Crítica: ¡Canta!

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Chris Meledandri se ha confirmado como una de las fuerzas creativas y comerciales más destacadas del cine de animación actual. El estudio que dirige, Illumination Entertainment, lleva varios años con las pilas puestas para hacer competencia a los gigantes de la animación, Pixar, Disney y DreamWorks. Después de los exitazos de taquilla de Gru. Mi villano favoritoLos Minions Mascotas, el estudio amplía horizontes con ¡Canta! (Sing), comedia musical que, al igual que Zootrópolis, se ambienta en el mundo moderno, con la diferencia de que está poblado únicamente por animales. Sin embargo, mientras la película de Disney usaba esta idea para explorar cuestiones sociales muy actuales, ¡Canta! lo usa como mero elemento circunstancial.

La historia de ¡Canta! la hemos visto muchas veces. El optimista koala Buster Moon (Matthew McConaughey) ha heredado el sueño y el negocio de su padre, un teatro al que dedica todos sus esfuerzos y pasión, y que actualmente se encuentra en horas bajas. Desesperado por salvarlo, Buster tiene una idea que podría devolver el esplendor al escenario: organizar el concurso de canto más impresionante del mundo. Para ello, el koala hace un llamamiento a todos los animales con talento de la ciudad, solo que por un error de imprenta causado por su senil asistenta, una camaleona llamada Nana (Jennifer Saunders, probablemente lo más divertido de la película), los que acuden a las audiciones creen que optan a un premio de 100.000 dólares, en lugar de 1.000, que es la cantidad real de la que dispone. Después de pasar varias etapas, son cinco los finalistas que quedan para el concurso: Mike (Seth MacFarlane), un ratón crooner trapichero y con mucha labia, Rosita (Reese Witherspoon), una estresada ama de casa y madre de 25 cerditos, Johnny (Taron Egerton), un joven gorila hijo de un mafioso que desea alejarse de su familia de delincuentes, Meena (Tori Kelly), una elefanta adolescente que sufre un horroroso miedo escénico y Ash (Scarlett Johansson), una puercoespín punk-rock que vive artística y profesionalmente atada a su egoísta novio. Los cinco llegan al teatro de Buster convencidos de que este les está ofreciendo una oportunidad para cambiar radicalmente sus vidas, pero el secreto acaba saliendo a la luz, lo que provocará que el koala se dé cuenta de que su teatro no es lo único que hay que salvar.

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¡Canta! se apunta a la moda de los concursos musicales tipo Factor XAmerican Idol para realizar una aventura completamente arraigada en nuestros días. Aunque también suenan algunos clásicos intemporales (“Hallellujah”, “My Way”), el repertorio musical de la película está compuesto sobre todo por éxitos pop de los últimos años, canciones de Taylor Swift, Katy Perry, Carly Rae Jepsen, Lady Gaga Nicki Minaj, que le dan ese aura de producto actual, pero también peligrosamente caduco. La banda sonora es el síntoma de un problema mayor: no hay verdadero interés en realizar una película que vaya más allá de la superficie de un tema pop bien confeccionado. ¡Canta! es agradable, se deja ver y tiene momentos muy simpáticos, pero en conjunto le falta mucha entidad, le sobra metraje y es incapaz de escapar de las garras de lo convencional. La película no logra aprovechar las oportunidades que brinda la historia y el formato, sobre todo porque, para empezar, el plan de Buster no tiene mucho sentido (el concurso nunca llega a ser tal cosa y se revela solo como una excusa para sacar provecho de una moda), y para continuar, los números musicales no existen como tales hasta el final, sino que son más bien breves fragmentos de actuaciones a modo de gag (lo que provoca la sensación de que la película no termina de despegar).

Afortunadamente, el último tercio de ¡Canta! la rescata de caer en el soserío absoluto, gracias a un sorprendente y muy dramático giro que supone el punto de inflexión que le hacía falta urgentemente. A partir de ahí, las distintas tramas individuales, hasta ese momento bastante deslavazadas, empiezan a converger hacia un grand finale en el que, por fin, podemos disfrutar de números musicales propiamente dichos. Es entonces cuando más se lucen las fantásticas voces del cast original, de las que sobresalen las de Scarlett Johansson, que lo mismo te borda un tema hard-rock que el “Call Me Maybe”, y Taron Egerton, cuyo timbre es capaz de derretir los polos. Sin desmerecer a Kelly, MacFarlane y Witherspoon, todos perfectamente escogidos para casar con las personalidades de sus personajes.

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Este estupendo clímax hace que todo acabe encajando y pone toda la carne (musical) en el asador (el número estrella es el tema original interpretado por Johansson, lo que hace plantearse si esta película funcionaría mejor con canciones originales; pero como dice Damien Chazelle, director de La La Land, más allá de Disney, Hollywood tiene alergia a los musicales que no sean remakes o no estén compuestos por canciones conocidas). Gracias al espectáculo final, es inevitable salir con buen sabor de boca y una sonrisa en la cara (hasta los más cínicos se emocionan con la final de un concurso musical, es nuestra naturaleza humana). Sin embargo, no es suficiente. Todo en ¡Canta!, desde su desarrollo argumental hasta los anodinos diseños de personajes (los coloristas escenarios y las texturas son alucinantes, pero qué genérico es el aspecto de los animales) pasando por sus chistes del montón, resulta superficial y poco memorable, por no hablar de que su historia se sustenta sobre todo en estereotipos (cinematográficos y de género). Si Illumination quiere consolidarse en el cine de animación más allá de la recaudación en taquilla, tiene que empezar a preocuparse un poco de lo más importante: el guion.

Pedro J. García

Nota: ★★★

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