Coco: En tiempos de muros, Pixar traza un puente hacia México [Crítica]

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Después de estrenar dos secuelas consecutivas, Buscando a DoryCars 3, Pixar regresa temporalmente a las ideas originales con Coco, colorista y emocionante aventura ambientada en México que nos devuelve al estudio en su faceta más inquieta y ambiciosa. La última vez que Pixar nos sorprendió con un concepto original y novedoso fue con Del revés (Inside Out), un estimulante ejercicio de disección psicológica infantil que nos recordaba a los fértiles tiempos de WALL-E Up. Con Coco, dirigida por Lee Unkrich (Toy Story 3) y Adrian Molina (que debuta como co-director después de varios años en otros departamentos del estudio), Pixar vuelve a plantearse un difícil reto artístico que supera con éxito: hacer una película apta para el público infantil que aborde extensamente el tema de la muerte.

Sí, todos estamos al tanto de la existencia de una película llamada El libro de la vida (2014), ambientada, como Coco, en la celebración mexicana del Día de los Muertos. Pero más allá del contexto cultural en el que se desarrollan, lo cierto es que narrativamente no tienen mucho que ver. Además de que, como bien han argumentado los creadores de ambas cintas, ¿por qué no pueden existir dos películas ambientadas en el Día de los Muertos si tenemos tantas enmarcadas en otras fiestas o hitos culturales e históricos? El realizador de El libro de la vida, Jorge R. Gutiérrez, ha elogiado el trabajo de los directores de Coco, con los que tiene muy buena relación, y ha celebrado la existencia de otra película de animación que honre la riqueza cultural de su país. Así que podemos zanjar la polémica.

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La familia siempre ha sido uno de los núcleos temáticos de las películas de Pixar, pero en Coco adquiere mayor importancia. La historia nos presenta a Miguel (Anthony González), un niño mexicano que aspira a ser músico como su ídolo, Ernesto de la Cruz (Benjamin Pratt). Sin embargo, el pequeño debe vivir su pasión en secreto, ya que la música está terminantemente prohibida en su hogar desde que su tatarabuela fuera abandonada por su marido para perseguir su sueño de convertirse en un cantautor de éxito. En el Día de los Muertos, Miguel desobedece las normas de su familia y se escapa a la plaza del pueblo para participar en el concurso de talentos anual, pero tras una misteriosa cadena de acontecimientos, queda atrapado en la tierra de los muertos, donde deberá buscar la forma de regresar a su mundo con la ayuda de sus antepasados y un paria encantador llamado Héctor (Gael García Bernal).

Coco es Pixar en estado puro. Con ella, el estudio nos vuelve a ofrecer lo que se espera de sus películas: excelencia técnica, imaginación desbordante, lecciones vitales importantes pero libres de adoctrinamiento, una doble lectura que la hace disfrutable para niños y adultos, y mucha, mucha emoción. Aunque su historia peque de formulaica como la mayoría de entregas recientes de los diferentes estudios que conviven bajo el techo de Disney -con un guion en el que no falta la mascota simpática, el giro sorpresa o el clímax lacrimógeno-, Coco evita caer en la repetición con energía a raudales, una inventiva que no se agota en ningún momento y sobre todo mucho corazón.

La película es todo un espectáculo visual, un estallido de color -con los adecuados toques macabros- en el que las texturas y la animación de los personajes vuelven a dejarnos boquiabiertos y el diseño de escenarios, especialmente los de la tierra de los muertos (aunque también los del mundo real) son dignos de asombro. Las secuencias de acción y los números musicales (atención a las hilarantes intervenciones de Frida Kahlo) son excelentes, pero al final, lo que verdaderamente nos atrapa de la película son las sinceras emociones que la sostienen férreamente; el localista y a la vez universal retrato de la familia que lleva a cabo, y esa ternura a la que uno acaba rendido, sobre todo durante su acongojante recta final. Es imposible no acabar llorando a moco tendido durante la última escena entre Miguel y su adorable bisabuela Coco, un final a la altura del de Up.

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Aunque no llega al nivel de las mayores obras maestras del estudio, Coco es otro triunfo incontestable de Pixar, una película divertida y entrañable, llena de magia y personajes encantadores, y además social y políticamente oportuna. En tiempos de muros, Pixar ha trazado un puente desde todo el mundo hacia México con Coco, un precioso canto a la tradición de este país en el que se puede sentir el amor por su cultura (laboriosa y respetuosamente documentada), y también una inspiradísima reflexión sobre la familia y el legado que enseña a los más pequeños (y a los mayores) la importancia de no olvidar a los que nos han dejado y mantener vivo su recuerdo.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Tierra de Dios

Tierra de Dios (God’s Own Country) es el multipremiado debut en el largometraje del inglés Francis Lee. Su aclamada opera prima no ha parado de recibir elogios y galardones a su paso por múltiples festivales de cine en los últimos meses, incluyendo los de mejor película en Edimburgo y Sevilla, además de acumular 11 nominaciones a los premios del cine británico. Y no es para menos. Descrita (simplificando mucho el asunto) como la Brokeback Mountain británicaTierra de Dios es una de las películas LGBT+ más arrebatadoramente hermosas que hemos visto.

Lee se crió en una granja en Soyland, localidad campestre del condado de West Yorkshire, donde el autor regresa para rodar una historia de amor, autodescubrimiento y despertar emocional en la que las preciosas localizaciones de la Inglaterra rural juegan un papel esencial. Para los protagonistas, Lee escogió a dos actores completamente desconocidos, con el objetivo de no distraer a la audiencia y no crear ideas preconcebidas. Josh O’Connor interpreta a Johnny Saxby, un joven que trabaja sin descanso en la granja de ovejas de su familia, al norte de Inglaterra y que recurre frecuentemente al alcohol y el sexo casual con extraños para distraerse de la soledad y la rutina. Todo cambia con la llegada de Gheorghe (Alec Secareanu), un atractivo inmigrante rumano que acude a la granja en busca de trabajo. A pesar del rechazo inicial de Johnny y la incómoda tirantez que surge entre ambos, trabajar juntos hace que acaben desarrollando una intensa relación que cambiará la vida de Johnny por completo.

Filmada con el mismo tacto con el que está narrada, Tierra de Dios se alza como un conmovedor relato sobre la aceptación de uno mismo, el deseo, la búsqueda de conexión, el vínculo al lugar y la exploración de la sexualidad en un duro entorno de aislamiento y silencio. Lee retrata a los protagonistas y su relación con detallismo y sutilidad, hallando las palabras en sus gestos y elocuentes y poderosas miradas, desnudándolos por completo (literal y figuradamente) en carnales escenas de sexo, y trazando con todo ello una historia de primer amor de una fuerza y humanidad desbordantes con la que es muy fácil involucrarse emocionalmente. La complicidad y la pasión que surge entre Johnny y Gheorghe nos deja pasajes de sentimientos a flor de piel y profunda sensualidad, gracias a la mirada íntima y comprensiva del director, y a las impresionantes interpretaciones de O’Connor y Secareanu, dos jóvenes de gran talento natural que se dejan las entrañas en un soberbio ejercicio de contención dramática seguido de un estallido visceral.

tierra-de-dios-posterTambién hay que elogiar a los veteranos Ian Hart y Gemma Jones, que junto a la pareja protagonista forman un cuarteto interpretativo excepcional. De hecho, Lee trata la relación de Johnny con su padre enfermo y su abuela con el mismo cariño y minuciosa atención al detalle que el romance central, también contándonos mucho más de lo que parece con cada interacción cotidiana y cada mirada (el trabajo de Hart y Jones sobrecoge de principio a fin), componiendo así con sus inteligentes matices un universo de significado muy rico.

Aunque Tierra de Dios ofrece una segunda lectura como alegato pro-inmigración en la era Brexit, la película es por encima de todo una intensa y sincera historia de amor y crecimiento personal, no exenta de dolor, pero llena de optimismo y esperanza. El poder bucólico de sus imágenes (magistralmente filmadas y con una dirección de fotografía inmejorable), la forma en la que Lee utiliza el trato a los animales en la granja, a veces como sustituto del tan anhelado tacto humano, y la apabullante química entre los protagonistas hacen de Tierra de Dios una experiencia cinematográfica irresistible que se suma al canon del mejor cine gay y a la lista de las películas más imprescindibles del año.

Pedro J. García

Nota:★★★★½

American Gods – Primera Temporada [Reseña y sorteo]

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Cuando Starz, la cadena de OutlanderAsh vs. Evil Dead entre otras, anunció que estaba preparando una adaptación del best-seller internacional American Gods con Bryan Fuller (Hannibal) al frente del proyecto, el júbilo se apoderó de los fans de Neil Gaiman y los aficionados al género fantástico en general, que está atravesando un momento muy fértil. La idea de una serie basada en una de las novelas más celebradas del popular autor británico, producida por uno de los productores televisivos más creativos y visualmente estimulantes del momento, era demasiado atractiva como para no dejarse invadir por el entusiasmo.

El pasado mes de abril, Starz estrenó American Gods (en España la ofrece en exclusiva Amazon Prime Video), rodeada de una gran expectación y precedida de varias promos que vaticinaban una de las series más sorprendentes e impactantes de los últimos años. Y lo cierto es que, a pesar de un comienzo algo confuso y titubeante (lógico por otra parte teniendo en cuenta el material en el que se basa y el estilo de su autor), no decepcionó, confirmándose a lo largo de 8 episodios como una ficción osada y completamente diferente a cualquier otra cosa que hay ahora mismo en televisión.

