Crítica: Sin amor

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El ruso Andrey Zvyagintsev debutó en 2003 con El regreso, impresionante opera prima que le sirvió para erigirse como uno de los cineastas europeos más interesantes y de mayor proyección del momento. Sus siguientes obras confirmaron su talento para contar historias descorazonadoras y adentrarse en los vericuetos más sombríos del ser humano, además de un virtuosismo técnico y una seguridad tras la cámara propia del mayor de los veteranos. En 2014 llegó Leviatánsu primer trabajo nominado al Oscar a Mejor película de habla no inglesa, doloroso drama sobre el sufrimiento y la impotencia ante la corrupción del sistema que lo consagró internacionalmente. Y este año se vuelve a superar con la desgarradora Sin amor, con la que ha obtenido su segunda candidatura a los premios de la Academia.

Si bien estamos hablando de un realizador que ya desde su primera película mostraba un dominio de la narración, el compás y la puesta en escena que muy pocos poseen en los inicios de su carrera, con Sin amor Zvyagintsev perfecciona su estilo personal para dar con su cinta quizá más redonda hasta la fecha. En ella, el director disecciona la vida de una pareja en medio de un divorcio que se ve obligada unir fuerzas para encontrar a su hijo desaparecido, un niño que, ante la indiferencia y el desdén de sus padres, se ha visto obligado a crecer sin afecto. La desaparición de Alyosha (Matvey Novikov) da pie a un amargo e intenso estudio sobre dos personas dominadas por el egoísmo y la frustración que provoca una desazón que cala en los huesos como el peor de los fríos.

si-amor-posterCon esta película, Zvyagintsev compone otro puzle por capas sobre las miserias de la sociedad y el ser humano tan certero e implacable en su retrato de la desconexión y la mezquindad de sus sujetos que nos hace desear nuestra extinción. Contemplar a los padres de Alyosha, y en especial a su madre, interpretada de forma sublime por Maryana Spivak (una actriz que merecía mayor reconocimiento por este papel), supone un ejercicio de resistencia, tan despiadado como fascinante. A medida que la historia avanza, la angustia y la tensión van aumentando con el pulso del thriller más hipnótico y visceral, hasta estallar en un clímax sobrecogedor con el que Zvyagintsev se asegura de dejar huella en su audiencia, además de unos cuantos interrogantes que prometen atormentarnos durante un tiempo.

Sin amor es un trabajo cinematográfico de una precisión que abruma, tanto en la exploración psicológica que Zvyagintsev lleva a cabo con sus personajes, como en la maestría con la que el director narra la historia y compone las imágenes, dando lugar a una obra poderosísima en todos los sentidos, un trabajo cinematográfico impecable que atrapa y golpea fuerte con su hermosa crueldad.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

Crítica: El corredor del laberinto – La cura mortal

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Tras el éxito de Harry Potter, la saga Crepúsculo Los Juegos del Hambre cambiaron el paradigma del cine para adolescentes, poniendo de moda las fantasías distópico-románticas y empujando a todos los estudios a buscar su propio blockbuster young adult para capitalizar la pasión desaforada de la audiencia juvenil por este tipo de historias. La mayoría de intentos fueron fallidos, resultando en un montón de falsos comienzos y primeros capítulos de historias que quedarían incompletas (The HostHermosas criaturasShadowhuntersLa Quinta Ola, Nerve…). El caso de Divergente fue especialmente sonado, ya que tras el fracaso en taquilla de su tercera entrega, la cuarta y última fue cancelada, dejando a los fans colgados a un paso del final.

En plena fiebre por Katniss Everdeen, 20th Century Fox se sacó de la manga una nueva saga teen con la que lograría un éxito moderado pero respetable, El corredor del laberinto (Maze Runner), distopía futurista basada en los libros de James Dashner que actualizaba la idea de El señor de las moscas en forma de aventura de ciencia ficción para la generación Z. La taquilla respondió, y la segunda parte tardó apenas un año en llegar, seguramente por miedo a que su público se cansase de esperar demasiado y pasase a la siguiente saga de turno. Los planes para la tercera y última parte (afortunadamente no dividida en dos) experimentaron un fuerte revés cuando el protagonista de la franquicia, Dylan O’Brien (Teen Wolf) sufrió un aparatoso accidente en el set de rodaje que obligó a retrasar el estreno un año. Una vez recuperado, O’Brien regresó para poner fin a la franquicia con La cura mortal, un final con el que los fans pueden decir eso de “la espera ha merecido la pena”.

Tras los acontecimientos de El corredor del laberintoLas pruebas, Thomas (O’Brien) y su banda de rebeldes luchan para detener a CRUEL, la malvada organización que les borró sus recuerdos y los encerró en el Laberinto para realizar experimentos con ellos. Minho (Ki Hong Lee) se encuentra en manos de CRUEL junto a muchos otros jóvenes inmunes al virus que se propaga por la Tierra convirtiendo a los humanos en monstruos similares a los zombies. Con la información obtenida de las Pruebas, la ministra Ava Paige (Patricia Clarkson) trabaja para desarrollar una cura definitiva con la ayuda de Teresa (Kaya Scodelario), que traicionó a Thomas y los demás uniéndose al bando enemigo. Ahora, la única manera de salvar a los suyos y acabar con el régimen totalitario que tortura a los últimos resquicios de la humanidad, es trabajar en equipo para infiltrarse en la única gran ciudad que queda en pie, una fortaleza futurista de la que será difícil escapar con vida.

Wes Ball se vuelve a poner tras las cámaras para dirigir la última parte de una trilogía que ha contado con su control creativo de principio a fin. Esto salta a la vista tanto en el consistente acabado visual como en la dirección de actores (muy seguros en sus papeles), pero sobre todo en la destreza que el realizador (anteriormente diseñador y especialista de efectos visuales) ha ido ganando con cada película. En La cura mortal, Ball se luce con algunas de las escenas más espectaculares de la saga en una trepidante carrera de fondo repleta de energía y acción sin descanso. Esto puede ayudar a que seamos más permisivos con su excesivo metraje o con los aspectos más endebles de la historia, que son muchos. El guion de La cura mortal está lleno de incongruencias, agujeros y deus ex machina (uno pierde la cuenta de las veces que un vehículo o una nave aparece de la nada para salvar la situación en el último momento), pero si somos capaces de suspender la incredulidad durante las dos horas y cuarto que dura, la película desempeña su función escapista con eficiencia.

