Crítica: Death Note

death-note-1

Netflix continúa elevando el listón de su producción propia con películas originales cada vez más ambiciosas y claramente diseñadas para hacer la competencia directa a las salas de cines. Después de su polémica visita a Cannes con Okja, la plataforma estrena una película que si nos hubieran dicho hace unos años que estaba en desarrollo, habríamos dado por sentado que era para la gran pantalla, y no para ver directamente en el salón de casa. Se trata de Death Note, adaptación norteamericana de uno de los mangas y animes más populares de todos los tiempos.

El largometraje está dirigido por Adam Wingard, un cineasta que en su corta carrera ya ha demostrado que es capaz de hacer cosas muy interesantes (Tú eres el siguienteThe Guest) y cosas, digamos, menos dignas (Blair Witch). Mi curiosidad hacia Death Note no se enfocaba tanto a la manera en la que se ha adaptado el material, sino a si la película entra en la primera o la segunda categoría del cine de Wingard. Vaya por delante que no he leído el manga en el que se basa Death Note, pero sí he visto el anime, por lo que estoy bastante familiarizado con el fenómeno (y su apasionado fandom). Digo esto para aclarar que esta crítica no está escrita por un fan ofendido por los cambios que se han hecho al original, por la americanización de la historia, porque L sea negro o Kira no se parezca a la versión de carne y hueso del personaje que había idealizado en mi mente. Esas cosas no podían importarme menos. Esta es una crítica de la película como pieza audiovisual, de su rendimiento como producto al margen, en la medida de lo posible, de su referente. Y como tal, Death Note es un despropósito.

Empecemos con el argumento, aunque la mayoría seguramente lo conozcáis de sobra. Basada en el manga de Tsugumi Ohba y Takeshi ObataDeath Note narra la historia de un estudiante de instituto, Light Turner (Nat Wolff), que un día se encuentra con un cuaderno sobrenatural que esconde un inmenso poder. Cuando el dueño del cuaderno escribe el nombre de alguien en sus páginas mientras imagina su rostro, esa persona muere. La aparición del cuaderno conlleva la irrupción en la vida de Light de Ryuk (Willem Dafoe), un shinigami o dios de la muerte que le empuja a explorar las siniestras posibilidades de su nuevo poder. Asqueado por su día a día y decidido a cambiar el mundo, Light acabará con la vida de aquellas personas que cree que deben morir, contando con el apoyo de Mia (Margaret Qualley), la chica de sus sueños, y enfrentándose a la oposición del cuerpo de policía y el misterioso L (Lakeith Stanfield), joven detective que oculta su cara para evitar ser aniquilado por su enemigo.

death-note-2

Death Note es una adaptación estadounidense, y como tal, traduce la historia original, ambientada en Japón, a la idiosincrasia de su país. Para ello, Wingard la concibe como una película de instituto de fantasía y terror en la tradición del cine de adolescentes norteamericano, con un pie en los clásicos del género, otro en cintas de culto como Donnie Darko y la cabeza en el slasher moderno. Tenemos todo lo que define al cine teen, el inadaptado enamorado de la chica popular, los bullies, la presión social, y un pre-clímax que tiene lugar, cómo no, en el “homecoming dance”. Por supuesto, tampoco falta ese toque ochentero y nostálgico que tanto le gusta al director (y a Netflix), y que se manifiesta en una banda sonora electrónica con fuerte presencia del sintetizador y las ubicuas luces de neón como herramienta indispensable para diseñar el acabado cosmético de la película, como ya hiciera con The GuestEl resultado es un trabajo indudablemente jugoso y atractivo, una película que, nos convenza o no narrativamente, cumple a nivel técnico y visual, aunque esté un peldaño o dos por debajo de muchas de las producciones de Hollywood que llegan a los cines.

Lo que la desmarca principalmente de otros films adolescentes es su calificación Rated-R, de la que se saca partido para manifestar la rabia adolescente en forma de violencia extrema. Las muertes de Death Note son brutalmente gráficas, sobre todo las que tienen lugar en la primera mitad de la película, que se recrean atrevidamente en el gore y parecen llevar un paso más allá la perversidad de la saga Destino final. Pero no nos confundamos, que Death Note sea para mayores de 18 años y no tenga miedo a volverse realmente macabra no quiere decir que sea una película adulta, nada más lejos de la realidad. De hecho, es todo lo contrario.

