Crónica del Festival Internacional de Cine Fantástico Nocturna 2017: Parte 3 y palmarés

quien-puede-matar-a-un-nin%cc%83o

Por Daniel Andréu

La jornada del jueves la inauguraron Caye Casas y Albert Pintó haciendo doblete. Presentaron el cortometraje RIP y el largo Matar a Dios, ambos con un estilo muy marcado y similar de comedia negra con toques fantásticos. El primero muestra a una viuda más preocupada en que el funeral de su marido sea un gran acontecimiento que en recuperarle. En el segundo, cuatro personas que pasan una noche en una casa rural familiar, reciben la visita del mismísimo Dios y el peso de decidir qué dos únicas personas quedarán vivas en el planeta tras la aniquilación de la raza humana al amanecer. Los dos títulos exhiben un buen hacer tanto en el apartado técnico como en las interpretaciones, además de un guion con unos diálogos muy ágiles que podrían ser perfectamente obras teatrales. Historias así son las que haría Alex de la Iglesia hoy día si estuviera en un momento más inspirado.

Otra laguna cubierta en mi historial cinéfilo gracias a este festival fue Phantasm (Don Coscarelli, 1979), en la que unos hermanos se ven amenazados por unos extraños seres enanos y un misterioso hombre alto en las inmediaciones de un cementerio. Tuvimos la suerte de disfrutar de la presentación del propio director y de una copia recién restaurada. No hay duda de por qué se ha convertido en una cinta de culto con los años, pero su irregularidad hace pensar que podía haber sido aun mejor, ya que no se aprovecha al máximo el increíble potencial visual e imaginativo que demuestra en las secuencias más fantásticas.

mom-and-dad

Tras la gala de clausura, en la que además de entregarse los premios se rindió homenaje a la adorable Caroline Munro y al mítico Jack Taylor (ambos derrochando encanto y ofreciendo momentos preciosos), se proyectó Mom and Dad (Brian Taylor, 2017). Curioso que se programara justo un día antes de ¿Quién puede matar a un niño? (Narciso Ibáñez Serrador, 1976), ya que funciona como su reverso moderno e histérico. Si en el clásico de Chicho los niños mataban a los mayores, en este nuevo trabajo de uno de los directores de Crank (Mark Neveldine y Brian Taylor, 2006) una extraña ola de violencia provoca que todos los padres quieran asesinar a sus propios hijos. Con el mismo estilo directo, nervioso, violento y muy físico en la dirección, se construye una película frenética que no se para ni un momento en innecesarias explicaciones y que ofrece mucho humor y momentos absurdos tremendamente divertidos. Hay que aplaudir que Nicolas Cage con esta película haya abrazado totalmente el icono pop en el que se ha convertido y no pare de reírse de sí mismo, dando lugar a los momentos más hilarantes de la película.

La segunda y última sesión golfa de este Nocturna 2017 vino de la mano de Another WolfCop (Lowell Dean, 2017), segunda parte de una saga que promete alargarse mientras pueda y que cuenta las “aventuras” de un policía hombre lobo, alcohólico y mujeriego. Perfecta para estas horas y este festival, nos ofrece mucho humor, mucho absurdo, mucha violencia y muchos efectos especiales caseros, pero ojalá fuera tan divertida como pretende.

El último día del festival dio comienzo con la premiere europea de Pilgrimage (Brendan Muldowney, 2016), cinta que se desarrolla en la Irlanda de 1209 y cuenta las aventuras de un grupo de monjes que custodian una valiosa y sagrada reliquia en su camino hacia Roma. Lo más interesante de esta película es asistir a los dilemas y las violentas situaciones provocadas por la fe y la iglesia, porque ni siquiera la presencia de dos estrellas internacionales como Jon Bernthal y Tom Holland consigue elevarla por encima de la media.

pilgrimage

Con ¿Quién puede matar a un niño? (Narciso Ibáñez Serrador, 1976) llegó el gran momento que muchísimos estábamos esperando, ver la obra maestra del terror patrio en pantalla grande. Esta historia de dos turistas que se van a una isla española para huir del ruido de las fiestas veraniegas y se encuentran con que misteriosamente no hay ni rastro de personas adultas, no solo no ha perdido con los años, sino que cada vez es mejor. Chicho pasó en el cine del terror oscuro y en espacios cerrados de La residencia (1969) a todo lo contrario, una isla pequeña pero totalmente al aire y a pleno sol. Solo él podía conseguir que un escenario así multiplicara la opresión y a tensión hasta el infinito, ya que maneja magistralmente el ritmo y el goteo de información, ahorrándose cualquier explicación sobre lo que está pasando para elevar el misterio. Vuelve a demostrar que su intención es tratar con el mayor de los cariños al género y que lo que pretende es hacer arte, ya que las imágenes que crea y la forma de mover la cámara son únicas. Por supuesto el conjunto no sería tan poderoso sin el increíble papel de todos y cada uno de los niños, tanto por separado como cuando van en grupo. Puede parecer fácil o simple, pero la intensidad de sus interpretaciones es inaudita.

Para cerrar la edición de este año se volvió a proyectar Dhogs (Andrés Goteira, 2017), la gran triunfadora con el premio a mejor dirección y a mejor interpretación masculina. Como las buenas obras, mejora con cada visionado, y es muy recomendable volver a visitarla para sacar nuevos matices. Los buenos momentos no se han limitado a Dhogs y a los clásicos que eran un valor seguro, el nivel de esta edición ha sido muy alto y ha tenido una selección de títulos variada y arriesgada, fruto de un excelente trabajo, así que esto no hace más que desear que pase rápido el tiempo para que llegue la edición de 2018. Os dejo con el palmarés completo:

– Premio Nocturna Madrid “Paul Naschy” a la mejor película de la Sección Oficial Fantástico: Dhogs, de Andrés Goteira.

– Premio Nocturna Madrid a la mejor dirección: Coralie Fargeat, por Revenge.

– Premio Nocturna Madrid “Vincent Price” a la mejor interpretación masculina: Carlos Blanco, por Dhogs.

– Premio Nocturna Madrid a la mejor interpretación femenina: Matilda Lutz, Por Revenge.

– Premio Nocturna Madrid al mejor guión: Chris Lee y Hill Tyler Macintyre, por Tragedy Girls.

– Premio Nocturna Madrid a los mejores efectos especiales: Les affamés.

– Premio Nocturna Madrid del público a la mejor película: Bajo la rosa, de Josué Ramos.

– Premio Nocturna Madrid al mejor corto nacional: Marta no viene a cenar, de Macarena Astorga.

– Premio Nocturna Madrid al mejor corto internacional: Keep Out of Children’s Reach, de Gustavo Sánchez.

– Premio Canal Dark a la mejor película de la sección Dark Visions: The Night Watchmen, de Mitchell Altieri.

– Premio Blogos de Oro: Revenge, de Coralie Fargeat.

Crónica del Festival Internacional de Cine Fantástico Nocturna 2017: Parte 2

revenge

Por Daniel Andréu

La segunda jornada de esta edición del Nocturna dio comienzo en la Sala 1 de los Cines Proyecciones con el cortometraje Robot & Scarecrow (Kibwe Tavares, 2017). Como su propio nombre indica, se trata de la historia de una robot y un espantapájaros. Los protagonistas se enamoran durante un festival de música, y por desgracia el corto se queda en la anécdota y no va más allá. Se hace un despliegue de medios bastante considerable, con unos efectos especiales por captura de movimiento para el espantapájaros y sobre todo para la robot, casi a la altura de las grandes producciones. Además cuenta con música de, entre otros, el productor de música electrónica Nils Frahm, para acompañar la actuación de la (muy inspirada en la artista británica FKA Twigs) estrella robótica. Pero todo el alarde de poderío económico no añade nada a esta visión de anuncio de festival de música, dejándonos con la sensación de haber visto un spot publicitario o un trailer de algo que debería tener más fondo.

Justo después llegó Most Beautiful Island (2017) dirigida y protagonizada por la española Ana Asensio. Esta fue una de las apuestas más diferentes de lo que va de festival, ya que esta historia de una española que lucha por malvivir en Nueva York es un thriller con un trasfondo social muy fuerte y con nada de fantástico o terror. Aunque eso no hace que deje de ser compatible con un festival como Nocturna, ya que la propia situación de Luciana como inmigrante puede provocar más de una pesadilla debido a la crudeza y el realismo con que está mostrada. La vida de esta joven resulta escalofriante de por sí, pero lo es aun más asistir al descenso a los infiernos que se intuye con cada paso que da y que culmina con una situación  propia del thriller más convencional, pero muy tensa y bien llevada.

Defuncionario (Wiro Berriatúa, 2017) es una comedia fantástica de 17 minutos en la que un hombre da tumbos por un limbo burocrático para dar el paso final de la vida a la muerte tras un accidente de coche. Este bienintencionado cortometraje solo pretende hacer reír y pasar un buen rato y demostrar que en España también sabemos hacer ese tipo de cine fantástico de efectos especiales y criaturas de otros mundos, pero lo hace a través de un humor muy añejo que falla en todo momento. Al final lo más interesante es la sucesión de cameos, con Fernando Ramallo o Javier Gurruchaga entre otros.

tragedy-girls

Bastante se ha hablado del paso de Tragedy Girls (Tyler MacIntyre, 2017) por el festival de Sitges, definida por algunos como nueva joya de culto o como sucesora perversa de Chicas malas (Mark Waters, 2004), pero esta película sobre dos amigas de instituto que se dedican a cometer crímenes para poder llenar de contenido sus redes sociales no es ni una cosa ni otra. Para empezar, no tiene a una guionista tan buena como Tina Fey, por lo que se queda a años luz de resultar tan divertida. Además, y este es su principal punto débil, el continuo intento de ser bizarra, macabra o retorcida es demasiado intencionado y termina resultando una pose muy falsa. Lo que en Feliz día de tu muerte era una idea interesante desarrollada con un buen guion, aquí es todo lo contrario, pues la explicación del propósito de las protagonistas es muy confusa durante buena parte de la película y la verosimilitud es nula incluso dentro del propio universo de la cinta. No vale con crear una situación alocada si te vas a olvidar de que tenga sentido. Por suerte, tiene unos cuantos momentos divertidos y la mayoría de los actores están realmente bien, sobre todo Alexandra Shipp y Kevin Durand, que consiguen que el espectador desee que la película girara en torno a ellos dos.

