla no nos cuesta imaginar por qué se barajó asociarla a la franquicia de J.J. Abrams.

Un lugar tranquilo gira en torno a una familia que trata de sobrevivir en un mundo asolado por unas temibles criaturas ciegas que se guían por el sonido para cazar. Evelyn y Lee Abbott (Blunt y Krasinski) viven en silencio junto a sus hijos, intentando hacer el menor ruido para evitar atraer a los sanguinarios monstruos, y haciendo lo posible para salir adelante como familia en una situación tan desesperada. Cuando creen haber encontrado un lugar seguro en una remota granja, la familia Abbott se enfrentará a una serie de acontecimientos que harán que sea cada vez más difícil mantenerse en silencio, y por tanto, con vida.

Además de ser un inquietante y tenso thriller de suspense, Un lugar tranquilo se adscribe a la corriente actual del género que mezcla terror y fantasía con drama y comentario social, en la línea de películas como No respires, Llega de nocheDéjame salir, títulos que claramente inspiraron a Krasinski a la hora de dar forma a la película. Un lugar tranquilo nos habla de la paternidad, la responsabilidad y los lazos que unen a una familia, puestos a prueba en un contexto extremo. El núcleo de la película está formado por estos vínculos entre los personajes, ya sea el matrimonio, que lucha por proteger a sus hijos y educarlos para que sean fuertes e independientes, o los niños, que aprenden a ser útiles y valerse por sí mismos, en especial la mayor, Regan, que es sorda (la actriz que la interpreta, Millicent Simmonds, también lo es en la vida real). Este recurso podría haberse quedado en el simple truco, pero que acaba siendo uno de los aspectos más importantes y mejor aprovechados del film.

A pesar del buen hacer de los actores más jóvenes (Noah Jupe, visto en Wonder, también realiza un trabajo destacable), las estrellas de la película son Krasinski y Blunt, una pareja tan bien sincronizada en la vida real como en la pantallaUn lugar tranquilo se beneficia no solo del gran talento de Blunt, sino también de la química con su marido, que ayuda a que nos creamos a los Abbott como una familia real y nos involucremos emocionalmente con sus vivencias, sobre todo en las situaciones de mayor peligro. Krasinski se asegura de que nos preocupemos por los personajes para que suframos con ellos y deseemos verlos salir con vida. Y ahí está una de las claves por las que la película funciona tan bien, que tiene corazón y hace énfasis en la narración al servicio de los personajes.

Pero lo más reseñable de Un lugar tranquilo siguen siendo sus escenas de suspense y sus momentos más terroríficos, que provocan y demandan silencio en la sala. Krasinski saca buen provecho de las posibilidades de la premisa ideando situaciones muy creativas en torno al silencio y el ruido, así como sobresaltos de los que es imposible escapar. En este sentido, hay que alabar el diseño de sonido y la excelente banda sonora de Marco Beltrami. Sin olvidar a las propias criaturas, monstruos de presencia amenazante y diseño realmente terrorífico que recuerdan a Alien Parque Jurásico, películas que Krasinski claramente tenía en mente mientras dirigía varias escenas.

Aunque a lo largo del metraje es inevitable plantearse constantemente qué habríamos hecho nosotros en el lugar de los Abbott (síntoma de que nos hemos involucrado en la historia), Un lugar tranquilo no es una película para desmenuzar en busca de lógica científica, sino una experiencia más bien visceral, en la que es recomendable dejarse llevar y no romperse la cabeza cuestionando sus normas o su realismo. A cambio de firmar este pacto, Krasinski nos ofrece un trabajo verdaderamente memorable, un thriller elegante, preciso, emocionante, con un buen conflicto dramático en el centro y algunas de las escenas más tensas y escalofriantes que se han visto últimamente en el cine (la secuencia con Blunt en el sótano es simplemente magistral). Para no rechistar, vamos.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Isla de perros, la nueva obra de arte stop-motion de Wes Anderson

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GUAU, hacen los perros… y GUAU, hacen los espectadores al terminar Isla de perros (Isle of Dogs), la última película de Wes Anderson (El Gran Hotel Budapest). Esa onomatopeya es la única manera posible de expresarse tras el cúmulo de emociones atropelladas que se sienten ante las aventuras y desventuras de la patrulla canina más cool de la historia.

Una epidemia de gripe canina asola la ciudad de Nagasaki. Moquillo, mal genio, ladridos a todas horas y algún que otro mordisco donde no se debía. Los perros están desbocados. Ante tamaña crisis animal, y con cierto miedo a que la enfermedad se transmita al ser humano, el alcalde de la urbe dictamina la prohibición y el consiguiente exilio de todos y cada uno de los perros. Tanto mascotas como callejeros, todos los cánidos pasarán sus últimos días aislados en una isla colindante que hasta el momento había hecho las veces de basurero municipal. ¡Fuera pulgosos de nuestras vidas! ¡Larga vida al mundo gatuno! Pero como es normal ante este tipo de soluciones drásticas, las voces rebeldes no tardan mucho en aparecer y sus protestas, aunque no multitudinarias, se suceden. Por otro lado tenemos a Atari, un pobre chaval que lo único que quiere es recuperar a su perro desaparecido sea como sea.

