Crítica: Amar

amar-1

¡Ay amor, que despierta a las piedras! ¡Ay de aquel que no te sienta alrededor! El amor, el sentimiento más puro, placentero y dañino que puede (y debe) experimentar un ser vivo a lo largo de su existencia. ¡Tantas veces nos quitas la pena, como tantas es amargo tu sabor! Amar de Esteban Crespo se acerca a ese sentimiento en una de sus etapas más volubles: la adolescencia. La etapa en que amar es morirse de amor.

En este su debut en largo, el ganador de un Goya y candidato al Oscar a mejor cortometraje de ficción por Aquel era yo, nos muestra la relación amorosa entre Laura y Carlos a lo largo de un año. Puede que esta no sea su primera incursión en terrenos románticos, pero sí que es la primera vez que ambos sienten ese nosequé que vulgarmente denominamos como amor. Un amor absoluto, un sentimiento supremo que no tiene fin… hasta que lo tiene. Pero no adelantemos acontecimientos. Conocemos a estos dos adolescentes en pleno acto sexual, en un preciosista prólogo en el que no todo sale como estaba planeado, pero que nos convierte en cómplices de su relación. A medida que vamos viendo más encuentros (tanto sexuales como no), nos vamos dando cuenta de que algo no va bien y nuestra complicidad se diluye por momentos. La relación entre Laura y Carlos dista de ser tan idílica como ellos piensan, sino que se acerca más bien a terrenos obsesivos. Una persona madura, como somos nosotros como espectadores o la propia madre de Laura (Natalia Tena, 10.000 km, Juego de Tronos), afirmaría que su amor es altamente tóxico y nada recomendable.

Esa obsesión está presente en todos los juegos y diálogos de Laura y Carlos, y hace que nos preguntemos si estos tortolitos son unos flipados o más bien idiotas y ridículos. Por supuesto que lo son, tan idiotas y ridículos como cualquier pareja enamorada, como los mismísimos amantes de Teruel. El espectador que pueda molestarse debe ser lo suficientemente inteligente como para saber retrotraerse a su adolescencia y recordar esa sensación. Esa incomodidad despertada en el público es uno de los grandes triunfos de la película. El realizador retrata a sus dos protagonistas como lo que realmente son: un niño y una niña que comienzan a jugar en la liga adulta. Puede que su analfabetismo emocional les haga cometer errores y sonar ridículos a oídos de un adulto, pero eso es justamente lo buscado, porque Crespo quiere que sus adolescentes hablen como lo que son, no como treintañeros resabiados, que es como suele representarse a este segmento de población. Esa voz encuentra cuerpo a la perfección en sus dos protagonistas, María Pedraza (que pasa de Instagramer a un más que posible premio Goya revelación por este papel) y Pol Monem (Los niños salvajes) que transmiten a la perfección el apollardamiento adolescente de sus personajes.

amar-2

La adolescencia al desnudo de Amar es un retrato puro, bello y amargo en el que es difícil no sentirse identificado, con todos sus placeres y cagadas, conmoviendo sin necesidad de recurrir a artificiosos trucos dramáticos en forma de suicidios y demás muertes, tópicos muy habituales en este género. Pero el verdadero triunfo es que la película no se centra únicamente en el amor, sino en el preciso momento en que esa persona deja de ser la luz que brilla en la oscuridad. El momento en que ‘morir de amor’ cambia de significado. Un giro nada complaciente en el que Crespo vuelve a hacer gala de una pulcritud ejemplar, mostrando los hechos tal y como son. Sin tomar partido por ninguno de los dos personajes, dejándonos esa labor a nosotros como espectadores… aunque tampoco somos nadie como para juzgar los actos de estos chicos, ya que como la madre de Laura, seguimos haciendo las mismas cagadas emocionales que cuando éramos más jóvenes.

Amar es amar. Amar es morir de amor, sentir tanto que ya ni sientes el corazón… aprender de los errores y volver a caer en otros diferentes. Hasta hacer callo.

David Lastra

Nota: ★★★★½

Bates Motel: Norma + Norman 4ever

bates-motel-the-cord

Aviso: Esta entrada incluye spoilers del final de Bates Motel

En 2013 había mucha curiosidad, pero no demasiada confianza depositada en Bates Motel. Cuando se estrenó esta precuela en clave contemporánea de Psicosis de Alfred Hitchcock, creada entre otros por Carlton Cuse (Perdidos), no había tantos remakes y reinvenciones televisivas de clásicos del cine (y no sabíamos que algunas podían ser tan buenas, como Fargo), y el hecho de que se emitiese en una cadena como A&E, no conocida por la calidad de su ficción, nos hacía arquear a muchos la ceja. La sorpresa fue que, sin ser nada extraordinario, Bates Motel era mejor de lo que esperábamos. Su mayor baza era la estupenda interpretación de Freddie Highmore y Vera Farmiga como Norman y Norma Bates, el corazón de una serie que nos hacía volver principalmente para disfrutar de esa inquietante y excéntricamente conmovedora relación maternofilial. Las dos primeras temporadas de Bates Motel transcurrieron correctamente, a pesar de navegar constantemente en el terreno de lo convencional e incluir bastantes tramas de relleno. Pero a partir de la tercera, y a medida que la historia se acercaba a los acontecimientos de Psicosis, la serie estalló y experimentó una clara evolución ascendente.

Como dije al finalizar su excelente cuarta temporada, con el transcurso de los años Bates Motel había pasado de serie de planchar a serie de calidad. Y una de las razones de este salto cualitativo es un diseño narrativo compacto y cerrado en cinco temporadas, y con la vista fijada siempre en el final, en el film de Hitchcock y el destino de Norma y Norman. Cincuenta episodios que presentan una historia redonda y que, como en Breaking Bad (salvando las distancias), evitan que la serie se vaya demasiado por las ramas. Es decir, Bates Motel se ha despedido en su punto álgido, sin quedarse más tiempo del que debía, con una fantástica quinta temporada en la que la serie ha pasado oficialmente de ser una precuela a un remake. Eso sí, uno muy libre, porque al final, Bates Motel ha preferido seguir los latidos de su propio corazón en lugar de los de la película de Hitckcock, redibujando la historia e introduciendo cambios para llevarla hacia un desenlace distinto, hacia un final cerrado para sus protagonistas. Por ejemplo, esta quinta temporada hemos conocido a Marion Crane, la icónica víctima de Norman encarnada originalmente por Janet Leigh, aquí interpretada (justa pero asequiblemente) por la cantante Rihanna, y hemos visto cómo la mítica escena de la ducha recibía una inteligente vuelta de tuerca que cambiaba los trágicos eventos para traerlos al siglo XXI.

