Crítica: El fiel

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El fiel (La Fidèle) es el tercer largometraje como director de Michaël R. Roskam, así como su tercera colaboración con su compatriota Matthias Schoenaerts. El que es uno de los actores más destacados del cine europeo actual protagonizó la opera prima de Roskam, Bullhead, y figuró como secundario en el reparto de la internacional La entrega, liderado por Tom Hardy. En El fiel, la candidata por Bélgica a los Oscar 2017, Schoenaerts recupera el protagonismo y lo comparte con la revelación Adèle Exarchopoulos, a la que ya teníamos ganas de ver en un proyecto destacado, después de arrancarnos las entrañas en La vida de Adèle.

Esta magnética y atractiva pareja es el centro de una intensa historia de amor que transcurre entre la alta sociedad y el mundo criminal de Bruselas. Gino ‘Gigi’ Venoirbeek (Schoenaerts) se enamora a primera vista de Bénédicte ‘Bibi’ De Coninck (Exarchopoulos), hija de un empresario rico que dedica su tiempo libre a las carreras de coches. La conexión es inmediata, el flirteo da lugar a la pasión, y la pasión a una relación de pareja. Sin embargo, su amor peligra por el secreto que Gino esconde a Bibi: en realidad, él es un criminal que se dedica a dar ambiciosos golpes a mano armada alrededor de Europa junto a su banda, lo que pone a Bibi en una situación comprometida, en la que ambos tendrán que demostrar la incondicionalidad de su amor para luchar contra el destino.

el-fiel-posterEl fiel supone la autoconfirmación del estilo de Roskam, que incide nuevamente en los mismos temas que ya abordó en sus dos anteriores largometrajes, dibujando otro thriller turbio en el que la conexión humana y el amor trágico se desarrolla en el contexto de la criminalidad, y donde los animales (concretamente los perros) vuelven a jugar un papel fundamental, al igual que en Bullhead La entrega. Con estos elementos, Roskam propone un cine de gángsters más íntimo y contenido, más frío si lo deseáis, pero no exento de violencia y glamour. No obstante, lo que funcionaba en sus anteriores cintas, aquí falla por culpa de un argumento que se vuelve cada vez más inverosímil y absurdo a medida que avanza la película.

El fiel se divide en dos secciones, una centrada en Gigi y la otra a Bibi. La primera parte destaca por la sutil caracterización que Roskam lleva a cabo con los personajes y la química, reservada pero evidente, que hay entre Schoenaerts y Exarchopoulos, que viven su romance en pantalla de forma creíble y natural. La segunda parte, que lidia con las ramificaciones de la vida criminal de Gigi y los efectos que la verdad sobre él causan en Bibi, deriva hacia el thriller más mecánico, perdiendo el rumbo con decisiones incoherentes hasta desembocar en un clímax efectista que roza por momentos el ridículo. A pesar del buen hacer de sus dos protagonistas y de una dirección firme y elegante (el plano secuencia en coche al final hipnotiza), El fiel acaba pisando el acelerador hacia el olvido.

Pedro J. García

Nota: ★★½

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