Después de maravillar al gran público con El Gran Hotel Budapest y de llevarse unos cuántos premios de la Academia por el camino, Wes Anderson opta por una opción bastante arriesgada: volver al stop-motion. Aunque la decisión más fácil hubiese sido completar la trilogía aventurera formada por Moonrise Kingdom y El Gran Hotel Budapest, Anderson vuelve al terreno donde nos había entregado su mejor y más completa obra fílmica: Fantástico Sr. Fox.  Ni el despiporre de Los Tenenbaums: Una familia de genios, ni mucho menos la sobrevalorada Moonrise Kingdom. Hasta la fecha, esa bonita traslación del relato de Roald Dahl era la joya de su filmografía. Es necesario recalcar ese hasta la fecha, porque hoy es el día en que todo cambia. Ese altísimo nivel ha sido superado con Isla de perros. En esta epopeya canina, Anderson alcanza unas cotas de belleza absoluta que nos sume en un síndrome de Stendhal inaudito. La preciosidad del film es inigualable, desde los increíbles diseños de personajes y sus graciosas animaciones, hasta un cuidadísimo guión, repleto de buenos sentimientos y mil y una referencias cinematográficas de altura.

Sin huir de su característico mundo de fantasía, Anderson adopta una postura combativa a la que no nos tenía acostumbrados. Isla de perros es una poderosa metáfora de la situación actual que se vive en el Primer Mundo ante la realidad de la inmigración. No es difícil encontrar similitudes entre la manipulación informativa y gubernamental con la que se trata la epidemia perruna en la película con las conservadoras propuestas del régimen de Donald Trump ante los no caucásicos o el propio caso del Brexit. Aunque lejos de ahondar en la epidemia alt-right como sí está haciendo otro tipo de productos audiovisuales (Homeland, The Good Fight), Anderson decide no complicarse demasiado y opta por la colocación de un villano más o menos tradicional.

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Al igual que en sus películas con seres humanos de carne y pelo, el director ha sabido rodearse de un sinfín de caras (o voces) conocidas para dar vida a los perretes. Estrellas como Bryan Cranston (Breaking Bad), Liev Schreiber (Spotlight), Jeff Goldblum (Parque Jurásico) y, cómo no, dos rostros habituales de su cine: Edward Norton (Birdman) y Bill Murray (Lost In Translation) interpretan a unos perros con más carisma que Rin Tin Tin. Pero si alguien se lleva el gato al agua (¿alguien ha dicho gato?) esa es Scarlett Johansson (Under the Skin). Su interpretación vocal de Nutmeg, la perra modelo multidisciplinar, transmite a la perfección la esencia del cine de Anderson. Esa mezcla entre cool y resabidillo, de estar de vuelta y seguir siendo extremadamente gracioso. Todo con un deje y una cadencia sensual perfecta, marca Johansson. La Academia debería enmendar el error (o el vacío legal) de Her y nominarla este año. Igualmente geniales y tremendamente graciosas son las participaciones más anecdóticas, pero completamente robaescenas, de F. Murray Abraham (Amadeus) y Tilda Swinton (Solo los amantes sobreviven), otra musa andersoniana.

Isla de perros es un hito cinematográfico de esos que no ocurren todos los años. Una de esas cintas con las que la palabra delicia no hace méritos. Una verdadera obra de arte.

David Lastra

Nota: ★★★★★

[Crítica] Una vida a lo grande: Crecimiento personal en miniatura

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ElectionA propósito de Schmidt, Entre copas, Los descendientes, Nebraska. La carrera de Alexander Payne siempre ha estado caracterizada por un interés muy claro en ahondar en la naturaleza humana y la forma en la que nos relacionamos con la sociedad. Con su largometraje más reciente, Una vida a lo grande (Downsizing), el director originario de Nebraska ofrece su particular visión de la ciencia ficción con otra comedia de carácter existencialista llena de rostros familiares que presenta una premisa de lo más imaginativa.

Una vida a lo grande nos traslada a un futuro indeterminado en el que los científicos buscan la manera de afrontar los efectos del cambio climático y asegurar la preservación de la especie humana. El doctor Jorgen Asbjørnsen (Rolf Lassgård) realiza el hallazgo que cambiará el mundo para siempre: la forma de encoger a los seres humanos hasta una estatura de 12 centímetros. Este revolucionario avance científico se postula como la salvación de la humanidad, ya que permitirá ahorrar recursos, frenar la destrucción de la Tierra a manos del hombre y facilitar la mejora en la calidad de vida de aquellos que decidan someterse a la reducción de tamaño.

Diez años después del descubrimiento, reducirse empieza a ser habitual y el mundo se está adaptando a la nueva división entre grandes y pequeños. A pesar de sus reticencias iniciales, el matrimonio formado por Paul y Audrey Safranek (Matt Damon y Kristen Wiig), decide abandonar sus insatisfechas existencias a tamaño normal para reducirse y mudarse a Leisureland, lujosa comunidad en miniatura llena de sorpresas donde podrán vivir como si fueran millonarios. Allí, Paul cambiará por completo su manera de ver el mundo tras conocer a gente tan peculiar como Dusan (Cristoph Waltz) y Ngoc Lan (Hong Chau) y descubrir junto a ellos las rápidas y desalentadoras consecuencias que la reducción de personas tiene en la sociedad. Al fin y al cabo, el sistema está abocado a cometer los mismos errores, sea en el tamaño que sea.