Pero los cambios más significativos han tenido lugar en el personaje de Norman y su evolución como psicópata y asesino en serie, lo que nos ha llevado a unos capítulos finales en los que asistimos al desenlace de su historia de forma definitiva, y no como antesala de Psicosis. Con Norman encerrado a la espera de cargos por las atrocidades cometidas a lo largo de los años, parecía que Bates Motel se dirigía hacia un final anticlimático, pero un giro a última hora hacía que “The Cord”, el último episodio de la serie, proporcionase una conclusión satisfactoria y fuertemente emotiva a la serie, en la que los personajes que no están o no tienen tanto peso en la película original, Dylan (Max Thieriot) y el sheriff Alex Romero (Nestor Carbonell), juegan un papel crucial. El amor es lo que bombea los últimos latidos de Bates Motelel amor, la obsesión y la locura que en este caso se deriva de él, o que se deforma por la enfermedad. El de Alex por Norma, que le hace perderse a sí mismo en busca de venganza, el de Dylan por su hermano, que le lleva a aferrarse al último resquicio de esperanza por él, y por supuesto, el de Norman por Norma, que lo sume en un estado de regresión con el que se nos lleva de nuevo al principio para vivir con él, aunque sea por un momento, en la ilusión de que todo va a salir bien.

norma-bates-bates-motel

Los últimos diez minutos del episodio resumen perfectamente lo que ha sido Bates Motel. Concretamente la “última cena” de Norma y Norman, una de las secuencias más macabras de la serie, en la que Dylan descubre sobrecogido el cadáver de su madre sentado a la mesa esperando que Norman sirva la cena para disfrutar de una velada en familia junto a su madre y su hermano. El violento enfrentamiento de Norman con Romero, y su encuentro posterior con Dylan en la casa de los Bates (ilógicamente sin vigilancia policial, todo hay que decirlo), están cargados de tensión y emociones a flor de piel por parte de todo el reparto, y nos dejan la que es la mejor interpretación de Freddie Highmore en los cinco años de la serie. Normalmente me deshago en elogios hacia la electrizante y sublime Vera Farmiga (¿veis? no puedo evitarlo), pero con su personaje formando parte indivisible de la psique de Norman, en esta ocasión es Highmore quien más se los merece. El desgarro y el compromiso con el que el joven actor abraza el estado final de la enajenación de Norman es digno de todos los laureles y augura un futuro brillante para él.

A su retorcida manera, Bates Motel nos regala un final feliz. Sí, es siniestro y bañado en sangre, pero también posee una evidente gran carga poética y aporta esperanza, en concreto para los dos personajes que han permanecido moralmente incorruptos, Dylan y Emma (Olivia Cooke), a los que se recompensa con un luminoso futuro familiar. Y por encima de todo, da a Norman lo que siempre ha querido, sin huir de condenar abiertamente sus actos: estar con su madre para siempre (el cordón umbilical permanece sin cortarse). La muerte de Norman es la única salida para todos los personajes, el final para unos y el principio para otros. El último plano de Bates Motel nos muestra la lápida compartida de Norma y Norman (la de él sin inscripción, porque solo Norma sería capaz de decir algo bonito sobre él después de todo lo ocurrido) y es inevitable imaginarse a madre e hijo a dos metros bajo tierra, dados de la mano y sonriendo apaciblemente, contentos porque van a pasar la eternidad el uno junto al otro.

Hunt for the Wilderpeople, la (otra) joya de Taika Waititi

hunt-for-the-wilderpeople-taika-waititi

Aprendeos bien el nombre: Taika Waititi. Porque os lo vais a encontrar muy a menudo y vais a querer recomendarlo correctamente. Este director neozelandés se ha convertido en uno de los talentos más prominentes y con más personalidad del cine reciente. Frecuentemente asociado a otro neozelandés notable, Jemaine Clement, Waititi empezó a despuntar como una de las fuerzas creativas de la serie de HBO Flight of the Conchords, marciana fusión de comedia y musical que asentaba las bases del estilo que ambos cultivarían (y pulirían) en sus siguientes proyectos. Waititi estrenaba en 2010 la aclamada Boy, pero no sería hasta 2014 cuando recibiría el reconocimiento internacional gracias a la revelación Lo que hacemos en las sombras, hilarante falso documental co-dirigido por él, de nuevo junto a Clement, que seguía el día a día de un grupo de vampiros en la tradición de The Office. La buena recepción del film en festivales y círculos de aficionados al cine fantástico aseguraron una secuela centrada en sus rivales licántropos, We’re Wolves, y terminaron de lanzar a Waititi como uno de los directores de mayor proyección del momento.

Tanto es así que en Hollywood se tenían que fijar en él, cómo no. Concretamente la todopoderosa Marvel, que fichó al director para ponerlo al frente de Thor: Ragnarok, la tercera parte de las aventuras del Dios del Trueno, que promete un llamativo cambio de estilo con respecto a sus dos antecesoras. Pero antes de comprobar cómo se las arregla un autor tan personal y hasta cierto punto extravagante como Waititi dentro de la maquinaria de Marvel, recuperamos la gran joya con la que sucedió a Lo que hacemos en las sombras, Hunt for the Wilderpeople, una de las mejores películas de 2016 que sin embargo no se estrenó en cines en España y había permanecido inédita en nuestro país hasta su reciente lanzamiento directo a Blu-ray y DVD, con el tontorrón subtítulo de A la caza de los ñumanos.

Era una tragedia que Hunt for the Wilderpeople no estuviera disponible en España, pero más vale tarde que nunca. Ya podemos disfrutar de esta encantadora y original película, que llega precedida de entusiastas críticas, ganadora de 14 galardones en festivales de cine y nombrada entre el mejor cine del pasado año por muchas publicaciones especializadas. Hunt for the Wilderpeople cuenta la peculiar historia de Ricky Baker (la fantástica sorpresa Julian Dennison), un niño de 12 años apasionado del hip hop que ha estado yendo de una casa de acogida a otra hasta parar en una granja en mitad de la nada, concretamente en la campiña neozelandesa. hunt-for-the-wilderpeopleAllí lo acogen la cariñosa tía Bella (Rima Te Wiata), su marido, el cascarrabias tío Hec (Sam Neill en uno de sus mejores papeles), y su nuevo perro, al que apoda muy apropiadamente Tupac. Cuando la tragedia azota a su nueva familia y amenaza con enviar a Ricky a otra casa justo cuando ha aprendido a apreciar su nuevo hogar, el niño decide huir al monte seguido de su tío. Debido a una serie de malentendidos, y por culpa de unas autoridades ineptas (descacharrante Rachel House como la trabajadora social Paula) y unos embrolladores medios de comunicación, Ricky y Hec se convierten en fugitivos de la ley. Tío y sobrino adoptivo emprenden una aventura por la naturaleza donde se toparán con personajes de lo más curioso (Rhys Darby, amigo y muso de Waititi, se lleva el mejor), con la que estrechará sus vínculos mientras aprenden a superar sus diferencias, y tras la que estarán dispuestos a hacer cualquier cosa para evitar que las fuerzas del orden los separen.