Con su nuevo cortometraje Gotas (2017), el director Sergio Morcillo y el guionista Santiago Taboada, con la ayuda de los mecenas que participaron en su campaña de crowdfunding, hacen un esfuerzo por pasarse a un terror mucho más psicológico. Este corto sobre una joven bailarina con pasado traumático que se enfrenta a sus miedos más internos falla en su objetivo de crear cualquier tipo de tensión, y hay dos claros culpables. Primero, unos actores (incluyendo la voz telefónica) que no están ni cómodos ni naturales en sus papeles. Y segundo, un uso extremadamente excesivo de una música ruidosa y molesta que cuando satura los oídos de los espectadores rompe por completo cualquier atmósfera que se estuviera intentando crear.

La primera sorpresa del festival llegó con Dhogs (Andrés Goteira, 2017), que a través del cruce de tres historias relata el continuo sufrimiento de una mujer a manos de una serie de malignos personajes. La propuesta del director y guionista, rodada en gallego, sobresale con unas influencias como Michael Haneke, David Cronenberg o incluso David Lynch, y ofrece un juego de meta-lenguaje en el que las fronteras entre la película y el espectador se confunden. Dhogs tiene un ritmo muy pausado pero consigue transmitir intensamente la violentísima y cruel naturaleza de sus personajes, y a través del descubrimiento de sus capas nos hace partícipes de esa violencia. Todo en esta película funciona a la perfección gracias a una acertada dirección, un trabajo técnico impecable y una música ruidista y experimental que es un elemento más de la crudeza del film. Mención aparte merece todo el reparto, que desde el primer minuto ofrece unas interpretaciones extraordinarias que consiguen una naturalidad increíble tanto en los momentos más tranquilos como en los más agitados. Todos los implicados en esta película se merecen el mayor de los éxitos y el mejor futuro en esta difícil industria del cine.

dhogs

Este certamen no solo sirve para ver cine de género actual, también da la oportunidad de revisitar clásicos y/o cubrir lagunas cinéfilas imperdonables, como fue el caso de la película con la que arrancó la tercera jornada. El viernes del Nocturna 2017 empezó con Maniac (William Lustig, 1980), presentada por la propia Caroline Munro, en la que un perturbado asesina a un montón de mujeres para arrancarles la cabellera como trofeo. El ínfimo presupuesto lo suple principalmente la interpretación de Joe Spinell, tan extraña que hace pensar que el propio actor estaba así de loco en la realidad. Cuenta con uno de los tramos finales más perturbadores que recuerdo en slashers de este tipo.

Que Luis Tinoco haya trabajado en los efectos especiales de películas como Interstellar (Christopher Nolan 2014) o Hércules (Brett Ratner, 2014), no es casualidad. En Caronte, corto hecho por su estudio, los efectos son el absoluto protagonista. La historia de una niña que recuerda a través de un videojuego a su hermano fallecido, aunque entretenida, resulta un tanto ñoña y queda en un segundo plano.

En Les affamés (Robin Aubert, 2017) se muestra cómo varias personas intentan sobrevivir en un bosque canadiense tras un holocausto zombi. No hay más. Esto es de lo que se quejan aquellos a los que no les ha gustado, pero en realidad el director sabe hacer que sea su mayor virtud. Hacía tiempo que una película de zombis no transmitía con tanta verosimilitud lo que realmente pasaría en una situación así y cómo nos comportaríamos. Un gran acierto es no despojar a los personajes de su sentido del humor, pues es una reacción humana comprensible. No hay que ser tan intensos. Les affamés también tiene un par de elementos sin explicación que añaden un interesante misterio a la trama.

El cortometraje I Am the Doorway (Robin Kasparik, 2017), basado en un relato de Stephen King, muestra en primera persona la agonía de un hombre atrapado en una nave espacial que sufre una infección alienígena. Está contado de forma más expresiva que narrativa, lo que puede echar para atrás a más de uno, pero su atmósfera consigue atrapar y generar tensión en unos escasos 15 minutos.

revenge-2

Avalada por el premio a la mejor dirección en el Festival de Sitges, Revenge (Coralie Fargeat, 2017) cuenta la violenta venganza de una mujer contra tres hombres que la violan y la maltratan en una casa situada en mitad del desierto. La directora construye unas imágenes tan artísticas como físicas y violentas. El único fallo de esta película es no posicionarse claramente entre lo serio y lo desfasado, por lo que los momentos más exagerados (que son muchos) pueden sobrepasar la frontera de la verosimilitud y hacer que el espectador arquee las cejas. Pero si uno se deja llevar, va a disfrutar muchísimo con este cuento del gato y el ratón de ultraviolencia muy bien rodada. Además, también merece la pena por la intensa interpretación de la actriz Matilda Lutz, que se convierte en una maravillosa superheroína de acción.

La primera sesión golfa del festival vino de manos de Game of Death (Sebastien Landry y Laurence Morais-Lagace, 2017), que no es otra cosa que la versión en clave de terror adolescente de Jumanji (Joe Johnston, 1995). Una pandilla de jóvenes que pasan el fin de semana en una casa con piscina deciden matar el aburrimiento con un juego de mesa que encuentran y que les obliga a matar a una persona cada pocos minutos si no quieren ir muriendo ellos poco a poco. Si esta película no se tomara tan en serio podría haber servido de entretenimiento, pero lo que podría haber sido un despiporre de gore y cabezas explotando, termina siendo una cinta bastante plasta.

‘Stranger Things 2’ es una obra de arte pop

stranger-things-2-nin%cc%83os

[Esta entrada NO contiene spoilers]

No fuimos conscientes de hasta qué punto es verdad aquello de que Netflix está cambiando la manera de hacer y consumir cine y televisión hasta el verano de 2016. Fue entonces cuando se estrenó en la plataforma la primera temporada de Stranger Things, precedida de una campaña de marketing más bien discreta que no hacía prever ni remotamente lo que acabaría pasando. La serie creada por los hermanos Matt y Ross Duffer se convirtió en el mayor éxito del verano, redefiniendo el concepto de “blockbuster estival” para quitarle al cine la exclusividad que tenía sobre él. Es decir, en un verano cinematográfico especialmente escuálido, el mayor “taquillazo” de la temporada fue una serie de televisión.

Y lejos de menguar con el tiempo, la onda expansiva de ese fenómeno siguió creciendo en los meses posteriores a su estreno, gracias al boca-oreja, a la insistencia (o pesadez) de los medios y al factor on demand, que permite empezar y seguir las series al ritmo que cada uno quiere. Con Stranger Things no pasó como con otras series originales de Netflix, que se consumen de una o dos tacadas y se olvidan incluso más rápido. Al contrario que le ha ocurrido a Las 4 estaciones de las Chicas Gilmore The DefendersStranger Things sí se quedó en la conversación online, sí traspasó la línea que separa el entorno seriéfilo del mainstream. La primera temporada se desgranó hasta el último plano, sus actores infantiles se convirtieron en estrellas mediáticas, algunas de sus tramas se viralizaron hasta el absurdo (#JusticeForBarb) y su estilo influyó inmediatamente en productos posteriores (It). En gran medida, todo fue gracias al factor nostálgico, a lo bien que la serie jugaba la carta del homenaje cinéfilo para capitalizar la morriña de tiempos mejores que tiene secuestrada al espectador estos días.

En los 15 meses que han transcurrido entre el estreno de la primera temporada de Stranger Things y la segunda, el revuelo alrededor de la serie no ha hecho más que crecer, y por tanto, la expectación por los nuevos episodios se ha disparado hacia la estratosfera. Ante una situación así, en la que una creación se le va de las manos a su responsable para convertirse en propiedad de los espectadores, parece imposible afrontar una continuación sin que el impacto cultural devore a la serie. Pero los hermanos Duffer lo han conseguido. La segunda temporada de Stranger Things no solo está a la altura y conserva intacto el espíritu de la primera, sino que además va más allá siguiendo las reglas de las secuelas cinematográficas, aumentando y multiplicando todo lo que funcionó la primera vez con resultados más que satisfactorios.

stranger-things-2-eleven

Stranger Things 2 es más grande, más ruidosa, más épica, más espectacular, tiene más acción, más terror, más personajes, más efectos visuales, y sobre todo, más homenajes cinéfilos. Pero como en la primera entrega, la serie es mucho más que mera nostalgia o pirotecnia. Los hermanos Duffer han sabido dominar el arte del pastiche sin olvidar la importancia de dar al espectador una historia y unos personajes por los que preocuparse, y afortunadamente, la secuela vuelve a encontrar ese equilibrio, en un contexto magnificado por factores externos. Como reza uno de sus eslóganes, Stranger Things es más Stranger que antes, pero en la búsqueda del “más grande todavía”, los Duffer no han descuidado lo que en el fondo ha hecho de esta serie un éxito más allá del truco de la nostalgia: su adictivo misterio, su extraordinario apartado visual y, sobre todo, sus fantásticos personajes, elevados en tiempo récord a la categoría de iconos de la cultura popular.