La primera hora de Una vida a lo grande parece salida de la mente de Charlie Kaufman (guionista de Cómo ser John Malkovich, Adaptation., ¡Olvídate de mí! Anomalisa). El guion de Payne y Jim Taylor es creativo y sorprendente, llevando una premisa habitualmente reservada para el cine familiar o de aventuras al terreno de la comedia adulta, y aprovechándola para crear comedia visual inspirada y ocasionalmente subversiva e inquietante, gracias en parte a los llamativos efectos digitales. En la segunda mitad de la película, todo cambia. Una vida a lo grande no sigue el camino esperado, sino que se convierte en algo distinto, en una sátira ecológica, política y humanista difícil de predecir.

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Esto puede resultar en decepción para muchos espectadores, ya que las posibilidades narrativas y humorísticas que ofrecen Leisureland y el choque entre humanos grandes y pequeños se quedan sin explorar en profundidad, dejándonos con las ganas de ver más de la vida cotidiana a escala minúscula. En su lugar, Payne opta por contarnos la transformación social del mundo y el cambio interno del protagonista, un hombre pasivo que va modificando su perspectiva a medida que observa y descubre la nueva realidad a su alrededor, que evoluciona de forma más rápida que cuando tenía tamaño normal. Es decir, la historia de un hombre que tiene que empequeñecerse para crecer personalmente. Pero además, la película también pone patas arriba nuestras expectativas convirtiéndose en una inesperada y emotiva historia de amor que depara los momentos más tiernos y divertidos, casi todos gracias a la magnífica y enérgica interpretación de Hong Chau, la gran revelación del film.

Al final, Una vida a lo grande nos deja una afilada y melancólica reflexión sobre la humanidad y sus defectos, utilizando un concepto ambicioso de forma original y por momentos trascendente. Sí, es muy irregular, no aprovecha todo su potencial y quizá no sea la película que esperábamos, pero es la que Payne ha querido hacer, y su convencimiento no es precisamente pequeño.

Una vida a lo grande ya está disponible en Blu-ray y DVD de la mano de Paramount Pictures. La edición en Blu-ray incluye los siguientes contenidos adicionales:

-Trabajando con Alexander Payne
-Reparto
-Un viaje visual
-La importancia de la perspectiva
-Esa sonrisa
-Una preocupación global

Ingrid Goes West: La sátira de la era Instagram que merece todos nuestros likes

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Ingrid Goes West es una de las mayores joyas del cine independiente de la temporada pasada y la película ganadora a mejor opera prima de los más recientes Indie Spirit Awards, pero aun estaba inédita en nuestro país. El film dirigido por Matt Spicer ha salido a la venta en Blu-ray y DVD sin pasar por salas, pero que su lanzamiento directo a vídeo doméstico no os engañe, estamos ante uno de los títulos más interesantes del último año.

La película gira en torno a Ingrid Thorburn (Aubrey Plaza – Parks and Recreation), una joven solitaria que no tiene muy claros los límites entre la vida real y el ciberespacio. Recién salida del centro psiquiátrico donde fue internada por acosar a una chica, Ingrid vuelve a las andadas en cuanto puede loguearse de nuevo en Instagram. Allí encuentra a su nueva fijación, Taylor Sloane (Elizabeth Olsen – Vengadores: Infinity War), una exitosa influencer que, sin saberlo, comete el peor error de su vida: responder a un comentario de Ingrid en la red social. Esto da pábulo a una obsesión que llevará a Ingrid a mudarse a Los Ángeles para estar cerca de su nuevo ídolo y convertirse en su mejor amiga. La relación entre ambas se complicará, derribando la fachada de Ingrid, pero también la de Taylor, que oculta una vida solitaria y artificial detrás de su exitosa imagen pública.

Ingrid Goes West es una comedia negra divertidísima y muy afinada en su retrato del artificio de las redes sociales y cómo estas han modificado nuestro modo de mostrarnos, relacionarnos con los demás, y en definitiva, vivir. La figura de Ingrid es satírica y exagerada, pero no se aleja tanto de la realidad para la que ejerce de hipérbole. El culto a la fama (efímera), el narcisismo, la cultura de las apariencias, la superficialidad en la forja de amistades, la explotación comercial del yo o la sobreexposición de la vida privada son algunos de los elementos directamente asociados a Instagram que maneja la película y con los que muchos conviven a diario. Por eso, da igual lo rocambolesca que pueda resultar la historia de Ingrid y Taylor, está profundamente anclada en la realidad que vivimos actualmente.