Hunt for the Wilderpeople es un delicioso y sorprendentemente conmovedor cóctel de comedia, acción y emoción protagonizado por dos actores en estado de gracia. Sam Neill conquista con un personaje huraño y retraído al que dota de gran humanidad, mientras que el joven Julian Dennison se convierte por méritos propios en uno de nuestros nuevos héroes del cine independiente. Ricky es la bomba, y observarlo desenvolverse en el campo, chocando con su tío y luchando por lo que cree conforma una de las experiencias más divertidas y enternecedoras del cine reciente. Si Hunt for the Wilderpeople es un trabajo tan extraordinario es gracias sobre todo a estos dos fabulosos personajes y su relación, pero también al talento como narrador y el estilo inconfundible de Waititi. El director imprime a la película un reconfortante aire de calidez, espontaneidad e inocencia, manteniéndonos alerta y constantemente involucrados con sus personajes a base de brillantes estallidos de humor, un acertado toque de realismo mágico y grandes dosis de emotividad.

Con un magnífico sentido del ritmo y la comedia, una historia ligera a la par que profunda, diálogos cargados de matices y una trepidante recta final que confirma la destreza todoterreno del cineasta (viendo esta película no sorprende que Marvel haya querido contar con él), Hunt for the Wilderpeople tiene bien merecida su reputación de gema oculta que merece la pena ser descubierta. Pon a Ricky Baker en tu vida, no te arrepentirás.

Hunt for the Wilderpeople, A la caza de los ñumanos ya está disponible en formato Blu-ray DVD, de la mano de Sony Pictures Home Entertainment.

[Reseña DVD] Un gato callejero llamado Bob: Autenticidad y corazón

Es una de las citas más conocidas de Alfred Hitchcock y uno de los consejos más extendidos en la industria del cine: “Nunca trabajes ni con niños, ni con animales” (lo de “ni con Charles Laughton” lo dejamos aparte, que no viene al caso). Muchos cineastas le han hecho caso, especialmente durante la última década o dos, en la que los efectos digitales han ido sustituyendo poco a poco a los animales reales en los rodajes. Pero de vez en cuando alguno desafía la norma y decide darle protagonismo a uno de carne y hueso (y pelo). A veces, el esfuerzo extra que supone trabajar con un ser vivo que no obedece y obliga a los demás a estar a su merced trae sus recompensas, como es el caso de una pequeña joya británica hasta ahora inédita en España titulada Un gato callejero llamado Bob (A Street Cat Named Bob). Además, no puede ser más difícil o frustrante que trabajar con Jared Leto.

Imaginad A propósito de Llewyn Davis, la película de los hermanos Coen protagonizada por Oscar Isaac, pero en clave British y más de andar por casa. Así es Un gato callejero llamado Bob, dirigida por Roger Spottiswoode (Air AmericaEl mañana nunca muere), que comparte con el citado film la ocupación de su protagonista, músico, y la identidad de su mejor amigo y compañero de fatigas, un gato atigradoBob está basada en las memorias de James Bowen, best-seller homónimo publicado en 2012 que permaneció durante 52 semanas consecutivas como el libro más vendido del Reino Unido. La película cuenta la historia real de un músico callejero, James (Luke Treadaway), que busca un techo bajo el que cobijarse mientras lucha contra la adicción a la heroína. Un día, James conoce a Bob, un gato también callejero, que se cuela en la vivienda de alquiler social que le ha conseguido su consejera, Val (la siempre fantástica Joanne Froggatt), y decide cuidar de él y curar sus heridas, aunque suponga sacrificar el poco dinero que tiene para comer. Desde ese momento, James encuentra en Bob una amistad y una distracción que le ayudará a alejarse de las drogas para aprovechar, esta vez de verdad, su séptima vida.

bob-the-cat-harry-treadaway-y-james-bowen

Un gato callejero llamado Bob es una modesta comedia dramática que presenta un equilibrio muy conseguido entre ambos géneros. Emociona sin recurrir al sentimentalismo barato y divierte con situaciones simpáticas y adorables personajes. La entrañable relación que une a James y Bob nos da los mejores momentos del film, gracias en parte al comprometido trabajo de Treadaway, y por supuesto también a la buenísima disposición del gato, interpretado por el auténtico Bob, un felino extraordinariamente inteligente y sociable que sigue al protagonista a todas partes y viaja apaciblemente sobre sus hombros. Este dúo carismático muestra una compenetración absoluta que dota al film de autenticidad y realismo, y que contribuye a que conectemos emocionalmente con la lucha de James. La llegada de Bob a su vida hace que este encuentre un propósito, un aliciente para seguir en el camino hacia la desintoxicación total y rehacer su vida reconectando con su padre (nuestro Anthony Head, Giles en Buffy) y salvando la bonita relación que ha entablado con su vecina, Betty (Ruta Gedmintas).

un-gato-callejero-llamado-bob-caratula-dvdCon un refrescante aire de sencillez y falta total de pretensionesUn gato callejero llamado Bob se alza como una motivadora historia de superación sobre la importancia de las segundas oportunidades (de darlas y recibirlas), en la que se respiran las buenas intenciones, pero que no huye de enseñarnos el lado más oscuro de la adicción, reconstruyendo los pasajes más duros por los que James pasó durante su desintoxicación. Contribuye a que su mensaje esperanzador llegue a buen puerto el hecho de que el verdadero James Bowen estuviera presente durante todo el proceso de la película, asegurándose de que su historia se contase tal y como el autor relata que sucedió. Esto aporta una verosimilitud que refuerza la presencia del Bob verdadero (la gran estrella de la película), así como las canciones que James canta en la calle, temas de Charlie Fink interpretados cruda y honestamente por el propio Treadaway.

En definitiva, Un gato callejero llamado Bob se gana con creces la denominación de “pequeña gran película” que solo se reserva a esos films que pasan desapercibidos y cuando los descubrimos nos dejan con una sonrisa en la cara todo el día.

Sony Pictures Home Entertainment edita Un gato callejero llamado Bob en formato DVD. La edición incluye un ‘Cómo se hizo’ en el que conocemos más sobre el rodaje y descubrimos cómo el encantador Bob conquistó a todo el mundo tanto dentro como fuera de la pantalla.