Sobre el argumento de Stranger Things 2 es mejor no entrar en detalle (por ahora). Baste decir que los nueve episodios que conforman la temporada están repletos de escenas, sorpresas, guiños y diálogos que en los próximos meses serán analizados y convertidos en meme hasta la saciedad. Si la primera temporada bebía de Encuentros en la tercera fase, Alien, E.T., Cuenta conmigo o Los Goonies (en general, de todo lo que fuese Steven Spielberg y Stephen King), la segunda sigue homenajeando a estas películas mientras aumenta su cantera de referentes con alusiones inconfundibles a otros clásicos del cine fantástico y de terror como Jóvenes ocultos, Gremlins, Los Cazafantasmas, El exorcista o incluso Parque Jurásico. Pero como decíamos, la nostalgia no fagocita a la historia porque los Duffer se aseguran de que lo más importante sea siempre el devenir de los personajes, sus relaciones, y el misterio. Un misterio que este año adquiere un cariz más terrorífico y apocalíptico con la amenaza de un monstruo del Upside Down mucho más grande y peligroso que el Demogorgon, una criatura de pesadilla que volverá a hacer sufrir a Will (Noah Schnapp) y a su madre lo que no está dicho.

stranger-things-3

Además de seguir conociendo a los personajes del año pasado, contamos con nuevos fichajes, el matón Billy (Dacre Montgomery bordando al personaje televisivo más odioso del año), su hermanastra Max (Sadie Sink), que se unirá a la pandilla de Will, y en un golpe maestro de casting, Sean Astin (Mikey de Los Goonies) interpreta al afable Bob, la nueva pareja de Joyce Byers (Winona Ryder), oportunidad que los Duffer aprovechan para introducir el guiño más meta de la temporada.

Pero no os preocupéis, los nuevos personajes no eclipsan a los antiguos (con excepción de la hermana de Lucas, que se va a convertir con toda seguridad en la sensación de los próximos meses, y si no, acordaos), sino que los recién llegados se suman a la historia de forma orgánica, dejando que los personajes que ya conocemos lleven las riendas de la temporada. David Harbour redondea a su Jim Hopper con una interpretación si cabe más humana y matizada, Joyce empieza la temporada tranquila, pero acaba tan deliciosa y conmovedoramente histérica como la primera vez (aunque Ryder le ha cogido mejor el punto al personaje y está más equilibrada), y Steve Harrington (Joe Keery) continúa su proceso de reinvención para alzarse como héroe y candidato a ser uno de los personajes más queridos de la serie (el Team Steve va a aumentar considerablemente), sin olvidar a Nancy (Natalia Dyer), aun más fuerte y guerrera que el año pasado (Molly Ringwald Redux). Pero son los niños los que vuelven llevarse la serie de calle, especialmente Dustin (Gaten Matarazzo), Will (Schnapp se deja la piel en la recta final) y, por supuesto, Eleven (Millie Bobby Brown), cuyo enigmático pasado forma parte central de una temporada en la que la niña sigue evolucionando y descubriendo el alcance de sus poderes, de camino a convertirse en una auténtica superheroína (o mutante, que quizá sería más adecuado en este caso) y destapando a su vez una trama con mucho potencial para próximas temporadas.

Stranger Things 2 demuestra que a veces más sí es mejor. Aunque por momentos corre el riesgo de perderse en la ambición de hacerlo todo más grande, la serie sale siempre a flote gracias a una historia que extiende su mitología de la forma más adictiva y emocionante, empleando el mismo cóctel de aventuras, acción, ciencia ficción y humor que hizo de la primera un triunfo absoluto. Pero lo mejor es que la nueva temporada no se limita a reproducir el esquema de la primera, sino que se ocupa de avanzar la historia explorando las consecuencias de lo ocurrido mientras sigue desarrollando a sus personajes, en el caso de los más jóvenes orientándolos hacia la adolescencia, a la maduración que suele ocupar el núcleo de las cintas juveniles de los 80 en las que se basa la serie y que aquí nos deja momentos muy divertidos y entrañables.

stranger-things-4

Como en la primera temporada, los nuevos capítulos de Stranger Things se pasan en un suspiro (cuando menos te lo esperas, aparecen los créditos finales), indicio de que no se ha desperdiciado ni un solo minuto, y están plagados de imágenes memorables, frases para estampar camisetas y ese cariño que hace que el espectador se involucre a otro nivel. Stranger Things es entretenimiento de altura, un producto masivo digno, de los que cuesta mucho encontrar y no tanto desprestigiar con un “pues no es para tanto”. Está claro que los que han acabado saturados con ella o no se tragaron la píldora nostálgica, no solo no disfrutarán de la segunda, sino que esta le dará mucha más munición para criticarla. Pero si, como yo y tantos otros, os dejasteis conquistar por la propuesta de los Duffer, Stranger Things 2 es otro arcón sin fondo para explorar en el desván, un mapa del tesoro en el que no importa tanto llegar a la X, sino disfrutar de las emociones fuertes que nos depara la búsqueda.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

Crónica del Festival Internacional de Cine Fantástico Nocturna 2017: Parte 1

nocturna-2017-logo

Por Daniel Andréu

Un año más acudimos a la imprescindible cita con el cine de género en la 5ª edición del Festival Internacional de Cine Fantástico Nocturna 2017, que este año llega con energías renovadas, nueva dirección nueva sede en los Cines Proyecciones tras el cierre de los queridos Palafox.

Esta edición tuvo como primera proyección el cortometraje Bye Bye Baby, dirigido por Pablo S. Pastor. El propio director hizo una breve introducción en la que, entre otras cosas, dijo que su película favorita es Scream (Wes Craven, 1996). No tenía que jurarlo, pues la conversación con la que empieza el corto, en esa cocina, en esa casa, y con ese corte de pelo que lleva la protagonista, no podía tener otra inspiración. Referentes aparte, el corto se sostiene por sí mismo con una sencilla historia de misterio sobre una joven que empieza a notar sucesos extraños en su casa y… bueno, es mejor que el resto lo descubráis vosotros mismos. Lo más destacable es el apartado técnico, dejando claro que el dinero conseguido en el crowdfunding con el que se financió el proyecto tuvo el mejor uso posible, tratando con detalle y cariño la producción. En el tiempo que dura no tiene oportunidad ni de destacar especialmente ni de fracasar, pero hay mucho potencial, y esperamos que la versión en largometraje, que ya se está preparando, sea su confirmación.

La sección oficial de este año quedó inaugurada con The Heretics (Chad Archibald, 2017), cinta de terror sobre una joven que en el pasado fue secuestrada por una secta satánica para ser víctima de un ritual, y de nuevo vuelve a vivir esta pesadilla. En principio esta premisa no indicaba nada bueno ni nada malo, pero por desgracia el avance de la película se inclinó más hacia lo segundo. Se trata de un largometraje que, ante la falta de buenas ideas, obliga al espectador a hacer un esfuerzo por encontrar detalles que merezcan la pena. Lo que parecía que iba a ser algo entretenido lleno de algunos giros y sorpresas interesantes no tarda en degenerar y aburrir. Se agradece el juego al despiste sobre quién es realmente el villano, o qué personajes tienen un sorprendente pasado en común, pero cuando el guion decide olvidarse por completo de atar cabos o hacer que las situaciones sean verosímiles, cuesta ser benevolente con lo que se está viendo. Otra ilusión efímera fue el maquillaje, con unos efectos bastante conseguidos… siempre que la cámara no estuviera cerca ni hubiera mucha luz. En cuanto los planos se cierran, se ven las costuras de un trabajo pobre. El último detalle relativamente llamativo es ver la transformación final de la víctima, pero entonces es cuando el director se saca de la manga un absurdo epílogo y demuestra que esa transformación no era para nada interesante.

narciso-iban%cc%83ez-serrador-nocturna

Como prólogo al homenaje que Nocturna rinde este año a Narciso Ibáñez Serrador, se proyectó dentro de la sección Classics la película de 1969 La residencia. Esta película ambientada en un estricto internado para jóvenes problemáticas en el que se suceden varias muertes y donde nada es lo que parece fue presentada de una forma muy particular. Aunque hubiera extraños cambios en la calidad de imagen y frases sin doblaje, hay que agradecer al festival y a la distribuidora el esfuerzo por traer una copia sin censura y lo más cercana posible a la visión original del director. El tiempo pasa para todos, pero al contrario de lo que puedan pensar algunos contados espectadores que se reían en los momentos más dramáticos, esta película no ha hecho más que mejorar en los casi cincuenta años desde que se estrenó. Lilli Palmer en su papel de regenta del internado consigue ser uno de los pilares sobre los que se sostiene esa atmósfera tan opresora que es el mayor fuerte del film. Nadie se salva en esta cinta de terror con toques de giallo, todos los personajes esconden secretos y sacan lo peor de sí mismos. Chicho Ibáñez Serrador no se limitó a crear una historia entretenida, porque lo que él quiso fue hacer arte con el género. Las escenas de asesinatos son de una belleza que a día de hoy no han sido superadas, la secuencia en la que todas las chicas están cosiendo mientras una de las compañeras va a tener un encuentro secreto con un hombre es de una intensidad insoportable, y la historia de Lilli Palmer con su hijo es muy atrevida y turbia. Chicho mueve su cámara como el maestro que es y se ayuda de un diseño de producción exquisito, y es por todo eso que en 2017 La residencia es capaz de provocar tantos escalofríos como en 1969.

