Crítica: El aviso

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Ocurrió un día cualquiera… Esos son los peores. No esperas nunca que en un día cualquiera ocurra ningún acontecimiento. Eso debería estar reservado para los días especiales. Aquellos que están marcados en la agenda con rojo o con mil y una alarmas en el móvil. Pero lo queramos o no, la mayor parte de las cosas pasan los días cualquiera. ‘Shit happens’ que dirían en el Peñón o ‘cést la vie’ que cantaban Encarna y Toñi.

Uno de esos días cualquiera Jon (Raúl Arévalo, La isla mínima) ve cómo disparan a su mejor amigo (Aitor Luna, Mi panadería en Brooklyn) en una gasolinera. Así, de buenas a primeras, un día cualquiera, su vida se va a la mierda. Realmente, si nos ponemos estrictos, la existencia de Jon ya se había visto trastocada anteriormente con un ingreso hospitalario y con la consiguiente fuga de su interés amoroso (Belén Cuesta, La llamada) a los brazos del hombre que actualmente se desangra en el suelo. Pero eso es agua (no tan) pasada, eso fue cosa de otro día cualquiera. El que hoy nos ocupa es el del crimen de la gasolinera. El culmen de la mala leche, del estar en el momento justo en el lugar menos indicado. Casualidades de la vida… o no tan casuales como puedan parecer de primeras. Ese es el potente punto de partida de El aviso, la nueva película de un director cuyo apellido es casi tan potente como sus obras, Daniel Calparsoro.

Cierto sentimiento de culpa y una gran predisposición a la obsesión y a las matemáticas, harán que Jon se dedique a investigar el crimen que tiene la vida de su amigo en jaque. Cual Jughead Jones castizo, Jon pone en marcha mil y una teorías sobre lo que puede haber ocurrido… bueno, realmente solo tiene una sobre muertes a lo largo de los años, que encuentra de chiripa y que parece ser la acertada. Esta irreal situación no es ningún problema, ya que como espectadores avezados de thrillers y demás cintas de género, estamos acostumbrados a dejarnos llevar ante alguna que otra virguería o giro de guión para que todo siga su curso… y eso es lo que hacemos con El aviso. Una y otra vez. Escena a escena, salto temporal a salto temporal… Hasta que nos cansamos. Incluso el espectador más permisivo tiene un tope y El aviso los supera todos.

El aviso intenta ser un sesudo e inteligente tour de force y es esa intensidad la que le hace caer con todo el equipo. Esa gravedad hace que las costuras de su flojísimo guión queden aún más patentes y que las interpretaciones rocen el ridículo. Un mal que aqueja al cine español desde tiempos inmemoriales que parecía haberse resuelto gracias a notables cintas como Que Dios nos perdone de Rodrigo Sorogoyen, La isla mínima de Alberto Rodríguez o Tarde para la ira, del propio Arévalo, pero que de vez en cuando seguía haciendo acto de presencia con horrores infumables como Secuestro de Mar Targarona. Incluso el propio Calparsoro había puesto su granito de arena con su no-tan-genial-como-parece Cien años de perdón, pero con esta El aviso ha caído al lado oscuro.

el-aviso-posterResulta cuanto menos llamativo que un director tan curtido en el género como él (no olvidemos que es el padre de dos de las cintas españolas más potentes de los últimos treinta años: Salto al vacío y Asfalto) no sepa lidiar con ello de manera satisfactoria, no logrando sacar jugo a tres de los actores más en forma del momento. Arévalo salva la papeleta haciendo lo que puede con el sinsentido de su protagonista, pero Aura Garrido (El ministerio del tiempo, Stockholm) naufraga totalmente en su papel, con un acentazo chulesco que aparece y desaparece dependiendo de la escena. Por su parte, Belén Cuesta se dedica a hacer una de las mejores cosas que sabe hacer: llorar. Lo cual no sería ningún problema si hiciese algo más, pero no. Su personaje no tiene mayor profundidad. Ella llora, nada más.

El aviso no solo no hace mérito para luchar en la candidatura de thriller del año, sino que comete un crimen aún más atroz: no entretener al espectador… y eso que casi no supera ni la hora y media de duración.

David Lastra

Nota: ★

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