Crítica: Sin amor

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El ruso Andrey Zvyagintsev debutó en 2003 con El regreso, impresionante opera prima que le sirvió para erigirse como uno de los cineastas europeos más interesantes y de mayor proyección del momento. Sus siguientes obras confirmaron su talento para contar historias descorazonadoras y adentrarse en los vericuetos más sombríos del ser humano, además de un virtuosismo técnico y una seguridad tras la cámara propia del mayor de los veteranos. En 2014 llegó Leviatánsu primer trabajo nominado al Oscar a Mejor película de habla no inglesa, doloroso drama sobre el sufrimiento y la impotencia ante la corrupción del sistema que lo consagró internacionalmente. Y este año se vuelve a superar con la desgarradora Sin amor, con la que ha obtenido su segunda candidatura a los premios de la Academia.

Si bien estamos hablando de un realizador que ya desde su primera película mostraba un dominio de la narración, el compás y la puesta en escena que muy pocos poseen en los inicios de su carrera, con Sin amor Zvyagintsev perfecciona su estilo personal para dar con su cinta quizá más redonda hasta la fecha. En ella, el director disecciona la vida de una pareja en medio de un divorcio que se ve obligada unir fuerzas para encontrar a su hijo desaparecido, un niño que, ante la indiferencia y el desdén de sus padres, se ha visto obligado a crecer sin afecto. La desaparición de Alyosha (Matvey Novikov) da pie a un amargo e intenso estudio sobre dos personas dominadas por el egoísmo y la frustración que provoca una desazón que cala en los huesos como el peor de los fríos.

si-amor-posterCon esta película, Zvyagintsev compone otro puzle por capas sobre las miserias de la sociedad y el ser humano tan certero e implacable en su retrato de la desconexión y la mezquindad de sus sujetos que nos hace desear nuestra extinción. Contemplar a los padres de Alyosha, y en especial a su madre, interpretada de forma sublime por Maryana Spivak (una actriz que merecía mayor reconocimiento por este papel), supone un ejercicio de resistencia, tan despiadado como fascinante. A medida que la historia avanza, la angustia y la tensión van aumentando con el pulso del thriller más hipnótico y visceral, hasta estallar en un clímax sobrecogedor con el que Zvyagintsev se asegura de dejar huella en su audiencia, además de unos cuantos interrogantes que prometen atormentarnos durante un tiempo.

Sin amor es un trabajo cinematográfico de una precisión que abruma, tanto en la exploración psicológica que Zvyagintsev lleva a cabo con sus personajes, como en la maestría con la que el director narra la historia y compone las imágenes, dando lugar a una obra poderosísima en todos los sentidos, un trabajo cinematográfico impecable que atrapa y golpea fuerte con su hermosa crueldad.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

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