American Gods relata la lucha encarnizada entre los dioses antiguos y los nuevos, una contienda que tiene lugar en varios frentes y viene a reflejar la dualidad de la sociedad norteamericana, así como la dicotomía entre tradición y tecnología, la realidad física y la virtual, en un mundo en el que las fronteras entre el bien y el mal están más difusas que nunca.

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La historia sigue los pasos de Shadow Moon (Ricky Whittle), quien tras cumplir tres años de condena por robar un casino, es puesto en libertad el día que recibe la noticia de que su esposa, Laura (Emily Browning), ha muerto en un accidente de coche en pleno acto sexual con otro hombre. De camino al funeral, Shadow se encuentra con el misterioso Mr. Wednesday (Ian McShane), un peculiar y enigmático individuo que lo sabe todo sobre su vida. Shadow acepta el puesto de “guardaespaldas” de Mr. Wednesday, embarcándose así con él en un impredecible viaje a través de Norteamérica en el que descubrirá un mundo oculto donde la magia es real, una realidad adyacente a la de los mortales donde se está fraguando un conflicto fatal entre dioses, en el que Shadow tendrá un papel más importante del que cree.

Bryan Fuller es uno de los productores más personales e imaginativos que hay actualmente en televisión. Su ojo prodigioso para la estética, su preciosismo macabro y el respeto que siente por el género fantástico lo convertían en el candidato idóneo para acometer este loco proyecto. Claro que, por otro lado, Fuller se suele mover peligrosamente en la línea que separa lo sublime de lo pretencioso, cayendo a veces en el error del estilo sobre la sustancia. Afortunadamente, en American Gods esto no pasa, a pesar de que en ocasiones lo parezca. Lo mejor de la serie es que, además de sacar los ojos de las órbitas con sus imágenes, de una plasticidad y una belleza inigualables, cuenta una historia fascinante con unos personajes que enamoran.

De todos ellos es precisamente el protagonista, Shadow, el menos interesante, quizá porque la interpretación de Whittle carece de los matices y el carisma que requiere el personaje (aunque tiempo al tiempo, que el viaje personal de Shadow acaba de empezar y él sigue tan confundido como nosotros). Le hacen sombra (pun intended) Ian McShane, que brilla con una interpretación deliciosamente excéntrica, y la infravalorada Emily Browning, cuyo personaje conocemos en profundidad en el que es el mejor episodio de la temporada, “Git Gone”, un standalone hermoso y melancólico que compone una de las horas más redondas que se han visto en televisión este año.

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Y por supuesto, mención aparte merecen los demás dioses y criaturas fantásticas, en especial un desatado Pablo Schreiber como el divertido leprechaun Mad Sweeney, la siempre genial Kristin Chenoweth como la diosa de la Pascua y por encima de todos, ahí arriba, en lo más alto del Olimpo de American Gods, Gillian Anderson como Media, la diosa de la comunicación, un personaje que permite a la venerada actriz de Expediente X demostrar su versatilidad al convertirse en diferentes iconos de la cultura popular, como David Bowie, Marilyn Monroe o Lucille Ball, y que se revela como un golpe maestro de casting (una diosa real de la cultura pop encarnando a la diosa de los mass media en la ficción, más perfecto imposible). Solo por sus breves pero cegadoras apariciones, la serie merece la pena.

American Gods es una serie insólita, asombrosa, extraña, y sobre todo muy atrevida. Que forme parte de Starz, la única cadena que hace sombra de verdad a HBO en cuanto a violencia gráfica y contenido sexual, permite a Fuller dar rienda suelta a sus pulsiones más oscuras y sensuales, con escenas que se quedan para siempre en la retina, como la presentación de Bilquis (Yetide Badaki), que se traga al hombre con la vagina después del coito, o el encuentro sexual entre Salim (Omid Abtahi) y el Genio (Mousa Kraish), una secuencia de sexo gay de lo más explícito que se ha visto jamás en televisión.

Con su brutal apartado visual, sus seductores personajes y su compromiso con el delirio, American Gods es todo un regalo para los sentidos, una serie apasionante que no ha hecho más que empezar. No me quiero ni imaginar cuando llegue la verdadera guerra entre dioses.

american-gods-blu-rayLa primera temporada de American Gods ya está a la venta en España de la mano de Sony Pictures Home Entertainment. La serie se ha puesto a la venta en Blu-ray y DVD.

Ambas ediciones cuentan con contenidos adicionales perfectos para hacer más llevadera la espera de la segunda temporada:

• Entrevistas del reparto con Ian McShane, Ricky Whittle, Emily Browning y Bruce Langley

• Corto: “Antiguos dioses, Dioses modernos, Libro vd Show, Qué es American Gods”

• El origen de American Gods con Neil Gaiman

• Entrevistas en la Comic-Con de San Diego

¡CONCURSO! Si queréis ganar una copia en Blu-ray de la primera temporada de American Gods cortesía de Sony Pictures Home Entertainment, solo tenéis que dejar un comentario en esta entrada. Entre todos los que escribáis sortearemos el pack al azar, y el ganador o ganadora la recibirá en su casa gratis. Concurso solo válido para España. Finaliza el miércoles 6 de diciembre de 2017 a las 23:59h. ¡Suerte! [Este sorteo ha finalizado. Estad atentos a la página de Facebook de FNVLT para más concursos]

Crítica: El fiel

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El fiel (La Fidèle) es el tercer largometraje como director de Michaël R. Roskam, así como su tercera colaboración con su compatriota Matthias Schoenaerts. El que es uno de los actores más destacados del cine europeo actual protagonizó la opera prima de Roskam, Bullhead, y figuró como secundario en el reparto de la internacional La entrega, liderado por Tom Hardy. En El fiel, la candidata por Bélgica a los Oscar 2017, Schoenaerts recupera el protagonismo y lo comparte con la revelación Adèle Exarchopoulos, a la que ya teníamos ganas de ver en un proyecto destacado, después de arrancarnos las entrañas en La vida de Adèle.

Esta magnética y atractiva pareja es el centro de una intensa historia de amor que transcurre entre la alta sociedad y el mundo criminal de Bruselas. Gino ‘Gigi’ Venoirbeek (Schoenaerts) se enamora a primera vista de Bénédicte ‘Bibi’ De Coninck (Exarchopoulos), hija de un empresario rico que dedica su tiempo libre a las carreras de coches. La conexión es inmediata, el flirteo da lugar a la pasión, y la pasión a una relación de pareja. Sin embargo, su amor peligra por el secreto que Gino esconde a Bibi: en realidad, él es un criminal que se dedica a dar ambiciosos golpes a mano armada alrededor de Europa junto a su banda, lo que pone a Bibi en una situación comprometida, en la que ambos tendrán que demostrar la incondicionalidad de su amor para luchar contra el destino.

el-fiel-posterEl fiel supone la autoconfirmación del estilo de Roskam, que incide nuevamente en los mismos temas que ya abordó en sus dos anteriores largometrajes, dibujando otro thriller turbio en el que la conexión humana y el amor trágico se desarrolla en el contexto de la criminalidad, y donde los animales (concretamente los perros) vuelven a jugar un papel fundamental, al igual que en Bullhead La entrega. Con estos elementos, Roskam propone un cine de gángsters más íntimo y contenido, más frío si lo deseáis, pero no exento de violencia y glamour. No obstante, lo que funcionaba en sus anteriores cintas, aquí falla por culpa de un argumento que se vuelve cada vez más inverosímil y absurdo a medida que avanza la película.

El fiel se divide en dos secciones, una centrada en Gigi y la otra a Bibi. La primera parte destaca por la sutil caracterización que Roskam lleva a cabo con los personajes y la química, reservada pero evidente, que hay entre Schoenaerts y Exarchopoulos, que viven su romance en pantalla de forma creíble y natural. La segunda parte, que lidia con las ramificaciones de la vida criminal de Gigi y los efectos que la verdad sobre él causan en Bibi, deriva hacia el thriller más mecánico, perdiendo el rumbo con decisiones incoherentes hasta desembocar en un clímax efectista que roza por momentos el ridículo. A pesar del buen hacer de sus dos protagonistas y de una dirección firme y elegante (el plano secuencia en coche al final hipnotiza), El fiel acaba pisando el acelerador hacia el olvido.

Pedro J. García

Nota: ★★½

Spider-Man Homecoming: El “chico” araña vuelve a casa

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Spider-Man: Homecoming es el regreso a casa del Trepamuros en muchos sentidos: vuelve a Marvel, vuelve a la adolescencia y ahora vuelve también a los hogares con el lanzamiento de la película en España en DVD, Blu-ray y 4K Ultra HD y con múltiples ediciones.

Que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” es algo que Marvel Studios tiene muy claro. Sobre todo desde que llegó a su acuerdo con Sony Pictures para compartir a uno de los superhéroes más populares de todos los tiempos, Spider-Man. Con Capitán América: Civil War, el Trepamuros hizo su esperado debut en el Universo Cinemático de Marvel, después de dos franquicias y dos iteraciones diferentes (y muy recientes) bajo el techo de Sony. El gran crossover dirigido por los hermanos Russo llegaba abarrotado de superhéroes, pero el nuevo Hombre Araña se las arregló para destacar entre todos ellos. La introducción de Tom Holland en el UCM se saldó con una reacción muy positiva por parte del público, y la consiguiente expectación por ver cómo se desenvolvía en su primera aventura en solitario dentro de este universo en expansión.

