Crónica del Festival Internacional de Cine Fantástico Nocturna 2017: Parte 2

revenge

Por Daniel Andréu

La segunda jornada de esta edición del Nocturna dio comienzo en la Sala 1 de los Cines Proyecciones con el cortometraje Robot & Scarecrow (Kibwe Tavares, 2017). Como su propio nombre indica, se trata de la historia de una robot y un espantapájaros. Los protagonistas se enamoran durante un festival de música, y por desgracia el corto se queda en la anécdota y no va más allá. Se hace un despliegue de medios bastante considerable, con unos efectos especiales por captura de movimiento para el espantapájaros y sobre todo para la robot, casi a la altura de las grandes producciones. Además cuenta con música de, entre otros, el productor de música electrónica Nils Frahm, para acompañar la actuación de la (muy inspirada en la artista británica FKA Twigs) estrella robótica. Pero todo el alarde de poderío económico no añade nada a esta visión de anuncio de festival de música, dejándonos con la sensación de haber visto un spot publicitario o un trailer de algo que debería tener más fondo.

Justo después llegó Most Beautiful Island (2017) dirigida y protagonizada por la española Ana Asensio. Esta fue una de las apuestas más diferentes de lo que va de festival, ya que esta historia de una española que lucha por malvivir en Nueva York es un thriller con un trasfondo social muy fuerte y con nada de fantástico o terror. Aunque eso no hace que deje de ser compatible con un festival como Nocturna, ya que la propia situación de Luciana como inmigrante puede provocar más de una pesadilla debido a la crudeza y el realismo con que está mostrada. La vida de esta joven resulta escalofriante de por sí, pero lo es aun más asistir al descenso a los infiernos que se intuye con cada paso que da y que culmina con una situación  propia del thriller más convencional, pero muy tensa y bien llevada.

Defuncionario (Wiro Berriatúa, 2017) es una comedia fantástica de 17 minutos en la que un hombre da tumbos por un limbo burocrático para dar el paso final de la vida a la muerte tras un accidente de coche. Este bienintencionado cortometraje solo pretende hacer reír y pasar un buen rato y demostrar que en España también sabemos hacer ese tipo de cine fantástico de efectos especiales y criaturas de otros mundos, pero lo hace a través de un humor muy añejo que falla en todo momento. Al final lo más interesante es la sucesión de cameos, con Fernando Ramallo o Javier Gurruchaga entre otros.

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Bastante se ha hablado del paso de Tragedy Girls (Tyler MacIntyre, 2017) por el festival de Sitges, definida por algunos como nueva joya de culto o como sucesora perversa de Chicas malas (Mark Waters, 2004), pero esta película sobre dos amigas de instituto que se dedican a cometer crímenes para poder llenar de contenido sus redes sociales no es ni una cosa ni otra. Para empezar, no tiene a una guionista tan buena como Tina Fey, por lo que se queda a años luz de resultar tan divertida. Además, y este es su principal punto débil, el continuo intento de ser bizarra, macabra o retorcida es demasiado intencionado y termina resultando una pose muy falsa. Lo que en Feliz día de tu muerte era una idea interesante desarrollada con un buen guion, aquí es todo lo contrario, pues la explicación del propósito de las protagonistas es muy confusa durante buena parte de la película y la verosimilitud es nula incluso dentro del propio universo de la cinta. No vale con crear una situación alocada si te vas a olvidar de que tenga sentido. Por suerte, tiene unos cuantos momentos divertidos y la mayoría de los actores están realmente bien, sobre todo Alexandra Shipp y Kevin Durand, que consiguen que el espectador desee que la película girara en torno a ellos dos.

Con su nuevo cortometraje Gotas (2017), el director Sergio Morcillo y el guionista Santiago Taboada, con la ayuda de los mecenas que participaron en su campaña de crowdfunding, hacen un esfuerzo por pasarse a un terror mucho más psicológico. Este corto sobre una joven bailarina con pasado traumático que se enfrenta a sus miedos más internos falla en su objetivo de crear cualquier tipo de tensión, y hay dos claros culpables. Primero, unos actores (incluyendo la voz telefónica) que no están ni cómodos ni naturales en sus papeles. Y segundo, un uso extremadamente excesivo de una música ruidosa y molesta que cuando satura los oídos de los espectadores rompe por completo cualquier atmósfera que se estuviera intentando crear.