Para la gala de inauguración del festival hubo invitados de excepción como Caroline Munro o Jack Taylor, pero ellos van a tener su momento otro día. El viernes todos estábamos por el genio Chicho Ibáñez Serrador que iba a recibir el Premio Maestro del Fantástico por toda su trayectoria en el cine y la televisión. El delicado estado físico del director no le impidió hacer un enorme esfuerzo por venir a recibir su merecidísimo homenaje, y tras un momento en el que parecía que no iba a poder hablar, agarró el micrófono y convirtió la noche en pura magia y emoción. Tras el visionado de un bonito vídeo recorriendo su obra, hizo una interesante reflexión sobre la importancia del silencio en el cine de terror. Sus sabias palabras no estuvieron faltas de humor, consiguiendo que ese valioso silencio se rompiera por nuestras carcajadas. Lo que iba a ser un detalle del Nocturna y del público hacia Chicho, se convirtió en un honor de él hacia nosotros, porque recibir tanta sabiduría y cariño por su parte es algo que no tiene precio. Fue imposible no sobrecogerse con los aplausos y gritos llenos de amor y admiración que llenaron la sala.

feliz-dia-de-tu-muerte

Después del que sin duda quedará como uno de los momentos más bonitos de todo el festival, llegó la hora de inaugurarlo oficialmente con Feliz día de tu muerte (Happy Death Day, Christopher Landon, 2017), el nuevo éxito de la factoría Blumhouse, que será uno de los estrenos importantes de estas navidades en España. Su argumento es tan sencillo como hacer un cruce de Atrapado en el tiempo (Groundhog Day, Harold Ramis, 1993) con cualquiera de los muchos slashers ambientados en universidades y hermandades que hay. La estudiante Tree empieza a revivir una y otra vez el mismo día, que no solo es el de su cumpleaños sino también el de su muerte a manos de un misterioso asesino. Precisamente en esa sencillez radica el éxito de la cinta. Cuando lleva cinco minutos ya sabemos todo lo que va a pasar, cómo se va a usar cada elemento de los que se repite cada vez que la protagonista muere, y cómo va a ir evolucionando la trama. Pero el director y el guionista son totalmente conscientes y se aprovechan de ello gracias a un ritmo que no decae en ningún momento y a un guion con mucho humor que nunca cae en la saturación, y además se guarda algunos momentos realmente sorprendentes. Por si fuera poco, de un plumazo y de la manera más simple y efectiva posible, se quita de encima con mucha gracia el peligro de ser criticada por tener un argumento demasiado similar al del clásico film de Harold Ramis (pero eso, mejor descubridlo vosotros mismos). Mención aparte merece la actriz Jessica Rothe, que con toda la facilidad del mundo lleva sobre sus hombros el peso de la película, haciendo gala de un lado cómico que, si el mundo es justo, dará mucho que hablar.

Will & Grace, gracias por volver, os necesitábamos

will-grace-1

El hombre o la mujer aun no han inventado la máquina del tiempo, pero el cine y la televisión se están encargando de que no haga falta. Entre 2016 y 2017 hemos tenido en nuestras pantallas nuevas temporadas de Expediente XLas chicas Gilmore Twin Peaks, además de una continuación de Padres forzosos, por no hablar del éxito de productos nostálgicos de la década de los 80 como Stranger Things o la película It, y la llegada de secuelas tardías como Blade Runner 2049. Es decir, para volver atrás en el tiempo solo hay que ir al cine o encender la tele (o el ordenador o dispositivo móvil de preferencia).

Esta burbuja de los revivals y los reboots también ha propiciado el clima perfecto para el regreso de una de las sitcoms más queridas de finales de los 90 y principios de los 2000. No hablamos de Friends, cuyo muy hipotético revival no tiene apenas posibilidades de ocurrir, como ya han dicho sus estrellas por activa y por pasiva, y a pesar de la insistencia de los muchos fans que necesitan ver a los seis amigos de Manhattan reunidos de nuevo. No, nos referimos a la otra serie más exitosa del mítico Jueves de Comedia de NBC, Will & Grace, la revolucionaria y transgresora comedia creada por David Kohan y Max Mutchnick en 1998 que, aunque no tuvo tanta repercusión en nuestro país como en Estados Unidos, pasó a la historia como una de las series más vistas y premiadas de su época.

Once años después de su final original, Will & Grace regresa para adaptarse a un panorama televisivo que ella misma contribuyó a cambiar. Estamos hablando de una serie emitida en el prime time de una cadena en abierto durante los 90 con un protagonista gay (y un secundario robaescenas todavía más gay). Si bien es cierto que durante los ocho años que se mantuvo en antena no se libró de las críticas, sobre todo por el tratamiento de Will (Eric McCormack), al que no se le dejaba vivir el romance y el sexo con la libertad que sí disfrutaba Grace (Debra Messing) como personaje, no se puede negar que la serie avanzó la causa LGBTQ en televisión, contribuyendo a la mayor visibilización y la normalización que vivimos hoy en día. Pero como todavía queda mucho por hacer y cierto individuo de tez naranja está amenazando las libertades de tantas personas, Will & Grace ha decidido volver para reclamar su lugar de honor en la lucha por un mundo más tolerante, divertido, y sobre todo, más gay.

will-grace-2

Este otoño, el cuarteto maravillas formado por Eric McCormack, Debra Messing, Sean Hayes y Megan Mullally ha recuperado a los personajes que los convirtieron en iconos de la televisión y por los que consiguieron pleno de Emmys (Mullally tiene dos, los demás uno cada uno). Verlos en el primer episodio de la novena temporada, más de una década después de despedirnos de ellos, provoca una sensación extraña, incluso desorientadora (¿Dónde estoy? ¿Qué año es? ¿Qué está pasando?). Pero una vez pasados los primeros minutos, se transforma en tranquilidad y confort: es como si no se hubieran ido nunca, como si nunca hubieran dejado de interpretar a estos personajes. La facilidad con la que los cuatro se transforman de nuevo en Will, Grace, Jack y Karen y demuestran que siguen siendo cuatro monstruos de la comedia (sobre todo cuando están juntos) hace que todo miedo y duda acerca del revival se disipe: Will & Grace no ha vuelto en vano. De hecho, ha vuelto en el mejor momento posible.

Con Trump en la Casa Blanca, nunca son suficientes las voces en contra de sus políticas de opresión y represión, y Will & Grace ha sentido que la necesitábamos. El primer episodio del revival es un dardo envenenado a la administración Trump, media hora de comedia punzante y combativa en la que no se menciona ni una sola vez el nombre del presidente, porque no hace falta. La carga política de “11 Years Later” (dirigido por el mítico James Burrows, que se encargó de los 187 episodios originales y realizará también los nuevos) disminuye en los siguientes episodios, donde el cuarteto protagonista retoma sus neuróticas vidas y complicadas relaciones, ignorando por completo el divisivo final original (para ello se recurre al cliché noventero por excelencia: todo fue un sueño). El mundo a su alrededor ha cambiado (los móviles forman parte de su vida diaria, las referencias culturales han evolucionado), pero a grandes rasgos, ellos siguen siendo los mismos de siempre. En este sentido, lo más interesante de la “nueva” Will & Grace es ver cómo sus protagonistas lidian con el paso del tiempo y con la realidad de que ya no son tan jóvenes (aunque los cuatro estén envidiablemente fantásticos).

Ahí es donde Will & Grace suele sobresalir especialmente. Además de hacer reír a carcajadas con sus chispeantes diálogos y su magistral comedia física, siempre supo sacar provecho de las miserias, preocupaciones y excentricidades de sus personajes para rascar en la superficie de sus divertidas personalidades y salpicar la comedia con ocasionales momentos de drama, crudeza y contundentes dosis de realidad que la distanciaban de otras sitcoms mucho más amables. Will y Grace siguen viviendo juntos, inmersos en la misma amistad disfuncional que ejercía como núcleo de la serie original y que les impedía (y les impide) madurar y encontrar la estabilidad en el amor. Jack reniega de su pasado (no quiere saber nada de “Just Jack!”) y está explorando nuevas opciones profesionales (o eso dice) mientras se enfrenta a la nueva escena del sexo casual, negándose a quedar obsoleto por su edad. Y Karen… bueno, Karen es la bomba impredecible de siempre, tan cáustica, ofensiva e hilarante como hace once años, pero, eso sí, más republicana que nunca, y algo incompleta por la ausencia de su Rosario (Shelley Morrison se retiró hace años).

will-grace-3

Sin embargo, no parece que la serie se haya quedado estancada en el pasado, sino que lo está utilizando para examinar el presente y mirar al futuro. Por ejemplo, en el segundo episodio Will empieza a salir con un chico mucho más joven que él (Ben Platt). Cuando se da cuenta de lo desconectado que está el joven con la lucha por los derechos de la comunidad LGBTQ, Will renuncia al sexo con él para darle un sermón sobre lo que su generación hizo para que millennials y gen-Z disfruten ahora de mayor libertad para ser ellos mismos, sacrificando el placer personal por educar a las nuevas generaciones y que estas no se olviden del trabajo que nos queda. Es decir, Will & Grace está inevitablemente condicionada por el pasado (los cameos, uno de los mayores reclamos de la serie original, no pueden faltar), pero no permite que la nostalgia o el “cualquier tiempo pasado fue mejor” le impida avanzar y deja espacio para que sus personajes intenten madurar, por imposible que parezca (siguen siendo lo peor, y por eso los queremos tanto).

Por ahora, Will & Grace está funcionando excepcionalmente bien en los índices de audiencia y NBC la renovó para otra temporada antes del estreno de esta, de la que además extendió el número de episodios, de 10 a 16. La recepción ha sido generalmente positiva. Aunque es evidente que el formato de sitcom multicámara con público en directo se ha quedado anticuado, la serie consigue mantenerse fresca y mordaz gracias a la inigualable química de su reparto, sus afilados diálogos, la laxitud de la cadena dejándole ser (incluso) más picante que antes y su compromiso a la hora de reflejar la actualidad y denunciar la injusticia y la hipocresía. Pero por encima de todo, su capacidad para hacer llorar de la risa está intacta. Messing, McCormack, Hayes y Mullally siguen en plena forma y sus personajes tan geniales, graciosos e irreverentes como siempre, así que por mí, que Will & Grace dure ocho temporadas más.

Crítica: Thor Ragnarok

A pesar de la fuerza y grandiosidad que caracteriza al personaje, Thor siempre ha sido uno de los eslabones más débiles del Universo Cinemático Marvel. El personaje interpretado por Chris Hemsworth ha brillado junto a Los Vengadores, pero sus entregas en solitario, Thor (2011) y Thor: El mundo oscuro (2013), no han tenido tan buena acogida por parte de público y crítica como las de otros héroes de este cosmos de ficción. Seguramente por esta razón, Marvel ha decidido que a la tercera va la vencida y le ha dado a la franquicia del Dios del Trueno un significativo lavado de cara con Thor: Ragnarok.