Pues bien, continuando la racha imparable de Marvel Studios, Spider-Man: Homecoming aprueba con nota su primer curso. Dirigido por Jon Watts, este nuevo reboot nos lleva de vuelta a las aulas para presentarnos a un Peter Parker adolescente y descubrirnos cómo es su vida después de pelear por primera vez junto a Los Vengadores. Con Tony Stark (Robert Downey Jr.) y Happy (Jon Favreau) como mentores y supervisores, Peter regresa a la normalidad en su barrio de Queens, donde espera a que lo llamen para embarcarse en su próxima misión con los Héroes Más Poderosos de la Tierra. Pero esa llamada tan deseada nunca llega, por lo que el muchacho tendrá que explorar sus poderes y su nueva responsabilidad como justiciero enmascarado por su cuenta. Así, Peter deberá compaginar su vida como estudiante con su labor como superhéroe y hallar su propia identidad antes de poder unirse oficialmente a Los Vengadores. Por supuesto, sus problemas cotidianos y la irrupción en su vida de un villano, El Buitre (Michael Keaton), le dificultarán considerablemente la tarea.

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Tal y como Kevin Feige, el mandamás de Marvel Studios, adelantó en su día, Spider-Man: Homecoming es la primera entrega en una saga que toma prestada la idea de una película por curso de Harry Potter. Por tanto, estamos ante el primer año de Spider-Man, el curso en el que todavía no tenemos muy claro quiénes somos, o cómo llegar a ser quienes queremos ser. Sin embargo, Homecoming no es exactamente una origin story, más que nada porque la película evita contarnos de nuevo el origen del Hombre Araña. En su lugar, la picadura de araña o la muerte del tío Ben se mencionan de soslayo, sin apenas darle peso en el relato, en lugar hacer que el espectador tenga que verlo por tercera vez en tan poco tiempo (tampoco esperéis oír el famoso lema con el que empieza esta crítica). El origen de Spider-Man es conocido por todos, así que Marvel se ha permitido obviarlo para centrarse en las novedades del personaje y su afiliación a Los Vengadores.

Y las novedades que plantea Homecoming son numerosas y sirven para reinventar el personaje y su historia a base de licencias creativas que, aunque la distancian de la versión más clásica, no traicionan su esencia. Para empezar, el nuevo traje de Spider-Man es un híbrido del uniforme clásico y la armadura de Iron Man que sugiere una variación más tecnológica del héroe arácnido (con IA incluido, Karen, voz de Jennifer Connelly). Los personajes a su alrededor también han cambiado con respecto a sus versiones más icónicas. La tía May (Marisa Tomei) ya no es la anciana de siempre, sino una AILF en toda regla, el bully Flash Thompson ahora tiene el aspecto de Tony Revolori (totalmente opuesto a su imagen tradicional), y no hay rastro de Mary Jane (¿o sí?), J.J. Jameson o el archienemigo más emblemático de Spider-Man, El Duende Verde. Todo esto responde a esa necesidad de hacer de esta aventura el Año Uno del que hablaba, un Primer Curso de la Escuela de Superhéroes de Queens, para esquivar así el hastío de la repetición antes de introducir todos los elementos más reconocibles del personaje, cuando este esté asentado en su nueva piel.

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El rejuvenecimiento de Spider-Man aporta frescura y energía al Universo Marvel, con un planteamiento menos grandilocuente, rebajando la escala del peligro para no empezar la casa por el tejado y dejar espacio para tirarla por la ventana en el futuro de la franquicia. Por encima de todo, Spider-Man: Homecoming es una película de instituto, es decir, algo relativamente distinto a lo que hemos visto hasta ahora en el UCM. Y como tal, Watts y el equipo de Marvel han visto oportuno realizar con ella un homenaje al cine de John Hughes, el padre del cine teen moderno (El club de los cincoTodo en un día, La mujer explosiva). Homecoming es lo que sería una cinta de superhéroes si estuviera dirigida por Hughes. Estratificación social entre taquillas, dolores de crecimiento, geeks que se enamoran de la chica más guapa del instituto y se convierten en los héroes de la historia, alianzas amistosas ante la adversidad, escapadas a media noche por la ventana del dormitorio, el siempre trascendental baile anual… todo magnificado por las preocupaciones propias de la edad y el peligro de los villanos de cómic, y actualizado para adaptar los estereotipos del género a nuestros tiempos con un reparto más diverso (cabe destacar a Zendaya, que interpreta a la feminista Michelle, un homenaje directo al personaje de Ally Sheedy en El club de los cinco).

De hecho, más que el trepidante despliegue de acción, son las escenas del día a día en el instituto, la entrañable amistad entre Peter y Ned (Jacob Batalon), las clases, la imprescindible sala de detención, o las conversaciones con May (Tomei está espléndida y muy juguetona), lo que hace que Homecoming sobresalga (quien esto escribe echó de menos más escenas de este tipo). Si acaso, el único pero a este respecto (y no es pequeño) es el hecho de que los personajes femeninos tienen poco peso en la historia, siendo relegadas en todo momento a un segundo plano, algo que esperamos que se corrija en siguientes capítulos.

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Volviendo a nuestro protagonista, en Homecoming Tom Holland confirma lo que ya sospechamos viéndolo verlo en Civil War: Es un Peter Parker perfecto. Puede que incluso el Peter Parker definitivo. Natural, ingenioso, hiperactivo, y muy divertido. A pesar de la participación de Tony Stark como reclamo o cebo para la audiencia (ojo, tampoco sale tanto y su presencia está bien justificada), es Holland quien lleva las riendas de la historia en todo momento, brillando tanto en las escenas cómicas como en las dramáticas (su mejor momento es el más vulnerable, solo, desesperado, intentando salir de debajo de los escombros, como en una de las viñetas más memorables del cómic). Pero como no hay héroe sin villano, hay que destacar también a Michael Keaton como Adrian Toomes, un malo de Marvel en condiciones, para variar. Rizando el rizo de lo meta al volver a hacer de hombre pájaro después de ser Batman e interpretar a un actor a la sombra del superhéroe que le dio la fama en Birdman, Keaton da vida a un villano más real, un enemigo con presencia, entidad y motivación, alejado del tópico del megalómano con sed de poder. Su enfrentamiento con Peter nos conduce a un clímax de gran tensión que, afortunadamente, no recurre a la destrucción de una ciudad o el enésimo fin del mundo, sino que transcurre a un nivel mucho más personal y dramático.

Eso sí, el factor espectacular está ahí, con ambiciosas e imaginativas escenas de acción que sirven como esqueleto narrativo y van aumentando progresivamente en asombro e intensidad. Los set pieces de Homecoming son sencillamente soberbios, especialmente el que tiene lugar en el obelisco de Washington, y también el que transcurre durante un accidente de ferry (Spider-Man en estado puro). Pero lo que hace que la película se desmarque de otras entregas superheroicas es, más que sus stunts, su espíritu jovial y su humanidad. Peter Parker no ha hecho más que empezar, está aprendiendo, y por tanto, tropezará con muchas piedras antes de poder equipararse a sus mayores. Aunque Homecoming satisface como película individual, se deja muchas cosas en el tintero -personajes por explorar (solo hemos rozado la superficie de Flash, May o Michelle), poderes a desarrollar (el sentido arácnido no aparece), la relación de Spidey con Los Vengadores-, dando una buena muestra de su potencial que no gasta todos sus cartuchos y deja con ganas de más.

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Spider-Man: Homecoming es el mejor baile de bienvenida que Marvel podía organizarle al Trepamuros. Una película en la tradición marveliana, donde no falta la inalterable fusión de humor, acción y emoción que ha llevado al estudio a lo más alto, los abundantes guiños (tanto a los cómics como al futuro del Universo Marvel), y sus ceremoniosas escenas post-créditos (la segunda es una de las mejores del UCM, si no la mejor). Todo con un aire más desenfadado y ligero, lo que supone un respiro de la vertiente más épica del género. Poco se le puede reprochar a Spider-Man: Homecoming (si acaso su larga duración, de más de dos horas, aunque lo cierto es que tampoco le sobra nada, o el mencionado problema de la representación femenina); no es perfecta o grandiosa (porque no aspira a serlo), pero sí intachable en lo que se propone. Estamos ante una película de superhéroes ágil, luminosa y colorista, como manda el manual de Marvel, con buenas interpretaciones, diálogos ocurrentes, situaciones divertidas, muchos detalles escondidos que la hacen muy apta para el revisionado (de hecho mejora con las repeticiones, comprobado), y en la que se puede respirar el amor por los cómics en los que se basa (a pesar de los arriesgados cambios).

Nuestro amigo y vecino Spider-Man ha vuelto a la forma, con más entusiasmo e ilusión que nunca, logrando lo imposible: renovar el interés del público por un personaje que empezaba a ser sinónimo de agotamiento. Yo ya estoy contando los días para la próxima vuelta al cole de Peter Parker y todo lo que nos tenga reservado su segundo curso escolar.

Nota: ★★★★

EDICIONES Y CONTENIDOS ADICIONALES

Y esos revisionados de los que hablaba ya son posibles gracias a Sony Pictures Home Entertainment, que ya ha puesto a la venta en España Spider-Man: Homecoming en multitud de formatos y ediciones para toda clase de públicos.

