Crítica: Wilson

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El terreno de las adaptaciones cinematográficas de cómics está ocupado casi enteramente por los superhéroes. Marvel y DC dominan el panorama de tal manera que cuando hablamos de una película basada en un cómic, inmediatamente nos viene a la mente un vigilante enmascarado o con capa. Pero lo cierto es que hay vida comiquera más allá de los superhéroes, y gran parte del público lo descubrió en 2001, con la llegada de una de las mejores adaptaciones de tebeo de la historiaGhost World, dirigida por Terry Zwigoff a partir de la novela gráfica (y guion) del autor de culto Daniel Clowes. Esta película, nominada al Oscar a mejor guion, puso algo de manifiesto: los cómics no-superheroicos también son una gran fuente de ideas para el cine. Con el tiempo, el reinado de Marvel Studios dejó poco espacio para este tipo de películas, pero de vez en cuando aparece una que nos recuerda que no todo forma parte de un universo cinemático: American SplendorScott Pilgrim vs. el mundoPersépolisLa vida de Adèle, y ahora Wilson.

Wilson supone el regreso de Daniel Clowes a las labores de guion de largometraje, diez años después de la fallida El arte de estrangular (Art School Confidential), con la que intentó repetir en vano la jugada de Ghost World. Basada en su propio cómic del mismo título publicado en 2010, esta comedia nos da la bienvenida de nuevo al mundo según Clowes, visto a través de esa lente cínica, deprimente y sin embargo divertida que siempre ha definido su obra gráfica. La película cuenta la historia de un hombre solitario y neurótico (Woody Harrelson) que busca contacto humano en una sociedad completamente inmersa en la vida 2.0 y es percibido como un lunático cuando intenta entablar conversación con extraños. El anhelo de los viejos tiempos lleva a Wilson a reconectar con su ex mujer, Pippi (Laura Dern), con la que se embarca en una aventura suburbana para conocer a su hija adolescente (Isabella Amara), a quien ella dio en adopción, y así hallar un propósito, quizá hasta la felicidad.

wilson-poster-espanolLa crítica a la sociedad hiperconectada que Clowes efectúa aquí nos desvela a un hombre que se ha quedado en cierto modo estancado en el cambio de milenio, algo que perjudica gravemente a la película. Esa misantropía propia e indivisible al autor resulta ya anticuada, sobre todo en el medio cinematográfico (el cómic aporta una cualidad intemporal que hace que esto no resulte tan grave), haciendo que Wilson parezca más bien una película de hace 10 años. Esto impide que el film vaya más allá de la superficie, quedándose en lo genérico, en lo convencional, en la crítica fácil y el síndrome “Anciano le grita a una nube” (por mucho final feliz que haga ver las cosas de otra manera). La capacidad de observación del comportamiento social sigue siendo uno de los puntos fuertes de Clowes, pero en Wilsonesa voz cáustica y melancólica que encontramos en sus novelas gráficas se pierde en favor de los clichés del cine indie (de los que sabe mucho el realizador de la película, Craig Johnson, director de The Skeleton Twins).

Afortunadamente, Wilson posee varias cualidades que la redimen, en especial algunos pasajes cómicos que sobresalen por encima del conjunto (Wilson intentando ligar en el supermercado, la escena junto a character actress Margo Martindale), pero principalmente sus dos protagonistas. Harrelson habita por completo la piel de Wilson, y a pesar de cierta inconsistencia tonal a la hora de construir el personaje (a veces humano, a veces caricatura), consigue hacer más llevadera una película en la que tampoco ocurre nada especialmente destacable, haciendo de su excentricidad y su honestidad brutal la mayor arma contra la indiferencia. Claro que ahí está la gran Laura Dern ejerciendo de contrapunto, algo más estable y cuerda (aparentemente), pero con esa divertida volatilidad que caracteriza siempre a la actriz (sin olvidar a la eterna secundaria Judy Greer, una institución indie en sí misma). Harrelson y Dern hacen que Wilson funcione a pesar de todo, pero ni el carisma indudable de estos dos intérpretes es suficiente para que, una vez finalizada la película, esta se desvanezca de la memoria como si la hubiéramos visto en 2009.

Pedro J. García

Nota: ★★½

Crítica: Piratas del Caribe – La venganza de Salazar

¡La vida pirata es la vida mejor! O al menos lo era en 2003, año en que se estrenaba con enorme éxito La maldición de la perla negra, la primera entrega de Piratas del Caribe. Basándose en una famosa atracción de sus parques temáticos, Disney devolvía el espíritu aventurero más clásico al cine, convirtiendo a su pintoresco protagonista, el Capitán Jack Sparrow (Johnny Depp), en uno de los piratas más icónicos de la historia, muchas décadas después de que los relatos de bucaneros hubieran dejado de estar de moda. Todo un logro, sin duda. Lógicamente, a la primera Piratas le siguieron varias secuelas, cada una peor que la anterior, hasta llegar a la cuarta, En mareas misteriosas, con la que que la saga tocaba fondo.

Seis años han pasado entre la universalmente abucheada cuarta parte y esta quinta que nos llega ahora, Piratas del Caribe: La venganza de Salazar, dirigida por los artífices de la nominada al Oscar Kon-TikiJoachim Rønning y Espen Sandberg. Disney ha empleado este intervalo para replantear la franquicia mientras dejaba que el mal sabor de boca se disipase. “¿De qué manera podemos recuperar el rumbo?”, se preguntó la Casa de Mickey. Y la respuesta les estaba mirando a la cara todo el tiempo (desde los despachos de Lucasfilm concretamente): volver a los orígenes. Así, La venganza de Salazar repite a grandes rasgos el esquema de La maldición de la perla negra, presentando a una joven nueva pareja, Henry Turner (Brenton Thwaites) y Carina Smyth (Kaya Scodelario), sucesores (en el caso de él literalmente) de Will Turner y Elizabeth Swann, después de que Orlando Bloom y Keira Knightley pasaran de salir en la cuarta parte. Depp, por su parte, sigue siendo el alma de la saga, pero su personaje recupera en esta ocasión un rol relativamente más secundario, de nuevo como alivio cómico y acompañante de los héroes de nuevo cuño, retirándose cuando le corresponde para dejar que los demás personajes brillen. Algo que se agradece, teniendo en cuenta que el público está cada vez más harto de los mohínes de Depp.

De esta manera, La venganza de Salazar vuelve al cóctel de acción, romance, misterio sobrenatural y humor con el que se ganó el beneplácito del público, con una historia más centrada y mejor estructurada que la anterior (cosa que no era muy difícil) y grandes dosis de imaginación para paliar en la medida de lo posible el inevitable cansancio de la saga. En esta ocasión, el Capitán Jack Sparrow se reencuentra con su antiguo némesis, el aterrador Capitán Salazar (Javier Bardem), que ha escapado del Triángulo del Diablo con la intención de surcar los mares en su navío maldito y matar a todos los piratas que se crucen en su camino. Incluido Sparrow. La única esperanza del pirata es encontrar el legendario Tridente de Poseidón, artilugio mágico que otorga a quien lo posea el poder de controlar los mares. Junto a Henry, Carina, y su tripulación de despojos, Sparrow emprende una nueva odisea en altamar para truncar los planes de Salazar.

Uno de los mayores aciertos de La venganza de Salazar es su villano titular, interpretado por Javier Bardem. El actor español sigue el ejemplo de su mujer, Penélope Cruz, y se une a la saga con infinitamente mejores resultados que ella (lo cual tampoco era complicado). Bardem compone a un buen villano, temible y grandilocuente, que se beneficia de un diseño y unos efectos digitales sobresalientes (el efecto del agua fuera del mar es fantástico), pero sobre todo de la presencia y el carisma del actor español. En cuanto a las jóvenes incorporaciones, Thwaites cumple (es igual de soso que su padre, así que nada que objetar), pero es Scodelario quien se lleva el pez al agua, interpretando con mucha energía a una heroína suspicaz, decidida y sabelotodo, que se suma a la corriente moderna de mujeres de armas tomar de Disney. La presentación de la pareja formada por Henry y Carina, la (gratificante) presencia de Geoffrey Rush como el Capitán Barbossa, más el retorno (aunque sea muy breve) de Bloom y Knightley en sus papeles originales, responde a una clara estrategia: regresar al pasado y recuperar el favor de los fans de la saga.

Pero afortunadamente, La venganza de Salazar no se queda el mero truco nostálgico (sí, han pasado 14 años desde la primera película, podemos hablar ya de nostalgia), sino que se esfuerza en crear una nueva aventura que se sostenga por sí misma. El film empieza con mucha fuerza, con un prólogo impresionante en el que visitamos el Holandés Errante, donde es fácil dejarse atrapar por el embrujo de su atmósfera casi terrorífica. Lo que viene a continuación es algo irregular, pero por suerte nunca cae al nivel de En mareas misteriosas, gracias sobre todo al buen hacer de sus directores manejando el timónDestacan especialmente las secuencias de acción, set pieces memorables por su sentido del humor (Sparrow robando el banco), por su violencia y oscuridad (los ataques de Salazar) y por su excelente acabado visual (la llegada a la isla de las estrellas y la lucha por el Tridente en el fondo del mar dejan imágenes mágicas preciosas). El ritmo solo decae en el tramo previo al clímax, pero el resto del metraje aguanta bien el tipo, proporcionando sólido entretenimiento escapista la mayor parte del tiempo.

Es cierto que Piratas del Caribe ya no es lo que era. La novedad queda muy atrás, las leyendas se agotan (sobre todo cuando calzas tantas en una sola historia) y la fórmula pierde frescura después de usarla tantas veces (¿Cuántas películas de Disney culminan con una emotiva escena de sacrificio? ¿Es ya obligatorio siempre rejuvenecer digitalmente a sus personajes?). Sin embargo, La venganza de Salazar capea el temporal de forma imaginativa y con mucha picaresca, llegando a buen puerto en lugar de dejarse hundir por los contratiempos. Los principales problemas que pueden deslucir la película a pesar de sus loables esfuerzos son los externos. La audiencia original se ha hecho mayor, la popularidad de Depp está en horas muy bajas y existe cierta fatiga con las secuelas (especialmente las que tienen al actor entre su reparto, ejem, Alicia a través del espejo). Claro que la escena post-créditos de La venganza de Salazar sugiere que esto no se ha acabado ni por asomo, planteando una sexta parte que a ver qué pirata se resiste a ver.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Agents of SHIELD es cada vez mejor y tú sigues perdiéndotelo

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La cadena ABC ha renovado recientemente Agents of SHIELD para la que será su quinta temporada. El camino hasta aquí ha sido pedregoso, principalmente debido a unos índices de audiencia en directo que no han dejado de caer en las temporadas más recientes. La cuarta, que acaba de tocar a su fin, vio cómo la serie de Marvel alcanzaba su mínimo histórico, a causa en parte de su salto a la franja horaria de las 22:00h, que se suele traducir en una audiencia más adulta y reducida. Aun enfrentándose a estas dificultades, Agents of SHIELD se las ha arreglado para ir subiendo el listón capítulo a capítulo y temporada a temporada. Pero tristemente, la audiencia le está dando la espalda. Si supieran lo que se están perdiendo…

A estas alturas, la historia de SHIELD se ha complicado y ramificado de tal manera que es difícil que la audiencia que dejó la serie tras la primera temporada (o la que no se ha animado a verla, por la razón que sea) se reenganche para disfrutar de su versión más asentada y madura. También es comprensible. SHIELD comenzaba con misiones episódicas que no ofrecían demasiados alicientes para continuar, y para cuando la historia se serializó y empezó lo bueno, la gente ya había desconectado. A partir de la segunda temporada, SHIELD experimentó una tendencia al alza en la calidad de sus guiones, más comprometidos, emocionales y oscuros, con énfasis en los arcos de personajes y sus relaciones, y un reparto coral cada vez más compenetrado. Sus showrunners, Maurissa Tancharoen y Jed Whedon, nos regalaban season y midseason finales que nos dejaban sin aliento, episodios monumentales como “4722” (3×05), y tramas que se encadenaban para dar lugar a una de la series más ajetreadas y temáticamente ricas que hay actualmente en pantallaAgents of SHIELD empezó como una serie de misiones sin demasiado calado en el esquema global y se ha convertido en un drama sin un solo minuto de relleno en el que tenemos la sensación de que todo puede desmoronarse en cualquier momento.