La película número 17 de Marvel es en cierto modo un reboot de Thor (muy metafórico corte de pelo incluido), un volantazo con el que Kevin Feige se aleja del tono serio y grandilocuente implantado por Kenneth Branagh en la primera entrega y emprende un nuevo rumbo, sin por ello sacrificar la épica intrínseca de la historia del hijo de Odín. Como se pudo ver en sus adelantos promocionales y como se confirma al ver el film, el modelo a seguir para realizar este reset ha sido Guardianes de la Galaxia. Adoptando el patrón de la franquicia de James Gunn, la nueva Thor tiene más comedia, más acción estrambótica y sobre todo, más color. La psicodelia, los sintetizadores, los láseres y la paleta cromática más chillona y cegadora se apoderan de los Nueve Reinos para darnos una aventura más ligera y completamente imbuida del espíritu de los 80 (el de Golpe en la pequeña China Flash Gordon), hermanando así a Thor con Starlord y su banda de forajidos intergalácticos.

Tras las cámaras se encuentra Taika Waititi (director de joyas como Lo que hacemos en las sombrasHunt for the Wilderpeople), una elección a priori chocante por parte de Marvel, que sin embargo se revela completamente acertada, además de coherente con la nueva estrategia creativa de Feige. La peculiar personalidad y el humor excéntrico de Waititi se pueden detectar a lo largo de toda la película, pero más allá de dejar su sello inconfundible, el realizador neozelandés ha sabido adaptar el idiosincrásico estilo de su cine al esquema general de Marvel. Es decir, Thor: Ragnarok es clara e inequívocamente un trabajo de Taika Waititi (como atestiguan entre otras cosas los cameos y secundarios interpretados por los habituales de su cine, como Rachel House, Sam Neill o él mismo), pero también es una película de Marvel. Esta vez, director y estudio han hallado el equilibrio y entendimiento adecuados para que la visión de uno no ahogue la del otro, como ha pasado ya en varias ocasiones (Ant-ManVengadores: La era de Ultrón), y que la voz individual del cineasta le dé una nueva capa de barniz a la franquicia sin que esta quede irreconocible (algo que, por otra parte, Feige no permitiría).

Siguiendo asimismo la estela de las más recientes secuelas de Marvel, Thor: Ragnarok es una película repleta de ideas, sorpresas, easter eggs y cameos (incluido el Doctor Strange en una aparición un poco metida con calzador), con numerosas tramas entrelazadas que conectan la historia con el pasado y el futuro del UCM. El film arranca con Thor preso al otro lado del universo, intentando escapar para evitar que la profecía del Ragnarok se cumpla y destruya su planeta natal, suponiendo el fin de la civilización asgardiana. Allí, Loki (Tom Hiddleston) continúa haciendo de las suyas, mientras Heimdall (Idris Elba) está desaparecido y los Tres Guerreros custodian las puertas del reino. Asgard entra en crisis con la aparición de Hela (Cate Blanchett), una poderosa nueva amenaza que busca hacerse con el control del universo. Tras su primer enfrentamiento con ella, Thor va a parar a Sakaar, un recóndito planeta en el que deberá sobrevivir a una competición letal de gladiadores, donde tendrá que luchar contra su “amigo del trabajo”, el Increíble Hulk, con quien protagoniza el reencuentro más esperado por los fans de Marvel. Junto a él y su nueva aliada, Valquiria (Tessa Thompson), Thor intentará huir de las garras del Gran Maestro (Jeff Goldblum) y regresar a Asgard para acabar con Hela.

Ese es el argumento muy a grandes rasgos de Thor: Ragnarok. Si creéis que he desvelado algo importante, no os preocupéis, no lo he hecho. Como decía, la película está llena de giros, y descubrirlos es uno de sus mayores alicientes (siempre que Marvel no los estropee todos antes de tiempo). Aunque también es cierto que su ajetreada y ramificada trama puede llegar a jugar en su contra. A Thor: Ragnarok le ocurre como a otras entregas marvelianas, pasan tantas cosas y hay tantos frentes abiertos que esto provoca por momentos falta de cohesión narrativa y una fragmentación que afecta al ritmo, a lo que contribuye además un metraje quizá excesivamente largo. Si una película de Marvel pedía una aventura de hora y media, como Waititi había bromeado (“90 minutos de película y 40 de créditos”), era esta. Esa habría sido su mayor osadía.

Y ese es el mayor problema de una película que, no obstante, funciona con la eficacia probada de casi todas las entregas de Marvel. Thor: Ragnarok da lo que se espera de la Casa de las Ideas, pero también es su película más alocada y marciana hasta la fecha. Desde las impresionantes batallas y escenas de acción (hay planos épicos para enmarcar, además de mucha comedia física), al hilarante humor (80% improvisado, según Waititi, y lleno de golpes geniales), pasando por la electrizante banda sonora de Mark Mothersbaugh (el primer score realmente memorable de Marvel, aunque no sea nada que no hayamos escuchado en Stranger Things Turbo Kid) y su estrafalario diseño de producción, maquillaje y peluquería, la película se zambulle en lo retro de forma más desenfadada si cabe que Guardianes de la Galaxia y, a su manera, también más arriesgada.

Otro de los puntos fuertes de Thor: Ragnarok es su fabuloso reparto. Hemsworth lleva a cabo su interpretación más afinada como Thor, gracias sobre todo al impulso de Waititi para que dé rienda suelta a su fantástica vis cómica y haga el ganso con Ruffalo y Hiddleston, que también se prestan a pasarlo en grande. Así, Thor, Hulk y Loki nos dan dos divertidas buddy films por el precio de una, con la novedad de que en esta ocasión el Gigante Esmeralda habla, lo que Waititi utiliza para hacer reír mientras explora la dualidad del personaje.

Por otro lado, las nuevas incorporaciones son inmejorables. De hecho, aquí no hay un robaescenas como suele ser habitual, sino un reparto formado por robaescenas. Tessa Thompson es una de las grandes revelaciones de la película, dejándonos una Valquiria inesperada pero muy carismática. Jeff Goldblum brilla interpretando a un chiflado divertidísimo que hará las delicias de sus admiradores, ya que se limita a ser él mismo (y no hay nadie más guay que Goldblum). El propio Waititi da vida a un secundario hecho para conquistar al público (sobre todo a su publico), Korg, un adorable (sí, adorable) guerrero extraterrestre que bien podría ser un personaje de una hipotética versión alenígena de Lo que hacemos en las sombras. Y por último, Cate Blanchett, ante la que es imposible cerrar la boca cada vez que aparece en pantalla. Después de su madrastra de Cenicienta, la actriz australiana vuelve a explotar su registro más exagerado con una malvada de presencia, sensualidad y elegancia arrebatadoras y una vertiente burlesca muy desarrollada. Sin embargo, la película no escapa de la maldición de los villanos desaprovechados, dejándonos con la sensación de que podía haber hecho mucho más con ella.

Thor: Ragnarok tiene sus problemas, como todas las de Marvel (el citado exceso de tramas, un abarrotado tercer acto, un CGI algo inconsistente en las cortas distancias) y esta heterodoxa e hipercómica reinvención del Dios el Trueno no casará con muchos fans (por no hablar de los detractores de Marvel), pero hay que felicitar al estudio por atreverse a salirse del molde y dejar que el director lleve realmente las riendas del proyecto. Visualmente, el film es una absoluta gozada (la espectacular fotografía corre a cargo de nuestro Javier Aguirresarobe, por cierto) y nos da el infalible cóctel de acción, humor y emoción que ha encumbrado a Marvel a lo más alto, pero gracias a ese enfoque tan personal de Waititi y a que no se toma tan en serio como sus predecesoras, Ragnarok deja mucho margen para la sorpresa, convirtiéndose así no solo en la mejor y más divertida entrega de Thor, sino también en la película más extraña y diferente de Marvel.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Mal genio (Le redoutable)

le-redoutable

Etnólogo, crítico de cine, albañil, cabeza visible de la Nouvelle vague, rebelde pasional (aunque no quiera admitirlo), maoísta confeso, vanguardista experimental, asesino de su propia obra, cineasta digital, aprendiz de 3D…hoy en día la figura de Jean-Luc Godard sigue siendo tan relevante, necesaria  y radical como el primer día. El oscarizado realizador Michel Hazanavicius (The Artist) se acerca a la figura de Godard a través de la mirada de la recientemente fallecida Anne Wiazemsky. Actriz de culto, escritora, nieta de Mauriac, chica Pasolini, amiga de los burros, chinoise vocacional y segunda mujer de Godard. Mal genio (Le redoutable) retrata la relación amorosa entre ambos, centrándose especialmente en los primeros años: el turbulento final de la década de los sesenta. Unos meses de amor y lucha revolucionaria en París.

Lejos de enaltecer la figura del realizador de Al final de la escapada (perdón, JLG), Hazanavicius prefiere mostrarnos al Jean-Luc cotidiano. Al genio frustrado, el que persigue la creación de un arte vivo, el abucheado por sus compañeros de revolución, el que es capaz de enamorar (y caer rendido ante) una jovencísima actriz que protagoniza su marcianada maoísta: La chinoise. Mal genio nos muestra la mala leche del genio: el malestar que le provoca ser rechazado por sus camaradas, el que siente por su naturaleza burguesa, condición intrínseca de todo cineasta (el cine, en sentido generalista, siempre será un arte burgués) y en, menor medida, su incapacidad para mantener una relación. Ese mal genio resiente la inocencia y empeño de Wiazemsky (y la del espectador) al ver que el Godard genial no esconde sino un Jean-Luc lleno de inseguridades y facturas de la óptica. Realmente resulta casi liberador ver que Godard no es un ente perfecto, sino un ser humano bastante torpe, física y emocionalmente.