Desde el pasado 22 de noviembre, la película está a la venta en DVD, Blu-ray, 3D y 4K UHD con, atención, siete ediciones diferentes cargadas de contenidos adicionales, además de estar disponible en alquiler y venta digital. Sony ha preparado un cuidadísimo y exhaustivo lanzamiento doméstico a la altura del éxito de la película en cines (recaudó 880 millones de dólares en todo el mundo, convirtiéndose en la quinta película más taquillera del año y la sexta en el ranking de Marvel), con diferentes ediciones para que el espectador tenga donde elegir, incluida una espectacular edición coleccionista con una estatua de resina de nuestro héroe arácnido enfrentándose al Buitre. La que yo he escogido es la preciosa edición limitada en Blu-ray caja metálica con el nuevo logo/drone del traje de Spider-Man a modo de imán que se adhiere en relieve sobre el estuche, y que sumo a mi colección de Marvel en steelbook.

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A continuación detallamos las características y contenidos de las siete ediciones de Spider-Man: Homecoming, que vienen con una simpática presentación de Tom Holland previa al menú.

bluray– La edición sencilla en DVD incluye la película en definición estándar y los siguientes extras:

• Featurette “Buscando a Spider-Man”: ¿cómo fue el casting para encontrar al perfecto Spider-Man? Con la prueba de Tom Holland para conseguir el papel.
• Featurette “Jon Watts: primero de la clase”: una visita al set con el director Jon Watts, para descubrir cómo se desenvuelve en una superproducción de este tamaño.
• Dos piezas sobre la experiencia de Realidad Virtual de Homecoming en PS4.

– La edición sencilla en Blu-ray contiene todos los extras del DVD y los siguientes contenidos adicionales:

• Diez escenas eliminadas y extendidas.
• Tomas falsas de los actores.
• La “Guía de estudio de Spidey”: una pista pop-up en la película que incluye datos, curiosidades y anécdotas del rodaje, los cómics y el universo Marvel.
• Anuncios alternativos e inéditos del Capitán América.
iman• Featurette “Tras la batalla”: Kevin Feige y el resto de productores despejan incógnitas sobre lo ocurrido entre la “Batalla de Nueva York” y el arranque de Homecoming.
• Featurette “La telaraña enredada”, que nos sumerge en la integración de Spider-Man en el Universo Cinematográfico Marvel.
• Y mucho más

– La edición en 3D consiste en un combo con la película en disco Blu-ray 3D, el Blu-ray con todos sus extras, así como un bonus disc, también Blu-ray, que incluye el mini-documental “Galería de villanos”, un repaso a los adversarios del héroe, incluido “El Buitre”, a cargo de los responsables de la película y personalidades del mundo del cine y el cómic que se declaran fans del “trepamuros”.

– La edición 4K UHD cuenta con un disco 4K UHD con las tecnologías Dolby Vision y Dolby Atmos. Además de la película en ultra alta definición, el disco 4K incluye la pista pop-up “Guía de estudio de Spidey” y una galería de fotos. Esta edición también trae el Blu-ray estándar con todos sus extras y el bonus disc con la “Galería de villanos”.

steelbook_G2_Blue_ray_cover– La edición coleccionista incluye una espectacular escultura de resina, limitada y numerada, esculpida por Paul Harding, uno de los artistas más reconocidos en la industria del cómic. En una caja de diseño personalizado encontraremos esta estatua junto a un cómic de Spider-Man inédito y la película en todos los formatos posibles: DVD, Blu-ray, 3D y 4K UHD, así como el Blu-ray de extras con la “Galería de villanos”.

– La edición limitada en caja metálica (Blu-ray) viene en un precioso diseño steelbook que encantará a los amantes de Spider-Man, y que incluye un imán exclusivo con la forma de la icónica araña del traje del trepamuros, así como un cómic inédito. Esta edición incluye la película en Blu-ray y el bonus disc.

– La edición limitada en caja metálica (4K UHD) viene con un diseño alternativo y es exclusiva de Amazon. Incluye la película en 4K UHD, el cómic inédito y un segundo disco con la película y todos sus extras en Blu-ray.

Crítica: Déjame salir (Get Out)

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No cabe duda de que vivimos buenos tiempos para el terror. El cine de miedo es oficialmente el más rentable en la taquilla y en los últimos años está demostrando que además goza de muy buena salud creativa, ya sea con producciones más grandes (el universo compartido de Expediente Warren o el remake de It, la película de terror más taquillera de la historia) o con películas más modestas y experimentales que están ampliando sus fronteras y dando mayor cabida a la hibridación con otros géneros.

La productora Blumhouse está a la cabeza de esta interesante ola de terror moderno, encadenando taquillazos como si no les costara nada (porque de hecho les cuesta muy poco), con un margen de fracaso mínimo, ya que manejan presupuestos muy bajos y por lo general no trabajan con grandes estrellas. El estudio responsable de sagas como InsidiousParanormal ActivityThe Purge y hogar del renacimiento de M. Night Shyalaman (La visita, Múltiple) lleva unos cuantos años apostando por las ideas originales y la visión de autor. Y en ese contexto es donde se enmarca una de las mejores películas que han hecho, si no la mejor, Déjame salir (Get Out).

La mente detrás de Déjame salir es la del cómico Jordan Peele, que se ha convertido con la que es su primera película en el primer guionista y director afroamericano en superar los 100 millones de taquilla en Estados Unidos, pasando a ser uno de los mayores talentos en alza de un Hollywood muy necesitado de voces que renueven los géneros desde perspectivas diferentes (de género, etnia u orientación sexual). Con esta fábula perversa y oscura que ha calado hondo en la audiencia norteamericana, Peele ha querido hacer una afiladísima crítica social en torno al racismo contando una historia inquietante y sorprendente que bien podría ser un capítulo de una versión moderna de La dimensión desconocida.

Déjame salir parte de una situación muy familiar: el temido momento en el que tenemos que conocer a los padres de nuestra pareja. Chris (Daniel Kaluuya) se dispone a pasar un fin de semana en el campo con su novia, Rose (Allison Williams), y sus suegros (Catherine Keener y Bradley Whitford). El comportamiento de los padres de Rose desata las alarmas de Chris, que cree que su excesiva complacencia es reflejo de la tensión creada por el hecho de que su hija esté en una relación interracial (Rose es blanca, Chris negro). Pronto, sus sospechas se verán confirmadas cuando empiece a hacer descubrimientos cada vez más extraños en la propiedad, que le llevarán a destapar un espeluznante secreto.

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Aunque no faltan los sustos, Déjame salir es sobre todo un thriller y una comedia (muy) negra (de hecho, competirá en los Globos de Oro como comedia, muy convenientemente). Peele está más interesado en remover conciencias que estómagos, en provocar el escalofrío destapando el racismo históricamente arraigado en la sociedad norteamericana, haciendo más uso de la tensión psicológica que de los habituales trucos para sobresaltar al espectador. Pero el director no solo recurre al suspense más enervante, sino también al humor, creando situaciones deliciosamente perversas y retorcidas y diálogos de una acidez muy satírica que no funcionarían tan bien sin el excelente trabajo del reparto (especialmente de Kaluuya y Williams), y que dan lugar a una película más divertida de lo esperado.

Por último, Déjame salir también nos depara fuertes estallidos de violencia y locos giros argumentales que sumen a la película en la paranoia, sobre todo durante su reveladora recta final -por otra parte algo decepcionante, como suele ocurrir cuando una historia que juega tanto con la mente del espectador acaba descubriendo el pastel y dando más detalles explicativos de los que hacen falta. Aun así, con su ingeniosa opera prima, Peele ha conseguido realizar una película audaz, provocadora y fascinante, un trabajo inteligente y entretenido que además de poner de los nervios, se mete en la cabeza, convirtiendo la realidad más terrorífica en pesadilla cinematográfica.

Nota: ★★★★

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Déjame salir ya está a la venta en España, disponible en varias ediciones: DVD, Blu-ray, 4K Ultra HD y Blu-ray edición especial en caja metálica para coleccionistas.

Las ediciones en DVD y Blu-ray cuentan con los siguientes contenidos adicionales:

• Final alternativo
• Escenas inéditas
• “Revelando el terror en Déjame salir
• Entrevista con Jordan Peele y el reparto
• Comentarios con el director/guionista Jordan Peele

La edición 4K UHD incluye la película en resolución 4K y el Blu-ray estándar con todos sus extras. La edición especial en caja metálica, disponible en todos los puntos de venta hasta fin de existencias, nos ofrece la película en Blu-ray y todos sus extras en un steelbook de elegante diseño.

Cult of Chucky: Amigos hasta el final [Reseña y sorteo]

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“Wondua pabin dambela wondua pabin dambela!” Ese cántico infernal se nos quedaba grabado en la mente en 1988, cuando Don Mancini Tom Holland (el director, no el nuevo Spider-Man) daban a conocer a una de las criaturas más adorablemente terroríficas del cine de los últimos 30 años, Chucky, en la primera película de la saga Muñeco diabólico (Child’s Play). Este pelirrojo infante de plástico habitado por un sádico asesino en serie ha provocado pesadillas y divertido a los fans del slasher y el cine de psicópatas a lo largo de siete entregas. La última, Cult of Chucky llega directa a vídeo (como la anterior, La maldición de Chucky), con síntomas de renovación y clara intención de seguir estirando la vida de la franquicia.

Cult of Chucky es continuación directa de La maldición de Chucky. En ella nos reencontramos con Nica (Fiona Dourif), víctima y némesis del muñeco en la anterior película, internada en un psiquiátrico tras ser acusada de matar a toda su familia (no hace falta aclarar que en realidad fue Chucky, pero lo decimos por si acaso), siguiendo la estela de Pesadilla en Elm Street 3: Los guerreros del sueño, también ambientada en un manicomio. Cuatro años después de la masacre, Chucky reaparece en el internado, y esta vez no viene solo, sino que gracias a un nuevo hechizo, es capaz de cobrar vida en varios muñecos Good Guy, por lo que el peligro y la diversión se multiplican esta vez. Así, Chucky y su “secta” volverán a sembrar el terror, eligiendo esta vez como víctimas a los indefensos pacientes del psiquiátrico. Sin embargo, Nica no se quedará de brazos cruzados y aprovechará el regreso de su enemigo para buscar venganza por lo que le hizo.