La primera sorpresa del festival llegó con Dhogs (Andrés Goteira, 2017), que a través del cruce de tres historias relata el continuo sufrimiento de una mujer a manos de una serie de malignos personajes. La propuesta del director y guionista, rodada en gallego, sobresale con unas influencias como Michael Haneke, David Cronenberg o incluso David Lynch, y ofrece un juego de meta-lenguaje en el que las fronteras entre la película y el espectador se confunden. Dhogs tiene un ritmo muy pausado pero consigue transmitir intensamente la violentísima y cruel naturaleza de sus personajes, y a través del descubrimiento de sus capas nos hace partícipes de esa violencia. Todo en esta película funciona a la perfección gracias a una acertada dirección, un trabajo técnico impecable y una música ruidista y experimental que es un elemento más de la crudeza del film. Mención aparte merece todo el reparto, que desde el primer minuto ofrece unas interpretaciones extraordinarias que consiguen una naturalidad increíble tanto en los momentos más tranquilos como en los más agitados. Todos los implicados en esta película se merecen el mayor de los éxitos y el mejor futuro en esta difícil industria del cine.

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Este certamen no solo sirve para ver cine de género actual, también da la oportunidad de revisitar clásicos y/o cubrir lagunas cinéfilas imperdonables, como fue el caso de la película con la que arrancó la tercera jornada. El viernes del Nocturna 2017 empezó con Maniac (William Lustig, 1980), presentada por la propia Caroline Munro, en la que un perturbado asesina a un montón de mujeres para arrancarles la cabellera como trofeo. El ínfimo presupuesto lo suple principalmente la interpretación de Joe Spinell, tan extraña que hace pensar que el propio actor estaba así de loco en la realidad. Cuenta con uno de los tramos finales más perturbadores que recuerdo en slashers de este tipo.

Que Luis Tinoco haya trabajado en los efectos especiales de películas como Interstellar (Christopher Nolan 2014) o Hércules (Brett Ratner, 2014), no es casualidad. En Caronte, corto hecho por su estudio, los efectos son el absoluto protagonista. La historia de una niña que recuerda a través de un videojuego a su hermano fallecido, aunque entretenida, resulta un tanto ñoña y queda en un segundo plano.

En Les affamés (Robin Aubert, 2017) se muestra cómo varias personas intentan sobrevivir en un bosque canadiense tras un holocausto zombi. No hay más. Esto es de lo que se quejan aquellos a los que no les ha gustado, pero en realidad el director sabe hacer que sea su mayor virtud. Hacía tiempo que una película de zombis no transmitía con tanta verosimilitud lo que realmente pasaría en una situación así y cómo nos comportaríamos. Un gran acierto es no despojar a los personajes de su sentido del humor, pues es una reacción humana comprensible. No hay que ser tan intensos. Les affamés también tiene un par de elementos sin explicación que añaden un interesante misterio a la trama.

El cortometraje I Am the Doorway (Robin Kasparik, 2017), basado en un relato de Stephen King, muestra en primera persona la agonía de un hombre atrapado en una nave espacial que sufre una infección alienígena. Está contado de forma más expresiva que narrativa, lo que puede echar para atrás a más de uno, pero su atmósfera consigue atrapar y generar tensión en unos escasos 15 minutos.

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Avalada por el premio a la mejor dirección en el Festival de Sitges, Revenge (Coralie Fargeat, 2017) cuenta la violenta venganza de una mujer contra tres hombres que la violan y la maltratan en una casa situada en mitad del desierto. La directora construye unas imágenes tan artísticas como físicas y violentas. El único fallo de esta película es no posicionarse claramente entre lo serio y lo desfasado, por lo que los momentos más exagerados (que son muchos) pueden sobrepasar la frontera de la verosimilitud y hacer que el espectador arquee las cejas. Pero si uno se deja llevar, va a disfrutar muchísimo con este cuento del gato y el ratón de ultraviolencia muy bien rodada. Además, también merece la pena por la intensa interpretación de la actriz Matilda Lutz, que se convierte en una maravillosa superheroína de acción.

La primera sesión golfa del festival vino de manos de Game of Death (Sebastien Landry y Laurence Morais-Lagace, 2017), que no es otra cosa que la versión en clave de terror adolescente de Jumanji (Joe Johnston, 1995). Una pandilla de jóvenes que pasan el fin de semana en una casa con piscina deciden matar el aburrimiento con un juego de mesa que encuentran y que les obliga a matar a una persona cada pocos minutos si no quieren ir muriendo ellos poco a poco. Si esta película no se tomara tan en serio podría haber servido de entretenimiento, pero lo que podría haber sido un despiporre de gore y cabezas explotando, termina siendo una cinta bastante plasta.

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