‘Los Pitufos: La aldea escondida’ es un canto al empoderamiento femenino

Los Pitufos recibieron un lavado de cara en 2011 con el relanzamiento del universo creado por Peyo en una película que fusionaba acción real y animación digital al estilo de GarfieldAlvin y las ardillasTras el éxito de la primera entrega, en la que los famosos seres azules compartían pantalla con Neil Patrick Harris, se estrenó una secuela que, si bien recaudó menos en taquilla, tuvo la acogida necesaria para justificar la continuación de la franquicia.

Sin embargo, en lugar de seguir el camino de las anteriores películas, se ha preferido hacer borrón y cuenta nueva y replantear la saga desde otra perspectiva. Así, la nueva película, Los Pitufos: La aldea escondida (Smurfs: The Lost Village), no es exactamente una secuela directa, sino un reboot íntegramente animado que efectúa un rediseño de personajes (ahora menos realistas y más como los dibujos de siempre) y se olvida del mundo moderno para llevarnos de nuevo al bosque mágico donde suelen transcurrir las aventuras clásicas de los Pitufos.

Es decir, La aldea escondida supone un regreso al estilo y al tono de las historias originales de los Pitufos, manteniéndose fiel a la inocencia y las buenas intenciones de la creación belga mientras expande su mitología y la adapta a nuestros días con vistas a alargar su vida comercial. En ella regresamos a la apacible aldea de casas de seta donde, además de reencontrarnos con los personajes de siempre, seguimos conociendo a nuevos Pitufos, exprimiendo bien la idea de que puede haber uno por cada característica, destreza especial o rasgo de personalidad que exista (a las nuevas incorporaciones de las películas anteriores se añaden el Pitufo Cotilla, el Psicólogo o el Muerdemesas, sea lo que sea eso). Todos son diferentes, pero tienen algo en común: son chicos. Con una excepción, Pitufina. Ella es la única mujer de la aldea, y su nombre no indica ninguna cualidad concreta, como ocurre con los demás habitantes. ¿Quién es Pitufina? ¿Qué es Pitufina? ¿Cuál es su propósito?

Este es el desencadenante de La aldea escondida, en la que Pitufina se embarca en una aventura junto a Fortachón, Filósofo y Torpe para encontrar una misteriosa aldea perdida al otro lado del Bosque Prohibido y hallar respuestas que le ayuden a encontrarse también a sí misma. La búsqueda sitúa al Equipo Pitufo en una carrera repleta de acción, peligros y criaturas mágicas para llegar a su objetivo antes que el malvado Gargamel, que como siempre, desea hacerse con los Pitufos para drenar su magia y usarla para convertirse en un poderoso hechicero. Una vez allí, los Pitufos descubrirán el mayor secreto de su historia: nunca estuvieron solos. El hallazgo de un poblado habitado únicamente por pitufas cambiará por completo la vida de los Pitufos, y más concretamente la de Pitufina.

Después de 60 años, Los Pitufos por fin cambian su historia abrazando el feminismo en una película que no solo respeta el origen de Pitufina, sino que le da importancia capital, convirtiendo a la única mujer de la aldea en la protagonista de la historia -escrita por cierto por dos mujeres, Stacey Harman (The Goldbergs) y Pamela Ribon (guionista de la muy feminista Vaiana). Si hasta ahora la aplastante mayoría masculina se había “nivelado” con algún personaje femenino esporádico, la proporción cien a una desaparece con la aparición de una comunidad entera de mujeres (básicamente amazonas), que aportan de golpe la igualdad que siempre ha faltado en este universo azul. De este modo, La aldea escondida se convierte en todo un canto al girl power, reconfigurando el concepto de la Pitufina, siempre reducido al coqueto objeto de deseo de sus congéneres masculinos, para plantear una nueva realidad en la que ellas pueden ser cualquier cosa que quieran.

Ahora bien, por mucho que esto suponga un avance digno de celebrar, La aldea escondida no deja de ser la enésima película de Happy Meal. Como cine de animación para toda la familia, el film es más bien mediocre y olvidable (aunque visualmente sea bastante goloso). Los Pitufos siempre ha sido un producto infantil, y no tendría sentido alterar esa esencia, pero hay un problema cuando esto se toma como excusa para practicar la ley del mínimo esfuerzo. La aldea escondida está llena de humor tontorrón (los obligatorios chistes de gases no faltan), música facilona (varios temas hacen echar de menos a los Pitufos Maquineros), acción colorista orientada exclusivamente a preescolares y nuevas criaturas mágicas, reclamos que tratan de disimular la absoluta falta de chispa e ingenio de algo hecho para consumir y desechar (bueno, reconozco que la mariquita-fax-grabadora es un puntazo), pero que son suficientes para divertir a los más pequeños.

Afortunadamente, el carácter genérico de la película no empaña su valioso mensaje de empoderamiento dirigido especialmente a las niñas. Uno que se integra perfectamente en la filosofía clásica de Los Pitufos, en la que siempre se ha ensalzado el trabajo en equipo, la importancia de la amistad y la camaradería, y la necesidad de hacer siempre lo correcto (incluso si esto supone ayudar a tu enemigo). Valores en los que esta película se reafirma una vez más y a los que ahora se suma un cambio importante que abre las puertas a un mundo de posibilidades, para pitufos y pitufas por igual.

Pedro J. García

Nota: ★★★

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