Con La maldición de Chucky, el creador de Muñeco diabólico, Don Mancini, repetía como realizador después de dirigir la infravaloradísima La semilla de Chucky en 2004. Esta primera entrega de la saga que se lanzaba directa a vídeo suponía un nuevo comienzo, de la misma manera que lo hizo La novia de Chucky en su día, un reboot que dejaba atrás el humor más disparatado de los capítulos inmediatamente anteriores y volvía al terror adoptando un tono ligeramente más serio. Claro que la comedia siempre ha estado presente en las películas de Chucky, gracias a sus característicos chascarrillos y a las muertes, cada vez más exageradas y rebuscadas. Y bueno, también al mero hecho de que se trata de un muñeco pelirrojo de 60 centímetros vestido de niño cuyo pasatiempo favorito es apuñalar a todo el que se le ponga por delante. Sin humor, no funcionaría, y Cult of Chucky tiene de sobra.

cult-of-chucky-blu-rayLo mejor de esta nueva vuelta de tuerca a la saga es que Mancini se ha encargado de que avance devolviéndola a los orígenes, para el deleite de los más nostálgicos. Si en la anterior película nos sorprendían con el regreso de Andy, el niño de la primera parte (el mismo actor, Alex Vincent, retomaba el papel 25 años después de Muñeco diabólico), en Cult of ChuckyMancini sigue realizando un viaje por el pasado recuperando a la divertidísima Jennifer Tilly, y en una escena post-créditos a otro personaje que es mejor no desvelar, al que veremos seguro en la próxima película de la franquicia. Así es como Mancini renueva una vez más la saga sin ignorar su continuidad. Sí, la línea temporal y los acontecimientos son todo lo caprichosos y absurdos que cabe esperar, pero es una señal del cariño que tiene a su creación. Y no solo eso, sino que a la vez que echan la vista atrás, las nuevas películas son progresistas a su manera, con una protagonista femenina autosuficiente y varios personajes LGBT.

Por lo demás, Cult of Chucky da exactamente lo que los fans de esta saga conocen de sobra: comedia negra, espíritu trashanimatronics y efectos especiales tradicionales (aunque aquí también hay retoques digitales que no están mal del todo empleados) y gore, con bien de muertes violentas y macabras para sacar partido a su calificación Rated-R y contentar a los fans del slasher más retorcido. Cult of Chucky está ligeramente por debajo de su predecesora y su factura de telefilm le resta encanto, pero cumple de sobra su papel de divertimento ligero para una noche tonta, y gracias a su espíritu continuista sigue extendiendo una mitología de manera que, si el público lo demanda, podría durar muchos años más. Espero que los suficientes como para que el mejor personaje de la franquicia, Glen/Glenda (el hijo de Chucky y Tiffany), regrese del ostracismo para reclamar el lugar de honor que le pertenece.

Cult of Chucky ya está a la venta en España en formatos Blu-ray y DVD de la mano de Universal Pictures Home Entertainment. La película incluye los siguiente extras: Escenas eliminadas comentadas por el director y guionista Don Mancini. Dentro de la locura de Cult of Chucky. Las encarnaciones de Chucky. La casa de muñecas. Comentarios del director.

 

¡CONCURSO! Si queréis ganar una copia en Blu-ray de Cult of Chucky solo tenéis que dejar un comentario en esta entrada. Entre todos los que escribáis sortearemos la película al azar, y el ganador o ganadora la recibirá en su casa gratis. Concurso solo válido para España. Finaliza el viernes 24 de noviembre de 2017 a las 23:59h. ¡Suerte! [Este concurso ha finalizado. Atentos a la página de Facebook de FNVLT para más concursos].

Crítica: La librería

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Han pasado ya unos cuantos años y todavía no he logrado saber en qué preciso momento todo cambió entre nosotros. Puede que haya sido culpa mía o acaso el inmenso sopor que me produjeron Elegy o ese maremágnum llamado Mapa de los sonidos de Tokio. No sé, Isabel, siempre te tendré cierto cariño y guardaré cierta esperanza. Porque, a pesar de lo extremadamente mala que era Mi otro yo y la vergüenza ajena que me hiciste pasar con Ayer no termina nunca, sigo pensando que existe alguna posibilidad por pequeña que sea de salvar lo nuestro. Aquí estamos una vez más, intentándolo con La librería.

El punto de partida de este film pintaba bien para nuestro reencuentro: una adaptación literaria de una premiada novela escrita por Penelope Fitzgerald. La librería suponía un retorno a esa atmósfera intimista que tan buenos resultados le dio en el pasado (y en la reciente Nadie quiere la noche). Esta es la historia de Florence Green (Emily Mortimer, Match Point), una mujer que decide montar una pequeña librería en una coqueta población inglesa. La llegada de esta emprendedora supone un revulsivo en la comunidad acomodada de Hardborourgh, especialmente en la cabecilla de todas las cotillas: doña Violet Gamart, interpretada por Patricia Clarkson, chica Coixet en Aprendiendo a conducir y Elegy y secundaria en cualquier comedia, drama o distopía que se haya rodado en el transcurso de las últimas tres décadas.

Además del frío húmedo y las consiguientes reformas para acondicionar el local, Florence se tiene que enfrentar a la curiosidad transformada en inquina de Violet, ya que la Hedda Hopper de la campiña inglesa tiene otros planes para el edificio donde la recién llegada quiere montar su librería. La reina del pueblo quiere montar un centro cultural donde realizar recitales y lecturas. Este gran conflicto sobre el que se levanta la película no tendría sentido en nuestros días, ya que en 2017 ambas cooperarían y montarían una librería con un pequeño espacio polivalente donde realizar presentaciones, conciertos y demás. Puede que hasta colocasen una pequeña barra para servir cafés y algún que otro piscolabis. Una solución en clave de sororidad muy actual que no tiene cabida en una pequeña ciudad inglesa de los años cincuenta.

Coixet construye una de esas típicas películas que rellenan la cartelera otoñal, que ni hace daño, ni mucho menos calan en la retina del espectador. La librería es una película realizada de manera adecuada pero con menos corazón del que cree. Se agradece el solvente trabajo de Mortimer, más que el de una Clarkson un poco más desbocada de lo habitual y el de un Bill Nighy (Love Actually) poco más que correcto, y, especialmente, cierto retorno de elementos puramente coixetianos, como son las disertaciones poéticas en off, que aunque pequen de reiterativas son lo mejor de la película ya que están locutadas por la insigne Julie Christie (la mismísima Lara de Doctor Zhivago, y que ya coincidió con Coixet en La vida secreta de las palabras).

Puede que la nueva Isabel Coixet no esté hecha para mí, o que nunca lo haya estado y haya sido yo el que ha cambiado. Por lo menos esta última vez no ha estado tan mal, ¿no?

David Lastra

Nota: ★★½

[Crítica] Liga de la Justicia: Make DC Great Again

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Que DC se ha encontrado con todos los problemas habidos y por haber para hacer despegar su universo cinematográfico es algo sabido por todos. El caos detrás de las cámaras ha servido como combustible inagotable para titulares alarmistas y sensacionalistas (la mayoría por desgracia ciertos, como hemos ido comprobando), pero no se ha quedado ahí, sino que también, y esto es lo peor, se ha visto reflejado en las películas, pruebas fehacientes de todo lo que ha ido mal durante la producción.

El tibio recibimiento a El hombre de acero la acabó convirtiendo en un falso comienzo. Batman v Superman fue aniquilada por la crítica y dividió a la audiencia, exactamente igual que Escuadrón Suicida, que fue montada y remontada según Warner oía llover. El rayo de esperanza que DC necesitaba llegó con Wonder Woman, la primera película de la etapa moderna del estudio que recibía aplausos casi unánimes. La princesa amazona marcaba el ejemplo a seguir para las siguientes entregas del DCEU: más luz, más humor, y más corazón. Y así llegamos a Liga de la Justicia (Justice League), la esperadísima primera reunión en el cine de acción real de los icónicos héroes de DC, un sueño para tantos fans de los cómics y una película que, aun con sus muchas trabas, sitúa a la saga en el camino correcto.

El problema de DC siempre fue querer empezar la casa por el tejado. Eso, sumado a una falta de visión a largo plazo, actores que no se comprometen del todo con sus personajes, su apuesta por la perspectiva de autor para luego anularla según vire el mercado o la opinión en Internet, y un caprichoso calendario de proyectos que no hace más que cambiar, ha provocado que Liga de la Justicia nazca en las peores condiciones posibles. Por no hablar del ajetreo en la silla del director. Debido a una tragedia personal, Zack Snyder tuvo que abandonar el proyecto hacia el final, siendo sustituido por Joss Whedon, que acudía a DC después de su periplo en Marvel para terminar el trabajo de Snyder y añadir nuevas escenas (a la vez que desechaba muchas otras) con el objetivo de reestructurar la película y modificar el tono. Por todo esto, vaticinábamos un desastre de proporciones mayúsculas, pero lo cierto es que podría haber sido mucho, pero que mucho peor.