El mayor acierto de la película es que, por muy oscuras o retorcidas que sean las situaciones que nos muestra, siempre sabe hallar el humor en la humanidad de sus personajes y la realidad que los/nos rodea, y además lo hace con mucha inteligencia. Ingrid es un personaje profundamente desequilibrado y potencialmente peligroso, en definitiva, una sociópata, pero Spicer siempre la trata con compasión, permitiéndonos empatizar con ella hasta quererla y dejando clara la dualidad que la define. Por un lado, está loca. Por otro, es una loca que tiene una preocupación con la que la mayoría podemos sentirnos identificados: necesita cariño, sentirse importante para alguien y dejar de sentirse sola.

ingrid-goes-westPlaza (que tras enamorarse del guion de Spicer, se comprometió como productora para sacar el proyecto adelante) construye al personaje con absoluta brillantez, haciendo gala de la personalidad marciana que siempre la ha caracterizado (carcajadas aseguradas con ella), pero dotándola de profundidad emocional, añadiendo capas y matices que convierten a Ingrid en su mejor interpretación hasta la fecha. Y junto a ella, un grupo de secundarios inmejorable, la revelación O’Shea Jackson Jr. (Straight Outta Compton), un Billy Magnussen (Into the Woods) completamente entregado y desatado, y por supuesto, Olsen, que enseña la otra cara de la moneda del universo instagrammer humanizando y elevando a un personaje con el que otros se habrían quedado en la superficie.

Ingrid Goes West es un trabajo cinematográfico sofisticado y estiloso, una película visualmente vibrante que nos presenta a un nuevo cineasta con las ideas muy claras, un sentido muy ácido de la comedia y, lo más sorprendente, un gran manejo de la tensión (ver cómo la farsa de la protagonista puede ser destapada en cualquier momento puede llegar a ser muy enervante). La historia de Ingrid es tremendamente divertida, pero está construida sobre un poso de tristeza que la convierte en algo más trascendental de lo que parece, una experiencia que nos empuja, sin adoctrinamiento o condescendencia, a mirarnos a nosotros mismos y reflexionar sobre en qué nos están convirtiendo las redes sociales. ¿La conclusión? #IAmIngrid

Ingrid Goes West ya está disponible en España en Blu-ray y DVD de la mano de Universal Pictures Home Entertainment. La edición en Blu-ray incluye los siguientes contenidos adicionales: Escenas eliminadas y alternativas y audiocomentario del director y Aubrey Plaza.

A Ghost Story: La eternidad y un día

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“Date tiempo, todo pasa”. “Todo es cuestión de tiempo”. El ser humano confía en el paso del tiempo como respuesta y solución a todos sus problemas. Con tiempo, el susodicho es capaz de curarlo absolutamente todo. Entre sus milagros se cuentan la sanación de catarros sin necesidad alguna de automedicarse o la conversión de una relación estival fallida en algo ilusorio, logrando una sensación cercana a la de una intoxicación tras un escape de gas. El tiempo lo cura y lo destruye todo. Pero a veces, el tiempo se toma su tiempo, como nos muestra David Lowery (Peter y el dragón) en A Ghost Story.

C y M viven en su casa en mitad de la nada. Equidistantes al bullicio urbano y a la naturaleza que les saluda cada mañana desde el patio trasero de la vivienda. No sabemos si se encuentran aislados de la sociedad o simplemente es una situación momentánea por el actual proceso creativo en el que está sumido C. Tampoco logramos averiguar si su relación está en su punto álgido o simplemente se están dejando llevar por la rutina. Algún que otro pequeño gesto nos hace elucubrar sobre la realidad de su amor, pero nunca lo sabremos a ciencia cierta porque les acabamos de conocer y antes de lograr juntar pruebas concluyentes, la existencia de esta joven pareja dará un giro de 180 grados.

¿Qué cantidad de tiempo tiene que pasar para olvidar a una persona y poder pasar página? ¿Cuánto tarda en borrarse la huella del cuerpo que dormía en el otro lado de la cama? ¿Vale por dos la intensidad o pesa más la duración? ¿Cincuenta y cinco días, con dos fiestas de guardar y un cumpleaños de por medio, es tiempo suficiente para curarse y volver a encontrar la ilusión perdida en un desconocido? Ni siquiera los todopoderosos gurús de Yahoo! Respuestas son capaces de llegar a un quórum. No existe una respuesta tipo a dicho problema, por lo que solo podemos recurrir a la perogrullada sobre las dotes curativas del tiempo.

Aunque sigan compartiendo plano existencial, C y M ya no están juntos. Cada uno de ellos lleva su afligimiento de manera diferente. Una se come con las manos una tarta vegana de chocolate en el suelo de la cocina. El otro opta por esconderse debajo de una sábana y observar su antigua vida desde la distancia. Poco a poco, comienzan a curarse, cada uno a su paso. La insoportable levedad de M comiéndose un postre con las manos muta en algún que otro escarceo nocturno y una liberadora puerta abierta. En cambio, la soledad del fantasma de fondo sigue ahí. Unos necesitan unas cuantas semanas, meses o años. Otros, la eternidad y un día.

