Crítica: The Florida Project

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Sean Baker es actualmente uno de los realizadores más a tener en cuenta del panorama del cine independiente estadounidense. Habitual del circuito festivalero, el cineasta neoyorquino se convirtió en revelación internacional con su quinta película, Tangerine, conocida sobre todo por la llamativa particularidad de que fue filmada íntegramente en iPhone 5. La avalancha de reconocimientos, premios y buenas críticas que le brindó este film hizo posible su siguiente proyecto, The Florida Project, un trabajo extraordinario en todos los aspectos.

The Florida Project está contada a través de la inquieta y pícara mirada de Moonee (el torbellino Brooklynn Prince), una niña de seis años que vive con su madre, Halley (Bria Vinaite, descubierta a través de Instagram), en el Magic Castle, motel barato situado a las afueras de Orlando, cerca de Disney World. Bajo la resignada supervisión del gerente del motel (Willem Dafoe), lo más parecido a una figura paterna para ella, acompañamos a la pequeña y a sus nuevos amigos en sus travesuras durante un inolvidable verano, mientras su madre intenta sacar dinero de donde puede para no acabar en la calle.

Imbuida de un marcado espíritu pop y repleta de hallazgos visualesThe Florida Project utiliza el optimismo y el humor para contar una historia luminosa pero descorazonadora y concienciar sobre la pobreza y la indigencia oculta en Estados Unidos. Favoreciendo la improvisación, haciendo gala de una energía y naturalidad contagiosas y a caballo entre el realismo crudo y el realismo mágico, Baker da forma a un relato profundamente emotivo y poderoso sobre la infancia que cobra vida gracias a la espontaneidad y la fuerza dramática de Brooklynn Prince, sin la que la película no sería lo que es.

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En el maravilloso mundo de Moonee es fácil encontrar la belleza y la magia de lo ordinario, los colores más chillones cubren la mugre, los extraños son personajes de nuestro cuento y una casa abandonada es un castillo a nuestra disposición. Pero todo esto sirve para subrayar la devastadora realidad que rodea la burbuja de su niñez, la verdad que nos recuerda constantemente la tristísima mirada de un magnífico Willem Dafoe: una situación de precariedad económica y abandono a las puertas del “lugar más feliz de la Tierra”.

La historia de Moonee y Halley abre los ojos a un problema más extendido de lo que pensamos, a la necesidad de proteger a la infancia desfavorecida y a la juventud abandonada. Pero este no es un drama social al uso, The Florida Project duele, pero también es una película divertida, esperanzadora, visualmente deslumbrante y de belleza conmovedora, una obra casi perfecta que encuentra la luz en la oscuridad y confirma a Baker como uno de los directores más innovadores e interesantes de su país.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

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