Crítica: Siete deseos

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Que el terror light es uno de los géneros más lucrativos del cine reciente es algo que Hollywood tiene muy claro. Por eso, prácticamente todos los meses nos llega una o varias cintas de miedo orientadas a adolescentes con ganas de sustos y emociones fuertes (pero no demasiado fuertes, por si acaso). Siete deseos (Wish Upon) se ajusta a esta descripción, una película que se presenta con la etiqueta de “cine de terror”, pero cuya calificación PG-13 impide que su historia se lleve hasta las últimas consecuencias, resultando en un quiero y no puedo difícil de defender.

John R. Leonetti, responsable de la inofensiva y completamente olvidable primera parte de Annabelle, se pone detrás de las cámaras para dirigir esta suerte de fusión entre Destino finalChicas malas, con guión de Barbara Marshal (Viral)Lo sé, suena bien, pero ni es lo suficientemente creativa como la primera, ni remotamente tan petarda e inteligente como la segunda, sino más bien un episodio de Pesadillas actualizado a nuestro tiempos. De nuevo, puede que hasta os suene atractivo, pero creedme, Siete deseos no es el clásico trash en potencia que podía haber sido, es simplemente un fail de lo más cutre, se mire por donde se mire.

La historia no tiene mucha complicación. Clare Shannon (Joey King) es una chica de 17 años que, tras la muerte de su madre, sobrevive como puede al infierno del instituto, donde es una de las mayores parias. La chica se enfrenta a diario al acoso de sus compañeros más populares, y lo hace con la ayuda de sus amigas, Meredith (Sydney Park) y June (Shannon Purser, la actriz nominada al Emmy por interpretar al fenómeno de Internet Barb de Stranger Things). Cuando un día su padre (Ryan Phillippe) le regala una vieja caja de música china que ha encontrado en la basura, su vida da un giro de 180 grados. La caja concede siete deseos, pero a cambio, por cada uno se lleva la vida de alguien cercano a ella. Siendo ajena a esta sangrienta condición, Clare empieza a pedir deseos para cambiar su vida: dinero, popularidad, el chico de sus sueños (Mitchell Slaggert)… Cuando se da cuenta de lo que está pasando, deberá deshacerse de la caja antes de que sea demasiado tarde.

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Como comedia involuntaria para disfrutar irónicamente en grupo, Siete deseos puede pasar. Pero por los pelos. La película es un despropósito continuo, una historia de instituto que no va más allá de la superficie de los tópicos más manidos y una cinta “de miedo” a la que difícilmente se le puede atribuir ese apelativo. Exceptuando un par de sobresaltos muy mal ejecutados, el terror y el suspense es prácticamente inexistente, y la historia no podría ser más predecible y trillada (sobre todo su desenlace, perezoso donde los haya). Ni siquiera las muertes, que van de lo blandengue a lo completamente inverosímil, ofrecen el aliciente necesario para dejarse llevar y disfrutar de la propuesta, por muy tonta que sea.

Lo único positivo a destacar de Siete deseos es su protagonista, Joey King (Chloë Grace Moretz fue un primer boceto, King es la buena), una adolescente real que aporta al personaje la inocencia y la frustración propia de esa etapa vital, en la que la opinión de los demás es lo único que importa. Salvando el buen trabajo de la actriz, Siete deseos nunca alcanza (ni siquiera roza) su potencial para convertirse en una mamarrachada divertida (o una franquicia con cuerda, que es lo que evidentemente buscan sus responsables), constituyendo así una oportunidad perdida, es decir, un deseo malgastado.

Pedro J. García

Nota: ★★

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Comentarios (1)

 

  1. Mara GV dice:

    Fíjate que a pesar de todo lo que dices me apetece…. Me río sola. Si pierdo hora y media me lo tendré merecido y te daré el parte para que puedas decir “te lo dije”, que es una frase que da mucho gustito

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