Crítica: Guardianes de la Galaxia Vol. 2

“¿Starlord? ¿Quién?” Hasta hace no mucho solo los entendidos en cómic sabían quiénes eran los Guardianes de la Galaxia. Todo cambió en 2014, año en el que esta variopinta banda de forajidos e inadaptados espaciales irrumpió en el Universo Cinemático de Marvel para ponerlo todo patas arriba. Guardianes de la Galaxia fue la apuesta más arriesgada de Marvel Studios hasta ese momento, una aventura coral con personajes totalmente desconocidos por el gran público y sin apenas preparación previa, como sí tuvieron Los Vengadores. La jugada no les pudo salir mejor y el film se convirtió en uno de los más taquilleros del estudio, además de uno de los más queridos por el público. Tres años más tarde regresamos al cosmos marveliano para reencontrarnos con Starlord, Gamora, Drax, Rocket y Groot en Guardianes de la Galaxia Vol. 2, con la que James Gunn continúa por todo lo alto la franquicia con más personalidad de Marvel.

Al ritmo de la flamante Awesome Mix Vol. 2, la segunda parte de Guardianes de la Galaxia es otra epopeya intergaláctica al más puro estilo Marvel, con grandes dosis de acción, comedia, y un claro hilo conductor: la familia. El film nos devuelve a los personajes de los que nos enamoramos en la primera película, ya convertidos en un grupo asentado y leal (aunque disfuncional, por supuesto), explorando sus vínculos y hallando en ellos su razón de ser, mientras salvan la galaxia. Otra vez. La trama principal arranca con la aparición del padre de Starlord (Chris Pratt), el planeta viviente llamado Ego (Kurt Russell), que proporciona al héroe las tan ansiadas respuestas sobre su origen y sus poderes. Pero el motivo familiar se extiende hacia todos los personajes: Gamora (Zoe Saldana) y Nébula (Karen Gillan), hermanas que intentan resolver sus diferencias de manera poco ortodoxa, Rocket (Bradley Cooper) y Yondu (Michael Rooker), dos bandidos muy distintos entre sí pero con mucho más en común de lo que creían, Drax (Dave Bautista), que sigue de luto por la pérdida de su mujer e hija mientras conecta con Mantis (la revelación Pom Klementieff), y Groot (Vin Diesel), convertido en el benjamín del clan, un niño que no hace más que enredar y del que los Guardianes cuidan como si fuera el hijo de todos.

El quinteto original se amplía con antiguos conocidos y la llegada de nuevos personajes, aliados y enemigos. Los mencionados Nébula y Yondu (y su banda, otra familia a su manera) reciben una promoción y adquieren mayor protagonismo, mientras que los nuevos fichajes se incorporan de forma orgánica al universo de los Guardianes. Un carismático Kurt Russell encaja a la perfección como el padre de Peter Quill, entablando una simpática dinámica paternofilial con Chris Pratt (verlos recuperar el tiempo perdido jugando a la “pelota” es descacharrante a la vez que entrañable, puro Guardianes de la Galaxia). Elizabeth Debicki encarna a la distinguida Ayesha, villana que en esta ocasión recibe el tratamiento adecuado para que no ocurra lo de siempre: en esta entrega, la malvada se reserva a una trama secundaria, casi anecdótica (los Guardianes se encuentran huyendo permanentemente de su imperio después de una trastada de Cohete), mientras se le da una vuelta de tuerca al esquema habitual de Marvel para desarrollar su conflicto central. Y por último, pero no por ello menos importante, la aparición de Mantis llena aun más de luz la franquicia, gracias a la deliciosa interpretación de Pom Klementieff, que forma una gran pareja con Drax y construye a un personaje adorable y divertido del que se saca mucho partido.

Con tantos personajes y frentes abiertos, Guardianes de la Galaxia Vol. 2 corre el riesgo de irse por la borda, pero James Gunn logra no solo que esto no ocurra, sino que todas las tramas y arcos de personajes confluyan de manera natural y que todos los personajes principales tengan el tiempo en pantalla necesario. Nadie queda infrautilizado o explotado por encima de los demás, ni siquiera Baby Groot, indudable reclamo comercial que se maneja con mesura para conquistarnos sin llegar a saturar (no hay palabras suficientes para describir lo maravillosa que es la versión infantil del personaje). Y no solo eso, sino que de alguna manera, no me preguntéis cómo, Gunn se las arregla para ir a lo suyo y además cumplir con las normas del estudio con abundancia de easter eggs y gloriosos cameos (menos el de Nathan Fillion como Wonder Man, que tristemente tuvo que ser eliminado del montaje final).

guardianes-de-la-galaxia-vol-2-3

Una de las claves del éxito de Guardianes de la Galaxia, y en concreto de este segundo volumen, es el amor del director y guionista hacia sus personajes, que se traduce en una conexión muy evidente de los actores con el material. Gunn trata a los Guardianes y todos a su alrededor con sumo cariño, conociéndolos y ejerciendo un control sobre ellos que no siempre encontramos en el cine de superhéroes. Vol. 2 funciona tan bien porque son los personajes los que conducen la acción en todo momento (sus relaciones, sus deseos, objetivos, miedos y frustraciones bombean la historia), y también porque es mucho más que fórmula. Sí, es un crowdpleaser hecho según la receta infalible de Marvel, ya elevada a la categoría de ciencia, que repite las pulsaciones de la primera parte y nos da justo lo que esperamos. Pero también es una película de James Gunn, un proyecto muy personal y gamberro a pesar de su enorme envergadura. Y esto se nota en la voz y el estilo de la película, marcadamente distinto del resto de sus compañeras de universo, con una clara tendencia a la exageración cartoon en los planos y la acción, y cierto espíritu de serie B cercano al cine de Sam Raimi. Sin olvidar por supuesto que se sigue apoyando claramente en otras space operas como Star WarsStar Trek y la más modesta Farscape (serie que proporciona uno de los mejores cameos de la película, con el que esta se reafirma en sus influencias).

En el apartado técnico y visual, Guardianes de la Galaxia Vol. 2 no solo supera a su antecesora, sino que además sube considerablemente el listón de los efectos digitales del estudio (Cohete no puede no ser real), siendo junto a Doctor Strange la entrega más visualmente impresionante del Universo Marvel. El film es un continuo orgasmo sensorial. El sentido de la estética de Gunn vuelve a dar como resultado otra obra vibrante de luz y color, esta vez incluso más bella e iconoclasta si cabe, en la que la magnífica labor de maquillaje y las prótesis siguen teniendo una importancia capital. Y por supuesto, hay que destacar las escenas de acción, de los antológicos créditos iniciales al apoteósico clímax, pasando por Gamora disparando una metralleta galáctica gigante (!!!). En cuanto a la banda sonora, uno de los elementos más distintivos de Guardianes, no se puede negar que los nuevos temas clásicos escogidos por Gunn quedan de maravilla con las espectaculares batallas y persecuciones en el espacio (aderezadas muy socarronamente con efectos de sonidos de las maquinitas Arcade), pero puede que haya exceso de momentos musicales, con lo que se peca de repetir demasiado la jugada.