Y así llegamos a su magnífica cuarta temporada. Tras un inicio titubeante, la serie pronto recuperó el cauce para hacer lo que mejor se da: marcarse un objetivo (o varios) y llegar hasta él haciendo el camino lo más interesante y convulso posible. El cambio de horario facilitó que la serie explorase temas más truculentos y pusiera a sus personajes en situaciones más dramáticas, y aunque esto resultó en cierta confusión tonal, no tardó en estabilizarse para darnos la temporada más centrada hasta la fecha. Siguiendo el formato clásico de los cómics de superhéroes, la cuarta temporada se ha dividido en tres arcos diferenciados que se han desarrollado como si fueran tres mini-series distintas en una. La primera lidiaba con la llegada del Motorista Fantasma (Gabriel Luna), la segunda con la creación de los LMD (seres de inteligencia artificial conocidos como Life Model Decoy), que concluía con el mejor capítulo hasta la fecha, “Self Control” (4.15), y la tercera, Agents of Hydra, se construía siguiendo la tradición tan comiquera del what if o universo alternativo, con la mayoría de nuestros agentes viviendo en el Framework, una distopía trumpiana donde Hydra ocupa el poder, Fitz es un líder totalitario y nuestros héroes no son conscientes de que sus cuerpos yacen dormidos en el mundo real, conectados a través de una máquina a esta simulación cibernética creada por Holden Radcliffe (John Hannah).

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Esta última trama es la que ha llevado a SHIELD a un nuevo nivel, y la que nos ha deleitado con la que es la villana más carismática y compleja de lo que llevamos de serie (y de las más notables del Universo Cinemático Marvel en general), Aida, interpretada por la excelente Mallory Jansen (Galavant). Whedon y Tancharoen han sabido sacar el máximo partido al personaje, utilizándolo para darnos las secuencias de acción más contundentes hasta la fecha y poner a los agentes, su mundo y sus relaciones en jaque. Los más damnificados por Aida han sido Fitz y Simmons, dos personajes que cuando pasan a primer plano hacen que la serie sea incluso mejor (Iain de Caestecker y Elizabeth Henstridge son los intérpretes más aventajados de la serie, con diferencia). Pero la trama de Aida ha dado mucho de sí en todos los frentes y ha salpicado a todos los personajes, complicando sus relaciones (para mal y para bien, que ahí está Philinda por fin) y sacudiendo los cimientos de su mundo. La última tanda de episodios de este año ha sido simplemente espectacular. En ella se han sucedido los giros y las sorpresas sin descanso, y han convergido los tres arcos de la temporada para confirmarnos una vez más que esta serie siempre tiene claro hacia dónde se dirige (cosa que no se puede decir de muchas otras series) y despedirse con una season finale que cierra frentes de manera satisfactoria, a la vez que abre otros muy interesantes y llenos de posibilidades para el año que viene.

La ejemplar evolución de Agents of SHIELD ha creado en muchos de sus espectadores (quien esto escribe incluido) la necesidad de recomendarla una y otra vez a los escépticos, de reivindicarla como una de las series de temática superheroica más sólidas actualmente en antena (yo me atrevo a decir que la mejor de Marvel, y me quedo tan ancho) y uno de los dramas de personajes más gratificantes de la televisión en abierto. Whedon y Tancharoen han dado con el equilibrio perfecto entre humor, acción y emoción para conectar con su audiencia, para que esta se involucre a nivel personal con sus personajes y haga que pesados como yo sigamos insistiendo en deciros que Agents of SHIELD es una de las mejores series que no estáis viendo.

Twin Peaks: Uuh, tengo tanta curiosidad que me voy a volver loco

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“Hola agente Cooper. Nos vemos en 25 años“. Estas son las escalofriantes palabras mágicas con las que David Lynch dejaba en suspenso la historia del agente Dale Cooper (Kyle MacLachlan), no sin antes sumirlo en un estado de locura al ser aparentemente poseído por Bob, el espíritu detrás del asesinato de Laura Palmer y otros acontecimientos siniestros. Más de un cuarto de siglo después, Twin Peaks vuelve para contarnos qué pasó después de aquel catártico último encuentro con Laura en la sala de las cortinas rojas. Pero no nos confundamos. Twin Peaks no vuelve porque la nostalgia fácil y los revivals estén de moda y dominen el panorama televisivo, sino que este regreso se lleva gestando desde el final de la serie original en 1991. El retorno de Twin Peaks no es un vuelta al pasado para rememorar tiempos mejores, es el pasado aporreando la puerta porque tenía varios asuntos pendientes con nosotros.

Había mucha incertidumbre en torno al estreno de los nuevos capítulos de Twin Peaks. Y no es para menos. Han pasado 27 años desde que la serie creada por Lynch y Mark Frost se convirtiera en un fenómeno mundial y cambiara la televisión para siempre, y tanto el medio como los espectadores han evolucionado a consecuencia de ello. Hoy en día, la televisión no es ajena a las propuestas extravagantes, a las narrativas exigentes y surrealistas, y la audiencia ya lo ha visto todo. Teniendo esto en cuenta, ¿puede Twin Peaks causar el mismo efecto que hace más de dos décadas? Puede que a nivel social no, pero después de ver los dos primeros capítulos del revival queda claro que Lynch conserva intacta su capacidad para asombrar, perturbar y frustrar, volviendo a hacer básicamente lo que le da la gana, al margen de normas, modas o corrientes de opinión. Es decir, aun estando ya acostumbrados a ver de todo, la nueva Twin Peaks sigue siendo como nada que hay actualmente en televisión. Y en ninguna parte.

Pero hay algo que sí ha cambiado. Y no tiene que ver con la serie en sí o las modas televisivas, sino con el propio Lynch. Esta Twin Peaks es Twin Peaks, pero también es algo distinto, no exactamente lo que esperábamos (si es que esperábamos algo concreto). No solo recupera (poco a poco) la esencia de la serie original, sino que la agita y diluye con el Lynch más tardío, el más resbaladizo y aberrante, el de Inland Empire (su última película como director, allá por 2006), y curiosamente también con el más temprano, el de sus cortometrajes experimentales y su opera prima, Cabeza borradora. Así, Twin Peaks se convierte en una especie de 100% Lynch, puro e inadulterado, un reflejo aglutinador de su evolución como artista y provocador.

Además de encontrarnos de lleno en la era de la nostalgia, desde aproximadamente una década también vivimos en la era de los recaps. Semana a semana, las publicaciones especializadas realizan análisis pormenorizados de los capítulos de las series que forman parte del Zeitgeist (PerdidosMad MenJuego de Tronos), hurgando en los rincones más oscuros, planteando teorías, intentando predecir lo que vendrá a continuación. Ni que decir tiene que Twin Peaks será escrutada incansablemente todas las semanas, hasta que Showtime (Movistar+ en España) haya terminado de emitir los 18 episodios del revival. Pero Lynch no creó esta serie para que lo eruditos de Vulture o The A.V. Club realizasen autoindulgentes tesinas semanales con ella, sino para que el espectador se zambullese en la aturdidora pesadilla que propone y la viviese en primera persona, sin distracciones o explicaciones de más. Por eso es aconsejable completar el ejercicio de regresión dejándose llevar por la locura lynchiana, desentrenando la mirada, sin sobreanalizar demasiado, teniendo claro que estamos ante una serie a la que cuanto más le pidamos que nos aclare las cosas, más se recreará confundiéndonos.

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Porque como decía, Lynch sigue tan terco y único como siempre. Afortunadamente. Las dos primeras horas de la nueva Twin Peaks nos devuelven al maestro de la narración onírica, del surrealismo y la comedia absurda. Pero también al Lynch más extraño y turbador (que ya es decir), y al que más disfruta poniendo a prueba la paciencia del espectador. Vuelven los trances lisérgicos de Cooper en la sala de las cortinas rojas, los mensajes crípticos del revés al derecho, las apariciones fantasmales, los crímenes macabros y los estallidos de griterío estridente (si Twin Peaks fuera un estado de ánimo, y en cierto modo lo es, sería la histeria). Vuelve Laura Palmer (en una escena que pondrá los vellos de punta a todo el mundo), vuelve la Mujer del Leño (en otra escena con la que es difícil contener las lágrimas), vuelve el humor impredecible, las lánguidas actuaciones musicales (Chromatics y Lynch, una colaboración lógica, acompañando un reencuentro precioso), los diálogos secos y dilatados, y los sorprendentes montajes visuales que parecen de broma (ahora más chocantes porque Lynch sigue tan rústico en sus “manualidades” como hace tres décadas).

Pero esto es solo el principio (otra vez), y hay novedades, muchas novedades. Un nuevo misterio que en esta ocasión no se limita a los confines del fantasmagórico pueblo, sino que se extiende a lo largo del país, presentándonos a nuevos personajes (incluida una rama parlante que será sin duda la incorporación más popular a la serie) y nuevas piezas de un puzle con el que Lynch se sumerge, ya de cabeza y sin ambigüedades, en el género fantástico. Y por último, pero no por ello menos importante, en los nuevos capítulos, Twin Peaks es más delirante y terrorífica que nunca. Las deformidades propias de los primeros trabajos cortos de Lynch reaparecen para provocar los escalofríos más intensos en imágenes que difícilmente podrán borrarse de nuestra memoria (sí, estoy hablando de lo que ocurre en la caja de cristal en el primer capítulo), demostrando una vez más que el terror más efectivo y duradero es el que se origina en la parte más oculta del subconsciente. Y estas imágenes (por ahora) no vienen acompañadas del mítico y omnipresente score de Angelo Badalamenti, sino que las melodías de siempre suenan en ocasiones muy contadas y de manera velada, dejando el protagonismo a ese constante zumbido pesadillesco y desasosegante que recorría Mulholland Drive y, sobre todo, Inland Empire.

