Crítica: La luz entre los océanos

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Derek Ciafrance se dio a conocer con Blue Valentine, drama romántico protagonizado por Ryan Gosling y Michelle Williams que asentaría las bases de su cine posterior. A aquella dolorosa disección del amor y el desamor le siguió Cruce de caminos (The Place Beyond the Pines), un ambicioso retrato multi-generacional con el que el director se asentaba en su forma de narrar, intensa y contenida. Para su nueva película, La luz entre los océanos (The Light Between the Oceans), adaptación del best-seller homónimo de M.L. Stedman, Ciafrance vuelve a poner bajo su foco a una pareja para contarnos empleando el mismo estilo otra historia de amor empañada por la angustia y la tragedia, protagonizada de nuevo por dos de las mayores estrellas del momento, Michael Fassbender y Alicia Vikander.

En La luz entre los océanos viajamos a Australia en el año 1926 para conocer a Tom Sherbourne (Fassbender), un farero parco en palabras que es contratado para llevar el faro de una pequeña isla remota. Allí conocerá a Isabel (Vikander), la hija de su jefe, enamorándose perdidamente el uno del otro desde el primer momento en que se ven. Tom e Isabel se casan y viven unos primeros años de idílica felicidad junto al mar, sin embargo los problemas comienzan cuando ella tiene problemas para concebir hijos. Habiendo perdido la esperanza, durante una noche de tormenta, Tom avista desde el faro un bote a la deriva. En él encuentran a un hombre muerto y un bebé que llora con desesperación. El matrimonio entierra el cadáver y decide criar al bebé como si fuera suyo sin informar a las autoridades. Sin embargo, todo se complica cuando años más tarde conocen en el pueblo a Hannah (Rachel Weisz), una mujer atormentada por un trauma del pasado que les hará ver que sus acciones tienen consecuencias.

Aunque está un peldaño (o dos) por debajo de sus anteriores trabajos, La luz entre los océanos es otro ejemplo del buen hacer de Ciafrance a la hora de abordar el melodrama sin caer en sensacionalismos o grandes aspavientos narrativos. Pero esto es un arma de doble filo, como veremos a continuación. Lo que tenemos aquí es otro relato romántico que nos habla de nuevo de la corta distancia que hay entre la felicidad más eufórica y la tristeza más profunda, entre el inicio de una relación y el momento en que esta se ve abocada a un pozo sin fondo, en este caso potenciada por un hecho desafortunado que sella para siempre el destino de sus protagonistas. En La luz entre los océanos Ciafrance nos habla de lo que somos capaces de hacer ante la imposibilidad de amar, así como de la culpabilidad, el sacrificio y el perdón. Y lo hace de forma sincera, pero controlada, explorando los vericuetos emocionales de sus personajes sin dejar que estos se acaben desbordando.

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Sin embargo, esto puede llegar a ser un problema, sobre todo durante la segunda mitad del film, en la que esperamos algún tipo de catarsis que nos ayude a liberar la tensión acumulada. Ciafrance no parece interesado en complacer al espectador (nunca lo ha estado), y aunque ofrece una correcta resolución a esta interesante fábula moral, esa represión emocional nos mantiene al otro lado de la pantalla, separados de sus personajes. Esto no hace sino envolver la cinta en una capa de frialdad que impide discernir si tras las bellas imágenes que nos presenta Ciafrance, tras la luminosa fotografía de Adam Arkapaw o bajo la muy medida partitura del ubicuo Alexandre Desplat, hay emociones genuinas. Además, Fassbender y Vikander, quizá condicionados por esta aproximación aséptica al drama del realizador, no pueden dar lo mejor de sí mismos (a pesar de que en algunas escenas se puede detectar claramente su enamoramiento en la vida real), manifestando cierta desconexión interpretativa (él está excesivamente inerte, ella desmedida) que pone difícil ir más allá de la lustrosa superficie.

A pesar de contar una buena historia y presentar un precioso acabado, La luz entre los océanos no logra atrapar a todos los niveles, condenándose a sí misma a ser recordada en el futuro simplemente como la película en la que Michael Fassbender y Alicia Vikander se enamoraron.

Pedro J. García

Nota: ★★★

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