Crítica: La promesa

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El genocidio armenio es uno de los pasajes históricos más atroces de la humanidad. Y sin embargo, el cine no le ha prestado tanta atención como al holocausto judío o la guerra de Vietnam, contribuyendo así a que permanezca desconocido para muchas personas. En 2015, Fatih Akin se propuso arrojar luz sobre el tema con la película El padre (The Cut), aunque no logró la repercusión deseada. Este año, Terry George (Hotel Rwanda, Un cruce del destino) acomete la misma misión con La promesa, drama épico en el que continúa la lucha contra el olvido de una cultura y el intento de su destrucción en una de las mayores masacres del siglo XX.

La promesa nos lleva hacia Constantinopla en el año 1914, a las puertas de la Primera Guerra Mundial. El poderoso Imperio Otomano se desmorona por el conflicto global y a consecuencia, la antigua Estambul pierde su característico esplendor. Michael Boghosian (Oscar Isaac) llega a la ciudad con la intención de estudiar medicina y ejercer como doctor de vuelta a su pequeño pueblo al sur de Turquía, donde musulmanes turcos y cristianos armenios han vivido en paz hasta el momento. Su destino cambiará con la llegada a su vida de Ana (Charlotte Le Bon), una sofisticada artista armenia con la que entabla una relación a espaldas de la pareja de ella, el periodista norteamericano Chris Myers (Christian Bale).

Lo que comienza como un idilio furtivo y apasionado se torna en tragedia y lucha por la supervivencia cuando Turquía forja una alianza con Alemania y el Imperio Otomano empieza a dar caza a sus minorías étnicas. Con su familia en peligro y el país desapareciendo en una vorágine de muerte y dolor, Michael deberá separarse de Ana. No sin antes prometerle que volverán a encontrarse una vez pasada la guerra.

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Al igual que Akin, George aborda el conflicto desde una perspectiva cercana al estilo hollywoodiense, haciendo honor a la cultura y la geografía que retrata, a la vez que la reviste de un velo épico que recuerda a los grandes dramas históricos de la edad dorada del cine o clásicos modernos como El paciente inglés, sensación reforzada por la presencia de dos galanes como Oscar Isaac y Christian Bale. Pero La promesa no huye de la crudeza intrínseca de lo que cuenta, ni la disfraza de romance edulcorado para que el espectador pueda digerir mejor el horror en el que se enmarca el relato. Aunque no llegue a la dureza de La lista de Schindler (obra maestra con la que es fácil compararla), el film consigue poner más de un nudo en el estómago, especialmente durante su descorazonadora recta final.

La promesa es a todas luces un drama histórico de los de siempre, nada extraordinario si lo comparamos con otras obras similares. Su inexplicablemente elevado presupuesto (90 millones de dólares) se refleja en una producción lujosa que recrea al detalle los últimos días de Constantinopla y un cast internacional (que incluye a los españoles Alicia Borrachero y Daniel Giménez Cacho), y se beneficia enormemente del buen hacer de sus protagonistas, en especial de Oscar Isaac, que lleva a cabo a una interpretación matizada, profunda y conmovedora. Más que el guion o la ambientación, es el gran talento dramático y la humanidad que el actor confiere al personaje lo que nos hace partícipes del sufrimiento y lo que consigue que realmente seamos testigos (a través de sus tristes ojos) de uno de los capítulos más devastadores del ser humano.

Pedro J. García

Nota: ★★★

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