Crítica: Okja

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Bong Joon-ho es uno de los cineastas más personales del panorama actual. El realizador surcoreano se ha labrado una gran reputación en el género fantástico y la ciencia ficción con propuestas tan aclamadas y originales como Crónica de un asesino en serie, The Host o la reciente Snowpiercer (Rompenieves), arriesgada adaptación de la novela gráfica francesa del mismo título que dejó indiferentes a muy pocos. El cine de Bong es inconformista, reivindicativo y libre de convencionalismos, características que definen también su última obra como director, Okja.

Esta película original de Netflix puede suponer un antes y un después para la plataforma de vídeo online, que hasta ahora no ha logrado demasiada repercusión con sus producciones cinematográficas propias (y eso que ha contado con estrellas del calibre de Brad Pitt -que, por cierto, figura entre los productores de esta película). Claro que el revuelo que ha causado Okja no proviene tanto de la película en sí como de la polémica que suscitó en el más reciente Festival de Cannes, donde por primera vez se proyectaba una película de Netflix. Los cinéfilos más puristas y conservadores rechazaron la presencia del film en el certamen, y su proyección, que se encontró con “problemas técnicos”, fue recibida con abucheos por parte de aquellos que consideran que Netflix está perjudicando el consumo del cine en salas. Sin embargo, Okja recibió buenas críticas, y su accidentado paso por Cannes no ha hecho sino aumentar la expectación por la película.

Claro que no hacía falta que Okja protagonizase una controversia (la enésima en la que se enfrasca Netflix este año) para llamar nuestra atención, especialmente si ya conocíamos la obra de Bong, y sobre todo si nos habíamos enterado de qué iba la película. Okja es una fábula futurista, escrita por el propio Bong junto a Jon Ronson, que nos cuenta la preciosa amistad entre una niña de Corea del Sur, Mija (An Seo Hyun) y su mascota, el cerdo gigante Okja, un imponente animal genéticamente modificado que vive apaciblemente con la niña y su padre en una granja en las montañas. Diez años después de llegar al hogar de Mija, la multinacional responsable de la creación del animal, Mirando Corporation, regresa con grandes planes para el animal. Sin embargo, estos ocultan un macabro secreto: Mirando creó a los súper-cerdos para que una década después abastecieran de comida de bajo coste al mundo y así seguir enriqueciéndose a costa de los animales (tranquilos, no es ningún giro de guión, se explica en el prólogo). Esto llevará a la niña a embarcarse en una aventura desde Seúl hasta Nueva York para salvar a su mejor amigo.

Okja se adscribe a la tradición de las películas familiares protagonizadas por un niño y su mejor amigo fantástico o imaginario. E.T. El Extraterrestre, El gigante de hierroPeter y el dragón, Mi amigo el gigante, todas ellas tienen en común la fuerte amistad entre dos seres muy distintos que deben sortear multitud de dificultades para no perderse el uno al otro por culpa de los (idiotas de los) adultos. En el caso de Okja, una niña y una especie de híbrido entre un cerdo y un hipopótamo que evoca inconfundiblemente al ser peludo y adorable de Mi vecino Totoro, con escenas que parecen directamente sacadas del clásico del Estudio Ghibli (la estampa de Mija durmiendo en la panza de Okja no puede no ser un homenaje).

Claro que, aunque Okja pueda recordar al cine familiar de los 80/90 o a los relatos de Roald Dahl, en realidad se trata de una variación incluso más oscura y escabrosa de este tipo de cuentos. Fusionando comedia de acción y sátira, Bong lleva a cabo una feroz crítica contra el capitalismo y las grandes corporaciones con la que enhebra un mensaje de amor a la naturaleza y respeto a los animales. Para ello, el director saca partido de la entrañable amistad entre Mija y Okja con una primera sección en la que abundan los momentos simpáticos y costumbristas, para a continuación golpear al espectador con imágenes truculentas del maltrato animal al que Okja y el resto de su especie es sometida por la Mirando Corporation. Puede que con Okja Bong consiga lo mismo que Jonathan Safran Foer logró hace unos años con su libro Comer animales, convertir en vegetariano a todo el que se tope con ella.

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Okja rebosa originalidad y derrocha energía a raudales, sobre todo gracias a las fantásticas secuencias de acción y a los efectos con los que Okja cobra vida e interactúa con el mundo a su alrededor. El animal es una creación digital que, sin llegar al nivel de realismo de los mejores personajes CGI de Hollywood, resulta bastante convincente. Pero tampoco podemos obviar el estupendo reparto humano de la película, que cuenta con la siempre genial Tilda Swinton en otro papel hecho a su medida (con permiso de Okja, Lucy Mirando es la principal atracción y verdadera protagonista de la película), Jake Gyllenhaal en el que es su rol más extravagante y sobreactuado hasta la fecha, Paul Dano, Steve Yeun y Lily Collins, miembros del divertidísimo grupo de terroristas ecológicos que ayudan a Mija a rescatar a Okja, responsables de algunos de los momentos cómicos más inspirados del film, y por último Giancarlo Esposito, haciendo de Giancarlo Esposito.

Okja es una película llena de imperfecciones, como lo era la anterior obra de Bong. La ambición narrativa del director conduce inevitablemente hacia el exceso y el caos, y Okja sufre por ello de una estructura irregular, llena de agujeros y elipsis mal ejecutadas que afectan seriamente al ritmo de la película. Pero como ocurría con Snowpiercer, es precisamente su deseo de arriesgar y su habilidad para sorprender lo que la convierte en una experiencia tan satisfactoria y vibrante a pesar de sus problemas. La creatividad de las escenas de acción, el acertado sentido del humor y el mensaje de amor a los animales compensan con creces sus defectos, haciendo de ella uno de esos casos extraños de cine arrolladoramente excéntrico y caricaturesco que no se olvida de la importancia de las emociones.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

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