Crítica: Tomb Raider

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Tras la aparición del primer juego de la serie Tomb Raider en 1996, Lara Croft se convirtió en un icono para toda una generación. En un universo dominado por los hombres, la arqueóloga británica pasaba a ser una de las heroínas favoritas de los aficionados a los videojuegos, gracias a la combinación de aventura en 3D, puzles y acción que ofrecían sus juegos, y por supuesto, a sus curvas imposibles. En 2001, Angelina Jolie dio vida a Lara Croft en la primera adaptación para el cine de la franquicia, a la que sucedió una secuela dos años después. El personaje se había grabado a fuego en la retina de los espectadores como una mujer de físico explosivo diseñada para satisfacer a la mirada masculina heterosexual, pero los tiempos cambian, y Tomb Raider pedía una actualización. Sucedió en 2013, con el reboot para plataformas que nos presentaba a una nueva Lara, más joven y con proporciones físicas más reales. En esta Lara Croft se basa la nueva reinvención del personaje para el cine, protagonizada por la oscarizada Alicia Vikander.

Titulada simplemente Tomb Raider, la nueva película de la franquicia pulsa el reset para empezar desde el principio y volver a narrarnos los orígenes del personaje. En el film dirigido por Roar Uthaug (La ola) nos encontramos a una Lara más inexperta, una joven de 21 años con un gran potencial, pero mucho que aprender. Siete años después de la misteriosa desaparición de su padre (Dominic West), la chica se niega a aceptar su muerte y tomar las riendas de su multimillonaria empresa para forjar su propio destino, pero en su lugar, vive sin propósito, saliendo a flote a duras penas con un trabajo de mensajera en bicicleta. Todo cambia cuando encuentra una pista de su padre que la lleva a embarcarse junto a un aliado, Lu Ren (Daniel Wu), en una aventura en busca de su último paradero conocido: una isla mítica de la costa de Japón en la que se halla la tumba de la reina chamán conocida como Himiko. Allí, Lara tendrá que enfrentarse a enormes peligros y resolver enigmas imposibles para llegar a la verdad.

La nueva Tomb Raider en realidad tiene poco de nuevo. Pero esto no es necesariamente malo. Se trata de una aventura clásica al más puro estilo Indiana Jones, en la que se puede detectar claramente el espíritu del videojuego en el que se basa, de las acrobáticas escenas de acción a la presencia de numerosos acertijos y puzles que hacen que por momentos sintamos que tenemos el mando de la consola en nuestras manos. La película no se caracteriza por su originalidad o profundidad, pero da lo que promete y cumple como cine escapista. Contra todo pronóstico, Tomb Raider es divertida, tiene escenas de acción muy, pero que muy potentes (destacan la adrenalínica carrera en bici del principio, el espectacular naufragio, la persecución en el puerto o el escape de Lara en el río a su llegada a la isla) y nos presenta a una protagonista terca, independiente y carismática a la que queremos seguir. Sí, su argumento es una amalgama de clichés del cine de aventuras, su villano (Walton Goggins) es el típico megalómano subdesarrollado como personaje, la trama tiene más agujeros que un emmental y la película tiene sus bajones de ritmo. Pero la mayor parte del tiempo entretiene, y mucho, que ya es más de lo que algunos esperábamos.

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Eso sí, la principal razón por la que la nueva Tomb Raider sale a flote es la elección de su protagonista. Alicia Vikander se revela como una Lara Croft ideal. Aunque no es un personaje especialmente complejo o trascendente, la actriz sueca dota de humanidad al personaje, además de estar a la altura del enorme reto físico que supone. Esta Lara Croft es más real y cercana, despierta empatía, se aleja del arquetipo del héroe sobrehumano que esquiva balas como Neo y no se hace ni un rasguño para, en su lugar, sufrir de lo lindo. Lara se hace daño, gruñe, grita, se golpea, se cae, se vuelca en el barro, y se levanta una y otra vez para que le vuelvan a echar encima lo que sea. En definitiva, Lara es humana, a pesar de que acabe protagonizando escenas de acción tan inverosímiles que sea necesario hacer un gran ejercicio de suspensión de la incredulidad. Pero es que ese tipo de set pieces exagerados, esas catástrofes de las que nadie podría salir vivo, esa imposibilidad forma parte del ADN del cine clásico de aventuras, y de las películas de Indiana Jones en concreto, lo que le da un encanto vintage a la cinta que hace más fácil pasarle por alto los defectos y dejarse llevar.

Tomb Raider es más bien genérica, pero también eficiente, cuidada en el aspecto técnico, y si no se le exige demasiado, muy disfrutable. La primera aventura de la nueva Lara Croft deja suficientes cabos por atar para que haya una continuación, y todas las que la taquilla permita. Manteniendo el espíritu de esta entrega y con Vikander en la piel del personaje, la franquicia tiene muchas posibilidades.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Lo mejor: Alicia Vikander, sin duda.

Lo peor: Falta representación femenina. Sí, la película está protagonizada por una mujer fuerte (que además no está hipersexualizada ni objetificada, lo cual es un gran avance), pero el reparto es 98% masculino, un porcentaje inaceptable.

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