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Claro que para disfrutar de este capítulo final, es casi un requisito indispensable haber conectado con las dos entregas anteriores (o al menos con la primera, claramente superior a la segunda). Desprovista de la interesante premisa que nos planteaban al principio, a la saga le queda apoyarse en sus personajes, que ayudan a elevar una mitología sci-fi que hemos visto ya en muchas otras historias similares (el elegido que debe enfrentarse a la dictadura para salvar al pueblo e iniciar una nueva era libre de tiranía). Y afortunadamente, el reparto de La cura mortal es mucho más solvente de lo que cabe esperar de un producto de estas características. Empezando por la distinción que aporta Patricia Clarkson y la pérfida presencia de Aidan Gillen, aquí tan Meñique como en Juego de Tronos, continuando con un elenco juvenil muy entregado (de los que destacan Will Poulter y Thomas Brodie-Sangster) y terminando con O’Brien y Scodelario, los Romeo y Julieta del Laberinto, cuyas sólidas interpretaciones anclan la película, evitando que su caprichoso y por momentos tontísimo argumento haga que todo se vaya a traste.

Además de lucirse con los fantásticos set pieces que recorren el film (especialmente impresionantes son el asalto a tren del comienzo, el rescate aéreo al autobús y su apocalíptico clímax), Ball se ha asegurado de que el desenlace de la trilogía tenga empaque emocional, facilitando que los fans de la saga se preocupen por los personajes y sus relaciones para brindarles un final intenso y satisfactorio. Así, Ball pone el mejor broche que se le puede poner a una saga como esta, a la que sabemos que no es recomendable exigirle demasiado. El corredor del laberinto no pasará a la historia del cine, pero al menos termina, y termina bien, algo que no se puede decir de la mayoría.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: 120 pulsaciones por minuto

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El fallo positivo anunció que el virus que navega en el amor avanza soltando velas, aplastando las defensas por tus venas… De esa manera tan poética comenzaba Ana Torroja su último épico/precioso/vergonzoso discazo junto a Mecano. Aidalai llegaba justo diez años después de la ‘oficialización’ del SIDA como enfermedad. Una década de teorías descabelladas, tratamientos infructuosos, rumores malignos y, especialmente, de estigmatización de los afectados, incomprensión por parte los organismos oficiales (tanto gubernamentales como culturales o religiosos) y muerte. La ignorancia de los demás, vestida de puritana y de santa moral hablaba de divino castigo… Una pandemia que se extendía por las calles de toda ciudad occidental (después de haber arrasado parte del continente africano), cobrándose las vidas de amigos, conocidos y algún que otro ídolo. Una vez más, la sociedad señaló a los homosexuales y drogadictos como los culpables de todo, despreocupándose del mundo heterosexual, hecho que hizo que la epidemia se descontrolase aún más. Esa mezcla de inquina e ignorancia apretaba casi tanto o más que el propio nudo de dolor del VIH. Robin Campillo (Les revenants) nos acerca al día a día de esa estúpida sentencia en 120 pulsaciones por minuto.

Despertar a las masas es una tarea harto difícil, pero se puede conseguir en momentos puntuales. El fallecimiento de Freddie Mercury, el Oscar a Tom Hanks por su papel en Philadelphia… pero lo difícil es hacer que esos ojos del pueblo sigan abiertos, que tome conciencia de la situación y actúe en consecuencia. Si en la actualidad es arduo, imagínense en plena época de desconocimiento (real y alentado) en los noventa. Junto a Campillo nos enrolamos en el Act-Up París, grupo de activistas, portadores o no del virus, encargado de concienciar a la anquilosada y cateta sociedad francesa. 120 pulsaciones por minuto es un relato tan esperanzador como agobiante. Alentador por la fortaleza y cohesión existente entre los miembros (a pesar de los lógicos roces que existen en toda agrupación), por su combatividad y creatividad sin límites. Angustioso por la palpable pasividad tanto del gobierno como del pueblo llano ante la cruda realidad: ellos y ellas se están muriendo. La escena de concienciación (charlas, entrega de folletos y preservativos) en el instituto es completamente desgarradora, ya que los prejuicios, el desconocimiento y la desinformación en un centro de educación son actos humanos imposiblemente crueles.

120-pulsacionesPero los miembros de Act-Up París no solo imprimen folletos, crean eslóganes más o menos acertados (‘moléculas para encular’ forever) y realizan acciones no-violentas contra políticos o laboratorios farmacéuticos, sino que aman. Sean (un genial Nahuel Pérez Biscayart, Stefan Zweig: Adiós Europa) y Nathan (Arnaud Valois, La chica del tren, la de Téchiné, no la otra) son novios. Se conocieron en las reuniones del grupo. Sean es el más combativo y tocapelotas de todos y Nathan es uno de los recién llegados. Ellos se aman. Ellos follan sin parar, como debe de ser. Sean lo tiene, Nathan no. Su relación, tanto dentro del film como ante el espectador actual, es el mejor ejemplo de visibilización de la enfermedad y una forma de acabar de una vez por todas con la estigmatización del afectado.

Fueron los años en que todos los amantes murieron y ninguno sobrevivió. Hoy en día a ojos de la sociedad todo parece más bien un sueño (o una pesadilla) lejana, casi tan pintoresca como una epidemia del siglo XIV. Por ello, 120 pulsaciones por minuto es la película más necesaria de la temporada, no solo por su notable calidad cinematográfica, sino por ese acto de memoria histórica ante la amnesia actual frente al VIH/SIDA que lleva a cabo, por su carácter didáctico (muy patente el legado de La clase) y su alta capacidad de concienciación… porque sin ellos la vida es un cero.

David Lastra

Nota: ★★★★

Call Me by Your Name: Un clásico moderno que se queda con nosotros para siempre

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[Aviso: Este artículo contiene detalles de la trama que se pueden considerar spoilers]

Muchos leíamos su sonoro título por primera vez en verano de 2016. Call Me by Your Name. Se quedaba en la mente y reverberaba augurando algo muy especial. La nueva película de Luca Guadagnino (Yo soy el amor, Cegados por el sol), basada en la novela homónima de André Aciman publicada en 2007, entraba en nuestro radar como una de las cintas más apetecibles de la siguiente temporada. Su exitoso paso en otoño del mismo año por el festival de Sundance daba comienzo a la apasionada relación que el público está viviendo con ella. Call Me by Your Name encandiló en Sundance, y allá donde se proyectaba (Berlín, Toronto, San Sebastián, Palm Springs…), y su estreno comercial en Estados Unidos y el Reino Unido a finales de 2017 no hizo más que sellar su destino. Por eso, Call Me by Your Name llega a España (una de sus últimas paradas) ya convertida en un clásico moderno.

