Crítica: Vaiana

null

Como una de las proveedoras de entretenimiento para toda la familia más importantes (quizá la que más), Disney siempre ha estado en el punto de mira de todo el mundo, para bien y para mal. Por eso, a partir de los 90, la compañía se esforzó en aumentar la diversidad en sus historias y renovar los mensajes que sostenían sus películas. Así, a las princesas europeas de toda la vida se sumaron una árabe, una nativa americana, una china, una negra… Y a esta lista se incorpora ahora la primera princesa Disney de la Polinesia, Vaiana (en inglés conocida como Moana), protagonista del nuevo clásico animado que nos lleva al mundo antiguo de las islas del Pacífico sur para deleitarnos con un musical de aventuras en la tradición de la Casa de Mickey Mouse.

La historia de Vaiana comienza 3.000 años atrás, en un prólogo reminiscente de HérculesLa Bella y la Bestia con el que se nos introduce en el hermoso mundo y folclore del inmenso Océano Pacífico y las islas de Oceanía, donde los grandes navegantes recorrieron las aguas que los dioses de la naturaleza custodiaban. Sin embargo, desde hace un milenio, la tierra se muere y los viajes a través del mar han cesado, sin que nadie sepa por qué. Vaiana (Auli’i Cravalho) forma parte de una comunidad muy ordenada que se mantiene alejada de los peligros del océano profundo, hasta que la inquieta muchacha decide romper las reglas y aventurarse en las aguas en busca de una isla legendaria junto a Maui (Dwayne Johnson), poderoso semidiós con su propia misión que la ayuda a convertirse en una navegante de primera. Junto surcarán los mares en un viaje lleno de monstruos y peligros que llevará a Vaiana a intentar completar la labor de sus antepasados, salvar a su pueblo y encontrarse a sí misma.

Vaiana es puro Disney. Tanto el clásico como el moderno. Después del pelotazo absoluto de Frozen: El reino del hielo y de la genial Zootrópolis, la compañía se reafirma en sus intenciones de seguir renovándose sin dejar de ser fiel a lo que la convirtió en un referente en el cine familiarVaiana es un producto de su tiempo, una cinta que continúa la labor reformuladora de Disney que está llevando a cabo con sus últimos títulos cinematográficos, desmontando estereotipos, prescindiendo del elemento romántico (y de la idea de que la única vía para la felicidad es encontrar el amor) y apostando por una narración más cercana a la actualidad, utilizando el metahumor (divertidos guiños a otros films Disney), la autocrítica amable y la autoparodia (“Si llevas vestido y tienes un amigo animal, eres una princesa”, “Ni se te ocurra cantar”) para conectar con el público del siglo XXI (los guionistas hasta se las arreglan para colar una referencia a Twitter).

Pero como decíamos, lo está haciendo sin sacrificar su sello personal, sin dejar de contar las mismas historias intemporales o lanzar el mismo mensaje de superación de siempre (persigue tu sueño, si te lo propones serás cualquier cosa que desees). Vaiana es quizá la película del Renacimiento de Disney en la que más claro se ve lo que estamos señalando. A la dirección se encuentran nada más y nada menos que Ron Clements y John Musker, los responsables de La SirenitaAladdin (además de Tiana y el sapo, con la que ya intentaron revivir el Disney clásico en 2009), dos veteranos del cine de animación que se han encargado de que en ella no falte nada de lo que constituye un Clásico Disney: la princesa (aunque Vaiana insiste en que no lo es), su monísima versión infantil, el sidekick animal (según Maui, el mayor indicio de que sí lo es), el deseo (Vaiana sueña con entrar en el mar, al contrario que Ariel), la prohibición ignorada, la aventura para restaurar el orden junto a un compañero incordio que acaba siendo un gran amigo, la muerte de un familiar en el primer acto para impulsar esa aventura, los números musicales… Pero además de esto, Vaiana tiene ese refrescante toque contemporáneo gracias a una protagonista decidida que toma las riendas de la aventura, a su énfasis en la amistad y la búsqueda de la identidad propia como eje narrativo, y a su distanciamiento, mediante una protagonista con proporciones más reales, del canon físico imposible que, con alguna excepción (Lilo & StitchAtlantis), se ha impuesto hasta hace bien poco.

Como ocurre con los recientes títulos de Marvel, que vive bajo el techo de la Disney, el mayor reproche que se le puede hacer a Vaiana es que juega demasiado sobre seguro. Su historia, aunque eficaz y llena de buenos momentos, resulta excesivamente convencional (incluso superficial), a lo que no ayuda el hecho de que su duración sea superior a la media de los Clásicos Disney (lo que hace que el ritmo se resienta en su segunda mitad). Sus diálogos son buenos, pero no extraordinarios, sus gags divertidos, pero no desternillantes (aunque atención a las transformaciones de Maui, sucesor directo del Genio, y que me perdone Robin Williams, y a la cachonda escena post-créditos), y en general da la sensación de estar viendo algo que ya hemos visto, con una nueva capa de barniz. Claro que, si lo miramos de otra manera, eso es exactamente lo que se busca, lo familiar, lo reconfortante, el regreso a lo conocido, algo en lo que Vaiana no falla. Quien busque algo más, quizá no lo encuentre.

Más que los simpáticos personajes o los animales adorables (un cerdito, Pua, que no sale tanto como querríamos, y una sobreutilizada gallina turuleta, Hei Hei), lo que hace de Vaiana un espectáculo que merece la pena (sobre todo en cine) es su aspecto visual y su banda sonora. Que Disney está a la vanguardia de la animación y usa las técnicas más punteras es algo que sabemos de sobra, y que salta a la vista. Pero es que, aunque suene a tópico, en Vaiana alcanza un nuevo nivel de excelencia, con escenarios naturales de una belleza sobrecogedora, un apabullante dominio del movimiento, trepidantes secuencias de acción (una en concreto sorprendentemente inspirada en Mad Max) y unas texturas increíblemente tangibles (la piel más real que hemos visto en unos “dibujos animados” y una nitidez que asusta, por no hablar del cabello…). Y por último, y en este caso por ello quizá más importante, están las canciones. Temas compuestos por Opetaia Foa’i y el incombustible Lin-Manuel Miranda (creador del fenómeno de Broadway Hamilton), que son sencillamente de lo mejor que nos ha dado la Disney hasta ahora, composiciones muy creativas y melodías pegadizas que compensan con creces las carencias narrativas que pueda tener el film.

En definitiva, Vaiana toma los ingredientes de la segunda era dorada de Disney y los combina matemáticamente con los de su Renacimiento para realizar una película prudente pero infalible, un cuento de los de siempre que nos devuelve, envueltos en algodón y arrullados por las mejores canciones, a la época de La Sirenita Aladdin a la vez que continúa el acertado camino de la Disney actual.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Etiquetas: , , , , , , , , ,

Comentarios (2)

 

  1. pablo dice:

    No deja de sorprenderme la naturalidad y claridad con la que desarrollas conceptos complejos e ideas ocultas teniendo en cuenta lo fácil que sería quedarse en la superficie de una película que, a primera vista, es fácilmente encasillable.

Deja un comentario

Get Adobe Flash player
Abrir la barra de herramientas