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De hecho, Liga de la Justicia es todo lo que cabe esperar de una película de superhéroes clásica, ni más ni menos: épica, ensordecedora, repleta de acción, y sobre todo, muy divertida. Pero lo más sorprendente es que además es narrativamente coherente, un auténtico logro teniendo en cuenta las circunstancias. Unir los dispares universos de Superman, Batman y Wonder Woman a la vez que se introducen (ahora sí de verdad) a los miembros restantes de la Liga, Flash, Aquaman y Cyborg (los tres todavía sin su propia película en solitario) era una tarea complicada, y Snyder, con la ayuda de Whedon, ha salido airoso en la medida de lo posible.

Para hacer converger todos los frentes de la historia se recurre al villano Steppenwolf, del que ya tuvimos un adelanto en Batman v Superman, otra criatura digital sin personalidad que no es más que un catalizador para desarrollar la acción (busca reunir las Cajas Madre para hacerse con su poder infinito) y una excusa para juntar a nuestros héroes. El esquema es muy similar al de Los Vengadores, con Bruce Wayne (Ben Affleck) haciendo las veces de Nick Fury al reclutar uno a uno, con la ayuda de Diana Prince (Gal Gadot), a los componentes de este variopinto equipo de metahumanos.

El primer acto intercala las distintas historias individuales esforzándose al máximo por no atropellarse en exceso con tanta trama, y aunque le cuesta, lo consigue, manteniéndose centrada la mayor parte del tiempo en el objetivo de unir a la Liga para impedir que una nueva invasión extraterrestre acabe con el planeta. Un planeta, por cierto, sumido en la desesperanza, la discriminación y el odio que necesita urgentemente nuevos héroes tras la muerte de Superman (un evidente símil con la Norteamérica de Trump que, tristemente, se queda en nada). En el segundo acto, que arranca con un impresionante primer enfrentamiento con el villano, el supergrupo empieza a tomar forma mientras sus miembros se van conociendo, con el obligatorio choque de egos, pero también mucho sentido del humor y chascarrillos para aligerar de peso la película. Finalmente, el clímax, más precipitado, nos depara otra ruidosa y aturdidora vorágine de destrucción digital como en las anteriores entregas de DC. No obstante, en esta ocasión (sorpresa) no se alarga hasta la desesperación y no desvirtúa lo que se ha visto hasta ese momento.

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Ante todo, lo mejor de Liga de la Justicia son sus héroes, como debe ser, encarnaciones esta vez más atinadas de los populares personajes del cómic. El reparto funciona a las mil maravillas, en especial gracias a las incorporaciones del imponente Jason Momoa y ese nervio puro que es Ezra Miller, dos de los mayores aciertos de DC hasta la fecha. Ellos proporcionan algunos de los momentos más simpáticos del filme (sobre todo Barry Allen, que tiene las mejores frases, aunque también los momentos más vergonzosos, todo hay que decirlo), pero quien funciona como ancla del grupo es Gadot, robando escenas y aportando a la película y al grupo todo lo que hizo de Wonder Woman un triunfo (emoción, motivación, baliza moral), hasta el punto de hacer despertar a Affleck, que no solo ofrece una interpretación sólida, sino que además por momentos hasta parece estar pasándoselo bien. El Batman de Liga de la Justicia supone una mejora enorme con respecto al de Batman v Superman, es más humano, un personaje más definido y congruente, por lo que sería una pena que ahora que se está haciendo con él, Affleck abandonase su compromiso con el Hombre Murciélago. Por último, Cyborg es quizá el eslabón más débil del equipo, pero no por el guion o por la interpretación de Ray Fisher (más que correcta), sino porque es el menos conocido, y por ahora el menos interesante.

Mención aparte merece Superman. Lo de El Hombre Acero podríamos llamarlo “el secreto peor guardado de DC” si en algún momento hubiéramos creído que el estudio deseaba mantenerlo oculto. Clark Kent regresa de entre los muertos cuando más se le necesita. Y no podría ser de otra manera. Superman tenía que formar parte de la primera gran aventura de La Liga de la Justicia como fuera. No desvelaré nada sobre su regreso, porque al menos eso sí se lo han guardado, solo diré que, aunque Henry Cavill siga siendo un Superman ideal y esta vez se haya captado mucho mejor la esencia del personaje, el bigotegate está a punto de estropearlo todo. Como sabéis, el actor británico estaba en pleno rodaje de Misión imposible 6 cuando Warner lo llamó para grabar escenas adicionales de Liga de la Justicia bajo la batuta de Whedon. Este acudió al rescate, pero Paramount (el estudio detrás de MI:6) le prohibió por contrato afeitarse el mostacho que lucía para su película. ¿Cuál fue la solución? Borrarlo digitalmente en las nuevas secuencias de Liga de la Justicia. ¿Y el resultado? Una auténtica debacle. El efecto para eliminar el vello facial es tan chapucero, llama tanto la atención, queda tan mal que no solo sirve para identificar las escenas rodadas a posteriori, rompiendo bastante el fluir de la película, sino que distrae sobremanera de la historia. Para reír por no llorar.

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Además de los seis héroes principales, la película cuenta con secundarios de cada una de sus franquicias individuales (Amy Adams, Jeremy Irons, Connie Nielsen y un largo etcétera), más nuevas incorporaciones, como Amber Heard en el papel de Mera o J.K. Simmons como el comisario Gordon, buenos aperitivos de las próximas entregas en solitario de la franquicia. El reparto es tan numeroso que es inevitable que muchos personajes se queden como “meras” anotaciones a pie de página, pero no importa demasiado, ya que el guion establece claramente desde el principio quiénes son los protagonistas, y Snyder (y Whedon) se encarga de darles a cada uno muchos momentos individuales y en grupo para brillar. Así, Liga de la Justicia logra un equilibrio que parecía imposible, y que, aunque corre el riesgo de romperse en cualquier momento, se mantiene hasta el final.

Pero por supuesto, la cinta también tiene sus problemas, como hemos adelantado. Y no son precisamente insignificantes. Ya hemos mencionado a Steppenwolf (que a pesar de no llegar al nivel de despropósito de los malos de Escuadrón SuicidaWonder Woman, no está a la altura de la ocasión), y al verdadero villano de la película, el no-bigote de Henry Cavill. Pero también hay que criticar la objetificación sexual a la que se somete a Wonder Woman de nuevo bajo la mirada masculina (los planos recreándose en sus nalgas y escote son frecuentes), especialmente indignante después de lo que Patty Jenkins hizo con el personaje -aunque no lo suficientemente grave como para estropear todo lo que la convierte en uno de los puntos más fuertes de la película. Y por encima de todo, está la inconsistencia formal que tanto ha mermado las anteriores producciones de DC, y que aquí se ve magnificada por la presencia de dos directores cuyo trabajo no se ha podido unir sin costuras. La paleta cromática, el CGI, el aspecto de los actores y la iluminación difieren tanto entre escenas que hacen que el acabado visual sea mucho menos atractivo de lo deseable.

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Aun con todo, Liga de la Justicia es mucho mejor de lo que debería. El reparto está fantástico y la química salta a la vista, la acción es brutal (agotadora, sí, pero mucho menos embarullada y confusa que de costumbre), no se cae en el exceso de solemnidad ni se abusa demasiado de la cámara lenta (es decir, el snyderismo se ha rebajado, afortunadamente), los diálogos son acertados tanto a nivel cómico como dramático la mayor parte del tiempo, y con dos horas justas de duración, el metraje no se alarga innecesariamente, dejando poco espacio para el aburrimiento.

El éxito de Wonder Woman ha ayudado a establecer un tono más equilibrado, más ligero, lo que debería animar a ser menos exigente con ella, y los aportes de Whedon (si los hemos identificado bien) ayudan a humanizar a los personajes y estrechar sus vínculos cuando más hace falta, redibujando el itinerario de la franquicia hacia un futuro más optimista. Liga de la Justicia es un espectáculo muy imperfecto, pero también tremendamente divertido y explosivo, puro cine de superhéroes y puro cómic. No es la película de DC definitiva, pero sí una señal de que quizá no todo esté perdido y algún día podamos tenerla.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: The Square

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“¡a… u… aaah! Algo, has oído algo. Un grito casi ahogado por la imperfecta cancelación de ruido de tus nuevos auriculares. Click en el centro de la ruleta de tu iPod Classic. Parar ‘Caballo ganador’ debería estar penado, pero… “¡AYUDA!” Ahora sí, alto y claro, un grito de socorro. Alguien necesita ayuda, pero ayuda de quién y para qué. En pleno Primer Mundo, en el centro de la capital del reino, ¿alguien necesita auxilio? Eso es algo que necesita la gente que sale en las noticias de la tele o en los posts que comparten los cansinos en redes sociales. “¡AYUDA!” Oteo el horizonte e identifico el problema: un señor de cierta edad se ha derrumbado sobre sí mismo, como si de un rascacielos se tratase. Su compañera, simple coetánea o novieta recién echada, es la que implora un poco de caridad. “Ayúdeme, joven. Mi Carlos se ha caído y yo no puedo. Está ya muy torpe y no hace caso con lo del bastón”. Envalentonado y con cierta retórica médica que da años y años de visionados de Anatomía de Grey, me dispongo a identificar el problema, pero como ya ha dicho la buena de Cecilia ha sido una caída tonta por no hacer caso a los médicos. Nada más. Abuelete arriba, divinamente posado como si fuese una marioneta del infame Jose Luis en la jardinera que nos protege del miedo. Un poquito de aire y me despido de la pareja. Antes una fotito, no con ellos, ya que el protagonista somos yo y mi chupa de borreguito. Un pequeño texto explicándolo todo, subiendo y… ¡hostia, los hashtags! #obradeldia #nuestrosmayores #solidaridad #todossomosiguales #todosseremosmayores #foreveryoung #unbonitodia #ayuda #pequeñosgestos #salvandoelmundo #nofilter #instag…. ¡Joder! Voy a guardar el iPhone que ese homeless tiene muy mala pinta y seguro que intenta levantármelo y venderlo pa’ droga. ¡Qué asco de ciudad! Si es que uno no puede ir tranquilo por la puta calle…

Somos unos hipócritas. Despreciables seres que realizamos pequeños gestos de esos llamados humanitarios pero que la jodemos con las patitas de atrás obviando los grandes problemas y los verdaderos causantes de todo con tal de que todo siga tal y como está, como Dios manda, que diría alguno. Ruben Östlund (Fuerza mayor) se ha empeñado en demostrarnos lo falsos y extremadamente tontos que somos con The Square, una sátira sobre el mundo del Arte, fácilmente extrapolable a la sociedad occidental de hoy en día, cinta con la que se llevó una más que merecida Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes.

