Crítica: The Square

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“¡a… u… aaah! Algo, has oído algo. Un grito casi ahogado por la imperfecta cancelación de ruido de tus nuevos auriculares. Click en el centro de la ruleta de tu iPod Classic. Parar ‘Caballo ganador’ debería estar penado, pero… “¡AYUDA!” Ahora sí, alto y claro, un grito de socorro. Alguien necesita ayuda, pero ayuda de quién y para qué. En pleno Primer Mundo, en el centro de la capital del reino, ¿alguien necesita auxilio? Eso es algo que necesita la gente que sale en las noticias de la tele o en los posts que comparten los cansinos en redes sociales. “¡AYUDA!” Oteo el horizonte e identifico el problema: un señor de cierta edad se ha derrumbado sobre sí mismo, como si de un rascacielos se tratase. Su compañera, simple coetánea o novieta recién echada, es la que implora un poco de caridad. “Ayúdeme, joven. Mi Carlos se ha caído y yo no puedo. Está ya muy torpe y no hace caso con lo del bastón”. Envalentonado y con cierta retórica médica que da años y años de visionados de Anatomía de Grey, me dispongo a identificar el problema, pero como ya ha dicho la buena de Cecilia ha sido una caída tonta por no hacer caso a los médicos. Nada más. Abuelete arriba, divinamente posado como si fuese una marioneta del infame Jose Luis en la jardinera que nos protege del miedo. Un poquito de aire y me despido de la pareja. Antes una fotito, no con ellos, ya que el protagonista somos yo y mi chupa de borreguito. Un pequeño texto explicándolo todo, subiendo y… ¡hostia, los hashtags! #obradeldia #nuestrosmayores #solidaridad #todossomosiguales #todosseremosmayores #foreveryoung #unbonitodia #ayuda #pequeñosgestos #salvandoelmundo #nofilter #instag…. ¡Joder! Voy a guardar el iPhone que ese homeless tiene muy mala pinta y seguro que intenta levantármelo y venderlo pa’ droga. ¡Qué asco de ciudad! Si es que uno no puede ir tranquilo por la puta calle…

Somos unos hipócritas. Despreciables seres que realizamos pequeños gestos de esos llamados humanitarios pero que la jodemos con las patitas de atrás obviando los grandes problemas y los verdaderos causantes de todo con tal de que todo siga tal y como está, como Dios manda, que diría alguno. Ruben Östlund (Fuerza mayor) se ha empeñado en demostrarnos lo falsos y extremadamente tontos que somos con The Square, una sátira sobre el mundo del Arte, fácilmente extrapolable a la sociedad occidental de hoy en día, cinta con la que se llevó una más que merecida Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes.

‘The Square’ es un simple cuadrado en el suelo que por obra y magia del arte, se convierte en un espacio donde todo el mundo debe ayudarse… siempre que se encuentren en los límites de ese cuadrado, claro está. Altruismo y valores al servicio del arte. Una pieza que promueve una sociedad justa e igualitaria… una creación expuesta en un macromuseo de arte postpostpostmoderno, un lugar por y para las clases altas y los burgueses culturetas. Aquellas que no tienen ni un mínimo de interés en hacer lo que promueve la dichosa obra y reventar la cada vez más amplia brecha que separa a los ricos de los pobres.

El prototipo de ese alto burgués con ínfulas de crear una sociedad equitativa es Christian (Claes Bang), mandamás del museo de marras y endiosado macho alfa que donde pone el ojo, pone la polla… y ellas dan palmas (o eso cree). Él es el monarca supremo y todo ocurre bajo su supervisión, realizando las gestiones de manera aséptica, elegante y perfecta. Él es el chico de póster perfecto. Todo cambia cuando un pequeño incidente en la calle le deja con el ego subido (por su gesta heroica) y sin la cartera, ni el móvil. Medio en broma, medio en serio, Christian decide actuar como todo un vigilante y recuperar su cartera con la asistencia de Michael (Christopher Læssø), uno de sus fieles lacayos del museo. Ellos, dos machotes acomodados que se ponen música de cuñaos vengadores en su cochazo eléctrico mientras se dirigen a la zona chunga de la ciudad para recuperar los bienes robados.

Östlund no se preocupa en desmontar la tontería de las clases acomodadas, sino que prefiere mostrarla sin más, ya que esta se deja en evidencia ella solita. Disfrazada de comedia satírica, The Square es una crítica contundente a la estupidez humana, una mirada para nada discreta a ese encanto de la burguesía del siglo XXI. Un grupo social que lejos de abandonar la dictadura de las apariencias sobre la que se venía estructurando en siglos pasados, la ha perfeccionado y fortalecido, engendrando la generación de estúpidos mejor preparada y desapegada de la historia. Un aspecto que parece ser, se irá perfeccionando con las descendencias de estos, ya que los dos personajes más despreciables del film no son otros que los dos millennials encargados de la promoción de la exposición.

The Square abruma por su poderío cinematográfico y por su capacidad de calar a posteriori en el espectador. Las carcajadas están aseguradas, ya que el humor físico y ridículo está ahí, pero el daño interno también. Östlund es uno de los pocos cineastas que ha intentado acercarse al maestro Buñuel y no han muerto en el intento. El humor satírico y socarrón de esta cinta bebe directamente de la alocada dupla de El discreto encanto de la burguesía y El fantasma de la libertad, atreviéndose a jugar también casi con la marciana fragmentación de La vía láctea y llegando a rememorar a la mismísima cena de El ángel exterminador en una de las escenas más potentes, desagradables y turbadoras de la década: la de la performance durante de la cena de gala. Su The Square supera con creces en barroquismo al ladrón de Sorrentino, en profundidad al Haneke amansado de los últimos tiempos y en bizarrismo al desacertado Léos Carax de Holy Motors.

Aunque los nombres de nuestra querida Elizabeth Moss (Mad Men, The Handmaid’s Tale) y Dominic West (The Wire, The Affair) ocupen un lugar destacado en el cartel, no se dejen engañar, ya que ambas participaciones son muy divertidas, pero meramente anecdóticas. Aquí el verdadero triunfador es Claes Bang. Forjado en el teatro, Bang realiza un recital interpretativo espectacular dando vida la deplorable Christian y como su personaje, Bang devora y eclipsa a todo y a todos. Destacable también es la hercúlea participación de Terry Notary, primate profesional (él es actor especialista en motion capture que ha participado en la última trilogía de El planeta de los simios) como un actor de perfomance un pelín pasado de rosca.

The Square es una de las obras más lúcidas y corrosivas de lo que llevamos de siglo. Östlund se ha propuesto ahogarnos entre las carcajadas y la congoja provocadas por el reflejo en la gran pantalla de nuestra gran culpa occidental.

David Lastra

Nota: ★★★★★

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