Crítica: La doncella (The Handmaiden)

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¿Qué ocurre una vez que te has vengado? Park Chan-Wook es un erudito sobre esa cuestión. Su opus cinematográfico se fundamenta en las diferentes etapas del desquite. Desde su preparación hasta su propia ejecución, creciéndose a la hora de mostrar esa explosión violenta que nivela la balanza. Lejos de abandonarnos tras ese clímax, el coreano encuentra siempre cierto placer a la hora de contarnos qué efectos inmediatos tiene ese acto en sus perpetradores. Aunque sean hijos del mismo padre, sus personajes responden de diferente manera ante el fin de la venganza. El espectro va desde el desasosiego que sufre el protagonista de Oldboy con su maldición a lo Sísifo que no termina aunque finalicen los títulos de crédito, al empoderamiento femenino de India Stoker o el orgasmo (literal) de La doncella (The Handmaiden).

Realmente orgasmo es el término que mejor define La doncella. Con este marciano híbrido entre Oliver Twist y El golpe, Park Chan-Wook ha conseguido su obra de más excelsa belleza, y eso que estamos hablando del creador de filigranas visuales como Stoker o Soy un Cyborg. Haciendo valer su naturaleza de esteta, cada escena está concebida como un cuadro. Todo está minuciosamente planeado y ejecutado. Una puesta en escena que se inicia desde los hipnóticos ojos de las dos protagonistas femeninas (excepcionales Kim Tae-ri y Kim Tae-ri), su vestuario, maquillaje y gestos, los increíbles decorados interiores, el aderezo de la arrebatadora partitura de Cho Young-wuk (su compositor habitual) y todo ello filmado con unos elegantes movimientos de cámara marca de la casa. En esta ocasión, decide no solo estilizar la violencia (su gran marca de autor), sino crear un acto de pura y extrema belleza estética. Pese a todo, sus fans más burros pueden estar tranquilos, ya que La doncella les tiene reservados una escena en especial, con un bonito guiño a uno de los momentos más icónicos de su filmografía.

la-doncella-poster-espanolPero La doncella no es solo un orgasmo visual, sino un orgasmo a secas (valga la incongruencia). Cada uno de los numerosos giros argumentales a lo largo de sus dos horas y pico de metraje es una pequeña descarga de tensión sexual acumulada. Cada una de esas sorpresas parece hacernos llegar al clímax, pero Chan-Wook sabe lo que nos gusta y nos hace aguantar hasta ESE final, haciendo que los espasmos sean inevitables. Esa situación recuerda bastante a la sentida en la proyección de una polémica obra maestra: Perdida. Al igual que la cinta de David Fincher, La doncella adapta una novela escrita por una mujer: Fingersmith, de Sarah Waters (cito el título original, ya que su traducción destripa una de las sorpresas… aunque en slang, el original hace referencia a otra). Además del sexo de la autora del material original, ambas obras comparten cierto hermanamiento en el tono y en alguna que otra pauta de comportamiento, pero aunque la de Fincher gane en terreno palomitero, la de Chan-Wook la supera con creces en temas de feminismo y desinhibición.

La doncella es una enrevesada fábula de pillastres, con mucha mala leche, erotismo y más caras dobles que un villano de Misión: imposible. Un polvazo de amor y venganza en toda regla.

David Lastra

Nota: ★★★★½

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