Claro que esto forma parte de la identidad del film, como ya hemos dicho, muy asentada. Ocurre algo parecido con el humor. Como en el Volumen 1, hay demasiados chistes y gags. Muchos son brillantes, otros no tanto. A veces el humor tontorrón da en la diana, a veces en la pared. Es el riesgo de tener tanta libertad para hacer el chorra (se nota que han dejado a Gunn a sus anchas). Eso sí, funcionen o no los chistes, Guardianes nunca pierde su encanto y carisma. Y esto es gracias sobre todo a un guion sólido, en el que la ramificada historia se estructura con eficiencia (insisto, muchos personajes e ideas en un todo uniformado), los diálogos dan en el clavo, los personajes nunca se pierden en favor de la acción y los acontecimientos se suceden de forma fluida y con gran sentido del ritmo, culminando en un tercer acto de órdago (quizá el mejor de Marvel hasta la fecha) y un final precioso. Y de generosa propina, hasta cinco escenas post-créditos (el secreto de Gunn: no tiene miedo a pasarse de la raya) que nos deparan unas cuantas sorpresas e indican por dónde podrían ir los tiros en el Vol. 3

Lejos de mostrar síntomas de agotamiento en el UCM, Guardianes de la Galaxia Vol. 2 supone un triunfo absoluto en todos los aspectos. Gunn nos regala otra odisea espacial ochentera con personajes inolvidables e imágenes alucinantes, rebosante de diversión (en serio, ¡¡Baby Groot!!), romance (Gamora ♥ Starlord), épica y emoción (como en la primera, su conmovedor clímax provocará más de una lágrima), con cameos para aplaudir (el de cierta estrella de los 80 se lleva la palma), respuestas satisfactorias que expanden su mitología, y por encima de todo, mucho, mucho corazón. En definitiva, otro clásico instantáneo de Marvel.

Pedro J. Gacía

Nota: ★★★★½

Crítica: John Wick – Pacto de sangre

John Wick es uno de los mayores sleepers de 2014. El sorprendente éxito de la película de Chad Stahelski y el buen recibimiento que obtuvo por parte de la crítica especializada contribuyeron a revitalizar la carrera de Keanu Reeves, ex estrella de los 90 reconvertida en héroe de acción testosterónica, algo parecido a lo que le ha ocurrido a Liam Neeson con la saga TakenReeves goza ahora de una segunda vida comercial gracias a este asesino a sueldo que se embarca en una odisea de violencia motivada por el asesinato del perro de su esposa fallecida. Una premisa que muchos pueden tomarse a chufla (desde luego en la película lo hacen), pero que dio lugar a una de las películas de venganza (género en sí mismo) mejor recibidas de los últimos años.

Tras la buena acogida de la primera parte, Reeves no podía decir que no a volverse a enfundar el traje hecho a medida para una secuela. Así llega John Wick: Pacto de sangre (John Wick: Chapter 2), un nuevo capítulo en las aventuras del legendario sicario, que esta vez se enfrenta a un número imposiblemente mayor de enemigos. En Pacto de sangre, Wick se ve obligado a abandonar su retiro tras los acontecimientos de la primera película cuando un antiguo socio, Santino D’Antonio (Riccardo Scamarcio), trama con hacerse con el control de la sociedad internacional de asesinos a la que perteneció. Un juramento de sangre efectuado en el pasado obliga a John a acometer una nueva misión para acabar con los planes de D’Antonio, emprendiendo así una búsqueda internacional que le llevará a enfrentarse a los asesinos más letales del mundo.

John Wick: Pacto de sangre toma lo que funcionó de la película anterior y lo multiplica por dos. La acción desmesurada y la violencia estilizada son las verdaderas protagonistas de un actioner espectacularmente realizado y de gran empaque visual. Aquí, las persecuciones y las confrontaciones son incluso más contundentes, más sangrientas, y las coreografías cuerpo a cuerpo más sofisticadas y sin costuras a la vista. John Wick es una pieza de entretenimiento muy cuidada en todos los aspectos, un thriller elegante que saca el mayor partido de la sencillez de su propuesta y su concepto: Un hombre solo que avanza sin miedo aniquilando a todo el que se pone por delante para absorber las injusticias que lo han llevado a donde está. Ver a Reeves recorrer el globo enfrentándose a sus enemigos, uno a uno, provoca un placer primario y visceral que solo los fans del mejor cine de acción pueden experimentar.

Pacto de sangre sobresale por su minimalismo y autoconsciencia (Stahleski sabe el tipo de película que está haciendo y no evita reírse de sí mismo o apuntar a los aspectos más exagerados de la historia con humor). Reeves se apodera de su personaje por completo, con una interpretación intensa, silenciosa y contenida que engloba perfectamente el espíritu del film. El ciclo de violencia sin fin de John Wick lleva al asesino hacia un tercer acto para quitarse el sombrero, con un una traca final de órdago en la que John protagoniza un épico uno contra todos, como hizo en su día Neo (atención a la gloriosa reunión de Matrix) y un enfrentamiento con el “jefe de la última fase” en una galería de arte moderno que hace las veces de casa de los espejos y nos deja las mejores imágenes de la saga hasta la fecha (deliciosamente bañadas en neón, claro, que es la moda). Hay que elogiar la magnífica planificación y ejecución de estas secuencias, que hacen que esta segunda parte supere con creces a su antecesora, y cuya resolución pone los cimientos para una tercera parte que promete elevar aun más el listón. John Wick: Pacto de sangre no es una película para todos, pero sí un título imprescindible para los amantes del género.

Pedro J. Gacía

Nota: ★★★½

Girls: Crecer duele

girls-latching

Girls nunca fue una serie tradicional. Por eso es lógico que su final tampoco lo haya sido. La serie de Lena Dunham siempre ha seguido sus propias normas, y una de las más importantes es no darle al espectador lo que quiere, sino lo que la historia necesita, aunque esto suponga enfadar o frustrar a la audiencia (de eso se trata, de ver cómo sus protagonistas toman las peores decisiones una y otra vez). Y si el último capítulo de Girls necesitaba dejar atrás a la mitad del cuarteto protagonista (Jemima Kirke y Zosia Mamet no aparecen) para centrarse en Hannah y Marnie, será por algo.