La opinión más extendida, casi universal debido a lo mucho que se repite, sobre Twin Peaks se puede parafrasear así: “No me he enterado de nada, pero me encanta”. Ese es Lynch, un autor que apela a los instintos más primarios del espectador, que narra desde una lógica interna muy personal y que, aunque es generoso con las pistas para que atemos cabos (o para que perdamos la cabeza), antepone la visceralidad a la transparencia. Ese es el Lynch que nos gusta, el que hace lo que quiere, liberado, sin cortapisas creativas. Y es que no hay otro. Cuando hace unas semanas anunció que probablemente no volvería a dirigir una película nunca más, muchos nos lamentamos por la mala noticia, yo incluido. Pero es absurdo, las fronteras entre cine y televisión nunca han estado más difusas, y precisamente Lynch es uno de los autores que siempre han estado por encima de ellas. Ahora que hemos vuelto a Twin Peaks, solo me queda alegrarme por tener casi 20 horas nuevas de puro Lynch y dar las gracias por haber llegado vivo a verlas.

Crítica: Personal Shopper

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No todo es jauja en la vida de una celebrity. La fama cuesta, y mantener ese halo de perfección las 24 horas del día es una misión harto imposible. De nada vale esa belleza natural (o adquirida) si no viene acompañada por un duro y estricto trabajo delante y detrás de las cámaras. Realmente ese detrás de las cámaras es irreal, ya que todas sus actividades, tanto relacionadas directamente con su profesión en apariciones oficiales en saraos, como las estrictamente privadas son siempre recogidas alguna que otra cámara, por lo que su vida fuera de campo queda casi relegada únicamente al váter de sus residencias. Pese a todo, siempre logran solventar todos esos problemas, manteniendo su estatus impoluto… y si no lo logran, es que no son estrellas de verdad.

Pero este éxito no es producto únicamente del buen hacer de la propia estrella, sino del equipo de personas que ayudan a crear y mantener esa imagen… y entre todos ellos destaca una figura que sobrepasa en importancia a la del manager, estilista, entrenador o dealer, y esa es la del personal shopper, anglicismo que no es sino la forma estilizada de refererirse a esa chica o chico que vale para todo. Su deber es el de realizar todas y cada una de esas minucias cotidianas con las que la estrella no debe mancharse las manos. Tareas tales como compra de alimentos macrobióticos, elección de vestuario haute couture, préstamos de joyas exclusivas, gestión de correos personales, recogida de botellas vacías de la borrachera del día anterior… En resumen, el personal shopper es la figura encargada de preservar que esa imagen de perfección no se vaya a la mierda de buenas a primeras. Ese es el sino de la protagonista de Personal Shopper, la película con la que Olivier Assayas (Después de mayo) ganó el premio a mejor dirección en Cannes y le sirvió como reencuentro con Kristen Stewart después de la gratificante experiencia en Viaje a Sils Maria.

Kyra (Nora von Waldstätten, Un mundo sin fin y actriz habitual del cine de Assayas) es la It-girl de momento, pero Kyra también es un desastre de primera. Maureen (Kristen Stewart) es la pobre chica encargada de lidiar con semejante papeleta y conseguir que Kyra termine siendo una leyenda. Pero ella aspira a ser algo más y aunque no llegue al extremo de la Eve Harrington de Eva al desnudo o la Agatha Weiss de Maps to the Stars, Maureen cree que ella tendría que ser la que vistiese esos modelos de marca y no la niñata de su jefa… y aunque lo tenga prohibido, se prueba sus vestidos, duerme en su cama y come su comida. Al hacerlo, Maureen hace su sueño realidad: ser otra persona. Ni mejor, ni peor. Otra persona.

Recogiendo el testigo de su anterior colaboración con Olivier Assayas, la Valentine de Viaje a Sils Maria con la que consiguió ser la primera actriz estadounidense en ganar un César, Kristen Stewart perfecciona sus valías como asistente personal, y si en la anterior ocasión tenía que estar a la sombra de una gran dama francesa de la interpretación preocupada por el advenimiento de la nueva ola, en Personal Shopper se pasa al otro bando, al de las estrellas emergentes. Pero esta película no es simplemente la otra cara de la moneda, sino una cosa mucho más complicada y marciana, por no decir fantasmagórica.

personal-shopperPersonal Shopper es una propuesta tan bizarra que parece salida de la mente del Almodóvar más ochentero que del propio Assayas. Ya que la heroína interpretada por Stewart no es una asistente personal al uso, sino que también ejerce de médium en sus ratos libres. No es que Maureen sea la máxima autoridad mundial en ocultismo, pero ella ha hecho sus pinitos en esa especialidad. Está especialmente interesada en comunicarse con su hermano recientemente fallecido para así poder comprobar a ciencia cierta si existe algo después de la muerte. Esas dos vertientes argumentales tan disparejas, se ven complementadas a su vez por un misterio vía whatsapp muy en el estilo de Brian De Palma (el interesante, el de hace unas cuantas décadas) y al de Paul Verhoeven (el de ahora) que podría descolocar, pero que hace que la historia sea aún más entretenida.

Como ocurría en el caso de Isabelle Huppert y Elle, la sublime interpretación de Kristen Stewart compensa con creces ciertos agujeros en la trama y hace que la propuesta realista fantástica de Assayas resulte completamente convincente. Stewart compone una de las mejores interpretaciones del año y su mejor trabajo hasta la fecha, perfeccionando la parsimonia cuasi autoparódica que ya nos mostró en Viaje a Sils Maria y añadiendo la adecuada inocencia y rabia millennial con un cierto toque desencantado que necesita el personaje.

Puede que esta Personal Shopper no sea tan redonda como la anterior colaboración entre Assayas y Stewart, pero esta última la supera con creces en capacidad adictiva y potencial de culto en años venideros. Tenga o no tenga asistente personal, hágase un favor y cómprese (o dé la orden de hacerlo) una entrada para Personal Shopper. No se arrepentirá.

David Lastra

Nota: ★★★★½

‘Ellas dan el golpe’, tan vigente y necesaria como hace 25 años

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“¡En el béisbol no se llora!” – Hace poco más de un año Internet atravesaba una de sus épocas más tumultuosas por culpa de un solo trailer. El primer adelanto del reboot de Cazafantasmas, protagonizado por cuatro mujeres, desataba a lo largo y ancho del mundo la ira de miles de fans del clásico original y retrógrados y machistas recalcitrantes (una cosa no necesariamente unida a la otra, que conste). Era el surrealista y ya lejano 2016, y la idea de que cuatro mujeres (la mayoría de más de 40, por cierto) encabezasen el reparto una película como aquella, no solo basada en un clásico intocable, sino también eminentemente masculina en todas sus dimensiones, resultó ser insoportable para muchas personas, demostrando así lo poco que hemos avanzado en las últimas dos décadas.

Flashback a 1992Ellas dan el golpe (A League of Their Own) llegaba a los cines estadounidenses rodeada de incertidumbre y desconfianza. Estamos hablando no solo de una película con un elenco coral de mujeres, sino además de una película ¡deportiva! protagonizada por mujeres y dirigida por una mujer, Penny Marshall (Big). Desde los despachos de Columbia Pictures dudaban del potencial del proyecto y esperaban que este se estrellase en la taquilla. No hay más que ver el trailer original, que la vendía como una película de Tom Hanks (fantástico como siempre, por descontado), la historia de un sufrido entrenador que tenía que lidiar con un equipo de mujeres (entre ellas el reclamo indudable de Madonna, en la cima de su ochenteridad), con sus torpezas y sus dramas de chicas. ¡Qué situación más disparatada! ¡¿Y si les viene la regla a la vez?! Por otro lado, la prensa tampoco daba un duro por ella y estaba más interesada en saber si, al ser una película de chicas, las peleas (de gatas) habían sido frecuentes en el rodaje. Por eso la sorpresa fue mayor cuando el film se convirtió en uno de los éxitos de la temporada, recaudando en Estados Unidos más de 100 millones de dólares (hazaña que ya había logrado la propia Marshall con Big unos años antes, convirtiéndose así en la primera y la segunda directora en recaudar tal cantidad con una película).

Ellas dan el golpe narra la historia real de la primera liga femenina de béisbol profesional (la All-American Girls Professional Baseball League Players Association), que tuvo lugar entre 1943 y 1954, mientras los hombres luchaban en la Segunda Guerra Mundial. A través de la experiencia de dos hermanas (Geena Davis y Lori Petty) que dejan su hogar para unirse a al equipo de las Peaches, la cinta cuenta las vidas de un grupo de pioneras con un sueño: la oportunidad de demostrar que eran capaces de hacer lo mismo que sus contrapartidas masculinas, y convertir el deporte en un espectáculo para todos los públicos. El resultado era una película divertida, entrañable y emocionante que ha superado con creces la prueba del tiempo para convertirse un clásico. En cierto modo, la historia se repetía cincuenta años después de los acontecimientos reales, con un equipo de mujeres de Hollywood dispuestas a callar la boca a todo el que desconfiara de su capacidad para llevar el peso de una película. El éxito de Ellas dan el golpe en su país, tanto entre el público femenino como el masculino (y en especial entre niños y niñas), probaba lo mismo que la película: Ellas también pueden dar el golpe en la taquilla. Y no hay motivos de peso para dudarlo por sistema. Por desgracia, este caso no se tomó como un ejemplo a seguir, sino como una curiosa excepción.

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Veinticinco años después, la situación ha mejorado ligeramente. La idea de una mujer directora al cargo de una superproducción no es tan descabellada (Ava DuVernay y Nikki Caro dirigirán dos blockbusters de Disney) y la comedia gamberra femenina vive lo más parecido a una época de esplendor (BridesmaidsDando la notaMalas madres), pero sigue existiendo la noción de que es más difícil vender una película “de mujeres” que una “de hombres”, cuando es simplemente una cuestión de matemáticas y probabilidad. Si se hacen tres películas con mayoría femenina en el reparto y dos fallan, el fracaso se achaca al género de sus protagonistas, si se hacen 100 masculinas y 50 se dan de bruces en la box office (y creo que estoy siendo generoso), la culpa es siempre de otros factores. Por eso seguimos necesitando películas como Ellas dan el golpe, y lo más importante, más oportunidades para que las mujeres en el cine puedan fallar el bateo sin miedo a las represalias y el público (masculino y femenino) pueda vitorear sus home runs.

Reseña del Blu-ray de Ellas dan el golpe – Edición 25º Aniversario

Sony Pictures Video pone a la venta en Blu-ray y DVD la versión restaurada de Ellas dan el golpe para conmemorar su 25º aniversario, con viejos y nuevos contenidos adicionales que detallamos a continuación.

– El legado de Ellas dan el golpe. Documental con nuevas entrevistas a la directora, los guionistas y la mayoría de miembros del reparto (excepto Madonna, por supuesto), que se reunieron en 2016 para jugar un partido homenaje y reflexionar sobre el legado de la película y la importancia de seguir recordando la historia real en la que se basa y celebrando a las mujeres que cambiaron la historia del deporte en Estados Unidos.

ellas-dan-el-golpe-blu-ray– Escenas inéditas. Penny Parshall tenía montaje original de 4 horas. Evidentemente tuvo que recortarlo, dejando fuera muchas tramas secundarias y metraje que acabó perdiéndose. Esto no impidió que la película desarrollase debidamente a la mayoría de sus personajes, pero para quienes necesiten saber más sobre la historia y las grandes mujeres que la protagonizan, el Blu-ray incluye hasta 15 escenas eliminadas, restauradas y remontadas a partir de material en VHS, con introducción de la directora.