‘The Square’ es un simple cuadrado en el suelo que por obra y magia del arte, se convierte en un espacio donde todo el mundo debe ayudarse… siempre que se encuentren en los límites de ese cuadrado, claro está. Altruismo y valores al servicio del arte. Una pieza que promueve una sociedad justa e igualitaria… una creación expuesta en un macromuseo de arte postpostpostmoderno, un lugar por y para las clases altas y los burgueses culturetas. Aquellas que no tienen ni un mínimo de interés en hacer lo que promueve la dichosa obra y reventar la cada vez más amplia brecha que separa a los ricos de los pobres.

El prototipo de ese alto burgués con ínfulas de crear una sociedad equitativa es Christian (Claes Bang), mandamás del museo de marras y endiosado macho alfa que donde pone el ojo, pone la polla… y ellas dan palmas (o eso cree). Él es el monarca supremo y todo ocurre bajo su supervisión, realizando las gestiones de manera aséptica, elegante y perfecta. Él es el chico de póster perfecto. Todo cambia cuando un pequeño incidente en la calle le deja con el ego subido (por su gesta heroica) y sin la cartera, ni el móvil. Medio en broma, medio en serio, Christian decide actuar como todo un vigilante y recuperar su cartera con la asistencia de Michael (Christopher Læssø), uno de sus fieles lacayos del museo. Ellos, dos machotes acomodados que se ponen música de cuñaos vengadores en su cochazo eléctrico mientras se dirigen a la zona chunga de la ciudad para recuperar los bienes robados.

Östlund no se preocupa en desmontar la tontería de las clases acomodadas, sino que prefiere mostrarla sin más, ya que esta se deja en evidencia ella solita. Disfrazada de comedia satírica, The Square es una crítica contundente a la estupidez humana, una mirada para nada discreta a ese encanto de la burguesía del siglo XXI. Un grupo social que lejos de abandonar la dictadura de las apariencias sobre la que se venía estructurando en siglos pasados, la ha perfeccionado y fortalecido, engendrando la generación de estúpidos mejor preparada y desapegada de la historia. Un aspecto que parece ser, se irá perfeccionando con las descendencias de estos, ya que los dos personajes más despreciables del film no son otros que los dos millennials encargados de la promoción de la exposición.

The Square abruma por su poderío cinematográfico y por su capacidad de calar a posteriori en el espectador. Las carcajadas están aseguradas, ya que el humor físico y ridículo está ahí, pero el daño interno también. Östlund es uno de los pocos cineastas que ha intentado acercarse al maestro Buñuel y no han muerto en el intento. El humor satírico y socarrón de esta cinta bebe directamente de la alocada dupla de El discreto encanto de la burguesía y El fantasma de la libertad, atreviéndose a jugar también casi con la marciana fragmentación de La vía láctea y llegando a rememorar a la mismísima cena de El ángel exterminador en una de las escenas más potentes, desagradables y turbadoras de la década: la de la performance durante de la cena de gala. Su The Square supera con creces en barroquismo al ladrón de Sorrentino, en profundidad al Haneke amansado de los últimos tiempos y en bizarrismo al desacertado Léos Carax de Holy Motors.

Aunque los nombres de nuestra querida Elizabeth Moss (Mad Men, The Handmaid’s Tale) y Dominic West (The Wire, The Affair) ocupen un lugar destacado en el cartel, no se dejen engañar, ya que ambas participaciones son muy divertidas, pero meramente anecdóticas. Aquí el verdadero triunfador es Claes Bang. Forjado en el teatro, Bang realiza un recital interpretativo espectacular dando vida la deplorable Christian y como su personaje, Bang devora y eclipsa a todo y a todos. Destacable también es la hercúlea participación de Terry Notary, primate profesional (él es actor especialista en motion capture que ha participado en la última trilogía de El planeta de los simios) como un actor de perfomance un pelín pasado de rosca.

The Square es una de las obras más lúcidas y corrosivas de lo que llevamos de siglo. Östlund se ha propuesto ahogarnos entre las carcajadas y la congoja provocadas por el reflejo en la gran pantalla de nuestra gran culpa occidental.

David Lastra

Nota: ★★★★★

Baby Driver: Ritmo y figura

Baby (ANSEL ELGORT) and Bats (JAMIE FOXX) on the way to the post office job with Buddy (JON HAMM) and Darling (EIZA GONZALEZ) as cops pull up next to them in TriStar Pictures' BABY DRIVER.

Con su trilogía del Cornetto, formada por Shaun of the Dead (2004), Hot Fuzz (2007) y The World’s End (2013), y la adaptación del cómic Scott Pilgrim contra el mundo (2010), Edgar Wright se ha ganado un lugar privilegiado entre los directores de culto más prominentes del panorama cinematográfico actual. Sus películas suelen destacar en un mar de clones manufacturados por los estudios gracias a un estilo muy personal y una visión muy idiosincrásica, con la que se ha abierto camino en la industria a pesar de no dejar demasiada huella en taquilla. Hasta ahora.

El cine de Wright nunca ha calado hondo en el mainstream, pero sus títulos han demostrado tener las piernas largas. Si los estudios han seguido confiando en él es porque su originalidad (incluso cuando está adaptando el material de otros) acaba enganchando a la audiencia y creando fidelidad. El buen rendimiento que tuvo en la taquilla estadounidense su último trabajo, Baby Driver, es la recompensa tras más de una década insistiendo en hacer cine a su manera (recordemos que fue despedido de Marvel por diferencias creativas con respecto a Ant-Man). Con Baby Driver, Wright disfruta de las merecidas mieles del éxito, allanando quizá (y con suerte) el camino para que Hollywood haga hueco a más directores jóvenes con voz propia.

A simple vista, la premisa de Baby Driver puede resultar demasiado similar a la de Drive (2011), pero en forma y fondo se aleja considerablemente del film de Nicolas Winding Refn, con más énfasis en la acción fardona y la comedia, y una mayor predisposición a agradar a todos los públicos. En este estiloso y frenético homenaje a clásicos del cine de atracos y persecuciones como Bullit, Un trabajo en Italia Contra el imperio de la droga, Baby (Ansel Elgort) es un joven y portentoso conductor especializado en fugas que trabaja para un capo del crimen (Kevin Spacey) con el objetivo de saldar una deuda. Cuando conoce a la chica de sus sueños, Debora (Lily James), Baby ve una oportunidad de abandonar la vida criminal, pero su jefe se niega a dejarlo marchar, forzándolo a seguir trabajando para él. Cuando un golpe no sale como estaba previsto, la vida de Baby correrá peligro, lo que empujará al muchacho a tratar de huir para empezar una nueva vida con Debora alejados del crimen.

Baby Driver no destaca tanto por la novedad de su historia (que hemos visto muchas veces), sino por cómo está contada. Una de las particularidades que definen a Baby es que, tras sufrir un accidente cuando era pequeño, ha desarrollado un trastorno auditivo que bloquea escuchando música con su iPod constantemente. El joven depende del ritmo y la percusión de su propia banda sonora para llevar su destreza y sus reflejos al máximo nivel y realizar las fugas con prodigiosa eficiencia. Esta genial idea proporciona a Wright y su equipo una oportunidad de oro para lucirse, sobre todo en las escenas de acción y los stunts. Las persecuciones de Baby Driver son una gozada absoluta, gracias a la extraordinaria labor de cámara de Wright y al impresionante montaje rítmico de Jonathan Amos y Paul Machliss (si hay un caso en el que hay que destacar obligatoriamente el nombre de los editores de un film es este), que utilizan los beats de la música para componer una pegadiza sinfonía fílmica de acción repleta de grandes temas, convirtiendo así la película en uno de los musicales más originales de los últimos tiempos.

Ansel Elgort;Lily James

Pero si Baby Driver funciona más allá de su reluciente carrocería es porque su motor viene bombeado por los personajes, en especial por su protagonista, interpretado por un espectacular Ansel Elgort en el que es el papel que arranca definitivamente su carrera. Elgort ya demostró su talento dando sus primeros pasos como protagonista de Bajo la misma estrella, pero a las órdenes de Wright alcanza su máximo potencial hasta ahora con una interpretación rebosante de carisma, firmeza y sensibilidad que nos hace pensar que habría sido un Han Solo perfecto (quizá que el uniforme de Baby se parezca tanto al del héroe de Star Wars no sea coincidencia).