Para muchos, el verdadero final de Girls llegó con los dos capítulos previos al último, “What Will We Do This Time About Adam?”, en el que nos despedimos de la pareja romántica más importante de la serie, la formada por Adam (Adam Driver) y Hannah, con la media hora más agridulce de la serie, una fantasía romántica que se desintegra con el diálogo sin palabras más desarmante de la serie (si creíais que acabarían juntos, no sé qué serie estabais viendo), y “Goodbye Tour”, donde asistimos a la última “reunión” de las chicas y nos damos cuenta de que Girls nunca nos quiso hablar de la amistad del grupo, sino de su desamistad. Es decir, de cómo Hannah, Jessa, Marnie y Shoshanna nunca fueron realmente amigas, sino conocidas que mantenían sus relaciones por cumplir con las normas sociales o esquivar la soledad y el miedo al futuro. De esta manera, “Latching” (6.10) es más bien una coda, un epílogo que nos muestra la vida de Hannah meses después de dar a luz, ya alejada de la fantasía de Nueva York, de la fantasía de los 20.

girls-latching-2

La serie podía haber terminado con aquel emotivo montaje de la protagonista observando a sus amigos en la fiesta de compromiso de Shoshanna, pero quedaba un último capítulo, y había que rendir homenaje a la única relación que puede asemejarse a una amistad real dentro de la serie, la de Hannah y Marnie. Por eso “Latching” comienza con un guiño a los inicios, ese traveling que recorre la cama para mostrarnos a las dos amigas acostadas, esta vez con Marnie abrazando a Hannah por detrás. Marnie ha decidido irse a vivir con Hannah para ayudarla a criar a su hijo, Grover, y esto la convierte automáticamente en la mejor amiga de la protagonista. “Estoy aquí. He ganado”, le dice satisfecha y agresivamente. Nada de lo que hace Marnie es natural, todo es auto-impuesto y artificial, pero la decisión de ayudar a su mejor amiga es sincera, aunque no sea precisamente desinteresada (Marnie no sabe dónde encontrar su propósito y se aferra al de Hannah).

“Latching” incluye un tercer personaje principal, Loreen (la maravillosa Becky Ann Baker), que reaparece para ayudar a Hannah a dar ese último empujón hacia la madurez, hacia la realidad, aunque sea a base de gritos. Lena Dunham realiza así una despedida íntegramente femenina, centrada en tres personajes pertenecientes a dos generaciones distintas con las que lleva a cabo una cruda y sencilla reflexión sobre la maternidad. Si al comienzo de la serie nos hubieran dicho que esta terminaría con Hannah en el campo luchando con(tra) su nueva condición de madre no nos lo habríamos creído. Pero como decía, Girls nunca nos llevó por los derroteros más esperados, y mucho menos por los más complacientes. Estaba claro que esta no era la típica serie en la que todo se iba a cerrar de forma impecable y con un lazo (aunque si lo pensamos, las despedidas de los demás personajes centrales, por muy abiertas o repentinas que fueran, no podían ser más adecuadas según cada uno).

girls-latching-1

Dunham no iba a decir adiós a la serie que le dio la fama y la convirtió en la voz más debatida y detestada de su generación con un happy ending al uso (esto no es Friends). Ella ha preferido darnos un final que es un principio, otro relato breve, casi independiente, con el que su personaje por fin deja atrás su narcisismo para poner las necesidades de otra persona por encima de las suyas. Puede que, paradójicamente, la carta de la maternidad sea lo más tradicional que ha hecho Dunham en la serie, pero convertirlo en el motor de su desenlace es lo que ha hecho que sea fiel a sí misma y su libre albedrío hasta su último minuto. Y hasta su última imagen, uno de esos preciosos primeros planos de Hannah con los que a Dunham le gusta tanto acabar los capítulos, y un mensaje final de esperanza para el personaje y el espectador después de tanta amargura: todo va a salir bien.

¿Y qué pasa con Marnie? El personaje de la infravaloradísima Allison Williams ha sido el más importante de la serie después de Hannah, y dejar que comparta el último capítulo con ella es el detalle más bonito y justo que se le podía regalar. El papel de Marnie en “Latching” es ilustrar la complejidad de la amistad, en concreto, ese momento de transición (normalmente a los veintitantos) en el que dos personas que lo han compartido todo o bien se separan para siempre o aprenden a ser amigos de forma adulta. “Latching” no nos enseña el futuro, pero por lo que vemos en el presente (esa tranquilizadora escena en el porche), podemos pensar que todo va a salir bien también para Marnie, que por primera vez en la serie se plantea un objetivo realista (estudiar Derecho). Seguramente, Hannah y Marnie aprenderán a ser amigas sin depender la una de la otra, a darse el espacio necesario sin alejarse para siempre, a estar en sus vidas sin tener que compartir el mismo techo o verse todos los días. Necesitamos creer que Shoshanna estaba equivocada, y que al menos lo que hay entre ellas dos sí es real, y podrán conservarlo en una versión más madura y equilibrada de su amistad.

girls-latching-3

“Nadie dijo que esto sería fácil”, le dice Loreen a su hija, Hannah. Es la mejor píldora de sabiduría que podía darle. Y la que resume a la perfección lo que ha sido la serie, el camino que han recorrido estos personajes, concretamente Hannah y Marnie (“la verdadera historia de amor de Girls“, según su productora, Jenni Konner). Del egoísmo y el autoengaño a la madurez que conlleva darse cuenta de que efectivamente, ni es fácil, ni somos tan especiales como creíamos (Hannah no es la voz de su generación, es una más entre tantos, y darse cuenta de eso en los últimos capítulos es lo que la sitúa en el camino correcto), y en definitiva de dejar de pensar en uno mismo para atender a los que nos necesitan. Ha sido un camino repleto de golpes, desengaños y decepciones, pero es necesario atravesar por esto para acabar descubriendo ese “sentimiento de pertenencia”, para “ser alguien”, como dice la canción de Tracy Chapman con la que se despide la serie. Por eso, por haber sabido explicar tan bien ese sentimiento, recordaremos Girls como el retrato más fidedigno, honesto y comprometido de la juventud del cambio de milenio.

Crítica: Rosalie Blum

‘TO ME, YOU ARE PERFECT’. De esa manera, Mark confiesa su devoción a Juliet. Lo hace con carteles, a la puerta de la casa de esta y en la víspera de la boda de ella con Peter, mejor amigo de Mark. Juliet besa a Mark… Lágrimas a borbotones sobre las mejillas de los espectadores. El momento romántico más icónico del nuevo milenio… pero ellos no terminan siendo felices y comiendo perdices, ya que Juliet se termina casando con su prometido original… ¿POR QUÉ? Se preguntaron en su época y se siguen preguntando millones de hombres y mujeres al ver Love Actually. Pues simplemente porque Juliet sabe que Mark es un acosador bastante creepy, por mucho que tuviese la cara de Rick Grimes afeitado. Aquello de ‘No es amor, lo que tú sientes, se llama obsesión’, que rezaba la ‘romántica’ canción de Aventura que sonaba en esa época. ¿Románticos o acosadores? Una línea que se presenta de manera bastante difusa en el mundo cinematográfico y que Rosalie Blum se pasa por el mismísimo.