Death Note

Apropiadamente, Death Note tiene un tufo emo muy de hace una década. Su pareja protagonista se pasea por el instituto lánguidamente, haciendo reflexiones nihilistas de baratillo, mirando con desdén a sus compañeros, a los que definen como “un rebaño de ovejas”, y lo peor de todo, sin apenas atisbo de humor o ironía. La realidad es que Death Note no es tan reivindicativa como cree, y su provocación es infantil y carece de una base sólida (más allá de V de Vendetta, a la que imita como un adolescente impresionable en busca de guía). El simplismo a la hora de acometer un relato tan moralmente complejo indica que no se ha sabido cómo enfocar los dilemas que este plantea, lo cual desemboca en una película que parece estar hecha a medias.

Pero eso no es lo peor de Death Note. Lo peor es que está muy mal contada. Todo va demasiado rápido, no hay apenas contextualización, y mucho menos caracterización de personajes (algunos de estos defectos los comparte con la serie, todo hay que decirlo). Antes de que haya pasado la primera media hora ya se ha desarrollado la trama a escala global de Kira. Apenas hay tiempo para profundizar, quedándose en la superficie en todos los aspectos, una superficie, por cierto, llena de agujeros y absurdos que hacen que la historia haga aguas por todos lados. Además, los guionistas (tres en total) no saben condensar una mitología enmarañada y una historia con tantas reglas (“¡Hay demasiadas putas reglas!”, y a cada cual más aleatoria) en una hora y cuarenta minutos, lo que hace pensar que quizá habría sido mejor realizarla como serie en lugar de un largometraje.

Y luego está el tema ya mencionado de su reparto, en especial la errática elección de Nat Wolff como Light. El actor simplemente no funciona en el papel, su interpretación es ortopédica, plana y acartonada. Y ya no es que esté haciendo de adolescente pasmado y rarito, es que es imposible empatizar con él. Margaret Qualley (que ya nos enamoró en The LeftoversDos buenos tipos) le saca las castañas del fuego, sobre todo al principio, pero tampoco es suficiente para salvar la película, ya que su química con el protagonista es nula, su relación forzadísima (“Soy una puta animadora, nada importaba hasta que te conocí”, le dice ella a él cerca del final, pero en ningún momento hemos visto o sentido tal cosa) y su personaje es igual de estúpido que el resto del film (una pena, porque es el que más potencial tiene).

Death Note tiene aciertos que la redimen por momentos, sobre todo si no le exigimos demasiado (lo cual es recomendable). Ya hemos mencionado la factura, su mejor cualidad. Otra cosa no, pero Wingard sabe ganarnos creando atmósfera con secuencias iconoclastas y llamativos momentos musicales (consuela saber que no lo hemos perdido del todo). Además, la película cuenta con buenos efectos especiales, entre los que destacan la escena final en la noria (de lo más espectacular que ha hecho Netflix) y la presencia de Ryuk, demonio realizado mediante una fusión de CGI, captura del movimiento y animatronic. Aunque no es una criatura todo lo terrorífica que debería haber sido, el Ryuk de Dafoe (y Jason Lilies, el actor que prestó su cuerpo al personaje), supone una presencia lo suficientemente inquietante como para que uno no deje de mirar a la pantalla.

Eso sí, aunque la película consiga entretener, se acaba yendo al garete por culpa de un guion escuálido y sin pies ni cabeza, un desenlace ridículamente retorcido y confuso, unas interpretaciones muy escasas (o dramáticamente exageradas sin venir a cuento, que no sé qué es peor) y una torpeza inusitada en algunas escenas de acción. Todo ello hace de Death Note un descarrilamiento creativo destinado a enfurecer a los fans del material original y dejar indiferentes (como poco) a los espectadores casuales.

Pedro J. García

Nota: ★★

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , ,

Deja un comentario

Get Adobe Flash player
Abrir la barra de herramientas