Pero, ¿qué tiene la película de Guadagnino que levanta tantas pasiones? Principalmente, el poder de transportar, transfigurar y transformar al espectador con su arrebatadora historia de amor y su idílica ambientaciónCall Me by Your Name transcurre durante el verano de 1983 en un pequeño pueblo al norte de Italia. En una de sus ociosas villas conocemos a Elio (la revelación Timothée Chalamet), un chico de 17 años que pasa las vacaciones bañándose, leyendo, componiendo música y flirteando con su amiga, Marzia (Esther Garrel). La llegada de Oliver (Armie Hammer, puro magnetismo), un atractivo estudiante de posgrado que viaja a Italia para trabajar junto al padre de Elio (Michael Stuhlbarg) en su tesis doctoral, convierte un verano más en los meses más importantes de su corta vida. La atracción de Elio por Oliver, la confusión que esto provoca, y las evasivas de su objeto de deseo dan paso a un intenso vals de sentimientos que culminará en uno de los romances más embriagadores que hemos visto en una pantalla de cine.

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Call Me by Your Name es la crónica de un amor de verano, pero no uno cualquiera. La historia de Elio y Oliver tiene un componente claramente universal, ya que cuenta, con suma cadencia y sensibilidad, algo en lo que toda persona puede verse reflejada sin importar su entorno u orientación sexual: ese primer amor que lo cambia todo, el despertar sexual y el insoportable dolor que supone enfrentarse a la idea de que quizá no sea un amor para siempre. Pero estas vivencias son magnificadas por el hecho de que se trata de dos hombres, lo que añade un emocionante componente furtivo y de secretismo que solo las personas LGBT+ pueden entender en su totalidad. Afortunadamente, James Ivory, el guionista del film, y Guadagnino se mantienen muy fieles a la novela (exceptuando un par de escenas clave) y dejan atrás los clichés más aciagos del cine gay, limitándose a explorar las emociones de unos personajes que se están descubriendo a sí mismos sin que estos tengan que enfrentarse a contratiempos trágicos como una enfermedad, una paliza homófoba o el rechazo de su comunidad. De hecho, es todo lo contrario.

En los padres de Elio, interpretados magistralmente por Michael Stuhlbarg y Amira Casar, encontramos un modelo de comportamiento ideal, figuras paternas comprensivas y tolerantes que ofrecen soporte a su hijo, haciendo que muchos deseemos haber tenido ese tipo de apoyo durante nuestro años de formación, pero también llenándonos de esperanza al pensar que quizá las nuevas generaciones cuenten cada vez más con padres como los Perlman. Muy célebre es ya la escena cerca del final en la que, tras la marcha de Oliver, el padre de Elio consuela a su hijo animándole a abrazar su dolor, y por encima de todo, a ser él mismo. Ese sobrecogedor discurso, que contiene las palabras que tantas personas homosexuales hubieran querido escuchar a esa edad, es lo que pone en perspectiva todo lo vivido hasta el momento, lo que convierte esta película en una obra con la capacidad de cambiar a quien la ve.

Por eso Call Me by Your Name es mucho más que cine. No es solo una película preciosa que se ve y tras lo cual se pasa a lo siguiente. Es una experiencia de gran calado personal que se vive con todos los sentidos, en la que se entra de la cabeza a los pies, y de la que es imposible salir una vez terminados los (ya icónicos) créditos finales: ese arrollador primer plano sostenido de Timothée Chalamet en el que observamos el mapa emocional de Elio mientras revive su verano con Oliver y sopesa sus consecuencias. Una escena que, aunque no sea más que el broche a una interpretación portentosa de principio a fin, por sí sola justifica todas las nominaciones que ha recibido el actor.

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La dedicación de Chalamet y la increíble capacidad que tiene para expresar el mundo interior de Elio con su rostro facilita la inmersión de un espectador que vive su verano en primera persona, que comparte su intimidad, que se excita, se ilusiona y siente a través de él. Pero no se trata de un ejercicio que nos convierte en voyeurs, sino de uno de los actos cinematográficos más generosos de la historia. Nos enamoramos de Oliver junto a él (¿Quién no se enamoraría de Armie Hammer?, como el mismo Chalamet ha dicho en incontables entrevistas), lo acompañamos en sus dudas, en sus miedos y frustraciones, en sus exabruptos inmaduros, en el éxtasis del deseo correspondido, los nervios y la exaltación sexual, en el anhelo de la piel y el olor del otro, y en última instancia, creemos morir por tener que decir adiós. Porque dejar de ver Call Me by Your Name es efectivamente como despedirse del primer amor tras un verano inolvidable juntos, el dolor que deja en el pecho es casi tan punzante y el vacío casi tan grande. De ahí que la película esté provocando obsesión en un sector de la audiencia que necesita volver a ella una y otra vez.

Guadagnino ha realizado una obra cautivadora en todos los aspectos, una película tierna y a la vez valiente, evocadora y profundamente romántica y sensual, en la que todo está cuidado con un mimo absoluto y una visión artística muy medida. La exquisita ambientación que reproduce con precisión la estética y la atmósfera de los 80 en Europa; la bellísima fotografía que envuelve el relato en un halo atemporal sacando el máximo partido de los hermosos parajes en los que tiene lugar; la acertadísima banda sonora, que incluye dos temas originales de Sufjan Stevens (más una nueva versión de una canción antigua que parece haber sido escrita para la película), en los que el cantautor se pone en la piel de Elio para ejercer como narrador temporal; el uso de la cámara, con la que Guadagnino transmite estados de ánimo y atrapa al espectador, jugando con los encuadres, la luz o el desenfocado para construir el universo de Elio y Oliver. Y sobre todo, Chalamet y Hammer, dos actores entregados en cuerpo y alma a sus personajes, al amor que los consume y los convierte en un solo ser (“Llámame por tu nombre y yo te llamaré por el mío”), hasta el punto de que es completamente imposible imaginarse a otros en su lugar. No hay elogios suficientes para ellos.