Pero Mal genio no es un biopic al uso, Hazanavicius no cae en lugares comunes o en el temido olor alcanfor que suele acompañar este tipo de películas, sino que logra una obra tan extremadamente cuidada y vívida que parece metraje encontrado. Este éxito se debe en parte a la increíble paleta de poster_malgeniocolores de Guillaume Schiffman, que parece recién sacada de las películas de Godard de la época, y a la interpretación de la pareja protagonista. Louis Garrel (Soñadores) y Stacy Martin (Nymphomaniac). La transformación de ambos en  Jean-Luc y Anne es espectacular, y no solo gracias a una más que acertada caracterización. Es bonito comprobar una vez más que Louis Garrel no es solo una nariz pegada a un apellido, sino el presente (y el futuro) del cine francés.

El actor de Los amantes habituales compone a un Godard tan frágil como insoportable, rozando el histrionismo, pero quedándose en el arriesgado terreno del hombre blanco frustrado. Stacy Martin vuelve a demostrar lo bien que se le dan los roles difíciles. Su retrato de Wiazemsky está perfectamente medido, captando a la perfección la evolución de su mirada enamorada y el crecimiento de la Anne independiente ante la confrontación que vive entre los distintos egos del Godard artista y el Jean-Luc activista. Martin es capaz de robar todos y cada uno de los planos en los que aparece, creciéndose especialmente en los pequeños detalles, como en su increíble mutis durante el viaje en coche de Cannes a París.

Mal genio es una perita en dulce para todo amante del cine de Godard, de los meses en que París era una fiesta y una revolución y la enésima muestra de que de las relaciones tóxicas solo tienen un final posible.

David Lastra

Nota: ★★★★

Las comparaciones son odiosas: Inhumans vs. The Gifted

inhumans-vs-the-gifted

En los cómics de superhéroes es muy habitual ver enfrentamientos entre las distintas especies que pueblan sus mundos en grandes eventos crossover que siempre prometen sacudir los cimientos de su universo. Uno de los que ha tenido lugar más recientemente en Marvel Comics opone a los Inhumanos y la Patrulla X, que en años recientes han sido objeto de varias polémicas por el tratamiento que la editorial les ha otorgado a raíz de su complicada situación en el terreno audiovisual. En pantalla, dicho crossover sería sencillamente imposible, ya que aunque en las páginas de los tebeos comparten universo, en cine y televisión, sus derechos pertenecen a estudios distintos. Inhumanos es de Marvel Studios mientras que los X-Men pertenecen a 20th Century Fox. Por eso, ya que un crossover audiovisual queda descartado, solo nos queda trasladar la batalla a la plaza de Internet para determinar cuál de las dos especies sale ganando.

Marvel Studios lleva una década generando éxito tras éxito en la gran pantalla, mientras que 20th Century Fox ha tenido más problemas para sacar el máximo partido a sus propiedades marvelianas, Los 4 Fantásticos, X-Men y sus personajes derivados, aunque recientemente ha encontrado la manera de hacerlo: experimentando con los géneros y arriesgando con las calificaciones por edades. En televisión, la cosa cambia. Marvel no ha conseguido despegar en ABC, con Agents of S.H.I.E.L.D. ahogándose en las audiencias a pesar de haber mejorado con cada temporada, Agent Carter cancelada y las series de Netflix empezando fuerte y perdiendo fuelle hasta llegar al mashup que ha decepcionado a muchos fans, The Defenders. Por otro lado, la rama live-action de Fox no se había aventurado en la ficción televisiva hasta este año, que estrenaba la provocativa y psicodélica Legión, con muy buena recepción por parte de público y crítica.

Para inaugurar el otoño, Marvel y Fox han lanzado sendas series superheroicas y, lógicamente, han despertado inevitables comparaciones. En primer lugar, la Casa de las Ideas ha presentado a la familia real de Attilan con Inhumans, cuyos dos primeros episodios han pasado primero por cines IMAX con resultados muy pobres. Por otro lado, los mutantes se han pasado de FX (donde se emite Legión) a la network en abierto Fox, donde ha dado comienzo otro asunto familiar, The Gifted, drama del universo X-Men esta vez orientado a un público más amplio y, digamos, tradicional que las marcianas aventuras de David Haller. En sus primeras semanas en antena, la audiencia ha proclamado una clara ganadora. Veamos por qué.

inhumans

Lo de Inhumans ha sido la lenta y agonizante crónica de una muerte anunciada. En 2014, el mandamás de Marvel Studios Kevin Feige anunciaba su película para la Fase 3 del Universo Cinemático Marvel. Sin embargo, el proyecto sufrió varios contratiempos hasta caerse del calendario y quedar pospuesto de forma indefinida. A finales de 2016 Marvel anunció que Inhumans seguía adelante, pero no como película, sino como serie de ABC. Feige había escurrido el bulto hacia la tele, donde el villano real Ike Perlmutter (CEO de Marvel Entertainment) lleva a cabo sus fechorías al margen de su archienemigo. Los fans pusieron el grito en el cielo. Una propiedad tan exuberante y fantástica como los Inhumanos no encajaba en el estilo más bien low cost de la cadena del alfabeto. Su preestreno en la pasada Comic-Con confirmó los mayores temores de la audiencia. Inhumans era un desastre y la proyección de su piloto había provocado risas entre los asistentes a la convención. Su paso por IMAX sirvió para que los pocos que la vieron se preguntaran cómo era posible que alguien hubiera dado su visto bueno para proyectar en pantalla grande algo tan cutre. Y su estreno a finales de septiembre en televisión, donde ocupaba la franja horaria de la muerte, los viernes, se saldaba con cifras de audiencia muy pobres, como era de esperar.

Pero, ¿de verdad la serie es tan mala como para haberse dado semejante batacazo? Realmente no. Es peor. Después de ver los primeros cuatro episodios solo puedo unirme a la voz colectiva que clama “¡¿Por qué?!” Es sencillamente increíble que Marvel dejase que algo tan extremadamente pobre en todos los aspectos viese la luz del día. No sorprende que detrás del proyecto se encuentre Scott Buck, el responsable del otro gran traspiés de Marvel TV, Iron Fist, quien después de estas dos series tendrá problemas (o eso esperamos) para volver a tomar las riendas de algo creativo en la compañía. Si Inhumans ya estaba condenada al fracaso, es Buck quien ha terminado de estrellarla contra la pared. La serie parece haber sido concebida como una especie de Juego de Tronos del Universo Marvel, pero el resultado, lejos de parecerse al éxito de HBO, más bien se acerca a lo que sería Hawaii 5.0 con (unos pocos) superpoderes.

Todo falla en Inhumans: un triste diseño de producción que hace que Attilan parezca una nave industrial escasamente amueblada por IKEA en lugar de un fastuoso reino situado en la Luna, vestuario que más bien parece cosplay (sin ánimo de ofender a los cosplayers), interpretaciones acartonadas y distantes (Serinda Sawn y Anson Mount no están mal teniendo en cuenta las circunstancias, pero ver a Iwan Rheon intentado luchar contra su acento británico y sufrir mientras trata en vano de resultar amenazante en sus escenas es muy incómodo – este no es nuestro Ramsay), diálogos de una ineptitud mayúscula, personajes planos y secundarios de una insulsez absoluta, creatividad y estilo visual de imaginación nula (parece que se esfuerzan en apagar los colores cuando tendría que ser al contrario), soluciones insultantes para abaratar costes de producción (a Medusa, cuya característica distintiva principal es su poderosa larga melena pelirroja, le rapan la cabeza en el primer capítulo)… Vamos, que Inhumans es una chapuza de la cabeza a los pies, una serie aburrida y falta de inspiración en la que nada funciona. Solo la presencia de Lockjaw, el perro teletransportador gigante, puede ayudar a tragar el engrudo, pero una mascota resultona no levanta una serie.

the-gifted

En Fox, por el contrario, han empezado la temporada con mejor pie. Creada por Matt Nix (Burn Notice) y con piloto dirigido por el mismísimo Bryan Singer, The Gifted da al espectador desde el principio lo que se espera de una serie de superhéroes: acción, suspense, personajes llamativos, despliegue visual y superpoderes. La serie gira en torno a un matrimonio que acaba de descubrir que sus dos hijos adolescentes son mutantes y se ven forzados a escapar del gobierno y refugiarse junto a una red underground de mutantes, considerados terroristas por las autoridades. El piloto de The Gifted va directo al grano, está bien construido, combina drama y acción de manera acertada y presenta una historia con mucho potencial a explorar, mientras que los siguientes capítulos confirman el buen camino que la serie ha escogido.

Sin ser la panacea de los superhéroes, The Gifted hace bien todo lo que Inhumans hace mal. La puesta en escena y los efectos visuales son notables, las interpretaciones muy sólidas (ahí está nuestra Amy Acker, a la que siempre es un placer volver a ver, y la robaescenas nata Emma Dumont), y la historia engancha, con personajes y relaciones mucho más atractivas y cuidadas que las de los habitantes de Attilan. Otro aspecto en el que The Gifted sale ganando es en su forma de reflejar en su historia nuestro mundo, y en concreto la sociedad norteamericana tras la elección de Trump como presidente. Los cómics del universo mutante siempre han establecido paralelismos con la lucha contra la opresión de las minorías, de la comunidad LGBT+ o todo aquel que sea “diferente” a lo normativo. Y The Gifted saca provecho de esta idea para llevar a cabo una serie comprometida en lo que se refiere a la defensa de los derechos de los marginados por la sociedad y las víctimas del odio, uno de los principales hilos conductores de su argumento. Pero por encima de todo, The Gifted es entretenimiento digno y eficaz, una serie bien hecha con la que Fox sigue llevando a los mutantes por el buen camino, uno más convencional después de varias jugadas arriesgadas que le han salido muy bien.

the-gifted-2

Así que el veredicto no puede ser otro: The Gifted gana el primer asalto. Y dudamos que Inhumans vaya a llegar al segundo. ABC no se ha pronunciado con respecto al futuro de la serie de Marvel, pero no pinta demasiado alentador (si no continúa, se ampararán en la excusa de que siempre fue concebida como una miniserie, que puede ser cierto, pero también es un claro plan de fuga). The Gifted, por otro lado, tampoco es que esté machacando los índices de audiencia, pero su acogida ha sido mucho más cálida, a la gente le está gustando y sus números por ahora parecen estabilizarse en la zona segura. En la gran batalla televisiva de 2017 Inhumanos vs. Mutantes ha ganado el rival más fuerte. Lo ideal habría sido que fuéramos los espectadores los que saliéramos ganando con dos buenas nuevas series de supehéroes, pero nos conformaremos con que al menos se salve una.