A Ghost Story es una poesía fílmica sobre la compleja ecuación que relaciona el amor, la pérdida y el paso del tiempo. Tras abrazar las mieles de Disney con su bellísimo remake en clave folk de Pedro y el dragón Elliot, Lowery regresa con una película hecha con cuatro duros, extremadamente arriesgada, en la que vuelve a reunirse con los protagonistas de su aplaudida En un lugar sin ley, Rooney Mara (Carol) y Casey Affleck (Manchester frente al mar). Arriesgada por su valentía a la hora de mostrar qué ocurre con el amor el día después de una pérdida de una forma directa y fantástica. Sin caer en maniqueísmos o trucos de melodrama barato, Lowery logra emocionar al espectador, haciendo que las lágrimas y moqueos aparezcan a traición en el momento más insospechado.

a-ghost-story-posterArriesgada es igualmente la decisión del director de esconder al desaparecido bajo una sábana. Una representación fantasmagórica que parece recién sacada de la imaginación de un infante victoriano y que podría provocar las carcajadas de un espectador resabiado de este siglo. Pero lejos de rozar la histeria del absurdo, este fantasma de sábana con agujeros en los ojos es un acierto naif, tremendamente delicado que no hace sino que el espectador empatice aún más con él. Este acercamiento tan infantil otorga una inocencia inusitada a la presencia del C fantasma. Obviando un par de poltergeist más cercanos a las pataletas de llamada de atención de un niño que a un intento de hacer daño a M, el fantasma se presenta como un ente pasivo, con un hieratismo que ya le gustaría a su paisano Sin Cara. El fantasma de A Ghost Story no tiene una cadena al uso, como alguno de las representaciones de sus camaradas, pero sí que tiene otra mucho más pesada. C decide acurrucarse en su pérdida y no avanzar, ya que nadie le exige que avance. El problema, más bien la realidad, es que el tiempo va por libre y a medida que pasan los minutos fílmicos, los milenios comienzan a ser un decimal en el mundo de C. La rapidez del paso del tiempo sume al espectador en una congoja absoluta, consiguiendo que nos pongamos en los zapatos, o bajo la sábana, del fantasma y su desoladora respuesta ante la pérdida.

A diferencia de nuestros olvidados, A Ghost Story nos seguirá acompañando durante muchos años. Esta obra será una de las pocas que logre sobrevivir al puñetero e inexorable paso del tiempo.

David Lastra

Nota: ★★★★★

A Ghost Story ya está disponible en España en Blu-ray, DVD y digital de la mano de Universal Pictures Home Entertainment. La película incluye los siguientes contenidos adicionales:

-A Ghost Story y el inevitable paso del tiempo.
-Escenas eliminadas.
-Historia de una canción.
-Audiocomentario con el director David Lowery y parte del equipo técnico de la película.

Crítica: Proyecto Rampage

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No hay quien derribe La Roca. Dwayne Johnson es una de las superestrellas más grandes del mundo, y tanto Hollywood como él están sabiendo cómo sacarle provecho a su enorme tirón. El éxito de Jumanji: Bienvenidos a la jungla (la película más taquillera de la historia de Sony Pictures) fue la enésima prueba de que el público adora a The Rock y que The Rock mueve montañas. Ahora, el simpático y musculoso actor vuelve a coquetear con los animales salvajes en su nueva película, Proyecto Rampage, en la que se reúne con el director de aquella desmesurada locura que fue San AndrésBrad Peyton, para hacer… otra desmesurada locura.

En Proyecto Rampage, Johnson interpreta a Davis Okoye, un primatólogo que se sabe relacionar con los animales, pero no con las personas (tópico por antonomasia que da momentos muy simpáticos). Davis mantiene un vínculo especial con George, un inteligente gorila albino a quien ha cuidado desde que nació. Cuando un experimento genético sale mal, el apacible simio se convierte en un enorme y feroz monstruo. Por si eso no fuera suficiente, el mismo experimento ha creado otras mutaciones animales gigantes que se dirigen hacia Chicago, dejando un halo de destrucción y muerte a su paso. Con la ayuda de una ingeniera genética (Naomie Harris) y un agente del gobierno (Jeffrey Dean Morgan), Okoye deberá conseguir el antídoto para detener a los monstruos, frenar una catástrofe y recuperar a su querido amigo peludo.

proyecto-rampage-posterProyecto Rampage, basada en el mítico videojuego de los 80, es quizá una de las películas más claras y honestas acerca de lo que ofrecen al público. Estamos ante una película de monstruos y catástrofes de manual, una orgía estruendosa de acción, destrucción y violencia que apura al máximo la calificación PG-13 y en la que no importa tanto la lógica como la diversión. Y Proyecto Rampage ofrece de esto último a raudales. Tenemos a The Rock exudando carisma, monstruos gigantes, mucho humor y la enésima destrucción de una gran ciudad en el cine, ingredientes infalibles para realizar cine escapista, o de palomitas, como lo queráis llamar. No todas las películas que entran dentro de esta categoría funcionan por defecto, pero Proyecto Rampage sí lo hace. No importa lo tontísima que sea (y lo es, muy, muy, pero que muy tonta, y absurda hasta decir basta), la diversión está asegurada para aquellos que suelan disfrutar de este tipo de cine.

Pero dejémoslo más claro, Proyecto Rampage no es una buena película. De hecho, tiene diálogos para taparse la cara de vergüenza, cae constantemente en lo ridículo, cuenta con una villana lamentable (Malin Akerman, posible futura nominada al Razzie), un humor que por momentos incurre en el machismo y una trama que parece ideada por un niño de 8 años. Pero eso es justo lo que esperamos de ella, porque es justo lo que vende (menos lo del machismo, para eso no hay excusa). Proyecto Rampage es más San Andrés que Jumanji, otro colosal vehículo de lucimiento para The Rock que antepone la diversión y el espectáculo descerebrado a todo lo demás y descansa principalmente en los efectos visuales (brutales, la verdad) y en el encanto sin fin de su imponente protagonista, que no necesita retoques digitales para conquistar a la audiencia.