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Las palabras son un tema recurrente en la película. “¿Es mejor hablar o morir?”. La canción “Words” de F.R. David suena varias veces a lo largo del metraje, y “Futile Devices” de Sufjan Stevens, replica el sentimiento que personifica a Elio en este momento de su vida: “Hablar me cuesta. ¿Cómo voy a encontrar la manera de decir que te quiero?” / “Te diría te quiero, pero decirlo en voz alta es difícil, así que no lo diré”. En Call Me by Your Name, las palabras son importantes, pero no lo dicen todo. Las miradas, los silencios y los gestos entre Elio y Oliver, los de la noble Marzia a Elio cuando comprende lo que está ocurriendo en el interior de su amigo, la complicidad visible de los Perlman, que observan el crecimiento de su hijo sin que este se percate; todo eso comunica lo que los diálogos no expresan, una sinfonía de matices que nos invita a estar alerta para no perdernos todo cuanto acontece.

Call Me by Your Name es una de las películas sobre el paso de la adolescencia a la adultez más sinceras y conmovedoras que hemos visto, una historia de maduración contada con pasión, libertad y el desbordante erotismo que caracteriza a Guadagnino -y que aquí alcanza su máxima expresión en escenas tan comentadas como la del melocotón, o mediante los desnudos entrelazados de sus protagonistas, análogos a las esculturas greco-romanas con las que el realizador compone una oda al cuerpo masculino y el deseo. Conocer a Elio y Oliver es quedarse con ellos para siempre, es dejarles una parte de nosotros mismos. El efecto de la película perdura, sus imágenes no desaparecen de la retina y su mensaje de tolerancia propone un mundo en el que necesitamos creer. Por todo ello, Call Me by Your Name no es solo un triunfo artístico incontestable, sino también una de las películas más importantes de esta generación.

Pedro J. García

Nota: ★★★★★

Crítica: Los archivos del Pentágono

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Tras más de cinco décadas en el mundo del cine, Steven Spielberg da pocos pasos en falso, seguridad que se manifiesta en la rapidez con la que completa proyectos, sin importar su envergadura. La etapa más reciente del laureado director (y simplificando mucho, toda su trayectoria) se puede dividir claramente en dos grandes categorías: cine para toda la familia y cine (llamémoslo) “adulto”. Tras el pequeño traspiés de Mi amigo el gigante, con la que trataba de recuperar el espíritu de sus cintas fantásticas de los 80, Spielberg vuelve al drama histórico y reivindicativo con Los archivos del Pentágono (The Post), otro trabajo pulcro y minucioso que se suma a su casi irreprochable filmografía.

Spielberg nos lleva hasta 1971 para reconstruir una serie de acontecimientos que marcaron un antes y un después en el ámbito de la información en Estados Unidos, y que a día de hoy resultan de rabiosa actualidad. Cuando el New York Times publicó fragmentos de los documentos confidenciales del Pentágono que destapaban secretos del gobierno sobre la guerra de Vietnam, el director del Washington Post, Ben Bradlee (Tom Hanks) inició su propia búsqueda para dar con los archivos y relanzar con ellos su medio en decadencia. Una vez adquiridos, Bradlee tomó la decisión, junto a su redacción y la dueña del Post, la que fuera la primera mujer editora del periódico, Katharine Graham (Meryl Streep), de seguir los pasos del Times publicando más información confidencial comprometida. El Post se sumaba así a un movimiento decisivo contra la Administración Nixon, que en un acto sin precedentes, intentó restringir la primera enmienda para salvaguardar su imagen.

Los archivos del Pentágono llega precedida de numerosas nominaciones y reconocimientos de la crítica, pero su mayor reclamo es sin duda su espectacular y multitudinario reparto, repleto de grandes talentos televisivos (Carrie Coon, Bob Odenkirk, Bradley Whitford, Zach Woods, Alison Brie, David Cross o Sarah Paulson), con la presencia del amuleto de la suerte del cine de 2017, Michael Stuhlbarg (que participa en otras dos favoritas de la temporada de premios, Call Me by Your NameLa forma del agua), y encabezado por los infalibles Meryl Streep y Tom Hanks, pesos pesados de Hollywood que trabajan juntos con Spielberg por primera vez, todo un acontecimiento para cinéfilos. Y el resultado de tan fastuosa colaboración es, como era de esperar, excelente. Ambos llevan a cabo una portentosa demostración de sus talentos, pero es Streep quien vuelve a eclipsar a los demás con otro de sus magistrales recitales interpretativos, todo matices y con el equilibrio perfecto entre humor, fuerza y sensibilidad.

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Su Kay Graham es quizá el personaje más importante del film, una mujer vulnerable pero motivada que se encuentra con la desconfianza y el escepticismo de sus altivos colegas masculinos al situarse en posición de poder tras el suicidio de su marido. Es en su lucha por tomar el control de su negocio y hacerse escuchar donde encontramos uno de los temas que resultan más oportunos en el actual clima de lucha por la igualdad y denuncia del sexismo, la reivindicación del papel de la mujer en la historia. Y de igual vigencia es el tema principal que vertebra la película, la defensa de la libertad de prensa, que se traduce en una oda apasionada a la profesión del periodista, el proceso mediante el cual la información llega a los ciudadanos y el poder de la información para cambiar el sistema. Con Donald Trump en la Casa Blanca, es más importante que nunca recordar que “la prensa no está al servicio del gobierno, sino de los gobernados”, y eso es justamente lo que hace Spielberg, lanzando así una indirecta muy directa al actual presidente de los Estados Unidos.

Los archivos del Pentágono no es una película perfecta. Aunque su bloque central puede llegar a ser trepidante, al principio cuesta entrar, y en su recta final, el Spielberg más Frank Capra (el de El puente de los espías) vuelve a pecar de efectista y sensiblero, en su empeño clasicista de cerrar sus historias con un lazo en forma de reflexiones que hacen el trabajo por el espectador y restan algo de veracidad al conjunto. Pero aparte de ser “muy Spielberg” (y esto no es necesariamente negativo, como tampoco sorprendente), de poco más se puede culpar a Los archivos del Pentágono, una película estimulante, de precisión clínica y relevancia sociopolítica, que además nos deja planos que nos recuerdan por qué amamos el cine de Spielberg y por qué necesitamos seguir creyendo en sus ideales.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Crítica: Brigsby Bear

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El mundo de la exhibición cinematográfica es tan imprevisible y caprichoso que todos los años nos quedamos sin ver en salas películas que, por su éxito en festivales, galardones acumulados y críticas estelares, parecían destinadas a los cines, pero acaban editándose directamente a vídeo o en plataformas digitales, eso si no se pierden en el limbo. Sería el caso por ejemplo de Hunt for the WilderpeopleMujeres del siglo XX, dos joyas imprescindibles del año pasado que vieron la luz en físico sin pasar por cines, y de la película que nos ocupa hoy, Brigsby Bear, una de las sorpresas de 2017 con la que inauguramos el 2018 en Blu-ray por todo lo alto. Está claro que los tiempos han cambiado, y el mejor cine ya no se ve siempre en el cine.

