Crítica: Múltiple (Split)

Split

Mucho se ha escrito sobre M. Night Shyamalan, su cine y su accidentada trayectoria profesional. El que fuera hace más de una década uno de los realizadores más populares de Hollywood estuvo a punto de caer en el ostracismo después de encadenar varios proyectos fallidos y perder el favor de un público que ya no comulgaba con sus trucos narrativos. Hace un par de años, Shyamalan orquestó su comeback asociándose con la casa de éxitos del todopoderoso Jason BlumBlumhouse Productions (la productora detrás de InsidiousThe Purge), y sorprendió con su visión personal de un género aparentemente moribundo, el found footageLa visita nos devolvió al genio del suspense que conocimos gracias a El sexto sentido, pero bajo un envoltorio digital aparentemente desnudo de adornos estilísticos. Con su nueva película, Múltiple (Split), Shyamalan continúa fiel a sus designios pero deja la cámara en mano para volver a fijar su cine de meticulosos encuadres, fueras de campo y simbolismo visual.

Es decir, aunque no llegue al nivel de sus títulos más celebrados, Múltiple supone un regreso a la forma en toda regla. Este intenso thriller psicológico no pierde el tiempo en preámbulos y prácticamente nos introduce de lleno en la acción, el secuestro de tres adolescentes a manos de Kevin (James McAvoy), un hombre de mente fracturada que padece el trastorno de identidad disociativa y en cuya cabeza habitan hasta 23 personalidades diferentes. Con su identidad primaria enmudecida por la guerra dialéctica interna que su sufrida psicóloga (magnífica Betty Buckley) trata de moderar, son varios álter ego en concreto los que toman el control de su cuerpo y llevan sus pulsiones más oscuras hasta las últimas consecuencias. Mientras las chicas hacen lo posible por intentar escapar, una última identidad amenaza con emerger en Kevin, un ser monstruoso conocido como La Bestia que pretende dominar a las otras 23.

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Shyamalan lleva a cabo una filigrana de guion repleta de pasajes retorcidos, rincones sombríos y detalles semi-ocultos que dan lugar a un relato de misterio que atrapa de principio a fin. Y si lo lleva a buen puerto es gracias a unos diálogos bien construidos y dosificados para mantener la incertidumbre y la confusión sin que se pierda el hilo, a su excelente aprovechamiento del claustrofóbico espacio (similar a Calle Cloverfield 10) y a su capacidad para generar terror sin recurrir a sustos baratos (curioso teniendo en cuenta el estudio que lo avala). Shyamalan vuelve a transcurrir en los márgenes del fantástico, jugando a sembrar la duda en el espectador sobre si lo que está viendo tiene su base en la ciencia (se cree que algunos casos llegan a manifestar atributos físicos únicos correspondientes a cada personalidad) o si nos estamos adentrando en el terreno de lo sobrenatural. Ese tira y afloja es una de las máximas del cine de Shyamalan y lo que hace que Múltiple sea tan absorbente. No importa si las respuestas a los enigmas que plantea no son excesivamente sorprendentes, o si la explicación de la naturaleza del trastorno decepciona a quienes buscaban una respuesta u otra. Lo importante es que para llegar hasta ahí, Shyamalan nos ha sumergido en un juego perverso que nos ha mantenido en vilo, planteándonos un puzle adictivo y guiándonos hacia la resolución sin caer en las obviedades o las sobre-explicaciones, dejando que el espectador se encargue de unir las últimas piezas por sí mismo.

Pero este viaje al fondo de la mente no sería ni la mitad de fascinante si no se hubiera escogido al actor adecuado para ponerse en la piel de Kevin. Y en este sentido, el mayor acierto de Múltiples su protagonista, James McAvoy, talento todoterreno que ofrece un brillante recital interpretativo al saltar de una personalidad a otra (a veces en la misma escena y en cuestión de segundos), valiéndose tanto de su amplio abanico de registros como de su capacidad física para transformarse y su soltura con los acentos. McAvoy desconcierta, seduce, divierte, enerva, y en definitiva resulta absolutamente convincente haciéndonos creer en la existencia separada de un psicópata, una señora estirada fan del cuello vuelto, un gay experto en moda (esos estrereotipos, Shyamalan…) o un niño inocente con frenillo que, sorprendentemente, comparten la misma cara.

Y si lo de McAvoy es antológico (nunca mejor dicho), no hay que obviar el trabajo de Anya Taylor-Joy, la revelación de La bruja, una actriz de mirada expresiva y fuerte magnetismo que ejerce como contrapunto perfecto a Kevin. A través de una serie de flashbacks que nos llevan hacia la infancia de Casey (Taylor-Joy), Shyamalan nos muestra la conexión que existe entre ella y su captor, un vínculo primario y visceral que tiene su razón de ser en el tema central de la película: la lucha contra los propios monstruos que se originan a partir de un evento traumático del pasado. Si bien los flashbacks, esparcidos a lo largo del metraje, funcionan a medias (interrumpen la acción para aportar información que se podía haber añadido con menos incursiones en el pasado), sirven para completar el discurso de Shyamalan y conducirnos hacia ese clímax en el que todo cobra sentido. A su manera.

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Un desenlace en el que es aconsejable intentar no pensar demasiado durante la película. A pesar de su indudable talento para la construcción del suspense, la puesta en escena y la narración visual, el aspecto más definitorio del cine de Shyamalan sigue siendo el ya obligatorio “giro final”. En este caso, más que un giro argumental, se trata de una puntilla que lo cambia todo sin cambiar nada de lo que hemos visto durante las dos horas anteriores. Así que lo ideal, aunque sea complicado, es dejarse llevar por la experiencia y disfrutar (o sufrir) del camino sin obsesionarse con el destino.

Aunque Múltiple suponga hasta cierto punto una reversión a los días de El sexto sentidoEl protegido, la película muestra claros síntomas de evolución en un cineasta que con su anterior película había dinamitado las expectativas sobre lo que es “una película de Shyamalan”. La visita nos introdujo a un director renovado, más libre y dispuesto a volverse loco. En Múltiple nos reencontramos con el Shyamalan de siempre, seguro de sí mismo y de lo que está haciendo a cada paso, pero también con el nuevo, el que ha encontrado un filón en el humor negro y la sátira, el que se permite sumergirse en el exceso para divertir a la vez que inquieta (Múltiple es a ratos una comedia borderline, cuyo humor puede ser percibido como una debilidad cuando es una de sus mayores fortalezas) y quiere que no sepas hasta qué punto debes tomarlo en serio o no. Y lo más importante es que este Shyamalan híbrido no se ha olvidado de lo esencial, de la emoción que suele impregnar todos sus relatos y la humanidad que define a sus personajes. Incluso a los que son monstruos.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

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Comentarios (1)

 

  1. Carlos Enrique Carrillo Lopez dice:

    Sin duda alguna. Muy buena pelicula, y con un final sin palabras .

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