Pedro J. García

Nota: ★★½

Crítica: Brawl in Cell Block 99

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S. Craig Zahler sorprendió en 2015 con su opera prima, Bone Tomahawk, western atípico cargado de humor y violencia extrema con el que se ganaba (lógicas) comparaciones con Quentin Tarantino. Con su segunda película, Brawl in Cell Block 99, Zahler se consagra como uno de los cineastas más idiosincrásicos y prometedores del panorama actual. La película, protagonizada por Vince Vaughn, llega a España después de un recorrido repleto de excelentes críticas, coronada como una de las mejores películas de 2017 según numerosas publicaciones especializadas.

Brawl in Cell Block 99 narra el descenso a los infiernos de Bradley Thomas (Vaughn), un exboxeador metido a traficante de drogas que se ve obligado a sacar su lado más sádico y degenerado para salvar a su familia. Cuando es encarcelado tras una operación fallida, Bradley recibe un encargo desde dentro de la cárcel, matar a un hombre que se encuentra aislado en la prisión de alta seguridad a cambio de la vida de su mujer (Jennifer Carpenter) y su hija, que aun no ha nacido. Dispuesto a derribar los muros y machacar (literalmente) a las personas que se pongan en su camino, Bradley se embarca en un brutal viaje a través del sistema penitenciaro que culminará en el bloque de celdas 99, donde le aguarda su prueba final.

En Bone Tomahawk, Zahler ya llevaba a acabo un alarde de violencia explícita como pocos se habían visto recientemente (grabada a fuego se queda una de las muertes más despiadadamente gráficas de la historia del cine, salida directamente de un matadero), pero Brawl in Cell Block 99 lo lleva un paso más allá y se recrea aun más en el contenido gráfico, evocando sin ningún tipo de dudas al cine exploitation y el grindhouse, género que vivió su mayor época de esplendor en los 70. Brawl recuerda a ese tipo de cine, directo, simple, contundente, basado más en el impacto y la casquería que en la profundidad psicológica, pero a su vez, tremendamente eficaz.

brawl-in-cell-block-99-blu-rayLo que hace que Brawl in Cell Block 99 se tenga en pie es principalmente su interpretación protagonista. Quién me iba a decir que algún día acabaría alabando a Vince Vaughn, pero lo cierto es que lleva a cabo un trabajo soberbio interpretando a un hombre íntegro, de fuerte presencia física y resistencia, cuya sensibilidad y apego familiar resultan sinceros y creíbles. Vaughn, que va mutando en Bruce Willis a medida que va avanzando el metraje, sobresale con el que es el mejor papel de su carrera, un héroe roto pero íntegro que haría (y hace) cualquier cosa por salvar a su familia.

Con una tensión continuamente in crescendo, escenas realmente impactantes y golpes de hiperviolencia a cada giro que damos en la prisión (huesos rotos, cráneos aplastados, decapitaciones…) esta no es una película apta para todos los públicos, pero sí un título imprescindible para los fans de los thrillers exploitation y el cine de medianoche.

Brawl in Cell Block 99 ya está disponible en España en Blu-ray y DVD de la mano de Sony Pictures Home Entertainment.

Reseña Blu-ray: Jumanji: Bienvenidos a la jungla

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El caso de Jumanji es curioso. La película dirigida por Joe Johnston fue acribillada por la crítica en su estreno en 1995, pero la gran acogida del público la acabó llevando a ingresar en la cultura popular como una de las cintas para toda la familia más emblemáticas de la época. Su éxito (recaudó 264 millones de dólares en todo el mundo) fue el resultado de una feliz sinergia de elementos: la fuerte demanda de cine de aventuras con animales tras el pelotazo de Parque Jurásico, el boom de los efectos digitales (irrisoriamente primitivos vistos ahora, menos en el caso de los monos, que ya eran lo peor en su día) y Robin Williams en la cima de su popularidad noventera. Jumanji se estrenó en el mejor momento posible, y esto la ayudó a convertirse en uno de los acontecimientos cinematográficos que definieron a la generación que creció en los 90.

Sin embargo, la película no consiguió hacer despegar una franquicia, como por momentos pareció ser la intención. Sí, hubo una serie animada y una más que estimable secuela espiritual, Zathura, pero la cosa se quedó ahí. Hasta 2017. El año pasado Sony Pictures vio el filón de la nostalgia y decidió aprovecharlo presentando su reboot de Jumanji. La noticia no fue recibida con el mismo nivel de virulencia que la nueva Cazafantasmas, pero sí se encontró con el rechazo de un público que tenía a la original en más alta estima de lo que creíamos. La cosa empeoró cuando se desveló la premisa: en lugar de un juego de mesa, Jumanji pasaba a ser un videojuego. ¡Horror, sacrilegio, infancia arruinada! Por todo esto, el temido reboot tenía todas las papeletas para ser un desastre, pero contra todo pronóstico, ha acabado revelándose como una de las sorpresas de la temporada.