– Nueve entradas memorables. Documental original dividido en nueve partes que desengranan la producción y el impacto original de la película. Con entrevistas al equipo, que hace un repaso por la historia del proyecto, desde las audiciones en el campo de béisbol (2.000 chicas tuvieron que demostrar ante los Dodgers que sabían jugar antes de pasar a las pruebas de guion) a los duros entrenamientos seis días a la semana y el rodaje en extremas condiciones de calor, pasando por el éxito del film entre toda clase de públicos (según cuenta Geena Davis, a muchos hombres les daba vergüenza reconocer que era su película deportiva favorita y lo ocultaban) y el morbo de contar en el reparto con Madonna, según sus compañeras profesional, trabajadora y nada diva en el rodaje.

– Audiocomentarios de la directora y el reparto

– “This Used to Be My Playground”. Videoclip de Madonna.

– Trailer de cine

La ciudad de las estrellas – La La Land: Cine para siempre

Después de asombrar (y poner de los nervios) a todo el mundo con Whiplash, Damien Chazelle se embarcó en un proyecto de pasión que, según ha confesado el propio director, no habría sido posible de no ser por el éxito de su anterior película. Hollywood no es muy dado a respaldar musicales con canciones originales (“Eso es trabajo de Broadway”, deberán pensar), por eso hubo que mover cielo y tierra para que La ciudad de las estrellas – La La Land fuera una realidad. Tras muchos contratiempos, baches creativos y una temporada en la que se pensó que el proyecto estaba abocado al desastre, la película se convirtió en la gran sorpresa cinematográfica de la pasada temporada, una obra aclamada por la crítica y ganadora de siete seis premios Oscar que ha despertado pasiones entre el público. Y con razón.

La La Land aúna sensibilidades clásica y moderna para contar una historia de amor universal ambientada en la Meca del Cine. La película arranca con un impresionante número musical en la autopista de Los Ángeles del que se seguirá hablando dentro de muchos años, una de esas secuencias tan originales e iconoclastas que entran automáticamente en la historia del cine. La La Land atrapa desde el primer minuto y se pone el listón muy alto a sí misma, pero lo que viene después es igualmente irresistible (si creéis que el principio es insuperable, esperad al abrumador montaje final). Esta es la historia de Mia (Emma Stone) y Sebastian (Ryan Gosling), dos soñadores estancados que sobreviven gracias a la ilusión, la esperanza y sobre todo la ambición que alimenta la ciudad de las estrellas. Mia quiere ser una actriz de éxito y Sebastian quiere montar un local para preservar el arte del jazz tradicional (el de verdad, no el de ascensor). Entre descorazonadoras jornadas al piano, audiciones fallidas y fiestas en chalets con piscina, ambos continúan topándose el uno con el otro, hasta que ocurre lo que tiene que ocurrir: se enamoran.

La La Land no quiere ambigüedades al respecto. Esta es una película para soñadores. “Dices ‘romántico’ como si fuera una palabra sucia”, se puede oír en un momento del film. Efectivamente, a Chazelle no le preocupa ser tachado de idealista o sentimental, porque de eso se trata precisamente. Si la desnudamos de ornamentos, la de La La Land no es una historia particularmente profunda u original, sino un sencillo cuento romántico que homenajea a la Edad de Oro de Hollywood y encuentra la conexión emocional con el espectador a través de la música, el movimiento y la puesta en escena, en todo su esplendor CinemaScope. Es decir, Mia y Sebastian nos enamoran no porque sean únicos, sino porque el escenario que los envuelve y los eleva (literalmente) también los convierte en una idea en la que queremos creer (al menos hasta que llega su amargo desenlace). El precioso viaje en el que se embarcan juntos nos deja imágenes y melodías para el recuerdo, números musicales en los que los protagonistas no solo son Stone y Gosling, sino también el propio Chazelle, cuya portentosa cámara se convierte en la tercera en discordia de esta embriagadora relación.

Los vigorosos planos secuencia, el vestuario, el uso de colores tan vivos que saltan de la pantalla y los contrastes de luz y sombra, la resplandeciente fotografía de Linus Sandgren, el exquisito diseño de producción, las deliciosas coreografías, y la desbordante imaginación al unir todo para crear el espectáculo hacen de La La Land todo un triunfo artístico y visual, una obra en la que se puede respirar el cine en cada plano. El cine, como decía, de los años 40 y 50, los populares musicales de las majors y los romances protagonizados por la ingenue de turno y el galán impertinente. Stone y Gosling se ponen en la piel de estos dos arquetipos para deslumbrar en las distancias cortas y en las largas, demostrando una vez más la dinámica tan armoniosa que existe entre ellos, tanto en los números más ambiciosos como en los momentos más íntimos. En los swings a lo Ginger Rogers y Fred Astaire, en las imágenes que encuadran Los Ángeles en postales eternas o en los primeros planos que nos arrebatan, como la audición final de Mia, sobrecogedora escena en la que Stone nos convence definitivamente de que la suya es una de las interpretaciones del año.

Y por supuesto, las canciones. Melodías imposibles de sacarse de la cabeza (en especial “City of Stars”) que revisten la película de ese aire irreal, convirtiéndola en un sueño reconfortante y melancólico del que no queremos despertar. La La Land es una agridulce oda al cine, a la ciudad de Los Ángeles, a sus atardeceres, a sus celebridades (como concepto abstracto, nunca personas concretas, para no romper la ilusión), a sus soñadores, a todos los soñadores. Una hermosa carta de amor al amor que sabe cómo usar las palabras de siempre para decir algo nuevo, que halla el equilibrio perfecto entre nostalgia e innovación para en última instancia llevar la historia de Mia y Sebastian más allá del cliché hollywoodiense, donde debemos decidir entre la ilusión y la dura realidad. Sea cual sea la elección, lo que está claro es que nos quedamos con ellos para siempre.

Reseña del Blu-ray

La ciudad de las estrellas: La La Land ya está a la venta en España de la mano de Sony Pictures Vídeo, que edita la película en los siguientes formatos: Blu-ray sencillo, Blu-ray Edición Especial, 4K Ultra HD y DVD.

Las ediciones en Blu-ray y Ultra HD vienen rebosantes de contenidos adicionales para aquellos que necesiten profundizar en el universo de la que ya es sin duda una de las mayores películas de culto de los últimos años. Los extras nos llevan entre bambalinas para desvelarnos los secretos de la producción, a través de una serie de featurettes que detallamos a continuación (esta reseña se refiere a la edición sencilla en Blu-ray).

Another Day of Sun: Cómo se rodó la secuencia en la autopista. Un jugoso mini-documental de 10 minutos en el que asistimos a la creación de la secuencia más espectacular de La La Land, la obertura en la autopista de Los Ángeles. En la featurette descubrimos (asombrados) el impresionante despliegue que Chazelle llevó a cabo para dar forma a esta inolvidable escena. Visionado imprescindible para amantes del cine, y en concreto de su vertiente técnica. Con entrevistas al director, los productores Marc Platt y Jordan Horowitz, la coreógrafa Mandy Moore y el director de fotografía Linus Sandgren.

– La ciudad de las estrellas. La La Land. Una carta de amor a Los Ángeles. Vídeo de 7 minutos con imágenes tras las cámaras de la película y entrevistas en torno a la tercera protagonista del filme, la ciudad de Los Ángeles. En ellas, el equipo y los actores hablan de las diferentes facetas de la cinematográfica metrópolis.

La música de La ciudad de las estrellas. La La Land. Uno de los aspectos más distintivos de la película y sin duda una de las claves de su fulgurante éxito es su banda sonora (merecedora de dos Oscar, a mejor score y mejor canción). Esta featurette de 13 minutos nos lleva a través del proceso de composición y orquestación de Justin Hurwitz, con entrevistas al compositor y el resto del equipo, y abundantes imágenes de la grabación en el estudio. Un documental que corrobora que La La Land nace de una pasión absoluta por la música por parte de sus creadores.

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Epílogo. El romance de ensueño. Especial de 8 minutos que cede el escenario a los protagonistas, Emma Stone y Ryan Gosling, para hablarnos de la parte final de la cinta, en la que más se puede respirar el cine clásico de los 40 y los 50. Chazelle explica en la featurette cómo desde el principio sabía que la película acabaría con un montaje musical de 10 minutos en tributo a los musicales de antaño, y nos explica el fascinante proceso de creación del mismo. Con entrevistas a los actores e imágenes de los ensayos y de la filmación.

Además, el Blu-ray incluye una pista de audiocomentario con el director y guionista, Damien Chazelle, y el compositor, Justin Hurwitz, una selección de pósters, créditos del film y selección de canciones, todo en un menú de navegación minimalista que recoge la estética pastel de los 60. En cuanto a la calidad de imagen y sonido, y aunque huelgue decirlo, la película se disfruta mejor en todo su esplendor Technicolor en alta definición, cuyo paso del cine a la televisión es impecable. Para enamorarse de ella una y otra vez.

Índice de cancelaciones y renovaciones 2017

Mayo, el mes en el que los seriéfilos recibimos de forma puntual el aluvión de buenas y malas noticias en forma de renovaciones y cancelaciones de nuestras series de network favoritas. Como cada año por estas fechas, las cinco cadenas generalistas de Estados Unidos ultiman los detalles de su parrilla para la próxima temporada, lo que conlleva salvar a las series más aventajadas y sacrificar las que peor han rendido en los índices de audiencia o que, por un factor u otro, no les merece la pena dar otra oportunidad.

Como viene siendo habitual en los últimos años, varias cadenas se han adelantado a la hora de renovar o dar el hachazo a muchas de sus series (el auge la televisión por Internet está cambiando las costumbres de las networks), por lo que antes del May Sweeps (la última temporada alta del año catódico, en la que las series despliegan todo su arsenal de cara a las season finales) ya conocemos el destino de numerosas ficciones.

A continuación podéis consultar la lista completa con las series de network que sobreviven para la temporada 2017-18 y las que tristemente se despiden de la programación para siempre, agrupadas por cadena y ordenadas alfabéticamente. Regresad de vez en cuando, porque la lista se irá actualizando a medida que las cadenas hagan los anuncios correspondientes a las series que están en la cuerda floja.

¿Cuáles de vuestras series se han salvado? ¿Qué serie cancelada echaréis más de menos?