Crítica: La suerte de los Logan

¿Recordáis cuando en 2013 Steven Soderbergh dijo que se retiraba de la dirección de largometrajes? Su última película como director antes de hacer el anuncio fue la TV movie de HBO Behind the Candelabra, ganadora de 11 Emmys ese año. Desde entonces, Soderbergh ha dirigido la soberbia e injustamente ignorada The Knick, ha producido otras series, la igualmente sublime The Girlfriend Experience y Red Oaksha hecho la fotografía de Magic Mike XXL bajo un pseudónimo y ha sido productor ejecutivo del documental Citizenfour entre otras cosas. Por tanto, a la hora de hablar del “regreso” de Soderbergh al cine, hay que decirlo con la boca pequeña, ya que aunque técnicamente La suerte de los Logan (Logan Lucky) sea su comeback oficial a la dirección cinematográfica, no se había ido a ninguna parte en este tiempo.

Después de experimentar con la ficción serial, Soderbergh vuelve a la silla del director para encabezar un proyecto que se podría considerar lo opuesto a experimentalLa suerte de los Logan nos devuelve al Soderbergh más comercial con una premisa diseñada para atraer y agradar a un público más amplio que sus proyectos inmediatamente anteriores. La película cuenta la historia de Jimmy (Channing Tatum) y Clyde Logan (Adam Driver), dos hermanos que, para salir de la precaria situación económica en la que se encuentran y romper la maldición familiar que generación tras generación los ha convertido en los gafes del pueblo, llevan a cabo un golpe durante la legendaria carrera Coca-Cola 600 de la NASCAR.

Las comparaciones con Ocean’s Eleven son inevitables. De hecho, el propio director no esconde sus intenciones, pero se apresura a diferenciar ambos films definiendo La suerte de los Logan como “la versión inversa” o “anti-glamour” de su mayor éxito. En un momento muy simpático de la película, uno de los personajes se refiere a la banda de los Logan como “Ocean’s 7-Eleven”, un detalle autoconsciente con el que Soderbergh guiña el ojo a su audiencia. Efectivamente, La suerte de los Logan es Ocean’s Eleven con paletos yanquis. “Nadie viste bien, nadie tiene cosas bonitas. No tienen dinero, ni tecnología”, ha explicado el director, que repite la fórmula de las películas de atracos cambiando los componentes y el escenario de la acción.

Pero como decíamos, el hecho de que La suerte de los Logan sea la anti-Ocean’s Eleven no quiere decir que Soderbergh no apunte alto con ella. Al final, el objetivo es el mismo: entretener y divertir al respetable. Para ello, el director cuenta con un reparto de lo más atractivo, encabezado por el novio de América, Channing Tatum, y uno de los mayores valores en alza de Hollywood, Adam Driver (GirlsStar Wars), y aderezado por la magnética presencia de Daniel Craig en su papel reciente más memorable al margen de Bond, la siempre exquisita Riley Keough, una breve pero hilarante participación de Seth MacFarlane, y las rescatadas del olvido Katie Holmes y Hilary Swank en pequeños papeles secundarios. Todos están estupendos, pero hay que destacar especialmente al robaescenas de Craig, y sobre todo a Tatum, que demuestra que cuando se lo propone es capaz de dar la talla interpretativamente sin explotar su físico, con un protagonista muy cercano y humano que llega incluso a dejar mal parado al siempre eficiente Adam Driver, que aquí forcejea demasiado con su personaje (y su acento redneck), resultando poco natural.

La suerte de los Logan juega a menudo con la suspensión de la incredulidad del espectador. La trama resulta demasiado rocambolesca e inverosímil, sobre todo a medida que avanza el golpe y uno se pregunta cómo y cuándo se ha podido idear un plan tan rebuscado (la gracia es que los Logan no son tan tontos como todos creen, pero también es imposible que sean tan listos). Los giros se suceden hasta desembocar en uno de esos finales en los que la historia ha dado tantas vueltas que uno no sabe quién estaba al tanto de qué y quién está compinchado con quién. Pero no importa, esa confusión, ese rizar el rizo forma parte del juego. Y ante todo, La suerte de los Logan es un juego muy divertido, ingenioso y desenfadado, un producto mainstream con sensibilidad auteur que tiene descaro y encanto para repartir, brillantes golpes de comedia y un repartazo que por sí solo ya hace que la entrada quede amortizada. ¿Lo peor? Una trama romántica algo forzada con Katherine Waterson y un final que deja la puerta abierta para una secuela que seguramente no ocurrirá.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: La montaña entre nosotros

la-montan%cc%83a-entre-nosotros-1

Kate Winslet no es una de esas estrellas que reniegan del papel que les dio la fama. La actriz británica siempre será asociada a Titanic, y esto no supone un problema para ella. De hecho, Winslet es la primera en sacar a colación a la película de James Cameron (con el que volverá a trabajar en las secuelas de Avatar, por cierto). Como ha contado en entrevistas, lo hacía casi a diario en el rodaje de La montaña entre nosotros (The Mountain Between Us), película filmada en condiciones climáticas extremas sobre el romance entre dos extraños que intentan sobrevivir tras una catástrofe que podía haberse estrenado perfectamente en los 90. ¿Veis el parecido?

Dirigida por el israelí Hany Abu-Assad (Paradise NowOmar) basándose en la novela de Charles MartinLa montaña entre nosotros es la historia de Alex Martin (Winslet), una reputada fotoperiodista que regresa a casa para casarse, y Ben Bass (Idris Elba), neurocirujano británico que se dirige a Baltimore para realizar una importante operación. Tras la aparición de una tormenta, su vuelo es cancelado. Intentando llegar a tiempo a su destino por todos los medios, Alex y Ben alquilan una avioneta para volar hacia Nueva York. Durante el vuelo, el piloto (Beau Bridges) sufre un infarto y el aeroplano se estrella en las nevadas Montañas Uinta, en Utah. Atrapados en ese lugar remoto y sin posibilidad de pedir ayuda, los dos tratan de sobrevivir emprendiendo un peligroso viaje en el que aprenderán a confiar el uno en el otro para no sucumbir a las inclemencias del tiempo y los animales salvajes, estableciendo una conexión que cambiará sus vidas.

La montaña entre nosotros no es una película de este tiempo. Se trata de un trabajo desprovisto de cualquier tipo de cinismo, sincero y directo. Una historia honesta en su romanticismo que descansa principalmente en el star power de sus protagonistas, a los que confía la tarea de sacar adelante un argumento de lo más inverosímil. Si La montaña entre nosotros cumple, es porque Winslet y Elba nos enamoran, como siempre. Dejando a un lado el forzadísimo acento americano de ella, los dos llevan a cabo un trabajo a la altura de sus reputaciones, aguantando estoicamente las duras circunstancias del rodaje sin perder un ápice del carisma y la fuerza que los caracteriza (y sin dejar de ser guapísimos, que también es importante). Winslet y Elba hacen muy buena pareja, y es su química la que sostiene en todo momento la película e impide que se vaya al traste por lo rocambolesco y a ratos incluso ridículo (imposible no reírse con el plano final) de su historia de amor.

la-montan%cc%83a-entre-nosotros-2

Este es uno de esos films fácilmente clasificables en la categoría de “películas de sobremesa de domingo”, una ligeramente anticuada fusión entre novela rosa y aventura de supervivencia que por momentos parece una season finale extendida de Anatomía de Grey (hastiada metáfora sobre la mente y el corazón incluida) y que desempeña con soltura su función escapista. Si La montaña entre nosotros estuviera protagonizada por otros actores, quizá no sería tan indulgente con ella, pero Winslet y Elba podrían hacer un infomercial de dos horas de la batamanta y yo me lo tragaría entero.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: Blade Runner 2049

El futuro ya está aquí, y se parece mucho al que Ridley Scott imaginó en 1982, solo que nos lo encontramos incluso más desolado y oscuro. El proceso de gestación de la secuela de Blade Runner ha sido largo y complicado, pero por fin, la continuación del influyente clásico de la ciencia ficción llega a nuestras pantallas, 35 años después de su estrenoBlade Runner 2049 era un proyecto arriesgado y ambicioso en el que todo podía haber salido mal, y sin embargo, ha llegado a muy buen puerto, en una jugada similar a la que Mad Max: Furia en la carretera efectuó hace un par de años.

El de Blade Runner es un caso muy especial. Se trata de una película irrepetible, difícil de clonar, que se resiste a la industrialización, a pesar de que su impronta se pueda detectar en multitud de títulos sci-fi posteriores. Por eso, el reto de llevar a cabo una secuela, y además con tres décadas de diferencia con respecto a la original, era casi imposible. Afortunadamente, Scott aprendió que había más oportunidades de éxito si cedía las riendas de su creación a otro cineasta. El chiflado que asumió el desafío no es otro que Denis Villeneuve, que tras ganarse la confianza del espectador y la industria con Prisioneros Sicario, se consolidó con La llegada como uno de los cineastas más estimulantes (y solicitados) del momento. Y el canadiense, en busca del milagro, no solo ha salido airoso de tamaña empresa, sino que le ha dado la vuelta para realizar una de las mejores películas del año.