Jumanji: Bienvenidos a la jungla, que es como se llama el invento, es muy diferente a la original. No se limita a repetir la jugada, sino que se configura a modo de secuela actualizadora para millennials y niños. Como adelanta el título, la acción se traslada enteramente a la jungla, es decir, al interior de Jumanji. Cuatro estudiantes de personalidades dispares son castigados a pasar el día limpiando el sótano del instituto, donde encuentran una antigua consola y un misterioso cartucho. Cuando inician una partida de la versión en videojuego de Jumanji, son absorbidos y transformados en avatares con identidades y habilidades radicalmente distintas a las de sus vidas reales. Juntos deberán emprender una peligrosa aventura resolviendo puzles, enfrentándose a enemigos mortales y avanzando de nivel hasta llegar al jefe final (Bobby Cannavale), contra el que deberán luchar para ganar la partida y evitar quedarse atrapados en el juego para siempre.

Dejando atrás el tablero, Jumanji: Bienvenidos a la jungla se presenta como un homenaje paródico a los 16-bits en el que el lenguaje de los videojuegos (las vidas, los tutoriales, los menús de selección, los power-ups, las secuencias cinemáticas…) proporciona una forma muy creativa de construir la aventura (aunque sea haciendo trampa, esta es una película de videojuegos que sí funciona) y la nostalgia se maneja con sorprendente acierto y mesura. Aunque técnicamente estamos ante una secuela, la nueva Jumanji evita caer en el error de la réplica y encuentra su propia voz, demostrando que tiene muy clara tanto su (nueva) personalidad como la época en la que le ha tocado vivir. Y esa época pertenece a una de las mayores estrellas del cine comercial y posible futuro presidente de los Estados Unidos, Dwayne Johnson. Si su anterior reboot, Baywatch, fallaba por completo en todo lo que se proponía, Jumanji da en la diana, y es en gran medida gracias a él. Verlo interpretar a un nerd enclenque y asustadizo atrapado en la montaña de músculos que es The Rock es una de las mayores atracciones de la película.

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Johnson está más gracioso que nunca (carcajada segura cada vez que redescubre asombrado sus bíceps), pero no está solo. Lo acompañan dos pesos pesados de la comedia generalista, Kevin Hart y Jack Black, que cumplen a pesar de que su histriónico humor pueda sobrecargar a muchos (quien esto escribe incluido), y la escocesa Karen Gillan, actriz todoterreno que demuestra sus excelentes dotes para la comedia y la acción protagonizando algunos de los mejores combates de la película y sacando el máximo partido de un personaje poco agradecido (construido para criticar estereotipos en los que en un momento u otro acaba cayendo). La dinámica que crea el cuarteto protagonista (quinteto contando a un más que decente Nick Jonas, que se incorpora al grupo a mitad de la aventura) es el principal motor cómico y emocional del film. Hay tanta química entre todos ellos que da igual que el argumento no sea nada del otro mundo o que algunas subtramas no terminen de cuajar. Al final (y al principio), lo importante es pasárselo bien, y todos se aseguran de que así sea.

Jumanji: Bienvenidos a la jungla no es ninguna maravilla (la original tampoco lo era, aunque nos encantase, a mí el primero), de hecho es más bien una tontería, pero es más que digna como cine familiar y entretenimiento ligero para las vacaciones. Divertida, simpática, con abundantes gags eficientes (sobran un par de chistes sobre lo que mola tener pene, eso sí) y diálogos más ingeniosos de lo que parece, secuencias de acción resultonas (atención al set piece del helicóptero, brutal) y encima, corazón. Porque afortunadamente, la película no deja nunca de apoyarse en los personajes para crear los conflictos, resolverlos ensalzando el trabajo en equipo y, durante su emotivo final, dejarnos con un apropiado mensaje sobre la amistad y la importancia de abandonar nuestros miedos y prejuicios para atrevernos a ser quienes realmente queremos ser.

Es decir, lo que prometía enfadar a la audiencia ha acabado haciendo todo lo contrario, ser un crowdpleaser de manual. Al no tomarse demasiado en serio y carecer de mayores pretensiones que hacer pasar un buen rato, Jumanji: Bienvenidos a la jungla invita a relajarse y disfrutar de la partida.

Reseña Blu-ray

jumanji-bienvenidos-a-la-jungla-4k-amazonJumanji: Bienvenidos a la jungla no solo sorprendió las pasadas navidades al ser mucho mejor de lo que esperábamos, sino que se convirtió en uno de los mayores éxitos de taquilla de la historia de Sony Pictures, concretamente su quinta película de mayor recaudación, solo superada por cuatro entregas de Spider-Man. Lo suyo tiene más mérito si tenemos en cuenta que competía directamente con Star Wars: Los últimos Jedi, lo que no le impidió lograr el número 1 y conservarlo tres semanas consecutivas.