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ABC

 

American Crime CANCELADA
American Housewife RENOVADA
black-ish RENOVADA
The Catch CANCELADA
Conviction CANCELADA
Designated Survivor RENOVADA
Dr. Ken CANCELADA
Fresh Off the Boat RENOVADA
The Goldbergs RENOVADA (dos temporadas más)
Grey’s Anatomy RENOVADA
How to Get Away with Murder RENOVADA
Imaginary Mary CANCELADA
Last Man Standing CANCELADA
Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. RENOVADA
The Middle RENOVADA
Modern Family RENOVADA (dos temporadas más)
Notorious CANCELADA
Quantico RENOVADA (para una 3ª temporada de 13 episodios)
Once Upon a Time RENOVADA
The Real O’Neals CANCELADA
Scandal RENOVADA (la T7 será la última)
Secrets & Lies CANCELADA
Speechless RENOVADA
Time After Time CANCELADA

 

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CBS

 

2 Broke Girls CANCELADA
American Gothic CANCELADA
The Big Bang Theory RENOVADA
Blue Bloods RENOVADA
BrainDead CANCELADA
Bull RENOVADA
Code Black RENOVADA
Criminal Minds RENOVADA
Criminal Minds: Beyond Borders CANCELADA
Doubt CANCELADA
Elementary RENOVADA
The Great Indoors CANCELADA
Hawaii Five-0 RENOVADA
Kevin Can Wait RENOVADA
Life in Pieces RENOVADA
MacGyver RENOVADA
Madam Secretary RENOVADA
Man with a Plan RENOVADA
Mom RENOVADA
NCIS RENOVADA
NCIS: Los Angeles RENOVADA
NCIS: New Orleans RENOVADA
The Odd Couple CANCELADA
Ransom CANCELADA
Scorpion RENOVADA
Superior Donuts RENOVADA
Training Day CANCELADA
Zoo RENOVADA

 

no-tomorrow

THE CW

 

The 100 RENOVADA
Arrow RENOVADA
Crazy Ex Girlfriend RENOVADA
The Flash RENOVADA
Frequency CANCELADA
iZombie RENOVADA
Jane the Virgin RENOVADA
Legends of Tomorrow RENOVADA
No Tomorrow CANCELADA
The Originals RENOVADA
Reign FINALIZADA
Riverdale RENOVADA
Supernatural RENOVADA
Supergirl RENOVADA
The Vampire Diaries FINALIZADA

 

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FOX

 

24: Legacy CANCELADA
APB CANCELADA
Bob’s Burgers RENOVADA
Bones CANCELADA
Brooklyn Nine-Nine RENOVADA
Empire RENOVADA
The Exorcist RENOVADA
Family Guy RENOVADA
Gotham RENOVADA
The Last Man on Earth RENOVADA
Lethal Weapon RENOVADA
Lucifer RENOVADA
Making History CANCELADA
The Mick RENOVADA
New Girl RENOVADA (La T7 será la última)
Pitch CANCELADA
Prison Break SERIE LIMITADA
Rosewood CANCELADA
Scream Queens CANCELADA
Shots Fired ???
The Simpsons RENOVADA
Sleepy Hollow CANCELADA
Son of Zorn CANCELADA
Star RENOVADA

 

timeless

NBC

Aquarius CANCELADA
The Blacklist RENOVADA
The Blacklist: Redemption CANCELADA
Blindspot RENOVADA
Chicago Fire RENOVADA
Chicago Justice CANCELADA
Chicago Med RENOVADA
Chicago PD RENOVADA
Emerald City CANCELADA
The Good Place RENOVADA
Great News RENOVADA
Grimm FINALIZADA
Law & Order: SVU RENOVADA
The Night Shift RENOVADA
Powerless CANCELADA
Shades of Blue RENOVADA
Superstore RENOVADA
Taken RENOVADA
This Is Us RENOVADA
Timeless CANCELADA RENOVADA
Trial & Error RENOVADA

Fuente: TvBytheNumbers

Crítica: Alien Covenant

En 2012, Ridley Scott retomó las riendas de la saga Alien para dirigir su primera precuela, Prometheus, con la que el director redibujaba la mitología que había introducido en Alien: El octavo pasajero y llevaba la franquicia hacia el espectáculo épico propio de los blockbusters actuales. A continuación se desarrollaron planes para continuar Prometheus de manera simultánea a la saga Alien, cuya quinta entrega iba a ser realizada por Neill Blomkamp (District 9, Chappie). Sin embargo, Scott decidió cancelar Alien 5 y convertir la segunda parte de Prometheus en Alien: Covenant, en la que sigue desarrollando la nueva historia presentada en la precuela con el objetivo de conectarla con el clásico original, como si la tercera y cuarta partes no hubieran existido nunca.

Prometheus supuso una decepción para muchos. La mayor queja de los espectadores no fue el hecho de que esta se alejase considerablemente del espíritu de las primeras películas (al fin y al cabo, no se confirmó que se trataba de una precuela de Alien hasta que la película llegó a los cines y es lógico que tuviera un estilo diferenciado), sino un guion repleto de incongruencias y agujerosJohn Spaihts (PassengersDoctor Strange) y Damon Lindelof (uno de los showrunners de Perdidos) firmaron un libreto lleno de sinsentidos y personajes que se comportaban de manera absurda, según las necesidades de la trama. Alien: Covenant era la oportunidad de Scott para corregir el curso después de aquel accidentado rearranque, y para ello, el director ha decidido devolver la saga a sus orígenes con un híbrido entre Alien Prometheus, y lo más importante, orquestando el esperado regreso del xenomorfo.

Ambientada 10 años después de los acontecimientos de PrometheusAlien: Covenant nos sube a bordo de la nave espacial Covenant, mientras esta se dirige hacia el remoto planeta Origae-6 para establecer una nueva colonia. La tripulación y los 2.000 embriones humanos que viajan en la nave se encuentran sumidos en un profundo hipersueño, del que despiertan tras un desastroso accidente. Obligado a reevaluar la misión, el capitán de la nave (Billy Crudup) decide desviar la misión de su curso hacia un planeta inexplorado que parece cumplir las condiciones para albergar vida humana. Una vez allí, lo que parece un tranquilo paraíso natural resulta ser un oscuro y siniestro lugar que oculta una amenaza mortal de la que será casi imposible escapar, así como un secreto que oculta la clave de la creación de los xenoformos.

Alien: Covenant supone un retorno al suspense y el terror de Alien, el octavo pasajero. A medias. Para la primera mitad del film, Scott recupera los elementos más icónicos del clásico de 1979, incluidos los parásitos saltando a la cara desde su huevo y el “nacimiento” de los aliens rompiendo la caja torácica de su huésped y poniéndolo todo perdido ante los despavoridos ojos de los demás tripulantes. La película contiene pasajes auténticamente brutales que hacen honor a su calificación Rated-R, y la sangre y el gore bañan la acción en numerosas ocasiones, asegurándose así de que los fans de Alien que quedaron descontentos con Prometheus queden más satisfechos esta vez. Claro que, a pesar de esto, Alien: Covenant no deja de ser Prometheus 2, y ahí es donde empiezan los problemas.

Haciendo gala de su característica terquedad, Scott decidió hacer oídos sordos a las críticas de Prometheus y en consecuencia acaba incurriendo en los mismos fallos que su predecesora, desaprovechando una oportunidad de oro para hacer mejor las cosas. Que quede claro que Alien: Covenant no es un completo desastre ni mucho menos, de hecho hay mucho que disfrutar en ella, pero supone una importante decepción al verla tropezar de nuevo con la misma piedra. Y esta piedra vuelve a ser un guion más preocupado por la construcción de la cada vez más intrincada mitología de la saga que por la coherencia, lo que inevitablemente resulta en una sucesión de desaciertos: diálogos que chirrían, personajes planos que solo están ahí para ejercer de víctimas del monstruo y supuestos expertos que actúan de la manera más torpe y menos profesional posible cometiendo errores absurdos (sí, como en Prometheus, aquí también tocan lo que no deben a pesar de conocer perfectamente los protocolos), situaciones que rozan la comedia involuntaria, una línea temporal excesivamente confusa, ejecución irregular y arrítmica, y un final muy predecible.

Afortunadamente, también hay alicientes para hacer más llevadero el chasco. El primero de todos es su notable ambientación y apartado visual. Si obviamos al neomorfo bebé, una criatura digital que parece más propia de finales de los 90 que de 2017 (y que recuerda a los infames xenomorfos de Alien 3), Alien: Covenant entra muy bien por los ojos. Como adelantábamos antes, esta entrega es más oscura, más sangrienta e inquietante, y posee una cualidad pesadillesca muy marcada (otra cosa quizá no, pero Scott conserva su capacidad para provocar con sus imágenes). Por otro lado, la acción también cumple, con set pieces contundentes y enfrentamientos con los aliens de una violencia gráfica mucho más cafre de lo que esperábamos. Pero lo más destacable de la película es quizá el papel de Michael Fassbender, que ha acabado adquiriendo una importancia capital en la cronología de Alien.

El actor alemán interpreta a un nuevo androide, Walter, una versión simplificada de David, el humano sintético de Prometheus que reaparece aquí convertido en un megalómano que recita Ozymandias, adora “La entrada de los dioses al Valhalla” de Wagner (obviamente), y por si no ha quedado claro ya, aspira a ser Dios y controlar toda la creación. Las interacciones entre David y Walter (excelente planificación para unirlos en escena) nos dejan los tramos más interesantes del film, pero también los más delirantes y excéntricos, alguno incluso cargado de tensión sexual entre ambos robots (todo un sueño para admiradores de Fassbender y creadores de fan fiction y fan art). De hecho, David y Walter son los personajes más definidos y complejos de la película, paradójicamente más que cualquiera de los humanos: una más bien insulsa Katherine Waterson se queda a años luz de Ripley, incluso de Elizabeth Shaw, y el resto de tripulantes son intercambiables, incluido el ya habitual personaje gay de blockbuster que si pestañeas no te enteras de que lo es.

Alien: Covenant arranca muy bien, proyectando ecos de la Nostromo, rescatando la estética original de Alien (como se ve ya desde los pósters promocionales) y devolviendo el terror más angustioso a la saga, pero a medida que avanza deriva hacia lo que siempre ha sido (y lo que muchos temíamos): la segunda parte de Prometheus. Tiene sentido, Scott está uniendo lo que comenzó en 1979 con lo que reinició en 2012, los Ingenieros con los xenomorfos, pero el resultado de este proceso es por ahora muy inconsistente. Por un lado, Alien: Covenant funciona correctamente como blockbuster de acción, aunando el factor espectacular con una inclinación más poética y filosófica que resulta en una fusión a ratos extrañamente hipnótica. Pero por otro, falla como intento de reencauzar una saga que parece tener claro hacia dónde se dirige, pero no tanto cómo llegar a su destino.

Nota: ★★★

Aliados: Viaje nostálgico al Hollywood dorado

Brad Pitt y Marion Cotillard son los flamantes protagonistas de Aliados (Allied), la última película dirigida por Robert Zemeckis, que llegó a los cines en pleno huracán mediático causado por el divorcio de Pitt y Angelina Jolie, y aterriza en Blu-ray, Ultra-HD y DVD de la mano de Sony Pictures  Home Entertainment meses después de que la tempestad se haya calmado, otorgando el tiempo y la perspectiva suficiente para valorar el film al margen de las historias que llenaron el papel cuché el pasado año.

Aliados es un regreso nostálgico a la Edad de Oro de Hollywood, un thriller romántico de espías protagonizado por dos glamourosas estrellas que se nutre directamente de las grandes obras maestras del género en los años 40 y 50, principalmente de Casablanca. La película nos presenta al oficial de inteligencia norteamericano Max Vatan (Pitt) y a la luchadora francesa de la Resistencia Marianne Beausejour (Cotillard), dos espías que, sin conocerse previamente y con apenas un minuto de preparación, se deben hacer pasar por marido y mujer para llevar a cabo una misión suicida desde las líneas enemigas. Tras el éxito del ataque contra los nazis, Max y Marianne se enamoran y se van a vivir a Londres, sin embargo, su relación se ve amenazada por las presiones de la guerra y la sospecha de que uno de ellos podría estar trabajando para el enemigo.