Para Rosalie, dueña de una pequeña tienda de alimentación, la obsesión y la perversión de los sentimientos es algo que ni le va, ni le viene. Ella es una mujer que está de vuelta de todo. Su existencia fuera del horario comercial se resume a tomar unas copas en el bar de al lado y realizar alguna que otra misteriosa visita al centro penitenciario que está cerca de su tienda. Su hogar es su fuerte. Una casa en las afueras donde no entra nadie. Su único contacto con el exterior es Aude, su sobrina, una joven rebelde que no sabe por dónde le da el aire, ni mucho menos qué tipo de persona es o quiere ser en el futuro.

Pero esta también es la historia de Vincent Machot, un solterón con gato y dueño de una peluquería que heredó de su padre. De su padre también heredó el tener que aguantar a su madre. Esta afirmación no pretende ser machista, sino realista. Ya que Vincent tiene que soportar un comportamiento freudiano atroz por parte de su mamacita, ya sea con o sin marionetas de por medio. ¿Qué une a estos tres personajes? Una sensación conocida. Un déjà-vu que asalta a Vincent al ver a Rosalie en su tienda. Será su cara triste, sus pelos alborotados… Ese ‘nosequé’ provoca que Vincent no pare de ver a Rosalie en todos los sitios a los que va… y a perseguirla si es que no surgen los encuentros fortuitos. De buenas a primeras, Vincent pasa de peluquero a acosador a tiempo completo. Pero como ya hemos dicho, Rosalie pasa de todo y, con la ayuda de su sobrina, sabrá darle la vuelta a la tortilla…

… una tortilla que aunque pueda parecerse a la de Michèle en Elle, no tiene mucho que ver (y no solo porque Michèle ya haya sido agredida sexualmente). Ambas son mujeres que no se amedrentan ante la amenaza fálica, pero que optan por dos soluciones muy diferentes ante el problema: mientras que la heroína de Verhoeven decide tomar el toro por los cuernos y ganarle en su terreno, la de Julien Rappeneau prefiere marear al morlaco y domarle por completo, casi hasta invitarle a un café.

En este su primer largometraje, Rappeneau, vástago de Jean-Paul (Cyrano de Bergerac), se acerca a la trilogía provinciana de Camille Jourdy, y logra traducir a la perfección la lánguida cotidianeidad de las viñetas del original. Puede que los rostros hayan cambiado, y que la Rosalie cinematográfica sea morena, pero su soledad y su esencia son la misma, gracias en parte a la encomiable labor de Noémie Lvovsky (Actrices), dando vida a un personaje tan complejo como es el de una mujer normal como Rosalie. Una mujer con secretos, como cualquier otra. De igual manera, esa felicitación se puede extender a los otros dos protagonistas, especialmente a Kyan Khojandi (O los tres o ninguno), como Vincent. Ya que logra que el espectador empatice con el desamparo y tristeza de su Peeping Tom incapaz de hacer daño a nadie. Ese notable trabajo actoral y el acierto de mantener la estructura de la obra de Jourdy, mostrando las perspectivas de los tres personajes ante el acoso, hace que el espectador se sienta uno más en la investigación… y hasta en la ofuscación del mirón.

Sin ser una comedia al uso y contando con unas cuantas escenas dramáticas, Rosalie Blum logra provocar unas cuantas carcajadas gracias a sus conseguidos toques absurdos y una sonrisa permanente a lo largo de todo el metraje. Pero no se confundan, esta no es la comedia francesa de la temporada, esta es una buena película más allá de todo tipo de etiquetas y que puede que haga que empecemos a mirar a nuestros desconocidos más allegados de otra manera…

David Lastra

Nota: ★★★½

Crítica: Life (Vida)

life-1

El ser humano siempre ha mirado hacia las estrellas, y el cine se ha encargado de reflejar esta obsesión por el cosmos una y otra vez. En los últimos años, con la carrera hacia Marte en la agenda de la NASA, Hollywood se ha volcado especialmente en la exploración del espacio y la búsqueda de vida en otros planetas desde diversos ángulos y géneros. InterstellarGravity, MarteLa llegadaPassengersFiguras ocultas… A esta corriente reciente de películas de temática espacial se suma Life (Vida), thriller de ciencia ficción dirigido por Daniel Espinosa (responsable de la inerte El niño 44) y protagonizado por Jake Gyllenhaal, Rebecca Ferguson y Ryan Reynolds.

Life transcurre íntegramente en la órbita terrestre, a bordo de una Estación Espacial Internacional habitada por seis tripulantes que están llevando a cabo una de las misiones más importantes de la historia, el análisis de la primera prueba de vida extraterrestre en Marte. El equipo comienza a conducir sus investigaciones con la muestra biológica, un organismo unicelular bautizado como Calvin, que responde a las pruebas evolucionando a un ritmo asombroso. Al principio, la fascinante estructura y el comportamiento instintivo de esta forma de vida despierta la admiración de los tripulantes, pero pronto demostrará ser mucho más inteligente de lo que esperaban, y en consecuencia, mucho más peligroso. Cuando Calvin se desarrolla y ataca a los tripulantes para subsistir en un ambiente hostil, lo que ha empezado como una histórica misión científica deviene en una pesadilla de la que los astronautas intentarán escapar, mientras hacen lo posible por que la letal criatura no llegue a la Tierra.

Efectivamente, Life es justo lo que parece, una fusión entre Alien Gravity. Espinosa la concibe desde el thriller y el terror, narrándola como si esta fuera por momentos un slasher en el que un monstruo asesino se encarga de dar muerte a sus víctimas, una a una y de las formas más variopintas y retorcidas. Pero también se trata de una aventura espacial de supervivencia, en la que la acción y la estrategia cobran una gran importancia. La película se apoya continuamente en el clásico de Ridley Scott y su tramo final transcurre de manera similar al de la cinta protagonizada por Sandra Bullock, por lo que la sensación de déjà vu es inevitable. Es decir, lo peor de Life es su absoluta falta de originalidad.

life-2

Tampoco se puede decir que la película sobresalga en materia de guion. Aunque logra mantener el interés en todo momento, la historia se ve perjudicada por una gran cantidad de agujeros narrativos, situaciones inverosímiles y puntos cruciales de la trama dejados al azar y la coincidencia (el film no sabe salir de las encrucijadas que se presentan a cada momento sin echar mano del deus ex machina). Para tratarse de los científicos y especialistas más destacados del mundo, esta tripulación no siempre brilla por su inteligencia. Claro que ahí está parte de la gracia, en ver cómo la criatura desafía a los que creían tener la ventaja estratégica y los pone en situaciones límite. En lo que sí se esfuerza la película es en dotar a estos personajes de emociones y personalidades definidas, a través de diálogos que, si bien pueden pecar de tópicos y cursis, contribuyen a que estos sean algo más que carne de cebo para el monstruo.