Teniendo en cuenta esto, no es de extrañar que el lanzamiento doméstico de la película sea también por todo lo alto. Sony Pictures Home Entertainment publica Jumanji: Bienvenidos a la jungla en ocho ediciones en formato físico: DVD, Blu-ray, Edición metálica 4K UHD (1 disco) exclusiva de Amazon, Edición metálica 3D + Blu-jumanji-bienvenidos-a-la-jungla-metalica-limitada-blu-rau-3dray, Edición combo DVD + Blu-ray + Juego plegable exclusiva de El Corte Inglés, Edición 4K UHD + Blu-ray, y por último, dos packs en DVD y Blu-ray con la película original y la secuela.

La edición que yo he recibido es el steelbook 4K Ultra HD exclusivo de Amazon. El diseño del estuche metálico es estupendo, con una portada distinta a la del póster promocional que se ha usado para la edición 3D+Blu-ray y sin el título en portada (en el lomo sí aparece). Lo malo de esta edición es que solo incluye el disco en 4K y no lleva extras, por lo que si no tenéis reproductor de Ultra HD, quizá la mejor opción para coleccionistas sea la edición metálica limitada no exclusiva, que incluye el Blu-ray con los siguientes contenidos adicionales:

-Tomas falsas.
-Conoce a los jugadores: un reparto heroico.
-Sobrevivir en la jungla: escenas de riesgo espectaculares.
-Jumanji: video musical.
-El ataque de los rinocerontes.
-Viaje por la jungla: así se hizo Jumanji
-Del libro a juego de mesa a la gran pantalla y más allá. ¡Celebramos el legado de Jumanji!

Aun así, cualquiera de los dos steelbooks limitados es una buena opción para acompañar en la estantería a nuestra edición metálica de la Jumanji original, que fue editada coincidiendo con el estreno en cines de la secuela. Arriba podéis ver los dos diseños para ayudaros a elegir.

Jumanji: Bienvenidos a la jungla sale a la venta el 13 de abril.

Crítica: Inmersión

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Wim Wenders, director de clásicos del cine como El cielo sobre BerlínParís, Texas, continúa tan prolífico como siempre. En las últimas décadas, el realizador alemán ha dedicado gran parte de sus esfuerzos artísticos al documental, incluyendo tres largometrajes pertenecientes a este género nominados al Oscar (Buena Vista Social ClubPinaLa sal de la Tierra), pero recientemente se ha vuelto a concentrar en la ficción. Tras su experimento 3D con James Franco, Todo saldrá bien, y el drama Los hermosos días de Aranjuez, Wenders regresa con Inmersión (Submergence), romance protagonizado por dos de las estrellas del momento, Alicia Vikander y James McAvoy.

Co-producción internacional rodada en Francia, Alemania, Djibuti y EspañaInmersión es una historia de amor con tintes de suspense y política que nos sumerge en las vidas de la biomatemática Danielle Flinders (Vikander) y un agente del servicio secreto británico, James More (McAvoy), dos jóvenes europeos que se conocen por casualidad en un hotel de la costa normanda mientras se preparan para sendas misiones. Ella se dispone a descender a lo más profundo del océano en busca del origen de la vida en nuestro planeta, mientras que él forma parte de una operación en Somalia, donde sigue el rastro de una red de terroristas suicidas que están actuando en Europa. Durante su estancia en la costa de Francia, ambos se enamoran perdidamente, sin embargo, sus destinos los llevan por caminos distintos. Mientras Danielle se adentra en el océano, James es apresado por los yihadistas. Separados y sin forma de saber si el otro está vivo, los dos tratarán de sobrevivir con la motivación de volver a verse algún día.

Inmersión cuenta con una baza principal: la presencia y el atractivo de su pareja protagonista. Vikander y McAvoy no tienen demasiada química (nos imaginamos a Michael Fassbender, marido de ella y amigo de él, presionándolos con la mirada desde una esquina del rodaje… solo por darles una excusa), pero sí suficiente talento como para sostener el peso de sus respectivos segmentos. Después de presentarlos y enamorarlos, Wenders los mantienen separados la mayor parte del metraje, y aunque esto puede resultar algo frustrante, es quizá lo mejor, porque cuando están juntos, la historia resulta menos interesante. Las chispas no saltan y los encuentros carnales resultan incómodos.

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Es McAvoy quien destaca de la pareja. El actor británico ya ha demostrado en numerosas ocasiones su talento y carisma delante de la cámara, y en Inmersión vuelve a hacerlo. De hecho, su interpretación se eleva por encima de la película, otorgándole la dignidad y profundidad que Wenders no ha conseguido alcanzar. La entrega de McAvoy, tanto en lo emocional como en lo físico, es lo que hace que Inmersión merezca la pena. Él es quien hace que nos creamos el amor que hay entre James y Danielle (por muy cursis y ridículos que lleguen a ser los diálogos entre ellos), y que en última instancia deseemos su reencuentro. A pesar de su inconsistencia en tono y estructura, ese deseo es lo que atrapa y nos ayuda a mantener el interés.

Wenders ha orquestado una película de buena factura visual, intermitentemente interesante y ambiciosa en concepto. Una obra que fusiona romance, ecología, terrorismo, existencialismo y espionaje, pero que no logra la trascendencia en ninguno de sus aspectos, aunque la roce por momentos. Inmersión es la prueba de que James McAvoy es uno de los mejores actores de su generación, y de que Wim Wenders quizá debería volver a centrarse en el documental.

Pedro J. García

Nota: ★★★