Efectivamente, Aliados recuerda inevitable y muy convenientemente a Sr. y Sra. Smith, la película que dio origen al romance entre Pitt y Angelina Jolie. Pero está ambientada durante la Segunda Guerra Mundial, lo que le da esa atmósfera retro que Zemeckis sabe recrear con suma elegancia. El enfoque clásico que el director da a la película compensa el hecho de que su historia no sea demasiado original o especialmente profunda (y eso que al guión está el estimable Steven Knight). El primer acto de Aliados pone énfasis en la acción y el romance, y su muy cinematográfico paso por Casablanca nos deja imágenes de indudable buen gusto (gracias tanto al diseño de producción como al fabuloso vestuario de sus estrellas), haciendo que el film sobresalga sobre todo por su lustrosa superficie. Aunque puedan faltar alicientes más allá de esto, lo cierto es que a medida que la trama avanza y se nos introduce en el nudo del conflicto, Aliados empieza a resultar más interesante. La intriga y el juego de sospechas en el que se ven envueltos los protagonistas proporciona uno de los ganchos más infalibles del cine de espías: ¿Estarán fingiendo su amor para llevar a cabo una misión o su enamoramiento será real? Esta es la idea que bombea la película y que nos deja los mejores momentos.

En cuanto a la afinidad entre la pareja protagonista, hay cierta desigualdad en el compromiso de los actores de cara al proyecto. Cotillard está al 100%, y es ella quien más destaca interpretativamente (su porte, su fuerza magética, su expresividad, su mirada, todo lo que ha convertido a la francesa en una de las mejores actrices de su generación está ahí), mientras que Pitt no está tan metido como ella. Por suerte, el guion descansa bastante en el personaje de Cotillard, y nos deja escenas memorables en las que podemos disfrutar de la actriz dominando la acción y disparando la metralleta con el garbo que la caracteriza. Al final, la distancia que parece haber entre ella y Pitt no desentona con el argumento y hace que realmente parezca que estamos asistiendo a un romance del Hollywood clásico, besos herméticos incluidos.

A pesar de ser más bien un trabajo cosméticoAliados es un thriller muy correcto y eficaz con buenos momentos de tensión y glamour para parar un avión de guerra, un trabajo decididamente clásico hecho para agradar al público general, que está llamado a disfrutar de una vida muy fértil en las sobremesas televisivas. Lo de Pitt, Jolie y Cotillard, en vez de perjudicar al film, en cierto modo le da un aura más clásico aún. ¿Qué sería de una película de la Edad Dorada del cine sin los rumores tras las cámaras y las habladurías sobre la relación entre los protagonistas? Aliados es de esas películas de siempre, un viaje al pasado con todas las de la ley.

aliados-blu-rayAliados ya está disponible en Blu-ray, Blu-ray Edición Metálica, 4K Ultra HD y DVD gracias a Sony Pictures Home Entertainment.

La edición en Blu-ray incluye los siguientes contenidos adicionales:

– De los platós al Sáhara: El diseño de producción de Aliados

– A través del objetivo: La dirección de Robert Zemeckis

– Puntada con hilo: El vestuario de Aliados

– Luces, píxeles, y ¡ACCIÓN! Los efectos visuales de Aliados

– Al ritmo de swing: La música de Aliados

Crítica: Z, la ciudad perdida

Tras su buena acogida en el Festival de Cine de Berlín llega Z, la ciudad perdida (The Lost City of Z) la nueva película del aclamado director James Gray (El sueño de Ellis, Two Lovers, La noche es nuestra), un poema de amor al cine clásico de aventuras con un estupendo reparto encabezado por la estrella en alza Charlie Hunnam (Sons of Anarchy), que comparte cartel junto a Sienna Miller, Robert Pattinson y Tom Holland.

Percy Fawcett (Hunnam) es un soldado deseoso de condecoración y reconocimiento que, a pesar de su buen hacer en el campo de batalla, se mantiene fuera del círculo cerrado de la alta sociedad debido a la categoría de su apellido. Desesperado por alcanzar la gloria y recibir validación por parte de sus colegas, accede a participar en una expedición topográfica de la Royal Society para cartografiar los lugares más remotos de la Amazonia boliviana, viaje en el que se embarca dejando atrás a su mujer (Miller), embarazada de su primer hijo (Holland). Una vez allí, Fawcett quedará fascinado por la peligrosa jungla, de la que escapará con vida a duras penas tras descubrir vestigios de antiguas civilizaciones perdidas. Así es como este encuentra un nuevo objetivo vital, una pasión que le llevará de vuelta a la selva, convencido de que allí se oculta una metrópolis secreta, la misteriosa ciudad de Z, y que le hará enfrentarse a la escéptica comunidad científica y distanciarse de su familia.

Basada en los hechos reales relatados en el libro de David Grann, Z, la ciudad perdida es la historia de una obsesión protagonizada por un hombre cegado por el deseo de honor e inmortalidad. La película se divide en tres segmentos que corresponden a cada una de las expediciones que Fawcett llevó a cabo a lo largo de dos décadas, y que dibujan un mapa de la evolución mental del personaje, de la desesperación a la convicción más absoluta. Gracias a sus hermosas imágenes, su inspirada banda sonora y su envolvente atmósfera, Gray nos hace partícipes de la empresa personal del protagonista, trazando un relato imbuido de romanticismo y poesía con el que se nos transporta por completo al pasado, concretamente a una época de tumulto e incertidumbre en la que se están produciendo cambios científicos que darán paso a una nueva era.

poster-z-la-ciudad-perdidaZ, la ciudad perdida es puro clasicismo contemporáneo. El film remite sobre todo al Hollywood de los 40 y los 50, enmarcándose en la tradición de películas de aventuras como Las minas del rey Salomón, mientras que ciertos pasajes recuerdan al lirismo de Terrence Malick. Todo envuelto en un impecable acabado visual, gracias a las preciosas imágenes filmadas en la naturaleza. Sin embargo, Z tiene varios problemas que hacen menos llevadero el viaje. Por un lado, el ritmo puede resultar exasperante (la estructura en tres partes hace que la acción se quede drásticamente interrumpida y que la sensación de vuelta a empezar lastre la historia), y por otro, Hunnam no está a la altura de la intensidad requerida para su personaje, ofreciendo una interpretación algo forzada (Miller y Holland están mucho mejor que él), problema que acentúan unos diálogos más bien acartonados y excesivamente explicativos. Esto hace que a Gray le cueste rasgar la superficie y profundizar de verdad en el conflicto interno de Fawcett.

Afortunadamente, su último tercio sirve para compensar todo esto. La tercera expedición de Fawcett no nos proporciona un clímax tradicional (quien espere un final satisfactorio a lo blockbuster que siga buscando, esta película no busca complacer y se le agredece), sino una catarsis emocional en forma de la reconciliación de un padre y un hijo que lleva hacia un precioso desenlace onírico con el que la película por fin alcanza el estado de trascendencia.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: Nunca digas su nombre (Bye Bye Man)

THE BYE BYE MAN

Si un árbol cae en el bosque y no hay nadie cerca para oírlo, ¿hace algún ruido? Si la caja está cerrada, ¿el gato está vivo o muerto? ¿Existe El Hombre del Saco solo si se cree en él? Sobre estas ideas filosóficas y metafísicas se basa la premisa de Nunca digas su nombre (Bye Bye Man), cinta de terror dirigida por Stacy Title (realizadora de La última cena, aquella mítica comedia negra de los 90) que presenta a un nuevo asesino sobrenatural para sumarse a las filas de Freddy Krueger, Pennywise o Jigsaw.

La idea de Nunca digas su nombre recuerda vagamente a la reciente Nunca apagues la luz (de ahí seguramente que el título en español se parezca tanto, cuando en versión original ambos son muy distintos), y gira en torno a una amenaza que no existe o no puede manifestarse hasta que sus víctimas le ceden el paso a su mundo. Mientras que en Nunca apagues la luz la asesina solo tomaba forma corpórea en la oscuridad, en Nunca digas su nombre, el Hombre del Saco aparece cuando sus víctimas aprenden su nombreBye Bye Man. Decir en voz alta o incluso pensar “Bye Bye Man” libera al demoníaco ente encapuchado (el mítico Doug Jones), que acompañado de un sabueso infernal, dará fin a sus víctimas de la forma más despiadada, no sin antes enloquecerlas.

Basada en el relato corto The Bridge to Body IslandNunca digas su nombre parte de un concepto semi original para dejarnos la misma película de leyendas urbanas y casas encantadas de siempre, pero con un toque extra de camp. En este caso, en lugar de una familia, son tres universitarios los que se mudan a una vieja casa en la que tienen lugar acontecimientos extraños y donde se esconden oscuros secretos del pasado. Los protagonistas, una pareja de prometidos y su mejor amigo, que por alguna inexplicable razón han creído buena idea irse a vivir juntos, descubren la existencia de Bye Bye Man, a quien liberan cuando uno de ellos halla su nombre escondido en la mesilla de noche, bajo la siniestra advertencia “No lo digas, no lo pienses”. A partir de ahí, empezarán a oír y ver cosas extrañas en la casa, puertas que se cierran de golpe, ruidos en la madrugada, presencias hostiles (en resumen, lo de siempre). Los tres intentarán mantener su existencia en secreto para evitar que más gente aprenda su nombre y se exponga a una muerte segura, pero para conseguirlo tendrán que presenciar, incluso cometer, las mayores atrocidades.

nunca digas su nombre cartelDe nuevo, estamos ante una película de terror que parte de una idea jugosa y con mucho potencial, pero que inevitablemente se pierde en los clichés del terror de multicines hecho para lucrarse con miles de secuelas. Sobresaltos traicioneros, diálogos sonrojantes, situaciones inverosímiles en las que todos actúan de la manera más absurda posible, violencia muy light y con poca sangre, para ajustarse a la calificación para mayores de 13 años (además, el film llega censurado, con una escena de sexo recortada), ineptas fuerzas de la ley… Nunca digas su nombre surge a rebufo de dos de los films de terror más interesantes de los últimos años, BabadookIt Follows, proponiendo un tipo de asesino en serie fantástico más abstracto y metafórico, pero no logra llevar su concepto a buen puerto por culpa de un desarrollo sin pies ni cabeza y una falta absoluta de personalidad en todos los aspectos.

Nunca digas su nombre no es solo la película de miedo de siempre, sino que tampoco tiene ningún tipo de aliciente visual que compense su naturaleza de sucedáneo de mil y otros films (el asesino es una copia de Jigsaw y su mascota una creación digital lamentable), resultando poco inspirada en todos los departamentos (curiosamente se salvan los actores, bastante decentes teniendo en cuenta las circunstancias). En lugar de aterrorizar o inquietar, la película se convierte a golpe de situaciones estúpidas, personajes irritantes y diálogos embarazosos en toda una comedia involuntaria. A las pobres Carrie-Ann Moss y Faye Dunaway, que tienen pequeños papeles secundarios en el film, se les ve en la mirada: “¡Sacadme de aquí!”