Brigsby Bear es la opera prima de Dave McCary, guionista y director de la etapa más reciente del programa de sketches Saturday Night Live. La película ha conquistado allá por donde se ha proyectado, recibiendo nominaciones en los festivales de Sundance y Cannes, y logrando el premio a “Mejor película Discovery” en nuestro festival de Sitges. Y no es para menos, McCary ha creado algo muy especial, una cinta tan excéntrica y marciana como dulce y amable, de esas que dibujan una sonrisa en la cara y te dejan con la sensación de que todo va a salir bien.

La película cuenta la historia de James Pope (Kyle Mooney, que también co-escribe el guion), un hombre que se comporta como un niño, es decir, lo que se conoce como un kidultPero no uno como los qbrigsby-bear-blu-rayue encontramos en las películas de Judd Apatow y compañía (veinte y treintañeros que se niegan a madurar), sino un joven con serios problemas de desarrollo psicológico, social y emocional. James vive con sus sobreprotectores padres (Mark Hamill y Jane Adams) y está obsesionado con Las aventuras de Brigsby Bear, programa infantil de marionetas del que él es el único espectador. Un día, cuando la serie termina de forma repentina, James tendrá que hacer frente a una realidad para la que no le han preparado. Pero no lo hará solo, sino que contará con la ayuda de familia y amigos -un fantástico elenco de secundarios como Greg Kinnear, Claire Danes, Michaela Watkins y Matt Walsh.

Y mejor dejar la sinopsis en este punto, porque Brigsby Bear se vive mejor sin saber de antemano lo que de verdad cuenta la película. Gran parte de su encanto reside en el factor sorpresa, en el hecho de que no es una película convencional. McCary ha realizado un trabajo de imaginación y emotividad desbordante en la línea del cine de Michel Gondry, un film colorista y nostálgico repleto de humor absurdo (no extraña la presencia de Andy Samberg en el reparto, como tampoco la de su banda The Lonely Island en la producción) y anclado por la magnífica interpretación de su protagonista, que logra convertir a un lunático (qué apropiado que el apellido del actor sea Mooney) en uno de los personajes más entrañables del cine reciente.

En definitiva, una inspirada y divertida oda a la creatividad que transforma una premisa alocada en una película sincera, cálida y reconfortante sobre la amistad y la familia.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Reseña: La seducción, de Sofia Coppola

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Después de la incomprendida The Bling Ring (2013), Sofia Coppola se apartó temporalmente del cine para continuar su fructífera relación con el mundo de la música dirigiendo videoclips para la banda de su marido, Phoenix, se hizo cargo del vapuleado especial de Navidad para Netflix de Bill Murray, continuó diseñando y protagonizando campañas de moda y dirigió su versión de La Traviata de Valentino. Su regreso al cine tras este breve pero productivo paréntesis creativo la lleva a reencontrarse con Kirsten Dunst, quien protagonizaría su primer largometraje como directora, Las vírgenes suicidas, y más adelante, la magnífica (y también infravalorada) María Antonieta.

Con La seducción (The Beguiled), Coppola vuelve al cine de época para realizar una nueva adaptación de la novela homónima de Thomas Cullinan, llevada al cine en 1971 por Don Siegel en El seductor. Con su versión, Coppola conduce la historia hacia su terreno al poner casi todo el énfasis en los personajes femeninos, en lugar del protagonista masculino, en el caso de la cinta clásica, Clint Eastwood, en el remake, Colin FarrellLa seducción es un hipnótico drama psicológico con sutiles toques de thriller y comedia negra que nos transporta hasta la Guerra de Secesión estadounidense para adentrarnos en un internado de señoritas que recibe la visita inesperada de un soldado. Una premisa metafórica que se ajusta como anillo al dedo al estilo y la particular visión de la realizadora.

La llegada del cabo McBurney (Farrell) al caserón regentado por la estricta señorita Martha (Nicole Kidman de nuevo en la cima de su carrera) trastorna la armonía que reinaba allí hasta entonces, sumergiendo a la directora, su ayudante (Dunst) y sus jóvenes inquilinas en un juego de seducción que acabará desatando fuertes tensiones entre ellas, celos y traiciones que traerán consecuencias inesperadas. El elenco femenino, encabezado por unas soberbias Kidman y Dunst (esta última sobresale especialmente y merece mucho más reconocimiento del que tiene) y secundado por un reparto infantil y adolescente del que destacan Elle Fanning y Oona Laurence, realiza un excelente trabajo construyendo el microcosmos de la película, mientras un irresistible Colin Farrell se encarga de ponerlo patas arriba. La influencia manipuladora que ejerce el soldado sobre estas mujeres desgarra el velo de un universo etéreo y aparentemente sosegado, pero en realidad opresivo y marcado por el aislamiento, bajo cuya superficie bulle el anhelo de romper las cadenas y los corsés que las asfixian.

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Esa es la mayor virtud del film, contar mucho con poco. Coppola lleva a cabo un trabajo (a ratos excesivamente) minimalista en cuanto a trama y diálogos del que, sin embargo, se pueden extraer muchas capas si se presta la debida atención. Más allá de su exquisito y envolvente acabado visual (todo un placer para los sentidos), que no sorprenderá a cualquiera que esté familiarizado con la preciosista obra de Coppola y su maestría y minuciosidad para crear atmósferas, La seducción es un cuento gótico que encierra entre paredes la incertidumbre y la violencia de un conflicto histórico transformador, una elegante sátira costumbrista, y por encima de todo, una intensa fábula erótica sobre la pasión y el poder del deseo.

La seducción ya está a la venta en Blu-ray y DVD. En ambas ediciones podemos encontrar los siguientes contenidos adicionales:

Cambio de perspectiva: Directora y elenco explican cómo La seducción difiere tanto de la novela homónima como de la primera versión cinematográfica, además de incidir en el brillante papel de los actores que ayudaron a Sofia Coppola a llevar a la gran pantalla esta adaptación.

