Crítica: The Disaster Artist

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Si no habéis visto The Room, ya estáis tardando, porque es imprescindible para disfrutar The Disaster Artist a todos los niveles. La llaman la peor película de la historia y se ha convertido en un título de culto, sobre todo en Estados Unidos, un fenómeno que ha ido creciendo desde su (auto)estreno en 2003 hasta llenar sesiones interactivas de medianoche al estilo de The Rocky Horror Picture Show. La historia detrás de The Room es tan increíble como la película en sí, y James Franco, que es muy dado a indagar en la realidad con su cine para explorar el lado más excéntrico del ser humano (ahí tenéis King Cobra como prueba), era quien tenía que contarla.

Franco se pone detrás y delante de la cámara en The Disaster Artist para intentar desentrañar el enigma de Tommy Wiseau, el “artista desastre” cuya mente indescifrable concibió The Room, y mostrarnos los entresijos del rodaje de una película que contó con un presupuesto de seis millones de dólares que, a día de hoy, se desconoce de dónde salieron, aunque no en qué se gastaron (entre otras cosas, Wiseau compró el equipo en vez de alquilarlo, rodó simultáneamente en digital HD y 35mm y corrió con los gastos de la premiere).

Mientras descubrimos alucinados el making of de las que ya son algunas de las frases más míticas del cine (“You’re tearing me apart, Lisa!”, “I did not hit her! It’s not true! It’s bullshit! I did not hit her! I did naaht! Oh hi Mark”), Franco se mimetiza con Wiseau de manera pasmosa, adoptando su particular acento (se dice que de algún lugar Europa del este), sus ademanes y su tronchante risa desganada y casi nunca oportuna (carcajadas the-disaster-artist-posteraseguradas cada vez que se ríe), para componer el retrato de un lunático fascinante cuyo proceso creativo escapa al entendimiento. Transformándose por completo en Wiseau y humanizando al personaje, Franco lleva a cabo un trabajo interpretativo sublime. Nunca ha estado mejor.

Lo acompaña su hermano, Dave Franco, que interpreta a Greg Sestero, uno de los protagonistas de The Room y autor del libro en el que se basa The Disaster Artist. Aunque la interpretación de James es más llamativa por la naturaleza marciana del personaje, el pequeño de los Franco también lleva a cabo su mejor actuación hasta la fecha, aportando la necesaria nota de cordura para anclar emocionalmente el relato. Y además de los hermanos Franco, el film cuenta con un reparto fantástico que incluye a los habituales de la comedia USA (Alison Brie, Seth Rogen, Megan Mullally, Judd Apatow) y cameos por doquier (qué placer volver a ver a Melanie Griffith en otra película sobre cine trash, después de la genial Cecil B. Demente).

The Disaster Artist es una absoluta maravilla dentro del subgénero del cine dentro del cine, una cinta divertídisima, brillante, y a ratos conmovedora que nos habla sobre un artista inclasificable (porque dudamos que lo sea) y una amistad forjada y condicionada por el sueño (atrofiado) de Hollywood. Una de las mejores películas del año.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

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