Pedro J. García

Nota: ★½

Passengers: Oscuro cuento de hadas en el espacio [Reseña Blu-ray]

Chris Pratt; Jennifer Lawrence

Por separado, el poder de Jennifer Lawrence y Chris Pratt es imparable. Imaginaos lo que pueden hacer juntos. O mejor no os lo imaginéis, porque ya podéis comprobarlo con vuestros propios ojos. Morten Tyldum (The Imitation Game) reúne a dos de las mayores estrellas del Hollywood actual en Passengers, una odisea de ciencia ficción hecha a medida para los dos rubísimos y guapísimos actores, que se aguantan sobre sus tersos y tonificados hombros casi la totalidad de la película. Passengers es un carísimo vehículo de lucimiento para Lawrence y Pratt, y no se oculta en ningún momento. Pero hay mucho más. Despierten y vean.

Jim Preston (Pratt) y Aurora Lane (Lawrence), un brillante mecánico y una periodista en busca de nuevos retos, son dos de los pasajeros a bordo de la Avalon, una nave espacial que se dirige hacia otro planeta para iniciar una colonia humana. Los 5.000 pasajeros que viajan en ella se encuentran en estado de criogenización, en cápsulas programadas para despertarlos cuando la nave llegue a su destino, después de 124 años de trayecto. Sin embargo, el viaje toma un giro inesperado cuando las cápsulas de hibernación fallan misteriosamente y Jim y Aurora despiertan 90 años antes de tiempo. Con la única compañía de un barman androide (Michael Sheen) llamado Arthur, ambos intentarán averiguar el motivo que se esconde tras el fallo y arreglarlo para reanudar su hibernación y poder sobrevivir. Sin embargo, la situación se complica y los dos se enfrentan a la posibilidad de tener que vivir el resto de sus existencias solos en el espacio. Por supuesto, el roce (y la soledad) hace el cariño, y la innegable atracción que hay entre ambos resulta en un romance de proporciones intergalácticas.

Sin embargo, un oscuro secreto amenaza con salir a la luz y truncar la relación de Jim y Aurora. Y ahí está el quid de la cuestión. Passengers esconde algo que no se mostró en ninguna promoción (posiblemente para evitar el posible rechazo de los espectadores, o si tenemos el día menos cínico, quizá para no estropear el factor sorpresa), pero que precisamente fue de lo que más se habló en cuanto la película llegó a los cines; un punto de inflexión en la trama que cambia por completo nuestra percepción de la historia y los protagonistas, y transforma el tono simpático y romántico del film en algo más escabroso de lo que anticipábamos. Esta controvertida decisión despertó numerosas críticas e hizo que muchos se preguntaran si era la mejor vía para contar la historia, lo cual es comprensible. Pero en mi opinión, el infame giro es precisamente lo que hace que la película sea (potencialmente) más interesante y arriesgada. Por desgracia, la necesidad de un final “feliz” socava cualquier intento de llegar a una conclusión moralmente satisfactoria. Pero mejor no detenernos en esto, porque queremos evitar los spoilers para aquellos que aun no la hayan visto, y porque Passengers es mucho más que ese gimmick narrativo (aunque muchos detractores no consigan o quieran pasar de él, lógicamente por otro lado).

Chris Pratt

Ante todo, Passengers es un regalo para los ojos. Ya hemos dejado claro que, los que disfruten con simplemente mirar a Lawrence y/o Pratt, tienen aquí todo lo que siempre soñaron, ya que la cámara se recrea constantemente en sus estupendos físicos. Gracias al impresionante fondo de armario de la Avalon, los actores se lucen a base de bien (y ojo, que también hay desnudos, como anunció Pratt durante la promoción: “Venid por mi culo, quedaos por la historia”), pero este no es el único reclamo de la película. El magnífico diseño de producción y los excelentes efectos digitales convierten Passengers en un espectáculo de ciencia ficción de factura impecable que recoge su inspiración sofisticada y minimalista de películas del género como 2001: Una odisea del espacioMoon, incluso WALL-E, además de hacer algún que otro guiño a El resplandor (las conversaciones de Jim con Arthur recuerdan a las escenas de Jack Torrance en el bar de la película de Kubrick). Es decir, Passengers es una gozada en el aspecto técnico y visual.

Pero además, la película propone algo distinto a lo que estamos acostumbrados dentro de la ciencia ficción y las superproducciones de Hollywood, con una historia que es en esencia una comedia romántica ambientada en el lugar más imposible, un escenario poco frecuente y lleno de posibilidades. Es más, aunque sus protagonistas ya no sean adolescentes (Lawrence tiene 26 años y Pratt 37), Passengers puede ser considerada una película young adult, incluso un cuento de hadas futurista (obviamente, el nombre de Aurora, la Bella Durmiente, no está escogido al azar, aunque en realidad tiene mucho más que ver con La Bella y la Bestia). Es cierto que puede pecar de simplona y que su guion no es precisamente ninguna filigrana (más sobre este tema después), pero por fin nos llega un blockbuster original. Como hemos dicho, está claro que la película bebe de muchos otros títulos sci-fi y su premisa (un humano despierta solo en el mundo/la supervivencia de la humanidad depende de una persona) se ha hecho muchas veces, pero aun recordando a muchas cosas a la vez logra tener su propia personalidad, y además, está el refrescante añadido de no estar ante una revisión, secuela o refrito. No lo es todo, por supuesto, pero es un aliciente importante.

Sin embargo, Passengers no consigue aguantar el tipo hasta el final, por culpa de una historia muy cogida con pinzas. La primera mitad de la película funciona mucho mejor que la segunda. En ella, Pratt insiste en hacer el mismo personaje de siempre, una nueva variación de Starlord y Andy Dwyer (ese canalla simpático con un punto infantil, con showdown musical incluido), pero también da señas de estar evolucionando como actor (destaca en las escenas dramáticas) y se consolida como un protagonista infalible, protagonizando su propia mini-Náufrago (o mini-Marte), y demostrando que se vale él solito para mantenernos enganchados a la historia. Gracias a él, Passengers funciona perfectamente como comedia durante su divertido primer acto, donde Pratt despliega todo su arsenal para hacernos reír y conectar con su personaje. En el segundo, el film vira hacia el romance puro y se beneficia de la enorme química que hay entre los dos protagonistas. Las chispas saltan desde la pantalla cuando Pratt y Lawrence están juntos. Cabía la posibilidad de que el carisma similar de estos actores se anulara mutuamente, pero nada más lejos de la realidad, hacen una pareja perfecta. Su historia de amor, aunque edulcorada y éticamente problemática, convierte Passengers en algo muy sexy y magnético.

Chris Pratt; Jennifer Lawrence

Pero como decía, todo se tuerce durante la recta final. El clímax da énfasis a la acción, dejando sin explorar debidamente las consecuencias de los actos de sus personajes, y resolviendo su historia de forma torpe y precipitada. No solo eso, sino que a medida que la película se acerca a su desenlace, quedan al descubierto cada vez más agujeros narrativos que no se consiguen tapar (quizá no os extrañe que el guionista de Passengers, Jon Spaihts, co-escribiera Prometheus) y la intensidad de las escenas de acción desata lo peor de Lawrence, cuya interpretación se vuelve de repente excesivamente histriónica y sobreactuada (como en Los Juegos del Hambre, solo que aquí está más fuera de lugar). En definitiva, no se aprovechan todas las posibilidades de la historia, recurriendo a la acción por la acción sin molestarse en desanudar debidamente el argumento, con un final confuso y lleno de deus ex machina que anula las posibilidades de profundizar de verdad en los temas que trata la película.

Después de todo, Passengers resulta ser mucho más tonta de lo que creíamos. Pero se le puede perdonar porque también es irresistible, y porque hasta que se pierde en su tercer acto, juega muy bien sus cartas. A pesar de sus defectos, hay mucho que disfrutar en ella. Sus atractivos protagonistas, su sentido del humor, su imponente factura visual e imaginativas secuencias de acción (memorable la escena de la piscina a gravedad cero), su naturaleza pop (ese guiño a Dirty Dancing es toda una declaración de intenciones, un indicio de que la película está hecha para formar parte del mainstream en el que reinan Pratt y Lawrence), sin olvidar la fantástica banda sonora de Thomas Newman, hacen de Passengers una experiencia cinematográfica muy efectiva, casi un placer culpable. Tanto énfasis en lo de “placer” como en lo de “culpable”.

Reseña del Blu-ray

Passengers ya está a la venta en España, de la mano de Sony Pictures Video. La película ve la luz en múltiples ediciones: Blu-ray, Blu-ray 3D, Blu-ray Edición Metálica, Blu-ray Edición Especial con guion + postales (exclusiva fnac), 4K Ultra HD y DVD.

passengers-blu-rayLas ediciones en Blu-ray y Ultra HD vienen cargadas de contenidos adicionales: las featurettes “En el rodaje con Chris Pratt”, “El reparto de Passengers” y “Creando el Avalon”, donde se nos permite echar un vistazo a la creación de la película, desde su aspecto narrativo y el trabajo de sus actores hasta el diseño de producción, con especial hincapié en la impresionante nave en la que transcurre íntegramente la acción, una delicia del diseño sci-fi. Además, escenas eliminadas y el especial “Busca tu billete”, donde podrás ver lo que te espera si te embarcas junto a la Homestead Company en busca de una nueva vida (si se nos garantiza que tendremos de acompañantes Law y Pratt no hará falta que nos convenzan mucho).

Finalmente, el Blu-ray incluye dos extras exclusivos: más escenas eliminadas y un mini-documental titulado “El espacio en la pantalla”, sobre otro de los elementos más destacados y logrados de la película, los efectos visuales.

En cuanto a la calidad de imagen y sonido, Passengers no puede puede sino llevarse un sobresaliente. Sus planos presentan una gran nitidez y definición, y los interiores ampliamente iluminados y las secuencias espaciales lucen estupendamente en alta definición. En resumen, una experiencia que merece la pena disfrutar en HD.

Animales nocturnos: Hermosa crueldad [Reseña Blu-ray]

Actores que se meten a estrellas de pop, cantantes que persiguen el Oscar en interpretación, novelistas que prueban a ser guionistas… La industria del espectáculo, como cualquier otro ámbito, siempre ha estado llena de gente que intenta salir de su zona de confort profesional para probar a ver si puede hacer lo mismo que los demás. Intrusismo, nepotismo, oportunismo… Muchos de ellos no nos dan razones para justificar el salto a lo “desconocido” más allá del mero capricho, pero hay unos pocos que lo argumentan con pruebas convincentes. Sería el caso de Tom Ford, el famoso diseñador de moda que en 2009 sorprendió gratamente con su primera película como director, Un hombre soltero (A Single Man), una obra sensible y profunda que atestiguaba que, además de su evidente talento para lo estético, Ford tenía muy buena mano para contar historias y caracterizar personajes.

Han tenido que pasar unos años para que el modisto/realizador se aventure con su segunda película, Animales nocturnos (Nocturnal Animals), pero la espera ha merecido la pena, ya que con ella demuestra que lo suyo no fue la suerte del principiante, sino que efectivamente Ford tiene verdadero talento cinematográfico. Oscura, sensual y elegantemente imperfecta, Animales nocturnos continúa la disección que Ford inició de las esferas más altas de la sociedad con su opera prima, de la gente distinguida y refinada que se ahoga en sus jaulas de diseño y deambula en sus acomodados vacíos existenciales (ya sabéis lo que dicen, “escribe sobre lo que conoces”). Pero amplía sus horizontes como autor añadiendo un componente de suspense que al final (y afortunadamente) acaba dominando la película.