Estilo del sur: Descubre cómo vestuario, peluquería, maquillaje y otros elementos se unen para crear una experiencia íntegra no sólo para el espectador, sino también para los actores.

Reseña Blu-ray: La Torre Oscura

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El camino hacia La Torre Oscura ha sido largo y repleto de contratiempos. Los planes para llevar la popular saga épica de Stephen King a la gran pantalla se remontan muchos años atrás, pero por fin cristalizaron en 2016 con el estreno de la primera (y posiblemente única) entrega de una franquicia cinematográfica que está en pleno proceso de reestructuración para dar el salto a la televisión en forma de serie.

La tarea de adaptar la vastísima obra de King, que abarca ocho volúmenes, más varios libros y cómics que amplían su universo, era muy complicada. Por la naturaleza de la propia historia, que presenta una mitología muy compleja y ramificada, y la estructura de la trama, cuyo primer libro (el más breve) podría ser considerado como una mera introducción, se decidió tomar elementos de varias de las novelas y aunarlos en una película que introdujera al espectador en el universo de la Torre Oscura in media res.

La idea era crear algo nuevo a partir de un material muy conocido, respetando la esencia de los libros a la vez que se introducían cambios con los que el director, Nikolaj Arcel (confeso apasionado de la saga de King), le daba un estilo propio en su salto al audiovisual. El resultado es una película también introductoria que sin embargo contiene mucha más información que el primer volumen de la saga, y que reconstruye su universo realizando cambios que facilitan un espectáculo blockbuster para toda la familia.

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Porque ante todo, en su versión cinematográfica La Torre Oscura ha pasado a ser una película de aventuras para todos los públicos, una especie de versión actualizada de La historia interminable para las nuevas generaciones. El material de King se ha simplificado para hacerlo más accesible al espectador casual y de todas las edades, y esto ha contrariado inevitablemente a los fans de los libros, que han visto como la historia que conocen ha sido alterada para acomodarla a los cánones actuales del cine espectáculo.

Si bien puedo entender esta postura protectora por parte del lector (yo he leído los cuatro primeros libros y está claro que se podía haber hecho mucho mejor), creo que haciendo un esfuerzo disociativo, hay mucho que disfrutar en La Torre OscuraEfectivamente, la película nos introduce en el centro de un universo de ficción que puede confundir a quien no esté previamente familiarizado con sus normas (ya los que lo estén también), pero a medida que va tomando forma, encontramos alicientes a los que aferrarnos: un estilo visual bien definido, fantásticas escenas de acción (el enfrentamiento final con el Hombre de Negro es brutal), atractivos misterios, y por encima de todo, Idris Elba.

La elección del actor británico para dar vida al Pistolero no estuvo exenta de polémica, ya que en los libros su personaje está basado en la imagen clásica de cowboy de Clint Eastwood. Con la película se ha modernizado al personaje, convirtiéndolo en un caballero atemporal que, en lugar de espada, lucha con pistolas. Dejando a un lado la raza del personaje o su vestimenta (“Me da igual si es blanco, negro, verde o a lunares, tiene que ser un pistolero rápido”, declara King en los extras del Blu-ray), Elba personifica a la perfección lo que significa el Pistolero, la lucha con el corazón, aportando presencia, energía y emoción a un personaje que se podría haber quedado en la superficie en manos de otro intérprete. Verlo en acción es lo mejor de La Torre Oscura, pero también sus escenas con el joven Tom Taylor (Jake), con el que forma un dúo muy compenetrado que se revela como el centro de la película, haciendo sombra a Matthew McConaughey, que construye a un villano descafeinado.

Sí, La Torre Oscura podría haber sido mucho mejor (y mucho menos polémica) si se hubiera mantenido más fiel al material de referencia, y desde luego podría haber aprovechado mejor el potencial que le brindaba la historia original (con solo 90 minutos de duración se queda corta). Pero que no sea la adaptación que queríamos no quiere decir que no funcione como película de aventuras, y La Torre Oscura se sostiene en pie si conseguimos separarla de las páginas. Sé que es difícil, pero es lo mejor que podemos hacer.

La Torre Oscura ya está a la venta en Blu-ray, 4K Ultra HD, DVD y digital de la mano de Sony Pictures Home Entertainment. Las ediciones en Blu-ray y 4K incluyen contenidos adicionales que profundizan en el proceso de adaptación del film, con entrevistas a los cineastas y protagonistas, y declaraciones de Stephen King. Los extras, presentados en alta definición, ayudan a profundizar en la psicología de los personajes y entender las controvertidas decisiones creativas que se han llevado a cabo en la adaptación. El Blu-ray y 4K contiene los siguientes extras:

  • Escenas eliminadas.
  • La última vez – Los cineastas y el autor homenajean las novelas.
  • El mundo ha seguido adelante… – Los decorados y las localizaciones.
  • Stephen King: Inspiraciones – Descubre el viaje de los libros a la pantalla.
  • Una mirada a través de la cerradura – Anécdotas de Roland y el Hombre de Negro.
  • Tomas falsas.
  • El Hombre de Negro – Cómo Matthew McConaughey se preparó para interpretar al Hombre de Negro.
  • El Pistolero en acción – Idris Elba y el equipo de dobles crean las batallas del Pistolero

Además, la edición en caja metálica contiene un disco adicional con el documental “Roland de Gilead, el último Pistolero”.

Crítica: Tres anuncios en las afueras

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Letras negras sobre fondo rojo. Buena elección de colores. Buen contraste y una inteligente mezcla entre el rojo sangre y el negro característico del luto occidental. El tamaño de las letras es el adecuado para ser leído desde la carretera hasta por el más cegato. Señora Hayes, sus carteles van a ser todo un éxito… o su perdición. Tras su sorprendente triunfo en los Globos de Oro, Tres anuncios en las afueras se postula como una de las favoritas para la próxima edición de los premios de la Academia, pero, ¿merece tanto revuelo la nueva película de Frances McDormand (Fargo)?