En este sentido hay que elogiar la elección del elenco mezcla de nacionalidades, y en concreto la labor de los secundarios, Hiroyuki Sanada, Olga Dihovichnaya y Ariyon Bakare, por encima incluso de sus estrellas principales. Y es que sobre todo los dos protagonistas masculinos parecen moverse por inercia en todo momento. Gyllenhaal está como adormecido, ausente, y Reynolds sigue explotando la personalidad bromista que ha adoptado gracias a Deadpool, quizá demasiado, con su presencia reducida casi a la mera anécdota. Es Ferguson la que acaba llevando las riendas del film desde todos los frentes.

Jake Gyllenhaal;Rebecca Ferguson

Ahora bien, aunque todo esto suene mal, lo cierto es que Life está lejos de ser un desastre. Al contrario. Afortunadamente, sabe compensar sus carencias con grandes dosis de acción claustrofóbica y sobresaltos, proponiendo una atractiva experiencia inmersiva (podemos sentir la gravedad cero junto a los personajes), manejando la tensión con pulso ejemplar y exprimiendo bien su premisa para garantizar 100 minutos sin aburrimiento. La falta de originalidad y consistencia narrativa acaba pesando menos gracias a su sentido del ritmo y el suspense, así como a unos excelentes efectos visuales, sobre todo en lo que se refiere al entorno de la estación espacial y la anatomía de Calvin, un ser digital de diseño muy llamativo, tan elegante como amenazante. Es decir, Life no aporta nada al género espacial, pero como entretenimiento es más que eficiente, y como espectáculo da la talla con creces. Además, cuenta con uno de esos finales que dejan con la boca abierta y despiden la película por todo lo alto (en este caso no literalmente).

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: your name.

your-name-1

Después de arrasar en Japón, llega a España la mayor sensación anime del cine reciente, your name. (Kimi no na wa.), de Makoto Shinkai. La película, basada en el manga del mismo autor, aterriza precedida de excelentes críticas, y habiendo superado en taquilla a la que era hasta ahora la cinta de animación japonesa más taquillera de la historia, El viaje de ChihiroEl revuelo alrededor del fenómeno your name. es mayúsculo. Todo amante del anime ya ha hecho lo posible por verla, y el resto llega a ella atraído por la buena acogida que ha tenido en los círculos no especializados (muchas publicaciones de cine la nombraron mejor película de animación de 2016 por encima de las nominadas al Oscar). Pero. ¿es justo tanto elogio y reconocimiento? Lo cierto es que a simple vista, your name. no es más que el típico anime para adolescentes que tanto triunfa en Japón, pero la película es más que eso. Hay en ella una magia y un encanto difícil de describir, pero muy fácil de ver y sentir.

your name. es una historia de amor a través del tiempo y el espacio, la de Mitsuha y Taki, dos jóvenes japoneses que un día despiertan para descubrir que están conectados de una manera extraordinaria. Ha pasado un mes desde que el país pudo avistar un cometa que visita la Tierra cada mil años. Mitsuha es una estudiante que vive en un pequeño pueblo de montaña, Itomori, con su abuela, su hermana pequeña y su padre, un político al que nunca ve. La chica se lamenta de la vida en el campo y de las costumbres de su familia, y sueña con poder vivir algún día en la cosmopolita Tokio. Por otro lado, Taki vive en la capital nipona. Además de ir al instituto, trabaja a tiempo parcial en un restaurante italiano, y tampoco está del todo satisfecho con su familia, de la que desea alejarse. Una noche, Mitsuha sueña que es Taki, y Taki sueña que es Mitsuha. O eso creen. Cada varios días, ambos se intercambian sus cuerpos para vivir la vida del otro, manteniendo el contacto a través de un diario en el móvil. Cuando por fin llega el momento de conocerse en persona, descubrirán un secreto que les empujará a buscarse desesperadamente, por imposible que parezca conseguirlo.

Este llamativo argumento, muy similar al de In Your Eyes (película de 2014 escrita por Joss Whedon) y con ecos a otro famoso animeLa chica que saltaba a través del tiempo, es toda una fuente de ideas creativas y situaciones divertidas. Shinkai aprovecha la premisa para desarrollar un relato cargado de acontecimientos, que salta y se retuerce continuamente, explorando con inteligencia y sentido del humor sus posibilidades para llevar a cabo un certero retrato de ese periodo de búsqueda y confusión que es la adolescencia. Si bien es cierto que llega un momento en el que empieza a dar demasiadas vueltas y puede marear, la película mantiene en todo momento el rumbo, haciendo gala de una audaz construcción narrativa que invita al revisionado periódico (parte de su éxito se debe a que es por naturaleza de ese tipo de películas que queremos ver más de una vez). Y si su historia es imaginativa, su apartado visual no lo es menos. La animación de personajes de your name. es correcta (más Mamoru Hosoda que Hayao Miyazaki), pero en lo que se refiere a fondos y ambientación, la película destaca por una estupenda integración de la animación digital, un memorable score a piano, magistralmente detallados escenarios urbanos y de naturaleza, esos suculentos plano de comida que solo los japoneses saben dibujar, y en general una desbordante inventiva que hacen de ella todo un caramelo audiosivual.

your-name-2

Por todas estas razones, your name. ha enamorado al público, que se ha rendido ante la romántica e ingeniosa historia de Mitsuha y Taki. Aunque no llega a la grandeza del estudio Ghibli, peque a veces de cursi y ñoña (algo a lo que estamos acostumbrados si hemos visto animación japonesa) y a ratos se acerque más al anime televisivo (sensación que aumenta por la insistencia del director en insertar “openings” musicales en medio del metraje), your name. es uno de los productos más atractivos que han salido recientemente de Japón. Y esto se también debe a que, más allá del marco localista donde tiene lugar esa danza entre la tradición y la modernidad que caracteriza a la cultura japonesa, la película cuenta una historia universal con la que todo tipo de espectadores pueden sentirse identificados, una emocionante aventura que cualquiera puede soñar con protagonizar.

La aventura de your name. no es tanto la que tiene lugar ente Tokio e Itomori y a lo largo del tiempo, sino la que transcurre en el interior de Mitsuha y Taki. “Es como si siempre estuviera buscando algo o a alguien”, dice el segundo en un momento clave de la película. Y eso es lo que hace que your name. conecte tanto con su audiencia, que todos estamos buscando algo o a alguien, y por unos instantes, puede que lo encontremos en ella.

Pedro J. García

Nota: ★★★½