Crítica: Personal Shopper

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No todo es jauja en la vida de una celebrity. La fama cuesta, y mantener ese halo de perfección las 24 horas del día es una misión harto imposible. De nada vale esa belleza natural (o adquirida) si no viene acompañada por un duro y estricto trabajo delante y detrás de las cámaras. Realmente ese detrás de las cámaras es irreal, ya que todas sus actividades, tanto relacionadas directamente con su profesión en apariciones oficiales en saraos, como las estrictamente privadas son siempre recogidas alguna que otra cámara, por lo que su vida fuera de campo queda casi relegada únicamente al váter de sus residencias. Pese a todo, siempre logran solventar todos esos problemas, manteniendo su estatus impoluto… y si no lo logran, es que no son estrellas de verdad.

Pero este éxito no es producto únicamente del buen hacer de la propia estrella, sino del equipo de personas que ayudan a crear y mantener esa imagen… y entre todos ellos destaca una figura que sobrepasa en importancia a la del manager, estilista, entrenador o dealer, y esa es la del personal shopper, anglicismo que no es sino la forma estilizada de refererirse a esa chica o chico que vale para todo. Su deber es el de realizar todas y cada una de esas minucias cotidianas con las que la estrella no debe mancharse las manos. Tareas tales como compra de alimentos macrobióticos, elección de vestuario haute couture, préstamos de joyas exclusivas, gestión de correos personales, recogida de botellas vacías de la borrachera del día anterior… En resumen, el personal shopper es la figura encargada de preservar que esa imagen de perfección no se vaya a la mierda de buenas a primeras. Ese es el sino de la protagonista de Personal Shopper, la película con la que Olivier Assayas (Después de mayo) ganó el premio a mejor dirección en Cannes y le sirvió como reencuentro con Kristen Stewart después de la gratificante experiencia en Viaje a Sils Maria.

Kyra (Nora von Waldstätten, Un mundo sin fin y actriz habitual del cine de Assayas) es la It-girl de momento, pero Kyra también es un desastre de primera. Maureen (Kristen Stewart) es la pobre chica encargada de lidiar con semejante papeleta y conseguir que Kyra termine siendo una leyenda. Pero ella aspira a ser algo más y aunque no llegue al extremo de la Eve Harrington de Eva al desnudo o la Agatha Weiss de Maps to the Stars, Maureen cree que ella tendría que ser la que vistiese esos modelos de marca y no la niñata de su jefa… y aunque lo tenga prohibido, se prueba sus vestidos, duerme en su cama y come su comida. Al hacerlo, Maureen hace su sueño realidad: ser otra persona. Ni mejor, ni peor. Otra persona.

Recogiendo el testigo de su anterior colaboración con Olivier Assayas, la Valentine de Viaje a Sils Maria con la que consiguió ser la primera actriz estadounidense en ganar un César, Kristen Stewart perfecciona sus valías como asistente personal, y si en la anterior ocasión tenía que estar a la sombra de una gran dama francesa de la interpretación preocupada por el advenimiento de la nueva ola, en Personal Shopper se pasa al otro bando, al de las estrellas emergentes. Pero esta película no es simplemente la otra cara de la moneda, sino una cosa mucho más complicada y marciana, por no decir fantasmagórica.

personal-shopperPersonal Shopper es una propuesta tan bizarra que parece salida de la mente del Almodóvar más ochentero que del propio Assayas. Ya que la heroína interpretada por Stewart no es una asistente personal al uso, sino que también ejerce de médium en sus ratos libres. No es que Maureen sea la máxima autoridad mundial en ocultismo, pero ella ha hecho sus pinitos en esa especialidad. Está especialmente interesada en comunicarse con su hermano recientemente fallecido para así poder comprobar a ciencia cierta si existe algo después de la muerte. Esas dos vertientes argumentales tan disparejas, se ven complementadas a su vez por un misterio vía whatsapp muy en el estilo de Brian De Palma (el interesante, el de hace unas cuantas décadas) y al de Paul Verhoeven (el de ahora) que podría descolocar, pero que hace que la historia sea aún más entretenida.

Como ocurría en el caso de Isabelle Huppert y Elle, la sublime interpretación de Kristen Stewart compensa con creces ciertos agujeros en la trama y hace que la propuesta realista fantástica de Assayas resulte completamente convincente. Stewart compone una de las mejores interpretaciones del año y su mejor trabajo hasta la fecha, perfeccionando la parsimonia cuasi autoparódica que ya nos mostró en Viaje a Sils Maria y añadiendo la adecuada inocencia y rabia millennial con un cierto toque desencantado que necesita el personaje.

Puede que esta Personal Shopper no sea tan redonda como la anterior colaboración entre Assayas y Stewart, pero esta última la supera con creces en capacidad adictiva y potencial de culto en años venideros. Tenga o no tenga asistente personal, hágase un favor y cómprese (o dé la orden de hacerlo) una entrada para Personal Shopper. No se arrepentirá.

David Lastra

Nota: ★★★★½

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