Crítica: Tierra de Dios

Tierra de Dios (God’s Own Country) es el multipremiado debut en el largometraje del inglés Francis Lee. Su aclamada opera prima no ha parado de recibir elogios y galardones a su paso por múltiples festivales de cine en los últimos meses, incluyendo los de mejor película en Edimburgo y Sevilla, además de acumular 11 nominaciones a los premios del cine británico. Y no es para menos. Descrita (simplificando mucho el asunto) como la Brokeback Mountain británicaTierra de Dios es una de las películas LGBT+ más arrebatadoramente hermosas que hemos visto.

Lee se crió en una granja en Soyland, localidad campestre del condado de West Yorkshire, donde el autor regresa para rodar una historia de amor, autodescubrimiento y despertar emocional en la que las preciosas localizaciones de la Inglaterra rural juegan un papel esencial. Para los protagonistas, Lee escogió a dos actores completamente desconocidos, con el objetivo de no distraer a la audiencia y no crear ideas preconcebidas. Josh O’Connor interpreta a Johnny Saxby, un joven que trabaja sin descanso en la granja de ovejas de su familia, al norte de Inglaterra y que recurre frecuentemente al alcohol y el sexo casual con extraños para distraerse de la soledad y la rutina. Todo cambia con la llegada de Gheorghe (Alec Secareanu), un atractivo inmigrante rumano que acude a la granja en busca de trabajo. A pesar del rechazo inicial de Johnny y la incómoda tirantez que surge entre ambos, trabajar juntos hace que acaben desarrollando una intensa relación que cambiará la vida de Johnny por completo.

Filmada con el mismo tacto con el que está narrada, Tierra de Dios se alza como un conmovedor relato sobre la aceptación de uno mismo, el deseo, la búsqueda de conexión, el vínculo al lugar y la exploración de la sexualidad en un duro entorno de aislamiento y silencio. Lee retrata a los protagonistas y su relación con detallismo y sutilidad, hallando las palabras en sus gestos y elocuentes y poderosas miradas, desnudándolos por completo (literal y figuradamente) en carnales escenas de sexo, y trazando con todo ello una historia de primer amor de una fuerza y humanidad desbordantes con la que es muy fácil involucrarse emocionalmente. La complicidad y la pasión que surge entre Johnny y Gheorghe nos deja pasajes de sentimientos a flor de piel y profunda sensualidad, gracias a la mirada íntima y comprensiva del director, y a las impresionantes interpretaciones de O’Connor y Secareanu, dos jóvenes de gran talento natural que se dejan las entrañas en un soberbio ejercicio de contención dramática seguido de un estallido visceral.

tierra-de-dios-posterTambién hay que elogiar a los veteranos Ian Hart y Gemma Jones, que junto a la pareja protagonista forman un cuarteto interpretativo excepcional. De hecho, Lee trata la relación de Johnny con su padre enfermo y su abuela con el mismo cariño y minuciosa atención al detalle que el romance central, también contándonos mucho más de lo que parece con cada interacción cotidiana y cada mirada (el trabajo de Hart y Jones sobrecoge de principio a fin), componiendo así con sus inteligentes matices un universo de significado muy rico.

Aunque Tierra de Dios ofrece una segunda lectura como alegato pro-inmigración en la era Brexit, la película es por encima de todo una intensa y sincera historia de amor y crecimiento personal, no exenta de dolor, pero llena de optimismo y esperanza. El poder bucólico de sus imágenes (magistralmente filmadas y con una dirección de fotografía inmejorable), la forma en la que Lee utiliza el trato a los animales en la granja, a veces como sustituto del tan anhelado tacto humano, y la apabullante química entre los protagonistas hacen de Tierra de Dios una experiencia cinematográfica irresistible que se suma al canon del mejor cine gay y a la lista de las películas más imprescindibles del año.

Pedro J. García

Nota:★★★★½

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