El resto del reparto incluye a gente como Kevin Spacey (al que no hubo que borrar de la película porque su escándalo salió a la luz después de estrenarse), Jon Hamm, Jon Bernthal y Jamie Foxx, un más que eficaz plantel de lujo para complementar, nunca eclipsar, a la joven estrella, que sabe cómo moverse en el volátil ambiente de tensión creado por sus compañeros (Hamm, que sobresale como villano sádico en el último acto, consigue el papel más memorable de su etapa post-Don Draper). El único pero de Baby Driver a este respecto es la representación femenina, con tan solo dos mujeres en el reparto principal, la talentosa Lily James y la explosiva Eiza González, ocupando los reductivos roles de “chica de” y objeto sexual (muy encantadora la primera y muy molona la segunda empuñando una metralleta, pero injustamente desaprovechadas). Wright siempre ha tenido un problema con sus personajes femeninos, y ya va siendo hora de que haga algo al respecto.

A pesar de este inconveniente, y también de un desenlace algo anticlimático que rompe el ritmo de la película y no la despide tan por lo alto como debería, estamos ante un incontestable triunfo del cine de acción, una cinta creativamente ambiciosa e inspirada en la que se puede respirar el entusiasmo y la dedicación de su director en cada planoBaby Driver es una máquina de gran precisión técnica y emocional, una película imposiblemente cool, divertida, romántica e iconoclasta que está llamada a convertirse inmediatamente en un clásico de culto moderno.

RESEÑA DEL BLU-RAY + 4k UHD

Baby Driver ya está disponible en España. Sony Pictures Home Entertainment pone la película a la venta en DVD, Blu-ray y 4K UHD, además de a través de las principales plataformas digitales. Para los coleccionistas, la distribuidora ha preparado además tres ediciones especiales que ya se pueden encontrar de forma exclusiva en diferentes establecimientos: una edición metálica exclusiva para Amazon que incluye la película en Blu-ray y 4K UHD con carátula alternativa especial, un combo Blu-ray y 4K UHD exclusivo para El Corte Inglés con contenidos solo incluidos en esta edición, y por último, una edición de venta en Fnac que además de la película en Blu-ray, lleva una selección en CD con las mejores canciones de la banda sonora.

steelbookLa edición que nosotros reseñamos aquí es el steelbook comercializado a través de Amazon, que cuenta con un diseño de portada minimalista que capta la esencia de la película al mostrarnos al protagonista con sus inseparables cascos fusionándose con la carretera. En la parte trasera podemos ver otro dibujo, en este caso de una pistola disparando una bala que toma forma de coche, mientras que en el interior, también ilustrado, podemos ver el iPod Classic que Baby lleva durante casi toda la película.

En cuanto a los contenidos adicionales, esta es la edición que viene más cargada. El director, Edgar Wright, se ha encargado personalmente de supervisar los extras, ya que él mismo es coleccionista y fanático de las ediciones físicas, lo que le llevó a cuidar cada detalle del lanzamiento incluso antes del rodaje. En el segundo disco que incluye el steelbook podemos encontrar extras jugosísimos como escenas eliminadas y extendidas (más de 20 minutos de material adicional para los que no tuvieron suficiente con la película) y featurettes sobre Ansel Elgort, las coreografías de acción y el montaje, el director o la música, uno de los elementos más importantes del film.

Sin duda, Baby Driver es una película diseñada para ver una y otra vez, así que no podía sino tener una edición física a la altura de las circunstancias. Wright se ha asegurado de que los que disfrutaron de la película en el cine puedan incorporar a su videoteca una edición digna de las mejores películas de culto, con contenidos de sobra para que el ritmo no parte después de ver la película. Os dejo a continuación con los detalles de todas las ediciones disponibles.

Edición en DVD

• “Ese es mi Baby: Edgar Wright” – La visión del director desde el origen de Baby Driver hace dos décadas hasta su estreno.
• “Necesito una canción explosiva: la música” – Descubre cómo la increíble banda sonora influye en el guion y en la producción.
4k• “El diablo al volante: las persecuciones” – Desde el cierre de las carreteras interestatales de Atlanta hasta la creación de maniobras espectaculares para una multitud de vehículos, esta pieza desvela todos los detalles que hicieron posible las increíbles persecuciones.

Edición Blu-ray (también incluye los extras del DVD)

• Más de 20 minutos de escenas extendidas y eliminadas.
• “Mozart en un kart: Ansel conduce” – Acompañamos a la estrella Ansel Elgort mientras trabaja con los especialistas para convertirse en el mejor conductor de la gran pantalla.
• Animatics: Más de 35 minutos donde descubrir las animaciones desarrolladas por Edgar Wright que forman parte de una preparación meticulosa y estudiada.
• “Búscame algo funky: la coreografía” – Al estar cada frame de Baby Driver ligado a un sonido específico, era necesario contar con una coreografía precisa tanto del elenco como del equipo técnico y los editores para crear una danza cinematográfica como nunca antes se había visto. Coreógrafo y director hablan sobre este proceso revolucionario y rompedor.

bsoLa edición 4K UHD incluye la película en resolución 4K (4 veces mayor que el Full HD) y High Dynamic Range (HDR) lo que supone más definición, colores más vivos y un mayor contraste; además del Blu-ray estándar con todos sus extras.

Ediciones especiales

• La edición especial en caja metálica, exclusiva de Amazon, ofrece la película en Blu-ray y 4K UHD junto a los contenidos extra de ambas ediciones.
• La edición especial exclusiva de El Corte Inglés contiene, además del Blu-ray, un bonus disc (también Blu-ray) con extras adicionales, tales como el documental “Al volante: el making of de Baby Driver”.
• La edición especial exclusiva para Fnac incluye el Blu-ray con sus contenidos extra y un CD con las mejores canciones de la banda sonora.

Crítica: American Assassin

James Bond, Jason Bourne, Jack Reacher, Napoleon Solo, Austin Powers. A la fiesta de los espías de cine faltaba por invitar a Mitch Rapp, el protagonista de la popular saga de best-sellers escrita por Vince Flynn. La serie del agente Rapp lleva triunfando en el mundo editorial desde que se lanzó en 1997, y hasta 2017 su prolífico autor ha publicado ya 16 entregas. Con American Assassin, Mitch Rapp da por fin el salto a la gran pantalla, con una película basada en el primer libro de la saga que toma prestado el mucho más sonoro título del décimo, publicado en 2010.

A la dirección de este thriller de acción encontramos a Michael Cuesta, realizador curtido en televisión (A dos metros bajo tierra, Dexter) que en cine ha ido cambiando el drama indie por el espionaje y el thriller político a medida que ha avanzado su carrera. Después de dirigir a Claire Danes en Homeland y a Jeremy Renner en Matar al mensajero, Cuesta era un candidato más que apto para acometer la puesta de largo en el cine del popular agente. Y para interpretar al protagonista se ha escogido a uno de los jóvenes actores más prometedores de su generación, Dylan O’Brien, conocido sobre todo por la serie Teen Wolf y la saga young adult El corredor del Laberinto.

En American Assassin nos adentramos en el mundo de la lucha contra el terrorismo para conocer los primeros pasos de Mitch Rapp y asistir la primera misión que le llevará a convertirse en uno de los agentes de inteligencia más eficaces y temerarios del mundo. Tras una tragedia personal que cambia por completo el rumbo de su vida, Mitch ficha por la CIA, donde el joven recluta será entrenado en la rama de operaciones encubiertas bajo la instrucción del veterano de la Guerra Fría Stan Hurley (Michael Keaton). Una vez Rapp se ha desvelado como el agente más superdotado y agresivo de su promoción, la Directora Adjunta de la CIA, Irene Kennedy (Sanaa Lathan) le encomienda la misión de investigar una ola de ataques terroristas a objetivos militares y civiles. Junto a Hurley, Rapp descubrirá una trama de violencia que le llevará a unirse a la letal agente turca Annika (Shiva Negar), con la que tratarán de detener a un misterioso operativo (Taylor Kitsch), cuyas acciones podrían desencadenar una nueva Guerra Mundial desde Oriente Medio.

American Assassin sorprende sobre todo porque, a pesar de estar protagonizada por un ídolo adolescente, su enfoque no es precisamente juvenil. La película hace buen uso de su calificación por edades Rated-R para construirse como un thriller impactantemente violento, crudo y visceral en el que no hay remilgos de ninguna clase. Las secuencias de acción están excelentemente coreografiadas y ejecutadas, y en ellas no se escatima en sangre, huesos rotos y contenido gráfico. En este sentido, Cuesta se inspira muy claramente en las cintas de acción testosterónica de los 80 y los 90 para realizar una película contundente y eficaz con cierto aire retro, que vira hacia el espectáculo blockbuster en su último acto, con un clímax que roza la debacle apocalíptica.

Al igual que los actioners ochenteros, American Assassin cae a menudo en la fantasmada y quizá frivoliza un tema tan serio (¿en el peor momento?) como es la lucha contra el terrorismo, sacrificando realismo y responsabilidad en pos del espectáculo. Pero si somos capaces de pasar esto por alto y asumir que forma parte del género, estamos sobre todo ante una cinta de acción competente y entretenida (a pesar de sobrarle 20 minutos), además de sobresaliente en el apartado técnico, con un protagonista estupendo (O’Brien, más adulto y robusto, da la talla de sobra como leading man y actor dramático) y dosis de intriga suficientes para que podamos desconectar y sentir que realmente estamos viendo una película de hace 20 o 30 años.

Pedro J. García

Nota: ★★★