Crítica: Los archivos del Pentágono

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Tras más de cinco décadas en el mundo del cine, Steven Spielberg da pocos pasos en falso, seguridad que se manifiesta en la rapidez con la que completa proyectos, sin importar su envergadura. La etapa más reciente del laureado director (y simplificando mucho, toda su trayectoria) se puede dividir claramente en dos grandes categorías: cine para toda la familia y cine (llamémoslo) “adulto”. Tras el pequeño traspiés de Mi amigo el gigante, con la que trataba de recuperar el espíritu de sus cintas fantásticas de los 80, Spielberg vuelve al drama histórico y reivindicativo con Los archivos del Pentágono (The Post), otro trabajo pulcro y minucioso que se suma a su casi irreprochable filmografía.

Spielberg nos lleva hasta 1971 para reconstruir una serie de acontecimientos que marcaron un antes y un después en el ámbito de la información en Estados Unidos, y que a día de hoy resultan de rabiosa actualidad. Cuando el New York Times publicó fragmentos de los documentos confidenciales del Pentágono que destapaban secretos del gobierno sobre la guerra de Vietnam, el director del Washington Post, Ben Bradlee (Tom Hanks) inició su propia búsqueda para dar con los archivos y relanzar con ellos su medio en decadencia. Una vez adquiridos, Bradlee tomó la decisión, junto a su redacción y la dueña del Post, la que fuera la primera mujer editora del periódico, Katharine Graham (Meryl Streep), de seguir los pasos del Times publicando más información confidencial comprometida. El Post se sumaba así a un movimiento decisivo contra la Administración Nixon, que en un acto sin precedentes, intentó restringir la primera enmienda para salvaguardar su imagen.

Los archivos del Pentágono llega precedida de numerosas nominaciones y reconocimientos de la crítica, pero su mayor reclamo es sin duda su espectacular y multitudinario reparto, repleto de grandes talentos televisivos (Carrie Coon, Bob Odenkirk, Bradley Whitford, Zach Woods, Alison Brie, David Cross o Sarah Paulson), con la presencia del amuleto de la suerte del cine de 2017, Michael Stuhlbarg (que participa en otras dos favoritas de la temporada de premios, Call Me by Your NameLa forma del agua), y encabezado por los infalibles Meryl Streep y Tom Hanks, pesos pesados de Hollywood que trabajan juntos con Spielberg por primera vez, todo un acontecimiento para cinéfilos. Y el resultado de tan fastuosa colaboración es, como era de esperar, excelente. Ambos llevan a cabo una portentosa demostración de sus talentos, pero es Streep quien vuelve a eclipsar a los demás con otro de sus magistrales recitales interpretativos, todo matices y con el equilibrio perfecto entre humor, fuerza y sensibilidad.

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Su Kay Graham es quizá el personaje más importante del film, una mujer vulnerable pero motivada que se encuentra con la desconfianza y el escepticismo de sus altivos colegas masculinos al situarse en posición de poder tras el suicidio de su marido. Es en su lucha por tomar el control de su negocio y hacerse escuchar donde encontramos uno de los temas que resultan más oportunos en el actual clima de lucha por la igualdad y denuncia del sexismo, la reivindicación del papel de la mujer en la historia. Y de igual vigencia es el tema principal que vertebra la película, la defensa de la libertad de prensa, que se traduce en una oda apasionada a la profesión del periodista, el proceso mediante el cual la información llega a los ciudadanos y el poder de la información para cambiar el sistema. Con Donald Trump en la Casa Blanca, es más importante que nunca recordar que “la prensa no está al servicio del gobierno, sino de los gobernados”, y eso es justamente lo que hace Spielberg, lanzando así una indirecta muy directa al actual presidente de los Estados Unidos.

Los archivos del Pentágono no es una película perfecta. Aunque su bloque central puede llegar a ser trepidante, al principio cuesta entrar, y en su recta final, el Spielberg más Frank Capra (el de El puente de los espías) vuelve a pecar de efectista y sensiblero, en su empeño clasicista de cerrar sus historias con un lazo en forma de reflexiones que hacen el trabajo por el espectador y restan algo de veracidad al conjunto. Pero aparte de ser “muy Spielberg” (y esto no es necesariamente negativo, como tampoco sorprendente), de poco más se puede culpar a Los archivos del Pentágono, una película estimulante, de precisión clínica y relevancia sociopolítica, que además nos deja planos que nos recuerdan por qué amamos el cine de Spielberg y por qué necesitamos seguir creyendo en sus ideales.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

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