Coco: En tiempos de muros, Pixar traza un puente hacia México [Crítica]

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Después de estrenar dos secuelas consecutivas, Buscando a DoryCars 3, Pixar regresa temporalmente a las ideas originales con Coco, colorista y emocionante aventura ambientada en México que nos devuelve al estudio en su faceta más inquieta y ambiciosa. La última vez que Pixar nos sorprendió con un concepto original y novedoso fue con Del revés (Inside Out), un estimulante ejercicio de disección psicológica infantil que nos recordaba a los fértiles tiempos de WALL-E Up. Con Coco, dirigida por Lee Unkrich (Toy Story 3) y Adrian Molina (que debuta como co-director después de varios años en otros departamentos del estudio), Pixar vuelve a plantearse un difícil reto artístico que supera con éxito: hacer una película apta para el público infantil que aborde extensamente el tema de la muerte.

Sí, todos estamos al tanto de la existencia de una película llamada El libro de la vida (2014), ambientada, como Coco, en la celebración mexicana del Día de los Muertos. Pero más allá del contexto cultural en el que se desarrollan, lo cierto es que narrativamente no tienen mucho que ver. Además de que, como bien han argumentado los creadores de ambas cintas, ¿por qué no pueden existir dos películas ambientadas en el Día de los Muertos si tenemos tantas enmarcadas en otras fiestas o hitos culturales e históricos? El realizador de El libro de la vida, Jorge R. Gutiérrez, ha elogiado el trabajo de los directores de Coco, con los que tiene muy buena relación, y ha celebrado la existencia de otra película de animación que honre la riqueza cultural de su país. Así que podemos zanjar la polémica.

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La familia siempre ha sido uno de los núcleos temáticos de las películas de Pixar, pero en Coco adquiere mayor importancia. La historia nos presenta a Miguel (Anthony González), un niño mexicano que aspira a ser músico como su ídolo, Ernesto de la Cruz (Benjamin Pratt). Sin embargo, el pequeño debe vivir su pasión en secreto, ya que la música está terminantemente prohibida en su hogar desde que su tatarabuela fuera abandonada por su marido para perseguir su sueño de convertirse en un cantautor de éxito. En el Día de los Muertos, Miguel desobedece las normas de su familia y se escapa a la plaza del pueblo para participar en el concurso de talentos anual, pero tras una misteriosa cadena de acontecimientos, queda atrapado en la tierra de los muertos, donde deberá buscar la forma de regresar a su mundo con la ayuda de sus antepasados y un paria encantador llamado Héctor (Gael García Bernal).

Coco es Pixar en estado puro. Con ella, el estudio nos vuelve a ofrecer lo que se espera de sus películas: excelencia técnica, imaginación desbordante, lecciones vitales importantes pero libres de adoctrinamiento, una doble lectura que la hace disfrutable para niños y adultos, y mucha, mucha emoción. Aunque su historia peque de formulaica como la mayoría de entregas recientes de los diferentes estudios que conviven bajo el techo de Disney -con un guion en el que no falta la mascota simpática, el giro sorpresa o el clímax lacrimógeno-, Coco evita caer en la repetición con energía a raudales, una inventiva que no se agota en ningún momento y sobre todo mucho corazón.

La película es todo un espectáculo visual, un estallido de color -con los adecuados toques macabros- en el que las texturas y la animación de los personajes vuelven a dejarnos boquiabiertos y el diseño de escenarios, especialmente los de la tierra de los muertos (aunque también los del mundo real) son dignos de asombro. Las secuencias de acción y los números musicales (atención a las hilarantes intervenciones de Frida Kahlo) son excelentes, pero al final, lo que verdaderamente nos atrapa de la película son las sinceras emociones que la sostienen férreamente; el localista y a la vez universal retrato de la familia que lleva a cabo, y esa ternura a la que uno acaba rendido, sobre todo durante su acongojante recta final. Es imposible no acabar llorando a moco tendido durante la última escena entre Miguel y su adorable bisabuela Coco, un final a la altura del de Up.

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Aunque no llega al nivel de las mayores obras maestras del estudio, Coco es otro triunfo incontestable de Pixar, una película divertida y entrañable, llena de magia y personajes encantadores, y además social y políticamente oportuna. En tiempos de muros, Pixar ha trazado un puente desde todo el mundo hacia México con Coco, un precioso canto a la tradición de este país en el que se puede sentir el amor por su cultura (laboriosa y respetuosamente documentada), y también una inspiradísima reflexión sobre la familia y el legado que enseña a los más pequeños (y a los mayores) la importancia de no olvidar a los que nos han dejado y mantener vivo su recuerdo.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

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