Villeneuve trabaja a partir de un guion escrito por Hampton Fancher (responsable de la original) y Michael Green (Logan) para reconstruir y expandir las fronteras del universo de Blade Runner, al que regresamos treinta años después de los acontecimientos de la primera película para conocer al oficial K (Ryan Gosling), un nuevo blade runner (recordemos, agentes de policía encargados de eliminar a los androides conocidos como replicantes) que, tras descubrir un secreto oculto durante muchos años que podría cambiar el curso de la sociedad, inicia una búsqueda para dar con Rick Deckard (Harrison Ford), desaparecido desde hace tres décadas. Y es mejor no conocer más detalles sobre la historia de antemano, ya que gran parte del encanto de Blade Runner 2049 es no saber exactamente hacia dónde nos va a llevar, sobre todo cuando creemos saberlo.

Villeneuve tenía dos opciones principales a la hora de acometer este dificultoso reboot: seguir el ejemplo de J.J. Abrams en Star Wars: El despertar de la fuerza y repetir la jugada o hacer como David Lynch en el regreso de Twin Peaks y crear algo completamente nuevo e inesperado a partir de algo conocido y venerado. Lo que ha hecho Villeneuve es una astuta combinación de ambas aproximaciones, una película que reproduce sin caer en el facsímil, que homenajea con devoción a la vez que emprende su propio camino, que maneja la nostalgia con inteligencia para que esta no la acabe fagocitando. Es decir, Blade Runner 2049 es una continuación con razón de ser, que ahonda en las cuestiones filosóficas de la película original (más profundamente, de hecho) a través de un nuevo personaje, planteando una interesante reflexión, debidamente actualizada, sobre lo que nos hace humanos, tema central de los mejores relatos de ciencia ficción. En definitiva, una secuela a la altura del clásico, que no se conforma con replicarlo.

Ni que decir tiene que Blade Runner 2049 también es un suntuoso e impresionante espectáculo cinematográfico, uno que se debe ver en las mejores condiciones técnicas posibles para apreciarse en todo su esplendor. A través de su magistral composición de planos, la increíble fotografía de Roger Deakins (que si hay justicia, esta vez se llevará el Oscar después de perderlo en 13 ocasiones), la estruendosa banda sonora de Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch y el envolvente diseño de sonido, Villeneuve ha creado una experiencia inmersiva como pocas. Es cierto que para entrar, uno tiene que poner de su parte, ya que la película puede pecar de fría y distante (como hacía la primera), dificultando el proceso de conexión emocional. Pero si la propuesta de Villeneuve nos atrapa, es difícil que nos suelte en las casi tres horas que dura la película, de las que no se desaprovecha ni un solo minuto.

Además de ser una exhibición visual y sonora de una perfección y elegancia apabullantesBlade Runner 2049 es una fascinante historia en la tradición de la ciencia ficción más sugerente y cerebral, un relato sobre el alma, sobre la percepción y la necesidad de aferrarse a la realidad en un mundo que ha difuminado sus fronteras y nos ha deshumanizado (“Todos estamos buscando algo real”), ya sea a través del amor, el sexo o los recuerdos. Así podríamos definir el conflicto de K, un personaje complejo que Gosling saca adelante sin salirse de su zona de confort, poniendo su hermético estilo interpretativo al servicio de un guion imbuido de dolor contenido y romanticismo trágico. Lo hace, por supuesto, con ayuda de un reparto de excepción que da vida a un nuevo plantel de personajes (a los que se añade algún que otro cameo que es mejor no desvelar): Ana de Armas, Robin Wright, Mackenzie Davis, Dave Bautista, Jared Leto, Sylvia Hoeks (la gran revelación de la película) y por último, un Harrison Ford en plena forma. El carismático actor no solo lo da todo en las viscerales escenas de acción, sino que además lleva a cabo una de sus interpretaciones más conmovedoras de los últimos años, una que trasciende el carácter de “encargo” que suelen tener últimamente todos sus trabajos.

Villeneuve no deja nada al azar y Blade Runner 2049 es el ejemplo definitivo. Todo en ella está cuidado hasta el último detalle, haciendo que cada plano, cada línea de diálogo, cada sonoro puñetazo tenga un significado en el gran esquema de la película, un puzle narrativo en el que todas las piezas encajan cuidadosamente. Tras La llegada, el director sigue explorando los confines del mal llamado cine comercial, elevando de categoría el concepto de blockbuster. Blade Runner 2049 es una obra de belleza sobrecogedora y virtuosismo técnico, pero más allá de sus desbordantes imágenes, sus brutales secuencias de acción y su atmósfera embriagadora, también es un trabajo exigente que se niega a complacer por la vía fácil, gracias sobre todo a un brillante guion que subvierte las expectativas de la manera más audaz y que será diseccionado hasta la última coma en los próximos años.

Quizá la película no ofrezca las respuestas que muchos andan buscando, pero sí plantea nuevas preguntas, nuevos enigmas que renuevan nuestra pasión por el universo concebido por Ridley Scott. Sumergirse en Blade Runner 2049 es volver a comprobar de primera mano el poder transportador y transformador del cine. Definitivamente, la espera ha merecido la pena.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

Reseña: Encuentros en la tercera fase – Edición 40º Aniversario

encuentros-en-la-tercera-fase

Esta semana llega a las pantallas de cine una de las películas más esperadas de los últimos años, Blade Runner 2049, secuela tardía del clásico de la ciencia ficción dirigido por Ridley Scott. Dos días antes, Sony Pictures Home Entertainment pone a la venta la edición restaurada de otra obra maestra del sci-fi, Encuentros en la tercera fase, de Steven Speilberg, precisamente uno de los títulos que más han influido en la trayectoria del cineasta a cargo de la secuela de Blade Runner, Denis Villeneuve.

Sony ha presentado en Audiorema de Cine (Madrid) la restauración en 4K y las ediciones limitadas de la película de 1977 que se ponen a la venta en nuestro país con motivo del 40 aniversario de su estreno en salas de cine en Estados Unidos (en España nos llegó con unos meses de retraso, entrando ya en 1978). Durante la presentación hemos comprobado los resultados de la minuciosa restauración para el formato en UHD (Ultra Alta Definición) en uno de los mejores equipos del mercado y hemos podido disfrutar en primicia de uno de los contenidos adicionales más jugosos de la nueva edición, un documental totalmente nuevo con entrevistas a Steven Spielberg y a los directores J.J. Abrams y Denis Villeneuve, que explican su legado y relatan cómo ha influido la película en su cine desde que la vieron cuando eran pequeños. Resulta especialmente estimulante escuchar a Villeneuve hablando de la película, demostrando ser un director que entiende el poder del cine.

Las nuevas ediciones, de diseño exclusivo y con extras totalmente inéditos, recogen la restauración en 4K de las tres versiones de la fundacional película: la original tal y como se estrenó en salas en 1977, la edición especial de 1980 y la versión del director de 1998, todas ellas supervisadas por el propio Spielberg para garantizar la mejor experiencia. Rodada en 35mm, Encuentros en la tercera fase no pierde su encanto añejo debido a que la restauración no ha eliminado el grano original (sería un sacrilegio), sino que se ha centrado en sacar a la luz la resolución, el detalle y la profundidad de color del negativo original a través de la tecnología HDR (High Dynamic Range).

encuentros-1

El resultado salta a la vista. La escena del primer contacto, la abducción del pequeño Barry o la inolvidable secuencia final brillan con más colores que nunca. Y lo mismo ocurre con el sonido, también restaurado para DTS-HD MA 5.1, que hace que la memorable banda sonora de John Williams llegue aun más, en especial los subgraves que tanto contribuyen a crear la atmósfera envolvente del film. Si no habéis visto nunca Encuentros en la tercera fase, que la primera vez sea en 4K, sin duda lo más cercano posible a la experiencia en cine. Y si ya sois fans de la película de Spielberg, os animo a redescubrirla y verla con otros ojos gracias a la restauración. A ser posible en sesión doble con La llegada y como preámbulo de Blade Runner 2049.

LAS EDICIONES

Para celebrar el 40º aniversario de Encuentros en la tercera fase, Sony Pictures Home Entertainment pone a la venta dos ediciones limitadas que incluyen las tres versiones ya citadas de la película y más de tres horas de contenidos adicionales y extras inéditos.

Edición Limitada 40º Aniversario (4K UHD + Blu-ray)

encuentros-2Esta espectacular edición cuenta con un diseño único y exclusivo con luz y sonido. Dentro de una caja que podemos abrir al son de las cinco notas que son la clave del argumento, encontramos un libro con imágenes de la película y su rodaje, acompañado de tres discos:

-Un disco 4K UHD con las tres versiones restauradas de la película en ultra alta definición y sonido DTS-HD MA 5.1;

-Un disco Blu-ray con las tres versiones restauradas –en resolución HD- y sonido DTS-HD MA 5.1.

-Un disco Blu-ray adicional que incluye gran cantidad de contenido extra, entre el que encontramos valiosas piezas nunca vistas:

    • (Inédito) Corto “Tres clases de encuentros” – nuevas entrevistas con los directores
      Steven Spielberg, J.J. Abrams (Star Wars: El despertar de la fuerza) y Denis Villeneuve (Blade Runner 2049), analizando el el impacto del gran clásico de la ciencia ficción.
    • (Inédito) Vídeos caseros de Steven y escenas descartadas – un vistazo entre bambalinas
      de la mano del mítico director.
    • encuentros-3Documental “Así se hizo Encuentros en la tercera fase”
    • “Steven Spielberg: 30 años de encuentros cercanos”
    • Corto de 1977: “Mirad al cielo”
    • Más escenas eliminadas
    • Galería fotográfica
    • Comparación de storyboards
    • Tráilers

Edición Limitada Blu-ray en caja metálica 

La edición en steelbook de diseño exclusivo cuenta con:

-Un disco Blu-ray con las tres versiones restauradas

-El mismo disco Blu-ray adicional que viene con la edición limitada 4K UHD (con los dos contenidos inéditos y el resto de extras arriba enumerados).

Y para terminar, os dejo con un vídeo del unboxing por parte de Richard Dreyfuss de la Edición Limitada con sonido y luz.

La Edición 40º Aniversario de Encuentros en la tercera fase sale a la venta el 4 de octubre.