Esta es la historia de Mildred (McDormand), una mujer que decide emprender una peculiar lucha contra los agentes de policía de su localidad por no haber sido capaces de encontrar al asesino de su hija. Tras meses de espera infructuosa, su primera acción es la colocación de tres anuncios en unas vallas publicitarias a las afueras de la ciudad, en los que ataca directamente la ineptitud del sheriff (Woody Harrelson, La guerra del planeta de los simios). Las consecuencias no se hacen esperar: el pueblo se pone en contra de la madre coraje y comienza una campaña de presión para la retirada de los dichosos anuncios… pero también Hayes también consigue lo que buscaba: hacer que la policía se ponga las  pilas.

Aunque parezca un interesante punto de partida para un episodio de The Good Wife (s07e17 Shoot), Martin McDonagh (Siete psicópatas, Escondidos en Brujas) decide aparcar los supuestos problemas legales desde un primer momento (los carteles preguntan, no afirman) y prefiere centrarse en la lucha de una mujer desesperada contra un sistema policial anquilosado, ebrio y racista, personificado a la perfección en la figura del agente paleto interpretado por Sam Rockwell (Moon).

Tres anuncios en las afueras es una acertada fábula sobre la desesperanza y sobre lo que ocurre con las víctimas de un crimen cuando la vorágine mediática y el interés popular se diluyen. McDonagh hace gala de su habitual humor sardónico para tratar una historia nada agradable, ya que gane quien gane, todos salen perdiendo. Ese humor, mezclado con unas explosiones de violencia explícita, son la gran baza de esta Tres anuncios en las afueras y convierten a McDonagh en el hermano perdido de Joel y Ethan. Pero lejos de dotar a cada personaje de una voz diferente como si logran los Coen, los de McDonagh hablan todos igual. La increíble capacidad de réplica ingeniosa termina convirtiendo a Mildred Hayes en la Juno de Missouri, algo que se podría soportar en ese caso particular, pero que al verlo repetido en todos y cada uno de los personajes termina agotando.

A pesar de esa sabiondez extrema, ella puede con todo y Frances McDormand recogerá el segundo Oscar de su carrera dentro de unas semanas, a no ser que la Academia dé la sorpresa premiando a Margot Robbie (Yo, Tonya) o Saoirse Ronan (Lady Bird). En esta Tres anuncios en las afueras, McDormand vuelve a hacer lo que mejor sabe hacer: un recital interpretativo. Su Mildred Hayes es un híbrido perfecto entre el tesón de su Marge de Fargo (papel por el que ya ganó el Oscar a mejor actriz) y la mala uva de su Olive de Olive Kitteridge (por la que ganó todos los galardones televisivos posibles hace un par de años).

Destacan igualmente dos caricaturescos personajes interpretados por Caleb Landry Jones (Déjame salir) como el dueño de la empresa de publicidad, y el citado Sam Rockwell, como el bufón/verdugo/redneck supremo de la ciudad. Pero esa excentricidad que tan bien saben domar Jones y Rockwell es la sentencia de muerte (actoral, claro está) de dos intérpretes bastante solventes como John Hawkes (Winter’s Bone) y Peter Dinklage (Juego de Tronos). El pobre Tyrion da vida al personaje más prescindible, no solo de la película, sino de los últimos cincuenta años.

Tanto la publicidad como la heterodoxia son armas de doble filo y hay que saber utilizarlas muy bien…. y a McDonagh todavía le falta bastante para ser tan bueno como él cree.

David Lastra

Nota: ★★★

Crítica: Final Portrait (El arte de la amistad)

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París, 1964. El artista suizo Alberto Giacometti queda con el joven escritor y marchante de arte estadounidense James Lord en el emblemático café Les Deux Magots (punto de encuentro para artistas como Picasso, Hemingway o Simone de Beauvoir), donde le propone hacerle un retrato. Lord, fascinado por la personalidad y la obra de Giacometti, acepta halagado, dando lugar a uno de los cuadros más famosos del artista, Retrato de James Lord, así como un año después al libro Un retrato de Giacometti, escrito por Lord a partir de su experiencia posando para el pintor durante 18 interminables sesiones.

Ese es el punto de partida de Final Portrait, drama biográfico dirigido por el actor Stanley Tucci en el que podemos contemplar el intrigante y caótico proceso artístico de un genio creativamente caprichoso y continuamente asaltado por la duda, mientras se forja una bonita amistad entre el artista y el sujeto de su obra que dota de nueva dimensión a la estática y gris imagen del famoso cuadro en cuestión. Tucci hace gala de gran sensibilidad, mesura y delicadeza a la hora de componer el fresco de esa amistad, revistiendo la historia con un sentido del humor muy fino, dosificando el drama con inteligencia, y dejando que sus excelentes protagonistas hagan el resto.

A pesar de ser originario de la costa oeste y haberse criado en ambientes tropicales, Armie Hammer personifica a la perfección la figura del neoyorquino sofisticado y cultivado. Su James Lord es la viva imagen del “amigo americano”, un hombre atractivo, magnético y fuertemente carismático en su sencillez. Es decir, totalmente idóneo como objeto de admiración y musa (temporal) de un artista tan idiosincrásico como Giacometti, que en el actor de Call Me by Your Name encuentra un homólogo de carne y hueso de sus emblemáticos hombres de extremidades interminables.

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Pero es Geoffrey Rush quien realiza el trabajo más inspirado del film, mediante una brillante interpretación llena de vida y rebosante de matices con la que frustra, confunde y conmueve, humanizando así a un artista complicado (los de verdad), cuya vida bohemia y relaciones siempre han sido un enigma. Rush y Hammer forman una pareja artística muy interesante, pero también están secundados por los no menos fantásticos Sylvie Testud como la sufrida pero comprensiva mujer del artista, el infravalorado Tony Shalhoub como su hermano, y una efervescente Clémence Poésy como su amante prostituta. Un estupendo elenco dirigido con pulso firme por un cineasta que se muestra claro y seguro en lo que quiere sacar de la historia y de sus actores.

Salta a la vista que Final Portrait está hecha con cariño. La cinta desprende amor por el trabajo del artista, adentrándose en la atribulada mente de Giacometti desde el respeto y el interés humanista, sin realizar grandes aspavientos melodramáticos o caer en el sentimentalismo prefabricado y manipulador del biopic. Es decir, una película concisa (dura 90 minutos) y discreta en ambición, pero grande en resultados.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

[Reseña] Cine independiente inédito en España que llega a DVD

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Sony Pictures Home Entertainment sigue apostando por el cine independiente con sus lanzamientos directos a vídeo. A lo largo de los últimos años, la distribuidora ha creado una voluminosa biblioteca DVD y Blu-ray de títulos inéditos en salas comerciales españolas, rescatados en su empeño de dirigirse a lo que ellos llaman los “gourmets cinematográficos”.