Basada en la novela Tony and Susan de Austin WrightAnimales nocturnos se centra en Susan Morrow, una exitosa galerista de Los Ángeles interpretada por Amy Adams (en uno de sus dos grandes papeles de 2016, junto a La llegada) que comparte su privilegiada vida con su segundo marido, un empresario y heredero con aspecto de príncipe azul moderno (Armie Hammer). Un fin de semana en el que este se encuentra en uno de sus viajes de negocio, Susan recibe un paquete en el correo. Se trata de un borrador de la novela escrita por su ex marido, Edward Sheffield (Jake Gyllenhaal), del que lleva diecinueve años sin saber nada. Susan comienza a leer el libro, que Edward le ha dedicado personalmente, y se ve inmediatamente atrapada y devastada por su contenido. La novela, titulada Animales nocturnos, es un thriller violento y demoledor que obliga a Susan a recordar su historia de amor con el autor, truncada por la diferencia de clases y la ambición, y revivir las decisiones que la han llevado hasta el lugar en el que se encuentra. Así, Susan descubrirá que las palabras que ha escrito Edward son en realidad dardos envenenados dirigidos hacia ella, el resultado de un plan vindicativo gestado a lo largo del tiempo.

Animales nocturnos es dos películas en una. Por un lado un drama psicológico centrado en explorar la psique de una mujer arrepentida en plena crisis de mediana edad y la confeccionada realidad en la que vive, y por otro un crudo e intenso thriller de venganza clásico. El choque de estilos provoca un contraste muy interesante, aunque también desconcertante. Y es que a Ford le cuesta dar cohesión a los dos segmentos entrelazados del film, resultando en un ritmo descompasado y una mayor dificultad para conectar con la historia de su protagonista. Pero en el fondo, se trata de eso precisamente: las escenas que transcurren en la realidad se experimentan como interrupciones de la asfixiante historia de ficción que la condiciona, poniendo en perspectiva los problemas de Susan. Es decir, Animales nocturnos (el libro) es un castigo para ella, una horrible tragedia vivida por una familia de clase media creada no solo para hacer daño a Susan (Isla Fisher, siempre comparada con Adams, interpreta en un giro muy astuto y meta a su “alter ego” en el libro), sino también para hundirla aun más en sus rich people problems. Y eso es lo que, en última instancia, da coherencia al film, que sus dos partes, por muy dispares que sean, hablan de lo mismo, que ambas forman una inquietante historia de venganza.

Para pertenecer al 1%, Tom Ford tiene una visión muy autoconsciente del mundo privilegiado en el que vive y una gran capacidad como observador social. Aunque a veces sea difícil distinguir entre la pretensión y la autocrítica, la película posee cierta maliciacualidad satírica que se manifiesta en los pequeños detalles. Un iPhone hecho añicos que no hace ni pestañear a su dueña, compañera de la galería de Susan interpretada por Jena Malone (“Da igual, de todos modos mañana salía el nuevo”), un discurso sobre la relatividad de la tragedia según la posición social que suena tan autocomplaciente como cínico (que seamos ricos no quiere decir que no suframos por nuestras cosas), un rostro esperpénticamente modificado por la cirugía estética que se convierte en objeto de burla, o la impactante exposición con la que Ford abre la película, ¿provocación sublime o arrogante? En realidad no importa, ya que resulta igualmente fascinante.

Aaron Taylor Johnson

En cualquier caso, el verdadero golpe que Ford asesta al espectador ocurre durante la parte “ficticia” del film. Como hemos dicho, el director lleva a cabo una película dentro de otra, un intenso y grotesco thriller, que, como no podía ser de otra manera, se ambienta en la América profunda (Texas para ser más concretos), ese decadente e insalubre escenario en el que se desarrollan los crímenes más atroces, las cacerías más sanguinarias, donde la locura es tan común como la obesidad mórbida. Allí, Ford lleva a cabo un sobresaliente ejercicio de tensión narrativa y puesta en escena con el que sume al (segundo) personaje de Gyllenhaal, Tony (y por ende al de Adams, y al espectador), en una horrible pesadilla sin salida. Le acompañan un mayúsculo Michael Shannon y un explosivo Aaron Taylor-Johnson, que apunta directamente a los nervios dando vida a un paleto desquiciado en la que es una de sus mejores interpretaciones hasta la fecha. La historia de Tony (desgarrador Gyllenhaal) es tan absorbente e implacable, que cada vez que Susan tiene que dejar el libro desbordada por sus páginas, debería suponer un respiro para el espectador, pero en realidad nos saca violentamente de lo que verdaderamente nos interesa.

Es cierto que, a pesar de filmar con un gusto indudablemente exquisito, Ford no hila ambas partes de la historia de la manera más fluida, además de que la de Adams puede resultar excesivamente fría, incluso superficial, por no hablar de los numerosos clichés que la componen. Sin embargo, aun con sus problemas, Animales nocturnos es una obra cinematográfica profundamente estimulante y embriagadora, un trabajo de altura con el que Ford deja clara su ambición y desvela que su talento solo es equiparable a su crueldad.

Reseña del Blu-ray

Animales Nocturnos ya está a la venta en España, de la mano de Universal Pictures, con ediciones en Blu-ray y DVD.

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La edición en Blu-ray llega escasa de contenidos adicionales, incluyendo únicamente un making of. El documental, de 11 minutos, incluye interesantes entrevistas con el equipo y los principales miembros del reparto, y se divide en tres segmentos. El primero dedicado a la historia, el segundo al look de la película y el tercero a su director, Tom Ford.

A pesar de la falta de extras, merece la pena adquirirla en alta definición por la fantástica calidad de vídeo e audioAnimales nocturnos es una película evidentemente oscura. En otras ocasiones esto hace que la imagen pierda definición y el grano aumente demasiado, dificultando el visionado de las escenas sombrías, pero afortunadamente esto no ocurre aquí, donde el film se mantiene nítido y con el grano justo para transmitir la sensación de estar viéndolo en el cine. El contraste y la definición de la imagen es sobresaliente, resaltando la fotografía fría y oscura en lugar de convertirla en un inconveniente. Un alivio teniendo en cuenta la suma importancia de la estética en el film y su precioso acabado.

Crítica: El Círculo

THE CIRCLE

¿Estamos usando bien la tecnología y las redes sociales? ¿Son una herramienta para hacer la vida más fácil o un instrumento para manipularnos y esclavizarnos? ¿Hemos sacrificado por completo nuestra privacidad y regalado nuestra vida a las empresas? Estas son algunas de las preguntas que muchos nos hacemos a diario navegando en Internet, y que James Ponsoldt se plantea en El Círculo (The Circle), thriller de ciencia ficción ambientado en un futuro no muy lejano e incómodamente familiar, protagonizado por Emma Watson, Tom Hanks, Karen Gillan y John Boyega.

Basada en la novela homónima de Dave Eggers (Donde viven los monstruosEsperando al rey), El Círculo se presenta como una fábula futurista para advertirnos entre otras cosas de los peligros de la hiperconectividad y la deshumanización que se puede derivar de ella. La historia empieza con Mae Holland (Watson), una joven teleoperadora que cumple su mayor sueño al entrar a trabajar en The Circle, la compañía tecnológica más grande del mundo. The Circle es un imperio -construido a base de guiños a Google o Apple– dirigido por el gurú Eamon Bailey (Hanks en un personaje claramente inspirado en Steve Jobs), que posee el monopolio de la información en Internet. Mae comienza su nuevo empleo ilusionada por su ascenso laboral y por la oportunidad de ayudar a su padre (Bill Paxton), que sufre esclerosis múltiple, pero a medida que va descubriendo el funcionamiento interno de la empresa empezará a cuestionarse hasta qué punto está abusando de su poder y controlando la vida de las personas, incluida la suya.

Un acontecimiento, sin embargo, hace que Mae cambie de opinión sobre El Círculo y se entregue a su doctrina, convirtiéndose por ¿voluntad propia? en el sujeto de un innovador experimento que propone transparencia absoluta en Internet. Para ello, la chica accede a llevar una micro-cámara que retransmite su vida a sus seguidores las 24 horas del día. Todo forma parte del plan de la empresa para seguir aumentando su influencia sobre la sociedad (y en última instancia su dominio de la democracia y el conocimiento humano), pero Mae está convencida de estar haciendo lo correcto, aunque su decisión afecte profundamente la vida de sus amigos y su familia.

THE CIRCLE

Si hemos llegado hasta aquí sin mencionar Black Mirror es precisamente porque estábamos llevando a cabo nuestro propio experimento: ¿Cuántas veces habéis pensado en la popular serie antológica británica leyendo los párrafos anteriores? Efectivamente, El Círculo es básicamente un episodio extendido de Black Mirror, en concreto “Nosedive”, el excelente número de apertura de su nueva temporada en Netflix. Pero además de compartir núcleo temático e ideas con el capítulo protagonizado por Bryce Dallas Howard, El Círculo contiene claras reminiscencias de otras distopías de ciencia ficción como La isla o la reciente Nerve (Un juego sin reglas), cintas que dibujan como advertencia una posible sociedad futura basada en lo que ya está ocurriendo en el presente.

En teoría, todo esto es muy interesante, pero el mensaje de la película se ve empañado por un tratamiento narrativo sin pies ni cabeza y una terrible construcción de personajes, en especial la de la volátil protagonista, que cambia de personalidad y opinión según las necesidades de la historia y del modo menos natural posible (menos natural que los acentos del reparto). Lo mismo ocurre con el personaje de Karen Gillan, la mejor amiga de la protagonista y quien le consigue su nuevo trabajo, una workaholic incansable y devota de The Circle que de la noche a la mañana y sin ninguna explicación se convierte en un desastre andante y una fuerte detractora de la empresa. Y mejor no hablar del personaje de John Boyega, que se presenta como una pieza clave del juego para básicamente desaparecer en la segunda mitad. Por si esto fuera poco, El Círculo llega unos años tarde, aportando reflexiones y lecciones morales que ya se antojan caducas, exponiendo ideas anti-tecnología de la forma más maniquea, y proponiendo soluciones fáciles y poco realistas a un problema muy complejo (todos sabemos qué puede ayudar a mejorar la tecnología, el problema es averiguar cómo ponerlo en práctica).

THE CIRCLE

La primera hora de El Círculo pone los cimientos de una historia con mucho potencial y se desarrolla encontrando un acertado equilibrio entre el drama, el suspense y la sátira. Donde más da en la diana es a la hora de retratar la compañía, a sus empleados y sus usuarios como si fuera una secta, arrojando luz sobre lo enfermizo que puede llegar a ser el comportamiento en el mundo digital y elaborando una crítica acerca del sistema invasivo y omnipresente en el que al parecer hemos elegido vivir. No obstante, las buenas intenciones se van al garete por un guion muy tonto y efectista, lleno de incongruencias, clichés y conclusiones dignas de un ensayo de secundaria. Afortunadamente y a pesar de todo esto, la película se las arregla para no aburrir nada, y además nos permite decir algo que no se puede decir siempre: sorpresa, Watson lo hace bastante bien.

Pedro J. García

Nota: ★★½