Entre los films más recientes lanzados en DVD se encuentran cuatro que pasaré a reseñar a continuación. Una selección de cine independiente norteamericano que, en muchos casos, llega precedido de una buena acogida en festivales y avalado por estrellas no tan conocidas admiradas por el público, pero que a pesar de esto, permanece a la sombra de otros estrenos más grandes. Es hora de reivindicar de nuevo estas pequeñas películas, descubrimientos que en algunos casos nos deparan grandes sorpresas.

Band Aid (Zoe Lister-Jones)

band-aidEl de Zoe Lister-Jones es uno de esos rostros que se quedan (quizá porque guarda un asombroso parecido con Dakota Johnson y nuestra María Valverde). Puede que los fans de la serie New Girl la conozcan gracias a un papel recurrente en la serie, y además, es una de las protagonistas de la comedia de CBS Life in Pieces. Pero desde que comenzó a trabajar en el mundo del espectáculo y desarrollar “one-woman shows”, Lister-Jones siempre ha estado interesada en escribir su propia historia.

Band Aid es su opera prima como directora, una original comedia musical que sirve como plataforma para su talento polifacético como cineasta, actriz, escritora y compositora. La película se enmarca en la dramedia sobre la vida en pareja y nos presenta a Anna (Lister-Jones) y Ben (Adam Pally), un joven matrimonio en crisis que decide convertir sus frecuentes peleas en canciones. A la pareja se une su excéntrico vecino, interpretado por el omnipresente Fred Armisen (SNL, Portlandia), con quien forman una banda que funcionará como terapia para superar sus dificultades sentimentales y evitar que las presiones de la vida en común a los treinta y tantos (tener hijos, encontrar el trabajo ideal, sequía sexual) acaben con su relación.

Una película tierna pero afilada que sortea con agilidad las (trilladas) convenciones del género con humor ácido y diálogos inteligentes que diseccionan con franqueza las relaciones (heterosexuales).

La edición en DVD incluye varias escenas eliminadas en las que descubrimos a varios actores que no aparecen en el montaje final (Chrissie Fit, Jerry O’Connell) y un divertido vídeo musical.

Dos amantes y un oso (Kim Nguyen)

dos-amantes-y-un-oso-dvdLa ganadora del Emmy Tatiana Maslany (Orphan Black) y Dane DeHaan (Valerian y la ciudad de los mil planetas) protagonizan este atípico drama romántico sobre dos almas solitarias marcadas por el destino que viven en una pequeña población cercana al Polo Norte.

Repleta de bellísmos planos nevados y salpicada de sorprendentes instantes de realismo mágicoDos amantes y un oso es una experiencia extrañamente hipnótica, una película inquietante e inesperada en la que puede costar entrar al principio, pero que acaba entrando en contacto con sus emociones durante su impactante recta final, en la que la pasión y la supervivencia se dan la mano.

Kim Nguyen (nominado al Oscar a Mejor película de habla no inglesa por Rebelde – War Witch), dirige esta nada convencional pieza cinematográfica que nos habla sobre el amor y el deseo en condiciones de aislamiento, así como de la locura que nace de estar atrapado en soledad por un pasado que te persigue. Una impredecible y alternativa historia de amor anclada por dos estupendas interpretaciones protagonistas (Maslany sobresale, por supuesto), que combina romance, drama indie y thriller, todo envuelto en imágenes árticas de ensueño que por momento parecen salidas de un videoclip de Björk.

La venganza se sirve fría (Kevin Tent)

la-venganza-se-sirve-friaKevin Tent, colaborador habitual de Alexander Payne (Entre copasNebraska), dirige esta comedia de enredos protagonizada por Domhnall Gleeson (FrankStar Wars), Thomas Haden Church (Entre copas, Divorce), Christina Applegate (La cosa más dulceMalas madres) y Nina Dobrev (Las ventajas de ser un marginado, The Vampire Diaries).

La venganza se sirve fría (Crash Pad en inglés) nos presenta a Stensland (Gleeson), un romántico empedernido que, tras una aventura sexual con una mujer (Applegate), está convencido de haber encontrado el amor verdadero. Sin embargo, ella no lo vive de la misma manera, ya que está casada y solo lo ha utilizado para vengarse de su marido. Es entonces cuando Stensland se ve envuelto en una contienda matrimonial de la que sacará una improbable amistad cuando el marido de su amante decida convertirse en su compañero de piso.

Aunque el film roce por momentos la cuñadez, Tent evita caer en el sexismo al que parece estar abocada por su su llamativo y algo anticuado argumento, esforzándose en no convertir al personaje de Applegate en la mala de la película y humanizando a sus personajes masculinos, interpretados por un dúo cómico tan raro como eficaz. Una buddy film simpática para una tarde tonta.

La edición en DVD incluye tomas falsas.

Dean (Demetri Martin)

deanEl cómico y guionista Demetri Martin (un Jason Schwartzman de saldo) presenta su debut en la dirección de largos con Dean, escrita, dirigida y protagonizada por él mismo. La película cuenta la historia de un neoyorquino aspirante a ilustrador que viaja a Los Ángeles, donde encuentra una vía de escape de sus problemas tras la muerte de su madre. Allí se enamorará de la encantadora Nicky (Gillian Jacobs), viéndose atrapado entre dos opciones: quedarse en Los Ángeles o regresar a su vida en Nueva York, donde su padre (Kevin Kline) se encuentra perdido tras vender su hogar familiar.

Dean se adscribe a la dramedia romántica, existencial y autobiográfica que tanto le gusta explorar a los actores de comedia cuando dan el salto a la dirección. La película plantea una equilibrada, si bien ya muy vista, aproximación al drama desde el humor, y al humor desde el drama, para contarnos un poco lo mismo de siempre. Aunque Martin tiene potencial, no es Woody Allen ni Wes Anderson (clarísimas influencias), y dudo que tenga algo verdaderamente interesante o novedoso que decir. La salvan Kline y Mary Steenburgen, que tienen las mejores escenas.

Por último, ¿por qué Gillian Jacobs sigue encasillándose en el papel de la chica de los sueños y objeto de fascinación del típico feúcho buena gente (GirlsLove, y ahora esta)?